lunes, 5 de octubre de 2026

6 DE OCTUBRE DE 1607: CUANDO MENDOZA PAGÓ POR MANTENER ABIERTO EL CAMINO DE LOS ANDES — EL PUENTE DE ACONCAGUA QUE UNIÓ DOS MUNDOS


El 6 de octubre de 1607, cuando Mendoza apenas llevaba 46 años de existencia española, una sesión del Cabildo dejó escrita una extraordinaria fotografía documental de cómo funcionaban las comunicaciones, el gobierno y hasta la lucha cotidiana contra el agua en aquella remota ciudad cuyana. El acta comienza de manera inequívoca: “En la ciudad de Mendoza en seis días del mes de octubre…”, y se conserva en la edición de las Actas Capitulares de Mendoza, Tomo I, en la foja 37 vuelta y página impresa 416. Aquel día se reunieron las autoridades para tratar asuntos considerados necesarios para el bien de la república, y entre ellos apareció un problema que atravesaba literalmente la Cordillera de los Andes: el puente sobre el río Aconcagua, en territorio chileno. El Cabildo recibió dos cartas llegadas desde Santiago de Chile: una del capitán Juan Ortiz de Urbina, procurador del Cabildo mendocino que se encontraba en aquella ciudad, y otra del capitán Francisco de Puebla, mencionado también como procurador. Las comunicaciones informaban que en Santiago se había realizado una “derrama”, es decir, una contribución extraordinaria repartida entre determinados vecinos, destinada a “aderezar la puente de Aconcagua”. No se trataba de una obra secundaria. La propia introducción histórica de las Actas explica que la frecuente comunicación entre Mendoza y Santiago obligaba al mantenimiento permanente de la ruta cordillerana, y documentos del Cabildo de Santiago confirman que el 9 de agosto de 1607 ya se había discutido el arreglo del puente y se había determinado que los vecinos encomenderos de Cuyo afrontaran el gasto porque eran quienes obtenían mayor beneficio de aquella infraestructura. Así, casi 420 años atrás, Mendoza quedaba económicamente comprometida con una obra situada al otro lado de los Andes porque su supervivencia, abastecimiento, comercio y comunicaciones estaban profundamente ligados a Chile. La ruta de Aconcagua era entonces una de las grandes vías naturales entre Mendoza y Santiago: desde Cuyo avanzaba por los corredores cordilleranos vinculados al río Mendoza y Las Cuevas, cruzaba la alta montaña y descendía por la vertiente occidental hacia la cuenca del Aconcagua. Por aquellos pasos circulaban autoridades, correos, mercancías, ganado, viajeros e indígenas sometidos al sistema de encomienda y mita, una dimensión social durísima que también aparece documentada en las fuentes de la época. La decisión del 6 de octubre fue conservar aquellas cartas y estudiar cómo debían participar los vecinos mendocinos que todavía no figuraban en la derrama. El índice de la propia edición académica resume el acontecimiento sin ambigüedades: el 6-X-1607 se menciona una derrama realizada en Santiago para el puente sobre el río Aconcagua. Pero aquella sesión guarda todavía otro detalle excepcional. Alonso de Videla había sido nombrado fiel ejecutor, funcionario encargado, entre otras tareas, de vigilar aspectos esenciales del orden urbano, pero se encontraba enfermo y no podía desempeñar el cargo. El Cabildo resolvió sustituirlo por el regidor Bartolomé de Rojas y Puebla, quien prestó juramento y recibió la vara correspondiente. Entre las obligaciones expresamente consignadas quedó una que parece escrita para definir la historia misma de Mendoza: debía procurar que “la ciudad no se anegue con las aguas de las acequias”. La referencia continúa en la foja 38 y página 417. Así, una misma reunión capitular del 6 de octubre de 1607 conectó problemas separados por centenares de kilómetros: en el oeste, reparar un puente imprescindible para atravesar la ruta hacia Santiago; en Mendoza, controlar las acequias para impedir que el agua inundara la pequeña ciudad. Cordillera, caminos, contribuciones extraordinarias, comunicaciones internacionales, administración municipal, acequias e inundaciones quedaron reunidos en apenas unas páginas manuscritas. Y existe incluso un antecedente todavía más antiguo: en noviembre de 1602 el Cabildo mendocino ya había entregado documentación relacionada con Marcos Hernández, residente en Santiago, para hacer y mantener durante diez años un puente; la edición no permite asegurar con absoluta certeza que se tratara exactamente de la misma estructura del Aconcagua, por lo que conviene mantener separados ambos episodios. Lo que sí está documentalmente probado es que en 1607 el puente del Aconcagua era suficientemente importante para que los cabildos de ambos lados de los Andes discutieran quién debía costear su arreglo. Más que una simple reparación, aquella acta revela algo formidable: mucho antes del Ferrocarril Trasandino, de la actual Ruta Nacional 7 y de los modernos pasos internacionales, Mendoza ya dependía de una verdadera red transcordillerana y estaba dispuesta a invertir recursos para mantenerla abierta. El 6 de octubre de 1607, una pluma, unas cartas llegadas desde Santiago y una decisión tomada alrededor de la mesa del Cabildo dejaron registrado uno de los testimonios más tempranos de la histórica conexión entre Mendoza, Aconcagua y Chile. FUENTES CONSULTADAS: Academia Nacional de la Historia, Actas Capitulares de Mendoza, Tomo I (1566-1609), acta del 6 de octubre de 1607, fs. 37 vta.-38, pp. 416-417; referencias al Cabildo de Santiago y a la Colección de Historiadores de Chile de José Toribio Medina.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EfeméridesMendocinas #CabildoDeMendoza #Aconcagua #CordilleraDeLosAndes #HistoriaColonial #CaminoDeLosAndes #Chile #SantiagoDeChile #Acequias #PatrimonioHistórico #DocumentosHistóricos #HistoriaArgentina #MendozaHistory #Aconcagua #AndesMountains #ColonialHistory #HistoricalDocuments #ArgentinaHistory #ChileHistory


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