jueves, 1 de octubre de 2026

1 DE OCTUBRE DE 1844 - EL DÍA EN QUE MENDOZA PUSO LEY AL AGUA: 21 ARTÍCULOS QUE COMENZARON A ORDENAR EL DESTINO DEL OASIS


En una provincia donde cada acequia, canal y turno de riego podía significar la diferencia entre una tierra productiva y el desierto, el 1 de octubre de 1844 quedó sancionado uno de los documentos centrales de la historia hídrica mendocina: el Reglamento para el Juzgado de Aguas. José Félix Aldao, gobernador de Mendoza entre 1841 y 1845, aprobó por decreto aquel cuerpo normativo compuesto por 21 artículos, elaborado por una comisión integrada por Benito González, José Silvestre Videla, Juan Estrella, Alejo Mallea y Juan Moyano. No se trataba simplemente de decidir por dónde debía correr el agua: el reglamento buscaba ordenar su aprovechamiento, las concesiones, derechos y restricciones, la administración de los cauces, los conflictos entre usuarios, el régimen económico y la organización de las autoridades encargadas de hacer cumplir las disposiciones.  La regulación de las aguas mendocinas tenía una historia mucho más antigua. Durante siglos, la vida económica y urbana se había desarrollado alrededor de una compleja red de canales y acequias; después de la Independencia se dictaron sucesivas normas y en 1833 se había restablecido formalmente el cargo de Juez General de Aguas. El Reglamento de 1844 no creó desde cero aquella magistratura: la fortaleció, precisó sus atribuciones administrativas y judiciales y convirtió al Juez General de Aguas en la autoridad superior de un sistema que debía intervenir tanto en la distribución del recurso como en los litigios que generaba.  Para dimensionar la fuerza que adquiría aquella autoridad basta observar algunas de sus facultades: el Juez General tenía jurisdicción ordinaria en los asuntos de aguas de mayor cuantía —los que superaban los 50 pesos—, debía tramitar por escrito esas causas y podía intervenir en cuestiones vinculadas con cauces, obras y administración. También debía controlar la percepción de la prorrata destinada al sostenimiento del sistema y presentar presupuestos de los trabajos necesarios en los canales. Por debajo actuaban los llamados jueces de hijuela o de acequia, encargados de cuestiones menores y del cuidado de los cauces, tomas, compuertas, puentes y reparaciones dentro de sus respectivas jurisdicciones. Una disposición particularmente reveladora estableció que, en materia de aguas, quedaban sujetos al régimen incluso quienes gozaban de fueros eclesiásticos o militares, mostrando hasta qué punto se pretendía establecer una autoridad común sobre un recurso indispensable para toda la sociedad. Aquel documento acompañaría durante décadas una enorme transformación del territorio. El agua hacía posible las chacras, los potreros, los molinos, los frutales y las viñas; controlar su reparto significaba también organizar la expansión económica de una provincia asentada en una región naturalmente árida. Estudios históricos sobre el sistema mendocino señalan que el área irrigada creció de manera considerable durante el siglo XIX, mientras canales y acequias avanzaban sobre nuevas superficies productivas.  El Reglamento de Aldao permaneció como una referencia general durante aproximadamente cuarenta años, hasta la sanción de la Ley General de Aguas de 1884, uno de los grandes hitos posteriores de la organización hídrica provincial.  Pero existe además un detalle extraordinario para la memoria histórica mendocina: aquel texto no sobrevivió únicamente en transcripciones o libros. El Departamento General de Irrigación confirma que una página del documento original continúa conservándose en el Archivo General de Mendoza y ha difundido públicamente su reproducción. En la hoja manuscrita todavía puede leerse el encabezamiento “Reglamento para el juzgado de Aguas”, seguido de los primeros artículos escritos hace más de 180 años.  Ese papel amarillento es mucho más que una antigua disposición administrativa: es el testimonio material de una Mendoza que comprendía que, en un territorio modelado por la aridez, ordenar el agua equivalía a ordenar buena parte de su futuro agrícola, económico y territorial. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Época Independiente, Reglamento del Juzgado de Aguas de 1844; la investigación académica de Inés Sanjurjo de Driollet lo referencia como AGPM, Independiente, Carpeta 198. Departamento General de Irrigación, Centro de Documentación, Patrimonio Histórico y Cultura del Agua. Pedro Santos Martínez, “Consideraciones histórico-jurídicas sobre el reglamento mendocino de aguas de 1844”, Revista de Historia del Derecho Nº 14, 1986. Matías Edgardo Pascualotto, “Las políticas hídricas y el proceso constitucional de Mendoza”.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Agua #Irrigación #Acequias #JoséFélixAldao #ArchivoHistórico #PatrimonioMendocino #1DeOctubre #MendozaHistory #ArgentinaHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #HistoricalDocuments #WaterManagement #CulturalHeritage

1960: CUANDO MENDOZA FORMABA A LOS HOMBRES Y MUJERES QUE DEFENDERÍAN SUS VIÑEDOS CON CIENCIA


Frente a la imponente sede de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, en Chacras de Coria, quedó inmortalizada una generación de estudiantes que se preparaba para intervenir directamente en uno de los pilares económicos de Mendoza: la agricultura. La fotografía muestra a alumnos de tercer año reunidos en la explanada de acceso a la Facultad junto al profesor de Fitopatología, ingeniero agrónomo Rafael Edmundo Pontis Videla, ubicado en el centro y reconocible por sus anteojos. La identificación y la fecha aparecen documentadas en “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, obra institucional editada por EDIUNC en 2017. Aquella escena condensaba décadas de transformación de la enseñanza agrícola mendocina. La institución había comenzado sus actividades el 16 de agosto de 1939 como Escuela Superior de Agronomía; en 1940 se trasladó a la histórica Quinta Agronómica y en 1944 egresó su primera promoción, integrada por 18 ingenieros agrónomos. El 31 de diciembre de 1946, mediante el Decreto Nº 25.621, alcanzó la categoría de Facultad de Ciencias Agrarias. Finalmente, el 2 de abril de 1954 comenzó el cierre definitivo de una etapa con la despedida de la Quinta Agronómica y el traslado de las cátedras hacia la nueva sede de Chacras de Coria.  Por eso, cuando esta fotografía fue tomada en 1960, los jóvenes retratados estudiaban en una Facultad que llevaba apenas unos años instalada plenamente en aquel enorme predio de Luján de Cuyo. Pero quien aporta una dimensión todavía mayor a la imagen es Rafael Pontis Videla. Nacido en Mendoza el 11 de enero de 1911, se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires en 1933 y desde 1934 se dedicó a la Patología Vegetal. En 1935 ya dirigía el Laboratorio Regional de Patología Vegetal del Ministerio de Agricultura en Mendoza y simultáneamente enseñaba en la antigua Escuela de Agricultura y Enología, antecedente directo de Ciencias Agrarias. Entre 1941 y 1943 perfeccionó sus conocimientos como Research Fellow en el Departamento de Patología Vegetal de la Universidad de California en Berkeley; luego desarrolló tareas científicas en Colombia, Venezuela, Holanda y Suiza, hasta regresar a Mendoza y hacerse cargo en 1956 de la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agrarias.  Su trabajo no quedó encerrado en las aulas. Investigó enfermedades capaces de afectar cultivos fundamentales y realizó aportes sobre patologías vegetales en distintos países. En 1958 publicó en la Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias un “Registro de enfermedades de las plantas, nuevas o poco conocidas en la provincia de Mendoza”; y en 1963, junto con José M. Feldman, publicó un trabajo sobre Xiphinema index y X. americanum hallados en suelos de viñedos mendocinos. La presencia de Xiphinema index tenía enorme importancia fitosanitaria por tratarse del nematodo relacionado con la transmisión de la degeneración infecciosa de la vid; su trayectoria académica registra que en 1964 fue invitado a la Universidad de California en Davis para profundizar precisamente esos estudios.  Pontis Videla continuó formando investigadores durante décadas, integró desde 1958 la Comisión Asesora Regional de Cuyo del CONICET, recibió subsidios que permitieron incorporar invernáculos destinados al estudio de virosis vegetales y en 1982 fue distinguido como Profesor Extraordinario Emérito. Dos años después ingresó como Académico Correspondiente en Mendoza de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Falleció en su provincia natal el 15 de abril de 1997.  Vista más de seis décadas después, esta fotografía ya no representa simplemente a un grupo de estudiantes posando frente a una facultad: muestra una Mendoza que comenzaba a consolidar una estructura científica propia alrededor de la vid, los frutales, las hortalizas, los suelos y las enfermedades vegetales. Detrás de aquellos guardapolvos blancos había futuros profesionales; en el centro estaba uno de los grandes especialistas mendocinos en fitopatología, y detrás de todos ellos se levantaba una institución heredera de una tradición agronómica iniciada en el siglo XIX y destinada a acompañar la transformación productiva de la provincia. Aquella mañana de 1960, sin saberlo, alumnos y profesor dejaron congelado uno de esos instantes en los que la historia de Mendoza, la universidad y la ciencia quedaron reunidas en una sola imagen. Fuente de la fotografía: Universidad Nacional de Cuyo – EDIUNC, “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, 1.ª edición, Mendoza, 2017. La obra identifica la imagen como: “1960. Alumnos de tercer año en la explanada de acceso a la Facultad, acompañados por el profesor de Fitopatología, el ingeniero agrónomo Rafael Pontis Videla (en el centro, con anteojos)”.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #UNCuyo #CienciasAgrarias #Agronomía #Fitopatología #ChacrasDeCoria #LujánDeCuyo #HistoriaArgentina #Vitivinicultura #Agricultura #RafaelPontisVidela #MemoriaMendocina #FotosAntiguas #MendozaHistory #ArgentineHistory #AgriculturalScience #Agronomy #PlantPathology #Viticulture #HistoricMendoza #OldPhotos

1 DE OCTUBRE DE 1862, NACE LA MENDOCINA QUE CONQUISTÓ LAS LETRAS: ROSARIO PUEBLA DE GODOY, LA VOZ QUE CONVIRTIÓ LA HISTORIA DE MENDOZA EN LITERATURA


En una Mendoza que todavía conservaba muy próximas las heridas de las guerras civiles y donde la presencia femenina en los círculos literarios y periodísticos era excepcional, nació Rosario Puebla de Godoy, una de las figuras pioneras de las letras mendocinas de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Hija de José Manuel Puebla y Pola Peñaloza, pertenecía a familias de antiguo arraigo provincial. El 30 de septiembre de 1882 contrajo matrimonio en la iglesia de Santo Domingo con Isaac Godoy, quien desempeñaría distintos cargos judiciales; cuando este fue nombrado juez de la Cámara de Apelaciones de La Plata, el matrimonio se trasladó a esa ciudad, circunstancia que acercó a Rosario a los grandes ámbitos intelectuales y editoriales de Buenos Aires y La Plata. Allí su nombre comenzó a trascender ampliamente las fronteras mendocinas. Cultivó poesía lírica, narrativa, ensayo y periodismo de opinión, colaborando en publicaciones de enorme circulación y prestigio como Caras y Caretas, La Prensa, La Nación y Búcaro Americano. Publicó Nubes de incienso en 1901 y Al pie de los Andes en 1902; su producción llegó incluso a despertar elogios de Carlos Guido y Spano. Pero su obra fundamental apareció en 1904: La ciudad heroica, novela histórica ambientada principalmente en la convulsionada Mendoza de la década de 1840. Su importancia excede largamente la curiosidad bibliográfica: investigaciones académicas actuales consideran a esta obra el punto de partida de la ficción histórica mendocina. En sus páginas combinó personajes reales y ficticios, recuerdos familiares, escenarios y costumbres de la antigua Mendoza con acontecimientos vinculados a los enfrentamientos entre unitarios y federales. La propia autora reconoció que parte de aquel material procedía de relatos transmitidos por ancianas de su familia, e incorporó incluso a miembros de la rama materna de los Peñaloza y referencias a la finca familiar de El Retamo. Estudios de la Universidad Nacional de Cuyo señalan además que el título La ciudad heroica posee un doble sentido: por una parte, la representación de la resistencia de sectores mendocinos al gobierno de José Félix Aldao entre 1841 y 1845 y, por otra, la memoria del aporte de Mendoza a la campaña libertadora de San Martín.  El libro alcanzó repercusión en los círculos literarios porteños y fue llevado a escena en el Teatro Nacional durante los primeros meses de 1906. Rosario escribió también el poema épico La leyenda de los Andes, representado en ese mismo teatro, mientras que en el diario El Debate difundió poesías y, en 1910, una primera versión de Leyenda Blanca, posteriormente incorporada a otro volumen.  Su reconocimiento quedó registrado de una manera extraordinaria el 1 de septiembre de 1906, cuando Búcaro Americano, la influyente publicación dirigida por la escritora peruana Clorinda Matto de Turner, colocó el retrato de Rosario Puebla en su portada. En aquel número 48, la sección “Nuestras Miniaturas” se ocupó de La ciudad heroica y Al pie de los Andes y publicó además su poema Lúgubre historia; posteriormente la revista difundió también Cantares viejos. Aquella portada constituye hoy uno de los testimonios gráficos más valiosos de la escritora mendocina.  Su actividad, sin embargo, fue mucho más allá de escribir libros. Fue socia fundadora de la Biblioteca Social de Mujeres, donde ofreció conferencias destinadas a obreras; desde 1902 integró una comisión dedicada a distribuir libros en cárceles y fábricas y participó activamente del Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina, trabajando especialmente en su biblioteca y fomentando la lectura y la escritura entre las trabajadoras. Murió en Buenos Aires en 1924. Más de un siglo después, el valor de Rosario Puebla de Godoy adquiere una dimensión todavía mayor: escribió cuando publicar siendo mujer implicaba abrirse camino dentro de un universo cultural dominado mayoritariamente por hombres, llevó la historia y los paisajes de Mendoza a los grandes círculos intelectuales del país y dejó, con La ciudad heroica, una obra que la investigación literaria contemporánea sitúa en el nacimiento mismo de la narrativa histórica mendocina. Su nombre merece regresar al lugar que alguna vez ocupó entre libros, periódicos y escenarios: el de una mendocina que transformó memoria, historia y cordillera en literatura.  Fuente principal: Gloria Hintze, “Memoria, historia y ficción en la escritura femenina del siglo XIX. La ciudad heroica de Rosario Puebla de Godoy”, Cuadernos del CILHA, Universidad Nacional de Cuyo; Marta Elena Castellino, estudios sobre literatura mendocina, UNCuyo y Cuadernos de Literatura, Universidad Nacional del Nordeste; Búcaro Americano, Nº 48, 1 de septiembre de 1906. #RosarioPueblaDeGodoy #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #LiteraturaMendocina #EscritorasArgentinas #MujeresEnLaHistoria #LaCiudadHeroica #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #Efemerides #UnDiaComoHoy #MendozaHistory #ArgentineHistory #WomenWriters #ArgentineLiterature #HistoricalFiction #WomenInHistory

1 DE OCTUBRE DE 1750 - EL DOCUMENTO QUE ABRIÓ UNA BODEGA: VIÑAS, ADOBE Y VINO EN EL CORAZÓN DE LA MENDOZA COLONIAL


Mucho antes de que Mendoza fuera reconocida mundialmente como tierra del vino, cuando Cuyo todavía integraba el Reino de Chile y faltaban más de dos décadas para su incorporación al Virreinato del Río de la Plata, un documento judicial dejó congelada en el papel una extraordinaria imagen de aquella temprana cultura vitivinícola. Ese día quedó registrado el inventario de bienes de Joseph de Coria, conservado actualmente en el Archivo General de la Provincia de Mendoza, dentro de la Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 238, Documento 10. No se trata simplemente de una sucesión: sus páginas permiten atravesar casi tres siglos y entrar en una auténtica hacienda vitivinícola mendocina del siglo XVIII. La documentación describe una vivienda de adobe, con 16 tijeras de sauce, una ventana hacia el patio y una puerta realizada con tablas de alerce; junto a ella se levantaba una bodega construida con pared pisada y adobe que alcanzaba 30 varas de longitud —aproximadamente 25 metros—, sostenida por 31 tijerales de sauce, con una gran puerta de dos hojas provista de cerradura y llave y una ventana orientada hacia el poniente. En su interior funcionaba un lagar destinado al procesamiento de la uva, construido con una parte de adobe y otras de argamasa y cascajo. Estos elementos coinciden con las características documentadas para las bodegas cuyanas coloniales: construcciones largas y angostas, levantadas fundamentalmente con tierra cruda, madera de sauce, caña y materiales disponibles en el propio territorio.  Pero el inventario de Coria guarda todavía un dato más sorprendente. Investigaciones académicas basadas en la misma documentación establecen que su propiedad tenía una viña de 5.874 plantas de “uva negra”, una de las variedades fundamentales de la viticultura tradicional de la región. También aparece registrado un parral con 13 pies de moscatel sostenidos por horcones de algarrobo y otro sector con 210 cepas de moscatel y uva negra. Es decir, aquel establecimiento no era únicamente una casa rural con algunas vides: reunía viñedo, instalaciones para elaborar vino y una bodega específicamente construida para conservar la producción, revelando el grado de desarrollo que la actividad había alcanzado en Mendoza a mediados del siglo XVIII.  La trascendencia de esta fuente es enorme porque buena parte de la arquitectura colonial del antiguo núcleo mendocino desapareció tras el terremoto de 1861. Por eso, inventarios, testamentos y expedientes judiciales como el de Joseph de Coria permiten reconstruir aquello que ya no puede observarse físicamente: el tamaño de las bodegas, los materiales empleados, la disposición de sus puertas y ventanas, los lagares, las variedades de uva y hasta la organización cotidiana de aquellas haciendas. Estudios especializados señalan que las bodegas coloniales mendocinas solían tener alrededor de cinco varas de altura, seis o siete de ancho y entre 30 y 80 varas de longitud, dimensiones entre las que encaja perfectamente la propiedad de Coria. Así, aquel inventario levantado en 1750 se convierte en algo mucho mayor que una enumeración de bienes: es una ventana directa hacia una Mendoza de adobe, acequias, lagares y miles de cepas, donde el vino ya formaba parte de la economía y de la vida cotidiana más de un siglo antes de la gran transformación vitivinícola de fines del siglo XIX. La Mendoza del vino no nació de repente con las grandes bodegas modernas: sus raíces estaban profundamente afirmadas en la tierra mucho antes, y documentos como el de Joseph de Coria permiten escucharlas hablar casi trescientos años después.  Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza —denominado Archivo Histórico de Mendoza en buena parte de la bibliografía académica—, Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta Nº 238, Documento Nº 10, especialmente fojas 8, 9 y 9v.; Inventario de bienes de Joseph de Coria, Mendoza, 1 de octubre de 1750. La identificación archivística y la fecha aparecen reproducidas en Pablo Lacoste, “La hacienda vitivinícola (Mendoza y San Juan, siglo XVIII)”, Revista Universum, Universidad de Talca, 2007, y en Pablo Lacoste et al., “Variedades de uva en Chile y Argentina (1550-1850). Genealogía del torrontés”, Mundo Agrario, UNLP, 2010.Nota documental: una tesis posterior de Estela Premat reproduce esta misma testamentaría con fecha “1 de julio de 1750”, mientras que los trabajos de Lacoste de 2007 y 2010 citan reiteradamente “1 de octubre de 1750”; para esta publicación se mantiene el 1 de octubre por ser la fecha coincidente en varias referencias académicas directas al expediente.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #BodegasDeMendoza #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #ColonialHistory #WineHeritage #HistoricMendoza #Viticulture #WineCulture #ArgentinaHistory