Hubo una Argentina de caminos largos, estaciones solitarias, trenes cargueros y estancias perdidas en la inmensidad del campo. En ese paisaje apareció una figura hoy casi borrada de la memoria: el linyera, aquel hombre errante que recorría pueblos, vías y caminos con todo su mundo cargado al hombro. No todos eran iguales. Algunos caminaban por necesidad, otros por trabajo temporario y otros por una decisión profunda de vivir sin patrón, sin horarios y sin ataduras. Su casa podía ser una estación, un galpón, la sombra de un árbol o el reparo de una pequeña construcción rural. Su equipaje era mínimo: el “mono” con algo de ropa, una pava, una olla, mate, bombilla, cubiertos y algún plato enlozado. Lo esencial para seguir andando. En muchas zonas rurales existieron las croteras, humildes refugios levantados cerca de caminos, estancias o vías ferroviarias. Eran pequeñas casitas destinadas a dar abrigo a esos viajeros de paso. Allí podían descansar, encender un fuego, protegerse del frío, de la lluvia o de la noche cerrada. No era lujo: era humanidad. El croto, por su parte, quedó ligado a los trabajadores rurales golondrina que viajaban en trenes de carga buscando cosechas, changas o jornales. El nombre popular nació del apellido de José Camilo Crotto, gobernador bonaerense que en 1920 permitió el traslado gratuito de peones rurales en esos trenes. Con el tiempo, la palabra cambió de sentido y muchas veces fue usada de forma despectiva, olvidando su origen ligado al trabajo, la pobreza y la movilidad rural. Aquellos hombres formaron parte de una Argentina ferroviaria y criolla, donde el camino era destino y la hospitalidad todavía tenía valor sagrado. En muchas casas de campo no se preguntaba demasiado: se ofrecía agua caliente, un plato sencillo, un rincón para dormir o una tarea menor a cambio de ayuda. Cuando se apagaron estaciones, se levantaron vías, se mecanizó el campo y los pueblos quedaron más aislados, también se fue apagando ese mundo. Desaparecieron los linyeras de antes, las croteras quedaron abandonadas y el país perdió una de sus estampas más silenciosas. Hoy, esas pequeñas construcciones no solo hablan de pobreza o de vida errante. Hablan de una época en la que, aun con poco, todavía se dejaba una puerta abierta para el desconocido. #MendozAntigua #ArgentinaAntigua #Linyeras #Crotos #Croteras #HistoriaArgentina #CampoArgentino #FerrocarrilesArgentinos #MemoriaRural #CulturaCriolla #PueblosDeArgentina #FotosAntiguas #OldArgentina #ArgentineHistory #RuralHistory #RailwayHistory #ForgottenStories #VintageArgentina #CountryLife #SocialHistory. Fuente: Croto en su crotera. Junín, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1918. Autor no identificado. Imagen difundida por Programa Otro Aire / LA17; reproducida luego por Ser Argentino con crédito “La17 / El Popular”.
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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miércoles, 10 de junio de 2026
1918🔥 EL PAÍS QUE DABA TECHO AL DESCONOCIDO: LINYERAS, CROTOS Y CROTERAS OLVIDADAS- JUNIN, BUENOS AIRES
Hubo una Argentina de caminos largos, estaciones solitarias, trenes cargueros y estancias perdidas en la inmensidad del campo. En ese paisaje apareció una figura hoy casi borrada de la memoria: el linyera, aquel hombre errante que recorría pueblos, vías y caminos con todo su mundo cargado al hombro. No todos eran iguales. Algunos caminaban por necesidad, otros por trabajo temporario y otros por una decisión profunda de vivir sin patrón, sin horarios y sin ataduras. Su casa podía ser una estación, un galpón, la sombra de un árbol o el reparo de una pequeña construcción rural. Su equipaje era mínimo: el “mono” con algo de ropa, una pava, una olla, mate, bombilla, cubiertos y algún plato enlozado. Lo esencial para seguir andando. En muchas zonas rurales existieron las croteras, humildes refugios levantados cerca de caminos, estancias o vías ferroviarias. Eran pequeñas casitas destinadas a dar abrigo a esos viajeros de paso. Allí podían descansar, encender un fuego, protegerse del frío, de la lluvia o de la noche cerrada. No era lujo: era humanidad. El croto, por su parte, quedó ligado a los trabajadores rurales golondrina que viajaban en trenes de carga buscando cosechas, changas o jornales. El nombre popular nació del apellido de José Camilo Crotto, gobernador bonaerense que en 1920 permitió el traslado gratuito de peones rurales en esos trenes. Con el tiempo, la palabra cambió de sentido y muchas veces fue usada de forma despectiva, olvidando su origen ligado al trabajo, la pobreza y la movilidad rural. Aquellos hombres formaron parte de una Argentina ferroviaria y criolla, donde el camino era destino y la hospitalidad todavía tenía valor sagrado. En muchas casas de campo no se preguntaba demasiado: se ofrecía agua caliente, un plato sencillo, un rincón para dormir o una tarea menor a cambio de ayuda. Cuando se apagaron estaciones, se levantaron vías, se mecanizó el campo y los pueblos quedaron más aislados, también se fue apagando ese mundo. Desaparecieron los linyeras de antes, las croteras quedaron abandonadas y el país perdió una de sus estampas más silenciosas. Hoy, esas pequeñas construcciones no solo hablan de pobreza o de vida errante. Hablan de una época en la que, aun con poco, todavía se dejaba una puerta abierta para el desconocido. #MendozAntigua #ArgentinaAntigua #Linyeras #Crotos #Croteras #HistoriaArgentina #CampoArgentino #FerrocarrilesArgentinos #MemoriaRural #CulturaCriolla #PueblosDeArgentina #FotosAntiguas #OldArgentina #ArgentineHistory #RuralHistory #RailwayHistory #ForgottenStories #VintageArgentina #CountryLife #SocialHistory. Fuente: Croto en su crotera. Junín, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1918. Autor no identificado. Imagen difundida por Programa Otro Aire / LA17; reproducida luego por Ser Argentino con crédito “La17 / El Popular”.
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