El 28 de agosto de 1905, nacía en el Bajo Belgrano de Buenos Aires Fidel Adolfo Pintos, uno de los grandes arquitectos del humor argentino y el hombre que llevó una forma muy porteña de hablar mucho sin decir prácticamente nada hasta convertirla en una pieza de arte popular: la inolvidable “sanata”. Su historia, sin embargo, comenzó muy lejos de las luces de la televisión. Criado en un ambiente humilde, a los 14 años ya trabajaba como cadete del Banco Holandés y más tarde ingresó al Correo Argentino, primero en San Isidro y después en el Correo Central. En 1933 perdió aquel empleo durante una importante reducción de personal y ese golpe terminó empujándolo definitivamente hacia el mundo artístico. Por esos años comenzó a hacer teatro experimental en el grupo Churrinche, dirigido por Domingo Sapelli, mientras buscaba ganarse la vida presentando cantores y orquestas de tango en clubes, cafés y reuniones populares. Hacia fines de aquella década ocurrió algo decisivo. Pintos debía presentar artistas y glosar tangos ante el público; cuando alguna vez se quedó sin texto —las distintas reconstrucciones conservan versiones algo diferentes de la anécdota— comenzó a improvisar palabras, medias frases, sonidos y razonamientos imposibles pronunciados con una seriedad absoluta. El público quizá no entendía nada, pero se reía y aplaudía. Allí estaba naciendo el personaje que terminaría acompañándolo toda la vida: el sanatero, especialista en construir discursos aparentemente profundos que, en realidad, no conducían a ninguna parte. LA NACION resumió décadas después aquel mecanismo como un idioma propio hecho de frases inconexas pronunciadas con enorme convicción y una gestualidad inconfundible. Pero Fidel Pintos fue muchísimo más que la sanata. Desde su debut en el Teatro Maipo en 1945 construyó una extensa carrera en revistas, radio, cine y televisión; Cine Nacional registra 35 películas argentinas entre 1948 y 1974. También tuvo una faceta sorprendente como compositor de tango: participó en obras como “Te vi partir”, grabada por Hugo del Carril en 1937, “Vamos corazón”, “Náufrago” y “Una copa más”, esta última junto a Manuel Ceferino Flores y con letra de Carlos Bahr. En la radio alcanzó enorme popularidad con personajes como Mesié Canesú, aquel modisto afrancesado, afectado y charlatán que disparaba consejos absurdos con un vocabulario rebuscado. Pero sería la televisión la que terminaría convirtiendo su rostro, su nariz, sus silencios y sus murmullos en parte del imaginario argentino. De la mano de Hugo y Gerardo Sofovich brilló en Operación Ja-Já, La peluquería de Don Mateo y luego en aquella mesa legendaria de Polémica en el bar, compartiendo pantalla con figuras como Javier Portales, Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel y Adolfo García Grau. Polémica había nacido como sketch dentro de Operación Ja-Já y en 1972 se transformó en programa independiente, con Pintos entre los integrantes de uno de sus elencos históricos. Fidel podía explicar durante minutos algo absolutamente incomprensible y lograr que millones permanecieran pendientes de cada palabra. Cuando alguna vez le preguntaron por la dificultad de hacer humor dejó una definición magnífica: “Uno pica una cebolla y se pone a llorar; tráigame usted una hortaliza que me haga reír”. Su talento fue reconocido en 1970 con un Premio Martín Fierro por su labor humorística en televisión. Y hubo una consagración que probablemente ni él habría imaginado: su célebre manera de atribuirse cualquier invento llegó hasta el lenguaje político. LA NACION recuerda que Juan Domingo Perón llegó a citarlo públicamente al hablar de paritarias, apelando precisamente a aquella fórmula de Pintos de adjudicarse la creación de todo lo imaginable. La sanata había saltado del café y la pantalla al discurso presidencial. Detrás del personaje también existía un hombre que conocía perfectamente la fragilidad del oficio. De allí otra frase que quedó asociada para siempre a su nombre: “Un actor es un señor que hoy come faisán y mañana se come las plumas”. Su relación con Alberto Olmedo fue particularmente estrecha: distintas reconstrucciones de su vida señalan que Pintos lo aconsejaba, protegía y mantenía con él un vínculo casi paternal. Fidel siguió trabajando hasta sus últimos días. En 1974 todavía estaba activo en televisión, teatro y cine; ese mismo año aparecieron Intimidades de una cualquiera y Los vampiros los prefieren gorditos. La muerte lo sorprendió en Buenos Aires el 11 de mayo de 1974, cuando tenía 68 años. Pasaron más de cinco décadas desde entonces, pero su creación sobrevivió a su creador. “Sanata” dejó de ser solamente el nombre de un personaje para transformarse en una palabra cotidiana que los argentinos seguimos utilizando cada vez que alguien habla, explica, promete, argumenta… y después de varios minutos descubrimos que no dijo absolutamente nada. Tal vez ése sea su triunfo definitivo: Fidel Pintos ya no está, pero cada vez que aparece un sanatero, de alguna manera, vuelve a entrar en escena. 🎙️😂🇦🇷 #FidelPintos #Sanata #ElReyDeLaSanata #HumorArgentino #HumorNacional #HistoriaArgentina #Efemérides #UnDíaComoHoy #28DeAgosto #TelevisiónArgentina #TVArgentina #RadioArgentina #CineArgentino #TeatroArgentino #PolémicaEnElBar #OperaciónJaJa #DonMateo #BuenosAires #BajoBelgrano #CulturaArgentina #MemoriaArgentina #ActoresArgentinos #ComediaArgentina #TangoArgentino #HistoriaDeLaTelevisión #ArgentineHumor #ArgentineComedy #ArgentineTelevision #ArgentineCinema #ArgentineCulture #BuenosAiresHistory #ComedyLegend #TelevisionHistory #GoldenAgeOfTelevision #VintageArgentina

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