Eustoquio Frías, recordado como “el último granadero de San Martín”. Imaginen por un momento lo que significaba ser él: haber visto pasar guerras, gobiernos, revoluciones, derrotas, triunfos, exilios y banderas cambiando de manos. Mientras el país se transformaba una y otra vez, Frías seguía allí, como una reliquia viviente de la epopeya sanmartiniana. Nacido en Cachi, Salta, en 1801, Eustoquio Frías tuvo desde niño una vida marcada por la guerra de la independencia. Según el Instituto Nacional Sanmartiniano, en 1812, siendo apenas un muchacho, sirvió como aguatero de los artilleros patriotas en la batalla de Tucumán, donde su propio padre perdió una pierna. Años después, con casi 15 años, marchó hacia Mendoza para sumarse a la empresa libertadora de San Martín. Fue rechazado por su edad y su contextura, pero la intervención de Mariano Necochea le abrió finalmente las puertas del cuerpo que soñaba integrar: los Granaderos a Caballo. No participó del cruce inicial de los Andes ni de Chacabuco o Maipú, porque su escuadrón permaneció en El Plumerillo, en Mendoza. Pero luego se transformó en granadero de la escolta y, en 1819, se desempeñó como cabo junto al Libertador durante su estadía mendocina. En 1820 cruzó la cordillera por el Paso del Portillo y se embarcó rumbo al Perú para integrarse a la gran campaña continental. Su hoja de servicio parece una síntesis de la independencia sudamericana: participó en campañas de la sierra, en acciones como Nazca, Pasco, El Callao, Riobamba, Pichincha, Junín y Ayacucho. Regresó a Buenos Aires en 1826 con los últimos granaderos al mando de José Félix Bogado, pero tampoco encontró descanso: luego combatió en la guerra contra el Brasil y en las guerras civiles argentinas. El detalle del aro en la oreja, también forma parte del universo de los granaderos. Las tradiciones populares dicen que podía servir para pagar el entierro lejos de casa o para marcar una pertenencia que no debía romperse. Lo documentado por investigaciones históricas sobre el Regimiento señala que los granaderos de San Martín usaban aros imposibles de quitar, asociados al valor y también a evitar deserciones. Por eso, en Frías ese aro puede leerse como algo más que una curiosidad: era una marca de cuerpo, de destino y de juramento. No representaba vanidad ni adorno. Era el recuerdo de una hermandad militar nacida para liberar medio continente. Frías llegó a vivir casi 90 años. Murió en Buenos Aires el 16 de marzo de 1891, después de haber visto la Revolución de Mayo convertida en nación, la independencia en memoria y la patria joven en un país atravesado por nuevas disputas. En sus últimos años fue homenajeado por el pueblo y despedido con honores. Carlos Pellegrini recordó sus heridas, sus armas pobres y su larga vida de servicio, como si en aquel anciano todavía hablara el eco de Riobamba y Ayacucho. Eustoquio Frías no fue solo un soldado viejo con medallas. Fue el último guardián de una generación que peleó cuando la Argentina todavía no sabía si iba a existir. Un hombre que llevó en el cuerpo las cicatrices de la independencia y en la oreja el símbolo de un pacto que ningún tiempo pudo arrancarle. #MendozAntigua #EustoquioFrias #EustaquioFrias #UltimoGranadero #GranaderosACaballo #SanMartin #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #ElPlumerillo #Ayacucho #Junin #Riobamba #Pichincha #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #PatriaGrande #MemoriaHistorica #EfemeridesHistoricas #ArgentineHistory #SanMartinHistory #Granaderos #LatinAmericanHistory #MilitaryHistory #IndependenceHistory
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viernes, 15 de mayo de 2026
Eustoquio Frías - El último granadero: el hombre que vio a San Martín, sobrevivió a Ayacucho y se llevó un pacto a la tumba
Eustoquio Frías, recordado como “el último granadero de San Martín”. Imaginen por un momento lo que significaba ser él: haber visto pasar guerras, gobiernos, revoluciones, derrotas, triunfos, exilios y banderas cambiando de manos. Mientras el país se transformaba una y otra vez, Frías seguía allí, como una reliquia viviente de la epopeya sanmartiniana. Nacido en Cachi, Salta, en 1801, Eustoquio Frías tuvo desde niño una vida marcada por la guerra de la independencia. Según el Instituto Nacional Sanmartiniano, en 1812, siendo apenas un muchacho, sirvió como aguatero de los artilleros patriotas en la batalla de Tucumán, donde su propio padre perdió una pierna. Años después, con casi 15 años, marchó hacia Mendoza para sumarse a la empresa libertadora de San Martín. Fue rechazado por su edad y su contextura, pero la intervención de Mariano Necochea le abrió finalmente las puertas del cuerpo que soñaba integrar: los Granaderos a Caballo. No participó del cruce inicial de los Andes ni de Chacabuco o Maipú, porque su escuadrón permaneció en El Plumerillo, en Mendoza. Pero luego se transformó en granadero de la escolta y, en 1819, se desempeñó como cabo junto al Libertador durante su estadía mendocina. En 1820 cruzó la cordillera por el Paso del Portillo y se embarcó rumbo al Perú para integrarse a la gran campaña continental. Su hoja de servicio parece una síntesis de la independencia sudamericana: participó en campañas de la sierra, en acciones como Nazca, Pasco, El Callao, Riobamba, Pichincha, Junín y Ayacucho. Regresó a Buenos Aires en 1826 con los últimos granaderos al mando de José Félix Bogado, pero tampoco encontró descanso: luego combatió en la guerra contra el Brasil y en las guerras civiles argentinas. El detalle del aro en la oreja, también forma parte del universo de los granaderos. Las tradiciones populares dicen que podía servir para pagar el entierro lejos de casa o para marcar una pertenencia que no debía romperse. Lo documentado por investigaciones históricas sobre el Regimiento señala que los granaderos de San Martín usaban aros imposibles de quitar, asociados al valor y también a evitar deserciones. Por eso, en Frías ese aro puede leerse como algo más que una curiosidad: era una marca de cuerpo, de destino y de juramento. No representaba vanidad ni adorno. Era el recuerdo de una hermandad militar nacida para liberar medio continente. Frías llegó a vivir casi 90 años. Murió en Buenos Aires el 16 de marzo de 1891, después de haber visto la Revolución de Mayo convertida en nación, la independencia en memoria y la patria joven en un país atravesado por nuevas disputas. En sus últimos años fue homenajeado por el pueblo y despedido con honores. Carlos Pellegrini recordó sus heridas, sus armas pobres y su larga vida de servicio, como si en aquel anciano todavía hablara el eco de Riobamba y Ayacucho. Eustoquio Frías no fue solo un soldado viejo con medallas. Fue el último guardián de una generación que peleó cuando la Argentina todavía no sabía si iba a existir. Un hombre que llevó en el cuerpo las cicatrices de la independencia y en la oreja el símbolo de un pacto que ningún tiempo pudo arrancarle. #MendozAntigua #EustoquioFrias #EustaquioFrias #UltimoGranadero #GranaderosACaballo #SanMartin #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #ElPlumerillo #Ayacucho #Junin #Riobamba #Pichincha #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #PatriaGrande #MemoriaHistorica #EfemeridesHistoricas #ArgentineHistory #SanMartinHistory #Granaderos #LatinAmericanHistory #MilitaryHistory #IndependenceHistory

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