Un 26 de agosto de 1906, hace exactamente 120 años, nacía en Białystok —entonces perteneciente al Imperio Ruso y hoy parte de Polonia— Albert Bruce Sabin, el médico y virólogo cuyo nombre quedaría unido para siempre a una de las mayores conquistas sanitarias del siglo XX: la vacuna oral contra la poliomielitis. Nacido en una familia judía, en 1921 emigró junto a sus padres a Estados Unidos huyendo de las persecuciones que sufrían las comunidades judías de Europa oriental. La familia se estableció en Paterson, Nueva Jersey, donde el joven Albert tuvo que adaptarse rápidamente a un nuevo país y a un nuevo idioma. Después de terminar la escuela secundaria ingresó en la Universidad de Nueva York con la idea inicial de estudiar odontología, pero el contacto con la bacteriología, la microbiología y libros como “Cazadores de microbios”, de Paul de Kruif, terminaron cambiando su destino. Abandonó la odontología, se inclinó definitivamente por la medicina y obtuvo su título médico en la Universidad de Nueva York en 1931, justamente en una época en que la poliomielitis provocaba periódicas epidemias, parálisis y muerte, especialmente entre los niños. Completó su formación en el Bellevue Hospital de Nueva York, investigó en 1934 en el prestigioso Lister Institute of Preventive Medicine de Londres y en 1935 se incorporó al Rockefeller Institute for Medical Research. En 1939 tomó una decisión fundamental: se trasladó a Cincinnati para trabajar en la Children’s Hospital Research Foundation y la Universidad de Cincinnati, donde dedicaría buena parte de las siguientes tres décadas al estudio de los virus y, especialmente, de la poliomielitis. La Segunda Guerra Mundial interrumpió momentáneamente aquella búsqueda. Sabin trabajó para el Ejército estadounidense y participó en investigaciones relacionadas con enfermedades que amenazaban a las tropas, entre ellas el dengue, la fiebre por flebótomos y diferentes formas de encefalitis. Cuando terminó la guerra regresó a Cincinnati y volvió a concentrarse en su viejo enemigo: el poliovirus. En 1955 el mundo celebró la aparición de la vacuna inactivada desarrollada por Jonas Salk, administrada mediante inyección y decisiva para reducir rápidamente los casos de la enfermedad. Sabin, sin embargo, perseguía una estrategia diferente: conseguir cepas vivas pero suficientemente atenuadas del virus que pudieran administrarse por vía oral y generar una fuerte inmunidad intestinal. No se trató de una continuación del trabajo de Salk, sino de dos caminos científicos distintos hacia un mismo objetivo. Sabin y sus colaboradores probaron primero las cepas atenuadas en laboratorio y también sobre ellos mismos antes de avanzar hacia ensayos mayores. Entre 1957 y 1959 comenzaron las pruebas internacionales y la dimensión de la investigación alcanzó proporciones extraordinarias cuando científicos soviéticos, encabezados por Mijaíl Chumakov, utilizaron las cepas de Sabin en campañas masivas. Entre 1959 y 1961 decenas de millones de personas fueron inmunizadas en la Unión Soviética, proporcionando una enorme cantidad de evidencia sobre su utilización. El 24 de abril de 1960 Cincinnati vivió además el histórico “Sabin Sunday”: miles de familias acudieron para que sus hijos recibieran unas gotas de la vacuna oral. Podía suministrarse en una cucharada de jarabe dulce o incluso sobre un terrón de azúcar, una sencillez que terminaría transformando las campañas de vacunación en todo el planeta. Las cepas de Sabin fueron autorizadas progresivamente en Estados Unidos entre 1961 y 1963; la vacuna trivalente, capaz de proteger contra los tres tipos de poliovirus existentes entonces, apareció en 1963. Su bajo costo, facilidad de administración y capacidad para generar inmunidad intestinal hicieron que rápidamente se convirtiera en una de las herramientas centrales de las campañas mundiales contra la enfermedad. Sabin tampoco convirtió su descubrimiento en una fortuna personal: no patentó su vacuna, favoreciendo que pudiera producirse y utilizarse ampliamente. Y detrás del científico hubo siempre una dimensión internacional extraordinaria: en plena Guerra Fría compartió sus cepas y conocimientos con investigadores soviéticos porque para él combatir una enfermedad estaba por encima de las fronteras políticas. Entre 1970 y 1972 presidió el prestigioso Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, y posteriormente continuó trabajando como investigador, asesor y defensor de la cooperación científica internacional. Murió en Washington D. C. el 3 de marzo de 1993, a los 86 años, y fue sepultado en el Cementerio Nacional de Arlington. Su legado, sin embargo, continuó recorriendo el planeta en aquellas diminutas gotas administradas a generaciones enteras de niños. La vacuna de Salk abrió una puerta decisiva; la de Sabin permitió llevar la inmunización de manera sencilla y económica a poblaciones inmensas. Gracias al trabajo acumulado de ambos científicos y de miles de investigadores, médicos, enfermeros y campañas sanitarias, una enfermedad que durante décadas aterrorizó a familias enteras terminó desapareciendo de gran parte del mundo. A 120 años de su nacimiento, Albert Sabin continúa recordándonos que algunos de los acontecimientos más revolucionarios de la historia no necesitan ejércitos ni grandes monumentos: a veces caben en dos gotas, una cucharita… o un simple terrón de azúcar. 🌎💧🧬 #AlbertSabin #26DeAgosto #Poliomielitis #Polio #VacunaSabin #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #Medicina #Vacunas #SaludPublica #Ciencia #GrandesCientificos #Efemerides #MendozAntigua #AlbertBSabin #PolioVaccine #OralPolioVaccine #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #HistoryOfScience #Vaccines #PublicHealth #GlobalHealth #ScienceHistory
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
miércoles, 26 de agosto de 2020
🔥🧬💉 26 DE AGOSTO DE 1906: NACIÓ ALBERT SABIN — EL CIENTÍFICO QUE PUSO LA LUCHA CONTRA LA POLIO EN UNA CUCHARA Y AYUDÓ A CAMBIAR LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD 🌎👨⚕️
Un 26 de agosto de 1906, hace exactamente 120 años, nacía en Białystok —entonces perteneciente al Imperio Ruso y hoy parte de Polonia— Albert Bruce Sabin, el médico y virólogo cuyo nombre quedaría unido para siempre a una de las mayores conquistas sanitarias del siglo XX: la vacuna oral contra la poliomielitis. Nacido en una familia judía, en 1921 emigró junto a sus padres a Estados Unidos huyendo de las persecuciones que sufrían las comunidades judías de Europa oriental. La familia se estableció en Paterson, Nueva Jersey, donde el joven Albert tuvo que adaptarse rápidamente a un nuevo país y a un nuevo idioma. Después de terminar la escuela secundaria ingresó en la Universidad de Nueva York con la idea inicial de estudiar odontología, pero el contacto con la bacteriología, la microbiología y libros como “Cazadores de microbios”, de Paul de Kruif, terminaron cambiando su destino. Abandonó la odontología, se inclinó definitivamente por la medicina y obtuvo su título médico en la Universidad de Nueva York en 1931, justamente en una época en que la poliomielitis provocaba periódicas epidemias, parálisis y muerte, especialmente entre los niños. Completó su formación en el Bellevue Hospital de Nueva York, investigó en 1934 en el prestigioso Lister Institute of Preventive Medicine de Londres y en 1935 se incorporó al Rockefeller Institute for Medical Research. En 1939 tomó una decisión fundamental: se trasladó a Cincinnati para trabajar en la Children’s Hospital Research Foundation y la Universidad de Cincinnati, donde dedicaría buena parte de las siguientes tres décadas al estudio de los virus y, especialmente, de la poliomielitis. La Segunda Guerra Mundial interrumpió momentáneamente aquella búsqueda. Sabin trabajó para el Ejército estadounidense y participó en investigaciones relacionadas con enfermedades que amenazaban a las tropas, entre ellas el dengue, la fiebre por flebótomos y diferentes formas de encefalitis. Cuando terminó la guerra regresó a Cincinnati y volvió a concentrarse en su viejo enemigo: el poliovirus. En 1955 el mundo celebró la aparición de la vacuna inactivada desarrollada por Jonas Salk, administrada mediante inyección y decisiva para reducir rápidamente los casos de la enfermedad. Sabin, sin embargo, perseguía una estrategia diferente: conseguir cepas vivas pero suficientemente atenuadas del virus que pudieran administrarse por vía oral y generar una fuerte inmunidad intestinal. No se trató de una continuación del trabajo de Salk, sino de dos caminos científicos distintos hacia un mismo objetivo. Sabin y sus colaboradores probaron primero las cepas atenuadas en laboratorio y también sobre ellos mismos antes de avanzar hacia ensayos mayores. Entre 1957 y 1959 comenzaron las pruebas internacionales y la dimensión de la investigación alcanzó proporciones extraordinarias cuando científicos soviéticos, encabezados por Mijaíl Chumakov, utilizaron las cepas de Sabin en campañas masivas. Entre 1959 y 1961 decenas de millones de personas fueron inmunizadas en la Unión Soviética, proporcionando una enorme cantidad de evidencia sobre su utilización. El 24 de abril de 1960 Cincinnati vivió además el histórico “Sabin Sunday”: miles de familias acudieron para que sus hijos recibieran unas gotas de la vacuna oral. Podía suministrarse en una cucharada de jarabe dulce o incluso sobre un terrón de azúcar, una sencillez que terminaría transformando las campañas de vacunación en todo el planeta. Las cepas de Sabin fueron autorizadas progresivamente en Estados Unidos entre 1961 y 1963; la vacuna trivalente, capaz de proteger contra los tres tipos de poliovirus existentes entonces, apareció en 1963. Su bajo costo, facilidad de administración y capacidad para generar inmunidad intestinal hicieron que rápidamente se convirtiera en una de las herramientas centrales de las campañas mundiales contra la enfermedad. Sabin tampoco convirtió su descubrimiento en una fortuna personal: no patentó su vacuna, favoreciendo que pudiera producirse y utilizarse ampliamente. Y detrás del científico hubo siempre una dimensión internacional extraordinaria: en plena Guerra Fría compartió sus cepas y conocimientos con investigadores soviéticos porque para él combatir una enfermedad estaba por encima de las fronteras políticas. Entre 1970 y 1972 presidió el prestigioso Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, y posteriormente continuó trabajando como investigador, asesor y defensor de la cooperación científica internacional. Murió en Washington D. C. el 3 de marzo de 1993, a los 86 años, y fue sepultado en el Cementerio Nacional de Arlington. Su legado, sin embargo, continuó recorriendo el planeta en aquellas diminutas gotas administradas a generaciones enteras de niños. La vacuna de Salk abrió una puerta decisiva; la de Sabin permitió llevar la inmunización de manera sencilla y económica a poblaciones inmensas. Gracias al trabajo acumulado de ambos científicos y de miles de investigadores, médicos, enfermeros y campañas sanitarias, una enfermedad que durante décadas aterrorizó a familias enteras terminó desapareciendo de gran parte del mundo. A 120 años de su nacimiento, Albert Sabin continúa recordándonos que algunos de los acontecimientos más revolucionarios de la historia no necesitan ejércitos ni grandes monumentos: a veces caben en dos gotas, una cucharita… o un simple terrón de azúcar. 🌎💧🧬 #AlbertSabin #26DeAgosto #Poliomielitis #Polio #VacunaSabin #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #Medicina #Vacunas #SaludPublica #Ciencia #GrandesCientificos #Efemerides #MendozAntigua #AlbertBSabin #PolioVaccine #OralPolioVaccine #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #HistoryOfScience #Vaccines #PublicHealth #GlobalHealth #ScienceHistory

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