Hace exactamente 247 años, cuando Mendoza todavía formaba parte del mundo colonial hispanoamericano, un documento aparentemente destinado a ordenar una herencia terminó conservando una extraordinaria fotografía escrita de la vitivinicultura mendocina del siglo XVIII. El 29 de septiembre de 1779 quedó fechado el testamento de Diego Pringles, pieza preservada en el Archivo General de la Provincia de Mendoza dentro de la Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 263, Documento 22. En el folio 6 vuelta aparece un detalle fascinante: entre los bienes vinculados a su chacra figuraba un lagar compuesto por cuatro cueros, testimonio material de una tecnología utilizada para transformar las uvas en mosto mucho antes de la llegada de las grandes bodegas industriales. La referencia documental ha sido estudiada en una investigación de la Universidad Nacional de Cuyo dedicada a la arquitectura y equipamiento de las antiguas bodegas mendocinas, que identifica expresamente el “Testamento de Diego Pringles, Mendoza, 29 de septiembre de 1779” y señala aquel lagar de cuatro cueros. Aquellos lagares de cuero no fueron una rareza aislada: investigaciones históricas sobre la elaboración del vino en Chile y Argentina entre los siglos XVI y XIX contabilizaron centenares de estructuras de este tipo y explican que los viticultores cuyanos recurrieron ampliamente a cueros como superficie para recibir y pisar la uva. El mosto obtenido podía escurrirse hacia recipientes inferiores antes de pasar a las vasijas destinadas a su fermentación y conservación. Pero el expediente de Pringles revela todavía más. Un inventario de sus bienes fechado el 12 de julio de 1779 registra que poseía nada menos que 1.990 “cepas de poda”, tasadas a 3½ reales cada una, una modalidad de conducción de la vid que los estudios especializados vinculan con las posteriores llamadas “cepas de cabeza”. Esa cifra permite imaginar una explotación vitícola considerable para la Mendoza de fines del siglo XVIII y demuestra que detrás de aquel sencillo lagar existía toda una unidad productiva organizada alrededor de la viña. Conviene, sin embargo, separar cuidadosamente las fechas: el inventario corresponde al 12 de julio, mientras que la efeméride del 29 de septiembre se sostiene específicamente en el testamento; ambos documentos forman parte del mismo conjunto testamentario, pero no deben confundirse. Lo extraordinario es que, casi dos siglos y medio después, unas pocas líneas manuscritas permiten reconstruir aspectos concretos del trabajo rural mendocino: las cepas, el lagar, la transformación de la uva y el patrimonio que una familia transmitía de una generación a otra. Mucho antes de las prensas mecánicas, los grandes toneles y las bodegas monumentales, el vino mendocino también nacía sobre cueros, bajo estructuras sencillas y mediante técnicas artesanales heredadas durante generaciones. El testamento de Diego Pringles no es solamente una declaración de última voluntad: es una pequeña ventana abierta a los orígenes de una actividad que terminaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de Mendoza. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 263, Documento 22, 17 folios, “Testamento de Diego Pringles”, Mendoza, 29 de septiembre de 1779, folio 6v.; Universidad Nacional de Cuyo, investigación sobre la bodega y los lagares mendocinos de los siglos XVII y XVIII; Pablo Lacoste, “Parrales, braceros y cepas de cabeza: el arte de cultivar la viña en Mendoza y San Juan (1561-1869)”, Historia, vol. 43, 2010. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #29DeSeptiembre #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoMendocino #Lagar #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #WineHistory #MendozaHistory #ColonialMendoza #ArgentineHistory #WinemakingHistory #HistoricMendoza #WineHeritage
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martes, 29 de septiembre de 2026
🍷 29 DE SEPTIEMBRE DE 1779: EL TESTAMENTO QUE REVELA CÓMO NACÍA EL VINO EN LA MENDOZA COLONIAL
Hace exactamente 247 años, cuando Mendoza todavía formaba parte del mundo colonial hispanoamericano, un documento aparentemente destinado a ordenar una herencia terminó conservando una extraordinaria fotografía escrita de la vitivinicultura mendocina del siglo XVIII. El 29 de septiembre de 1779 quedó fechado el testamento de Diego Pringles, pieza preservada en el Archivo General de la Provincia de Mendoza dentro de la Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 263, Documento 22. En el folio 6 vuelta aparece un detalle fascinante: entre los bienes vinculados a su chacra figuraba un lagar compuesto por cuatro cueros, testimonio material de una tecnología utilizada para transformar las uvas en mosto mucho antes de la llegada de las grandes bodegas industriales. La referencia documental ha sido estudiada en una investigación de la Universidad Nacional de Cuyo dedicada a la arquitectura y equipamiento de las antiguas bodegas mendocinas, que identifica expresamente el “Testamento de Diego Pringles, Mendoza, 29 de septiembre de 1779” y señala aquel lagar de cuatro cueros. Aquellos lagares de cuero no fueron una rareza aislada: investigaciones históricas sobre la elaboración del vino en Chile y Argentina entre los siglos XVI y XIX contabilizaron centenares de estructuras de este tipo y explican que los viticultores cuyanos recurrieron ampliamente a cueros como superficie para recibir y pisar la uva. El mosto obtenido podía escurrirse hacia recipientes inferiores antes de pasar a las vasijas destinadas a su fermentación y conservación. Pero el expediente de Pringles revela todavía más. Un inventario de sus bienes fechado el 12 de julio de 1779 registra que poseía nada menos que 1.990 “cepas de poda”, tasadas a 3½ reales cada una, una modalidad de conducción de la vid que los estudios especializados vinculan con las posteriores llamadas “cepas de cabeza”. Esa cifra permite imaginar una explotación vitícola considerable para la Mendoza de fines del siglo XVIII y demuestra que detrás de aquel sencillo lagar existía toda una unidad productiva organizada alrededor de la viña. Conviene, sin embargo, separar cuidadosamente las fechas: el inventario corresponde al 12 de julio, mientras que la efeméride del 29 de septiembre se sostiene específicamente en el testamento; ambos documentos forman parte del mismo conjunto testamentario, pero no deben confundirse. Lo extraordinario es que, casi dos siglos y medio después, unas pocas líneas manuscritas permiten reconstruir aspectos concretos del trabajo rural mendocino: las cepas, el lagar, la transformación de la uva y el patrimonio que una familia transmitía de una generación a otra. Mucho antes de las prensas mecánicas, los grandes toneles y las bodegas monumentales, el vino mendocino también nacía sobre cueros, bajo estructuras sencillas y mediante técnicas artesanales heredadas durante generaciones. El testamento de Diego Pringles no es solamente una declaración de última voluntad: es una pequeña ventana abierta a los orígenes de una actividad que terminaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de Mendoza. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 263, Documento 22, 17 folios, “Testamento de Diego Pringles”, Mendoza, 29 de septiembre de 1779, folio 6v.; Universidad Nacional de Cuyo, investigación sobre la bodega y los lagares mendocinos de los siglos XVII y XVIII; Pablo Lacoste, “Parrales, braceros y cepas de cabeza: el arte de cultivar la viña en Mendoza y San Juan (1561-1869)”, Historia, vol. 43, 2010. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #29DeSeptiembre #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoMendocino #Lagar #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #WineHistory #MendozaHistory #ColonialMendoza #ArgentineHistory #WinemakingHistory #HistoricMendoza #WineHeritage

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