En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza, donde la Avenida San Martín se encuentra con la Peatonal Sarmiento, se levanta una obra que en 1926 pareció desafiar no solo al cielo, sino también a una vieja herida mendocina: el miedo a construir en altura. Allí nació el Pasaje San Martín, una joya arquitectónica impulsada por el visionario empresario vitivinícola Miguel Escorihuela Gascón, proyectada por el ingeniero Ludovig Froude —citado en algunas fuentes como Ludovig o Ludwig Freude—, dirigida técnicamente por el ingeniero Edmundo Guillermo Romero y construida por la empresa F.H. Schmidt. En una Mendoza todavía marcada por la memoria del terremoto de 1861 y acostumbrada a las construcciones bajas, levantar un edificio de semejante porte era un acto de audacia. El Pasaje fue inaugurado el 11 de noviembre de 1926 y marcó un antes y un después en la historia urbana de la provincia: fue el primer gran edificio en altura de Mendoza, combinando locales comerciales, oficinas y viviendas en un mismo espacio, con una estructura moderna de hormigón armado y criterios sismorresistentes. Su silueta impactaba: cuatro plantas, una torre de siete pisos coronada por una cúpula, galerías interiores, accesos por San Martín, Sarmiento y 9 de Julio, y una concepción inspirada en las grandes galerías europeas. Durante décadas fue una postal de modernidad y, según registros periodísticos, se mantuvo como el edificio más alto de Mendoza hasta 1954, año en que apareció el Edificio Gómez. Pero su verdadera prueba simbólica llegó poco después. El fuerte sismo del 14 de abril de 1927 volvió a sacudir la provincia: hubo derrumbes de cornisas, agrietamientos de paredes y daños importantes, especialmente en Las Heras. En ese contexto, el Pasaje San Martín quedó en la memoria urbana como una demostración de que Mendoza podía mirar hacia arriba sin renunciar a la seguridad. El interior del edificio también guarda tesoros únicos: vitrales franceses, detalles de inspiración Art Nouveau, mármoles traídos de Italia y los históricos ascensores OTIS, considerados entre los primeros instalados en Cuyo y todavía vinculados al patrimonio vivo del edificio. La Ciudad de Mendoza destaca que el Pasaje concentra más de 300 metros cuadrados de vitrales, uno de sus rasgos más admirados. Con el paso del tiempo, el Pasaje San Martín dejó de ser solo una construcción para convertirse en un símbolo: comercio, arquitectura, memoria, vida cotidiana y orgullo mendocino bajo una misma cúpula. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Provincia y también reconocido por su valor artístico y arquitectónico municipal, mientras continúa siendo objeto de tareas de restauración y puesta en valor rumbo a su centenario. Hoy, casi cien años después, la imagen del ingeniero Ludovig Froude nos devuelve a aquella Mendoza que se animó a romper sus propios límites. Su obra no solo dibujó planos: ayudó a cambiar la forma en que la ciudad se pensaba a sí misma. El Pasaje San Martín no fue simplemente un edificio alto. Fue una declaración de futuro en una tierra acostumbrada a temblar. #MendozaHistory, #HistoricArchitecture, #UrbanHeritage, #ArtNouveau, #MendozaArgentina, #ArchitecturalHeritage, #HistoricBuildings, #CityHistory, #CulturalHeritage, #PasajeSanMartin, #HistoriaDeMendoza, #MendozaAntigua, #PasajeSanMartín, #CiudadDeMendoza, #ArquitecturaMendocina, #PatrimonioMendocino, #LudovigFroude, #MiguelEscorihuelaGascón, #HistoriaArgentina, #MemoriaUrbana, #MendozaHistórica, #GaleríasDeMendoza, #ArquitecturaAntigua
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martes, 27 de febrero de 2018
1926 - El coloso que venció el miedo sísmico: Ludovig Froude y el nacimiento del Pasaje San Martín
En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza, donde la Avenida San Martín se encuentra con la Peatonal Sarmiento, se levanta una obra que en 1926 pareció desafiar no solo al cielo, sino también a una vieja herida mendocina: el miedo a construir en altura. Allí nació el Pasaje San Martín, una joya arquitectónica impulsada por el visionario empresario vitivinícola Miguel Escorihuela Gascón, proyectada por el ingeniero Ludovig Froude —citado en algunas fuentes como Ludovig o Ludwig Freude—, dirigida técnicamente por el ingeniero Edmundo Guillermo Romero y construida por la empresa F.H. Schmidt. En una Mendoza todavía marcada por la memoria del terremoto de 1861 y acostumbrada a las construcciones bajas, levantar un edificio de semejante porte era un acto de audacia. El Pasaje fue inaugurado el 11 de noviembre de 1926 y marcó un antes y un después en la historia urbana de la provincia: fue el primer gran edificio en altura de Mendoza, combinando locales comerciales, oficinas y viviendas en un mismo espacio, con una estructura moderna de hormigón armado y criterios sismorresistentes. Su silueta impactaba: cuatro plantas, una torre de siete pisos coronada por una cúpula, galerías interiores, accesos por San Martín, Sarmiento y 9 de Julio, y una concepción inspirada en las grandes galerías europeas. Durante décadas fue una postal de modernidad y, según registros periodísticos, se mantuvo como el edificio más alto de Mendoza hasta 1954, año en que apareció el Edificio Gómez. Pero su verdadera prueba simbólica llegó poco después. El fuerte sismo del 14 de abril de 1927 volvió a sacudir la provincia: hubo derrumbes de cornisas, agrietamientos de paredes y daños importantes, especialmente en Las Heras. En ese contexto, el Pasaje San Martín quedó en la memoria urbana como una demostración de que Mendoza podía mirar hacia arriba sin renunciar a la seguridad. El interior del edificio también guarda tesoros únicos: vitrales franceses, detalles de inspiración Art Nouveau, mármoles traídos de Italia y los históricos ascensores OTIS, considerados entre los primeros instalados en Cuyo y todavía vinculados al patrimonio vivo del edificio. La Ciudad de Mendoza destaca que el Pasaje concentra más de 300 metros cuadrados de vitrales, uno de sus rasgos más admirados. Con el paso del tiempo, el Pasaje San Martín dejó de ser solo una construcción para convertirse en un símbolo: comercio, arquitectura, memoria, vida cotidiana y orgullo mendocino bajo una misma cúpula. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Provincia y también reconocido por su valor artístico y arquitectónico municipal, mientras continúa siendo objeto de tareas de restauración y puesta en valor rumbo a su centenario. Hoy, casi cien años después, la imagen del ingeniero Ludovig Froude nos devuelve a aquella Mendoza que se animó a romper sus propios límites. Su obra no solo dibujó planos: ayudó a cambiar la forma en que la ciudad se pensaba a sí misma. El Pasaje San Martín no fue simplemente un edificio alto. Fue una declaración de futuro en una tierra acostumbrada a temblar. #MendozaHistory, #HistoricArchitecture, #UrbanHeritage, #ArtNouveau, #MendozaArgentina, #ArchitecturalHeritage, #HistoricBuildings, #CityHistory, #CulturalHeritage, #PasajeSanMartin, #HistoriaDeMendoza, #MendozaAntigua, #PasajeSanMartín, #CiudadDeMendoza, #ArquitecturaMendocina, #PatrimonioMendocino, #LudovigFroude, #MiguelEscorihuelaGascón, #HistoriaArgentina, #MemoriaUrbana, #MendozaHistórica, #GaleríasDeMendoza, #ArquitecturaAntigua

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