El 17 de septiembre de 1891 Mendoza dio un paso decisivo en la construcción de su sistema sanitario: durante el gobierno de Oseas Guiñazú, el Poder Ejecutivo decretó la creación del Consejo Provincial de Higiene, una institución destinada a ejercer la superintendencia y reglamentación de los servicios médicos y sanitarios de la provincia. El organismo podía dictar su propio reglamento, sujeto a la aprobación del Ejecutivo, y posteriormente desarrolló competencias que comprendían la prevención y combate de epidemias, la elaboración de estadísticas sanitarias, la vigilancia del ejercicio de la medicina y otras profesiones vinculadas al “arte de curar”, la inspección de hospitales y farmacias, el control bromatológico y el asesoramiento sanitario al gobierno. Su primer presidente fue el médico Carlos Ponce. La decisión no surgió de un escritorio aislado de la realidad. Mendoza atravesaba una situación sanitaria alarmante. Una comisión oficial formada meses antes describió calles recorridas por acequias que recibían aguas servidas de las viviendas, mercados con insuficiente inspección, acumulaciones de basura junto al Zanjón y en calle Pedro Molina e incluso desperdicios orgánicos utilizados para rellenar el antiguo lago de la Plaza Independencia. La ciudad carecía de una red cloacal y dependía en gran medida de pozos ciegos para eliminar los residuos de una población que ya superaba los veinte mil habitantes. La misma comisión recomendó establecer una autoridad sanitaria permanente capaz de reglamentar el ejercicio de la medicina y la farmacia y asesorar al gobierno. Aquella propuesta desembocó directamente en el decreto del 17 de septiembre. A ese deterioro ambiental se sumaba el temor permanente a las enfermedades infecciosas. Mendoza todavía conservaba el recuerdo de la devastadora epidemia de cólera de 1886, y durante los años siguientes la viruela, la difteria, la fiebre tifoidea y la tuberculosis constituían problemas graves para la población. Una investigación histórica de la Universidad Nacional de Cuyo señala que solamente en 1889 la viruela llegó a representar aproximadamente una cuarta parte de las muertes registradas en la provincia, mientras la difteria adquiría características endémicas y presentaba periódicos brotes epidémicos. El Consejo nacido en 1891 respondió precisamente a ese escenario. Sus integrantes podían proponer medidas preventivas para enfermedades endémicas, epidémicas y transmisibles; durante la crisis de difteria se recurrió al aislamiento de viviendas infectadas, desinfección de casas y ropas, asistencia gratuita para personas sin recursos, vigilancia de acequias y zanjones e incluso al cierre temporal de establecimientos educativos en determinadas circunstancias. Sin embargo, la historia institucional fue accidentada. La falta de recursos debilitó al organismo y en 1894 fue eliminado de las partidas del presupuesto provincial. Poco después, el gobierno contrató al prestigioso higienista Emilio Ramón Coni, cuyo estudio Saneamiento de la Provincia de Mendoza, publicado en 1897, formuló un programa mucho más ambicioso para transformar la salud pública. Ese proceso terminaría llevando a nuevas estructuras sanitarias, entre ellas la Dirección General de Salubridad. Por eso, aquel decreto del 17 de septiembre de 1891 merece ser leído como mucho más que una disposición administrativa: representa uno de los momentos en que Mendoza comenzó a convertir la lucha contra las epidemias, la contaminación del agua, los alimentos inseguros y las condiciones insalubres de la ciudad en una responsabilidad permanente del Estado. Y el documento que lo testimonia todavía puede rastrearse en una fuente excepcional: el Registro Oficial de la Provincia de Mendoza correspondiente a 1891, publicado por la Imprenta “El Porvenir” en 1895, páginas 224 a 229. Fuente: Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, año 1891, Mendoza, Imprenta “El Porvenir”, 1895, pp. 224-229; Marta B. Duda y Silvia E. Bustos de Evans, “Antecedentes de la medicina preventiva en Mendoza: El Consejo Provincial de Higiene (1886-1896)”, Universidad Nacional de Cuyo; María E. Musso de Cavallaro y Norma I. Sánchez, “Historia de la medicina legal en Mendoza”; Ivana Hirschegger, CONICET-UNLP, estudios sobre la organización sanitaria mendocina. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Efemerides #17DeSeptiembre #SaludPublica #HistoriaArgentina #ConsejoDeHigiene #Medicina #Higiene #Epidemias #Acequias #ArchivoHistorico #PatrimonioDocumental #PublicHealth #MendozaHistory #ArgentineHistory #MedicalHistory #Sanitation #Epidemics #HistoricalArchives
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
jueves, 17 de septiembre de 2026
🔥🦠📜 17 DE SEPTIEMBRE DE 1891: ACEQUIAS CON AGUAS SERVIDAS, BASURALES Y EPIDEMIAS — EL DÍA EN QUE MENDOZA ORGANIZÓ UNA NUEVA AUTORIDAD PARA DEFENDER LA SALUD PÚBLICA — (IMAGEN ILUSTRAIVA)
El 17 de septiembre de 1891 Mendoza dio un paso decisivo en la construcción de su sistema sanitario: durante el gobierno de Oseas Guiñazú, el Poder Ejecutivo decretó la creación del Consejo Provincial de Higiene, una institución destinada a ejercer la superintendencia y reglamentación de los servicios médicos y sanitarios de la provincia. El organismo podía dictar su propio reglamento, sujeto a la aprobación del Ejecutivo, y posteriormente desarrolló competencias que comprendían la prevención y combate de epidemias, la elaboración de estadísticas sanitarias, la vigilancia del ejercicio de la medicina y otras profesiones vinculadas al “arte de curar”, la inspección de hospitales y farmacias, el control bromatológico y el asesoramiento sanitario al gobierno. Su primer presidente fue el médico Carlos Ponce. La decisión no surgió de un escritorio aislado de la realidad. Mendoza atravesaba una situación sanitaria alarmante. Una comisión oficial formada meses antes describió calles recorridas por acequias que recibían aguas servidas de las viviendas, mercados con insuficiente inspección, acumulaciones de basura junto al Zanjón y en calle Pedro Molina e incluso desperdicios orgánicos utilizados para rellenar el antiguo lago de la Plaza Independencia. La ciudad carecía de una red cloacal y dependía en gran medida de pozos ciegos para eliminar los residuos de una población que ya superaba los veinte mil habitantes. La misma comisión recomendó establecer una autoridad sanitaria permanente capaz de reglamentar el ejercicio de la medicina y la farmacia y asesorar al gobierno. Aquella propuesta desembocó directamente en el decreto del 17 de septiembre. A ese deterioro ambiental se sumaba el temor permanente a las enfermedades infecciosas. Mendoza todavía conservaba el recuerdo de la devastadora epidemia de cólera de 1886, y durante los años siguientes la viruela, la difteria, la fiebre tifoidea y la tuberculosis constituían problemas graves para la población. Una investigación histórica de la Universidad Nacional de Cuyo señala que solamente en 1889 la viruela llegó a representar aproximadamente una cuarta parte de las muertes registradas en la provincia, mientras la difteria adquiría características endémicas y presentaba periódicos brotes epidémicos. El Consejo nacido en 1891 respondió precisamente a ese escenario. Sus integrantes podían proponer medidas preventivas para enfermedades endémicas, epidémicas y transmisibles; durante la crisis de difteria se recurrió al aislamiento de viviendas infectadas, desinfección de casas y ropas, asistencia gratuita para personas sin recursos, vigilancia de acequias y zanjones e incluso al cierre temporal de establecimientos educativos en determinadas circunstancias. Sin embargo, la historia institucional fue accidentada. La falta de recursos debilitó al organismo y en 1894 fue eliminado de las partidas del presupuesto provincial. Poco después, el gobierno contrató al prestigioso higienista Emilio Ramón Coni, cuyo estudio Saneamiento de la Provincia de Mendoza, publicado en 1897, formuló un programa mucho más ambicioso para transformar la salud pública. Ese proceso terminaría llevando a nuevas estructuras sanitarias, entre ellas la Dirección General de Salubridad. Por eso, aquel decreto del 17 de septiembre de 1891 merece ser leído como mucho más que una disposición administrativa: representa uno de los momentos en que Mendoza comenzó a convertir la lucha contra las epidemias, la contaminación del agua, los alimentos inseguros y las condiciones insalubres de la ciudad en una responsabilidad permanente del Estado. Y el documento que lo testimonia todavía puede rastrearse en una fuente excepcional: el Registro Oficial de la Provincia de Mendoza correspondiente a 1891, publicado por la Imprenta “El Porvenir” en 1895, páginas 224 a 229. Fuente: Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, año 1891, Mendoza, Imprenta “El Porvenir”, 1895, pp. 224-229; Marta B. Duda y Silvia E. Bustos de Evans, “Antecedentes de la medicina preventiva en Mendoza: El Consejo Provincial de Higiene (1886-1896)”, Universidad Nacional de Cuyo; María E. Musso de Cavallaro y Norma I. Sánchez, “Historia de la medicina legal en Mendoza”; Ivana Hirschegger, CONICET-UNLP, estudios sobre la organización sanitaria mendocina. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Efemerides #17DeSeptiembre #SaludPublica #HistoriaArgentina #ConsejoDeHigiene #Medicina #Higiene #Epidemias #Acequias #ArchivoHistorico #PatrimonioDocumental #PublicHealth #MendozaHistory #ArgentineHistory #MedicalHistory #Sanitation #Epidemics #HistoricalArchives

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