El 9 de agosto de 1914, mientras Europa acababa de precipitarse en la Primera Guerra Mundial, la Argentina despedía en Buenos Aires a su presidente en ejercicio: Roque Sáenz Peña, uno de los hombres que protagonizó una de las transformaciones políticas más profundas de la historia nacional. Había nacido en Buenos Aires el 19 de marzo de 1851, era abogado graduado en la Universidad de Buenos Aires y pertenecía a una familia estrechamente ligada al poder: su padre, Luis Sáenz Peña, también había ocupado la Presidencia de la Nación. Antes de llegar a la Casa Rosada, su vida tuvo capítulos extraordinarios. En 1879, durante la Guerra del Pacífico, se incorporó voluntariamente al ejército del Perú, combatió contra Chile y llegó a ser hecho prisionero; años después desarrolló una extensa carrera diplomática y representó a la Argentina en importantes encuentros internacionales. Sáenz Peña asumió la presidencia el 12 de octubre de 1910, en una Argentina económicamente pujante pero políticamente atravesada por mecanismos electorales que permitían el fraude, la presión sobre los votantes, el voto múltiple y el llamado “voto cantado”, mediante el cual el ciudadano expresaba públicamente su elección. Documentación oficial señala que en aquella etapa llegaba a votar apenas alrededor del 2 % de la población total, un dato que revela hasta qué punto la participación política estaba restringida en la práctica. Su gran batalla sería cambiar ese sistema. Bajo su presidencia se sancionó la Ley N.º 8.871, conocida desde entonces como Ley Sáenz Peña, que implantó el sufragio secreto y obligatorio, organizó padrones electorales vinculados al enrolamiento militar y estableció que el voto fuera individual, reduciendo algunos de los mecanismos utilizados tradicionalmente para controlar los comicios. La propia ley establecía expresamente que ningún partido, autoridad o persona podía obligar al elector a votar en grupo y que todo elector tenía el deber de participar en las elecciones nacionales de su distrito. Existe, sin embargo, una precisión fundamental para contar esta historia correctamente. Aunque tradicionalmente se habla de “voto universal, secreto y obligatorio”, aquella universalidad era masculina: alcanzaba a ciudadanos argentinos nativos y naturalizados mayores de 18 años y no incorporaba a las mujeres, a los extranjeros no naturalizados ni a los habitantes de los entonces Territorios Nacionales. Las mujeres argentinas recién votarían por primera vez en una elección nacional en 1951. La reforma cambió las reglas de la política. El elector podía entrar al cuarto reservado y elegir sin tener que revelar públicamente su decisión, mientras los partidos tuvieron que aprender a conquistar voluntades en una sociedad que comenzaba a ampliar su participación electoral. Sáenz Peña no llegaría a contemplar la consecuencia política más espectacular de su obra: las elecciones presidenciales de 1916, celebradas bajo el nuevo régimen, llevaron a Hipólito Yrigoyen y a la Unión Cívica Radical a la Presidencia, quebrando décadas de predominio conservador. Para entonces, su salud se había deteriorado severamente. Durante la última etapa del mandato muchas de sus funciones fueron delegadas en el vicepresidente Victorino de la Plaza. Sáenz Peña, sin embargo, continuó siendo formalmente presidente hasta su muerte, ocurrida el 9 de agosto de 1914, sin poder completar el período constitucional iniciado cuatro años antes. De la Plaza quedó al frente del Poder Ejecutivo y terminaría el mandato en 1916. Roque Sáenz Peña murió con apenas 63 años, pero dejó funcionando una maquinaria política cuyas consecuencias ya no podría detener nadie. Había pertenecido al mundo de las élites conservadoras y, paradójicamente, impulsó la reforma que contribuiría a abrir el poder a fuerzas políticas que durante años habían denunciado el sistema electoral vigente. El Museo Roca conserva una frase suya que resume esa convicción: “Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer magistrado: quiera votar”. Aquel 9 de agosto de 1914 no murió solamente un presidente antes de concluir su mandato. Murió el hombre cuyo apellido había quedado unido para siempre a una urna, a un sobre cerrado y a una idea revolucionaria para la Argentina de comienzos del siglo XX: que el ciudadano pudiera entrar solo a votar y que nadie supiera qué había elegido. #RoqueSaenzPeña #LeySaenzPeña #HistoriaArgentina #ArgentinaAntigua #Efemérides #9DeAgosto #DemocraciaArgentina #VotoSecreto #Sufragio #VictorinoDeLaPlaza #HipolitoYrigoyen #BuenosAiresAntigua #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #ElectoralHistory #SecretBallot #Democracy #HistoricalArgentina #PoliticalHistory
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martes, 9 de agosto de 2016
9 DE AGOSTO DE 1914: MURIÓ EL PRESIDENTE QUE LE QUITÓ EL VOTO AL FRAUDE — ROQUE SÁENZ PEÑA, EL HOMBRE QUE ABRIÓ LAS URNAS Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA POLÍTICA ARGENTINA
El 9 de agosto de 1914, mientras Europa acababa de precipitarse en la Primera Guerra Mundial, la Argentina despedía en Buenos Aires a su presidente en ejercicio: Roque Sáenz Peña, uno de los hombres que protagonizó una de las transformaciones políticas más profundas de la historia nacional. Había nacido en Buenos Aires el 19 de marzo de 1851, era abogado graduado en la Universidad de Buenos Aires y pertenecía a una familia estrechamente ligada al poder: su padre, Luis Sáenz Peña, también había ocupado la Presidencia de la Nación. Antes de llegar a la Casa Rosada, su vida tuvo capítulos extraordinarios. En 1879, durante la Guerra del Pacífico, se incorporó voluntariamente al ejército del Perú, combatió contra Chile y llegó a ser hecho prisionero; años después desarrolló una extensa carrera diplomática y representó a la Argentina en importantes encuentros internacionales. Sáenz Peña asumió la presidencia el 12 de octubre de 1910, en una Argentina económicamente pujante pero políticamente atravesada por mecanismos electorales que permitían el fraude, la presión sobre los votantes, el voto múltiple y el llamado “voto cantado”, mediante el cual el ciudadano expresaba públicamente su elección. Documentación oficial señala que en aquella etapa llegaba a votar apenas alrededor del 2 % de la población total, un dato que revela hasta qué punto la participación política estaba restringida en la práctica. Su gran batalla sería cambiar ese sistema. Bajo su presidencia se sancionó la Ley N.º 8.871, conocida desde entonces como Ley Sáenz Peña, que implantó el sufragio secreto y obligatorio, organizó padrones electorales vinculados al enrolamiento militar y estableció que el voto fuera individual, reduciendo algunos de los mecanismos utilizados tradicionalmente para controlar los comicios. La propia ley establecía expresamente que ningún partido, autoridad o persona podía obligar al elector a votar en grupo y que todo elector tenía el deber de participar en las elecciones nacionales de su distrito. Existe, sin embargo, una precisión fundamental para contar esta historia correctamente. Aunque tradicionalmente se habla de “voto universal, secreto y obligatorio”, aquella universalidad era masculina: alcanzaba a ciudadanos argentinos nativos y naturalizados mayores de 18 años y no incorporaba a las mujeres, a los extranjeros no naturalizados ni a los habitantes de los entonces Territorios Nacionales. Las mujeres argentinas recién votarían por primera vez en una elección nacional en 1951. La reforma cambió las reglas de la política. El elector podía entrar al cuarto reservado y elegir sin tener que revelar públicamente su decisión, mientras los partidos tuvieron que aprender a conquistar voluntades en una sociedad que comenzaba a ampliar su participación electoral. Sáenz Peña no llegaría a contemplar la consecuencia política más espectacular de su obra: las elecciones presidenciales de 1916, celebradas bajo el nuevo régimen, llevaron a Hipólito Yrigoyen y a la Unión Cívica Radical a la Presidencia, quebrando décadas de predominio conservador. Para entonces, su salud se había deteriorado severamente. Durante la última etapa del mandato muchas de sus funciones fueron delegadas en el vicepresidente Victorino de la Plaza. Sáenz Peña, sin embargo, continuó siendo formalmente presidente hasta su muerte, ocurrida el 9 de agosto de 1914, sin poder completar el período constitucional iniciado cuatro años antes. De la Plaza quedó al frente del Poder Ejecutivo y terminaría el mandato en 1916. Roque Sáenz Peña murió con apenas 63 años, pero dejó funcionando una maquinaria política cuyas consecuencias ya no podría detener nadie. Había pertenecido al mundo de las élites conservadoras y, paradójicamente, impulsó la reforma que contribuiría a abrir el poder a fuerzas políticas que durante años habían denunciado el sistema electoral vigente. El Museo Roca conserva una frase suya que resume esa convicción: “Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer magistrado: quiera votar”. Aquel 9 de agosto de 1914 no murió solamente un presidente antes de concluir su mandato. Murió el hombre cuyo apellido había quedado unido para siempre a una urna, a un sobre cerrado y a una idea revolucionaria para la Argentina de comienzos del siglo XX: que el ciudadano pudiera entrar solo a votar y que nadie supiera qué había elegido. #RoqueSaenzPeña #LeySaenzPeña #HistoriaArgentina #ArgentinaAntigua #Efemérides #9DeAgosto #DemocraciaArgentina #VotoSecreto #Sufragio #VictorinoDeLaPlaza #HipolitoYrigoyen #BuenosAiresAntigua #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #ElectoralHistory #SecretBallot #Democracy #HistoricalArgentina #PoliticalHistory

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