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sábado, 12 de septiembre de 2026

🔥🌳🏔️ LA AVENIDA QUE CAMBIÓ DE NOMBRE, PERO NUNCA PERDIÓ SU ALMA: CUANDO EL ACTUAL LIBERTADOR ERA EL GRAN EJE VERDE DEL PARQUE DEL OESTE 🇦🇷📸


Esta extraordinaria imagen nos transporta a las primeras décadas del siglo XX, cuando la actual Avenida del Libertador comenzaba a consolidarse como el gran eje paisajístico del entonces Parque del Oeste, nombre original del actual Parque General San Martín. El gigantesco paseo había nacido oficialmente el 6 de noviembre de 1896 mediante la Ley Provincial N.º 19, y para su diseño fue contratado el célebre paisajista francés Carlos Thays. Allí, donde antes dominaban el suelo pedregoso y la aridez del oeste mendocino, comenzó a levantarse uno de los proyectos urbanos más ambiciosos de la provincia: kilómetros de caminos, acequias, arboledas y jardines destinados a convertir aquel espacio en un verdadero pulmón verde. La arteria que vemos en estas antiguas fotografías quedó profundamente identificada con sus hileras de árboles. Documentos contemporáneos la mencionan como Avenida de los Álamos: una ley provincial de 1914 utilizaba expresamente esa denominación para localizar terrenos junto al paseo, y todavía en documentación de 1924 vuelve a aparecer el mismo nombre. Hacia fines de 1909 el parque ya había incorporado una iluminación sorprendentemente moderna para su tiempo: la investigación de Patricia Favre, de la Universidad Nacional de Cuyo, documenta grandes lámparas de arco colocadas de a dos sobre elegantes columnas de hierro fundido, separadas aproximadamente cincuenta metros entre sí, y menciona expresamente a la Avenida de los Álamos entre los paseos iluminados. Esas características son perfectamente compatibles con las estilizadas farolas que aparecen en fotografías de aquel corredor arbolado. Pero su toponimia tuvo varios capítulos. La historiadora Teresa Alicia Giamportone registra que el 6 de julio de 1916 un decreto del Poder Ejecutivo provincial denominó “Avenida del Libertador” a la hasta entonces llamada oficialmente Avenida Independencia. Esto demuestra que “Avenida de los Álamos” convivió durante aquellos años con otras denominaciones oficiales o de uso habitual. Más adelante la arteria pasó a llamarse Avenida Uriburu, aunque en las fuentes disponibles no encontramos todavía la norma primaria que permita fijar con seguridad el día exacto de ese cambio. Lo que sí está perfectamente documentado es el momento decisivo: en 1947, mediante la Ley N.º 1744, el antiguo Parque del Oeste recibió definitivamente el nombre de Parque General San Martín y la Avenida Uriburu volvió a ser denominada Avenida del Libertador, nombre que conserva hasta nuestros días. Así, aquella recta silenciosa flanqueada por álamos, tierra, acequias y farolas fue mucho más que una calle: fue el eje sobre el que Mendoza construyó uno de sus paisajes más reconocibles. Más de un siglo después, recorrer la Avenida del Libertador sigue siendo atravesar una parte viva de la historia mendocina. 🇦🇷🌳📜 #Mendoza #MendozaAntigua #ParqueGeneralSanMartin #ParqueDelOeste #AvenidaDelLibertador #AvenidaDeLosAlamos #HistoriaDeMendoza #CarlosThays #PatrimonioMendocino #FotosAntiguas #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #MendozaHistory #HistoricMendoza #ArgentinaHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage #HistoricalPhotography

jueves, 10 de septiembre de 2026

🔥🐂🏛️ MENDOZA, HACIA 1890: EL MATADERO QUE FUNCIONÓ SOBRE EL ANTIGUO CABILDO… UNA CRUDA FOTOGRAFÍA QUE EMILIO CONI PUBLICÓ EN 1897


Esta extraordinaria imagen nos transporta a una Mendoza difícil de reconocer. Frente a la antigua plaza fundacional, en el mismo predio donde durante siglos había funcionado el Cabildo de la ciudad, hombres realizaban la faena de ganado mediante un sistema que, observado desde el presente, expone con crudeza las condiciones laborales y sanitarias de fines del siglo XIX. El Matadero Público había sido construido en 1877, años después de que el terremoto del 20 de marzo de 1861 destruyera gran parte de la antigua ciudad. Las investigaciones arqueológicas sostienen incluso que para levantarlo se aprovecharon pisos, cimientos, materiales y sectores de los antiguos muros del Cabildo. Hacia la década de 1890 aquel establecimiento seguía siendo una pieza esencial para el abastecimiento de carne, pero también uno de los focos que más preocupaban a los higienistas. Emilio R. Coni, contratado por el Gobierno mendocino para estudiar las causas de la grave situación sanitaria provincial, describió un escenario alarmante: deficiencias constructivas, sumideros saturados, aguas servidas y desperdicios de la matanza que terminaban en el Zanjón. El problema era todavía más grave porque parte de la población situada aguas abajo utilizaba aquellas aguas, mientras Mendoza carecía aún de una red moderna de cloacas. Coni propuso transformar el establecimiento: pisos impermeables de cemento Portland o piedra lisa, mejores canalizaciones para los líquidos residuales y espacios específicos para acumular guano y otros desperdicios. Todo quedó documentado en su monumental obra Saneamiento de la provincia de Mendoza, publicada en Buenos Aires en 1897. Y aquí aparece uno de los detalles más fascinantes: estudios posteriores identifican esta fotografía como una toma de alrededor de 1890 y atribuyen las imágenes de aquella publicación oficial a Augusto Streich, uno de los grandes fotógrafos documentales de la Mendoza de fines del siglo XIX. Así, la escena no es simplemente una fotografía de un matadero: es el testimonio visual de una ciudad partida entre dos épocas, donde sobre el solar del antiguo poder colonial se instaló una actividad considerada insalubre mientras, unas cuadras hacia el oeste, nacía la Mendoza Nueva que buscaba presentarse como moderna, ordenada y progresista. El matadero permanecería ligado al lugar hasta las primeras décadas del siglo XX; hacia 1927 fue demolido y el sector atravesó nuevas funciones. Más de un siglo después, la arqueología volvería a encontrar bajo tierra pisos, estructuras y miles de fragmentos de objetos dejados por quienes trabajaron allí. Una imagen potente que recuerda que debajo de la Mendoza actual sobreviven, literalmente, las capas de muchas ciudades anteriores. Augusto Streich, aproximadamente 1890 → publicada por Emilio R. Coni en Saneamiento de la provincia de Mendoza, 1897 #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza #MataderoPublico #AreaFundacional #PlazaPedroDelCastillo #CiudadVieja #EmilioConi #AugustoStreich #FotografiaAntigua #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #PatrimonioMendocino #OldMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricPhotography #UrbanHistory #HistoricalArgentina

lunes, 7 de septiembre de 2026

(ca.1900)🔥🏚️🇦🇷 MENDOZA ENTRE ESCOMBROS: LAS RUINAS DE SAN FRANCISCO, LA CICATRIZ DE PIEDRA QUE EL TERREMOTO DE 1861 NO PUDO BORRAR ⛪⛰️


Una calle de tierra, vecinos detenidos frente al antiguo templo, un perro recorriendo la vereda y, detrás del cerramiento, enormes muros mutilados elevándose bajo la copa de un viejo pino. La escena nos transporta al corazón de aquella Mendoza que desapareció casi por completo la noche del 20 de marzo de 1861. Las actuales Ruinas de San Francisco, en Ituzaingó y Beltrán, junto a la histórica Plaza Pedro del Castillo, constituyen los únicos restos arquitectónicos visibles conservados de la antigua ciudad destruida por aquel terremoto. La historia del lugar había comenzado mucho antes: en 1608 el padre jesuita Diego de Torres Bollo estableció en Mendoza una residencia de la Compañía de Jesús, mientras que el gran templo cuyos restos llegaron hasta nuestros días fue levantado durante la primera mitad del siglo XVIII. Era una construcción monumental de piedra, cal y ladrillo, con tres naves abovedadas, cúpula sobre el crucero, presbiterio, coro y capillas. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el conjunto terminó en manos de los franciscanos hacia 1798, origen del nombre con el que la memoria mendocina terminaría identificándolo. Pero sus muros también quedaron unidos para siempre a la epopeya sanmartiniana: según la Comisión Nacional de Monumentos, allí fue bendecida y jurada por primera vez la Bandera de los Andes; además, una de sus capillas albergaba la imagen de Nuestra Señora del Carmen vinculada al Ejército de los Andes. El terremoto de 1861 convirtió aquel enorme edificio en una masa de ladrillos quebrados, pilares y bóvedas abiertas al cielo, pero las ruinas sobrevivieron como una formidable cicatriz urbana de la vieja Mendoza. En 1941 fueron declaradas Monumento Histórico Nacional. Y esta fotografía guarda además un pequeño misterio histórico: circula con el título francés “Argentina, Cordillière des Andes, Gerencia, Mendoza, ruines de San Francisco” y una datación de 1890, pero una investigación más profunda permite poner seriamente en duda ese año. La escena muestra un murete perimetral y un alambrado que, según el arqueólogo e historiador de la arquitectura Daniel Schávelzon, fueron incorporados durante la primera puesta en valor de las ruinas, iniciada entre 1906 y 1907. Su estudio documenta incluso fotografías antiguas de este mismo sitio erróneamente fechadas en 1893 y muestra que hacia 1907 ya se estaban colocando los parantes y el alambrado que separaron definitivamente las ruinas de la calle. Por eso, más que “circa 1890”, una datación prudente para esta toma sería aproximadamente 1907–1910, o al menos “primeros años del siglo XX”. Un siglo después, aquellos ladrillos rotos siguen contando algo que ningún edificio nuevo puede reemplazar: la historia de una Mendoza que cayó, se trasladó, volvió a levantarse… y dejó una parte de sí misma en pie para que nunca olvidáramos de dónde venimos. #Mendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #RuinasDeSanFrancisco #ÁreaFundacional #CiudadDeMendoza #MendozaHistórica #HistoriaDeMendoza #TerremotoDe1861 #PatrimonioHistórico #HistoriaArgentina #SanMartín #BanderaDeLosAndes #FotografíaAntigua #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #OldMendoza #HistoricMendoza #SanFranciscoRuins #ArgentinaHistory #HistoricPhotography #CulturalHeritage #OldArgentina #AndesHistory


domingo, 6 de septiembre de 2026

🔥⛰️🇦🇷 PUENTE DEL INCA: EL COLOSO MINERAL DE LOS ANDES, CONGELADO EN EL TIEMPO HACE MÁS DE 130 AÑOS 🏔️♨️📸 Mendoza, Argentina


Mendoza, fines del siglo XIX, probablemente entre las décadas de 1880 y 1890. Mucho antes de que el gran complejo hotelero transformara este rincón de la Cordillera, una cámara consiguió detener para siempre una de las imágenes más extraordinarias de la alta montaña mendocina: el legendario Puente del Inca, todavía rodeado por un paisaje áspero, casi desnudo, donde unas pocas construcciones comenzaban a anunciar la presencia humana permanente. En primer plano aparece el gigantesco arco natural atravesado por el Río Cuevas, junto a las formaciones minerales modeladas durante siglos por las aguas termales; en la parte superior pueden distinguirse pequeñas edificaciones y un incipiente caserío, testimonio de una época en la que llegar hasta aquí suponía días de viaje, animales de carga y condiciones extremas. Ubicado aproximadamente a 2.700-2.730 metros sobre el nivel del mar, Puente del Inca no es simplemente una roca perforada por el río: los estudios geológicos actuales lo consideran una compleja formación geobiológica en cuya consolidación intervinieron sedimentos, aguas termominerales, carbonatos, sales y procesos de cementación que dieron origen a sus inconfundibles tonalidades amarillas, ocres y anaranjadas. Sus vertientes mantienen temperaturas del orden de los 34 a 38 °C, incluso en un ambiente cordillerano donde los inviernos son extremos. El lugar despertaba asombro muchísimo antes de que existiera la fotografía: cronistas coloniales ya describían la formación y sus aguas durante el siglo XVII, y Alonso de Ovalle publicó una célebre descripción en 1646. Dos siglos más tarde, el 4 de abril de 1835, Charles Darwin llegó a Puente del Inca durante su travesía de los Andes y realizó observaciones geológicas que contribuirían al estudio científico de su origen. Hacia fines del siglo XIX comenzó la explotación organizada de las fuentes termales como estación balnearia; la llegada del Ferrocarril Trasandino a la localidad en 1902 aceleró luego su desarrollo y convirtió al sitio en uno de los grandes destinos termales de montaña de la Argentina. Décadas más tarde surgiría el célebre hotel termal, hasta que el devastador alud del 15 de agosto de 1965 puso fin a aquella etapa. Desde 2005, el lugar está protegido como Reserva Monumento Natural Puente del Inca y, además, integra el sistema vial andino Qhapaq Ñan–Camino del Inca, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Esta fotografía es mucho más que una postal envejecida: es una ventana abierta hacia una Cordillera todavía indómita, cuando fotografiar semejante paisaje también era una auténtica expedición. Más de un siglo después, el Puente del Inca continúa allí, suspendido sobre el río, cubierto de minerales y leyendas, recordándonos que la naturaleza puede construir monumentos que ningún arquitecto humano podría imaginar. 📸 Imagen: Puente del Inca, Mendoza, fines del siglo XIX, c.1880-1890; autoría exacta por confirmar. #PuenteDelInca #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #CordilleraDeLosAndes #AltaMontaña #FotografíaHistórica #PatrimonioNatural #AguasTermales #Andes #ArgentinaAntigua #IncaBridge #MendozaArgentina #AndesMountains #HistoricPhotography #ArgentineHistory #NaturalHeritage #SouthAmericaHistory #HistoricArgentina “Puente del Inca, Mendoza, fines del siglo XIX, c.1880-1890. Fotógrafo no identificado; datación y autoría exactas por confirmar”.

sábado, 5 de septiembre de 2026

🔥🏔️🐎 FINES DEL SIGLO XIX: CUANDO EL RÍO MENDOZA ERA TERRITORIO DE MULAS Y ARRIEROS… EL IMPONENTE PARAMILLO DE LAS VACAS ANTES DE QUE EL TREN CONQUISTARA LA CORDILLERA 🚂🌊🇦🇷


Esta extraordinaria fotografía histórica nos transporta a una Alta Montaña mendocina todavía dominada casi por completo por la piedra, el agua, los animales de carga y la inmensidad de los Andes. La escena corresponde al Río Mendoza, en el sector conocido como Paramillo de las Vacas: entre abruptas paredes montañosas y un enorme cauce pedregoso aparecen pequeños jinetes y caballos cargados, diminutos frente a una geografía que durante siglos condicionó cada viaje entre Mendoza y Chile. La imagen pertenece al Fondo Odber Heffer Bissett de Cultura Digital de la Universidad Diego Portales, donde está registrada con el código A0006-000019. Heffer, fotógrafo canadiense radicado en Chile desde 1887, fue uno de los grandes documentalistas de paisajes y ciudades del cambio de siglo. Aunque esta fotografía suele situarse alrededor de 1890, el archivo que conserva el original digitalizado no proporciona una fecha exacta, por lo que resulta más prudente ubicarla hacia fines del siglo XIX. Y aquellos años fueron decisivos para la historia de este corredor: el Ferrocarril Trasandino había comenzado a construirse desde Mendoza en 1887, llegó a Uspallata en 1891, alcanzó Río Blanco en 1892 y Punta de Vacas en 1893; finalmente, la conexión ferroviaria completa entre Argentina y Chile quedó inaugurada en 1910. En documentos técnicos de la época incluso se describía cómo, a la altura del Paramillo de las Vacas, la vía debía avanzar sobre grandes terraplenes de roca levantados en el propio lecho del río Mendoza. Allí donde la fotografía todavía nos muestra caballos, cargas y hombres enfrentándose a una montaña gigantesca, pocos años después aparecerían rieles, locomotoras, estaciones y obras de ingeniería que transformarían para siempre el paisaje. El propio río también es protagonista: nace en la Alta Cordillera a partir de las aguas del Tupungato y Las Cuevas y recibe poco después al río Vacas, llevando hacia el este el agua de nieve que terminaría siendo fundamental para los oasis mendocinos. Más de un siglo después, esta imagen no sólo conserva un paisaje: conserva el instante histórico en que dos épocas parecían tocarse, la antigua Cordillera de arrieros y animales de carga y la nueva Cordillera del hierro, el vapor y el Ferrocarril Trasandino. 🏔️🐎🌊📸🚂 #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #RíoMendoza #ParamilloDeLasVacas #PuntaDeVacas #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #FerrocarrilTrasandino #HistoriaArgentina #FotografíaAntigua #Arrieros #LosAndes #PatrimonioFotográfico #MendozaHistory #ArgentinaHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #TransAndeanRailway #OldArgentina

🔥🚂🏔️ 1903: EL PORTAL DE LOS ANDES EN MENDOZA… LA ESTACIÓN DEL TRASANDINO QUE DESAFIÓ LA CORDILLERA Y SOÑÓ CON UNIR DOS OCÉANOS 🇦🇷🇨🇱


Esta extraordinaria fotografía nos devuelve a la Mendoza de comienzos del siglo XX, cuando el ferrocarril era sinónimo de progreso, aventura y conquista de distancias que hasta pocas décadas antes parecían imposibles. Frente a la cámara se levanta la Estación Mendoza del Ferrocarril Trasandino, ubicada en el sector de las actuales calles Belgrano y Sargento Cabral, una construcción concebida como pieza fundamental del ambicioso proyecto ferroviario que buscaba atravesar los Andes y establecer una comunicación permanente entre Argentina y Chile. La estación fue inaugurada en 1891, el mismo año en que quedó habilitado el tramo Mendoza–Uspallata; posteriormente las vías avanzaron hacia Río Blanco, Punta de Vacas y, finalmente, alcanzaron Las Cuevas en 1903. En aquellos primeros tiempos, los pasajeros llegados desde Buenos Aires debían trasladarse entre la estación del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico y la terminal del Trasandino, separadas por unos 1.200 metros. Desde enero de 1901 los trenes de pasajeros del Trasandino comenzaron a partir directamente desde la estación del Pacífico, mientras la antigua terminal quedó progresivamente destinada al movimiento de cargas. Pero la gran epopeya todavía no estaba completa: después de años de perforaciones, obras de montaña, túneles, puentes, nieve y enormes desafíos técnicos, el Ferrocarril Trasandino entre Mendoza y Los Andes fue oficialmente inaugurado el 5 de abril de 1910, concretando una conexión ferroviaria internacional que había sido soñada durante décadas. Más de un siglo después, aquel edificio no desapareció bajo la expansión de la ciudad: sobrevivió y actualmente alberga el Archivo General de la Provincia de Mendoza, como si el destino hubiera querido que una estación creada para transportar viajeros y mercancías terminara custodiando la memoria documental de los mendocinos. Y esta imagen, muy probablemente tomada hacia 1903 y vinculada al Censo de la Ciudad de Mendoza de aquel año, captura precisamente ese instante irrepetible: los rieles en primer plano, el carruaje junto a la entrada, las figuras humanas diminutas y, dominándolo todo, la orgullosa inscripción “FERRO-CARRIL TRASANDINO”. No era solamente una estación: era una puerta abierta hacia la Cordillera y uno de los símbolos más poderosos de aquella Mendoza que comenzaba a transformarse en una ciudad moderna. #FerrocarrilTrasandino #EstacionMendoza #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #PatrimonioFerroviario #FerrocarrilesArgentinos #CordilleraDeLosAndes #ArchivoHistorico #MemoriaMendocina #Argentina #Chile #TransandineRailway #MendozaHistory #ArgentineHistory #RailwayHistory #RailwayHeritage #AndesMountains #HistoricMendoza

🔥⛲🇦🇷 MENDOZA ENTRE DOS SIGLOS: LA PLAZA INDEPENDENCIA QUE YA NO EXISTE… Y LA MONUMENTAL FUENTE FRANCESA QUE TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN UN TESORO DE MAIPÚ 🌳✨ -


Esta extraordinaria fotografía nos transporta al corazón de una Mendoza que comenzaba a consolidar la imagen de ciudad-oasis que hoy la identifica. La escena corresponde a la Plaza Independencia, centro urbano y simbólico de la Ciudad Nueva levantada después del devastador terremoto de 1861. En 1863, el agrimensor francés Julio Balloffet trazó un moderno damero de 64 manzanas, con calles amplias y cinco grandes espacios verdes: una plaza central de cuatro hectáreas y otras cuatro plazas menores distribuidas a su alrededor, origen de las actuales San Martín, Chile, Italia y España. En la imagen, entre enormes árboles, bancos de madera, senderos y los característicos faroles del paseo, emerge una pieza que permite fechar la escena con mayor precisión: la espectacular fuente monumental de hierro fundido realizada por la prestigiosa fundición francesa Val d’Osne. Antes de ella, el centro de la plaza había tenido un lago donde incluso se realizaban paseos en bote y una fuente mucho más sencilla; aquel estanque fue eliminado durante las reformas impulsadas en la década de 1880 siguiendo criterios higienistas. La fuente francesa había sido obsequiada en 1889 por el presidente Miguel Juárez Celman, pero fue finalmente instalada en 1894, durante la intendencia de Pedro J. Ortiz. Por su escala, riqueza ornamental y calidad artística fue considerada la primera gran obra escultórica emplazada en un paseo público de la nueva Mendoza. Además, pertenecía al mismo modelo monumental que tuvo ejemplares en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. Y aquí aparece un detalle fascinante: esta fotografía suele encontrarse catalogada comercialmente como “Mendoza, Plaza de la Independencia, 1890”, pero la propia fuente demuestra que esa fecha no puede ser exacta. Al haber sido instalada en 1894, la toma debe ser posterior; por sus características, resulta históricamente más prudente situarla entre fines del siglo XIX y los primeros años del XX. Décadas más tarde, en 1927, cuando se proyectó levantar una nueva Casa de Gobierno en pleno centro de Plaza Independencia, aquella joya francesa fue retirada. Varios departamentos la pretendieron y finalmente fue adjudicada por sorteo a Maipú, donde encontró un nuevo hogar en la Plaza 12 de Febrero. Allí sobrevivió mientras el corazón de la Capital volvía a transformarse una y otra vez. La fotografía adjunta, por lo tanto, no muestra simplemente una plaza antigua: conserva un instante de aquella Mendoza que renacía de los escombros, llenaba de árboles el desierto y convertía el agua, las plazas y las acequias en elementos esenciales de su identidad urbana. Más de un siglo después, los bancos, los paseantes y aquella fuente francesa nos recuerdan que debajo de la Mendoza moderna todavía late la ciudad que nuestros antepasados construyeron pensando en el futuro. 📸 Datación circa 1894-1910. Fuente digital localizada: colección photovintagefrance/AbeBooks; autor de la toma, hasta el momento, no identificado con certeza. #Mendoza #MendozaAntigua #PlazaIndependencia #CiudadDeMendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaHistórica #FotosAntiguas #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #CiudadOasis #Maipú #FuenteValDOsne #MemoriaHistórica #VintageMendoza #MendozaHistory #ArgentinaHistory #HistoricMendoza #VintageArgentina #HistoricPhotography #UrbanHistory #CulturalHeritage #OldArgentina

jueves, 3 de septiembre de 2026

🔥🧱 MENDOZA, 1905: CUANDO LAS PAREDES NACÍAN DE LA TIERRA Y EL SOL — EL ANTIGUO OFICIO DEL ADOBE INMORTALIZADO HACE 121 AÑOS 🇦🇷


Una extraordinaria imagen nos transporta a la Mendoza de comienzos del siglo XX, cuando buena parte del paisaje construido todavía dependía de un material tan humilde como fundamental: la tierra. La escena, titulada originalmente “Molding and Drying Adobe Brick, Mendoza, Argentina”, muestra a un trabajador mendocino moldeando manualmente ladrillos de adobe mientras otros bloques recién preparados se secan ordenadamente al sol. A su lado aparecen el cajón o molde de madera, la mezcla de tierra y una carretilla; detrás, campos cultivados, álamos y un paisaje rural que conserva la fisonomía característica del oasis mendocino. La ficha de Kutztown University atribuye la imagen a la Keystone View Company y establece como fecha de creación 1905, describiéndola precisamente como una diapositiva de linterna de un hombre moldeando y secando adobe en Mendoza. El adobe no era simplemente “barro convertido en ladrillo”: técnicamente consiste en un bloque de tierra moldeada que se seca al sol, sin cocción, y fue durante siglos uno de los elementos esenciales de la arquitectura tradicional argentina. Investigaciones difundidas por CONICET destacan su elevada inercia térmica, su reducido impacto ambiental y su capacidad para producir interiores más estables frente a las grandes variaciones de temperatura; en Mendoza, incluso en tiempos relativamente recientes, la construcción con tierra siguió teniendo una presencia significativa. A principios del siglo XX el adobe todavía estaba profundamente arraigado en la provincia: investigaciones históricas del INCIHUSA-CONICET señalan que llegó a ser el principal material constructivo y que su sustitución por sistemas considerados más sismorresistentes fue un proceso gradual, especialmente desde las décadas de 1920 y 1930. Muchas escuelas rurales mendocinas, por ejemplo, nacieron con muros de adobe y cubiertas de barro y caña antes de la expansión de nuevas técnicas constructivas. Pero esta fotografía posee además otro valor excepcional: pertenece al gigantesco universo de imágenes estereoscópicas y educativas producido por la Keystone View Company, empresa fundada en Meadville, Pennsylvania, en 1892 y convertida en una de las mayores productoras mundiales de este tipo de fotografías. En la placa aparece el número de conjunto 315 y el número de imagen 21819; ambos coinciden con antiguos catálogos educativos que identifican exactamente esta escena mendocina. Más de un siglo después, aquel trabajador anónimo continúa frente a nosotros, inmóvil con sus manos sobre el molde. No levantaba monumentos ni grandes palacios: fabricaba, ladrillo tras ladrillo, uno de los materiales con los que se construyeron viviendas, bodegas, galpones, capillas y edificios rurales de la vieja Mendoza. Tierra, agua, trabajo, paciencia y sol: una tecnología aparentemente sencilla que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana de nuestra provincia. 📸🕰️ #MendozAntigua #Mendoza #Mendoza1905 #HistoriaDeMendoza #Adobe #LadrillosDeAdobe #ArquitecturaMendocina #PatrimonioMendocino #FotosAntiguas #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #KeystoneViewCompany #OldMendoza #MendozaHistory #AdobeBricks #AdobeArchitecture #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #TraditionalArchitecture #CulturalHeritage

lunes, 31 de agosto de 2026

🔥🏔️📸 CUANDO EL RÍO MENDOZA NACIÓ ANTE LA CÁMARA: LA IMPONENTE PUNTA DE VACAS CAPTURADA A FINES DEL SIGLO XIX 🌊⛰️ - MENDOZA


Mucho antes de las rutas modernas, del tránsito internacional cotidiano y de las incontables fotografías digitales de la Cordillera, una pesada cámara fotográfica fue instalada casi al nivel de las aguas en Punta de Vacas para inmortalizar uno de los paisajes más monumentales de Mendoza. La imagen, identificada directamente sobre el negativo como “315. Formación del Río Mendoza. Punta las Vacas. Cordillera. Mendoza. A. W. B. & Cía.”, pertenece a Arturo W. Boote y fue realizada en papel a la albúmina, con su característico tono sepia. La copia conocida mide aproximadamente 17,1 x 22,2 centímetros y fue comercializada como fotografía suelta, montada sobre un soporte que publicitaba la extensa colección de vistas de la firma. La escena no fue elegida al azar. En las inmediaciones de Punta de Vacas se unen los grandes cursos cordilleranos de Las Vacas, Las Cuevas y Tupungato, cuyos aportes dan origen al río Mendoza, uno de los sistemas hídricos fundamentales de la provincia. Documentación oficial mendocina describe precisamente este sector como el nacimiento del río a partir de la convergencia de esos cursos de origen nivo-glacial; fuentes nacionales detallan que las aguas del Tupungato confluyen con las del río de las Cuevas antes de recibir el aporte del río de las Vacas. Allí, frente a un paisaje prácticamente desnudo de intervención humana, Boote colocó la cámara muy cerca del cauce y construyó una composición extraordinaria: el río ocupa el primer plano mientras las enormes laderas rocosas se elevan hasta dominar casi completamente el horizonte. Hay además un detalle que hoy resulta fascinante: debido a los prolongados tiempos de exposición de la fotografía del siglo XIX, las montañas permanecieron perfectamente inmóviles mientras el agua quedó registrada con ese aspecto sedoso y ligeramente difuso que revela su movimiento. La propia ficha histórica de la obra señala que fue obtenida durante un viaje especial realizado por Boote y sus ayudantes desde la ciudad de Mendoza hacia la Cordillera y el límite con Chile. Arturo Wood Boote formó parte, junto con su hermano Samuel, de una de las grandes firmas documentales de la fotografía argentina del siglo XIX. Instituciones dedicadas al patrimonio fotográfico los consideran entre los productores más prolíficos de álbumes de vistas y costumbres del país; sus expediciones alcanzaron numerosas provincias y documentaron ciudades, campos, ferrocarriles, obras públicas y paisajes en una Argentina que atravesaba enormes transformaciones. Hacia 1890 Arturo difundía su producción mediante su firma fotográfica y comercializaba fotografías tanto en álbumes como individualmente. Esta imagen es mucho más que una hermosa fotografía de montaña: constituye un testimonio visual de la Alta Cordillera mendocina antes de la transformación definitiva que traerían las grandes infraestructuras del siglo XX. La cámara congeló para nosotros el lugar donde el agua descendida de nieves y glaciares comienza a convertirse en el río que, kilómetros más abajo, hará posible buena parte del oasis mendocino. Más de un siglo después, observar este paisaje es contemplar prácticamente frente a frente el nacimiento geográfico de uno de los grandes protagonistas de nuestra historia: el Río Mendoza. 🏔️🌊📜 Fotografía: Arturo W. Boote — N.º 315, “Formación del Río Mendoza. Punta las Vacas. Cordillera. Mendoza”. Texto histórico original de referencia: Abel Alexander, Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía.

sábado, 29 de agosto de 2026

🔥🏔️📷 Hacia 1895: la Casucha del Portillo, el refugio perdido de los Andes que protegió a viajeros entre Chile y Mendoza 🐎❄️🇨🇱🇦🇷


Hacia 1895, cuando atravesar la Cordillera de los Andes continuaba siendo una verdadera expedición entre precipicios, nevadas, fuertes vientos y caminos de herradura, una cámara registró esta extraordinaria imagen de la Casucha del Portillo, uno de aquellos pequeños refugios que durante generaciones hicieron posible la comunicación entre Chile y Mendoza. La investigación sobre su procedencia permite precisar un dato especialmente valioso: la fotografía integra un conjunto de seis albúminas antiguas catalogado por Hilario Artes, Letras & Oficios bajo el título “Chile y Argentina, y el cruce de los Andes. Hacia 1895”. Las copias, de aproximadamente 19,3 x 23,8 cm, estaban montadas sobre cartones grises decorados con recuadros dorados y originalmente pertenecieron a un álbum mayor. Cada imagen llevaba una etiqueta mecanografiada y numerada: esta vista aparece identificada como “16. Casucha del Portillo”. El fotógrafo, hasta el momento, permanece sin identificar. El mismo álbum incluía imágenes tituladas “Posada a Punta de Vacas y tren para Mendoza”, “Unión Ríos Aconcagua y Colorado”, “Llano de las Calaveras” y “Laguna del Portillo”, además de una vista de la Plaza de Armas de Santiago de Chile. La datación hacia 1895 resulta coherente con otro detalle fundamental: en una de las fotografías ya aparece la línea ferroviaria que alcanzaba Punta de Vacas, cuya estación había sido inaugurada en 1893, en plena expansión del Ferrocarril Trasandino. El conjunto documenta así un momento extraordinario de transición: el antiguo mundo de arrieros, mulas, correos y casuchas coloniales comenzaba a convivir con el ferrocarril que décadas más tarde uniría definitivamente ambos lados de la montaña. La historia de estas construcciones se remontaba mucho más atrás. Entre 1765 y 1770, durante el período colonial, se levantó en la alta cordillera una red de refugios impulsada por Ambrosio O’Higgins para proteger a correos y viajeros que recorrían el antiguo camino entre Santiago y Mendoza. La nieve podía cerrar el paso durante meses y transformar una jornada de viaje en una lucha por sobrevivir. Las llamadas Casuchas del Rey o Casas de la Cordillera fueron concebidas precisamente para ofrecer abrigo en aquellos puntos extremos del trayecto. Fuentes oficiales argentinas señalan que poseían gruesos muros, cubiertas abovedadas que favorecían el escurrimiento de la nieve y niveles interiores elevados para facilitar el acceso incluso durante grandes acumulaciones invernales. La Biblioteca Nacional de Chile también vincula su construcción con la reorganización del correo terrestre entre Santiago y Buenos Aires y con la actuación de Ambrosio O’Higgins bajo el gobierno de Antonio Guill y Gonzaga; aquellos refugios podían almacenar provisiones y estaban destinados originalmente a asegurar el servicio postal trasandino. La Casucha del Portillo pertenecía al sector chileno del histórico camino de Uspallata o Paso de la Cumbre y no debe confundirse con el Paso del Portillo del Valle de Uco, utilizado por otra de las columnas sanmartinianas en 1817. Los relatos decimonónicos ubican en aquel antiguo camino cordillerano una sucesión de puntos conocidos como la Cumbre, las Calaveras, el Portillo, Juncalillo y Ojos de Agua, todos atravesados antes de descender hacia el valle del Aconcagua. Investigaciones recientes de Beatriz Aguirre-Urreta y Víctor Ramos reconstruyen documentalmente estas casuchas y dedican un capítulo completo precisamente a la del Portillo, dentro de un estudio sobre más de 250 años de comunicaciones entre ambas vertientes andinas. Por eso esta fotografía de alrededor de 1895 es mucho más que una antigua escena cordillerana: retrata uno de los últimos capítulos de una forma de viajar que estaba a punto de desaparecer. Allí, aislada entre montañas gigantescas, aquella pequeña bóveda representaba la diferencia entre continuar el camino o quedar expuesto a una tormenta mortal. Mientras el ferrocarril comenzaba a conquistar los Andes, las viejas Casuchas del Rey seguían recordando una época en la que cruzar de Mendoza a Chile exigía días de marcha, animales de carga, conocimiento de la montaña y una enorme cuota de coraje. Más de un siglo después, aquella imagen conserva intacta la dimensión humana de la Cordillera: pequeña frente a los Andes, pero gigantesca como testimonio de la histórica unión entre Argentina y Chile. 🇦🇷🤝🇨🇱🏔️


🔥🗺️🏔️ PUENTE DEL INCA… ¿EN PARAGUAY? EL EXTRAORDINARIO GRABADO QUE SACÓ A MENDOZA DEL MAPA 🇦🇷📜


Hay errores históricos que duran apenas una línea… y otros terminan convertidos en piezas de colección. Este antiguo grabado muestra sin demasiadas dudas uno de los paisajes más célebres de la Cordillera mendocina: el Puente del Inca, atravesado por una pequeña caravana de viajeros y animales de carga en medio de un escenario montañoso deliberadamente espectacular. Pero al pie de la estampa aparece una inscripción desconcertante: “PUENTE DEL INCA.—PARAGUAY.” Sí: Paraguay. El problema es evidente. El verdadero Puente del Inca se encuentra en el departamento de Las Heras, provincia de Mendoza, sobre el río Cuevas, en plena Cordillera de los Andes, y hoy constituye un Monumento Natural protegido de enorme valor geológico, histórico y arqueológico. El Gobierno de Mendoza lo describe como un puente natural de origen biomineral, asociado a aguas termominerales, y además integra el sistema vial andino Qhapaq Ñan, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. La equivocación que vemos en esta lámina resulta todavía más llamativa porque Puente del Inca fue uno de los paisajes andinos más representados por viajeros, científicos y artistas durante los siglos XVIII y XIX. Existen vistas vinculadas a la expedición de Alejandro Malaspina, elaboradas a partir de apuntes de Felipe Bauzá y llevadas al grabado por Fernando Brambila; décadas después aparecieron las imágenes de Peter Schmidtmeyer y Agostino Aglio en 1824 y la mucho más descriptiva representación de John Miers en 1826. Incluso Charles Darwin estudiaría posteriormente el lugar y dejaría observaciones geológicas sobre la formación del puente. Pero aquí aparece el misterio: ¿quién decidió colocar “Paraguay” debajo de una escena cordillerana de Mendoza? La fuente comercial que conserva esta pieza no identifica autor, grabador, editor ni año, por lo que no sería responsable adjudicarle una procedencia concreta. Lo que sí puede afirmarse es que el error fue impreso y que no se trata simplemente de una descripción moderna equivocada. Quizás fue un fallo de composición, una confusión editorial al reutilizar ilustraciones de una obra geográfica o una errónea clasificación de la lámina. Sea cual fuere la explicación, aquel pequeño rótulo transformó un paisaje inconfundiblemente mendocino en una de esas rarezas bibliográficas capaces de sobrevivir más de un siglo: un Puente del Inca perdido, al menos sobre el papel, cientos de kilómetros al este de los Andes. #PuenteDelInca #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #GrabadosAntiguos #HistoriaArgentina #Patrimonio #QhapaqÑan #ErroresHistóricos #HistoricalEngraving #MendozaHistory #PuenteDelInca #AndesMountains #ArgentineHistory #HistoricalCuriosities #SouthAmerica

🔥🏔️ MENDOZA HACIA 1820: LA PLAZA DE ARMAS QUE VIO SAN MARTÍN — EL CORAZÓN DE UNA CIUDAD QUE DESAPARECIÓ BAJO LOS ESCOMBROS DE 1861 ⛪🐎💧🇦🇷


Una ventana extraordinaria a la Mendoza de comienzos del siglo XIX. Este grabado europeo, difundido hacia 1840 y referido a una vista de la antigua Plaza de Armas en las primeras décadas del siglo, nos transporta al corazón mismo de aquella ciudad colonial que todavía se extendía alrededor de la actual plaza Pedro del Castillo. Más que un espacio abierto, aquella Plaza Mayor o Plaza de Armas era el verdadero centro político, religioso, comercial y social de Mendoza: allí funcionaba el mercado, se realizaban ceremonias públicas, celebraciones civiles y religiosas, se comunicaban disposiciones de las autoridades y transcurría buena parte de la vida cotidiana de los vecinos. Durante la gobernación de José de San Martín también fue escenario de acontecimientos decisivos relacionados con el Ejército de los Andes, entre ellos la proclamación de la Virgen del Carmen de Cuyo como su Patrona y el juramento de la bandera. La escena es fascinante por sus pequeños detalles: vecinos vestidos a la usanza de la época, jinetes y caballos atravesando una plaza prácticamente desnuda, la Cordillera recortándose en el horizonte y, casi perdido en medio de la inmensidad del espacio, un pequeño perro —el “quiltro” señalado en la descripción histórica de esta estampa— que termina convirtiéndose, dos siglos después, en uno de sus personajes más entrañables. Alrededor se levantaban los grandes edificios de la vieja Mendoza. Entre ellos sobresalía la iglesia que había pertenecido a los jesuitas, construida entre 1716 y 1731 y luego utilizada por los franciscanos; sus ruinas, sobrevivientes del devastador terremoto de 1861, constituyen hoy uno de los pocos testimonios arquitectónicos visibles de aquella ciudad desaparecida. Otro elemento fundamental aparece simplificado en el grabado: la histórica fuente de la plaza. Las excavaciones arqueológicas realizadas durante la recuperación del Área Fundacional descubrieron debajo de la actual plaza una fuente de base octogonal vinculada al sistema que desde alrededor de 1810 llevaba agua desde las vertientes de El Challao hasta el núcleo urbano; sus restos permanecen preservados en una cámara subterránea. Hay además un dato que permite situar mejor esta imagen dentro de la extraordinaria iconografía mendocina del siglo XIX: investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo registran una “Place publique de Mendoza” realizada a partir de Edmond de La Touanne en 1826 y otra “Place Publique” asociada a César Famin en 1841. Es decir, distintas estampas europeas fueron fijando y reinterpretando visualmente la misma plaza durante aquellas décadas, por lo que conviene hablar de una representación de la Mendoza de comienzos del siglo XIX antes que tomar cada detalle como una fotografía exacta de un año determinado. La propia casa Hilario destaca que la iconografía anterior al terremoto de 1861 es extremadamente escasa y que estas vistas constituyen documentos fundamentales para reconstruir el aspecto perdido de la antigua capital mendocina. Hoy caminamos por la plaza Pedro del Castillo, observamos las Ruinas de San Francisco y visitamos el Museo del Área Fundacional; pero bajo nuestros pies permanece la trama de aquella Mendoza que conocieron San Martín, los soldados del Ejército de los Andes, viajeros, comerciantes, aguateros y vecinos. Este grabado no representa simplemente una plaza: conserva la memoria visual de una ciudad que el terremoto borraría casi por completo cuarenta años después. 🔥🏔️🇦🇷 #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PlazaDeArmas #PlazaPedroDelCastillo #AreaFundacional #CiudadDeMendoza #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #RuinasDeSanFrancisco #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MemoriaHistorica #MendozaHistory #OldMendoza #ArgentineHistory #HistoricMendoza #SouthAmericanHistory #HistoricalEngraving #CulturalHeritage

domingo, 23 de agosto de 2026

⚡🏔️ LA USINA DE LOS FADER: EL SUEÑO COLOSAL QUE QUISO DOMAR EL RÍO MENDOZA Y LLEVAR SU FUERZA HASTA LA CIUDAD


En el corazón de Cacheuta, encerrado entre montañas y junto a las aguas impetuosas del río Mendoza, nació a comienzos del siglo XX uno de los emprendimientos industriales más audaces de la historia provincial: la Usina Hidroeléctrica de los Fader. La extraordinaria fotografía histórica que acompaña esta publicación conserva la imagen de aquel complejo levantado cuando la electricidad todavía representaba la frontera misma del progreso. El gran impulsor fue Carlos Fader, ingeniero y empresario alemán radicado en Mendoza, protagonista además de los primeros emprendimientos petroleros y gasíferos de la provincia. En 1899 obtuvo por ley el derecho de aprovechar como fuerza motriz las aguas del río Mendoza entre los kilómetros 33 y 37 del Ferrocarril Trasandino, en Cacheuta, y al año siguiente la concesión fue ampliada para permitir la generación eléctrica. La empresa exigió modificar un territorio formidable: abrir caminos, mover enormes cantidades de roca, encauzar el río, construir canales, compuertas, un dique y las instalaciones destinadas a las turbinas. Carlos Fader murió en 1905 sin alcanzar a contemplar concluido su gigantesco proyecto y la tarea quedó en manos de sus hijos, especialmente Fernando Fader, quien durante aquellos años dejó parcialmente en segundo plano la pintura —actividad por la que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes artistas argentinos— para continuar la obra de su padre. Las dificultades fueron inmensas. Cuando el Ferrocarril Trasandino complicó el transporte de materiales, Fernando llegó a contratar alrededor de 120 trabajadores para abrir un camino desde Blanco Encalada hasta el emprendimiento. Hacia 1910 la parte fundamental del complejo estaba construida y el gobernador Rufino Ortega (h) puso en funcionamiento una turbina y una dínamo. La instalación llegó a proporcionar electricidad al propio campamento industrial, mientras el gran desafío pendiente era transportar aquella energía hasta la Ciudad de Mendoza. Algunos estudios consideran a la Fader una de las primeras grandes experiencias hidroeléctricas argentinas y la ubican cronológicamente detrás de Bamba, en Córdoba, y Lules, en Tucumán. Pero la combinación de enormes inversiones, problemas financieros y la fuerza imprevisible de la montaña terminó golpeando el sueño. En febrero de 1913 un aluvión dañó seriamente las instalaciones y, mientras Fernando Fader buscaba capitales en Europa, la situación económica se volvió insostenible. Durante 1913 la concesión pasó a una nueva compañía y en 1914 se produjo el derrumbe financiero definitivo de los negocios familiares. Décadas después, la gran crecida de 1934 volvería a castigar el lugar y destruiría buena parte de lo que todavía permanecía en pie. Hoy las llamadas Ruinas de Fader, junto a la ruta hacia Cacheuta, sobreviven como testimonio de una Mendoza que quería ingresar a toda velocidad en la modernidad. Aquellos muros no son simplemente ruinas: son los restos de una época en la que empresarios, ingenieros y cientos de trabajadores intentaron convertir la fuerza salvaje del río Mendoza en electricidad. 📷 Referencia de la imagen: “Usina Hidroeléctrica de los Fader (1887-1914)”. Archivo de Fotografía Histórica de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo. #MendozAntigua #Mendoza #Cacheuta #UsinaFader #FernandoFader #CarlosFader #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #FotosAntiguas #PatrimonioIndustrial #HistoriaArgentina #RioMendoza #LujanDeCuyo #Hidroelectricidad #PatrimonioHistorico #Argentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #IndustrialHeritage #HydroelectricPower #HistoricPhotography #CacheutaHistory #OldMendoza #HistoryLovers


jueves, 6 de agosto de 2026

FINES DEL SIGLO XIX: EL “MAR” SECRETO DE SAN RAFAEL AL QUE SE LLEGABA EN CARRETA - MENDOZA


A fines del siglo XIX, cuando San Rafael todavía crecía alrededor de la histórica Villa 25 de Mayo, numerosas familias emprendían un viaje que hoy parece salido de una película del lejano oeste mendocino. Subían a carros y carruajes, preparaban alimentos para pasar el día y atravesaban caminos de tierra hasta llegar a los llamados Baños del Salado, un paraje de aguas minerales cercano al antiguo núcleo fundacional del departamento. La fotografía, muestra una verdadera expedición colectiva. Alrededor de una gran depresión cubierta de agua aparecen hombres, mujeres, niños, caballos y varios carros, detenidos en medio de un paisaje completamente abierto. No había caminos asfaltados, automóviles, complejos turísticos ni servicios organizados: el traslado era lento, polvoriento y formaba parte de la aventura. Según las investigaciones históricas de María Elena Izuel, a aquellas aguas se les atribuían características semejantes a las del agua marina. A diferencia de otros destinos termales del sur mendocino, en los Baños del Salado nunca llegó a levantarse un hotel. Las familias acudían en carros para bañarse, descansar y convertir la jornada en un gran paseo campestre. Con el paso de los años, las aguas fueron perdiendo temperatura y el lugar dejó de atraer a las multitudes que alguna vez buscaron allí descanso y alivio para diferentes dolencias. El escenario estaba muy cerca de la Villa 25 de Mayo, lugar donde en 1805 nació el núcleo fundacional de San Rafael alrededor del Fuerte San Rafael del Diamante. Casi ocho décadas después, cuando posiblemente fue tomada esta imagen, la región continuaba siendo una geografía de fuertes, acequias, puestos rurales, caballos y extensiones casi deshabitadas. Más que una simple postal, esta fotografía conserva una costumbre desaparecida: la de preparar el carro, reunir a toda la familia y viajar durante horas para disfrutar de un “mar” escondido en medio del secano sanrafaelino. Hoy su autor y su fecha exacta siguen siendo desconocidos, pero la escena permanece como uno de los testimonios visuales más extraordinarios de la vida cotidiana en el antiguo San Rafael. #MendozAntigua #BañosDelSalado #SanRafaelAntiguo #Villa25DeMayo #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FotosAntiguas #PostalesAntiguas #TermasDeMendoza #DeoclecioGarcía #FuerteSanRafaelDelDiamante #MemoriaMendocina #PatrimonioHistórico #HistoriaArgentina #OldMendoza #SanRafaelHistory #HistoricPhotography #VintageArgentina #ThermalSprings #MendozaHistory #ArgentineHistory

1886: LOS JÓVENES QUE CONVIRTIERON EL CAMPO ARGENTINO EN CIENCIA


Esta extraordinaria fotografía grupal, tomada en 1886, parece reunir a un conjunto de alumnos del Instituto Agronómico y Veterinario de Santa Catalina, cuando la enseñanza científica del campo argentino apenas comenzaba a escribir sus primeras páginas. Sus nombres no aparecen identificados con claridad en la copia conocida, pero la fecha permite ubicarlos entre las primeras generaciones que estudiaron sistemáticamente la tierra, los cultivos, la cría de animales y las enfermedades del ganado en nuestro país. La institución funcionaba en Santa Catalina, en la actual localidad bonaerense de Llavallol, y había abierto sus puertas solamente tres años antes, el 6 de agosto de 1883. Sus antecedentes se remontaban a una Escuela Práctica de Agricultura que funcionaba desde 1872, pero el gran salto llegó en 1881, cuando la Legislatura de Buenos Aires sancionó la Ley N.º 1.424 y dispuso la creación de una Casa de Monta y una Escuela de Veterinaria. El proyecto buscaba algo revolucionario para aquella Argentina agroexportadora: dejar de depender exclusivamente de especialistas extranjeros y formar profesionales capaces de relacionar los avances de la ciencia con la producción vegetal y animal. Para poner en marcha el establecimiento fueron contratados en Europa cinco profesores belgas y uno francés, especialistas en agronomía, veterinaria e ingeniería. El día de la inauguración comenzaron sus estudios 16 jóvenes. Durante mucho tiempo se creyó que eran 17, porque en el libro de matrículas aparecía ese número; sin embargo, una investigación posterior reveló una curiosidad digna de la época: ninguno había querido ocupar el número 13 por superstición. Las evaluaciones podían durar exactamente 25 minutos y los alumnos que acumulaban bajas calificaciones se exponían a ser expulsados. Por eso, los hombres retratados en 1886 no eran simples estudiantes posando con sus trajes, galeras y sombreros. Formaban parte de una experiencia educativa inédita, destinada a transformar el conocimiento rural transmitido durante generaciones en una disciplina científica, organizada y profesional. Por cronología, muchos de ellos pudieron pertenecer a las primeras promociones, aunque no existe una nómina visible que permita reconocer con seguridad a cada persona de la imagen. A fines de 1887, diez alumnos de Agronomía y tres de Veterinaria rindieron sus exámenes generales. El 6 de agosto de 1888 se entregaron los primeros diplomas y se recibieron los tres primeros veterinarios formados en la Argentina: José María Leonardo Agote, Calisto Ferreyra y el mendocino Custodio Ángel Martínez. Detrás de aquellas figuras solemnes de la fotografía podía estar, entonces, una parte de la generación que comenzó a combatir enfermedades del ganado, mejorar las razas animales, estudiar los suelos y modernizar la producción nacional mediante conocimientos científicos. El crecimiento del Instituto fue tan importante que en 1889 sirvió de base para la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, trasladada a La Plata en 1890. Más tarde se convertiría en una de las instituciones fundadoras de la Universidad Nacional de La Plata y, en 1921, Agronomía y Veterinaria seguirían caminos académicos independientes. El actual Museo Julio Ocampo conserva instrumentos, documentos, fotografías y materiales didácticos relacionados con aquellos primeros años. Esta imagen de 1886 no muestra solamente a un grupo de jóvenes vestidos según la elegancia del siglo XIX. Retrata el instante en que la Argentina comprendía que su riqueza agrícola y ganadera no podía depender únicamente de la fertilidad de la tierra: necesitaba educación, investigación, experimentación y profesionales capaces de convertir el campo en ciencia. Desde 1959, cada 6 de agosto se recuerda aquel comienzo mediante el Día del Ingeniero Agrónomo, el Día del Médico Veterinario y el Día de la Enseñanza Agropecuaria. #InstitutoSantaCatalina #HistoriaArgentina #Agronomía #MedicinaVeterinaria #VeterinariaArgentina #IngenieríaAgronómica #EducaciónAgropecuaria #CienciaArgentina #Llavallol #BuenosAiresAntigua #FotografíaHistórica #PatrimonioArgentino #AgriculturalHistory #VeterinaryHistory #ArgentineHistory #AgriculturalEducation #HistoricalPhotography #ScienceHistory

miércoles, 29 de julio de 2026

1875: EL “FLAIRE” Y LOS CAPITANEJOS — EL RETRATO MENDOCINO QUE DESAFÍA LA HISTORIA OFICIAL


Ciudad de Mendoza, hacia 1875. De pie, con el hábito oscuro sobre la túnica blanca, aparece fray Vicente Burela —también mencionado como Vicente Moisés o Moisés Vicente Burela—, misionero dominico y protagonista de uno de los capítulos más controvertidos de la frontera argentina. A sus lados posan dos capitanejos indígenas cuyos nombres no quedaron registrados en el epígrafe conocido y que, por el contexto histórico, probablemente estaban vinculados con las parcialidades ranqueles. Es el “flaire”, como habría dicho el lenguaje gauchesco de Martín Fierro, donde esa antigua inversión popular de la palabra “fraile” aparece expresamente. La fotografía fue tomada varios años después de los sucesos que enfrentaron a Burela con el coronel Lucio V. Mansilla. En marzo de 1870, el dominico partió desde la Villa de La Paz rumbo a las tolderías de Leubucó con regalos, ropas y provisiones, decidido a negociar con los caciques, impulsar la paz y rescatar cautivos. Tras doce agotadoras jornadas, entró el 31 de marzo en los dominios de Mariano Rosas, donde, según su relato, fue recibido solemnemente por una formación de unos setecientos lanceros montados. La comisión mendocina llegó dos días antes que la expedición de Mansilla, acompañada por los franciscanos Marcos Donati y Moisés Álvarez, los célebres “padrecitos” de Una excursión a los indios ranqueles. Aquella coincidencia desató mucho más que una disputa religiosa: fue una lucha por la autoridad, la influencia y el dominio del relato. Burela había conseguido una posición cercana a Mariano Rosas. Durante una gran junta, el cacique envió un mensajero para pedirle a Mansilla que desmontara y saludara al dominico. El coronel se negó indignado, alegando que él representaba al presidente de la República y que, en todo caso, era Burela quien debía saludarlo primero. Finalmente, la exigencia fue reformulada como un saludo general y Mansilla aceptó echar pie a tierra. El episodio, narrado por él mismo, revela hasta qué punto el fraile había ganado consideración dentro de Leubucó. El mayor escándalo estuvo relacionado con el aguardiente llevado como obsequio. Las fuentes coinciden en que Burela distribuyó varias cargas y que aquello provocó una extensa celebración acompañada por un fuerte consumo de alcohol. Mansilla y Donati lo responsabilizaron por los excesos y por haber puesto en peligro las negociaciones; el coronel llegó a describirlo con enorme hostilidad en su libro. Sin embargo, estas acusaciones deben leerse dentro de una rivalidad abierta: Mansilla y Burela mantuvieron durante 1870 una áspera polémica en las páginas de La Nación, iniciada con comentarios llegados desde Mendoza, continuada con una violenta respuesta del militar y cerrada con la contestación pública del dominico. No existe, por lo tanto, una versión completamente neutral de aquellos acontecimientos. Más de ciento cincuenta años después, la fotografía nos obliga a mirar más allá de esa guerra de palabras. Los dos capitanejos aparecen vestidos cuidadosamente para el retrato: prendas de telar con franjas y figuras geométricas, camisas decoradas, botas resistentes y una postura serena frente a la cámara. No son personajes secundarios ni figuras derrotadas, sino autoridades indígenas que viajaron hasta Mendoza, negociaron con representantes religiosos y políticos y decidieron presentarse ante un estudio fotográfico conservando elementos visibles de su identidad. El hombre sentado a la derecha parece llevar líneas bordadas o cosidas sobre la camisa, aunque la resolución disponible no permite determinar con seguridad la técnica. Las piezas colocadas sobre las piernas podrían corresponder a chiripás, ponchos o mantas utilizadas como parte del atuendo ceremonial. Esta imagen no es solamente el recuerdo de un fraile acompañado por dos visitantes. Es el retrato de una frontera viva y profundamente política: un espacio de tratados, regalos, ceremonias, rivalidades, cautivos, intérpretes y negociaciones, donde los pueblos originarios no eran simples espectadores de la expansión estatal, sino protagonistas capaces de decidir, exigir respeto y disputar su propio destino. Sus nombres todavía permanecen ocultos, pero sus miradas atravesaron el tiempo. Todo aporte documental que permita identificar a los capitanejos o al estudio fotográfico donde posaron sería fundamental para completar esta historia. La referencia documental más antigua y precisa que pude localizar aparece reproducida por el historiador Juan Guillermo Durán en el libro Un malón sobre la Villa de La Paz: el robo del vestido de la Virgen paceña. , 1868. El epígrafe dice exactamente: “Fray Vicente Burela y dos capitanejos de visita en Mendoza. Año 1875”, y atribuye la imagen a la obra de Fernando Morales Guiñazú, Primitivos habitantes de Mendoza, publicada en Mendoza en 1938. La obra de Morales Guiñazú fue editada por Best Hermanos en 1938, consta de 310 páginas y varias láminas fotográficas. Por el momento no encontramos una identificación del fotógrafo, del estudio mendocino ni de los dos capitanejos retratados. Existe además una posible confusión en la atribución al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. En el índice de ilustraciones del libro de Durán aparecen dos fotografías consecutivas: La número 17 corresponde a capitanejos ranqueles retratados en la Comandancia de Río Cuarto en 1872 y sí pertenece al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. La número 18 es esta fotografía de Burela con los dos capitanejos en Mendoza, fechada en 1875 y tomada de la obra de Morales Guiñazú. Por lo tanto, con la documentación disponible, no sería correcto adjudicar directamente esta imagen al archivo franciscano de Río Cuarto. Probablemente ambas referencias fueron mezcladas al circular las fotografías por redes sociales. #HistoriaArgentina #MendozaAntigua #MendozaHistórica #PueblosOriginarios #Ranqueles #FrayBurela #LucioVMansilla #Leubucó #FronteraSur #FotografíaHistórica #MemoriaIndígena #HistoriaDeMendoza #IndigenousHistory #ArgentineHistory #RanquelPeople #HistoricalPhotography #NativePeoples #SouthAmericanHistory #CulturalMemory #HistoryCaptured

lunes, 27 de julio de 2026

EL RÍO QUE ESCULPIÓ MENDOZA: LA TERRAZA FLUVIAL QUE GUARDA MILES DE AÑOS DE HISTORIA BAJO EL DESIERTO


Mucho antes de que los caminos, los viñedos y el crecimiento urbano transformaran Luján de Cuyo, el río Mendoza ya escribía su historia sobre la piedra. Esta extraordinaria fotografía, registrada durante el siglo XX por el geógrafo y climatólogo francés Emmanuel de Martonne, muestra una antigua terraza fluvial próxima a la salida del río hacia la llanura mendocina. El propio manuscrito conservado junto a la placa la describió como una “terraza del río Mendoza cerca de Mendoza” y señaló, en el horizonte, la presencia de estratos terciarios levantados o inclinados. La extensa superficie horizontal recortada por una barranca no es una simple elevación del terreno: constituye el vestigio de una antigua planicie ocupada y modelada por el río. Las terrazas fluviales se forman cuando un curso de agua profundiza su cauce y deja suspendidos, por encima del nivel actual, fragmentos de sus viejas llanuras de inundación. Ese proceso puede responder a variaciones climáticas, cambios en el caudal, erosión prolongada o movimientos tectónicos. De este modo, la barranca visible funciona como una página abierta de la historia geológica regional, donde cada estrato conserva sedimentos transportados desde los Andes durante incontables crecidas. En primer plano aparece el paisaje árido característico de Cuyo, cubierto por vegetación baja y dispersa. Estudios oficiales realizados en sectores cercanos de Luján de Cuyo describen terrenos formados por sedimentos fluviales y aluviales, con arenas, gravas y materiales gruesos de gran permeabilidad, poca materia orgánica y vegetación xerófila. Sobre parte de estas superficies pedemontanas, transformadas mediante el riego, se extendieron posteriormente cultivos y viñedos, demostrando cómo un suelo construido por la montaña y el río terminó integrándose a la identidad productiva de Mendoza. Esta imagen no retrata solamente una barranca: conserva el instante inmóvil de un paisaje en permanente transformación. Allí donde hoy vemos silencio, matorrales y tierra seca, durante miles de años avanzaron aguas cargadas de rocas, arenas y limos. El río Mendoza cortó, acumuló, abandonó antiguos cauces y volvió a excavar, hasta levantar esta monumental huella natural entre la cordillera y la llanura. Es la memoria de un río poderoso, capaz de moldear el territorio que luego permitiría el nacimiento de uno de los grandes oasis del desierto argentino. #RíoMendoza #LujánDeCuyo #Mendoza #MendozaAntigua #GeologíaMendocina #TerrazaFluvial #HistoriaNatural #PaisajeCuyano #CordilleraDeLosAndes #Geomorfología #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #PatrimonioNatural #DesiertoCuyano #EmmanuelDeMartonne #MendozaRiver #RiverTerrace #MendozaArgentina #AndesMountains #Geology #Geomorphology #NaturalHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentineLandscape. 
La imagen adjunta coincide exactamente con la segunda toma de una serie de cuatro, titulada en francés Rio Mendoza – Terrasse de fleuve – Prise de vue 2/4. Pertenece al archivo fotográfico conservado por PRODIG y difundido en MédiHAL, con el número de registro medihal-01810156 y el identificador de placa digitalizada AM3361-005. El catálogo atribuye la fotografía a Emmanuel de Martonne, ofrece una geolocalización aproximada en 33°03′03″ S, 69°04′48″ O y la publica bajo Licence Ouverte 2.0. El año exacto de la toma no está determinado: el registro la ubica ampliamente en el siglo XX y aclara que el conjunto de placas depositadas en PRODIG comprende materiales fechados entre 1891 y 1955

domingo, 26 de julio de 2026

1906: LOS HOMBRES QUE PERFORARON LOS ANDES — LA OBRA TITÁNICA QUE ABRIÓ UN CAMINO ENTRE DOS OCÉANOS


Esta extraordinaria fotografía, tomada en 1906 en la actual Región de Valparaíso, conserva uno de los capítulos más impresionantes de la construcción del Ferrocarril Trasandino. Frente a la boca abovedada de un túnel, trabajadores, pobladores y posiblemente familiares observan la cámara rodeados por montañas, rieles, herramientas, piedras removidas y un humilde refugio cubierto con chapas. No aparecen como figuras secundarias de la historia: fueron los hombres y mujeres que habitaron una cordillera hostil mientras avanzaba una obra destinada a cambiar para siempre las comunicaciones entre Chile y la Argentina. El registro pertenece a la Colección del Museo Histórico Nacional de Chile, su autor no ha sido identificado. La catalogación no precisa cuál de los túneles aparece en la escena, por lo que no debe confundirse automáticamente con el posterior túnel internacional de Caracoles. El sueño de atravesar los Andes mediante una línea ferroviaria había sido impulsado desde la década de 1870 por los hermanos Juan y Mateo Clark. Su objetivo era unir Los Andes con Mendoza y conectar las redes ferroviarias que conducían hacia Valparaíso y Buenos Aires, creando una ruta terrestre entre el Pacífico y el Atlántico. Sin embargo, la empresa debió superar conflictos limítrofes, crisis financieras, guerras y enormes dificultades técnicas. Las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del chileno; justamente en 1906, el año de esta fotografía, fue recibida una primera etapa de la línea chilena bajo supervisión de técnicos estatales. La cordillera obligó a construir puentes, cobertizos contra la nieve, estaciones y numerosos túneles en medio de pendientes extremas. El sector chileno tenía 71 kilómetros de trocha angosta y ascendía hasta aproximadamente 2.400 metros, mientras que el paso internacional alcanzaba cerca de 3.200 metros sobre el nivel del mar. En los tramos más pronunciados se instaló el sistema de cremallera Abt, que ayudaba a las locomotoras a trepar y también a controlar el descenso. El túnel internacional de Las Cuevas-Caracoles, de unos 3,2 kilómetros, comenzó a perforarse desde ambos lados de la frontera en 1908. Finalmente, el 5 de abril de 1910 quedó inaugurada la conexión completa entre Los Andes y Mendoza. Aquella línea no fue solamente una hazaña ferroviaria: representó la ambición de vencer una de las barreras naturales más formidables de América del Sur, acortar distancias comerciales y acercar a dos naciones separadas por las cumbres. El Trasandino continuó transportando pasajeros y cargas —con largas interrupciones provocadas por aluviones, problemas económicos y tensiones internacionales— hasta 1984. Hoy sus vías silenciosas, estaciones abandonadas y túneles cordilleranos siguen recordando una época en la que obreros anónimos, trabajando entre rocas, frío y precipicios, se atrevieron a perforar los Andes para convertir una idea imposible en uno de los mayores prodigios de la ingeniería sudamericana. #FerrocarrilTrasandino #HistoriaFerroviaria #CordilleraDeLosAndes #LosAndes #Mendoza #Valparaiso #Chile #Argentina #HermanosClark #IngenieriaFerroviaria #PatrimonioHistorico #PatrimonioFotografico #FotografiaAntigua #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricEngineering #IndustrialHeritage #ChileHistory #ArgentinaHistory #VintagePhotography #RailwayWorkers

jueves, 23 de julio de 2026

1906: LOS HOMBRES QUE ABRIERON LOS ANDES — EL FERROCARRIL TRASANDINO Y LA EPOPEYA QUE UNIÓ MENDOZA CON CHILE


Cinco hombres permanecen inmóviles frente a una abertura oscura excavada en la montaña. Dos se han colocado sobre el terreno pedregoso de la izquierda; otro posa exactamente en medio de los rieles; una figura apenas se distingue junto a la entrada del túnel y, en primer plano, un trabajador observa la cámara con una mano apoyada en la cintura. No aparecen locomotoras, ceremonias ni grandes autoridades. Solo la roca desnuda, una vía angosta que se curva hasta desaparecer en la oscuridad y quienes hicieron posible que el hierro avanzara por uno de los territorios más difíciles del continente. La fotografía fue tomada en 1906, en algún punto de la Región de Valparaíso, durante las obras del Ferrocarril Trasandino. La boca del túnel carece de una fachada monumental: parece abierta directamente sobre la piedra, rodeada por fragmentos desprendidos y pronunciadas laderas. El tamaño de los hombres frente a la montaña permite comprender la dimensión del desafío. En el encuadre no se observa maquinaria; los trabajadores, vestidos con chaquetas, pantalones resistentes y sombreros, convierten la escena en un poderoso retrato del esfuerzo humano oculto detrás de las grandes obras de ingeniería. El proyecto había sido impulsado desde 1872 por los hermanos Juan y Mateo Clark, empresarios chilenos que soñaban con enlazar las redes ferroviarias de Chile y Argentina. Las dificultades económicas, políticas y técnicas retrasaron durante años aquella empresa extraordinaria: las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del chileno. El objetivo era unir Los Andes con Mendoza y crear un corredor capaz de comunicar, mediante sucesivas conexiones ferroviarias, los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. Cuando esta imagen fue capturada, la línea todavía no estaba terminada. Precisamente en 1906, Chile impulsó la colocación de bonos garantizados por el Estado para obtener los recursos necesarios y completar el difícil tramo entre Juncal y Portillo. Todavía faltaban cuatro años para que el sueño se hiciera realidad. La sección chilena alcanzaría unos 71 kilómetros de trocha angosta, con siete estaciones, puentes, túneles y cobertizos destinados a proteger los rieles de la nieve. Debido a las fuertes pendientes, desde Río Blanco hacia la frontera fue necesario emplear una cremallera del sistema Abt, que ayudaba a las locomotoras tanto en el ascenso como durante el frenado en las bajadas. En el punto culminante del recorrido se construyó el túnel internacional de aproximadamente 3,2 kilómetros, situado a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. Del lado argentino, el trazado se extendía por alrededor de 177 kilómetros hasta Mendoza. Finalmente, en abril de 1910, las vías de ambos países quedaron conectadas. El Trasandino se convirtió en una de las mayores proezas ferroviarias sudamericanas y comenzó a transportar pasajeros, correspondencia, animales y mercaderías a través de la cordillera. En sus primeras dos décadas llegó a movilizar un promedio anual estimado de 100.000 pasajeros y unas 25.000 toneladas de carga. Después de aludes, interrupciones, crisis económicas y tensiones internacionales, continuó prestando servicios hasta 1984. Sin embargo, esta fotografía no recuerda a los empresarios, los ingenieros ni las autoridades que inauguraron la obra. Conserva algo todavía más valioso: el rostro de los trabajadores anónimos que caminaron sobre piedras sueltas, tendieron los rieles y abrieron túneles en el corazón de los Andes. Hombres cuyos nombres se perdieron, pero cuya labor quedó grabada para siempre en la montaña. Colección: Archivo Fotográfico del Museo Histórico Nacional de Chile, portal Fotografía Patrimonial. #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #IndustrialHeritage #RailwayWorkers #TunnelConstruction #EngineeringHistory #ChileHistory #ArgentinaHistory #RailroadHistory #VintagePhotography #MountainRailway #SharedHeritage #SouthAmericanHistory #FerrocarrilTrasandino #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeChile #LosAndes #CordilleraDeLosAndes #PatrimonioFerroviario #HistoriaFerroviaria #TrabajadoresFerroviarios #Ferrocarriles #Tuneles #Valparaiso #Mendoza #FotografiaHistorica #MemoriaHistorica #IngenieriaFerroviaria #PatrimonioIndustrial

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