Buenos Aires, 1905. En una ciudad que ingresaba aceleradamente en la modernidad, una mujer de enorme curiosidad por la fotografía posaba junto a su pequeña sobrina ante la cámara del italiano Bernardino Pascale. La imagen que vemos no era un retrato convencional: pertenecía a la moda de los llamados “retratos seriados”, composiciones en las que una misma persona era fotografiada sucesivamente en distintas actitudes para construir una pequeña narración visual. La reproducción conservada en esta publicación muestra tres poses, aunque el trabajo original estaba compuesto por seis. Cada toma debía realizarse por separado y después reunirse mediante un delicado proceso de laboratorio sobre una sola tira apaisada de papel a la gelatina de plata, de aproximadamente 7 por 23 centímetros. El resultado producía una sorprendente sensación de movimiento, casi como una diminuta película inmóvil. El historiador de la fotografía Abel Alexander señala que estos retratos seriados alcanzaron especial popularidad en Buenos Aires durante los primeros años del siglo XX y que su desarrollo estuvo relacionado con la fascinación que despertaba el naciente cinematógrafo.La competencia entre fotógrafos era enorme. Las guías comerciales permiten dimensionar aquel universo: en 1907 se registraban 88 firmas fotográficas en Buenos Aires y para 1910 la cifra había aumentado a 105; más de medio centenar de las registradas en 1907 pertenecían a profesionales italianos. En aquella Corrientes todavía angosta trabajaban varios de los estudios más prestigiosos. Bernardino Pascale, pintor y fotógrafo nacido en Nápoles, ya dirigía hacia 1905 su establecimiento “Fotografía y Pintura” en Corrientes 1670/1676; más tarde también se destacaría su hermano Nicolás Pascale, y ambos hicieron de estas curiosas secuencias una de sus especialidades. Pero la verdadera protagonista de esta historia es Josefina Oliver, nacida en Buenos Aires el 1 de marzo de 1875. La mujer del gran sombrero que aparece en la fotografía no fue solamente una clienta de los estudios porteños: desde 1897 practicaba fotografía por su cuenta y hacia 1899 ya realizaba autorretratos, escenas familiares, interiores y paisajes, revelando sus propias imágenes y coloreando muchas copias a mano. Llegó incluso a convertir su dormitorio en improvisado estudio fotográfico y desarrolló una llamativa experimentación con escenografías, disfraces, autorretratos e imágenes iluminadas con pinturas a la albúmina. Su legado resulta todavía más extraordinario. El 1 de enero de 1892, cuando tenía apenas 16 años y estaba próxima a cumplir 17, comenzó a escribir los “Apuntes” que terminarían transformándose en un monumental diario personal. Continuó esa tarea hasta 1956: veinte tomos y 8.440 páginas en las que registró familia, amistades, comercios, modas, enfermedades, acontecimientos políticos, viajes, espectáculos y transformaciones de Buenos Aires. El archivo reunido y estudiado desde 2006 por su sobrina nieta Patricia Viaña reveló una obra mucho mayor de lo que se conocía originalmente: actualmente se contabilizan más de 2.700 fotografías, además de álbumes, postales, collages y numerosas imágenes coloreadas por la propia Josefina. Aquella mujer que en 1905 permaneció quieta varias veces frente al objetivo de Pascale estaba haciendo, sin imaginarlo, algo extraordinario: posaba para una tecnología que intentaba convertir unos segundos de su vida en una secuencia y, al mismo tiempo, ella misma estaba construyendo uno de los archivos privados más singulares de la historia fotográfica argentina. Más de un siglo después podemos observar su vestido oscuro, el enorme sombrero característico de la moda de comienzos del siglo XX, el caballo de juguete, el alto soporte donde se encuentra la niña y las diferentes posiciones cuidadosamente preparadas dentro del estudio. Tres instantes separados que, colocados uno junto al otro, parecen devolvernos el movimiento de una tarde porteña de 1905. La fotografía había dejado de limitarse a inmortalizar un rostro: comenzaba también a contar una historia. Fuente de la imagen original reproducida: Bernardino Pascale, “Fotografía y Pintura”, Buenos Aires; colección Patricia Viaña, . Fuentes históricas complementarias: Archivo Josefina Oliver, investigación de Patricia Viaña; Centro de Fotografía de Montevideo; Abel Alexander, Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía/Hilario; Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires. m#BuenosAires #BuenosAires1905 #JosefinaOliver #BernardinoPascale #FotografiaAntigua #HistoriaDeLaFotografia #ArgentinaAntigua #MemoriaFotografica #BelleEpoque #RetratosAntiguos #HistoriaArgentina #ArchivoFotografico #OldBuenosAires #VintagePhotography #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EarlyPhotography #PhotographicHistory #BelleEpoque #WomenPhotographers
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jueves, 1 de octubre de 2026
BUENOS AIRES, 1905: CUANDO LA FOTOGRAFÍA QUISO MOVERSE COMO EL CINE — JOSEFINA OLIVER Y EL RETRATO EN SECUENCIA QUE VENCIÓ AL TIEMPO
Buenos Aires, 1905. En una ciudad que ingresaba aceleradamente en la modernidad, una mujer de enorme curiosidad por la fotografía posaba junto a su pequeña sobrina ante la cámara del italiano Bernardino Pascale. La imagen que vemos no era un retrato convencional: pertenecía a la moda de los llamados “retratos seriados”, composiciones en las que una misma persona era fotografiada sucesivamente en distintas actitudes para construir una pequeña narración visual. La reproducción conservada en esta publicación muestra tres poses, aunque el trabajo original estaba compuesto por seis. Cada toma debía realizarse por separado y después reunirse mediante un delicado proceso de laboratorio sobre una sola tira apaisada de papel a la gelatina de plata, de aproximadamente 7 por 23 centímetros. El resultado producía una sorprendente sensación de movimiento, casi como una diminuta película inmóvil. El historiador de la fotografía Abel Alexander señala que estos retratos seriados alcanzaron especial popularidad en Buenos Aires durante los primeros años del siglo XX y que su desarrollo estuvo relacionado con la fascinación que despertaba el naciente cinematógrafo.La competencia entre fotógrafos era enorme. Las guías comerciales permiten dimensionar aquel universo: en 1907 se registraban 88 firmas fotográficas en Buenos Aires y para 1910 la cifra había aumentado a 105; más de medio centenar de las registradas en 1907 pertenecían a profesionales italianos. En aquella Corrientes todavía angosta trabajaban varios de los estudios más prestigiosos. Bernardino Pascale, pintor y fotógrafo nacido en Nápoles, ya dirigía hacia 1905 su establecimiento “Fotografía y Pintura” en Corrientes 1670/1676; más tarde también se destacaría su hermano Nicolás Pascale, y ambos hicieron de estas curiosas secuencias una de sus especialidades. Pero la verdadera protagonista de esta historia es Josefina Oliver, nacida en Buenos Aires el 1 de marzo de 1875. La mujer del gran sombrero que aparece en la fotografía no fue solamente una clienta de los estudios porteños: desde 1897 practicaba fotografía por su cuenta y hacia 1899 ya realizaba autorretratos, escenas familiares, interiores y paisajes, revelando sus propias imágenes y coloreando muchas copias a mano. Llegó incluso a convertir su dormitorio en improvisado estudio fotográfico y desarrolló una llamativa experimentación con escenografías, disfraces, autorretratos e imágenes iluminadas con pinturas a la albúmina. Su legado resulta todavía más extraordinario. El 1 de enero de 1892, cuando tenía apenas 16 años y estaba próxima a cumplir 17, comenzó a escribir los “Apuntes” que terminarían transformándose en un monumental diario personal. Continuó esa tarea hasta 1956: veinte tomos y 8.440 páginas en las que registró familia, amistades, comercios, modas, enfermedades, acontecimientos políticos, viajes, espectáculos y transformaciones de Buenos Aires. El archivo reunido y estudiado desde 2006 por su sobrina nieta Patricia Viaña reveló una obra mucho mayor de lo que se conocía originalmente: actualmente se contabilizan más de 2.700 fotografías, además de álbumes, postales, collages y numerosas imágenes coloreadas por la propia Josefina. Aquella mujer que en 1905 permaneció quieta varias veces frente al objetivo de Pascale estaba haciendo, sin imaginarlo, algo extraordinario: posaba para una tecnología que intentaba convertir unos segundos de su vida en una secuencia y, al mismo tiempo, ella misma estaba construyendo uno de los archivos privados más singulares de la historia fotográfica argentina. Más de un siglo después podemos observar su vestido oscuro, el enorme sombrero característico de la moda de comienzos del siglo XX, el caballo de juguete, el alto soporte donde se encuentra la niña y las diferentes posiciones cuidadosamente preparadas dentro del estudio. Tres instantes separados que, colocados uno junto al otro, parecen devolvernos el movimiento de una tarde porteña de 1905. La fotografía había dejado de limitarse a inmortalizar un rostro: comenzaba también a contar una historia. Fuente de la imagen original reproducida: Bernardino Pascale, “Fotografía y Pintura”, Buenos Aires; colección Patricia Viaña, . Fuentes históricas complementarias: Archivo Josefina Oliver, investigación de Patricia Viaña; Centro de Fotografía de Montevideo; Abel Alexander, Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía/Hilario; Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires. m#BuenosAires #BuenosAires1905 #JosefinaOliver #BernardinoPascale #FotografiaAntigua #HistoriaDeLaFotografia #ArgentinaAntigua #MemoriaFotografica #BelleEpoque #RetratosAntiguos #HistoriaArgentina #ArchivoFotografico #OldBuenosAires #VintagePhotography #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EarlyPhotography #PhotographicHistory #BelleEpoque #WomenPhotographers

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