El 28 de junio de 1966, Buenos Aires amaneció bajo el peso de una nueva ruptura institucional. En la Casa Rosada, el presidente constitucional Arturo Umberto Illia fue desalojado por la fuerza tras un golpe militar encabezado por las Fuerzas Armadas, que abriría paso a la dictadura autodenominada “Revolución Argentina”, con Juan Carlos Onganía como presidente de facto. Illia había llegado al poder en 1963 en una Argentina políticamente herida: el peronismo seguía proscripto y su triunfo electoral, con cerca del 25% de los votos, nació condicionado por esa exclusión. Pero su gobierno fue constitucional y dejó una marca profunda por su defensa de la institucionalidad democrática, la austeridad pública, la inversión en salud y educación, el crecimiento económico con control de la inflación y medidas de fuerte contenido social. Durante su breve presidencia se sancionó la Ley de Medicamentos, impulsada por el ministro Arturo Oñativia, que estableció controles sobre la producción, comercialización e importación de medicamentos, enfrentando directamente los intereses de los grandes laboratorios. También se avanzó con el Salario Mínimo, Vital y Móvil, el aumento del presupuesto educativo, la anulación de contratos petroleros con compañías extranjeras y una política de defensa de los recursos estratégicos nacionales. Aquellas decisiones incomodaron a sectores poderosos. Estudios académicos del CONICET señalan que la Unión Industrial Argentina y la Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres —ACIEL— contribuyeron a crear un clima destituyente mediante críticas y presiones constantes. Otros trabajos destacan también el papel político de la Sociedad Rural Argentina en la legitimación del golpe. El gobierno de Illia también tuvo contradicciones y decisiones discutidas, como el frustrado regreso de Juan Domingo Perón en 1964, cuando el avión que lo traía desde España fue retenido en Río de Janeiro por las autoridades brasileñas. Aun así, Illia comenzó a levantar restricciones sobre el justicialismo, aunque la prohibición sobre Perón continuó. En 1965, el crecimiento electoral de las fuerzas peronistas encendió las alarmas de los mandos militares y de los sectores que temían una normalización política plena. La madrugada del 28 de junio, el general Julio Rodolfo Alsogaray, acompañado por oficiales y autoridades militares, entró al despacho presidencial para exigirle a Illia que abandonara el poder. El presidente no se quebró. Les recordó que la autoridad emanaba de la Constitución y que él seguía siendo el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Aquella escena quedó como una de las más dramáticas de la historia republicana argentina: un presidente civil, rodeado por la fuerza armada, defendiendo la legalidad hasta el último instante. Finalmente, la Casa Rosada fue rodeada y ocupada. Illia debió retirarse. Según crónicas difundidas a partir de Télam, salió por sus propios medios, pidió un taxi en la calle Balcarce y se marchó hacia la casa de su hermano. La imagen se volvió símbolo: un presidente austero, expulsado del poder, sin aparato ni grandilocuencia, abandonando la sede del gobierno como un ciudadano común. Con Onganía comenzó una etapa oscura. El nuevo régimen puso el Estatuto de la Revolución Argentina por encima de la Constitución, disolvió el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales, destituyó a miembros de la Corte Suprema, intervino universidades y prohibió la actividad política. Apenas un mes después, el 29 de julio de 1966, llegaría otro golpe brutal contra la cultura y el pensamiento: La Noche de los Bastones Largos, cuando la dictadura reprimió a estudiantes, docentes e investigadores de la Universidad de Buenos Aires que defendían la autonomía universitaria. Hubo cientos de detenidos y heridos, y alrededor de 700 docentes fueron expulsados, renunciaron o partieron al exilio, provocando uno de los grandes éxodos científicos de la Argentina. Aquel 28 de junio no cayó solamente un gobierno. Cayó una forma de entender la política basada en la sobriedad, la palabra, la ley y el respeto institucional. Se apagó una primavera democrática breve, imperfecta, pero real. Y comenzó una larga noche de autoritarismo, censura, persecución y silencio. Illia se fue de la Casa Rosada, pero no de la memoria argentina. Porque hay derrotas que, con el tiempo, se transforman en lecciones morales. Y hay hombres que pierden el poder, pero ganan la historia. #ArturoIllia #Illia #28DeJunio #GolpeDeEstado1966 #RevoluciónArgentina #Onganía #HistoriaArgentina #DemocraciaArgentina #CasaRosada #MemoriaHistórica #RepúblicaArgentina #LeyDeMedicamentos #NocheDeLosBastonesLargos #NuncaMás #ArgentinaHistory #ArgentineHistory #Democracy #MilitaryCoup #HistoricalMemory #LatinAmericanHistory #OnThisDay #HistoryPost

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