El 17 de septiembre de 1823, mientras en el este mendocino comenzaba a tomar forma una población destinada a convertirse en la actual ciudad de San Martín, una orden del gobierno provincial dejó una pequeña pero extraordinaria huella documental: las autoridades locales debían vigilar la recaudación destinada a construir la capilla de la Villa Nueva. La referencia surge de una investigación de la historiadora Eugenia Rosa Molina, investigadora de CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo, realizada a partir de documentación conservada en el Archivo General de la Provincia de Mendoza. Allí aparece expresamente citado el documento del 17 de septiembre de 1823, AGPM, carpeta 25, documento 14, como antecedente de las órdenes impartidas a los funcionarios locales para controlar los fondos destinados a aquella construcción religiosa. El dato adquiere todavía más fuerza cuando se observa lo que estaba ocurriendo en aquella región durante ese mismo año. Apenas tres meses antes, el 3 de junio de 1823, el gobierno de Pedro Molina había retomado el proyecto de organizar la antigua zona de Los Barriales: se dispuso demarcar la plaza, establecer el lugar de una capilla, reservar terrenos para usos públicos y delimitar cuarteles y manzanas. La documentación citada por Molina identifica ese antecedente como AGPM, carpeta 25, documento 12. Ese mismo 3 de junio, la antigua Villa de los Barriales recibió oficialmente el nombre de Villa Nueva de San Martín, denominación vinculada al Libertador, quien poseía allí su chacra y había manifestado su interés por el desarrollo de aquel núcleo poblacional. Fuentes oficiales mendocinas señalan además que José de San Martín permaneció en su propiedad de Barriales durante parte de 1823, precisamente en el año en que se avanzaba con la organización urbana de la villa que llevaría su nombre. Pero el documento del 17 de septiembre permite mirar esa historia desde un ángulo mucho más cotidiano: fundar una villa no consistía solamente en trazar líneas sobre un plano. Había que construir edificios, abrir calles, organizar autoridades, conseguir recursos y controlar su utilización. La capilla debía ocupar uno de los sectores principales de la nueva población y reunir dinero para levantarla se convirtió en una preocupación que reaparecería durante años. La investigación de Molina registra nuevas disposiciones relativas a esa recaudación en 1835, 1836 y 1837, y todavía el 1 de septiembre de 1843 aparece una lista de donaciones recogidas para sufragar la construcción de la capilla de Villa Nueva. Es decir, aquella orden de septiembre de 1823 no fue simplemente un trámite burocrático perdido entre papeles: forma parte del largo proceso mediante el cual el Estado provincial intentó consolidar un verdadero centro urbano y político en el este mendocino. Detrás de cada moneda aportada por los vecinos estaba creciendo una plaza, una capilla, un sistema de calles y una comunidad. Dos siglos después, aquella sencilla instrucción administrativa conservada en el Archivo Provincial permite asomarnos al momento en que la futura ciudad de San Martín todavía se estaba construyendo, literalmente, peso por peso. Fuente : Eugenia Rosa Molina, “Modalidades de espacialización política. De la justicia de proximidad a la organización territorial del gobierno”, en Justicias situadas. Documentación citada: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Independiente, carpeta 25, documento 14, 17/09/1823; carpeta 25, documento 12, 03/06/1823. Investigación CONICET/UNCUYO. Información histórica complementaria: Gobierno de Mendoza y Municipalidad de General San Martín.
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
jueves, 17 de septiembre de 2026
🔥⛪💰 17 DE SEPTIEMBRE DE 1823: PESO POR PESO PARA LEVANTAR LA CAPILLA — LA ORDEN QUE REVELA CÓMO NACÍA LA VILLA NUEVA DE SAN MARTÍN (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 17 de septiembre de 1823, mientras en el este mendocino comenzaba a tomar forma una población destinada a convertirse en la actual ciudad de San Martín, una orden del gobierno provincial dejó una pequeña pero extraordinaria huella documental: las autoridades locales debían vigilar la recaudación destinada a construir la capilla de la Villa Nueva. La referencia surge de una investigación de la historiadora Eugenia Rosa Molina, investigadora de CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo, realizada a partir de documentación conservada en el Archivo General de la Provincia de Mendoza. Allí aparece expresamente citado el documento del 17 de septiembre de 1823, AGPM, carpeta 25, documento 14, como antecedente de las órdenes impartidas a los funcionarios locales para controlar los fondos destinados a aquella construcción religiosa. El dato adquiere todavía más fuerza cuando se observa lo que estaba ocurriendo en aquella región durante ese mismo año. Apenas tres meses antes, el 3 de junio de 1823, el gobierno de Pedro Molina había retomado el proyecto de organizar la antigua zona de Los Barriales: se dispuso demarcar la plaza, establecer el lugar de una capilla, reservar terrenos para usos públicos y delimitar cuarteles y manzanas. La documentación citada por Molina identifica ese antecedente como AGPM, carpeta 25, documento 12. Ese mismo 3 de junio, la antigua Villa de los Barriales recibió oficialmente el nombre de Villa Nueva de San Martín, denominación vinculada al Libertador, quien poseía allí su chacra y había manifestado su interés por el desarrollo de aquel núcleo poblacional. Fuentes oficiales mendocinas señalan además que José de San Martín permaneció en su propiedad de Barriales durante parte de 1823, precisamente en el año en que se avanzaba con la organización urbana de la villa que llevaría su nombre. Pero el documento del 17 de septiembre permite mirar esa historia desde un ángulo mucho más cotidiano: fundar una villa no consistía solamente en trazar líneas sobre un plano. Había que construir edificios, abrir calles, organizar autoridades, conseguir recursos y controlar su utilización. La capilla debía ocupar uno de los sectores principales de la nueva población y reunir dinero para levantarla se convirtió en una preocupación que reaparecería durante años. La investigación de Molina registra nuevas disposiciones relativas a esa recaudación en 1835, 1836 y 1837, y todavía el 1 de septiembre de 1843 aparece una lista de donaciones recogidas para sufragar la construcción de la capilla de Villa Nueva. Es decir, aquella orden de septiembre de 1823 no fue simplemente un trámite burocrático perdido entre papeles: forma parte del largo proceso mediante el cual el Estado provincial intentó consolidar un verdadero centro urbano y político en el este mendocino. Detrás de cada moneda aportada por los vecinos estaba creciendo una plaza, una capilla, un sistema de calles y una comunidad. Dos siglos después, aquella sencilla instrucción administrativa conservada en el Archivo Provincial permite asomarnos al momento en que la futura ciudad de San Martín todavía se estaba construyendo, literalmente, peso por peso. Fuente : Eugenia Rosa Molina, “Modalidades de espacialización política. De la justicia de proximidad a la organización territorial del gobierno”, en Justicias situadas. Documentación citada: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Independiente, carpeta 25, documento 14, 17/09/1823; carpeta 25, documento 12, 03/06/1823. Investigación CONICET/UNCUYO. Información histórica complementaria: Gobierno de Mendoza y Municipalidad de General San Martín.

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