El 7 de mayo de 1876 abrió sus puertas el Hipódromo Argentino de Palermo, conocido popularmente como el Hipódromo de Palermo o, simplemente, Palermo. Desde ese día, el lugar dejó de ser solo un escenario para carreras de caballos y comenzó a convertirse en uno de los grandes símbolos sociales, deportivos y urbanos de Buenos Aires. La página oficial del hipódromo confirma que su inauguración fue el 7 de mayo de 1876 y que, décadas más tarde, en 1908, sus edificios originales fueron reemplazados por una construcción diseñada por el arquitecto francés Louis Faure-Dujarric, inspirada en el estilo clásico francés del siglo XVII. A mediados del siglo XIX, la pasión porteña por las carreras ya estaba muy instalada. Antes de la existencia de un gran hipódromo formal, se corrían carreras cuadreras en distintos espacios, muchas veces improvisados o clandestinos. Eran desafíos donde no solo competían caballos: también se jugaban dinero, prestigio, orgullo y fama barrial. Uno de los lugares más recordados era el antiguo Camino de las Cañitas, actual zona de la avenida Luis María Campos, en Palermo. Allí, entre la zona de Plaza Italia y las barrancas de Belgrano, los caballos corrían por el centro del camino mientras el público alentaba desde los costados. Era una Buenos Aires todavía en expansión, con zonas de quintas, caminos polvorientos y una afición hípica que crecía con fuerza. Antes de Palermo existieron otros antecedentes, como el llamado Hipódromo White, ubicado en el antiguo Partido de Belgrano, cerca de la pulpería “La Figura”. Allí comenzaron a tomar impulso las llamadas carreras a la inglesa, con reglas más organizadas y una estructura más parecida a la de los hipódromos modernos. Sin embargo, una fuerte tormenta de Santa Rosa en 1866 destruyó sus instalaciones y obligó a cerrar aquel espacio. La ausencia de un gran escenario hípico impulsó nuevas gestiones. Aficionados, dirigentes y figuras influyentes, entre ellos el general Francisco Bosch, promovieron la creación de un nuevo hipódromo en terrenos del entonces Partido de Belgrano. Finalmente, la Municipalidad cedió un predio de unas 67 hectáreas, ubicado donde hoy se encuentra el Hipódromo Argentino de Palermo, con entrada principal sobre la antigua avenida Vértiz, actual avenida del Libertador. La inauguración fue un verdadero acontecimiento. Según Turismo Buenos Aires, no alcanzaban los tranvías ni los trenes para trasladar a la multitud que quería presenciar las carreras inaugurales. Se calcula que unas 10.000 personas ingresaron al predio, mientras muchas otras quedaron afuera. La primera tribuna oficial era sencilla, construida con madera, ladrillos y techo de zinc, con capacidad para unas 1.600 personas y 40 palcos familiares, aunque el entusiasmo popular superaba ampliamente cualquier previsión. La primera carrera disputada en Palermo quedó grabada en la memoria turfística: la ganó el caballo Resbaloso. A partir de entonces, el hipódromo comenzó a formar parte de la vida porteña. No era solo un sitio para apostadores o criadores: era un punto de reunión, una vidriera social, un espacio de paseo y un lugar donde se mezclaban la elegancia, la adrenalina, la suerte y la pasión por los pura sangre. Con el tiempo, Palermo siguió sumando historia. En 1885 se corrió por primera vez el Gran Premio Nacional, conocido como el Derby Argentino; Turismo Buenos Aires recuerda que aquella carrera fue ganada por el caballo Souvenir, montado por un jockey uruguayo de apenas 11 años. También pasaron por su historia nombres populares como Carlos Gardel, dueño del caballo Lunático, montado por el célebre jockey Irineo Leguisamo, a quien Gardel le dedicó el tango Leguisamo solo. Hoy el Hipódromo de Palermo sigue siendo un ícono del barrio y de la ciudad. Mantiene viva su raíz hípica, pero también se transformó en un espacio de entretenimiento, gastronomía, eventos, ferias y encuentros. La propia institución se presenta actualmente como un lugar que combina tradición, adrenalina y propuestas para distintos públicos. Por eso, esta imagen no muestra únicamente una jornada de turf. Muestra una Buenos Aires elegante, multitudinaria y apasionada, donde las carreras de caballos eran espectáculo, encuentro social y parte de la identidad urbana. Palermo nació para el turf, pero terminó siendo mucho más: un escenario donde la ciudad aprendió a reunirse alrededor de la velocidad, la apuesta, el glamour y la emoción. #HipódromoDePalermo #HipódromoArgentino #Palermo #BuenosAiresAntigua #HistoriaDeBuenosAires #TurfArgentino #CarrerasDeCaballos #JockeyClub #ParqueTresDeFebrero #AvenidaDelLibertador #CarlosGardel #IrineoLeguisamo #Lunático #GranPremioNacional #MemoriaPorteña #FotosAntiguas #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #HorseRacing #ArgentineTurf #HistoricBuenosAires #PalermoBuenosAires #RacecourseHistory #UrbanMemory #VintageBuenosAires
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jueves, 7 de mayo de 2026
7 de Mayo de 1876 - Palermo: el día en que Buenos Aires convirtió la pasión por los caballos en un espectáculo de ciudad
El 7 de mayo de 1876 abrió sus puertas el Hipódromo Argentino de Palermo, conocido popularmente como el Hipódromo de Palermo o, simplemente, Palermo. Desde ese día, el lugar dejó de ser solo un escenario para carreras de caballos y comenzó a convertirse en uno de los grandes símbolos sociales, deportivos y urbanos de Buenos Aires. La página oficial del hipódromo confirma que su inauguración fue el 7 de mayo de 1876 y que, décadas más tarde, en 1908, sus edificios originales fueron reemplazados por una construcción diseñada por el arquitecto francés Louis Faure-Dujarric, inspirada en el estilo clásico francés del siglo XVII. A mediados del siglo XIX, la pasión porteña por las carreras ya estaba muy instalada. Antes de la existencia de un gran hipódromo formal, se corrían carreras cuadreras en distintos espacios, muchas veces improvisados o clandestinos. Eran desafíos donde no solo competían caballos: también se jugaban dinero, prestigio, orgullo y fama barrial. Uno de los lugares más recordados era el antiguo Camino de las Cañitas, actual zona de la avenida Luis María Campos, en Palermo. Allí, entre la zona de Plaza Italia y las barrancas de Belgrano, los caballos corrían por el centro del camino mientras el público alentaba desde los costados. Era una Buenos Aires todavía en expansión, con zonas de quintas, caminos polvorientos y una afición hípica que crecía con fuerza. Antes de Palermo existieron otros antecedentes, como el llamado Hipódromo White, ubicado en el antiguo Partido de Belgrano, cerca de la pulpería “La Figura”. Allí comenzaron a tomar impulso las llamadas carreras a la inglesa, con reglas más organizadas y una estructura más parecida a la de los hipódromos modernos. Sin embargo, una fuerte tormenta de Santa Rosa en 1866 destruyó sus instalaciones y obligó a cerrar aquel espacio. La ausencia de un gran escenario hípico impulsó nuevas gestiones. Aficionados, dirigentes y figuras influyentes, entre ellos el general Francisco Bosch, promovieron la creación de un nuevo hipódromo en terrenos del entonces Partido de Belgrano. Finalmente, la Municipalidad cedió un predio de unas 67 hectáreas, ubicado donde hoy se encuentra el Hipódromo Argentino de Palermo, con entrada principal sobre la antigua avenida Vértiz, actual avenida del Libertador. La inauguración fue un verdadero acontecimiento. Según Turismo Buenos Aires, no alcanzaban los tranvías ni los trenes para trasladar a la multitud que quería presenciar las carreras inaugurales. Se calcula que unas 10.000 personas ingresaron al predio, mientras muchas otras quedaron afuera. La primera tribuna oficial era sencilla, construida con madera, ladrillos y techo de zinc, con capacidad para unas 1.600 personas y 40 palcos familiares, aunque el entusiasmo popular superaba ampliamente cualquier previsión. La primera carrera disputada en Palermo quedó grabada en la memoria turfística: la ganó el caballo Resbaloso. A partir de entonces, el hipódromo comenzó a formar parte de la vida porteña. No era solo un sitio para apostadores o criadores: era un punto de reunión, una vidriera social, un espacio de paseo y un lugar donde se mezclaban la elegancia, la adrenalina, la suerte y la pasión por los pura sangre. Con el tiempo, Palermo siguió sumando historia. En 1885 se corrió por primera vez el Gran Premio Nacional, conocido como el Derby Argentino; Turismo Buenos Aires recuerda que aquella carrera fue ganada por el caballo Souvenir, montado por un jockey uruguayo de apenas 11 años. También pasaron por su historia nombres populares como Carlos Gardel, dueño del caballo Lunático, montado por el célebre jockey Irineo Leguisamo, a quien Gardel le dedicó el tango Leguisamo solo. Hoy el Hipódromo de Palermo sigue siendo un ícono del barrio y de la ciudad. Mantiene viva su raíz hípica, pero también se transformó en un espacio de entretenimiento, gastronomía, eventos, ferias y encuentros. La propia institución se presenta actualmente como un lugar que combina tradición, adrenalina y propuestas para distintos públicos. Por eso, esta imagen no muestra únicamente una jornada de turf. Muestra una Buenos Aires elegante, multitudinaria y apasionada, donde las carreras de caballos eran espectáculo, encuentro social y parte de la identidad urbana. Palermo nació para el turf, pero terminó siendo mucho más: un escenario donde la ciudad aprendió a reunirse alrededor de la velocidad, la apuesta, el glamour y la emoción. #HipódromoDePalermo #HipódromoArgentino #Palermo #BuenosAiresAntigua #HistoriaDeBuenosAires #TurfArgentino #CarrerasDeCaballos #JockeyClub #ParqueTresDeFebrero #AvenidaDelLibertador #CarlosGardel #IrineoLeguisamo #Lunático #GranPremioNacional #MemoriaPorteña #FotosAntiguas #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #HorseRacing #ArgentineTurf #HistoricBuenosAires #PalermoBuenosAires #RacecourseHistory #UrbanMemory #VintageBuenosAires

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