El 22 de septiembre de 1918, mientras Mendoza atravesaba una de las huelgas de empleados postales y telegráficos más intensas de su historia, el periódico El Socialista publicó una nota que hoy sorprende por la crudeza de su lenguaje: “El carnero y el crumiro”. No era simplemente una opinión sobre el conflicto. El diario, órgano oficial del Partido Socialista de Mendoza, intentaba explicar a sus lectores la diferencia entre dos figuras que el movimiento obrero consideraba decisivas durante una huelga: llamaba “carnero” al trabajador que no adhería a la medida y continuaba en su puesto, y “crumiro” a quien ingresaba para reemplazar a los huelguistas. Las expresiones deben entenderse dentro del áspero vocabulario sindical y político de comienzos del siglo XX. El periódico fue todavía más lejos. Según la reconstrucción realizada por los investigadores Matías Latorre Carabelli y Mariana Pereyra, El Socialista llegó a publicar nombres y apellidos de personas señaladas como rompehuelgas y los acompañó con descalificaciones extremadamente duras. El objetivo era ejercer presión social sobre quienes continuaban trabajando o aceptaban ocupar los puestos vacantes. No se trataba de expresiones neutrales: eran calificativos utilizados por aquella prensa militante dentro de una confrontación laboral muy intensa. La historia adquiere otra dimensión cuando se observa el tamaño del conflicto. La huelga postal y telegráfica había comenzado a escala nacional el 7 de septiembre de 1918, en medio de reclamos que incluían mejoras salariales, regularidad en los pagos, escalafones, viáticos, condiciones laborales y reconocimiento de la organización gremial. En Mendoza, una asamblea que resolvió declarar la huelga reunió a 140 asociados de la Asociación Argentina de Telegrafistas y Empleados Postales, dato publicado por Los Andes el 6 de septiembre. El sector tenía además una importancia estratégica extraordinaria. El censo de 1914 registraba en Mendoza 288 trabajadores vinculados a tareas postales, telegráficas y relacionadas: 176 telegrafistas, 39 mozos de cordel, 25 telefonistas, 22 mensajeros, 15 guardahilos, nueve estafeteros y dos radiografistas. El 8.º Distrito Postal, con sede en Mendoza, articulaba comunicaciones y correspondencia entre Buenos Aires, Cuyo, sectores de la Patagonia y la conexión con Chile. Paralizar esas oficinas significaba afectar una auténtica red de comunicaciones nacional e internacional. La tensión ya había llegado a las calles. El 10 de septiembre una gran concentración partió desde las inmediaciones de la sede gremial, ubicada en General Paz y 25 de Mayo. La investigación, a partir de la prensa mendocina de la época, señala una movilización cercana a las 4.000 personas y registra que la policía retiró estandartes, insignias y carteles de los manifestantes. Comercios cerraron durante el recorrido y numerosas organizaciones obreras y estudiantiles acompañaron la protesta. Dentro de aquel clima apareció, doce días después, “El carnero y el crumiro”. Su importancia histórica no está solamente en el vocabulario feroz utilizado por El Socialista, sino en lo que revela sobre las herramientas de presión de una huelga hace más de un siglo: periódicos militantes, listas públicas, fotografías, manifestaciones callejeras, solidaridad entre gremios y una verdadera disputa por determinar quién representaba —o traicionaba, según el lenguaje de los huelguistas— los intereses de los trabajadores. Las investigaciones posteriores muestran que el enfrentamiento continuaría durante las semanas siguientes y que la cuestión de los reemplazantes se transformaría en uno de los núcleos más conflictivos de aquella huelga. Una página aparentemente menor de un periódico mendocino terminó conservando, más de un siglo después, algo parecido a un pequeño “diccionario del rompehuelgas”. Y detrás de aquellas dos palabras —“carnero” y “crumiro”— aparece una Mendoza de 1918 convulsionada, comunicada por telégrafos, dependiente del correo y atravesada por una conflictividad obrera mucho mayor de la que suele recordarse. Fuente de origen: El Socialista, Mendoza, 22 de septiembre de 1918, artículo “El carnero y el crumiro”. Verificación y contexto: Matías Latorre Carabelli y Mariana Pereyra, “‘Desharrapados’. Empleados postales y telegrafistas a la huelga general (Mendoza, Argentina, 1918)”, Estudios del ISHiR, vol. 14, n.º 40, 2024, Universidad Nacional de Rosario/CONICET. Para la asamblea de 140 asociados: Los Andes, Mendoza, 6 de septiembre de 1918. #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #22DeSeptiembre #Mendoza1918 #HistoriaObrera #MovimientoObrero #Huelga #Correos #Telegrafo #Trabajadores #ArchivoHistorico #PrensaHistorica #ArgentinaHistory #MendozaHistory #LaborHistory #WorkersHistory #GeneralStrike #PostalWorkers #Telegraph #HistoricalNewspapers #OnThisDay
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martes, 22 de septiembre de 2026
MENDOZA EN HUELGA: EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 1918, UN DIARIO PUSO NOMBRE A LOS “CARNEROS” Y LOS “CRUMIROS” (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 22 de septiembre de 1918, mientras Mendoza atravesaba una de las huelgas de empleados postales y telegráficos más intensas de su historia, el periódico El Socialista publicó una nota que hoy sorprende por la crudeza de su lenguaje: “El carnero y el crumiro”. No era simplemente una opinión sobre el conflicto. El diario, órgano oficial del Partido Socialista de Mendoza, intentaba explicar a sus lectores la diferencia entre dos figuras que el movimiento obrero consideraba decisivas durante una huelga: llamaba “carnero” al trabajador que no adhería a la medida y continuaba en su puesto, y “crumiro” a quien ingresaba para reemplazar a los huelguistas. Las expresiones deben entenderse dentro del áspero vocabulario sindical y político de comienzos del siglo XX. El periódico fue todavía más lejos. Según la reconstrucción realizada por los investigadores Matías Latorre Carabelli y Mariana Pereyra, El Socialista llegó a publicar nombres y apellidos de personas señaladas como rompehuelgas y los acompañó con descalificaciones extremadamente duras. El objetivo era ejercer presión social sobre quienes continuaban trabajando o aceptaban ocupar los puestos vacantes. No se trataba de expresiones neutrales: eran calificativos utilizados por aquella prensa militante dentro de una confrontación laboral muy intensa. La historia adquiere otra dimensión cuando se observa el tamaño del conflicto. La huelga postal y telegráfica había comenzado a escala nacional el 7 de septiembre de 1918, en medio de reclamos que incluían mejoras salariales, regularidad en los pagos, escalafones, viáticos, condiciones laborales y reconocimiento de la organización gremial. En Mendoza, una asamblea que resolvió declarar la huelga reunió a 140 asociados de la Asociación Argentina de Telegrafistas y Empleados Postales, dato publicado por Los Andes el 6 de septiembre. El sector tenía además una importancia estratégica extraordinaria. El censo de 1914 registraba en Mendoza 288 trabajadores vinculados a tareas postales, telegráficas y relacionadas: 176 telegrafistas, 39 mozos de cordel, 25 telefonistas, 22 mensajeros, 15 guardahilos, nueve estafeteros y dos radiografistas. El 8.º Distrito Postal, con sede en Mendoza, articulaba comunicaciones y correspondencia entre Buenos Aires, Cuyo, sectores de la Patagonia y la conexión con Chile. Paralizar esas oficinas significaba afectar una auténtica red de comunicaciones nacional e internacional. La tensión ya había llegado a las calles. El 10 de septiembre una gran concentración partió desde las inmediaciones de la sede gremial, ubicada en General Paz y 25 de Mayo. La investigación, a partir de la prensa mendocina de la época, señala una movilización cercana a las 4.000 personas y registra que la policía retiró estandartes, insignias y carteles de los manifestantes. Comercios cerraron durante el recorrido y numerosas organizaciones obreras y estudiantiles acompañaron la protesta. Dentro de aquel clima apareció, doce días después, “El carnero y el crumiro”. Su importancia histórica no está solamente en el vocabulario feroz utilizado por El Socialista, sino en lo que revela sobre las herramientas de presión de una huelga hace más de un siglo: periódicos militantes, listas públicas, fotografías, manifestaciones callejeras, solidaridad entre gremios y una verdadera disputa por determinar quién representaba —o traicionaba, según el lenguaje de los huelguistas— los intereses de los trabajadores. Las investigaciones posteriores muestran que el enfrentamiento continuaría durante las semanas siguientes y que la cuestión de los reemplazantes se transformaría en uno de los núcleos más conflictivos de aquella huelga. Una página aparentemente menor de un periódico mendocino terminó conservando, más de un siglo después, algo parecido a un pequeño “diccionario del rompehuelgas”. Y detrás de aquellas dos palabras —“carnero” y “crumiro”— aparece una Mendoza de 1918 convulsionada, comunicada por telégrafos, dependiente del correo y atravesada por una conflictividad obrera mucho mayor de la que suele recordarse. Fuente de origen: El Socialista, Mendoza, 22 de septiembre de 1918, artículo “El carnero y el crumiro”. Verificación y contexto: Matías Latorre Carabelli y Mariana Pereyra, “‘Desharrapados’. Empleados postales y telegrafistas a la huelga general (Mendoza, Argentina, 1918)”, Estudios del ISHiR, vol. 14, n.º 40, 2024, Universidad Nacional de Rosario/CONICET. Para la asamblea de 140 asociados: Los Andes, Mendoza, 6 de septiembre de 1918. #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #22DeSeptiembre #Mendoza1918 #HistoriaObrera #MovimientoObrero #Huelga #Correos #Telegrafo #Trabajadores #ArchivoHistorico #PrensaHistorica #ArgentinaHistory #MendozaHistory #LaborHistory #WorkersHistory #GeneralStrike #PostalWorkers #Telegraph #HistoricalNewspapers #OnThisDay

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