En 1929, cuando el siglo XX todavía no había mostrado todo su costado más oscuro, Roberto Arlt escribió en Los siete locos una de las intuiciones más inquietantes de la literatura argentina. No estaba hablando solamente de conspiraciones, delirios o personajes al borde del abismo. Estaba mirando más lejos. Mucho más lejos. Arlt comprendió que el poder del futuro no iba a estar únicamente en los cuarteles, en los uniformes ni en los golpes militares. También iba a crecer en los escritorios de los grandes intereses económicos, en las industrias, en los recursos estratégicos, en la propaganda, en la manipulación de la opinión pública y en la capacidad de moldear el pensamiento colectivo. Por eso, en aquel fragmento estremecedor, aparece una idea brutal: los dictadores del porvenir no serían necesariamente militares, sino “reyes del petróleo, del acero, del trigo”. Una frase escrita antes de que el mundo terminara de conocer el totalitarismo moderno, antes del ascenso definitivo de Adolf Hitler al poder en Alemania, antes de que Aldous Huxley publicara Brave New World y mucho antes de que George Orwell convirtiera 1984 en una de las grandes advertencias literarias sobre vigilancia, propaganda y control social. Arlt no escribió desde una torre de marfil. Escribió desde la Buenos Aires áspera, moderna, desigual y febril de comienzos del siglo XX. Escribió desde la calle, desde los márgenes, desde los talleres, desde los cafés, desde la angustia de los hombres comunes aplastados por una sociedad que prometía progreso pero también fabricaba soledad, frustración y obediencia. En Los siete locos, los personajes sueñan revoluciones imposibles, sociedades secretas, discursos mesiánicos y sistemas de dominación. Pero debajo de ese delirio literario hay una lucidez feroz: Arlt entendió que el poder no necesita solamente imponer miedo. También necesita convencer. Necesita repetir ideas. Necesita disfrazar intereses como verdades. Necesita propaganda. Necesita hacer familiar lo que antes parecía inaceptable. Y ahí está su grandeza: Arlt anticipó que las futuras dictaduras podían entrar no solo por la fuerza, sino también por la seducción, por la técnica, por la ciencia puesta al servicio del dominio, por la educación manipulada, por los medios, por la industria cultural y por la construcción paciente de una realidad conveniente para quienes mandan. Leer hoy ese fragmento produce escalofríos. Porque no parece escrito hace casi un siglo. Parece escrito para este tiempo: un mundo donde la información circula a velocidad brutal, donde la opinión pública puede ser fabricada, donde los recursos naturales siguen definiendo imperios, donde la tecnología puede liberar o vigilar, y donde la propaganda ya no necesita gritar desde un balcón: puede aparecer en una pantalla, en una tendencia, en una consigna, en una emoción cuidadosamente dirigida. Roberto Arlt fue periodista, novelista, dramaturgo, inventor frustrado y uno de los grandes renovadores de la narrativa argentina. Con El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas y sus inolvidables Aguafuertes porteñas, creó una literatura incómoda, callejera, visionaria y profundamente moderna. No escribió para tranquilizar. Escribió para sacudir. Y por eso, cada vez que volvemos a leerlo, Arlt no parece venir del pasado. Parece esperarnos en el futuro. A continuación, el fragmento: ROBERTO ARLT — “LAS DICTADURAS FUTURAS” Fragmento de Los siete locos, 1929 “¿Usted cree que las futuras dictaduras serán militares? No, señor. El militar no vale nada junto al industrial. Puede ser instrumento de él, nada más. Eso es todo. Los futuros dictadores serán reyes del petróleo, del acero, del trigo. Nosotros, con nuestra sociedad, prepararemos ese ambiente. Familiarizaremos a la gente con nuestras teorías. Por eso hace falta un estudio detenido de propaganda. Aprovechar los estudiantes y las estudiantas. Embellecer la ciencia, acercarla de tal modo a los hombres que de pronto...” Roberto Arlt no adivinó el futuro. Lo leyó antes que muchos. #RobertoArlt, #LosSieteLocos, #ArgentineLiterature, #Literature, #Dystopia, #Propaganda, #Power, #History, #PoliticalFiction, #ClassicBooks, #VisionaryWriter, #LiteraryHistory, #Totalitarianism, #Culture, #Books, #RobertoArlt, #LosSieteLocos, #LiteraturaArgentina, #Literatura, #Historia, #Distopía, #Propaganda, #Poder, #CulturaArgentina, #Libros, #ClásicosLiterarios, #EscritoresArgentinos, #HistoriaArgentina, #PensamientoCrítico, #MendozAntigua
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martes, 23 de junio de 2026
1929 - ROBERTO ARLT LO VIO VENIR: LA PROFECÍA ARGENTINA SOBRE LAS DICTADURAS DEL FUTURO
En 1929, cuando el siglo XX todavía no había mostrado todo su costado más oscuro, Roberto Arlt escribió en Los siete locos una de las intuiciones más inquietantes de la literatura argentina. No estaba hablando solamente de conspiraciones, delirios o personajes al borde del abismo. Estaba mirando más lejos. Mucho más lejos. Arlt comprendió que el poder del futuro no iba a estar únicamente en los cuarteles, en los uniformes ni en los golpes militares. También iba a crecer en los escritorios de los grandes intereses económicos, en las industrias, en los recursos estratégicos, en la propaganda, en la manipulación de la opinión pública y en la capacidad de moldear el pensamiento colectivo. Por eso, en aquel fragmento estremecedor, aparece una idea brutal: los dictadores del porvenir no serían necesariamente militares, sino “reyes del petróleo, del acero, del trigo”. Una frase escrita antes de que el mundo terminara de conocer el totalitarismo moderno, antes del ascenso definitivo de Adolf Hitler al poder en Alemania, antes de que Aldous Huxley publicara Brave New World y mucho antes de que George Orwell convirtiera 1984 en una de las grandes advertencias literarias sobre vigilancia, propaganda y control social. Arlt no escribió desde una torre de marfil. Escribió desde la Buenos Aires áspera, moderna, desigual y febril de comienzos del siglo XX. Escribió desde la calle, desde los márgenes, desde los talleres, desde los cafés, desde la angustia de los hombres comunes aplastados por una sociedad que prometía progreso pero también fabricaba soledad, frustración y obediencia. En Los siete locos, los personajes sueñan revoluciones imposibles, sociedades secretas, discursos mesiánicos y sistemas de dominación. Pero debajo de ese delirio literario hay una lucidez feroz: Arlt entendió que el poder no necesita solamente imponer miedo. También necesita convencer. Necesita repetir ideas. Necesita disfrazar intereses como verdades. Necesita propaganda. Necesita hacer familiar lo que antes parecía inaceptable. Y ahí está su grandeza: Arlt anticipó que las futuras dictaduras podían entrar no solo por la fuerza, sino también por la seducción, por la técnica, por la ciencia puesta al servicio del dominio, por la educación manipulada, por los medios, por la industria cultural y por la construcción paciente de una realidad conveniente para quienes mandan. Leer hoy ese fragmento produce escalofríos. Porque no parece escrito hace casi un siglo. Parece escrito para este tiempo: un mundo donde la información circula a velocidad brutal, donde la opinión pública puede ser fabricada, donde los recursos naturales siguen definiendo imperios, donde la tecnología puede liberar o vigilar, y donde la propaganda ya no necesita gritar desde un balcón: puede aparecer en una pantalla, en una tendencia, en una consigna, en una emoción cuidadosamente dirigida. Roberto Arlt fue periodista, novelista, dramaturgo, inventor frustrado y uno de los grandes renovadores de la narrativa argentina. Con El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas y sus inolvidables Aguafuertes porteñas, creó una literatura incómoda, callejera, visionaria y profundamente moderna. No escribió para tranquilizar. Escribió para sacudir. Y por eso, cada vez que volvemos a leerlo, Arlt no parece venir del pasado. Parece esperarnos en el futuro. A continuación, el fragmento: ROBERTO ARLT — “LAS DICTADURAS FUTURAS” Fragmento de Los siete locos, 1929 “¿Usted cree que las futuras dictaduras serán militares? No, señor. El militar no vale nada junto al industrial. Puede ser instrumento de él, nada más. Eso es todo. Los futuros dictadores serán reyes del petróleo, del acero, del trigo. Nosotros, con nuestra sociedad, prepararemos ese ambiente. Familiarizaremos a la gente con nuestras teorías. Por eso hace falta un estudio detenido de propaganda. Aprovechar los estudiantes y las estudiantas. Embellecer la ciencia, acercarla de tal modo a los hombres que de pronto...” Roberto Arlt no adivinó el futuro. Lo leyó antes que muchos. #RobertoArlt, #LosSieteLocos, #ArgentineLiterature, #Literature, #Dystopia, #Propaganda, #Power, #History, #PoliticalFiction, #ClassicBooks, #VisionaryWriter, #LiteraryHistory, #Totalitarianism, #Culture, #Books, #RobertoArlt, #LosSieteLocos, #LiteraturaArgentina, #Literatura, #Historia, #Distopía, #Propaganda, #Poder, #CulturaArgentina, #Libros, #ClásicosLiterarios, #EscritoresArgentinos, #HistoriaArgentina, #PensamientoCrítico, #MendozAntigua

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