El 19 de mayo de 1984, el Festival de Cannes fue escenario de uno de esos acontecimientos que terminan convertidos en leyenda cinematográfica. Fuera de competencia se proyectó Once Upon a Time in America —Érase una vez en América—, la monumental obra con la que Sergio Leone cerraría su carrera como director. Robert De Niro, James Woods, Elizabeth McGovern, Tuesday Weld, Joe Pesci y una jovencísima Jennifer Connelly formaban parte de una historia de amistad, ambición, violencia, amor, memoria y traición que atravesaba varias décadas de la vida de un grupo de jóvenes del Lower East Side de Nueva York. La versión presentada en Cannes duraba cerca de tres horas y cincuenta minutos y conservaba la estructura concebida por Leone: un gigantesco rompecabezas narrativo que viajaba entre pasado y presente siguiendo los recuerdos de David “Noodles” Aaronson. Pero para comprender el nacimiento de aquella película hay que retroceder muchos años. Después de revolucionar el western con Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el feo y el malo, Leone quedó fascinado por The Hoods, el libro publicado en 1952 por Harry Grey sobre el mundo criminal neoyorquino. El proyecto terminaría obsesionándolo durante años hasta convertirse en la película más ambiciosa de su carrera. AFI documenta que Leone comenzó a imaginar una adaptación después de terminar El bueno, el malo y el feo, mucho antes de que pudiera finalmente llevarla ante las cámaras. Y aquí aparece uno de los cruces más fascinantes de la historia del cine: El Padrino. El propio Leone declaró en una entrevista realizada en Cannes en 1984 que Mario Puzo había llegado hasta él antes de que Francis Ford Coppola dirigiera la célebre película de 1972 y que rechazó el proyecto. Décadas después, la historia sigue siendo recordada como una de las grandes bifurcaciones posibles de Hollywood: Leone pudo haber dirigido The Godfather, pero finalmente Coppola convirtió la novela de Puzo en una de las películas fundamentales del siglo XX. Leone tomó otro camino. Su película no sería simplemente “otro Padrino”. Érase una vez en América transformaría el género de gánsteres en una amarga reflexión sobre el paso del tiempo. Noodles y Max, interpretados en su etapa adulta por Robert De Niro y James Woods, comienzan como muchachos de un barrio pobre y avanzan hacia el crimen organizado durante los años de la Prohibición. Pero Leone rompe continuamente la cronología: los recuerdos aparecen, desaparecen y regresan como fragmentos de una vida que su protagonista intenta reconstruir. El director necesitó años de preparación y un enorme despliegue internacional para levantar aquel universo de calles, estaciones, bares, automóviles, hoteles y barrios de otra época. La fotografía de Tonino Delli Colli y la música de Ennio Morricone terminaron siendo piezas inseparables de esa atmósfera. Morricone, amigo y antiguo compañero de escuela de Leone, compuso una de las bandas sonoras más recordadas de su carrera. Sin embargo, la partitura quedó fuera de la competencia por el Oscar: el catálogo del American Film Institute señala que la música no fue formalmente presentada para consideración de la Academia. Cuando llegó el momento del montaje comenzó el verdadero drama detrás de cámaras. Leone imaginaba una obra de más de cuatro horas y llegó a trabajar con una versión ideal cercana a las cuatro horas y veinticinco minutos. Él mismo realizó importantes sacrificios hasta obtener la versión europea de aproximadamente tres horas y cuarenta y nueve minutos exhibida en Cannes. Para el mercado estadounidense, sin embargo, ocurrió algo radical: la película fue reducida a aproximadamente dos horas y veinte minutos y, todavía más grave para su concepción narrativa, los saltos temporales fueron reorganizados en orden cronológico. AFI documenta que Leone se opuso públicamente a esa decisión y describió aquel montaje estadounidense como irreconocible e incomprensible; el instituto registra además distintos metrajes de aquella edición comercial, entre 135 y 147 minutos.La alteración había cambiado precisamente aquello que constituía el corazón de la obra: el tiempo, los recuerdos y la incertidumbre. La versión estadounidense llegó a los cines el 1 de junio de 1984 y terminó siendo un fracaso comercial; AFI señala una recaudación aproximada de 5,3 millones de dólares tras su estreno. El contraste resultó extraordinario: mientras la versión extensa comenzaba a ser defendida como una obra cinematográfica de enorme ambición, millones de espectadores estadounidenses habían recibido una película profundamente recortada y estructuralmente diferente. Esa batalla por el montaje es justamente uno de los núcleos de la historia transmitida durante décadas alrededor del film. Atrapado por Markdown Sergio Leone murió el 30 de abril de 1989 sin volver a dirigir otra película. Sin embargo, la historia de Érase una vez en América todavía guardaba un último capítulo. En 2012, casi tres décadas después de aquel estreno, el Festival de Cannes volvió a recibirla dentro de Cannes Classics mediante una restauración impulsada por The Film Foundation, presidida por Martin Scorsese, y realizada por la Cineteca di Bologna junto con L’Immagine Ritrovata, Andrea Leone Films y Regency Enterprises. El proyecto recuperó alrededor de 25 minutos de material adicional y reconstruyó una versión de más de cuatro horas, intentando aproximarse todavía más al montaje que Leone había imaginado.Así, la película que Hollywood había reducido y reorganizado terminó regresando, décadas después, a Cannes para recuperar una parte de aquello que el tiempo le había quitado. Hay una ironía extraordinaria en toda la historia: Sergio Leone pudo dirigir El Padrino y lo rechazó; Francis Ford Coppola convirtió aquella oportunidad en una leyenda. Leone, en cambio, dedicó buena parte de su vida a levantar su propia visión del crimen y del sueño americano. El resultado fue Érase una vez en América, una película donde los gánsteres envejecen, los amigos se traicionan, los amores desaparecen y hasta los recuerdos pueden mentir. No fue simplemente la respuesta de Leone a El Padrino: fue su despedida del cine y una reflexión gigantesca sobre algo mucho más poderoso que cualquier mafia: el tiempo. #ÉraseUnaVezEnAmérica #OnceUponATimeInAmerica #SergioLeone #RobertDeNiro #JamesWoods #EnnioMorricone #HistoriaDelCine #CineClásico #ElPadrino #TheGodfather #FrancisFordCoppola #Cannes #CineItaliano #Gangsters #Hollywood #CinemaHistory #ClassicCinema #FilmHistory #ItalianCinema #MovieLegends #GangsterMovies #CannesFilmFestival #CinemaMasterpiece Fuente de origen: Festival de Cannes — archivos de Once Upon a Time in America y Cannes Classics 2012; American Film Institute, AFI Catalog; Cineteca di Bologna; Los Angeles Times, entrevistas y archivo histórico sobre Sergio Leone y El Padrino.
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
miércoles, 30 de septiembre de 2026
EL PADRINO QUE SERGIO LEONE RECHAZÓ Y LA OBRA MAESTRA QUE HOLLYWOOD DESTROZÓ: LA INCREÍBLE HISTORIA DE ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA
El 19 de mayo de 1984, el Festival de Cannes fue escenario de uno de esos acontecimientos que terminan convertidos en leyenda cinematográfica. Fuera de competencia se proyectó Once Upon a Time in America —Érase una vez en América—, la monumental obra con la que Sergio Leone cerraría su carrera como director. Robert De Niro, James Woods, Elizabeth McGovern, Tuesday Weld, Joe Pesci y una jovencísima Jennifer Connelly formaban parte de una historia de amistad, ambición, violencia, amor, memoria y traición que atravesaba varias décadas de la vida de un grupo de jóvenes del Lower East Side de Nueva York. La versión presentada en Cannes duraba cerca de tres horas y cincuenta minutos y conservaba la estructura concebida por Leone: un gigantesco rompecabezas narrativo que viajaba entre pasado y presente siguiendo los recuerdos de David “Noodles” Aaronson. Pero para comprender el nacimiento de aquella película hay que retroceder muchos años. Después de revolucionar el western con Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el feo y el malo, Leone quedó fascinado por The Hoods, el libro publicado en 1952 por Harry Grey sobre el mundo criminal neoyorquino. El proyecto terminaría obsesionándolo durante años hasta convertirse en la película más ambiciosa de su carrera. AFI documenta que Leone comenzó a imaginar una adaptación después de terminar El bueno, el malo y el feo, mucho antes de que pudiera finalmente llevarla ante las cámaras. Y aquí aparece uno de los cruces más fascinantes de la historia del cine: El Padrino. El propio Leone declaró en una entrevista realizada en Cannes en 1984 que Mario Puzo había llegado hasta él antes de que Francis Ford Coppola dirigiera la célebre película de 1972 y que rechazó el proyecto. Décadas después, la historia sigue siendo recordada como una de las grandes bifurcaciones posibles de Hollywood: Leone pudo haber dirigido The Godfather, pero finalmente Coppola convirtió la novela de Puzo en una de las películas fundamentales del siglo XX. Leone tomó otro camino. Su película no sería simplemente “otro Padrino”. Érase una vez en América transformaría el género de gánsteres en una amarga reflexión sobre el paso del tiempo. Noodles y Max, interpretados en su etapa adulta por Robert De Niro y James Woods, comienzan como muchachos de un barrio pobre y avanzan hacia el crimen organizado durante los años de la Prohibición. Pero Leone rompe continuamente la cronología: los recuerdos aparecen, desaparecen y regresan como fragmentos de una vida que su protagonista intenta reconstruir. El director necesitó años de preparación y un enorme despliegue internacional para levantar aquel universo de calles, estaciones, bares, automóviles, hoteles y barrios de otra época. La fotografía de Tonino Delli Colli y la música de Ennio Morricone terminaron siendo piezas inseparables de esa atmósfera. Morricone, amigo y antiguo compañero de escuela de Leone, compuso una de las bandas sonoras más recordadas de su carrera. Sin embargo, la partitura quedó fuera de la competencia por el Oscar: el catálogo del American Film Institute señala que la música no fue formalmente presentada para consideración de la Academia. Cuando llegó el momento del montaje comenzó el verdadero drama detrás de cámaras. Leone imaginaba una obra de más de cuatro horas y llegó a trabajar con una versión ideal cercana a las cuatro horas y veinticinco minutos. Él mismo realizó importantes sacrificios hasta obtener la versión europea de aproximadamente tres horas y cuarenta y nueve minutos exhibida en Cannes. Para el mercado estadounidense, sin embargo, ocurrió algo radical: la película fue reducida a aproximadamente dos horas y veinte minutos y, todavía más grave para su concepción narrativa, los saltos temporales fueron reorganizados en orden cronológico. AFI documenta que Leone se opuso públicamente a esa decisión y describió aquel montaje estadounidense como irreconocible e incomprensible; el instituto registra además distintos metrajes de aquella edición comercial, entre 135 y 147 minutos.La alteración había cambiado precisamente aquello que constituía el corazón de la obra: el tiempo, los recuerdos y la incertidumbre. La versión estadounidense llegó a los cines el 1 de junio de 1984 y terminó siendo un fracaso comercial; AFI señala una recaudación aproximada de 5,3 millones de dólares tras su estreno. El contraste resultó extraordinario: mientras la versión extensa comenzaba a ser defendida como una obra cinematográfica de enorme ambición, millones de espectadores estadounidenses habían recibido una película profundamente recortada y estructuralmente diferente. Esa batalla por el montaje es justamente uno de los núcleos de la historia transmitida durante décadas alrededor del film. Atrapado por Markdown Sergio Leone murió el 30 de abril de 1989 sin volver a dirigir otra película. Sin embargo, la historia de Érase una vez en América todavía guardaba un último capítulo. En 2012, casi tres décadas después de aquel estreno, el Festival de Cannes volvió a recibirla dentro de Cannes Classics mediante una restauración impulsada por The Film Foundation, presidida por Martin Scorsese, y realizada por la Cineteca di Bologna junto con L’Immagine Ritrovata, Andrea Leone Films y Regency Enterprises. El proyecto recuperó alrededor de 25 minutos de material adicional y reconstruyó una versión de más de cuatro horas, intentando aproximarse todavía más al montaje que Leone había imaginado.Así, la película que Hollywood había reducido y reorganizado terminó regresando, décadas después, a Cannes para recuperar una parte de aquello que el tiempo le había quitado. Hay una ironía extraordinaria en toda la historia: Sergio Leone pudo dirigir El Padrino y lo rechazó; Francis Ford Coppola convirtió aquella oportunidad en una leyenda. Leone, en cambio, dedicó buena parte de su vida a levantar su propia visión del crimen y del sueño americano. El resultado fue Érase una vez en América, una película donde los gánsteres envejecen, los amigos se traicionan, los amores desaparecen y hasta los recuerdos pueden mentir. No fue simplemente la respuesta de Leone a El Padrino: fue su despedida del cine y una reflexión gigantesca sobre algo mucho más poderoso que cualquier mafia: el tiempo. #ÉraseUnaVezEnAmérica #OnceUponATimeInAmerica #SergioLeone #RobertDeNiro #JamesWoods #EnnioMorricone #HistoriaDelCine #CineClásico #ElPadrino #TheGodfather #FrancisFordCoppola #Cannes #CineItaliano #Gangsters #Hollywood #CinemaHistory #ClassicCinema #FilmHistory #ItalianCinema #MovieLegends #GangsterMovies #CannesFilmFestival #CinemaMasterpiece Fuente de origen: Festival de Cannes — archivos de Once Upon a Time in America y Cannes Classics 2012; American Film Institute, AFI Catalog; Cineteca di Bologna; Los Angeles Times, entrevistas y archivo histórico sobre Sergio Leone y El Padrino.

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