sábado, 22 de agosto de 2026

🔥⚔️ ROSAS ANTE EL JUICIO DE LA HISTORIA: ¿TRAIDOR AL FEDERALISMO O ARQUITECTO DE OTRA ARGENTINA? —


Casi dos siglos después, una pregunta continúa dividiendo interpretaciones: ¿Juan Manuel de Rosas traicionó la causa federal o defendió un proyecto de país diferente al que comenzó a construirse después de Caseros? La respuesta no cabe cómodamente en las viejas etiquetas de “unitarios” y “federales”. El Pacto Federal, firmado el 4 de enero de 1831 por Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos —y posteriormente aceptado por las demás provincias— reconocía la libertad, independencia y derechos de cada Estado provincial. También contemplaba la convocatoria de un Congreso General Federativo cuando las provincias se encontraran “en plena libertad y tranquilidad”, con el objetivo de ordenar la administración del país, el comercio, la navegación, la distribución de las rentas y la deuda común. Rosas convirtió aquel acuerdo en la base política de la Confederación Argentina, pero sostuvo que una Constitución nacional no debía sancionarse antes de pacificar, organizar y vincular sólidamente a las provincias. Así lo explicó en su célebre carta a Facundo Quiroga, escrita en la Hacienda de Figueroa el 20 de diciembre de 1834: para él, intentar construir el techo constitucional sin afirmar previamente los cimientos provinciales podía provocar otra guerra. Sus adversarios consideraron que aquella prudencia se había transformado en una postergación indefinida. Mientras tanto, las provincias conservaban gobernadores, legislaturas, leyes y fuerzas militares propias, aunque delegaban el manejo de las relaciones exteriores en el gobernador de Buenos Aires. Ese sistema era confederal y distaba del centralismo unitario, pero escondía una contradicción decisiva: Buenos Aires controlaba el puerto, la Aduana y una parte extraordinaria de los recursos económicos, sin establecer una distribución nacional permanente de sus ingresos. La Ley de Aduanas de 1835 elevó aranceles y protegió numerosas producciones y manufacturas del interior frente a la competencia extranjera, pero la recaudación continuó bajo dominio bonaerense. Corrientes y Entre Ríos, además, reclamaban la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay para comerciar sin depender del puerto porteño. Allí comenzó a quebrarse el frente federal. El 1 de mayo de 1851, Justo José de Urquiza reasumió para Entre Ríos el manejo de sus relaciones exteriores y desafió abiertamente a Rosas. El Ejército Grande que venció en Caseros el 3 de febrero de 1852 reunió fuerzas entrerrianas y correntinas con contingentes del Estado Oriental del Uruguay y del Imperio del Brasil. Sin embargo, las restantes provincias no protagonizaron un levantamiento general contra Rosas y varios gobiernos continuaron respaldándolo. Esto demuestra que no existía una condena federal unánime, aunque tampoco permite convertir la falta de rebelión en un plebiscito favorable al gobernador porteño. Otro punto central fue la defensa de los ríos interiores durante la intervención anglo-francesa. La batalla de la Vuelta de Obligado, librada el 20 de noviembre de 1845, no puso fin al bloqueo: fue el episodio más emblemático de una resistencia que continuó con nuevos enfrentamientos durante 1846 y terminó por resolverse diplomáticamente mediante los acuerdos firmados con Gran Bretaña en 1849 y Francia en 1850, que reconocieron la navegación de los ríos interiores como sometida a las leyes de la Confederación. Caseros tampoco trajo la unidad inmediata que muchos imaginaban. Buenos Aires rechazó el Acuerdo de San Nicolás, se separó de la Confederación en septiembre de 1852 y no participó en la sanción original de la Constitución de 1853. Después llegaron Cepeda en 1859, el Pacto de San José de Flores y finalmente Pavón, el 17 de septiembre de 1861, que terminó con la Confederación y convirtió a Buenos Aires en el miembro dominante de la nueva organización nacional. Incluso después de la reunificación continuaron los levantamientos federales del interior, entre ellos la resistencia del Chacho Peñaloza en La Rioja. En cierto sentido, esos acontecimientos concedieron parcialmente la razón a la advertencia rosista: una Constitución, por sí sola, no podía borrar los conflictos económicos, políticos y territoriales entre Buenos Aires y las provincias. Pero también demostraron que la organización institucional ya no podía aplazarse eternamente. Rosas no fue simplemente un unitario disfrazado ni un federal sin contradicciones. Defendió una confederación de provincias soberanas, resistió la centralización política y sostuvo la integridad territorial, pero gobernó ese sistema desde la enorme supremacía económica, diplomática y militar de Buenos Aires. Caseros no enfrentó al federalismo contra el unitarismo en estado puro: enfrentó dos maneras distintas de construir la Argentina. Una pretendía organizarla gradualmente mediante pactos provinciales; la otra buscaba una Constitución, autoridades nacionales y libre navegación, aunque terminaría consolidándose bajo hegemonía porteña. La pregunta continúa abierta: ¿Rosas estaba defendiendo el verdadero federalismo, protegiendo el poder de Buenos Aires o intentando hacer ambas cosas al mismo tiempo? #JuanManuelDeRosas #Rosas #Federalismo #PactoFederal #BatallaDeCaseros #JustoJoséDeUrquiza #ConfederaciónArgentina #HistoriaArgentina #BuenosAires #ProvinciasArgentinas #VueltaDeObligado #ArgentineHistory #Federalism #BattleOfCaseros #MendozAntigua


No hay comentarios.:

Publicar un comentario