Hacia 1920, cuando habían transcurrido casi seis décadas desde el devastador terremoto que destruyó gran parte de la antigua ciudad de Mendoza, el fotógrafo Adolfo Müller inmortalizó una escena extraordinaria que hoy constituye un testimonio invaluable de nuestro patrimonio desaparecido. La imagen muestra las imponentes ruinas de la iglesia de San Agustín, uno de los edificios religiosos más importantes de la Mendoza colonial. A la izquierda se levanta un gigantesco fragmento de mampostería que todavía conserva parte de su ornamentación arquitectónica, mientras que, en el centro, varios hombres aparecen junto a un carruaje tirado por un caballo. A la derecha se observa otro carro de grandes ruedas, y en primer plano, numerosos fragmentos de escombros cubren el terreno. Un hombre vestido de blanco permanece junto a una de las estructuras, ofreciendo una referencia de la extraordinaria altura de aquellos muros supervivientes. ¡ERA LA MENDOZA QUE SE HABÍA RESISTIDO A DESAPARECER! Pero detrás de esta fotografía se esconde una historia todavía más sorprendente. Los antecedentes del establecimiento agustino se remontan al siglo XVII, cuando religiosos llegados desde Chile comenzaron a instalarse en Mendoza. En 1630 recibieron una donación vinculada con Juan Amaro y Ocampo y, hacia mediados de aquella centuria, consolidaron su presencia en la ciudad mediante el convento dedicado a Santa Mónica. El conjunto ocupaba una manzana cercana a la antigua Plaza Mayor, delimitada actualmente por las calles Alberdi, Montecaseros, Urquiza e Ituzaingó. Durante las últimas décadas del siglo XVIII se levantó allí un templo monumental, cuya construcción se desarrolló principalmente entre 1782 y comienzos del siglo XIX. Su campanario llegó a ser considerado el más alto de la ciudad y recibió el curioso apodo popular de «El Tupungatito», debido a su impresionante altura. ¡PERO SUS MUROS TAMBIÉN FUERON TESTIGOS DE LA GESTA LIBERTADORA! Durante el gobierno de José de San Martín en Cuyo, el convento fue utilizado como alojamiento del Batallón de Infantería N.º 11, entre fines de 1814 y 1816, integrándose así al enorme esfuerzo militar que permitió organizar el Ejército de los Andes. Otro episodio notable ocurrió en 1813, cuando fue sepultado en San Agustín el teniente general Pascual Ruiz Huidobro, antiguo gobernador de Montevideo, protagonista de las invasiones inglesas y participante del proceso político iniciado en mayo de 1810. Sin embargo, el destino del edificio cambió trágicamente la noche del 20 de marzo de 1861. Un terremoto devastador redujo a escombros gran parte de Mendoza y destruyó el templo, dejando en pie solamente algunos sectores de sus imponentes estructuras. Durante décadas, aquellas paredes permanecieron como una silenciosa advertencia de la catástrofe y como uno de los últimos testimonios visibles de la antigua capital colonial. En 1941, el Gobierno nacional reconoció oficialmente su importancia al declarar las ruinas Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto N.º 107.512. ¡PARECÍA QUE FINALMENTE SERÍAN PROTEGIDAS PARA SIEMPRE! Pero ocurrió exactamente lo contrario. El 26 de agosto de 1953, una decisión del Poder Ejecutivo nacional excluyó las ruinas de San Agustín de la nómina de monumentos protegidos, abriendo el camino para su demolición, concretada hacia 1954, con el propósito de destinar el terreno a un establecimiento educativo. Durante aquellas intervenciones, el investigador Carlos Rusconi realizó tareas de rescate de materiales arqueológicos y restos humanos. Según las investigaciones del arqueólogo mendocino Horacio Chiavazza, unos cuarenta esqueletos recuperados del antiguo templo terminaron depositados en una urna funeraria vinculada con la iglesia de Santo Domingo. Entre ellos podrían encontrarse los restos de Pascual Ruiz Huidobro, aunque su identificación continúa siendo incierta. Sobre el antiguo predio agustino funcionan actualmente establecimientos escolares, mientras que investigaciones arqueológicas posteriores han permitido estudiar vestigios de aquella construcción desaparecida. A diferencia de las ruinas de San Francisco, que todavía pueden contemplarse en el Área Fundacional, las de San Agustín dejaron de existir como monumento visible. Y aquí reside el extraordinario valor de esta fotografía: Adolfo Müller registró un edificio que había sobrevivido durante casi sesenta años a uno de los terremotos más destructivos de la historia argentina, pero que finalmente desaparecería por una decisión humana. ¡UNA JOYA ARQUITECTÓNICA PERDIDA UN ESCENARIO DE LA HISTORIA SANMARTINIANA Y UN RECUERDO INBORRABLE DE LA MENDOZA QUE YA NO EXISTE! Cada fotografía recuperada permite reconstruir fragmentos de una ciudad que permanece viva en sus documentos, en sus calles y en nuestra memoria colectiva. Porque cuando desaparece un monumento, sus fotografías pueden convertirse en el último puente entre el presente y un pasado que jamás debemos olvidar. Fuente: Centro de Investigación Fotográfico Histórico Argentino (CIFHA), fotografía N.º 217, registro AR-CIFHA-LM-AM-1-217; investigaciones arqueológicas de Horacio Chiavazza y colaboradores; Pasaporte Nacional Sanmartiniano; Decreto Nacional 107.512/1941; disposición de desafectación de agosto de 1953; Diario UNO, entrevista a Horacio Chiavazza (2024). Fotografía: Adolfo Müller (1882-?), aproximadamente 1920. Colección Luis Müller, CIFHA. Negativo original de 9 × 14,5 cm, proceso de gelatino-bromuro de plata. #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #RuinasDeSanAgustin #TerremotoDe1861 #Mendoza1861 #PatrimonioHistorico #FotografiasAntiguas #AreaFundacional #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #MendozaHistory #OldMendoza #HistoricPhotography #LostArchitecture #CulturalHeritage #ArgentinaHistory #HistoricRuins
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
jueves, 8 de octubre de 2026
¡SOBREVIVIÓ AL TERREMOTO DE 1861, PERO NO A LA DEMOLICIÓN! LA IMPRESIONANTE HISTORIA DEL GIGANTE PERDIDO DE MENDOZA: LAS RUINAS DE SAN AGUSTÍN EN 1920
Hacia 1920, cuando habían transcurrido casi seis décadas desde el devastador terremoto que destruyó gran parte de la antigua ciudad de Mendoza, el fotógrafo Adolfo Müller inmortalizó una escena extraordinaria que hoy constituye un testimonio invaluable de nuestro patrimonio desaparecido. La imagen muestra las imponentes ruinas de la iglesia de San Agustín, uno de los edificios religiosos más importantes de la Mendoza colonial. A la izquierda se levanta un gigantesco fragmento de mampostería que todavía conserva parte de su ornamentación arquitectónica, mientras que, en el centro, varios hombres aparecen junto a un carruaje tirado por un caballo. A la derecha se observa otro carro de grandes ruedas, y en primer plano, numerosos fragmentos de escombros cubren el terreno. Un hombre vestido de blanco permanece junto a una de las estructuras, ofreciendo una referencia de la extraordinaria altura de aquellos muros supervivientes. ¡ERA LA MENDOZA QUE SE HABÍA RESISTIDO A DESAPARECER! Pero detrás de esta fotografía se esconde una historia todavía más sorprendente. Los antecedentes del establecimiento agustino se remontan al siglo XVII, cuando religiosos llegados desde Chile comenzaron a instalarse en Mendoza. En 1630 recibieron una donación vinculada con Juan Amaro y Ocampo y, hacia mediados de aquella centuria, consolidaron su presencia en la ciudad mediante el convento dedicado a Santa Mónica. El conjunto ocupaba una manzana cercana a la antigua Plaza Mayor, delimitada actualmente por las calles Alberdi, Montecaseros, Urquiza e Ituzaingó. Durante las últimas décadas del siglo XVIII se levantó allí un templo monumental, cuya construcción se desarrolló principalmente entre 1782 y comienzos del siglo XIX. Su campanario llegó a ser considerado el más alto de la ciudad y recibió el curioso apodo popular de «El Tupungatito», debido a su impresionante altura. ¡PERO SUS MUROS TAMBIÉN FUERON TESTIGOS DE LA GESTA LIBERTADORA! Durante el gobierno de José de San Martín en Cuyo, el convento fue utilizado como alojamiento del Batallón de Infantería N.º 11, entre fines de 1814 y 1816, integrándose así al enorme esfuerzo militar que permitió organizar el Ejército de los Andes. Otro episodio notable ocurrió en 1813, cuando fue sepultado en San Agustín el teniente general Pascual Ruiz Huidobro, antiguo gobernador de Montevideo, protagonista de las invasiones inglesas y participante del proceso político iniciado en mayo de 1810. Sin embargo, el destino del edificio cambió trágicamente la noche del 20 de marzo de 1861. Un terremoto devastador redujo a escombros gran parte de Mendoza y destruyó el templo, dejando en pie solamente algunos sectores de sus imponentes estructuras. Durante décadas, aquellas paredes permanecieron como una silenciosa advertencia de la catástrofe y como uno de los últimos testimonios visibles de la antigua capital colonial. En 1941, el Gobierno nacional reconoció oficialmente su importancia al declarar las ruinas Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto N.º 107.512. ¡PARECÍA QUE FINALMENTE SERÍAN PROTEGIDAS PARA SIEMPRE! Pero ocurrió exactamente lo contrario. El 26 de agosto de 1953, una decisión del Poder Ejecutivo nacional excluyó las ruinas de San Agustín de la nómina de monumentos protegidos, abriendo el camino para su demolición, concretada hacia 1954, con el propósito de destinar el terreno a un establecimiento educativo. Durante aquellas intervenciones, el investigador Carlos Rusconi realizó tareas de rescate de materiales arqueológicos y restos humanos. Según las investigaciones del arqueólogo mendocino Horacio Chiavazza, unos cuarenta esqueletos recuperados del antiguo templo terminaron depositados en una urna funeraria vinculada con la iglesia de Santo Domingo. Entre ellos podrían encontrarse los restos de Pascual Ruiz Huidobro, aunque su identificación continúa siendo incierta. Sobre el antiguo predio agustino funcionan actualmente establecimientos escolares, mientras que investigaciones arqueológicas posteriores han permitido estudiar vestigios de aquella construcción desaparecida. A diferencia de las ruinas de San Francisco, que todavía pueden contemplarse en el Área Fundacional, las de San Agustín dejaron de existir como monumento visible. Y aquí reside el extraordinario valor de esta fotografía: Adolfo Müller registró un edificio que había sobrevivido durante casi sesenta años a uno de los terremotos más destructivos de la historia argentina, pero que finalmente desaparecería por una decisión humana. ¡UNA JOYA ARQUITECTÓNICA PERDIDA UN ESCENARIO DE LA HISTORIA SANMARTINIANA Y UN RECUERDO INBORRABLE DE LA MENDOZA QUE YA NO EXISTE! Cada fotografía recuperada permite reconstruir fragmentos de una ciudad que permanece viva en sus documentos, en sus calles y en nuestra memoria colectiva. Porque cuando desaparece un monumento, sus fotografías pueden convertirse en el último puente entre el presente y un pasado que jamás debemos olvidar. Fuente: Centro de Investigación Fotográfico Histórico Argentino (CIFHA), fotografía N.º 217, registro AR-CIFHA-LM-AM-1-217; investigaciones arqueológicas de Horacio Chiavazza y colaboradores; Pasaporte Nacional Sanmartiniano; Decreto Nacional 107.512/1941; disposición de desafectación de agosto de 1953; Diario UNO, entrevista a Horacio Chiavazza (2024). Fotografía: Adolfo Müller (1882-?), aproximadamente 1920. Colección Luis Müller, CIFHA. Negativo original de 9 × 14,5 cm, proceso de gelatino-bromuro de plata. #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #RuinasDeSanAgustin #TerremotoDe1861 #Mendoza1861 #PatrimonioHistorico #FotografiasAntiguas #AreaFundacional #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #MendozaHistory #OldMendoza #HistoricPhotography #LostArchitecture #CulturalHeritage #ArgentinaHistory #HistoricRuins

No hay comentarios.:
Publicar un comentario