martes, 6 de octubre de 2026

1891 - LA NOCHE EN QUE MENDOZA DESAPARECIÓ: SAN FRANCISCO, LAS RUINAS QUE SOBREVIVIERON AL TERREMOTO Y AL NACIMIENTO DE UNA NUEVA CIUDAD


En 1891, treinta años después de la catástrofe que cambió para siempre la historia de Mendoza, una cámara registró esta extraordinaria escena frente a las Ruinas de San Francisco: un elegante carruaje, jinetes, transeúntes y, detrás de ellos, los gigantescos fragmentos del antiguo templo elevándose todavía sobre el corazón de la ciudad destruida. Aquellos muros eran las cicatrices visibles de la noche del 20 de marzo de 1861, cuando a las 20:36 un terremoto de intensidad IX en la escala Mercalli arrasó prácticamente la antigua capital mendocina. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica lo considera el terremoto porcentualmente más destructivo de la historia argentina y uno de los grandes desastres sísmicos del siglo XIX: las cifras de víctimas varían según las fuentes históricas, pero la documentación provincial registra 4.247 muertos y alrededor de un millar de heridos, mientras otros cálculos históricos elevaron considerablemente aquella cifra. Después de los derrumbes llegaron los incendios provocados por lámparas y elementos de iluminación encendidos, el desborde de aguas y acequias, el hambre, los saqueos y una desesperada carrera por rescatar sobrevivientes enterrados bajo adobe, ladrillos y vigas. En medio del desastre sobresalieron figuras como el coronel Juan de Dios Videla y el joven Manuel José Olascoaga, quien había perdido a sus propios familiares y aun así colaboró en la organización del auxilio, el restablecimiento del orden y un improvisado servicio postal desde el cual partieron mensajes hacia Buenos Aires, San Juan y Chile solicitando ayuda. Desde el otro lado de la Cordillera también llegaron socorros; está documentada, entre otras actuaciones, la del médico chileno Wenceslao Díaz, que acudió a asistir a las víctimas. Pero el terremoto no solamente destruyó edificios: obligó a imaginar otra Mendoza. Después de intensos debates sobre si reconstruir sobre las mismas ruinas o trasladar el núcleo urbano, se impuso la creación de una nueva ciudad aproximadamente un kilómetro hacia el sudoeste, sobre terrenos de la antigua Hacienda de San Nicolás. El agrimensor e ingeniero Julio Gerónimo Balloffet intervino decisivamente en su trazado, concebido con amplias calles, grandes espacios abiertos y cinco plazas articuladas alrededor de la actual Plaza Independencia; sus planos estuvieron además entre los primeros del medio mendocino en incorporar el sistema métrico decimal, cuando todavía persistían medidas tradicionales como la vara. Mientras nacía esa nueva Mendoza, la vieja ciudad quedó marcada por sus ruinas, y ninguna resultó tan poderosa como la de San Francisco. Su historia comenzaba mucho antes del terremoto: los jesuitas se habían establecido en Mendoza en 1608 y el gran templo que vemos destruido en la fotografía fue levantado durante la primera mitad del siglo XVIII, entre 1716 y 1731, consagrado a la Inmaculada Concepción y vinculado al colegio de la Compañía de Jesús. Tenía tres naves abovedadas, crucero, cúpula, presbiterio y coro. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el complejo atravesó diferentes usos hasta que fue entregado definitivamente a los franciscanos hacia 1798; por eso debe corregirse la idea de que ya pertenecía a esa orden en 1788. El edificio había sufrido graves daños durante el terremoto de Santa Rita de 1782 y posteriormente fue reparado, pero nada pudo resistir la violencia de 1861. Aquel lugar estaba además unido profundamente a la epopeya sanmartiniana: allí se bendijo y juró por primera vez la Bandera del Ejército de los Andes y una de sus capillas estuvo vinculada al culto de Nuestra Señora del Carmen de Cuyo. En 1941 las ruinas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y hoy, en Ituzaingó y Beltrán, junto a la Plaza Pedro del Castillo, constituyen los únicos grandes restos visibles en pie de aquella Mendoza colonial desaparecida. La fotografía de 1891 resulta así mucho más que una postal antigua: mientras los caballos, el carruaje y los hombres continúan su camino delante de los muros quebrados, la imagen captura dos ciudades al mismo tiempo, la Mendoza colonial que había quedado sepultada en 1861 y la nueva Mendoza que avanzaba hacia el siglo XX. Es la extraordinaria fotografía de una ciudad que perdió su centro, enterró a miles de sus habitantes y, literalmente, tuvo que volver a levantarse desde los escombros. #Mendoza #MendozAntigua #MendozaAntigua #TerremotoDe1861 #RuinasDeSanFrancisco #ÁreaFundacional #HistoriaDeMendoza #PatrimonioMendocino #CiudadVieja #Jesuitas #SanFrancisco #ManuelOlascoaga #JulioBalloffet #MemoriaHistórica #FotografíaHistórica #ArgentinaAntigua #MendozaHistory #OldMendoza #MendozaEarthquake #SanFranciscoRuins #HistoricPhotography #ArgentineHistory #CulturalHeritage. FUENTES CONSULTADAS: INPRES; Comisión Nacional de Monumentos; Gobierno de Mendoza; Instituto Geográfico Nacional; Museo Histórico Nacional; investigaciones de Daniel Schávelzon y CONICET sobre el Área Fundacional; Academia Nacional de la Historia; y estudios de la UNCuyo sobre el terremoto de 1861, las Ruinas de San Francisco, Manuel Olascoaga, la ayuda chilena y la reconstrucción urbana de Mendoza. Fotografía: autor no identificado. Ruinas de San Francisco, Ciudad de Mendoza, 1891. Archivo General de la Nación, Departamento de Documentos Fotográficos, Caja 3039, inv. 410.

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