El 24 de julio de 1986, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, tres decisiones oficiales reunieron en una misma jornada mundos aparentemente distantes: la danza, la tecnología industrial y la vitivinicultura. Mientras desde la Casa Rosada se impulsaban dos leyes vinculadas con la cultura y la formación técnica, en Mendoza el Instituto Nacional de Vitivinicultura producía una de las tablas alcohólicas más singulares de la burocracia argentina. Mediante el Decreto 1.252, Alfonsín promulgó la Ley 23.329, sancionada por el Congreso el 3 de julio. La norma creó el Ballet Nacional como organismo descentralizado de la Secretaría de Cultura, con sede en Buenos Aires y la misión de preservar, desarrollar y difundir la música y la danza argentinas dentro y fuera del país. El proyecto era ambicioso: contemplaba un elenco de danza clásica y contemporánea, otro de danza folclórica, una escuela de perfeccionamiento y un taller dedicado a investigar mitos, ritos, vestuarios, instrumentos, leyendas y temas históricos de la Argentina y América Latina. También invitaba a las provincias a promover sus propios ballets y centros folclóricos. Aquella decisión tardaría en materializarse plenamente, pero dejó una huella perdurable. Cuatro años después, el Ballet Folklórico Nacional realizó su primera presentación en el Teatro Colón, el 9 de julio de 1990, dirigido por dos figuras legendarias: Santiago Ayala, “El Chúcaro”, y Norma Viola. Su repertorio transformaría paisajes, tradiciones, leyendas y costumbres regionales en cuadros coreográficos que luego recorrerían la Argentina y numerosos escenarios internacionales. Ese mismo 24 de julio, el Decreto 1.253 promulgó la Ley 23.327, que aprobó los acuerdos de cooperación entre la Argentina e Italia para establecer un Centro de Formación Profesional en Mecánica de Precisión. El convenio original había sido firmado en 1981 y posteriormente modificado en 1984 para trasladar el proyecto a la ciudad de Córdoba y colocar su ejecución en manos del Gobierno provincial. No se trataba de un simple taller de oficios. El centro debía formar técnicos y operadores en máquinas-herramienta de control numérico y alta tecnología, capacitando tanto a jóvenes como a trabajadores industriales que buscaban perfeccionarse o ascender profesionalmente. El equipamiento previsto parecía un catálogo del futuro fabril: tornos, fresadoras, rectificadoras, alesadoras y centros de mecanizado controlados numéricamente. Italia se comprometía a financiar el cien por ciento de los equipos y servicios de origen italiano, además de aportar asistencia técnica, supervisar el montaje de las máquinas y enviar especialistas. Pero el documento más extraño de aquella jornada nació en Mendoza. El Instituto Nacional de Vitivinicultura firmó la Resolución C.16/1986, destinada a establecer el grado alcohólico mínimo de los vinos regionales y de mesa elaborados en los Valles Calchaquíes y Salta que fueran liberados al consumo a partir del 1 de agosto. Los técnicos habían comprobado que los diferentes microclimas producían variaciones importantes entre las bodegas y que imponer un único promedio regional podía perjudicar injustamente a determinados elaboradores. La solución fue tan minuciosa como insólita: fijar la graduación bodega por bodega, separando los vinos blancos de los denominados “vinos de color”. El anexo registró once firmas, entre ellas Los Parrales, Arnaldo Etchart, Michel Torino, Miralpeix, Benjamín Nanni y Andrés S. Rivadeneira. Los límites iban desde los 10,60 grados establecidos para un vino de color de El Recreo hasta los 16,30 grados exigidos para un blanco de Andrés S. Rivadeneira: una diferencia de 5,70 puntos dentro de una misma tabla oficial. También aparecía Acialba con un vino de mesa fijado en 11,20 grados. El documento incluso aclaraba que debía medirse el alcohol real presente en el vino, sin sumar el alcohol potencial que pudiera generarse por los azúcares reductores. Así, una resolución firmada en Mendoza terminó convirtiendo cada bodega, cada microclima y cada tipo de elaboración en una cifra diferente. Lo más sorprendente es que aquella norma de 1986 permaneció formalmente registrada durante casi cuatro décadas y recién fue eliminada del régimen normativo por una resolución del INV publicada en octubre de 2025. Fue una jornada extraordinaria de la Argentina alfonsinista: el Estado intentaba fortalecer la identidad cultural, modernizar la industria mediante cooperación internacional y controlar hasta el último grado de alcohol contenido en una botella. Un 24 de julio en el que el país quiso bailar su historia, fabricar el futuro y medir el vino con precisión casi quirúrgica. #RaúlAlfonsín #HistoriaArgentina #24DeJulio #BalletNacional #BalletFolklóricoNacional #CulturaArgentina #DanzaArgentina #IndustriaArgentina #TecnologíaIndustrial #MecánicaDePrecisión #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #InstitutoNacionalDeVitivinicultura #Mendoza #VinoArgentino #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineCulture #NationalBallet #FolkDance #IndustrialHistory #WineHistory #ArgentineWine #MendozaArgentina
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
viernes, 24 de julio de 2026
24 DE JULIO DE 1986: ARGENTINA QUISO BAILAR, DOMINAR LAS MÁQUINAS DEL FUTURO Y MIDIÓ EL VINO BODEGA POR BODEGA
El 24 de julio de 1986, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, tres decisiones oficiales reunieron en una misma jornada mundos aparentemente distantes: la danza, la tecnología industrial y la vitivinicultura. Mientras desde la Casa Rosada se impulsaban dos leyes vinculadas con la cultura y la formación técnica, en Mendoza el Instituto Nacional de Vitivinicultura producía una de las tablas alcohólicas más singulares de la burocracia argentina. Mediante el Decreto 1.252, Alfonsín promulgó la Ley 23.329, sancionada por el Congreso el 3 de julio. La norma creó el Ballet Nacional como organismo descentralizado de la Secretaría de Cultura, con sede en Buenos Aires y la misión de preservar, desarrollar y difundir la música y la danza argentinas dentro y fuera del país. El proyecto era ambicioso: contemplaba un elenco de danza clásica y contemporánea, otro de danza folclórica, una escuela de perfeccionamiento y un taller dedicado a investigar mitos, ritos, vestuarios, instrumentos, leyendas y temas históricos de la Argentina y América Latina. También invitaba a las provincias a promover sus propios ballets y centros folclóricos. Aquella decisión tardaría en materializarse plenamente, pero dejó una huella perdurable. Cuatro años después, el Ballet Folklórico Nacional realizó su primera presentación en el Teatro Colón, el 9 de julio de 1990, dirigido por dos figuras legendarias: Santiago Ayala, “El Chúcaro”, y Norma Viola. Su repertorio transformaría paisajes, tradiciones, leyendas y costumbres regionales en cuadros coreográficos que luego recorrerían la Argentina y numerosos escenarios internacionales. Ese mismo 24 de julio, el Decreto 1.253 promulgó la Ley 23.327, que aprobó los acuerdos de cooperación entre la Argentina e Italia para establecer un Centro de Formación Profesional en Mecánica de Precisión. El convenio original había sido firmado en 1981 y posteriormente modificado en 1984 para trasladar el proyecto a la ciudad de Córdoba y colocar su ejecución en manos del Gobierno provincial. No se trataba de un simple taller de oficios. El centro debía formar técnicos y operadores en máquinas-herramienta de control numérico y alta tecnología, capacitando tanto a jóvenes como a trabajadores industriales que buscaban perfeccionarse o ascender profesionalmente. El equipamiento previsto parecía un catálogo del futuro fabril: tornos, fresadoras, rectificadoras, alesadoras y centros de mecanizado controlados numéricamente. Italia se comprometía a financiar el cien por ciento de los equipos y servicios de origen italiano, además de aportar asistencia técnica, supervisar el montaje de las máquinas y enviar especialistas. Pero el documento más extraño de aquella jornada nació en Mendoza. El Instituto Nacional de Vitivinicultura firmó la Resolución C.16/1986, destinada a establecer el grado alcohólico mínimo de los vinos regionales y de mesa elaborados en los Valles Calchaquíes y Salta que fueran liberados al consumo a partir del 1 de agosto. Los técnicos habían comprobado que los diferentes microclimas producían variaciones importantes entre las bodegas y que imponer un único promedio regional podía perjudicar injustamente a determinados elaboradores. La solución fue tan minuciosa como insólita: fijar la graduación bodega por bodega, separando los vinos blancos de los denominados “vinos de color”. El anexo registró once firmas, entre ellas Los Parrales, Arnaldo Etchart, Michel Torino, Miralpeix, Benjamín Nanni y Andrés S. Rivadeneira. Los límites iban desde los 10,60 grados establecidos para un vino de color de El Recreo hasta los 16,30 grados exigidos para un blanco de Andrés S. Rivadeneira: una diferencia de 5,70 puntos dentro de una misma tabla oficial. También aparecía Acialba con un vino de mesa fijado en 11,20 grados. El documento incluso aclaraba que debía medirse el alcohol real presente en el vino, sin sumar el alcohol potencial que pudiera generarse por los azúcares reductores. Así, una resolución firmada en Mendoza terminó convirtiendo cada bodega, cada microclima y cada tipo de elaboración en una cifra diferente. Lo más sorprendente es que aquella norma de 1986 permaneció formalmente registrada durante casi cuatro décadas y recién fue eliminada del régimen normativo por una resolución del INV publicada en octubre de 2025. Fue una jornada extraordinaria de la Argentina alfonsinista: el Estado intentaba fortalecer la identidad cultural, modernizar la industria mediante cooperación internacional y controlar hasta el último grado de alcohol contenido en una botella. Un 24 de julio en el que el país quiso bailar su historia, fabricar el futuro y medir el vino con precisión casi quirúrgica. #RaúlAlfonsín #HistoriaArgentina #24DeJulio #BalletNacional #BalletFolklóricoNacional #CulturaArgentina #DanzaArgentina #IndustriaArgentina #TecnologíaIndustrial #MecánicaDePrecisión #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #InstitutoNacionalDeVitivinicultura #Mendoza #VinoArgentino #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineCulture #NationalBallet #FolkDance #IndustrialHistory #WineHistory #ArgentineWine #MendozaArgentina

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