martes, 23 de junio de 2026

1825 - LA NOCHE EN QUE SAN JUAN ARDIÓ POR UNA CONSTITUCIÓN: EL MOTÍN QUE QUISO BORRAR LA CARTA DE MAYO (Imagen Ilustrativa)


San Juan, madrugada del 26 de julio de 1825. La ciudad dormía, pero la historia estaba a punto de golpear una puerta. En una casa familiar, donde vivía junto a sus ancianos padres, descansaba el gobernador Salvador María del Carril. Tenía apenas veintitantos años, pero ya se había convertido en una de las figuras políticas más audaces de Cuyo. Abogado formado en Córdoba, hombre de ideas liberales, decidido a modernizar las instituciones provinciales, había impulsado una de las piezas políticas más avanzadas de su tiempo: la Carta de Mayo, considerada por muchos como la primera gran declaración constitucional de derechos de San Juan. Aquel documento, promulgado el 15 de julio de 1825, hablaba de principios que hoy parecen naturales, pero que entonces podían incendiar una provincia: igualdad ante la ley, garantías individuales, inviolabilidad del domicilio, libertad de pensamiento, libertad de comercio, legalidad de los tributos y, sobre todo, una idea que desató la furia de los sectores más conservadores: la tolerancia religiosa. La Carta reconocía a la religión católica como dominante, pero admitía que otras creencias pudieran profesarse sin persecución. En una sociedad profundamente marcada por el orden colonial, por la influencia clerical y por las viejas estructuras de poder, aquello sonó para muchos como una provocación. Para los partidarios del cambio era civilización, modernidad y futuro. Para sus enemigos, era una amenaza directa al mundo que querían conservar. Y entonces llegó la noche. Del Carril escuchó golpes violentos en la puerta de su habitación. Al principio creyó que se trataba de una urgencia familiar. Pero pronto comprendió que algo más oscuro estaba ocurriendo. Voces desconocidas exigían que abriera. Se oyeron fusiles golpeando el piso. La amenaza fue clara: si no abría, forzarían la puerta. El gobernador entendió en ese instante que no era un robo. Era una sublevación. Cuando abrió, se encontró frente a hombres armados. Le apuntaron con fusiles al pecho y le comunicaron que quedaba detenido. Entre ellos estaba el cabo Vasconcelos, un hombre que, según el relato histórico, Del Carril creía preso en la cárcel por orden suya. Aquello confirmaba lo peor: la prisión había sido abierta, los amotinados habían liberado detenidos y el cuartel se había convertido en el centro de una rebelión. Del Carril intentó hablarles. Les recordó que estaban quebrando la disciplina, violando la autoridad legal y poniendo en peligro a toda la provincia. Pero no hubo espacio para la razón. Lo condujeron preso al Cuartel de San Clemente. Mientras tanto, San Juan empezaba a despertar entre rumores, miedo y pólvora. Los sublevados habían tomado el cuartel, se habían apoderado de las armas provinciales y sumaban a presos y vagos a sus filas. En pocas horas, una ciudad que venía de debatir ideas se encontró dominada por la fuerza. Ya no se trataba solamente de una disputa política: estaba en juego el orden público, la seguridad de las familias y la continuidad de las instituciones. La resistencia no tardó en organizarse. Amigos y partidarios del gobernador comenzaron a reunirse en secreto. Sin formar grandes grupos para no ser detectados, fueron llegando a la calle ancha del sur, armados con lo que tenían a mano: carabinas de caza, pistolas, sables, espadas, fusiles particulares. Llegaron a reunirse cerca de doscientos hombres dispuestos a enfrentar a los amotinados. Entre ellos actuaban oficiales de la guardia cívica y vecinos decididos a defender la autoridad legal. Durante la noche y el día siguiente hubo tiroteos, escaramuzas, muertos y heridos. Los defensores del gobierno no podían recuperar el cuartel, porque allí estaba concentrado el armamento de la provincia. La rebelión tenía una ventaja decisiva: las armas, las municiones y el control militar del centro urbano. El 27 de julio, los jefes del movimiento dieron el siguiente paso: nombraron un gobierno de hecho. En la capilla del mismo cuartel fue proclamado gobernador Plácido Fernández Maradona, mientras el presbítero Manuel Astorga ocupaba un lugar central en la nueva administración. Aquella revolución se presentaba como defensora de la religión, pero actuaba mediante la insurrección armada, la prisión del gobernador y la destrucción de las instituciones. La Carta de Mayo fue señalada como el gran enemigo. Los rebeldes ordenaron quemar sus ejemplares en la plaza pública. Querían borrar el documento, pero también el símbolo: la idea de que San Juan podía darse un orden político moderno, basado en derechos y no solamente en obediencias heredadas. También se cerraron cafés y teatros, espacios vistos como peligrosos porque allí circulaban ideas, conversaciones y críticas. Se disolvió la Junta de Representantes y, según registros históricos, hasta se enarboló nuevamente la bandera española, como si la vieja sombra colonial regresara sobre una provincia que todavía buscaba su destino republicano. Del Carril, aunque liberado después de su prisión, comprendió que su vida y su gobierno estaban en peligro. Sus partidarios se replegaron hacia el norte, primero hacia la zona del Pueblo Viejo y luego hacia Angaco, esperando auxilio. La situación ya excedía a San Juan. Si la rebelión triunfaba y se extendía, todo Cuyo podía verse arrastrado por el incendio político. Por eso Mendoza entró en escena. Desde San Juan se envió aviso al gobierno mendocino. Se temía que la sublevación pudiera conectarse con sectores afines en la provincia vecina. Mendoza reaccionó con cautela, pero también con rapidez: acuarteló fuerzas, tomó medidas preventivas y comunicó el hecho al poder nacional. En aquel momento, las Provincias Unidas todavía buscaban organizarse institucionalmente, con un Congreso Constituyente en funcionamiento y un poder nacional provisorio en manos del gobernador de Buenos Aires, Juan Gregorio de Las Heras. La crisis sanjuanina era mucho más que un conflicto local. Era el choque brutal entre dos tiempos: el viejo orden colonial y el nuevo orden republicano; la obediencia tradicional y la ciudadanía moderna; la política de sacristía y cuartel contra la política de derechos, representación y ley. El gobierno de hecho intentó justificar su levantamiento como una defensa de la fe. Habló de religión, de patria y de salvación pública. Pero el escenario real era otro: un gobernador legal había sido arrestado en su propia casa, la legislatura había sido disuelta, la Carta de Mayo quemada y la ciudad sometida a una fuerza amotinada. Del Carril terminó refugiándose en Mendoza. Desde allí buscó recuperar el gobierno. Tiempo después, una fuerza organizada con apoyo mendocino marchó hacia San Juan. El enfrentamiento decisivo se produjo en septiembre de 1825, en la zona de Pocito, recordada en las crónicas como La Rinconada o Las Leñas. Los sectores sublevados fueron derrotados y Del Carril pudo volver al mando. Pero su regreso no fue el final feliz de una epopeya simple. El joven gobernador reasumió, pero pocos días después renunció. Comprendía que la victoria militar podía abrir paso a venganzas, persecuciones y nuevas heridas. La provincia había quedado marcada por una grieta profunda. La Carta de Mayo, aunque quemada en la plaza, sobrevivió como símbolo. Fue más poderosa que el fuego que intentó destruirla. Porque hay documentos que arden una vez, pero vuelven durante siglos. La Carta de Mayo fue derrotada en la calle, pero no en la historia. Sus ideas —derechos individuales, igualdad legal, libertad de pensamiento, garantías ciudadanas— anticipaban debates que después serían centrales en la construcción constitucional argentina. En 1825, San Juan vivió una de las escenas más dramáticas de su historia: una revolución nacida del miedo a la libertad. Aquella noche, cuando los fusiles golpearon la puerta de Del Carril, no solo se despertó un gobernador. Se despertó una pregunta que todavía atraviesa a la Argentina: ¿Qué ocurre cuando una sociedad recibe ideas nuevas antes de estar preparada para aceptarlas? San Juan lo respondió con pólvora, prisión, fuego y exilio. Pero también con memoria. Y por eso, dos siglos después, aquella madrugada sigue hablando. #SanJuan #HistoriaArgentina #CartaDeMayo #SalvadorMariaDelCarril #Cuyo #Mendoza #HistoriaDeCuyo #Argentina1825 #MemoriaHistorica #HistoriaViva #EfemeridesArgentinas #PatrimonioHistorico #ProvinciasUnidas #RepublicaArgentina #HistoriaSanjuanina #MendozAntigua #ArgentineHistory #SanJuanArgentina #LatinAmericanHistory #HistoricalMemory #ConstitutionalHistory #SouthAmericanHistory #CuyoHistory #HistoryLovers #OnThisDay #PoliticalHistory #Heritage #PastAndPresent #ArgentinaHistory #HistoricalFacts

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