martes, 15 de septiembre de 2026

1936🔥🌳🥩🎶 CUANDO RAMOS MEJÍA ERA TIERRA DE QUINTAS: CORDEROS AL ASADOR, BANDONEÓN Y ZAPATEO EN “LA ELVIRA” — UNA FIESTA DE CAMARADERÍA RESCATADA DEL OLVIDO 🇦🇷


Una antigua página ilustrada  de la revista C.I.T.A conserva una extraordinaria postal de la vida social de otro tiempo: una reunión de camaradería celebrada en la quinta “La Elvira”, residencia vinculada en la propia crónica a J. W. Foster y situada en “R. Mejía”, referencia que por el contexto histórico corresponde muy probablemente a Ramos Mejía, en el oeste bonaerense. La fotografía es sencilla pero formidable como documento: hombres y mujeres posan bajo la sombra de los árboles, algunos sentados y otros de pie, mientras la leyenda registra sin demasiadas ceremonias: “Parte de la concurrencia en pose”. Pero es el texto que acompaña la imagen el que prácticamente devuelve aquel día a la vida. El cronista recuerda una mañana luminosa, un cielo azul intenso y la tranquilidad del ambiente campestre, interrumpida poco a poco por las risas y los pasos de los invitados que se acercaban a la enramada. El irresistible llamado eran varios corderos colocados en sus respectivos asadores: el gran convite ya estaba preparado. Aquello no fue solamente una comida. La nota define el encuentro como una fiesta destinada a estrechar amistades y fortalecer simpatías, y hasta se permite bromear con algunos concurrentes que habían llegado vestidos “a la usanza campera”, con amplias bombachas y enormes facones que, según el cronista, casi les dificultaban moverse. Después llegó la música. El bandoneón comenzó a “rezongar”, aparecieron las guitarras y los presentes demostraron sus habilidades para el zapateo, mientras otros cantaban y hasta surgían músicos improvisados capaces de arrancar sonidos a las bordonas de una guitarra. El artículo termina afirmando que la jornada dejó un recuerdo amable entre todos los invitados y deseos de felicidad para los dueños de casa. Más allá del tono pintoresco, la página resulta históricamente valiosa porque retrata una forma de sociabilidad que fue característica del antiguo Ramos Mejía. El propio Municipio de La Matanza señala que desde fines del siglo XIX comenzaron a levantarse allí quintas protegidas por grandes eucaliptos y otras arboledas, con casas espaciosas, recreos, jardines y frutales; la proximidad con Buenos Aires y el acceso ferroviario favorecieron ese desarrollo. El ferrocarril había llegado a Ramos Mejía en 1858, acortando notablemente la distancia con la capital y contribuyendo a convertir el lugar en un atractivo espacio de residencia y descanso. Las investigaciones históricas locales describen numerosas casas-quintas utilizadas como residencias de verano o de fin de semana y un paisaje que todavía conservaba un marcado aspecto campestre; a partir de la década de 1920, los loteos cada vez más frecuentes comenzaron a modificar aceleradamente aquella fisonomía. Por eso esta fotografía es mucho más que el recuerdo de un almuerzo entre amigos. Es una pequeña ventana a un Ramos Mejía anterior a la urbanización masiva: árboles, quintas, asadores, ropa campera, guitarras, bandoneones, zapateo y una comunidad reunida alrededor de uno de los grandes rituales argentinos, compartir la mesa. A falta de la portada o de otras páginas del ejemplar, todavía no es posible afirmar responsablemente el año exacto ni la publicación de origen. Pero precisamente allí aparece un nuevo desafío histórico: localizar el ejemplar completo e identificar quién fue J. W. Foster y dónde estuvo exactamente aquella misteriosa quinta “La Elvira”. #RamosMejía #LaMatanza #BuenosAiresAntiguo #HistoriaArgentina #QuintasAntiguas #LaElvira #AsadoCriollo #Bandoneón #GuitarraCriolla #CostumbresArgentinas #FotografíaAntigua #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #ArgentinaHistory #OldBuenosAires #HistoricPhotography #ArgentineTraditions #CulturalHeritage

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