miércoles, 11 de marzo de 2020

El 11 de marzo de 1955, en Londres, Inglaterra, moría. El hombre que cambió para siempre la medicina: la historia real de Alexander Fleming


El 11 de marzo de 1955 murió en Londres Alexander Fleming, el científico escocés cuyo nombre quedó unido para siempre a uno de los mayores avances de la historia de la medicina: el descubrimiento de la penicilina. Nacido el 6 de agosto de 1881 en Lochfield, Ayrshire, en el seno de una familia rural, su camino no fue sencillo, pero terminó convirtiéndose en una figura decisiva de la bacteriología moderna. Su vida cambió cuando, siendo adolescente, se trasladó a Londres. Más tarde obtuvo una beca para estudiar en la St. Mary’s Hospital Medical School, donde destacó de forma brillante y permaneció ligado durante el resto de su carrera. Antes de consagrarse plenamente a la investigación, también formó parte del London Scottish Regiment, experiencia que se sumó luego a su servicio médico durante la Primera Guerra Mundial. En Francia vio de cerca cómo las infecciones mataban a miles de soldados, y esa realidad marcó el rumbo de su trabajo científico. Fleming no solo descubrió la penicilina. En la década de 1920 también identificó la lisozima, una enzima presente en lágrimas, saliva y otras secreciones del cuerpo capaz de atacar ciertas bacterias. Pero su hallazgo más trascendente llegó en 1928, en el laboratorio del St. Mary’s Hospital, cuando observó que un moho del género Penicillium impedía el crecimiento bacteriano en una placa de cultivo. Aquel episodio, famoso por su componente casi accidental, abrió la puerta a la era de los antibióticos y transformó para siempre la lucha contra las infecciones. Sin embargo, Fleming no fue el único protagonista de esa revolución. Aunque él identificó el poder antibacteriano de la penicilina, fueron Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain quienes lograron después aislarla, purificarla y encaminar su producción para uso terapéutico a gran escala. Por ese aporte conjunto, los tres recibieron en 1945 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Hay otro aspecto menos conocido que engrandece todavía más su figura: Fleming ya advertía en 1945 que el uso incorrecto de la penicilina podía favorecer la resistencia bacteriana. Décadas después, esa preocupación se volvió una de las mayores amenazas de la salud global, lo que demuestra hasta qué punto su mirada fue también visionaria. Su costado humano también sorprende. Amante del arte y de la experimentación, se cuenta que llegó a crear composiciones usando bacterias pigmentadas, una rareza que reflejaba la misma curiosidad que lo convirtió en leyenda científica. Fleming trabajó en St. Mary’s hasta el final de su vida y, tras su muerte, fue enterrado en la catedral de San Pablo, un honor reservado a figuras extraordinarias del Reino Unido. No exageramos al decir que con Fleming empezó una nueva era. Su descubrimiento no solo salvó incontables vidas: cambió para siempre la relación de la humanidad con las infecciones y convirtió a un médico escocés, hijo de campesinos, en uno de los nombres más influyentes del siglo XX. #Fleming #Penicilina #Historia #Ciencia #Medicina #Efemerides #Salud #Nobel #Infecciones #Memoria

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