martes, 23 de mayo de 2017

Bodegas y Viñedos Giol, S.A. (año 1945) Mendoza


José Betinotti, "el payador", año 1910.


Reconstrucción, toma del Canal Matriz de Real del Padre, departamento de San Rafael, obra terminada. Mendoza (s/f)


Biblioteca del Agua
DGI

El año en que quisieron demoler el Obelisco El monumento que hoy cumple 81 años estuvo a punto de ser derribado poco tiempo después de su inauguración; la polémica dividió a los porteños


En 1939 se le cayeron algunas lajas y el Concejo Deliberante ordenó su demolición. Foto: Archivo 

El 23 de mayo de 1936 se inauguró el Obelisco en el amplio espacio generado por el ensanche de la avenida Corrientes y la creación de la Avenida 9 de Julio. Tres años más tarde, el martes 13 de junio de 1939, el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires decidió "la inmediata demolición hasta el nivel del suelo". ¿El motivo? La peligrosa caída de algunas lajas que cubrían su superficie. A partir de la resolución, corrían diez días para que se ejecutase. La noticia provocó gran debate en la opinión pública.
Por un lado estaban los defensores de la obra del arquitecto Alberto Prebisch, que esgrimían motivos prácticos, como el dinero que costaría su demolición y los escombros que se generarían. También se alegaban argumentos de otro tipo: acudían a visitarlo muchos turistas, del resto de la Argentina y de los países vecinos. Asimismo, se había transformado en un símbolo geográfico inconfundible de la ciudad: algunos negocios, en sus anuncios, aclaraban que estaban "frente al Obelisco" o "a metros del Obelisco". En la otra vereda se encontraban quienes lo consideraban un adefesio y un peligro para los transeúntes.
Pero, además, existía un trasfondo político: el intendente Mariano de Vedia y Mitre, a quien le cupo la responsabilidad de ordenar la construcción del monumento e inaugurarlo, no había tenido buena relación con el cuerpo colegiado de la ciudad, cuyos miembros decidieron, aquel martes 13, por 23 votos contra 3 (Molina Carranza, Rouco Oliva y Elena), eliminar al "intruso", como lo llamaban.
El asunto llegó al Congreso de la Nación. El diputado por Santa Fe Pío Pandolfo salió en defensa del ícono ciudadano. Dijo que no se trataba de una obra pública, donde el Concejo tendría decisión, sino de un monumento y, como todos los monumentos, "no puede estar sujeto a los vaivenes de la pasión". Según Pandolfo, era el Estado Nacional quien debía determinar el futuro del Obelisco.
Desde el ministerio de Obras Públicas de la Ciudad de Buenos Aires también se solidarizaron con el emblema porteño. El doctor Nereo Giménez Melo alegó que "la erección del Obelisco se llevó a cabo como un monumento recordatorio (así lo establecen las inscripciones que contiene) y un homenaje del pueblo de la Nación entera y como tal sólo pudo realizarse con la aprobación del P.E. Nacional". Como solamente el Congreso podía decretar este tipo de homenajes y no la Municipalidad, el destino del obelisco estaba en manos de la Nación.
Los diez días de plazo entre la ordenanza y su ejecución fueron efervescentes. El diario La Razón, partidario de que no se lo derribara, sostenía que "esa obra ha sido consagrada por la voluntad popular, levantada con 'intención patriótica' e inaugurada por un presidente de la Nación (Agustín P. Justo). Por su parte, el diario socialista La Libertad afirmaba que la construcción había sido ilegal y por la voluntad de Vedia y Mitre. Planteaba, en otras palabras, que había sido un capricho exclusivo del intendente.
Ya en la cuenta regresiva, el Poder Ejecutivo de la Nación reafirmó su autoridad sobre el Obelisco y el intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza del martes 13 de junio. El monumento se salvó. En 2011, fue incorporado al "Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma" y hoy sigue cumpliendo años en 9 de Julio y Corrientes.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2025389-el-ano-en-que-quisieron-demoler-el-obelisco

Carlos Galigniana Segura, el que cortaba las cintas Gobernó entre 1904 y 1907. Su legado fue importante: dejó desde el monumento del Cristo Redentor hasta la penitenciaría.

Hoy las obras de remodelación de la Plaza San Martín son más que un hecho. Por eso, su rica historia nos traslada a más de cien años atrás y a la figura de un gobernador llamado Carlos Galigniana Segura, quien tuvo la brillante idea de remozar esta plaza y cambiar el viejo nombre de Juan Cobos por el del Libertador José de San Martín.
Obras de arriba
Carlos Galigniana Segura  ocupó la gobernación de la provicia desde el 6 de marzo de 1904 hasta el 6 de marzo de 1907. Siete días después de su jura, tuvo el honor de participar en la inauguración de la estatua del Cristo Redentor, el 13 de marzo de 1904. Pero otro evento le dio a Galigniana Segura un mayor prestigio: meses después, inauguró el monumento al General José de San Martín en la plaza que lleva su nombre.
Entusiasmado por San Martín
La actual plaza San Martín se denominaba Cobos en honor al primer español que obtuvo la carta de ciudadanía argentina y quien fue el que introdujo el álamo en Mendoza. 
En 1902, el sacerdote e historiador de la vida de San Martín José Pacífico Otero, quien llegó a Mendoza para ese entonces, sugirió que se erigiera un monumento en una de las plaza de la ciudad. Tras varias gestiones de la asociación denominada “Ateneo pro monumento a San Martín”, se obtuvo importantes fondos para llevar a cabo aquel cometido pero por algunas desinteligencias la institución quedó dividida.
Se optó, pues, por seguir los consejos de Otero y ubicarla en la plaza denominada Cobos en donde existía un reloj que fue destruido.
En abril de ese año, el gobierno de Galigniana Segura inició las obras y se lo comisionó al ingeniero Jacinto Anzorena para la construcción del basamento y remodelación de la plaza. Desde la Nación, se enviaron los primeros faroles eléctricos hasta que llegó en tren la pieza fundida, réplica de la que hizo el escultor Luis José Daumas para Buenos Aires, por el artista Garzía.
La obras continuaron su curso y el proyecto debía finalizar para el 25 de mayo, pero por varios inconvenientes relacionado a la logística, la inauguración se postergó para el 5 de junio.  Fue así que se formó una comisión pro-fiesta de la Plaza de San Martín para organizar los actos. La inauguración contó con la presencia de autoridades de Chile, nacionales y provinciales.  
Otra de las obras que concretó Galigniana Segura fue el Hospital Provincial. Superada la discusión sobre el emplazamiento de la cárcel, además reanudó los trabajos y la penitenciaría quedó inaugurada el 24 de febrero de 1907.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/carlos-galigniana-segura-el-que-cortaba-las-cintas

Efemérides. 23 de mayo de 1936: Se inaugura en Buenos Aires el Obelisco, obra del ingeniero Alberto Prebisch, bajo la intendencia de Mariano Vedia y Mitre.





AGN

Efemérides. 23 de mayo de 1992: Muere en Francia, uno de los más grandes referentes de la canción argentina, “Atahualpa Yupanqui”, pseudónimo de Héctor Roberto Chavero. Atahualpa Yupanqui junto a Anibal Troilo, agosto de 1960



AGN

Niños espiando el Circo. Buenos Aires, 1935.


Fuente: AGN

Plaza principal del departamento de Rivadavia. Mendoza (c.1970)


Mayo mendocino: cuatro valiosos patriotas La noticia del nuevo gobierno llegó en junio de 1810. Las personalidades que aquí, en este rincón de la colonia, apoyaron a la nueva Junta de Gobierno.


Conoceremos a cuatro comprovincianos que lucharon con fervor por la formación de un nuevo orden.

Corvalán, el que trajo la noticia 

En la noche del 13 de junio de 1810, un joven oficial de milicia desmontó rápidamente de su caballo para ingresar a la sala del Cabildo mendocino. Se llamaba Manuel Corvalán y llevaba los despachos de la “Junta Gubernativa” que se instaló en Buenos Aires el 25 de mayo de ese mismo año.

La buena nueva estremeció a las autoridades que, inmediatamente, se reunieron en la sala Capitular y resolvieron convocar a los vecinos más representativos de la ciudad para que participaran. En un costado estaba el oficial Corvalán, rodeado de un público eufórico que le preguntaba por los acontecimientos desarrollados en Buenos Aires.

Uno de los cabildantes leyó el acta del cabildo abierto del 25 de mayo, la cual comunicaba que había sido depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y que se conformaría una Junta a favor del Rey Fernando VII. Todos celebraron este acontecimiento. Sin embargo, las autoridades que en ese momento gobernaban Cuyo, y algunos vecinos influyentes, se resistieron a reconocer a aquel gobierno pues dudaban de su legitimidad. Fueron días de alta tensión: Manuel Corvalán y otros patriotas debieron ponerse firmes para que se reconociera a la Junta.

Desde ese momento, Manuel Corvalán abrazó la causa americana con toda su pasión. Había nació en 1774 y cuando el General San Martín llegó a Cuyo como gobernador intendente en 1814, fue su gran colaborador. Falleció en la ciudad de Buenos Aires en 1847.

Bernardo Ortiz, un cruel destino 

Ortiz fue uno de los tantos que participó activamente de esta convocatoria realizada por el Cabildo mendocino en los primeros días de junio de 1810. La difícil situación que se vivía en esos tiempos tuvo una respuesta favorable al convocarse una nueva asamblea, en la cual se decidió elegir a un diputado para que representara a Mendoza ante la Junta.

El nombramiento recayó en Bernardo Ortiz. El diputado, electo por un número elevado de votos, inspiraba respeto y confianza en su integridad de carácter. Pero Bernardo Ortiz sobrellevaba una delicada enfermedad y cuando se disponía a viajar a Buenos Aires, la muerte lo sorprendió el 16 de setiembre de ese año. Fue uno de los patriotas de la primera hora y su legado dejó imborrables huellas en nuestra historia.

Isidro Sáenz de la Maza, el más fervoroso patriota 

Quizás el más apasionado de todos los vecinos que fueron reunidos en el Cabildo para decidir sobre el destino del nuevo gobierno, fue el capitán de milicias Isidro Sáenz de la Maza, padre del recordado diputado por Mendoza en el Congreso de Tucumán, Juan Agustín. Entre tanto, los funcionarios reales permanecían en duda acerca de la aceptación de la Junta (puesto que ellos esperaban información de Córdoba, epicentro colonial al que en aquel entonces pertenecía jurídicamente Cuyo), pero deslizaban su posición contraria a la del gobierno de Buenos Aires. Esta indecisión despertó temor en la oposición de las autoridades reales. De modo que aquel mismo invierno un grupo de vecinos, acaudillados por el comandante de Urbanos, Isidro Sáenz de la Maza, se reunieron en la casa del alcalde de segundo voto.

Más de ochenta comerciantes, hacendados, milicianos y clérigos, invocaron al ‘Fiel, Leal y Valiente Pueblo de Mendoza’. El comandante de armas Faustino Ansay fue depuesto del cargo y le sucedió el capitán de milicias Isidro Sáenz de la Maza. 
Luego de los acontecimientos del 26 de junio, el Cabildo pidió la destitución de Ansay y otros funcionarios para apoyar a la Junta de Buenos Aires.

Manuel Molina, diputado por Mendoza 

El licenciado Manuel Ignacio Molina nació en Mendoza en 1758. Su historia se resume en distintos cargos en el Cabildo. Lo cierto es que Molina tuvo una participación destacada y hasta fundamental, en los episodios revolucionarios de Mendoza. No dudó un momento en tomar las armas, a pesar de su condición de civil, para defender su tierra de los oficiales españoles que oponían resistencia. Vastas pruebas de heroísmo y de idoneidad profesional permitieron que fuera electo diputado por Mendoza a la Junta Provisional de Buenos Aires. Se sabe que fue un gran amigo y colaborador del general San Martín en aquella gesta de libertad.

Fuente; http://www.losandes.com.ar/article/bicentenario-490591
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