domingo, 13 de septiembre de 2026

🔥🍇❄️ 14 DE SEPTIEMBRE DE 1929: EL FRÍO QUE CAMBIÓ LA UVA MENDOCINA — EL INFORME QUE ANTICIPÓ UNA NUEVA ERA DE EXPORTACIÓN 🌎🚂(IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 14 de septiembre de 1929, la página 5 del diario Los Andes quedó vinculada a uno de los capítulos menos conocidos de la transformación agrícola de Mendoza: la búsqueda de una solución técnica que permitiera conservar la uva fresca durante los extensos viajes hacia los grandes mercados. La fecha y la página no son una referencia aislada: fueron recuperadas por la investigadora del CONICET Florencia Rodríguez Vázquez en su estudio Apuestas para una economía diversificada: la inserción de la uva de Mendoza (Argentina) en mercados externos (1907-1930), dedicado a reconstruir cómo la provincia comenzó a abrirse camino en la exportación de uvas de mesa. Allí, Los Andes del 14 de septiembre de 1929 aparece citado específicamente como fuente de un informe sobre el preenfriamiento de uvas, una cuestión decisiva para una fruta extremadamente delicada y perecedera. El problema era enorme: producir una buena uva no bastaba. Para venderla a miles de kilómetros había que seleccionar variedades resistentes, perfeccionar el embalaje, enfriar rápidamente la fruta después de cosechada y mantener condiciones adecuadas durante el traslado hasta Buenos Aires y, desde allí, hacia mercados internacionales. La investigación señala que Mendoza experimentaba desde años antes con esas tecnologías y que empresarios como Pedro Benegas, Manuel Ruano, José B. de San Martín y otros productores fuertemente capitalizados impulsaron el cultivo de uvas destinadas específicamente al consumo fresco y no a la elaboración de vino. La apuesta tenía antecedentes extraordinarios: Pedro Benegas había realizado ensayos con uvas para mercados extranjeros desde comienzos del siglo XX y su firma llegó a disponer de cámaras frigoríficas propias cuando esa tecnología todavía estaba fuera del alcance de la mayoría de los productores. Hacia 1928, Mosso Hnos. concentraba buena parte del servicio de preenfriamiento de las partidas, pero su elevado costo convenció al sector de que Mendoza necesitaba una instalación propia y de mayor escala. Ese mismo año se había constituido la Asociación de Productores de Uvas de Exportar de Mendoza, presidida inicialmente por José B. de San Martín y con Pedro Benegas entre sus dirigentes. Uno de sus grandes objetivos era precisamente construir un depósito frigorífico capaz de resolver el cuello de botella de la conservación. La asociación también promovía variedades especialmente aptas para viajar largas distancias, entre ellas Almería, Alfonso Lavallée, Corazón de Cabrito y Cornichón. El informe registrado por Los Andes aquel 14 de septiembre de 1929 aparece, por lo tanto, en un momento clave: el proyecto frigorífico estaba pasando de los reclamos y experimentos a una solución concreta. Según la versión depositada en CONICET Digital del trabajo de Rodríguez Vázquez, el plan se materializó en 1930 con participación financiera del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. La empresa ferroviaria también incorporó 70 vagones con ventilación especial para transportar producción desde la estación de San Rafael, demostrando hasta qué punto ferrocarril, refrigeración y exportación comenzaron a formar parte de una misma estrategia. El desafío no era menor. Mendoza estaba situada a enorme distancia de los puertos y las uvas podían perder calidad rápidamente si no se controlaban el calor, la manipulación y los tiempos de transporte. Por eso la investigación considera que el desarrollo de sistemas de preenfriamiento y refrigeración constituyó uno de los grandes saltos tecnológicos necesarios para colocar la fruta mendocina en mercados externos. Los ensayos impulsados también por el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico abarcaron sistemas de embalaje, tipos de cajones y variedades capaces de soportar el viaje; durante la década de 1920 incluso se realizaron experiencias orientadas al mercado de Estados Unidos. El dato adquiere todavía mayor dimensión porque aquella actividad representaba una alternativa a la enorme dependencia mendocina de la producción de vino. La economía provincial había atravesado crisis recurrentes y la exportación de uva fresca aparecía como una posibilidad de diversificación. Para fines de los años veinte ya existían gestiones comerciales en Estados Unidos y la documentación periodística registraba destinos y partidas destinadas al exterior. Así, aquella aparentemente técnica página 5 de Los Andes del 14 de septiembre de 1929 conserva una pieza fundamental de una revolución silenciosa: Mendoza comenzaba a comprender que para conquistar mercados lejanos no alcanzaba con producir uvas excepcionales; también era necesario dominar el frío. Benegas, Ruano y otros pioneros ayudaron a introducir una tecnología que terminaría siendo esencial no solamente para la uva de mesa, sino para el posterior desarrollo de la moderna industria frutícola mendocina. 🍇❄️🚂🌎 Fuente de origen de la información: Los Andes, Mendoza, 14 de septiembre de 1929, p. 5, citado por Florencia Rodríguez Vázquez, “Apuestas para una economía diversificada: la inserción de la uva de Mendoza (Argentina) en mercados externos (1907-1930)”, América Latina en la Historia Económica, año 23, Nº 1, 2016, pp. 152-183, investigación de CONICET/INCIHUSA. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #UvaMendocina #UvaDeMesa #Vitivinicultura #Fruticultura #LosAndes #Exportación #Ferrocarril #IndustriaFrigorífica #HistoriaArgentina #PedroBenegas #ManuelRuano #BuenosAiresAlPacífico #MendozaHistory #ArgentineHistory #GrapeExport #TableGrapes #Viticulture #FruitIndustry #RailwayHistory #ColdStorage #AgriculturalHistory

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