viernes, 9 de octubre de 2026

9 DE OCTUBRE DE 1769 — ¡DOS CARRETADAS DE VINO PARA SALDAR UNA DEUDA! EL EXTRAORDINARIO DOCUMENTO QUE REVELA LOS SECRETOS DE LA RIQUEZA VITIVINÍCOLA DE MENDOZA HACE 257 AÑOS (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 9 de octubre de 1769, cuando Mendoza todavía pertenecía al Reino de Chile bajo el dominio de la Corona española, una escritura notarial dejó testimonio de una sorprendente operación comercial que nos transporta a los orígenes de nuestra industria vitivinícola. ¡UNA DEUDA DE 103 PESOS, DOS CARRETADAS DE VINO Y UN PRODUCTO DE CALIDAD QUE YA DISTINGUÍA A LAS BODEGAS MENDOCINAS EN PLENO SIGLO XVIII! Aquel día quedó registrada una obligación del capitán Juan Méndez, a quien el maestre de campo Ignacio Corvalán reclamaba el pago de esa suma mediante la entrega de dos carretadas de un vino especial conocido como «vino a la vela». Pero ¿qué tenía de extraordinario aquella bebida? No se trataba de un vino común, sino de una elaboración de mayor calidad que aprovechaba un delicado proceso de crianza biológica, durante el cual se formaba sobre su superficie una fina capa de levaduras denominada «velo de flor», capaz de influir en sus aromas y sabores. ¡MENDOZA YA ELABORABA VINOS SOFISTICADOS MUCHO ANTES DE LA LLEGADA DE LAS GRANDES BODEGAS MODERNAS! El historiador Pablo Lacoste documentó que esta técnica se practicaba en territorio mendocino al menos desde 1718 y que su difusión recibió un importante impulso del viticultor francés Miguel de Arizmendi, cuya bodega llegó a contar con 188 botijas de vino añejo puesto a la vela. Mientras los vinos corrientes abastecían principalmente a pulperías y tabernas, estas elaboraciones especiales también respondían a la demanda de consumidores acomodados de Buenos Aires. En aquellos tiempos, transportar vino hasta los mercados rioplatenses significaba afrontar aproximadamente 45 días de viaje atravesando las inmensas pampas en pesadas carretas. Las haciendas cuyanas constituían verdaderos centros de producción, con viñedos, lagares, tinajas, botijas y trabajadores dedicados a una actividad que comenzaba a transformar la economía regional. La escritura de Juan Méndez demuestra, además, que el vino podía convertirse en un medio para cancelar obligaciones económicas y representar un valor considerable dentro de las relaciones comerciales coloniales. ¡DOS CARRETADAS BASTARON PARA DEJAR REGISTRADO UN EPISODIO QUE HOY NOS PERMITE DESCUBRIR LA MENDOZA PRODUCTIVA DE HACE MÁS DE DOS SIGLOS Y MEDIO! El documento, identificado en el Protocolo de Escribanos N.º 88, folio 220, constituye un valioso testimonio de aquella sociedad en la que las viñas, el comercio, el crédito y las relaciones de poder se entrelazaban. Una página de 1769 que nos recuerda que la grandeza vitivinícola mendocina tiene raíces mucho más profundas de lo que imaginamos. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #9DeOctubre #MendozaColonial #Vitivinicultura #VinoMendocino #HistoriaDelVino #BodegasAntiguas #HistoriaDeCuyo #PatrimonioHistorico #ArgentinaColonial #WineHistory #ColonialMendoza #ArgentineWine #HistoricalDocuments #WineHeritage Fuente: Archivo Histórico de Mendoza, Protocolos de Escribanos, N.º 88, folio 220 (1769); Pablo Lacoste, «La hacienda vitivinícola (Mendoza y San Juan, siglo XVIII)», Revista Universum, vol. 22, N.º 1, 2007, pp. 152-185.

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