Un día de febrero de 1825, bajo el gobierno de Las Heras, un joven de alma blanca abrió una puerta en la esquina de Chacabuco y Santa Clara (hoy Alsina). No sabía que esa puerta permanecería abierta durante cuatro décadas, educando a tres generaciones de argentinos. Su nombre era Juan Andrés de la Peña, pero todos lo conocían como "El Maestro de la calle Santa Clara". Mientras afuera se escuchaban los gritos de las vendedoras del mercado y, más tarde, los cañones de las guerras civiles, adentro reinaba la paz. Sus alumnos lo recordaban décadas después: un hombre de modales suaves, cabello sedoso y mirada transparente, que se paseaba entre los bancos acariciando las cabezas de los niños. ¿Quiénes se sentaron en esos pupitres de madera tallada a navaja? Cuatro futuros Obispos: Aneiros, Boneo, Terrero y Espinosa. Héroes militares como los Generales Campos, Garmendia y Obligado. En esa escuela humilde se formó la élite que construiría la Argentina moderna. La anécdota más increíble ocurrió la mañana del 3 de febrero de 1852. Hacía 27 años que Juan enseñaba sin parar. De repente, un tambor rojo sonó en la puerta del General Mansilla y el cañón del Fuerte anunció el fin de una era: Rosas había caído en Caseros. El maestro, pálido pero firme, protegió a sus alumnos: "¡Niños, corran a sus casas... Pronto!". La escuela se vació, pero la historia acababa de entrar al aula. Don Juan enseñó hasta que sus ojos se cansaron en 1864. Cuando falleció, su ataúd fue rodeado por ancianos (sus primeros alumnos) y niños (los últimos), unidos por el llanto. Su tumba tiene un busto de mármol con una frase que define su vida: "Dejad que los niños vengan a mí". Hoy honramos a esos maestros que, con tiza y paciencia, construyen la Patria en silencio. #MaestrosInolvidables #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #Educacion #OrgulloNacional #PersonajesDeCulto #BatallaDeCaseros La calle "Santa Clara" era el nombre que recibía la actual calle Adolfo Alsina en el tramo que va desde la calle Perú hacia el bajo (el río). Era una zona de mucho tránsito comercial en aquella época. La escuela atravesó el gobierno de Las Heras, la presidencia de Rivadavia, el fusilamiento de Dorrego, toda la época de Rosas y la organización nacional. Juan Andrés de la Peña fue el "hilo conductor" educativo de una sociedad fracturada.
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