🏅 - El 12 de septiembre de 1913 nacía en Oakville, Alabama, James Cleveland Owens, el muchacho al que todos terminarían conociendo como Jesse Owens y que años más tarde protagonizaría una de las actuaciones deportivas más extraordinarias del siglo XX. Hijo de una familia humilde de Alabama, se trasladó siendo niño a Cleveland, Ohio, donde comenzó a deslumbrar en las pistas de East Technical High School. Pero su consagración previa a los Juegos llegó ya como atleta de Ohio State University: el 25 de mayo de 1935, durante los campeonatos de la Big Ten en Ann Arbor, igualó un récord mundial y estableció otros tres en aproximadamente 45 minutos, una hazaña que todavía es recordada como una de las mayores exhibiciones individuales de la historia del atletismo. Un año después llegó Berlín 1936. Alemania estaba gobernada por Adolf Hitler y el régimen nazi convirtió los Juegos Olímpicos en una gigantesca vitrina propagandística destinada a proyectar una Alemania poderosa y a difundir su ideología racista y el supuesto predominio “ario”. En ese escenario cargado de símbolos nazis apareció un atleta afroamericano de 22 años que convirtió la pista en una respuesta imposible de silenciar. El 3 de agosto Owens ganó los 100 metros; el 4 conquistó el salto en largo; el 5 venció en los 200 metros y el 9 de agosto consiguió su cuarta medalla de oro integrando el relevo estadounidense 4x100 metros. Fue el gran protagonista de aquellos Juegos y el primer atleta estadounidense de pista y campo en conquistar cuatro oros en una misma edición olímpica; Carl Lewis repetiría la combinación de 100 metros, 200 metros, salto en largo y 4x100 recién en Los Ángeles 1984. Su salto de 8,13 metros permanecería como récord mundial durante 25 años. La historia de Hitler “negándose a darle la mano” suele contarse de manera simplificada. Durante la primera jornada de atletismo, Hitler había recibido personalmente a algunos campeones alemanes y finlandeses, pero abandonó el estadio antes de que los afroamericanos Cornelius Johnson y Dave Albritton recibieran sus medallas en salto en alto. El presidente del COI, Henri de Baillet-Latour, le hizo saber que el protocolo exigía felicitar a todos los vencedores o a ninguno, y Hitler optó por dejar de recibir públicamente a los campeones. Cuando Owens ganó posteriormente sus medallas, por tanto, ya no existían esas recepciones. Lo que sí está plenamente documentado es que su triunfo golpeó de frente la propaganda racial nazi: 18 atletas afroamericanos representaron a Estados Unidos en Berlín y obtuvieron 14 medallas, mientras algunos órganos de la prensa nazi los despreciaban utilizando expresiones racistas. Y aquí aparece una de las mayores ironías de su historia. Owens regresó triunfante a un Estados Unidos donde las leyes y costumbres de Jim Crow todavía segregaban a millones de afroamericanos en hoteles, restaurantes, transportes, empleos y numerosos espacios públicos. Ni Owens ni los demás medallistas negros de Berlín fueron recibidos por el presidente Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca. Años después Owens resumiría aquella contradicción señalando que tampoco había sido invitado a estrechar la mano de su propio presidente. El Museo del Holocausto de Estados Unidos recuerda que, pese al orgullo producido por sus victorias, los atletas afroamericanos regresaron a un país donde seguían siendo tratados como ciudadanos de segunda categoría. Tampoco lo esperaba una fortuna. Sin un verdadero circuito profesional que pudiera capitalizar su talento, Owens debió ganarse la vida de múltiples maneras: realizó exhibiciones, trabajó en relaciones públicas, participó en programas para jóvenes y hasta llegó a competir contra caballos como espectáculo. Con el tiempo desarrolló una extensa tarea como conferencista, asesor y promotor de programas juveniles. El reconocimiento oficial de su país llegó sorprendentemente tarde: Gerald Ford le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad en 1976, Jimmy Carter lo distinguió como “Living Legend” en 1979 y, ya después de su muerte, George H. W. Bush entregó a su familia la Medalla de Oro del Congreso en 1990. Jesse Owens murió de cáncer de pulmón en Tucson, Arizona, el 31 de marzo de 1980, a los 66 años. Cuatro años después, Berlín rebautizó la antigua Stadionallee, junto al Estadio Olímpico, como Jesse-Owens-Allee. Así, muy cerca del escenario que el nazismo había preparado como escaparate de su doctrina racial, quedó grabado para siempre el nombre del atleta afroamericano que protagonizó cuatro de las victorias más simbólicas de la historia olímpica. #JesseOwens #UnDíaComoHoy #12DeSeptiembre #Berlín1936 #JuegosOlímpicos #HistoriaDelDeporte #Atletismo #Historia #Antirracismo #MemoriaHistórica #OlympicHistory #JesseOwens #Berlin1936 #TrackAndField #SportsHistory #BlackHistory #OlympicGames #AgainstRacism
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sábado, 12 de septiembre de 2020
🔥🏃🏿♂️⚡ 12 DE SEPTIEMBRE DE 1913: NACIÓ JESSE OWENS — CUATRO OROS HUMILLARON EL MITO RACIAL NAZI, PERO EN SU PROPIO PAÍS SEGUIÓ SUFRIENDO LA SEGREGACIÓN 🇺🇸🏅
🏅 - El 12 de septiembre de 1913 nacía en Oakville, Alabama, James Cleveland Owens, el muchacho al que todos terminarían conociendo como Jesse Owens y que años más tarde protagonizaría una de las actuaciones deportivas más extraordinarias del siglo XX. Hijo de una familia humilde de Alabama, se trasladó siendo niño a Cleveland, Ohio, donde comenzó a deslumbrar en las pistas de East Technical High School. Pero su consagración previa a los Juegos llegó ya como atleta de Ohio State University: el 25 de mayo de 1935, durante los campeonatos de la Big Ten en Ann Arbor, igualó un récord mundial y estableció otros tres en aproximadamente 45 minutos, una hazaña que todavía es recordada como una de las mayores exhibiciones individuales de la historia del atletismo. Un año después llegó Berlín 1936. Alemania estaba gobernada por Adolf Hitler y el régimen nazi convirtió los Juegos Olímpicos en una gigantesca vitrina propagandística destinada a proyectar una Alemania poderosa y a difundir su ideología racista y el supuesto predominio “ario”. En ese escenario cargado de símbolos nazis apareció un atleta afroamericano de 22 años que convirtió la pista en una respuesta imposible de silenciar. El 3 de agosto Owens ganó los 100 metros; el 4 conquistó el salto en largo; el 5 venció en los 200 metros y el 9 de agosto consiguió su cuarta medalla de oro integrando el relevo estadounidense 4x100 metros. Fue el gran protagonista de aquellos Juegos y el primer atleta estadounidense de pista y campo en conquistar cuatro oros en una misma edición olímpica; Carl Lewis repetiría la combinación de 100 metros, 200 metros, salto en largo y 4x100 recién en Los Ángeles 1984. Su salto de 8,13 metros permanecería como récord mundial durante 25 años. La historia de Hitler “negándose a darle la mano” suele contarse de manera simplificada. Durante la primera jornada de atletismo, Hitler había recibido personalmente a algunos campeones alemanes y finlandeses, pero abandonó el estadio antes de que los afroamericanos Cornelius Johnson y Dave Albritton recibieran sus medallas en salto en alto. El presidente del COI, Henri de Baillet-Latour, le hizo saber que el protocolo exigía felicitar a todos los vencedores o a ninguno, y Hitler optó por dejar de recibir públicamente a los campeones. Cuando Owens ganó posteriormente sus medallas, por tanto, ya no existían esas recepciones. Lo que sí está plenamente documentado es que su triunfo golpeó de frente la propaganda racial nazi: 18 atletas afroamericanos representaron a Estados Unidos en Berlín y obtuvieron 14 medallas, mientras algunos órganos de la prensa nazi los despreciaban utilizando expresiones racistas. Y aquí aparece una de las mayores ironías de su historia. Owens regresó triunfante a un Estados Unidos donde las leyes y costumbres de Jim Crow todavía segregaban a millones de afroamericanos en hoteles, restaurantes, transportes, empleos y numerosos espacios públicos. Ni Owens ni los demás medallistas negros de Berlín fueron recibidos por el presidente Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca. Años después Owens resumiría aquella contradicción señalando que tampoco había sido invitado a estrechar la mano de su propio presidente. El Museo del Holocausto de Estados Unidos recuerda que, pese al orgullo producido por sus victorias, los atletas afroamericanos regresaron a un país donde seguían siendo tratados como ciudadanos de segunda categoría. Tampoco lo esperaba una fortuna. Sin un verdadero circuito profesional que pudiera capitalizar su talento, Owens debió ganarse la vida de múltiples maneras: realizó exhibiciones, trabajó en relaciones públicas, participó en programas para jóvenes y hasta llegó a competir contra caballos como espectáculo. Con el tiempo desarrolló una extensa tarea como conferencista, asesor y promotor de programas juveniles. El reconocimiento oficial de su país llegó sorprendentemente tarde: Gerald Ford le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad en 1976, Jimmy Carter lo distinguió como “Living Legend” en 1979 y, ya después de su muerte, George H. W. Bush entregó a su familia la Medalla de Oro del Congreso en 1990. Jesse Owens murió de cáncer de pulmón en Tucson, Arizona, el 31 de marzo de 1980, a los 66 años. Cuatro años después, Berlín rebautizó la antigua Stadionallee, junto al Estadio Olímpico, como Jesse-Owens-Allee. Así, muy cerca del escenario que el nazismo había preparado como escaparate de su doctrina racial, quedó grabado para siempre el nombre del atleta afroamericano que protagonizó cuatro de las victorias más simbólicas de la historia olímpica. #JesseOwens #UnDíaComoHoy #12DeSeptiembre #Berlín1936 #JuegosOlímpicos #HistoriaDelDeporte #Atletismo #Historia #Antirracismo #MemoriaHistórica #OlympicHistory #JesseOwens #Berlin1936 #TrackAndField #SportsHistory #BlackHistory #OlympicGames #AgainstRacism

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