El 8 de septiembre de 1645, moría en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, uno de los gigantes indiscutibles del Siglo de Oro español y una de las inteligencias más afiladas que haya dado la literatura en nuestra lengua. Había nacido en Madrid el 14 de septiembre de 1580, apenas seis días antes de la fecha en que cumpliría 65 años. Hijo de una familia vinculada al servicio de la corte, creció cerca de los ambientes palaciegos y recibió una sólida formación en el Colegio Imperial de los jesuitas y en la Universidad de Alcalá, cultivando lenguas clásicas, filosofía, teología y una profunda admiración por autores como Séneca. Su paso por Valladolid coincidió con el comienzo de una de las rivalidades literarias más legendarias de España: la que lo enfrentaría durante años con Luis de Góngora. Dos talentos enormes, dos maneras de entender la poesía y una batalla de versos, sátiras y ataques personales que atravesó buena parte de sus vidas. Miope, cojo y de aspecto inmediatamente reconocible por sus anteojos redondos, Quevedo convirtió aquellas limitaciones físicas en parte de una figura que acabaría siendo inseparable de su leyenda. Pero detrás del personaje mordaz existía un escritor extraordinariamente complejo: poeta amoroso, moral y religioso; maestro de la sátira; pensador político; traductor; humanista y uno de los máximos representantes del conceptismo barroco. Su Historia de la vida del Buscón, publicada en 1626 aunque escrita años antes, llevó la novela picaresca a uno de sus puntos culminantes mediante caricaturas, juegos verbales, deformaciones grotescas y un dominio casi explosivo del idioma. A ella se sumaron los Sueños, Política de Dios, La hora de todos, Virtud militante, Marco Bruto y centenares de poemas capaces de transitar desde la burla más despiadada hasta una de las poesías amorosas y metafísicas más intensas de la lengua española. Su vida, sin embargo, estuvo tan cargada de intrigas como sus libros. Desde 1613 sirvió como secretario y colaborador del poderoso Pedro Téllez-Girón, duque de Osuna, realizando delicadas gestiones diplomáticas durante los años en que este gobernó Sicilia y Nápoles. Durante mucho tiempo se repitió que Quevedo había participado en una conspiración secreta contra Venecia, incluso disfrazándose para escapar de la ciudad; las investigaciones modernas han desmontado buena parte de esa espectacular leyenda y muestran que su actividad junto a Osuna fue compleja, pero no corresponde al relato novelesco transmitido por antiguas biografías. La caída política del duque también arrastró a Quevedo: sufrió prisión y confinamiento y pasó temporadas en su señorío de la Torre de Juan Abad, donde el aislamiento alimentó algunas de sus páginas más profundas. Allí podía decir que vivía rodeado de libros, “escuchando con los ojos a los muertos”, una de las imágenes más extraordinarias que dejó sobre el acto de leer. Pero todavía le esperaba el golpe más duro. La noche del 7 de diciembre de 1639 fue detenido en Madrid y trasladado al convento de San Marcos de León, donde permaneció encarcelado durante casi cuatro años, en durísimas condiciones y con una salud cada vez más deteriorada. Las razones exactas de aquella detención siguen siendo discutidas por los especialistas. Recuperó la libertad en 1643, después de la caída del conde-duque de Olivares, pero salió del encierro envejecido y enfermo. Regresó primero a la tranquilidad de la Torre de Juan Abad y finalmente fue llevado a Villanueva de los Infantes. Allí, alojado en el convento de Santo Domingo, pasó sus últimos días hasta que el 8 de septiembre de 1645 se apagó una de las voces más feroces, brillantes y contradictorias del Barroco español. Incluso después de muerto, la historia siguió alimentando su leyenda: una tradición sostiene que su sepultura fue saqueada para apoderarse de las espuelas con las que habría sido enterrado. Siglos después comenzó otra búsqueda, esta vez científica. En 2007 un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid atribuyó a Quevedo unos restos recuperados en Villanueva de los Infantes, que fueron depositados nuevamente en la iglesia de San Andrés Apóstol. Así, casi cuatro siglos después de su muerte, el hombre que había dedicado su vida a desafiar al tiempo con palabras regresaba simbólicamente a su sepultura. Quevedo conoció palacios, destierros, cárceles, rivalidades y derrotas políticas; escribió sobre el amor, la muerte, el poder, la decadencia y la fugacidad de la existencia. Y quizá allí esté la explicación de su permanencia: murió en 1645, pero su idioma todavía respira. Porque hay escritores que pertenecen a una época… y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de la lengua misma. 🇪🇸📚🔥 #FranciscoDeQuevedo #Quevedo #SigloDeOro #LiteraturaEspañola #Historia #Efemérides #UnDíaComoHoy #Poesía #Literatura #HistoriaDeEspaña #Cultura #VillanuevaDeLosInfantes #Conceptismo #Barroco #ElBuscón #SpanishLiterature #SpanishGoldenAge #Poetry #LiteraryHistory #History #OnThisDay #BaroqueLiterature #ClassicLiterature #WorldLiterature
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
martes, 8 de septiembre de 2020
🔥📜⚔️ 8 DE SEPTIEMBRE DE 1645: MORÍA FRANCISCO DE QUEVEDO… EL GENIO QUE HIZO DE LA PALABRA UN ARMA Y SE VOLVIÓ INMORTAL ✒️🇪🇸
El 8 de septiembre de 1645, moría en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, uno de los gigantes indiscutibles del Siglo de Oro español y una de las inteligencias más afiladas que haya dado la literatura en nuestra lengua. Había nacido en Madrid el 14 de septiembre de 1580, apenas seis días antes de la fecha en que cumpliría 65 años. Hijo de una familia vinculada al servicio de la corte, creció cerca de los ambientes palaciegos y recibió una sólida formación en el Colegio Imperial de los jesuitas y en la Universidad de Alcalá, cultivando lenguas clásicas, filosofía, teología y una profunda admiración por autores como Séneca. Su paso por Valladolid coincidió con el comienzo de una de las rivalidades literarias más legendarias de España: la que lo enfrentaría durante años con Luis de Góngora. Dos talentos enormes, dos maneras de entender la poesía y una batalla de versos, sátiras y ataques personales que atravesó buena parte de sus vidas. Miope, cojo y de aspecto inmediatamente reconocible por sus anteojos redondos, Quevedo convirtió aquellas limitaciones físicas en parte de una figura que acabaría siendo inseparable de su leyenda. Pero detrás del personaje mordaz existía un escritor extraordinariamente complejo: poeta amoroso, moral y religioso; maestro de la sátira; pensador político; traductor; humanista y uno de los máximos representantes del conceptismo barroco. Su Historia de la vida del Buscón, publicada en 1626 aunque escrita años antes, llevó la novela picaresca a uno de sus puntos culminantes mediante caricaturas, juegos verbales, deformaciones grotescas y un dominio casi explosivo del idioma. A ella se sumaron los Sueños, Política de Dios, La hora de todos, Virtud militante, Marco Bruto y centenares de poemas capaces de transitar desde la burla más despiadada hasta una de las poesías amorosas y metafísicas más intensas de la lengua española. Su vida, sin embargo, estuvo tan cargada de intrigas como sus libros. Desde 1613 sirvió como secretario y colaborador del poderoso Pedro Téllez-Girón, duque de Osuna, realizando delicadas gestiones diplomáticas durante los años en que este gobernó Sicilia y Nápoles. Durante mucho tiempo se repitió que Quevedo había participado en una conspiración secreta contra Venecia, incluso disfrazándose para escapar de la ciudad; las investigaciones modernas han desmontado buena parte de esa espectacular leyenda y muestran que su actividad junto a Osuna fue compleja, pero no corresponde al relato novelesco transmitido por antiguas biografías. La caída política del duque también arrastró a Quevedo: sufrió prisión y confinamiento y pasó temporadas en su señorío de la Torre de Juan Abad, donde el aislamiento alimentó algunas de sus páginas más profundas. Allí podía decir que vivía rodeado de libros, “escuchando con los ojos a los muertos”, una de las imágenes más extraordinarias que dejó sobre el acto de leer. Pero todavía le esperaba el golpe más duro. La noche del 7 de diciembre de 1639 fue detenido en Madrid y trasladado al convento de San Marcos de León, donde permaneció encarcelado durante casi cuatro años, en durísimas condiciones y con una salud cada vez más deteriorada. Las razones exactas de aquella detención siguen siendo discutidas por los especialistas. Recuperó la libertad en 1643, después de la caída del conde-duque de Olivares, pero salió del encierro envejecido y enfermo. Regresó primero a la tranquilidad de la Torre de Juan Abad y finalmente fue llevado a Villanueva de los Infantes. Allí, alojado en el convento de Santo Domingo, pasó sus últimos días hasta que el 8 de septiembre de 1645 se apagó una de las voces más feroces, brillantes y contradictorias del Barroco español. Incluso después de muerto, la historia siguió alimentando su leyenda: una tradición sostiene que su sepultura fue saqueada para apoderarse de las espuelas con las que habría sido enterrado. Siglos después comenzó otra búsqueda, esta vez científica. En 2007 un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid atribuyó a Quevedo unos restos recuperados en Villanueva de los Infantes, que fueron depositados nuevamente en la iglesia de San Andrés Apóstol. Así, casi cuatro siglos después de su muerte, el hombre que había dedicado su vida a desafiar al tiempo con palabras regresaba simbólicamente a su sepultura. Quevedo conoció palacios, destierros, cárceles, rivalidades y derrotas políticas; escribió sobre el amor, la muerte, el poder, la decadencia y la fugacidad de la existencia. Y quizá allí esté la explicación de su permanencia: murió en 1645, pero su idioma todavía respira. Porque hay escritores que pertenecen a una época… y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de la lengua misma. 🇪🇸📚🔥 #FranciscoDeQuevedo #Quevedo #SigloDeOro #LiteraturaEspañola #Historia #Efemérides #UnDíaComoHoy #Poesía #Literatura #HistoriaDeEspaña #Cultura #VillanuevaDeLosInfantes #Conceptismo #Barroco #ElBuscón #SpanishLiterature #SpanishGoldenAge #Poetry #LiteraryHistory #History #OnThisDay #BaroqueLiterature #ClassicLiterature #WorldLiterature

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