martes, 6 de febrero de 2018

Efemérides. 6 de Febrero de 1992, fallece Petrona Carrizo de Gandulfo.


Petrona Carrizo de Gandulfo nació en La Banda, Argentina; el 29 de junio de 1896 y murió en Olivos, Argentina; 6 de febrero de 1992), más conocida como «Doña Petrona», fue una cocinera televisiva argentina, pionera en su área en Argentina. En la estancia Quebrachitos, en el Departamento Aguirre, al interior de Santiago del Estero, trabajó como cocinera y ahí fue donde conoció a Atilio Gandulfo, quien era el administrador del establecimiento y con quien se casaría tiempo después. La pareja emigró a Buenos Aires en busca de oportunidades, Atilio consiguió un trabajo en Correo Argentino pero como el salario no alcanzaba, decidió trabajar también ella, fue ahí donde consiguió trabajo en la Compañía Primitiva de Gas para enseñar a usar las nuevas cocinas a gas que, en esa época, era el artefacto doméstico más demandado en las casas argentinas.
El gas llegaba a Buenos Aires como una total novedad y la compañía Primitiva de Gas quería convencer a los argentinos para dejar de lado a las antiguas cocinas de leña y queroseno. Para dicha campaña se presentó Petrona, ella no solamente demostraba cómo funcionaban las nuevas cocinas, también se ponía a cocinar en ellas en la puerta del Bazar Dos Mundos.

La Fundación Metrogas editió un pequeño libro titulado: «Doña Petrona, la cocina y el gas», ahí describe los primeros pasos de doña Petrona en la Compañía Primitiva de Gas. Petrona promovió la cocina primero a través de cocinas a gas y más tarde a través de clases presenciales para luego empezar a publicar sus recetas en la revista «El Hogar»
Doña Petrona comenzó a incursionar en los medios con la radio, empezó en radio Argentina donde tenía una participación diaria, después pasó a radio Excélsior y radio El Mundo para luego entrar en la televisión. Fue la radio quien la llevó a la fama. Ya en 1933 se editó «El Libro de doña Petrona», una enciclopedia de la cocina con más de 500 páginas. Este libro incluía también secretos culinarios, sino también consejos para la mujer moderna que incluían organización del hogar y de tareas de mantenimiento, e incluso una sección para la mujer que trabaja y cuida de su hogar. Dicho libro fue traducido a varios idiomas, incluido el ruso, y editado más de cien veces y continúa disponible en las librerías argentinas.

Gracias a la radio también llegó a la televisión en 1952 en un programa llamado «Variedades hogareñas» que se transmitía por la TV Pública, después dicho ciclo pasó a llamarse «Jueves hogareños». Su gran salto a la fama nacional se daría en 1960 cuando se incorpora al programa «Buenas tardes, mucho gusto».​ junto a su asistente Juana «Juanita» Bordoy. Dicho programa estuvo en el aire por veinte años los días lunes, miércoles y viernes por la tarde, llegó a recibir alrededor de 400 cartas por día y tener un registro de 600 mil amas de casas.Su libro de cocina batió récords de venta, superando a Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y hasta el Martín Fierro. Fue pionera de los programas de televisión dedicados a la cocina. En las librerías de Argentina el único libro más vendido que el de doña Petrona era la Biblia. Y fue inspiración para otras generaciones de cocineras y ecónomas como Marta Baines, Choly Berreteaga, Diana Boudourian, Emy de Molina, María Adela Baldi, Chichita de Erquiaga, Mariana Rodríguez Vimo, Chola Ferrer, Blanca Cotta y Narda Lepes entre otras. Estuvo casada dos veces y tuvo un hijo llamado Marcelo Francisco Gandulfo, quien fue su administrador en la última etapa. Alejada de las cámaras, impartió clases de cocina en el Barrio Norte de Buenos Aires. Todas las tardes bebía un whisky on the rocks con un cigarro puro y comía picante. Pasó sus últimos momentos de vida junto a su asistente Juanita hasta que murió de un ataque al corazón el 6 de febrero de 1992 en su casa de Olivos.

Efemérides. 6 de febrero 1852: Bajo amparo británico, Juan Manuel de Rosas abandona la Argentina después de su derrota en la batalla de Caseros.

Imagen: Retrato de Juan Manuel de Rosas en guante de cabritilla, c.1850.


Foto: Laguna y montes frutales delante de las cuales está la casa del General Juan Manuel de Rosas en Souththampton. Inglaterra.


Bello paisaje del sur de Chile. El Lago Petrué. (año 1930)


La curiosa historia de amor del genial paisajista Carlos Thays

Thays fue jardinero, horticultor, ambientalista, además de artista y científico, y su historia en la Argentina comenzó en 1889 cuando llegó por un proyecto de dos años, pero -como sus plantas- echó raíces y se quedó para siempre en el país. Convencido de que toda persona rica o pobre, joven o vieja, tiene el derecho a disfrutar de un espacio público, creó los parques más conocidos: el Tres de Febrero y el Jardín Botánico, en Palermo; las Barrancas, en Belgrano; el Parque Centenario; la Plaza Colón, detrás de la Casa Rosada; el Parque Lezama, en San Telmo; y el eje Plaza de Mayo y de los Dos Congresos. Pero como una vida puede abarcar muchas pasiones, Thays además inventó el concepto de parque natural y así logró preservar el entorno de las Cataratas del Iguazú. También hizo posible la industrialización de la yerba mate en su tiempo.

El jardinero francés que cambió Buenos Aires
Por esas bromas que tanto le gusta realizar al destino, el hombre al que Buenos Aires le debe el 80 por ciento de sus lugares verdes no nació en estas pampas sino en Francia, el 20 de agosto de 1849. Su padre era un tipógrafo belga establecido en París y su madre, una joven de Versalles. Thays fue discípulo de uno de los paisajistas más reconocidos de su tiempo, Edouard André, con el que trabajó por toda Europa. Fue el maestro quien lo recomendó para realizar el Parque Sarmiento en Córdoba. Así fue como el discípulo dejó la glamorosa París para trasladarse a la Argentina. Su plan original era quedarse por dos años, sin embargo se aquerenció para siempre.
En 1891 lo nombraron director de Parques y Paseos de la Ciudad de Buenos Aires, pero no fue elegido "a dedo" y mucho menos por acomodo. Dijo que solo aceptaría el cargo si ganaba un concurso público abierto a especialistas de todo el mundo. Se impuso con un proyecto de desarrollo paisajístico urbano que proponía convertir los bosques de Palermo en un gran paseo urbano, poblar la ciudad de pequeñas plazas barriales que sirvieran de espacio de encuentropara los vecinos y crear algunos grandes parques que funcionarían como enormes pulmones para la ciudad. Y por supuesto no dejar calles sin arbolar ni plazas sin llenar de flores.
Un amor de película
En una kermesse, Thays conoció a Cora Venturino, él tenía 41 años, ella apenas 16, pero la atracción fue recíproca. Cora se convirtió en su esposa pero también en la socia ideal que lo seguía feliz a su trabajo con una canasta con la merienda.Primero lo hacía sola pero luego se sumaron sus hijos, Carlos León y Ernestina. Para ellos su padre tenía el mejor trabajo del mundo: diseñar plazas. La familia entera lo acompañaba mientras el padre se encargaba de indicar dónde y qué plantar, delineaba caminos y canteros, diseñaba rejas y obras ornamentales, armaba invernaderos y hasta corregía o abría artificialmente fuentes o surtidores de agua. Incansable, llegaba a trabajar más de veinte horas por día; él mismo dirigía cada obra, pues no tenía equipo de trabajo. Por eso en medio de una jornada agotadora, se escuchaba un "hup, hup", la manera cariñosa que empleaba Cora para llamarlo e indicarle que era momento de hacer una pausa para merendar. Con los años, sus nietos usaron esa expresión como apodo para su adorado abuelo. Quizá por eso, en tiempos donde los medios de transporte eran precarios, Cora no dudó en seguir a su marido a Misiones para ayudarlo en la tarea de organizar el Parque Nacional Iguazú, aunque esto implicó llegar a caballo hasta las cataratas, y soportar un clima y un paisaje tan agobiantes como mágicos.
Apasionados por el verde, armaron su hogar dentro del Jardín Botánico de Buenos Aires, en esa coqueta casita que todavía se conserva y donde hoy funcionan las oficinas administrativas. Pero la casa no solo era refugio familiar, sino también el lugar donde el matrimonio creó un centro científico de relevancia internacional, dedicado al estudio no solo de la flora argentina sino también de otras regiones del mundo.
Para ser feliz, es preferible vivir en una cabaña dentro de un bosque que en un palacio sin jardín
Carlos Thays
Dicen que "un paisajista debe tener el entusiasmo de un creador, la sensibilidad de un artista, la inspiración de un poeta y la paciencia de un sabio". Repasando la vida de Thays esa frase no fue un dicho sino un hecho, gracias a su tarea convirtió una Buenos Aires gris y monótona en una suerte de jardín gigante y bello. Y ahí radica su talento: solo un visionario podía imaginar cómo se verían esos vástagos de apenas 30 centímetros en 100 años. Trajo diferentes especies del norte como tipas, jacarandás, lapachos, ceibos o palos borrachos y logró que se adaptaran a una zona tan distinta y húmeda. Con paciencia de artesano criaba los árboles en el vivero del Jardín Botánico donde planificaba cómo plantarlos, mantenerlos y cómo se verían al crecer. Así pobló plazas, calles, regimientos y hospitales con 150 mil árboles y como cada especie tiene una época de floración, logró que los vecinos siempre puedan ver flores al andar.
Un hombre incansable
En Buenos Aires, Thays realizó 69 plazas y paseos públicos, pero también otras provincias se maravillaron con su talento. Llevan su firma los parques 20 de Febrero (Salta), 9 de Julio (Tucumán), San Martín (Mendoza) y Urquiza (Entre Ríos). Su experiencia y conocimientos sumados a la perfección de sus creaciones lo convirtieron en el preferido de las élites que se lo disputaban al momento de contratarlo para embellecer sus propiedades. Así fue como creó los jardines de unas cuarenta estancias entre las que se destacan las tres de Julio Argentino Roca: La Larga y La Argentina en Buenos Aires y La Paz, en Córdoba. Otra de sus obras es la estancia La Candelaria en Lobos donde se encargó de parquizar 100 hectáreas e introdujo 240 especies. También La Porteña, la estancia de San Antonio de Areco donde Ricardo Güiraldes escribió Don Segundo Sombra y que llenó de eucaliptos, cedros del Líbano, robles y una avenida de acceso con un árbol originario del Mediterráneo, el almez, que todavía brinda su sombra. Todos estos parques conservan un sello que los distingue: alrededor de la casa, un jardín de estilo francés, rígido y geométrico, y el resto del lugar se adentra con el entorno, con un diseño más libre y natural. Además siempre incorporaba un espejo de agua.
Pero Thays no trabajó solo para la aristocracia argentina, él lo hacía para todos. Solía repetir que "para ser feliz, es preferible vivir en una cabaña dentro de un bosque que en un palacio sin jardín". Por eso, si los vecinos de los barrios le pedían una plaza, allá iba a diseñarla. Si le solicitaban flores para una fiesta, no dudaba en mandarles las más lindas y perfumadas. Su tarea era tan espectacular que lo llamaban el "jardinero de la nación".
Thays se convirtió en un anciano muy alegre que solía entretener a todos relatando las divertidas vivencias de su vida. Argentino por opción, no olvidaba sus orígenes y solía cantar canciones francesas o entonar La Marsellesa. A diferencia de otros protagonistas de la historia argentina, no vivió la incomprensión que padeció Belgrano, ni tuvo la agitada vida privada de Sarmiento ni los cuestionamientos de un Rosas o Urquiza. Su tarea no fue tan ingrata como mandar hombres a la guerra ni tan controvertida como aumentar impuestos. Fue Thays fue un hombre sabio con un espíritu desprovisto de interés comercial o gloria personal que "simplemente" creó una arquitectura tan bella que logró despertar las ganas de vivir en esta ciudad.

Cuando murió, en Buenos Aires el 31 de enero de 1934, una multitud salió a acompañar el paso del cortejo al cementerio de la Chacarita. Lo despidieron funcionarios y aristócratas, pero también obreros y estudiantes, familias y trabajadores.Gente que deseaba expresar su agradecimiento a un hombre que les había regalado el placer de enamorarse junto a un sendero de flores o de sentir que Buenos Aires es una sucursal del cielo tapizada de flores de jacarandá.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2105385-la-curiosa-historia-de-amor-del-genial-paisajista-carlos-thays

Walt Disney le dió color a Mendoza En 1941, en una visita diplomática, el dibujante llegó a la provincia y paseó por nuestras calles. Los Andes lo entrevistó en exclusiva.

Una de las más memorables crónicas y entrevistas que fueron publicadas por Los Andes es la de Walt Disney en setiembre de 1941.
El mentor de un hito del cine que no tiene comparación, tuvo una relación intensa y afectiva con nuestra provincia. Su llegada a Mendoza fue el 25 de setiembre del 41 y se instaló aquí por varios días.
La visita fue parte de una gira por Sudamérica que emprendió Disney, su esposa Lillian Bounds, y 16 colaboradores, entre los que se incluía a la única dibujante femenina -Mary Blair- que tenía por entonces su compañía.
El propósito de la travesía era una misión diplomática encomendada por el gobierno de Estados Unidos como parte de la llamada “Política de buena vecindad”, que tenía por objeto fortalecer lazos entre nuestro país y el del norte y frenar la influencia de los nazis y sus aliados, en aquellas instancias de la Segunda Guerra. El viaje comprendía a Brasil, Argentina, Chile y Perú.
La llegada de Disney tuvo una repercusión extraordinaria entre los mendocinos. Y nuestro diario dio cuenta de este evento inusual -el viernes 26 de setiembre- con una crónica y entrevista titulada: “Walt Disney, que llegara ayer en avión a ésta, ha recogido nutrido material en Argentina y creará otros personajes”.
La entrevista se realizó en inglés, ya que Disney no hablaba el español. Y cuenta, textualmente, lo siguiente:
“Hemos entrevistado al extraordinario dibujante. Cordial, ameno, de simpatía comunicativa, evacuó nuestras preguntas con buscada llaneza, rehuyendo trascendentalismos. Desde luego, se imponía el interrogarle acerca de las impresiones que se lleva de nuestra Nación. Al respecto nos contestó:
-Evidentemente, mi impresión es óptima. Es un gran país. Lo creo a tal punto que algunos artistas argentinos, que me han insinuado la posibilidad de trabajar conmigo en Estados Unidos, les he manifestado, sin eufemismos, que entiendo que en esta república hay elementos de riqueza suficientes como pa- ra obtener un porvenir mejor. El de ellos, por lo menos, y lo creo sinceramente de este modo, se encuentra aquí...
-¿Ha sido fructífera su labor en Buenos Aires? 
-En Buenos Aires me he divertido demasiado. Esto es lo que puedo decir. Mi propósito era el de trabajar intensamente, pero la diversión me ha dejado poco tiempo. No obstante, he hecho acopio de materiales. Debo llevarlos hasta Estados Unidos y allí concentrarme para buscar su aplicación en los dibujos animados. Algunos de mis colaboradores han ido a Salta con el fin de buscar, asimismo, elementos de orden folklórico, ya en el terreno de la música, ya en el de la danza o en el simplemente costumbrista. Durante mi estada en la metrópoli argentina he visitado algunos “ranchos” y he salido muy satisfecho. Puedo adelantar que algunos de mis próximos personajes aparecerán tirando boleadoras...
-¿Algunos de sus personajes conocidos?
-No. Tengo la intención de crear uno especialmente para films de esa índole. Posiblemente me inspire en el quirquincho... Por otra parte, también me han interesado sobremanera algunas cosas pintorescas del Brasil, fundamentalmente de extracción popular. No es difícil que recurra al loro, ave típica de la zona, para que baile un samba... Ya veremos...
-Tenemos entendido que ha contratado al destacado dibujante argentino Florencio Molina Campos...
-En efecto, aun cuando todavía no haya firmado ningún compromiso, me he puesto en contacto con él. Creo que Molina Campos aprehende certeramente el lado cómico de las cosas y consigue la faz risueña del detalle. Su labor es conocida en Norteamérica, en donde algunas revistas han publicado sus creaciones. Creo, asimismo, que su producción resulta interesante porque posee el tipo del gaucho antiguo, cuya filiación es hoy difícil de encontrar.
Su próxima labor

Salpicada de ocurrencias en que Disney destila un ingenio sutil, de repercusión directa, prosigue la entrevista. En ella abre brechas el notable dibujante para añadir conceptos y decir de vez en cuando una ocurrencia, no por buscar comicidad sino espontáneamente.
Su rostro y sus ademanes se serenan y tornan cierta gravedad al interrogarle acerca del concepto que tiene del porvenir del dibujo animado. Su contestación es sobria y sencilla, pero en él se enciende un lógico entusiasmo. Indudablemente, Disney “siente” su arte.
Contesta en los siguientes términos:
“Una de mis actividades estriba en que tengo a todas y cada una de mis películas como experimentos. Evidentemente, creo que la perfectibilidad es inalcanzable, pero entiendo, del mismo modo, que en cada oportunidad se puede avanzar más. Personalmente, opino que el dibujo animado tiene un porvenir al cual aun no pueden ponérsele límites. Hay un hecho evidente: las más notables expresiones literarias han perseguido constantemente el ideal de la fantasía. Se ha llegado a mucho pero, creo, no a la dimensión alcanzada por el arte que cultivo. Además, el dibujo animado puede llegar a zonas que le son vedadas a otras ramas de la cinematografía; las posibilidades de la fotografía son limitadas. Para demostrárselo gráficamente, quiero decirle que en “Fantasía” llegamos a la reconstrucción de animales prehistóricos imprimiéndoles los movimientos que les eran característicos, por lo menos desde el punto de vista de los especializados en paleontología. Así también, durante los últimos diez años el dibujo animado ha tomado tal vuelo, ciertamente insospechado, que esa misma circunstancia afirma la convicción de que su porvenir escapa a lo que podamos imaginarnos. Desde luego que su perennidad y su progreso se verán supeditados a la capacidad de los hombres que lo cultiven. El dibujo animado debe desarrollarse, mantenerse y progresar a la altura de los tiempos. Por lo demás, su misma función tiende a no restarle vuelos: no debe servir solamente para solaz, para un momento de diversión; puede lograrse con él finalidades educativas de gran alcance".
Donald hablará castellano...
Disney creyó, sin duda, que ya había dado mucho pábulo a la seriedad. Por ello, aprovecha una pregunta para tornar a la sonrisa. Una de las personas asistentes le pregunta si algunos de sus personajes hablarán castellano en sus próximas películas. Sonriendo, responde: 
-El pato Donald quiere hablar castellano. Pero les advierto una cosa: no lo entenderán más de lo que lo entienden ahora, con sus gruñidos. Su lenguaje no puede ser más universal...”.
Al finalizar la entrevista, ese mismo día Walt, su esposa y sus colaboradores se alojaron en el Plaza Hotel. Con una agenda muy apretada -armada por Juan Carlos Alurralde-, visitaron al gobernador Adolfo Vicchi y luego partieron a visitar algunas bodegas de Maipú y Luján. También estuvieron en la Facultad de Artes de la UNCuyo y otras instituciones.
El sábado 27 el genial dibujante realizó una presentación en los cines Avenida y Buenos Aires, en donde concurrieron más de dos mil alumnos de escuelas primarias.
Paseó por la avenida San Martín, desde la calle Lavalle hasta Sarmiento, para luego ir al Cerro de la Gloria y el Zoo. Todas estas visitas fueron filmadas en colores por Disney.
Aquí se marca un hito, ya que es la primera vez en la historia que la ciudad de Mendoza fue registrada con esa nueva tecnología en aquel tiempo. Por la noche, los visitantes norteamericanos fueron invitados a participar en un baile en su honor en el Club Unión.
Walt, Lillian y el grupo, viajaron hacia Tupungato y visitaron la estancia “Los Árboles” de Fabián Correas y la finca de Juan Carlos Alurralde. Disney se vistió de gaucho y por supuesto se comió un buen asado acompañado por excelente vino mendocino.
Además, el creador de Mickey, participó de una jineteada montando un potro y demostrando una destreza que dejó a todos boquiabiertos.
El lunes 29 partieron desde el aeropuerto ‘Los Tamarindos’ hacia Santiago de Chile. “El público los despidió con grandes aplausos”.
Fuente: http://losandes.com.ar/article/view?slug=walt-disney-le-dio-color-a-mendoza

Vista del Obelisco desde la salida del subterráneo. Buenos Aires, c.1940.


Feria popular en las inmediaciones de Jujuy, febrero de 1924.


Pizzería Banchero, La Boca. Buenos Aires 1941.


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