miércoles, 29 de abril de 2026

Octubre de 1989 - La tasa del granizo: cuando el campo sanrafaelino denunció que debía pagar por una protección que no llegaba - Mendoza


En octubre de 1989, una nota publicada por Los Andes desde San Rafael puso en evidencia un fuerte malestar del sector rural mendocino: la aplicación de la tasa de lucha antigranizo, impuesta por la Ley 4956, estaba generando serias dificultades entre los productores agropecuarios. El artículo señalaba que el sistema, pensado para proteger los cultivos frente a las tormentas de granizo, terminaba afectando económicamente a numerosos propietarios de inmuebles rurales ubicados en zonas consideradas “bajo riego”. Según el productor Roberto N. González Parejas, entrevistado por el diario, la norma había creado una situación “extremadamente grave”, reflejada en el bajo nivel de cancelaciones de la tasa. El problema central era quién debía pagar. La ley consideraba sujetos pasivos de la tasa a propietarios o poseedores de inmuebles rurales con derecho de agua o pozo, destinados a cultivos permanentes o anuales, como retribución por el servicio de lucha antigranizo. Pero los productores cuestionaban que se cobrara de manera generalizada, incluso a inmuebles que no recibían una protección efectiva o que no cultivaban toda su superficie. La crítica también apuntaba a la falta de relación clara entre prestación y contraprestación. Para González Parejas, una tasa debía corresponder a un beneficio concreto, particular y verificable para el contribuyente. Si el servicio seguía en etapa experimental o sus resultados eran limitados frente a los daños reales del granizo, el cobro resultaba discutible. La nota recordaba además que la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria del sur mendocino ya había advertido que no solo el productor rural se beneficiaba de la defensa antigranizo: también lo hacían viviendas, comercios, industrias, automotores y la comunidad en general. En ese sentido, se planteaba que la producción agrícola cumplía una función social y que sus beneficios circulaban hacia toda la economía regional. Otro punto conflictivo era la forma de liquidación. El artículo menciona actualizaciones mediante Unidad Tributaria, pagos atrasados y montos que, según los productores, crecían de manera desproporcionada. La queja era clara: muchos contribuyentes sentían que debían afrontar una deuda acumulada por un servicio cuya eficacia todavía era motivo de debate. El contexto ayuda a entender el conflicto. La lucha antigranizo en Mendoza tenía una larga historia: los estudios comenzaron en la década de 1960 y el sistema se aplicó por primera vez en 1984, con siembra de núcleos de condensación mediante cohetes. Años después, la provincia siguió reformulando el financiamiento del servicio, siempre atravesado por el mismo dilema: cómo proteger una actividad agrícola vital sin cargar todo el costo sobre productores que muchas veces sufrían pérdidas severas por granizo. La defensa antigranizo buscaba disminuir los daños provocados por las tormentas, reduciendo el tamaño y la energía de las piedras antes de que impactaran sobre los cultivos. Ese objetivo sigue siendo central en los sistemas de mitigación utilizados en zonas agrícolas mendocinas, donde la vid, los frutales y otras producciones dependen de una protección climática cada vez más compleja. La imagen de la Estación La Llave también es significativa: muestra la importancia que ya tenían los radares para detectar tormentas y organizar la respuesta operativa. Hoy, el Gobierno de Mendoza continúa utilizando mapas de reflectividad de su red de radares meteorológicos para monitorear los oasis productivos de la provincia. Aquel reclamo de 1989 no fue solamente una disputa por una boleta. Fue el reflejo de una tensión histórica entre clima, producción, tecnología, Estado y justicia tributaria. En una provincia donde una tormenta puede destruir en minutos el trabajo de todo un año, la pregunta sigue teniendo vigencia: ¿quién debe pagar la protección contra el granizo cuando el beneficio —o el daño evitado— alcanza a toda la comunidad? #LuchaAntigranizo #SanRafaelMendoza #MendozaAntigua #Granizo #CampoMendocino #ProductoresRurales #HistoriaDeMendoza #LosAndes #EstaciónLaLlave #RadarMeteorológico #AgroMendoza #ContingenciasClimáticas #Viticultura #OasisSur #MendozAntigua #HailProtection #MendozaHistory #AgriculturalHistory #RuralMemory #ClimateRisk

Del desierto al oasis: la epopeya mendocina que convirtió la aridez en una ciudad-jardín


Mendoza nació en una tierra dura, seca y de lluvias escasas. Su clima árido y continental, con precipitaciones reducidas y una fuerte dependencia de los ríos que bajan desde la Cordillera de los Andes, obligó desde siempre a sus habitantes a pensar el agua como una cuestión de supervivencia. La propia Ciudad de Mendoza recuerda que su provisión hídrica solo fue posible mediante los oasis formados por esos cursos cordilleranos y por una red de acequias que aún riega el arbolado urbano. A fines del verano de 1561, Pedro del Castillo llegó al valle de Huentata o Huentota, tomó posesión del territorio en nombre de la Corona española y el 2 de marzo fundó la ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja. El primer asentamiento se ubicó en la zona de la actual Media Luna, en el distrito Pedro Molina de Guaymallén, cerca del canal conocido hoy como Cacique Guaymallén. Al año siguiente, Juan Jufré realizó un nuevo traslado o refundación, bautizándola como Ciudad de la Resurrección, aunque el nombre que perduró fue Mendoza. Pero antes de la llegada española, el territorio ya tenía historia. Los huarpes habitaban la región y habían desarrollado formas de aprovechamiento del agua para sostener la vida y la agricultura en un ambiente árido. Los conquistadores se asentaron cerca de esos espacios ya trabajados y adoptaron, ampliaron y reorganizaron sistemas de riego preexistentes. La historia del agua mendocina no empezó con la colonia: nació del conocimiento indígena, luego transformado por la administración española y más tarde por la ingeniería moderna. El canal zanjón cercano al primer asentamiento no siempre era apto para el consumo, porque podía arrastrar barro y aluviones. Por eso se construyeron conducciones de agua desde la zona pedemontana del oeste, vinculada al actual El Challao, hacia la ciudad. Aquel sistema, recordado como el Canal de la Ciudad, es considerado una de las primeras grandes obras hidráulicas de Mendoza y marcó el inicio de una relación inseparable entre urbanismo, agua, acequias y supervivencia. Mendoza fue, además, un punto estratégico: el último gran poblado antes de enfrentar la Cordillera de los Andes rumbo a Chile. Durante el invierno, cuando la nieve cerraba los pasos cordilleranos, viajeros, comerciantes y arrieros debían permanecer en la ciudad hasta que el deshielo permitiera continuar el camino. Así, el oasis mendocino se convirtió en refugio, posta, frontera, mercado y antesala del cruce andino. Pero esta tierra nunca fue dócil. A la escasez de lluvia se sumaron aluviones repentinos, tormentas estivales, granizo, viento Zonda y sismos. Mendoza vive bajo la contradicción permanente del agua: cuando falta, amenaza la vida; cuando llega de golpe desde la montaña, puede convertirse en torrente destructor. Su geografía pedemontana la hizo especialmente vulnerable a crecientes violentas capaces de arrasar cultivos, viviendas, animales y vidas humanas. El viento Zonda, cálido, seco y agobiante, forma parte de esa identidad climática. Sopla con fuerza, derriba árboles, levanta polvo, reseca el ambiente y afecta la vida cotidiana. A ello se suman los movimientos sísmicos, consecuencia de una provincia ubicada en una región andina activa, donde la misma energía geológica que levantó montañas también recuerda, de tanto en tanto, la fragilidad de la ciudad. La tragedia mayor llegó al anochecer del 20 de marzo de 1861. Un violento terremoto destruyó la ciudad colonial de Mendoza. La capital quedó reducida a escombros, con incendios, derrumbes, polvo, humo y escenas de dolor que marcaron para siempre la memoria colectiva. Las fuentes oficiales lo recuerdan como el sismo más devastador de la historia mendocina y uno de los episodios más trágicos del siglo XIX en la región. Después del desastre, Mendoza tuvo que volver a nacer. En 1863, el agrimensor francés Julio Gerónimo Balloffet diseñó la Nueva Ciudad, ubicada al sudoeste del antiguo casco colonial. Su trazado respondió a una idea moderna y previsora: calles rectas y anchas, avenidas perimetrales y un sistema de plazas que funcionara como espacio de reunión y refugio ante futuros terremotos. El nuevo plano organizó una ciudad de 64 manzanas y cinco plazas: una gran plaza central, la actual Plaza Independencia, de cuatro manzanas, y cuatro plazas menores equidistantes, hoy conocidas como San Martín, España, Italia y Chile. Las avenidas amplias, las veredas generosas y el arbolado no fueron simples decisiones estéticas: respondían a necesidades de seguridad, circulación, sombra, higiene y adaptación al ambiente. Las acequias, revestidas y acompañadas por hileras de árboles, permitieron llevar humedad a una ciudad levantada sobre suelo seco. Los álamos, plátanos y otras especies fueron formando ese “manto verde” bajo el cual empezó a desarrollarse la vida urbana mendocina. Así, la Nueva Ciudad no solo buscó protegerse de los sismos: también intentó domesticar el desierto mediante agua, sombra y planificación. Sin embargo, la lucha por la vida no terminó con la reconstrucción. A los terremotos, aluviones, sequías, granizo y vientos se sumaron epidemias de viruela, difteria, cólera y sarampión, especialmente entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX. La mortalidad llegó a preocupar seriamente a médicos, autoridades y sanitaristas, que comenzaron a pensar la ciudad desde la higiene, el aire, la vegetación y la salud pública. En ese contexto, el médico y sanitarista Emilio Coni impulsó la idea de crear un gran pulmón verde para mejorar las condiciones ambientales de Mendoza. En 1896 nació el Parque del Oeste, actual Parque General San Martín, diseñado por el paisajista francés Carlos Thays. El Gobierno de Mendoza recuerda que el parque fue concebido para desafiar el clima árido y el suelo pedregoso, con unas 394 hectáreas de bosque sostenidas por un complejo sistema de riego mediante acequias y canales. Thays imaginó un parque monumental apoyado en la presencia de la Cordillera: avenidas arboladas, caminos curvos, canales, fuentes, prados, esculturas, barreras vegetales y un lago artificial. No era solo un paseo elegante: era una obra sanitaria, ambiental y paisajística destinada a dar sombra, humedad, belleza y bienestar a una ciudad nacida en medio de la aridez. Así, Mendoza fue construyendo su identidad a partir de la adversidad. Del desierto surgieron acequias; de la ruina sísmica, una ciudad nueva; de la amenaza sanitaria, un gran parque; del suelo seco, un oasis urbano. Daniel Schávelzon ha señalado que el terremoto de 1861 sigue presente en la estructura física, cultural e imaginaria de Mendoza: aunque parezca lejano, todavía moldea su arquitectura, sus espacios públicos y su memoria colectiva. Hoy, cada acequia, cada plaza, cada arboleda y cada rincón del Parque General San Martín recuerdan una obra colectiva hecha con perseverancia. Mendoza no fue simplemente fundada: fue defendida, reconstruida, regada, arbolada y pensada. Su historia es la de un pueblo que aprendió a convivir con el desierto, los sismos, el Zonda y el agua indomable, hasta transformar una tierra extrema en uno de los oasis urbanos más singulares de la Argentina. #Mendoza #DelDesiertoAlOasis #MendozaAntigua #AcequiasMendocinas #HistoriaDeMendoza #CiudadOasis #Huarpes #PedroDelCastillo #JuanJufré #TerremotoDeMendoza #NuevaCiudad #JulioBalloffet #ParqueGeneralSanMartín #CarlosThays #EmilioConi #Cuyo #AguaYMemoria #MendozAntigua #MendozaHistory #OasisCity #UrbanHistory #WaterHeritage #AndesHistory #HistoricMendoza #CulturalHeritage (Por: SUSANA FASCIOLO ) https://www.lamelesca.com.ar/del-desierto-al-oasis/

Retiro desde el cielo: la Plaza San Martín de 1932 y la Buenos Aires que ya no existe


Esta vista aérea de Retiro, tomada hacia 1932 y conservada como referencia del Archivo General de la Nación, permite observar una zona clave de Buenos Aires en plena transformación. La imagen muestra la actual Plaza San Martín, uno de los espacios verdes más antiguos y cargados de historia de la ciudad, rodeado por edificios monumentales, avenidas, jardines y construcciones que hoy forman parte de la memoria urbana porteña. La Plaza San Martín no es una plaza cualquiera. El Gobierno de la Ciudad recuerda que allí ocurrieron hechos decisivos: en 1807, durante la segunda invasión inglesa, se libró en ese sector un combate con victoria criolla; y en 1812, el general José de San Martín instaló en la zona los cuarteles del Regimiento de Granaderos a Caballo. Por esa huella sanmartiniana, en 1878, al cumplirse el centenario del nacimiento del Libertador, recibió el nombre de Plaza San Martín. En la fotografía se advierte también la Buenos Aires elegante y aristocrática del entorno de Retiro, con edificios de fuerte impronta europea. Frente a la plaza se encuentra el área del Palacio Paz, una de las grandes expresiones del estilo academicista francés y de la llamada Belle Époque porteña. El edificio fue encargado hacia 1890 por José Camilo Paz, fundador del diario La Prensa, y años más tarde se convirtió en sede del Círculo Militar. Uno de los elementos más valiosos de esta imagen es que conserva la memoria del Pabellón Argentino, señalado en las referencias de la fotografía como una de las “cosas que ya no están”. Este edificio había sido utilizado por la Argentina en la Exposición Universal de París de 1889 y luego fue instalado en la Plaza San Martín. En 1911 se inauguró allí la segunda sede del Museo Nacional de Bellas Artes, antes de que la institución fuera trasladada en 1933 a su sede actual en la antigua Casa de Bombas de Recoleta. La toma aérea resulta fascinante porque captura un instante de transición: Retiro todavía conservaba huellas de la ciudad señorial, pero ya avanzaba hacia la gran capital moderna del siglo XX. Los jardines, los edificios públicos, las residencias palaciegas y el trazado urbano muestran una Buenos Aires que mezclaba tradición, poder, arte, transporte y vida social. Vista desde arriba, la Plaza San Martín aparece como un verdadero resumen de la historia porteña: fue campo militar, escenario de luchas, punto de memoria sanmartiniana, enclave aristocrático, paseo público y corazón verde de Retiro. Esta imagen de 1932 no solo muestra una plaza: revela una Buenos Aires en movimiento, con edificios que sobrevivieron, otros que desaparecieron y una ciudad que empezaba a cambiar para siempre. #Retiro #PlazaSanMartín #BuenosAiresAntigua #VistaAérea #AGN #ArchivoGeneralDeLaNación #HistoriaPorteña #BuenosAires1932 #PabellónArgentino #PalacioPaz #CírculoMilitar #MuseoNacionalDeBellasArtes #MemoriaUrbana #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #UrbanMemory #AerialView #HistoricBuenosAires #ArgentineHistory #LostBuenosAires

Buenos Aires y sus calles: el mapa secreto donde la ciudad escribió su historia


Buenos Aires nació y creció con una forma muy reconocible: una ciudad de manzanas ordenadas, trazada en damero, con calles rectas que fueron extendiéndose desde el centro histórico hacia los barrios y, más tarde, hacia el Gran Buenos Aires. Esa cuadrícula urbana, heredera del modelo colonial hispanoamericano, ayudó a ordenar una ciudad que durante siglos fue creciendo sobre la llanura.En sus primeros tiempos, muchas calles se identificaban por referencias cercanas y fáciles de reconocer. Existían nombres ligados a iglesias, edificios o parajes: la calle de las Torres, asociada a la zona de la Catedral y templos cercanos; la calle de San Francisco; la calle del Retiro, y otras denominaciones nacidas del uso cotidiano. Las calles eran, en cierto modo, una guía popular de la ciudad: indicaban dónde estaban los templos, los conventos, los caminos de salida o los puntos más conocidos. Después de la Revolución de Mayo de 1810, Buenos Aires comenzó a cargar sus calles de sentido político y patriótico. Con el tiempo aparecieron nombres vinculados a batallas, próceres y hechos militares de la independencia, como Chacabuco, Maipú, Suipacha o Florida. La nomenclatura urbana dejó de ser solo una forma de orientación y pasó a funcionar como un relato histórico escrito sobre el plano de la ciudad. El propio Gobierno porteño señala que los nombres de calles, monumentos y espacios públicos permiten leer la historia política y simbólica de Buenos Aires. El gran cambio llegó en el siglo XIX, cuando Buenos Aires creció de manera vertiginosa. De ser una ciudad de decenas de miles de habitantes a comienzos del período independiente, pasó a tener 187.126 habitantes en 1869 y 1.575.814 en 1914, según los censos históricos. Hacia 1914, además, casi la mitad de la población porteña era extranjera: el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad registra un 49,3 % de extranjeros en la población total para ese año, reflejo del impacto inmenso de la inmigración. Esa explosión demográfica transformó la ciudad. Buenos Aires se convirtió en una de las grandes metrópolis de América Latina, con conventillos, barrios nuevos, avenidas, tranvías, ferrocarriles, comercios, industrias y una mezcla social marcada por inmigrantes europeos, criollos, trabajadores, comerciantes y familias recién llegadas. La ciudad ya no era solo el viejo casco colonial: empezaba a convertirse en una capital moderna. Otro momento decisivo fue la federalización de Buenos Aires. En 1880, la ciudad fue declarada oficialmente capital de la República Argentina mediante la Ley 1029, en un proceso político conflictivo que cerró décadas de disputa entre Buenos Aires y el resto del país. Luego, en 1887, se anexaron los municipios de Flores y Belgrano, y en 1888 se definió el límite jurídico-administrativo de la Capital Federal, lo que dio forma a una ciudad mucho más grande y compleja. Pero esa ampliación trajo un problema práctico: las calles se repetían. La antigua ciudad de Buenos Aires, el pueblo de San José de Flores y el pueblo de Belgrano tenían nombres duplicados, como San Martín, Lavalle u otras denominaciones comunes. Para ordenar ese caos, se impulsó una gran reorganización de la nomenclatura urbana hacia fines del siglo XIX. Entre 1893 y 1896 se consolidó buena parte del sistema de nombres que todavía hoy reconocemos en la ciudad. Así, detrás de cada calle porteña hay mucho más que una dirección. Hay rastros de la colonia, ecos de la independencia, marcas de la inmigración, decisiones políticas, batallas por la memoria y la necesidad de ordenar una ciudad que creció a una velocidad asombrosa. Caminar Buenos Aires es, también, leer un mapa histórico donde cada nombre guarda una parte de la identidad argentina. #BuenosAiresAntigua #CallesDeBuenosAires #HistoriaPorteña #NomenclaturaUrbana #BuenosAiresHistoria #CiudadEnDamero #HistoriaArgentina #FederalizaciónDeBuenosAires #Flores #Belgrano #InmigraciónArgentina #MemoriaUrbana #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #UrbanHistory #StreetNames #ArgentineHistory #HistoricalMemory #CityStories #LatinAmericanCities

29 de Abril de 1975, muere José La Vía: el inmigrante siciliano que retrató el alma de San Luis durante setenta años


El 29 de abril de 1975 murió en San Luis el fotógrafo José La Vía, una de las grandes figuras de la memoria visual puntana. Había nacido en Sicilia, Italia, en noviembre de 1888 —según la efeméride tradicional, el 25 de noviembre, en Catania— y falleció a los 86 años, después de haber dedicado casi toda su vida a registrar con su cámara la historia cotidiana, social, política y cultural de San Luis. Fuentes oficiales de la provincia señalan que llegó a San Luis junto a sus padres en 1894, cuando era apenas un niño. Su obra tiene un valor documental inmenso: durante siete décadas dejó testimonio del pasado puntano. Sus primeras fotografías datan de 1905, en tiempos del gobierno de Benigno Rodríguez Jurado, y con el tiempo fue reconocido como reportero gráfico en diarios y revistas de San Luis, Buenos Aires y otras provincias. Retrató hechos históricos, personalidades políticas, sociales y religiosas, pero también escenas de la vida diaria: calles, plazas, sulkys, caballos, mercados, edificios públicos, familias, fiestas, procesiones y transformaciones urbanas. La importancia de La Vía no estuvo solo en su técnica, sino en su mirada. Supo captar un San Luis que cambiaba de aldea a ciudad moderna, con alumbrado, ferrocarril, nuevos edificios, automóviles y vida social en expansión. Su cámara acompañó la modernización de la provincia y convirtió momentos simples en documentos históricos. En 1950 fue considerado “Decano de los Fotógrafos Argentinos”, reconocimiento que resume la dimensión de su trayectoria. Hoy su legado continúa vivo en el Archivo Histórico Provincial de San Luis, donde una sala lleva su nombre y se conserva una parte fundamental de su producción. El Gobierno provincial informó que el repositorio digital reúne alrededor de 17 mil fotografías de José La Vía, de las cuales unas 15 mil se encuentran digitalizadas. José La Vía fue mucho más que un fotógrafo: fue un testigo privilegiado del siglo XX puntano. Desde su lente, San Luis dejó de ser solo recuerdo oral para convertirse en imagen, archivo y memoria. Su obra sigue siendo una puerta abierta al pasado de una provincia, a sus rostros, sus calles y su identidad. Nota de precisión histórica: algunas fuentes oficiales consignan que nació en Catania, Sicilia, en noviembre de 1888; otras reseñas mencionan variantes sobre la localidad o el día exacto de nacimiento. La fecha de fallecimiento aparece confirmada como 29 de abril de 1975 en San Luis. #JoséLaVía #SanLuisAntiguo #FotografíaHistórica #HistoriaDeSanLuis #MemoriaPuntana #ArchivoHistórico #FotógrafosArgentinos #InmigrantesItalianos #CulturaPuntana #HistoriaArgentina #PatrimonioVisual #MendozAntigua #HistoricalPhotography #ArgentineHistory #SanLuisHistory #VisualMemory #ItalianImmigration #PhotoArchive #CulturalHeritage #DocumentaryPhotography

29 de Abril de 1955, nace Pochi Zimmermann: la mendocina que hizo de la danza una forma de memoria, identidad y cultura


El 29 de abril de 1955 nació en Mendoza Elba “Pochi” Zimmermann, bailarina, coreógrafa, docente y gestora cultural, una figura ligada profundamente al desarrollo de la danza mendocina y a la vida artística de la provincia. Su camino comenzó con una sólida formación en distintas expresiones del movimiento. Estudió danzas españolas con las profesoras Elvira Lagar y María Martí, y danzas folclóricas argentinas con la reconocida maestra, coreógrafa y docente Jesús Vera Arenas, una de las grandes referentes de la danza en Mendoza. Sitio Andino recuerda a Vera Arenas como fundadora del Ballet Municipal de la Ciudad de Mendoza, cuerpo artístico que hoy lleva su nombre. Zimmermann amplió su formación con numerosos cursos y seminarios de especialización junto a destacados maestros nacionales e internacionales, entre ellos Elio Torres, Gus Solomons Jr. y Daniel Trener de Estados Unidos, Isolde Klietmann, Beatriz Herrera, Marta Zubiela, Inés Sanguinetti, Susana Tambutti, Norma Viola y Marina Gubiay, entre otros. Esa diversidad de influencias le permitió construir una mirada amplia sobre la danza: desde la raíz folclórica y popular hasta los lenguajes escénicos contemporáneos. A lo largo de su trayectoria, desplegó su arte en importantes escenarios del país e integró elencos oficiales e independientes. También participó en numerosas Fiestas de la Vendimia como bailarina, maestra y coreógrafa, aportando su sensibilidad a una celebración central de la identidad mendocina. La Fiesta Nacional de la Vendimia se realiza desde 1936 y nació como una celebración de la cosecha de la uva, el trabajo vitivinícola y las tradiciones populares de Mendoza. Su labor no se limitó al escenario. Presentó su método de enseñanza de danzas argentinas en el IV Congreso Latinoamericano de Educación por el Arte, realizado en Avellaneda, Buenos Aires, y ocupó espacios de gestión cultural de gran importancia. Estuvo al frente del Área Danza de la Dirección de Cultura de Mendoza y fue maestra invitada en el Ballet Folklórico Nacional, organismo creado por la Ley Nacional 23.329 con el objetivo de preservar y difundir los valores artísticos nacionales de la música y la danza argentina. También fue directora del Teatro Independencia de Mendoza, uno de los escenarios más emblemáticos de la provincia. Inaugurado el 18 de noviembre de 1925, el Teatro Independencia se consolidó como un centro cultural clave para la música, el teatro, la danza y la literatura mendocina. Su nombre aparece entre los referentes que contribuyeron a poner en valor la danza en Mendoza, junto a otras maestras y maestros que formaron generaciones de bailarines y sostuvieron la actividad en academias, teatros, elencos y espacios culturales de toda la provincia. Incluso en actos oficiales, como un homenaje legislativo a Gladys Ravalle, fue mencionada entre los referentes culturales presentes, lo que confirma su lugar dentro del mapa artístico mendocino. Que su nacimiento coincida con el Día Internacional de la Danza vuelve aún más simbólica su figura. Esta fecha fue establecida en 1982 por el Comité de Danza del Instituto Internacional del Teatro y se celebra cada 29 de abril en homenaje al natalicio de Jean-Georges Noverre, considerado creador del ballet moderno. Elba “Pochi” Zimmermann representa una vida dedicada al movimiento, la enseñanza y la gestión cultural. Su trayectoria une escenario, formación, Vendimia, tradición argentina y compromiso institucional: una historia mendocina donde la danza no fue solo arte, sino también identidad, memoria y transmisión. #PochiZimmermann #ElbaZimmermann #DanzaMendocina #DíaInternacionalDeLaDanza #MendozaCultura #TeatroIndependencia #FiestaDeLaVendimia #DanzasArgentinas #FolcloreArgentino #GestiónCultural #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #DanceHistory #InternationalDanceDay #ArgentineDance #MendozaCulture #FolkDance #CulturalHeritage #WomenInDance #PerformingArts

martes, 28 de abril de 2026

28 de Abril de 1814 - El día en que Mendoza le pidió a San Martín que no se fuera: la decisión que sostuvo el sueño libertador


El 28 de abril se recuerda un episodio cargado de tensión política y enorme valor histórico: ante los rumores de que el coronel mayor José de San Martín podía dejar el gobierno de Cuyo, el Cabildo de Mendoza le dirigió una nota rogándole que no abandonara la provincia en un momento decisivo para la causa americana. La escena refleja el fuerte vínculo que San Martín había construido con Mendoza y con la región cuyana. Su presencia no era la de un simple funcionario: desde Cuyo estaba organizando la base política, económica y militar que haría posible la formación del Ejército de los Andes y, más tarde, el cruce cordillerano que abriría el camino a la independencia de Chile y Perú. El propio Gobierno educativo de Mendoza recuerda que San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo el 10 de agosto de 1814 y llegó a Mendoza el 7 de septiembre de ese año. Por eso, cuando circularon versiones sobre su posible alejamiento, el Cabildo mendocino comprendió que su salida podía poner en riesgo mucho más que una administración provincial: podía debilitar el proyecto estratégico de liberar Chile y atacar el poder realista en el Perú. Para Mendoza, San Martín era el hombre indispensable en una hora crítica. El episodio debe leerse dentro de la crisis política de 1815, cuando el Director Supremo Carlos María de Alvear intentó remover a San Martín y nombró en su lugar al coronel Gregorio Perdriel. La reacción local fue contundente: el Cabildo y sectores representativos de la población rechazaron al nuevo gobernador y sostuvieron a San Martín en el cargo. El Instituto Nacional Sanmartiniano consigna que el 21 de abril de 1815 el Cabildo de Mendoza desconoció a Perdriel y repuso a San Martín como gobernador de Cuyo. Aquella defensa popular y capitular demuestra hasta qué punto Mendoza había comprendido la magnitud de la empresa sanmartiniana. No se trataba solo de obedecer o desobedecer a Buenos Aires: estaba en juego la continuidad de una estrategia continental. Desde su llamada “Ínsula Cuyana”, San Martín impulsó la economía, la agricultura, la industria, la organización de la hacienda pública, la salud, la educación y el ordenamiento territorial, todo con un objetivo superior: preparar los recursos humanos y materiales para la libertad americana. La historiografía local también recuerda que la noticia de un reemplazante para San Martín provocó un fuerte alboroto en Mendoza. Los vecinos se reunieron en el Cabildo, rechazaron la imposición de Perdriel y consideraron que San Martín era la figura más apta para conducir la provincia en ese momento. Así, aquella nota del Cabildo no fue un gesto protocolar: fue una súplica política y patriótica. Mendoza le pedía a San Martín que permaneciera porque sabía que, sin él, podía derrumbarse una parte esencial del plan emancipador. En ese pedido se condensaba una verdad histórica: Cuyo no solo acompañó la gesta libertadora, sino que la sostuvo desde sus calles, sus recursos, sus instituciones y su pueblo. Nota de precisión histórica: la fecha 28/04/1814 debe tomarse con cautela, porque San Martín todavía no era gobernador de Cuyo en abril de 1814. Las fuentes oficiales señalan que fue nombrado el 10 de agosto de 1814 y que la crisis por su permanencia en el cargo ocurrió en abril de 1815. #SanMartín #MendozaAntigua #CuyoSanmartiniano #CabildoDeMendoza #EjércitoDeLosAndes #HistoriaArgentina #GestaLibertadora #IndependenciaAmericana #MendozaHistórica #SanMartínEnMendoza #Alvear #GregorioPerdriel #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #SanMartin #MendozaHistory #AndesArmy #IndependenceHistory #LatinAmericanHistory

28 de Abril de 1834 - José Martín Yanzón: el gobernador sanjuanino que llegó al poder entre caudillos, agua desbordada y guerras civiles


El 28 de abril de 1834, el coronel José Martín Yanzón fue nombrado gobernador de la provincia de San Juan. Días después, el 4 de mayo, tomó posesión efectiva del cargo, que ejerció hasta comienzos de 1836, en una etapa marcada por fuertes tensiones políticas, disputas entre caudillos y el complejo equilibrio entre unitarios y federales. Yanzón no llegó al gobierno en un momento tranquilo. San Juan atravesaba años de inestabilidad, y su figura apareció ligada a la influencia regional de Facundo Quiroga, uno de los hombres más poderosos del interior. Según reseñas históricas sanjuaninas, en 1834 había dos nombres con posibilidades de llegar al poder: José Martín Yanzón y Nazario Benavides, ambos vinculados a campañas militares; Quiroga terminó inclinando su apoyo hacia Yanzón. Su gobierno fue breve, pero dejó huellas importantes. En enero de 1834, el río San Juan había provocado una grave inundación: las aguas avanzaron sobre la ciudad, derribaron construcciones y evidenciaron la fragilidad urbana de la época. Como respuesta, durante la gestión de Yanzón se ordenó la construcción del dique San Emiliano, una obra defensiva destinada a proteger a la ciudad frente a nuevos desbordes. También se lo vincula con una reorganización administrativa del territorio sanjuanino. La Municipalidad de Pocito recuerda que, en 1834, Yanzón y su ministro Timoteo Bustamante establecieron una distribución de la población urbana y rural de San Juan en departamentos y barrios, tomando como referencia los curatos principales. Pero su mandato quedó atravesado por la política violenta del siglo XIX. Tras el asesinato de Facundo Quiroga en Barranca Yaco, en febrero de 1835, la situación regional cambió profundamente. Yanzón intentó afirmarse en el poder y acercarse al clima federal dominante: en julio de 1835 ordenó el uso de la cinta punzó para los empleados públicos y dispuso que los documentos oficiales llevaran la fórmula federal. El final de su gobierno llegó de manera turbulenta. En enero de 1836, Yanzón impulsó una invasión a La Rioja, pero la operación fracasó en Pango. Derrotado, huyó hacia Jáchal y luego cruzó la cordillera rumbo a Chile, mientras San Juan entraba en una nueva etapa política con el ascenso de Nazario Benavides, figura que dominaría la provincia durante años. La designación de José Martín Yanzón no fue solo un cambio de gobernador: fue un capítulo intenso de la historia sanjuanina, donde se cruzaron ambición política, obras públicas, rivalidades provinciales, caudillismo y la lucha por el control del poder en Cuyo. #JoséMartínYanzón #SanJuanAntiguo #HistoriaDeSanJuan #GobernadoresSanjuaninos #CuyoAntiguo #FacundoQuiroga #NazarioBenavides #CaudillosArgentinos #HistoriaArgentina #GuerrasCivilesArgentinas #DiqueSanEmiliano #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #SanJuanHistory #CuyoHistory #Federalism #CivilWars #HistoricalMemory

28 de Abril de 1858 - El “Barquito” postal: cuando Buenos Aires puso en circulación sus primeras estampillas


El 28 de abril de 1858 —aunque algunas efemérides lo citan erróneamente como 1859— Buenos Aires puso en circulación sus primeros sellos postales efectivos. Aquellas estampillas mostraban una imagen muy simbólica para la época: un sol y un barco de paletas a vapor, representación del progreso, la navegación y las comunicaciones en el Río de la Plata. El dato es importante porque, en esos años, la Argentina todavía no estaba plenamente unificada. El Estado de Buenos Aires funcionaba separado de la Confederación Argentina, y por eso las emisiones postales podían variar según la jurisdicción. De hecho, el primer sello postal argentino había sido emitido por Corrientes el 21 de agosto de 1856, con la figura de Ceres, diosa de la agricultura. Ese mismo año, Buenos Aires imprimió una serie conocida como los “gauchitos”, pero no llegó a circular porque el gobierno adoptó el peso como nueva moneda. Recién con la emisión del llamado “Barquito” Buenos Aires logró poner en uso sus propias estampillas. El diseño del vapor de paletas no era casual: en pleno siglo XIX, esos barcos representaban velocidad, modernidad y conexión entre puertos, en una ciudad que miraba al río como vía fundamental para el comercio, las noticias y el intercambio postal. Los catálogos filatélicos registran emisiones del “Barco de vapor” desde 1858, y también variantes posteriores en 1859, lo que explica parte de la confusión de fechas. Con el tiempo, la filatelia argentina fue incorporando nuevos símbolos. En 1862 aparecieron las estampillas llamadas “escuditos”, ya con el nombre definitivo del país, y hacia 1864 se emitieron sellos con la efigie de Bernardino Rivadavia, primer presidente argentino. Aquellas pequeñas piezas de papel no solo servían para pagar el envío de cartas: también contaban visualmente el proceso de organización nacional, los cambios políticos y la construcción de una identidad estatal. Así, el “Barquito” porteño quedó como una pieza clave de la historia postal: una estampilla mínima, pero cargada de sentido, que unía comunicación, tecnología, comercio y la imagen de una Buenos Aires que empezaba a pensarse como ciudad moderna #PrimerasEstampillas #BarquitoPostal #BuenosAiresAntigua #HistoriaPostal #FilateliaArgentina #SellosPostales #CorreoArgentino #HistoriaArgentina #BuenosAires1858 #VaporDePaletas #OrganizaciónNacional #MendozAntigua #PostalHistory #ArgentineHistory #StampCollecting #Philately #BuenosAiresHistory #VintageStamps #MailHistory

28 de Abril de 1876 - Trenque Lauquen: el trazado nacido en la frontera que transformó la laguna indígena en ciudad bonaerense


El 28 de abril de 1876, el coronel Conrado Excelso Villegas, al mando de la División Norte del Ejército, concluyó el trazado del pueblo de Trenque Lauquen, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Aquel acto formó parte del avance militar sobre la frontera bonaerense, en una región habitada por pueblos originarios y de enorme valor estratégico por sus pasturas, sus aguadas y su ubicación en la llanura pampeana. La historia oficial de la ciudad ubica su fundación el 12 de abril de 1876, cuando Villegas se asentó en la zona y estableció allí el centro de operaciones de la División Norte. La primera construcción fue La Comandancia, edificio que aún se conserva dentro del actual Palacio Municipal, en la calle Villegas 555. También se recuerda el Fortín 12 de Abril, reconstruido hoy en el Parque Municipal. El nacimiento de Trenque Lauquen estuvo ligado al plan de avance de frontera impulsado por el ministro de Guerra Adolfo Alsina, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. En ese mismo proceso, en 1876 también surgieron otros enclaves bonaerenses como Carhué, Guaminí y Puán, puntos destinados a consolidar la presencia estatal en territorios hasta entonces disputados. El nombre Trenque Lauquen, de origen mapuche, suele traducirse como “Laguna Redonda” o “Laguna de los Loros”, en referencia al espejo de agua dulce que marcó el emplazamiento inicial del fortín. Ese paraje ya era utilizado por comunidades originarias como punto de reunión y referencia territorial, y las fuentes destacan que se trataba de un lugar valioso por la abundancia de agua y la calidad de sus campos. Con el tiempo, aquel puesto de frontera se transformó en una ciudad clave del oeste bonaerense. En 1886 se creó formalmente el Partido de Trenque Lauquen mediante la Ley Provincial N.º 1.827, y en 1890 la llegada del ferrocarril impulsó su integración al circuito productivo nacional. Detrás de aquel trazado de abril de 1876 aparece una historia compleja: la expansión del Estado argentino, la transformación de la frontera, el desplazamiento de los pueblos originarios y el nacimiento de una comunidad que, con el paso de los años, se convirtió en una referencia del interior bonaerense. Nota de precisión histórica: las fuentes oficiales consultadas destacan el 12 de abril de 1876 como fecha fundacional de Trenque Lauquen. La efeméride del 28 de abril puede presentarse como la finalización del trazado del pueblo, pero conviene aclarar que no todas las fuentes consignan esa fecha puntual. #TrenqueLauquen #ConradoVillegas #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #FronteraBonaerense #PueblosOriginarios #AdolfoAlsina #NicolásAvellaneda #Fortín12DeAbril #LagunaRedonda #HistoriaBonaerense #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #BuenosAiresProvince #FrontierHistory #IndigenousHistory #PampasHistory #HistoricalMemory

28 de Abril de 1887 - Hospital Rivadavia: el viejo Hospital de Mujeres que abrió sus puertas a una nueva era de la salud pública porteña (Imagen Ilustrativa)


El 28 de abril de 1887, en la ciudad de Buenos Aires, comenzó a funcionar el Hospital Rivadavia, heredero directo del antiguo Hospital General de Mujeres, una de las instituciones sanitarias más antiguas del país. Su inauguración marcó un paso decisivo en la modernización de la asistencia médica porteña, en una Buenos Aires que crecía aceleradamente y necesitaba espacios más amplios, higiénicos y adecuados para atender a su población. Los orígenes de esta institución se remontan a 1774, cuando funcionaba como Hospital de Mujeres en la actual zona de la calle Bartolomé Mitre al 800, cerca de la Iglesia de San Miguel. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires señala que en 1887 fue trasladado a su actual emplazamiento, en Avenida Las Heras 2670, bajo el nombre de Hospital General de Mujeres Rivadavia, convirtiéndose en el decano de los hospitales argentinos. La nueva sede fue inaugurada por el entonces ministro del Interior, Dr. Eduardo Wilde, médico, escritor y figura destacada de la vida pública argentina. El edificio había sido pensado con criterios sanitarios modernos para la época: pabellones separados, amplios jardines y espacios abiertos que respondían a los cánones europeos del siglo XIX, cuando se consideraba que la ventilación, la luz y la distancia entre salas ayudaban a una recuperación más segura. La Asociación Médica Argentina agrega que, al momento de su inauguración, el hospital contaba con trescientas camas, cuatro pabellones y una capilla, y que el edificio estaba iluminado con luz de gas, un detalle que reflejaba el carácter moderno y monumental de la obra. También fue clave el crecimiento demográfico de Buenos Aires. La necesidad de ampliar la atención para mujeres enfermas llevó a comprar, en 1876, terrenos ubicados entre las antiguas calles Chavango y del Sar, hoy Avenida Las Heras y Sánchez de Bustamante. En 1880 se colocó la piedra fundamental, y las obras fueron dirigidas por el arquitecto sueco Enrique Aberg, quien diseñó los pabellones de influencia neoclásica entre jardines. Con el paso del tiempo, el Hospital Rivadavia dejó de ser exclusivamente femenino. En 1947 pasó a denominarse Hospital Nacional Bernardino Rivadavia y comenzó a atender también a pacientes varones. Desde entonces, su historia quedó unida al desarrollo de la salud pública argentina, a la formación médica y a la memoria urbana del barrio de Recoleta. Aquel 28 de abril de 1887 no solo abrió sus puertas un hospital: comenzó una nueva etapa para una institución nacida en tiempos coloniales, transformada por la ciudad moderna y convertida en símbolo de la medicina pública porteña. #HospitalRivadavia #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeLaSalud #SaludPública #HospitalDeMujeres #Recoleta #EduardoWilde #BernardinoRivadavia #Efemérides #BuenosAiresHistoria #MendozAntigua #PublicHealthHistory #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #MedicalHistory #HistoricHospitals #WomenHospital #UrbanMemory

28 de Abril de 1826 - Prisioneros rentados: cuando Buenos Aires usó cautivos brasileños para abrir el camino a Ensenada (Imagen Ilustrativa)


El 28 de abril de 1826, en plena Guerra del Brasil, una disposición autorizó a la empresa encargada de construir el camino de la Ensenada a emplear a treinta prisioneros brasileños que permanecían cautivos en Buenos Aires. Aquellos hombres habían sido tomados durante el conflicto entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, una guerra iniciada formalmente cuando Brasil declaró la guerra el 10 de diciembre de 1825 y bloqueó el puerto de Buenos Aires pocos días después, el 22 de diciembre. La medida llama la atención porque revela una escena poco conocida de la historia rioplatense: prisioneros de guerra destinados a una obra pública estratégica. El camino hacia Ensenada no era un detalle menor. La Ensenada de Barragán era un punto clave del Río de la Plata, considerado un embarcadero alternativo y de valor militar, portuario y comercial desde tiempos coloniales. La experiencia resultó satisfactoria. Por eso, el 30 de mayo de 1826, una nueva disposición reconoció los “buenos servicios” prestados por esos prisioneros en los trabajos del camino y autorizó que se les otorgara una gratificación, similar a la acordada de manera general para otros trabajadores. El episodio también se vincula con el proyecto de mejorar la conexión entre Buenos Aires y el puerto de Ensenada. La Municipalidad de Ensenada recuerda que, durante la etapa rivadaviana, se encargaron estudios al ingeniero Santiago Bevans sobre la bahía y el puerto, y que en esa época se proyectó el camino de acceso a través de los bañados. Esa misma reseña señala que en la construcción del Camino Blanco, luego conocido como Camino Rivadavia, trabajaron prisioneros brasileños traídos por el general Carlos María de Alvear. Así, detrás de una breve disposición administrativa aparece una historia intensa: guerra, cautiverio, trabajo forzado o semi-remunerado, infraestructura pública y la necesidad de abrir caminos hacia un puerto estratégico. Una pequeña nota de 1826 permite ver cómo la Buenos Aires de la época mezclaba urgencias militares, obras de progreso y decisiones que hoy resultan tan sorprendentes como reveladoras. #PrisionerosRentados #GuerraDelBrasil #BuenosAiresAntigua #CaminoDeLaEnsenada #EnsenadaDeBarragán #HistoriaArgentina #HistoriaRioplatense #ProvinciasUnidas #ImperioDelBrasil #Efemérides #HistoriaOlvidada #MendozAntigua #BrazilianWar #ArgentineHistory #RiverPlateHistory #WarPrisoners #ColonialRoutes #ForgottenHistory

🚨 ¡EL ENEMIGO INVISIBLE QUE CASI BORRA A BUENOS AIRES! 🦠 La brutal epidemia del 28 de Abril de 1605 que aterrorizó a la colonia


El 28 de abril de 1605, la incipiente y precaria ciudad de Buenos Aires se enfrentó a una amenaza más letal que cualquier ejército: las autoridades coloniales declaraban oficialmente el estallido de la primera gran epidemia de viruela en el Río de la Plata. A principios del siglo XVII, Buenos Aires estaba muy lejos de ser la metrópolis actual; era apenas un modesto caserío de barro, paja y calles de tierra, fundado apenas 25 años antes por Juan de Garay. La llegada del virus desató un pánico incontrolable. El virus ingresó a través del puerto, la principal (y casi única) vía de contacto con el exterior. Se estima que llegó a bordo de embarcaciones europeas o navíos dedicados al tráfico de esclavos, rutas habituales para la propagación de enfermedades en la época colonial. La epidemia fue devastadora, pero su golpe más cruel lo sufrió la población indígena local. Al no haber estado jamás expuestos a este patógeno del Viejo Mundo, carecían por completo de anticuerpos naturales, lo que resultó en una altísima tasa de mortalidad. En 1605, Buenos Aires no contaba con médicos diplomados ni hospitales estructurados. Los registros del Cabildo porteño evidencian la impotencia de las autoridades, quienes debieron recurrir a medidas extremas y precarias: aislamiento de los enfermos, quema de ropas y pertenencias, y la organización de rogativas religiosas pidiendo piedad divina. Este trágico suceso marcó el inicio de una larga y dolorosa batalla de la ciudad contra la viruela, una enfermedad que continuaría azotando a Buenos Aires en oleadas sucesivas hasta la llegada de la vacuna siglos después. ⚓🏘️ #Viruela #HistoriaArgentina #BuenosAiresColonial #EpidemiasHistoricas #Efemérides #SmallpoxHistory #ColonialBuenosAires #MedicalHistory #HistoryFacts #MendozAntig

Casa Amarilla en 1890: la estación donde La Boca respiraba trenes, puerto y ciudad


Hacia 1890, el barrio de La Boca mostraba una de sus postales más potentes: la zona de Casa Amarilla, donde el ferrocarril, el puerto, los carros, los tranvías y la vida urbana empezaban a mezclarse en una misma escena. La imagen de la Estación Casa Amarilla permite asomarse a una Buenos Aires que todavía conservaba calles de tierra, movimiento de tracción a sangre y arquitectura de fines del siglo XIX, pero que al mismo tiempo ya estaba entrando en la era del hierro, los rieles y la expansión moderna. Casa Amarilla no era un nombre cualquiera. La zona estaba profundamente ligada a la memoria del almirante Guillermo Brown, cuya residencia dio identidad al lugar. Con el paso del tiempo, ese sector quedó asociado también al desarrollo ferroviario y a la conexión entre Buenos Aires, el Riachuelo y el sur bonaerense. La actual réplica de la casa de Brown, inaugurada en 1983, recuerda justamente esa presencia histórica del creador de la primera flota naval argentina. La estación formó parte del universo del Ferrocarril Buenos Aires al Puerto de la Ensenada, una línea clave para comunicar la ciudad con el sur y con la zona portuaria. Según un trabajo del Centro Argentino de Ingenieros, las obras de este ferrocarril comenzaron en 1863 desde la zona de Paseo Colón y Venezuela; desde allí las vías pasaban por un viaducto elevado hacia Casa Amarilla, Barraca Peña, General Brown y Tres Esquinas. Ese dato ayuda a entender la importancia de la imagen. Casa Amarilla era mucho más que una parada ferroviaria: era una pieza dentro de una red de circulación de pasajeros, cargas, trabajadores y mercancías. En una Buenos Aires que crecía hacia el puerto y hacia los barrios del sur, los trenes eran herramientas de integración territorial y motores de cambio urbano. Por allí circularon trenes de pasajeros que unían Casa Amarilla con La Plata, y también servicios vinculados al transporte de cargas. El mismo estudio ferroviario señala que los trenes de pasajeros entre Casa Amarilla y La Plata utilizaron esa conexión hasta comienzos del siglo XX, antes de que el tráfico terminara reorganizándose hacia Plaza Constitución. La fotografía transmite esa transición. Se ve una ciudad aún decimonónica, con carros y edificios bajos, pero atravesada por señales de modernidad: rieles, cables, transporte urbano y movimiento constante. La Boca, por su cercanía al Riachuelo, no era solo un barrio residencial o popular; era también un territorio de trabajo, depósitos, talleres, actividad portuaria y circulación ferroviaria. En ese paisaje, la Estación Casa Amarilla funcionaba como un umbral. Hacia un lado, la ciudad vieja; hacia el otro, el sur productivo, los puentes, el Riachuelo, La Plata y la provincia. Cada tren que pasaba por allí llevaba algo más que pasajeros: llevaba comercio, noticias, obreros, inmigrantes, materiales y futuro. Visto desde hoy, este registro de 1890 es una ventana extraordinaria a la Buenos Aires que se estaba transformando. En la esquina de Almirante Brown y Martín García, La Boca mostraba su pulso de barrio trabajador y ferroviario. Casa Amarilla era estación, referencia urbana y memoria de una ciudad que avanzaba sobre rieles, mientras el puerto y el sur porteño escribían una parte esencial de la historia argentina. #CasaAmarilla #LaBoca #BuenosAiresAntigua #EstaciónCasaAmarilla #BuenosAires1890 #ArchivoGeneralDeLaNación #FondoWitcomb #FerrocarrilEnsenada #FerrocarrilesArgentinos #GuillermoBrown #ParqueLezama #Riachuelo #HistoriaDeBuenosAires #MemoriaUrbana #TransporteAntiguo #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #RailwayHistory #HistoricalPhotography #UrbanMemory Crédito Fotográfico: Archivo General de la Nación

El Challao: la hondonada de agua donde Mendoza mezcló tragedia, romance y memoria


A pocos kilómetros al oeste de la Ciudad de Mendoza, entre los primeros relieves de la precordillera, se encuentra El Challao, una antigua villa veraniega que durante décadas fue sinónimo de agua, frescura, descanso y paisaje serrano. La imagen adjunta permite imaginar aquel entorno de caminos, arboledas, casas dispersas y silencio de montaña, cuando el lugar todavía conservaba el aire de refugio natural elegido por familias mendocinas para escapar del calor urbano. El propio nombre del sitio ha sido asociado con la idea de una “hondonada de agua”, una definición que ayuda a comprender su importancia histórica: desde allí bajaban manantiales que abastecieron a la ciudad antigua por medio de un acueducto que llevaba el agua hasta la plaza fundacional, hoy Plaza Pedro del Castillo. La crónica de Raúl Romero Day recuerda a El Challao como una villa fresca, con vertientes y paisajes bucólicos, frecuentada hacia fines del siglo XIX por familias principales de Mendoza. Ese vínculo con el agua no fue menor. Documentación patrimonial del Gobierno de Mendoza señala que, desde fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, las autoridades buscaron llevar a la ciudad “aguas claras” desde El Challao para mejorar la salud pública. La construcción del acueducto se inició hacia 1810, tuvo su etapa fuerte desde 1812 y fue inaugurada en 1814; cubría aproximadamente 12 kilómetros desde los manantiales hasta la plaza principal de la ciudad colonial. La Municipalidad de la Ciudad de Mendoza también recuerda que en el Área Fundacional se conservan restos de la antigua fuente que abastecía de agua a los pobladores, alimentada precisamente por manantiales del Challao, ubicados unos 12 kilómetros al oeste. Esa fuente, protegida hoy en la Cámara Subterránea del Museo del Área Fundacional, es una prueba material de aquel sistema hidráulico que unía montaña, ciudad y vida cotidiana. Pero El Challao no fue solo agua e ingeniería. También fue escenario de historias familiares marcadas por el terremoto, la reconstrucción y las costumbres de la vieja Mendoza. Tras el devastador sismo de 1861, el médico inglés Edmundo Day compró tierras en la cuenca pluvial a doña Encarnación Correas. Day había sobrevivido al desastre junto a su hijo Ricardo, pero perdió a su esposa Juana Chenaut Delgado y a seis hijos bajo los escombros de la casa histórica donde había vivido el general San Martín. En esos cerros levantó una vivienda de adobe, cañas y galerías, rodeada de cañaverales, cactus y chañares. Más tarde, Edmundo Day se casó con Carmen Zapata, vinculada a antiguas familias mendocinas, y en esa casa nacieron María Mercedes, Jorge y Blanca Carmen. La vida doméstica combinaba austeridad victoriana, educación refinada, música, lectura, dibujo y una disciplina estricta. La crónica recuerda un hogar donde llegaban libros desde Londres, donde sonaba el piano y donde los hijos crecían bajo la mirada severa de un padre inglés, sobrio y vigilante. Dentro de ese mundo aparece una anécdota casi novelesca: Jorge Day, enamorado de una joven viuda de la Ciudad Vieja, escapaba de noche desde El Challao para visitarla en secreto. Sin poder usar coche ni caballo para no despertar a la familia, caminaba a oscuras por la cerrillada, siguiendo casi la ruta del acueducto hasta llegar a la zona de la antigua plaza. Antes del amanecer debía regresar y acostarse como si nada hubiese ocurrido. Con el paso de los días, su cansancio, su delgadez y sus zapatos destrozados comenzaron a despertar sospechas. La verdad salió a la luz durante los preparativos del casamiento de su hermana María. Un viejo sacerdote, convocado para bendecir la unión, reconoció a Jorge como el joven que veía cada madrugada frente a su iglesia, antes de que aclarara. Creyéndolo un muchacho trabajador y devoto, el cura le pidió a Edmundo Day que le comprara un nuevo par de botines. El padre entendió de inmediato la historia oculta, recordó a la célebre viuda vecina del templo y respondió con una sonrisa que se ocuparía del asunto: al día siguiente, Jorge iría a buscar sus zapatos… pero a Inglaterra. Así, El Challao aparece como mucho más que un paraje mendocino. Es agua antigua, acueducto colonial, villa veraniega, tragedia familiar, educación inglesa, moral victoriana y romance clandestino entre cerros. En sus caminos se cruzan la historia grande de Mendoza y las pequeñas historias humanas que dan vida a la memoria. Hoy, recordar El Challao es mirar hacia una Mendoza que dependía de sus vertientes, que llevaba el agua por obras de piedra y ladrillo, que buscaba aire fresco en la precordillera y que guardaba entre sus casas y cañaverales relatos de amor, vigilancia y destino. Allí, donde el agua bajaba hacia la ciudad, también bajaban secretos, pasos nocturnos y leyendas familiares que todavía parecen resonar entre los cerros. #ElChallao #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #LasHeras #AcueductoDelChallao #PlazaPedroDelCastillo #ÁreaFundacional #Mendoza1861 #EdmundoDay #MemoriaMendocina #VillaVeraniega #PrecordilleraMendocina #PatrimonioMendocino #AguaDeMendoza #HistoriasDeMendoza #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricalMemory #WaterHeritage #UrbanHistory #ArgentineHistory #CulturalHeritage (por RAÚL ROMERO DAY )

El carrito restaurante de 1910: cuando Buenos Aires comía al paso entre caballos, adoquines y ciudad moderna


Hacia 1910, en la Ciudad de Buenos Aires, un carrito restaurante formaba parte del paisaje cotidiano de una capital que crecía a toda velocidad. La imagen, conservada en registros vinculados al Archivo General de la Nación, no muestra un gran comedor ni un café elegante, sino algo más cercano y popular: una cocina ambulante en plena calle, rodeada de trabajadores, curiosos, niños y transeúntes Estos carritos eran mucho más que simples puestos de comida. Eran una respuesta práctica a una ciudad en movimiento. Buenos Aires vivía años de expansión urbana, inmigración, comercio, obras públicas y transformación social. La vida se aceleraba, y no todos podían sentarse en un restaurante formal. Para muchos trabajadores, vendedores, changadores, cocheros o empleados, comer al paso era una necesidad La escena tiene una fuerza extraordinaria porque une dos mundos. Por un lado, la Buenos Aires antigua de caballos, carros, adoquines y oficios callejeros. Por otro, la ciudad moderna que ya asomaba en sus grandes edificios, en el movimiento constante y en la multiplicación de servicios urbanos. En ese cruce aparece el carrito restaurante: humilde, útil, popular y profundamente porteño. El año de referencia, 1910, coincide con el clima del Centenario de la Revolución de Mayo, cuando Buenos Aires se mostraba como una capital en plena modernización. Pocos años después, el Tercer Censo Nacional de 1914 registraría para la Capital Federal 1.575.814 habitantes, una cifra que ayuda a dimensionar el crecimiento de aquella ciudad. En una urbe así, los vendedores ambulantes y los carros de comida eran parte esencial de la vida diaria. No solo ofrecían alimento: ofrecían cercanía, rapidez y sociabilidad. Eran lugares donde se cruzaban clases sociales, oficios y edades; donde el almuerzo podía resolverse junto a la vereda y donde la calle funcionaba también como comedor, mercado y punto de encuentro. La fotografía permite imaginar aromas, sonidos y gestos: el resoplido de los caballos, el ruido de las ruedas sobre el empedrado, las voces de los vendedores, el humo de la comida caliente y la mirada curiosa de los chicos frente al carro. Todo parece pequeño, pero allí se esconde una historia enorme: la de la alimentación popular antes de los locales modernos, antes de las cadenas de comida rápida y mucho antes de los actuales food trucks. Por eso, este carrito restaurante no es una simple curiosidad antigua. Es una postal de la Buenos Aires trabajadora, callejera y vital. Una ciudad que se alimentaba en movimiento, que mezclaba tradición y modernidad, y que encontraba en cada esquina una escena de vida. En ese carro humilde, estacionado entre edificios, caballos y gente común, late una parte profunda de la memoria urbana porteña. #BuenosAiresAntigua #CarritoRestaurante #BuenosAires1910 #ArchivoGeneralDeLaNación #AGN #ComidaCallejera #VendedoresAmbulantes #CostumbresPorteñas #HistoriaDeBuenosAires #VidaCotidiana #FotografíaHistórica #Adoquines #CarrosAntiguos #MemoriaUrbana #TrabajoCallejero #OldBuenosAires #StreetFoodHistory #UrbanHistory #HistoricalPhotography #BuenosAiresHistory

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