viernes, 28 de abril de 2017

Las obras de YPF en el departamento de Malargue. El tractor ha llegado a su destino y las calderas están listas para ser descargadas en el punto donde funcionarán, destacándose la torre. (año 1933) Mendoza


Efemérides. 28 de abril de 1804: Se terminan las obras del primer Teatro Coliseo o Viejo Teatro Coliseo, en las calles Reconquista y Perón. Fue el único teatro que tuvo la ciudad de Buenos Aires durante 34 años, construido por el cafetero Ramón Aignase y el cómico José Speciali y su director de orquesta fue Blas Parera. El Coliseo se llamó Teatro Argentino a partir de 1838, y fue demolido en 1872.


Chicos de secundaria tejiendo, Seattle, 1918


Choque entre dos camiones en el distrito de Gutierrez a la altura de la Bodega Giol. Departamento de Maipú. (año 1933) Mendoza

Circulaba por el Carril Ozámis, en dirección a la ciudad el camión Studebeaker chapa 1923 y al llegar frente a los portones de la Bodega Giol el conductor noto que del interior de la bodega salía el camión Chevrolet, chapa 1552. Procuró alejarse del lugar pero hizo una maniobra con tal mala suerte que embistió al Chevrolet tirándolo contra una acequia

Formación del Once Jarillero (Palmira) año 1933. Mendoza


Martínez, Berón, Cortapassi, Barrionuevo, Ramirez, Hernández, Miranda, Lorenzo, Castro, Campanario, Rojas, Ortíz. 

Del vino surgen dos colores: el bordó (color de los vinos de Burdeos) y el borravino (la borra del vino).


Mujeres, Hombres y Niños en la Vendimia de 1933. Mendoza


San Martín, el gran entrenador de héroes Paso a paso, cómo fue la preparación profesional de los gloriosos granaderos que tuvieron influencia decisiva en la Guerra de la Independencia.

El combate de San Lorenzo, obra del artista chileno Pedro Subercaseaux.

En Buenos Aires, el coronel José de San Martín fue el principal maestro de los reclutas que iban incorporándose al Cuerpo de Granaderos. Se puso al frente de los entrenamientos que durante los dos meses iniciales se llevaron a cabo en el descampado conocido con el nombre de Ranchería, en las actuales Alsina y Perú. Además del jefe, cada recluta tenía su instructor particular. El sistema de adiestramiento era al estilo francés (San Martín admiraba a Napoleón) con algunas adaptaciones hechas por el propio coronel.
Lo primero que les enseñó fue a marchar. Los aprendices de héroes recibieron una instrucción completa sobre los movimientos de las columnas y en menos de dos semanas estaban capacitados para marchar, contramarchar y realizar giros en orden. Pero a pie, ya que aún no había llegado la etapa en que se les permitiría montar. A San Martín no le gustaba saltear pasos. Recién cuando advirtió que sus hombres dominaban el movimiento coordinado, comenzó con una nueva instrucción.
La segunda etapa consistía en dominar el manejo de las armas. Los reclutas aprendieron a usar las tercerolas, es decir una arma de fuego que podría definirse como un fusil tosco que funcionaba con chispa y contaba con la bayoneta para el ataque cuerpo a cuerpo. Pero esta no fue una enseñanza muy intensiva porque San Martín no confiaba mucho en este tipo de armamento. Lo que él dominaba era el uso del sable y de la lanza. Los secretos de su empleo fueron brindados por el ilustre militar a cada uno de sus granaderos. En ese sentido, puede decirse que actuaba como un personal trainner de cada uno de sus hombres. Formaba rondas, se plantaba en el medio, convocaba a alguno de los aprendices al centro del círculo. Allí el elegido ejecutaba los movimientos de ataque y defensa enfrentando al propio comandante, quien lo corregía delante de todos.
Estas clases de esgrima y lanceo a cargo del Padre de la Patria eran de lo más provechosas. San Martín les enseñaba de qué manera colocar el cuerpo, la cabeza, el torso, las piernas, las rodillas y las manos. Incluso les explicaba el efecto de cada pegada para que de manera mecánica emplearan la más efectiva de acuerdo con la situación.
Por ejemplo, para los sables existían tres tipos de golpe. Con el plano de la hoja se infería un planchazo que provocaba al adversario un mareo y un aturdimiento que lo anulaba. La estocada con la punta se empleaba para infligir una herida profunda. El filo, en cambio, era empleado para cortar en forma completa; un brazo, una mano, una pierna o, sobre todo, una cabeza. Terminadas las lecciones en ronda, armaba parejas para que practicaran y caminaba entre ellos, marcando defectos y señalando virtudes.
Luego, ya instalados en Retiro, se ejecutaron los movimientos a caballo. El clarín o trompa sonaba y todos podían entender a la distancia cuál era la orden general. El conocimiento de los distintos sones y la disciplina, aún en los momentos críticos, salvaban vidas.
El dominio del sable terminó otorgándoles una ventaja inmensa: a medida que los realistas se enfrentaban a estos sableadores profesionales, fue aumentando el respeto que inspiraban. Aquellos guerreros fueron dignos embajadores de la hidalguía sanmartiniana.

http://www.lanacion.com.ar/2014143-san-martin-el-gran-entrenador-de-heroes
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