martes, 6 de octubre de 2026

1880 - MENDOZA DESPUÉS DEL FIN: LAS RUINAS DEL TEMPLO QUE VIERON DESAPARECER UNA CIUDAD


Hacia 1880, casi dos décadas después de la catástrofe que transformó para siempre a Mendoza, la cámara del fotógrafo portugués José Christiano de Freitas Henriques Junior dejó registrado uno de los testimonios visuales más impresionantes de la antigua ciudad: las ruinas de la Iglesia de San Francisco, el monumental templo levantado originalmente por la Compañía de Jesús junto a la vieja Plaza Mayor. La imagen resulta estremecedora: enormes pilares mutilados, restos de bóvedas, muros abiertos al cielo, bloques de mampostería esparcidos por el terreno y varias personas diminutas frente a una arquitectura que todavía conservaba la escala de su antigua grandeza. Una precisión importante permite actualizar la datación tradicional de esta fotografía: aunque numerosas reproducciones la sitúan hacia 1884, investigaciones históricas identifican en el Archivo Histórico de Mendoza una Serie Christiano Junior fechada en 1880, que incluye la vista de las ruinas de la fachada de la iglesia y el colegio. Además, está documentado que Christiano Junior llegó a Mendoza en marzo de 1880 y que en julio de ese mismo año ya ofrecía públicamente “vistas de las ruinas”, por lo que alrededor de 1880 constituye hoy una datación mucho más sólida para este registro. La historia del lugar se remontaba mucho más atrás. Los jesuitas se establecieron en Mendoza en 1608; en 1609 comenzó a funcionar la enseñanza de primeras letras y en 1616 la residencia alcanzó categoría de Colegio de la Inmaculada Concepción. Entre 1636 y 1640 levantaron un primer templo, destruido por la gran inundación de 1716. Sobre aquel espacio comenzó entonces una construcción mucho más ambiciosa: entre 1716 y 1731 surgieron el nuevo colegio y la gran iglesia de la Inmaculada Concepción, edificados con ladrillo y mortero de cal, con tres naves, bóvedas, crucero y una gran cúpula que convirtió al conjunto en una de las obras arquitectónicas más importantes de la Mendoza colonial. Cuando Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de los dominios españoles en 1767, el complejo quedó bajo la administración de Temporalidades. El fuerte terremoto de Santa Rita del 22 de mayo de 1782 dañó severamente el templo y llegó a discutirse incluso su demolición. Los franciscanos recibieron finalmente el conjunto hacia 1798 y realizaron importantes reparaciones, especialmente en su fachada, iniciándose así la etapa que terminó dando al edificio el nombre con el que atravesaría el siglo XIX: San Francisco. Existe además una particularidad histórica pocas veces recordada: aunque Cuyo fue incorporado políticamente al Virreinato del Río de la Plata en 1776, Mendoza continuó dependiendo eclesiásticamente del Obispado de Santiago de Chile hasta la reorganización iniciada en 1806. Durante la época sanmartiniana el templo quedó íntimamente ligado a la memoria del Ejército de los Andes y llegó a custodiar reliquias fundamentales, entre ellas la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, la Bandera del Ejército y el bastón de mando entregado por San Martín a los franciscanos. Todo terminó violentamente la noche del 20 de marzo de 1861. A las 20:36, el terremoto más devastador de la historia mendocina arrasó la antigua capital; el INPRES señala que la destrucción fue prácticamente total y que las víctimas representaron alrededor de un tercio de la población. El templo de San Francisco se desplomó, aunque grandes sectores de sus muros, pilares y fachada permanecieron en pie como gigantescas cicatrices de aquella tragedia. Cuando Christiano Junior llegó diecinueve años después, la nueva Mendoza ya crecía hacia el oeste, pero en la antigua ciudad los escombros seguían hablando. Su cámara no fotografió simplemente un edificio destruido: registró la frontera física entre dos épocas, la Mendoza colonial desaparecida y la ciudad moderna nacida después del terremoto. Aquellos restos fueron preservados y hoy las Ruinas de San Francisco, ubicadas junto a la plaza Pedro del Castillo, son consideradas el único testimonio arquitectónico visible que permanece de la antigua ciudad anterior al gran sismo y fueron reconocidas oficialmente como Monumento Histórico Nacional. Más de un siglo y medio después, estas piedras continúan siendo uno de los documentos más poderosos de la memoria mendocina: el lugar donde una ciudad terminó y otra comenzó. Fuentes: Silvia A. Cirvini (CONICET, Hispania Sacra); Comisión Nacional de Monumentos; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza; INPRES; Archivo Histórico del Arzobispado de Mendoza; Abel Alexander y Archivo General de la Nación. Estas investigaciones permiten reconstruir la historia del antiguo templo jesuita, su paso a los franciscanos, los terremotos de 1782 y 1861 y la presencia de Christiano Junior en Mendoza. Fotografía: José Christiano de Freitas Henriques Junior, Ruinas de la antigua Iglesia de San Francisco, ex templo de la Compañía de Jesús, Mendoza, hacia 1880. Esta datación está respaldada por la identificación de la “Serie Christiano Junior (1880), Colección Gómez”, conservada en el Archivo Histórico de Mendoza, y resulta más consistente que la atribución posterior de “ca. 1884”.
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