sábado, 28 de marzo de 2020

El 28 de Marzo de 1965 en Vicente López, Argentina fallecía en silencio, pero había vencido a los mares más feroces del planeta: la leyenda inmortal de Vito Dumas


El 28 de marzo de 1965 murió en Olivos, partido de Vicente López, Vito Dumas, una de las figuras más extraordinarias de la aventura argentina. Había nacido el 26 de septiembre de 1900 en el barrio de Palermo y, mucho antes de convertirse en leyenda del mar, fue un hombre forjado en la dificultad: practicó atletismo, boxeo y natación, trabajó desde joven cuando su familia cayó en la ruina y desarrolló un temperamento obsesionado con superar sus propios límites. Intentó cinco veces cruzar el Río de la Plata a nado y también desafió al Canal de la Mancha. No logró esas metas, pero cada fracaso lo fue endureciendo para algo todavía más grande. Con muy pocos recursos, en 1931 compró en Francia un velero y lo bautizó Lehg. Desde Arcachon se lanzó solo al Atlántico y, tras 121 días de navegación, llegó a la Argentina convertido en una revelación. La prensa siguió de cerca aquella travesía y su nombre empezó a instalarse como el de un aventurero fuera de serie, un hombre capaz de enfrentar el océano sin más compañía que su voluntad. Pero su consagración definitiva llegó en plena Segunda Guerra Mundial. El 27 de junio de 1942 zarpó desde Buenos Aires a bordo del Lehg II, un velero Curazao, una franja del planeta castigada por temporales, frío extremo y mares violentos. Navegó 272 días, recorrió más de 20.000 millas náuticas y tocó escalas en Ciudad del Cabo, Wellington y Valparaíso antes de regresar a Buenos Aires el 8 de agosto de 1943. Aquella hazaña lo convirtió en uno de los navegantes solitarios más admirados del siglo XX. Su espíritu nunca se apagó. Siguió cruzando el Atlántico, viajó a Nueva York en nuevas travesías, escribió libros como Los cuarenta bramadores, Solo que, y El crucero de lo imprevisto, y además desarrolló una faceta menos recordada: la de pintor. Hoy, su legado sigue vivo: el Lehg II se conserva en el Museo Naval de la Nación, en Tigre, y sus restos descansan en el Panteón Naval del cementerio de la Chacarita. Más que un navegante, Vito Dumas fue la prueba de que la voluntad humana puede plantarse sola frente al océano y aun así hacer historia



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