miércoles, 1 de julio de 2026

1970: LAS MAESTRAS BACHILLERES DEL MAGISTERIO, LA PROMOCIÓN QUE LLEVÓ EN SUS MANOS EL FUTURO DE MENDOZA


En esta imagen vuelve a latir una Mendoza de guardapolvos blancos, aulas llenas, carpetas prolijas, vocación docente y sueños juveniles. Es la promoción de 6.º “C” de Maestras Bachilleres de la Escuela del Magisterio de Mendoza, año 1970, una generación formada en una institución clave para la educación cuyana. La Escuela del Magisterio de la Universidad Nacional de Cuyo había nacido en Mendoza el 29 de diciembre de 1947, creada por la Ordenanza 252 durante el rectorado de Ireneo Fernando Cruz. Su origen estuvo ligado a la Escuela de Lenguas Vivas y a la Facultad de Filosofía y Letras, con el propósito de formar docentes con una fuerte base humanística y pedagógica. Para comienzos de la década de 1950, la institución ya otorgaba el título de Maestro Normal Superior y Bachiller Nacional, una formación que combinaba cultura general, preparación pedagógica y un ideal de servicio público profundamente arraigado en la Argentina del siglo XX. La promoción de 1970 pertenece a una etapa muy especial: los últimos años del viejo modelo normalista. La propia historia institucional señala que la década del setenta trajo una transformación profunda, ya que en 1971 se inició la reorganización que separó la formación docente del nivel medio y la llevó hacia el nivel terciario. La última promoción de maestros superiores egresaría en 1976. Por eso, esta fotografía no es solamente un recuerdo escolar. Es un documento de época. En esos rostros jóvenes está la memoria de una Mendoza que todavía confiaba en la escuela como una herramienta de ascenso, cultura, disciplina, sensibilidad y construcción comunitaria. Cada alumna representa una historia familiar, una vocación posible y una vida que, de una u otra manera, quedó unida al mundo de la enseñanza. En aquel tiempo, ser maestra era mucho más que obtener un título. Era prepararse para enseñar a leer, escribir, pensar, convivir y abrir caminos. Era asumir una tarea social enorme: entrar al aula y acompañar infancias, formar ciudadanos, sostener valores y sembrar futuro en barrios, pueblos y ciudades. Maestras Bachilleres — 6.º “C”, Escuela del Magisterio, Mendoza, año 1970: María Dora Almada, Cristina Estela Atencio, Raquel Alicia Arraya, Graciela Leticia Bances, Nélida María Basso, Raquel Bustos, Stella Maris Cantón, Martha Beatriz Carrión, Liliana Beatriz Chernicoff, Adriana Silvia Depiante, María del Carmen Gallar, Gladis Laydeé Giustozzi, Cristina Edith González, Felisa Elizabeth Gordillo, Gladis Beatriz Ilavaca, Martha Beatriz Mamani, Adriana Griselda Manzano, Blanca Margarita Matribasi, Ana María Niño, Cristina Delia Ortiz, Susana Cecelia Papa, Rosa A. Peña, Ana María Prerovsky, Ángela Isabel Pulicci, Paula Rivero, Susana Aurora Riveros, María Liliana Rodríguez, Elba María Ruiz, Leonor Beatriz Ruiz y María Teresa Leiva. Hoy, más de medio siglo después, esta imagen sigue hablando. Habla de compañerismo, de juventud, de educación pública, de memoria mendocina y de una generación que atravesó las aulas del Magisterio cuando enseñar todavía era visto como una misión fundamental para el país. Porque hay fotos que no envejecen: se vuelven patrimonio emocional. Y esta promoción de 1970 es una de esas postales que devuelven el alma de una escuela, de una época y de toda una Mendoza que aprendió a mirar el futuro desde el aula. #Mendoza #MendozAntigua #EscuelaDelMagisterio #MagisterioMendoza #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #Graduados1970 #Promocion1970 #MaestrasBachilleres #MaestrasMendocinas #EducacionArgentina #HistoriaDeMendoza #MemoriaEscolar #FotosAntiguas #MendozaAntigua #DocentesArgentinas #EscuelaPublica #HistoriaEducativa #Normalismo #ArgentinaVintage #MendozaHistory #OldMendoza #SchoolMemories #VintageArgentina #WomenInEducation #TeachingHistory #EducationHistory #HistoricPhoto #ArgentineHistory

ANTONIO ESTEBAN AGÜERO: EL OBRERO DE LA VOZ QUE CONVIRTIÓ A SAN LUIS EN POESÍA ETERNA


Hay poetas que escriben versos. Y hay otros que levantan una patria íntima con palabras. Antonio Esteban Agüero pertenece a esa estirpe: la de quienes no usaron la poesía como adorno, sino como herramienta, como raíz, como lámpara y como defensa de una tierra. Nacido en Piedra Blanca, Villa de Merlo, San Luis, el 7 de febrero de 1917, Agüero creció entre sierras, arroyos, árboles, caminos de polvo, silencios rurales y voces antiguas. Allí encontró su pequeño universo, pero desde ese rincón puntano habló de asuntos enormes: la identidad, la naturaleza, el trabajo, la injusticia, el progreso sin alma, la memoria popular y el destino de los pueblos. Falleció en la ciudad de San Luis el 18 de junio de 1970, pero su obra siguió caminando como si la muerte no hubiera podido alcanzarlo del todo. Agüero fue Maestro Normal Nacional, periodista, escritor, hombre público y, sobre todo, una voz profundamente ligada a San Luis. Publicó muy joven “Poemas lugareños” en 1937, luego “Romancero Aldeano” en 1938 y “Pastorales” en 1939. Más tarde llegarían obras fundamentales como “Romancero de niños”, “Las Cantatas del Árbol”, “Un hombre dice a su pequeño país” y “Canciones para la voz humana”, algunas publicadas después de su muerte. Su poesía no nació para encerrarse en bibliotecas frías. Nació para andar descalza por la tierra. Para escuchar el monte. Para defender los pájaros, los algarrobos, el vino del trabajador, el pan compartido, la dignidad de los humildes y la belleza de las cosas simples. Por eso se definía como algo más hondo que un poeta: un “obrero que construye cantos”, alguien que trabajaba la palabra como otros trabajan el hierro, la madera o la tierra. En Agüero, San Luis no fue solamente paisaje: fue destino espiritual. La Municipalidad de Villa de Merlo lo reconoce como uno de los grandes referentes de la literatura puntana, una voz que supo preservar la memoria, la esencia y la identidad de su provincia. Sus versos convirtieron la sierra, el árbol, el pueblo y la infancia en símbolos de pertenencia colectiva. También fue un poeta incómodo para la indiferencia. Miró con preocupación el avance de un progreso capaz de destruir lo que decía venir a mejorar. No rechazaba la técnica ni el futuro; rechazaba la máquina sin humanidad, el crecimiento sin memoria, la modernidad que arrasa lunas, alamedas, arroyos, pájaros y pueblos. Su mensaje sigue vivo porque todavía nos pregunta lo mismo: ¿de qué sirve avanzar si en el camino perdemos el alma? Su casa natal en Merlo, hoy Casa del Poeta Antonio Esteban Agüero, fue declarada Patrimonio Cultural de San Luis el 22 de abril de 1992. Allí se conservan objetos personales, mobiliario, manuscritos, fotografías y testimonios de su vida y obra. Ese espacio funciona como museo y centro cultural, cumpliendo el sueño de que su casa siguiera siendo un lugar de encuentro para la palabra, el arte y la memoria. Agüero permanece porque escribió desde una verdad profunda: la poesía no es evasión, es pertenencia. No es lujo, es pan espiritual. No es ruido, es voz humana. Su obra sigue recordándonos que un pueblo también se construye con cantos, con árboles nombrados, con niños defendidos, con pájaros libres y con una lengua capaz de salvar lo que el olvido quiere borrar. Antonio Esteban Agüero no se fue: quedó sembrado en San Luis. En cada algarrobo, en cada calle de Merlo, en cada piedra serrana, en cada lector que vuelve a sus versos, sigue trabajando ese obrero luminoso que levantó, con la luz de la voz, una de las grandes casas de la poesía argentina. #AntonioEstebanAgüero #Agüero #SanLuis #VillaDeMerlo #MerloSanLuis #PiedraBlanca #CasaDelPoeta #PoesíaArgentina #LiteraturaArgentina #PoetaPuntano #CulturaPuntana #IdentidadCultural #HistoriaArgentina #MemoriaPopular #PoesíaYTerritorio #MendozAntigua #ArgentinePoetry #ArgentineLiterature #SanLuisArgentina #CulturalHeritage #PoetryLovers #LatinAmericanPoetry #LiteraryHistory #VoiceOfTheLand #CulturalMemory

CREER NO ES INGENUIDAD: ES LA FUERZA INVISIBLE DE QUIEN YA DECIDIÓ NO RENDIRSE


Creer que todo va a salir bien no es ingenuidad. Es una dirección interna. Es una forma de pararse frente a la vida. Es elegir avanzar sin entregarle el volante al miedo. Porque la fe en uno mismo no elimina los problemas, pero cambia la manera de atravesarlos. Cuando una persona cree en lo que está construyendo, decide distinto. Habla menos, observa más, se ordena por dentro y empieza a moverse con una seguridad silenciosa que no necesita aplausos, permiso ni explicación. La mayoría se frena antes de empezar. Imagina lo peor, duda, se anticipa al fracaso, se llena de preguntas y termina abandonando una batalla que todavía ni siquiera comenzó. Pero quien logra sostener una visión interna aprende algo esencial: no todo debe contarse, no todo debe mostrarse y no todo debe exponerse antes de tiempo. Hay proyectos que necesitan silencio. Hay planes que necesitan raíz antes que vitrina. Hay jugadas que se arruinan cuando se anuncian demasiado pronto. Y hay sueños que crecen mejor cuando se trabajan en privado, lejos del ruido, de la opinión ajena y de la energía de quienes no están preparados para entenderlos. Creer no es esperar sentado. Creer es actuar con coherencia. Es alinear pensamiento, decisión y acción. Es hacer lo correcto aun cuando nadie mire. Es levantarse cuando todavía no hay resultados. Es insistir cuando otros se cansan. Es sostener lo que antes se abandonaba. Es dominar lo que antes dominaba el miedo. La psicología lo ha estudiado desde distintos ángulos: la autoeficacia, concepto desarrollado por Albert Bandura, se relaciona con la creencia de una persona en su capacidad para ejecutar acciones y alcanzar objetivos; esa creencia influye en la conducta, la persistencia y la forma de enfrentar dificultades. También se ha observado que el optimismo se asocia con mayor resiliencia frente al estrés y mejores estrategias de afrontamiento. Pero creer no alcanza si no se convierte en movimiento. Las investigaciones sobre metas e “intenciones de implementación” muestran que los objetivos se vuelven más fuertes cuando se transforman en planes concretos: cuándo, dónde y cómo voy a actuar. Y hasta existe evidencia de que anunciar ciertas intenciones demasiado pronto puede debilitar la acción, porque a veces la aprobación externa da una falsa sensación de avance. Por eso, avanzar en silencio también es sabiduría. No por miedo. No por egoísmo. No por desconfianza. Sino porque hay etapas que necesitan protección. Llámalo Universo, destino, Dios, energía, intuición o disciplina. Algo se acomoda cuando uno actúa con verdad, cuando no traiciona su esencia y cuando sostiene su camino sin sabotearse. La vida no siempre responde rápido, pero responde distinto cuando pensamiento, palabra y acción empiezan a caminar en la misma dirección. No hace falta contarlo todo. No hace falta convencer a nadie. No hace falta mostrar cada paso. Trabajá en silencio. Creé con fuerza. Actuá con coherencia. Protegé tus planes. Y dejá que los resultados hablen cuando llegue el momento. Porque creer que todo va a salir bien no es negar la tormenta. Es decidir que, aun con tormenta, vas a seguir caminando. #CreerEnUnoMismo #FuerzaInterior #Coherencia #MentalidadPositiva #Disciplina #Metas #SilencioYAccion #CrecimientoPersonal #Confianza #ProyectosEnSilencio #ActitudPositiva #FeYAccion #SelfBelief #InnerStrength #PositiveMindset #Discipline #Goals #PersonalGrowth #SilentMoves #TrustTheProcess

ALEJO ABUTCOV: EL COMPOSITOR RUSO QUE CAMBIÓ EL SILENCIO DEL SUR MENDOCINO POR MÚSICA ETERNA


Hay vidas que parecen escritas por la historia con tinta de novela. La de Alejo Vladimir Abutcov fue una de ellas: músico ruso, compositor, pedagogo, pensador tolstoiano, exiliado político, campesino, maestro rural y fundador de una de las primeras grandes experiencias de educación musical institucionalizada en el sur de Mendoza. Nacido en la Rusia imperial, formado en un ambiente de alta cultura y disciplina europea, Abutcov llegó a pertenecer al mundo musical de San Petersburgo, una de las capitales artísticas más importantes de su tiempo. Las investigaciones lo vinculan con instituciones de enorme prestigio, como la Capilla Coral Imperial de San Petersburgo, y con una formación musical asociada a grandes nombres de la tradición rusa. La Municipalidad de General Alvear lo presenta como compositor y violinista, integrante de aquella Capilla Imperial, y fundador del primer conservatorio del sur mendocino en 1928. Pero su vida no quedó encerrada en los salones europeos. También fue un hombre atravesado por las ideas. Abutcov se vinculó al pensamiento de León Tolstói, especialmente a su visión pacifista, moral, espiritual y comunitaria. Aquellas convicciones lo acercaron al tolstoianismo, al naturismo, a la vida sencilla y a la búsqueda de una existencia más justa, lejos del lujo y de la violencia política. Según la reconstrucción difundida por General Alvear, esas ideas le trajeron persecuciones durante el régimen soviético. Tras años difíciles, persecuciones y exilio, llegó a la Argentina en la década de 1920. Primero pasó por Buenos Aires, donde sobrevivió como músico, profesor y pianista, pero su destino verdadero estaba mucho más lejos de la gran ciudad. En 1924 se instaló en San Pedro del Atuel, en el departamento de General Alvear, al sur de Mendoza, con un sueño tan audaz como improbable: fundar una colonia inspirada en las ideas de Tolstói, basada en el trabajo de la tierra, la sencillez, la solidaridad y la vida comunitaria. El repositorio académico del sistema nacional de ciencia y tecnología registra que Abutcov se radicó en San Pedro del Atuel con ese propósito y que luego se convirtió en pionero de la enseñanza musical institucionalizada en el sur mendocino. Allí, donde muchos solo veían campo duro, monte, distancia y soledad, él vio una posibilidad. Construyó su casa de quincha con sus propias manos, trabajó la tierra, se dedicó a la apicultura y eligió vivir de acuerdo con sus ideales: sobriedad, vegetarianismo, medicina natural, educación y compromiso social. No fue solamente un músico que llegó a un pueblo: fue un hombre que intentó convertir su vida entera en una obra moral. En 1928 fundó en General Alvear el Conservatorio Schubert, una institución que marcaría un antes y un después en la vida cultural del sur mendocino. Allí enseñó con una exigencia poco común para una región alejada de los grandes centros culturales del país. Fue director, profesor, organizador, guía y motor absoluto de aquel proyecto. Russia Beyond destaca que Abutcov enseñaba composición, teoría y solfeo, piano, violín, guitarra, violonchelo y otras disciplinas, con planes de estudio de nivel europeo. Su entrega fue impresionante. Viajaba grandes distancias entre San Pedro del Atuel y General Alvear para dar clases. Formó a generaciones de alumnos, organizó conciertos anuales, impulsó los festejos del Día de la Música y llevó repertorios europeos y argentinos a una comunidad que empezaba a descubrir, de su mano, una nueva forma de sensibilidad artística. Según la misma fuente, por el Conservatorio Schubert pasaron casi 200 alumnos, y la institución dejó de funcionar después de su muerte por no tener un sucesor a la altura de su tarea. Su obra también fue inmensa y, en parte, trágicamente perdida. Investigadores estiman que pudo haber compuesto cerca de 400 obras, aunque solo se conserva una porción reducida de su producción. Entre lo rescatado aparecen obras corales, sinfónicas, de cámara, piezas para piano, canciones, materiales didácticos y textos teóricos, como su manual de contrapunto, canon y fuga. Russia Beyond señala que Diego Bosquet y su equipo encontraron aproximadamente un 10% de su producción musical y trabajaron en la recuperación, catalogación e interpretación de esas piezas. La historia de su archivo también parece salida de una película. Décadas después de su muerte, parte de sus partituras, cartas, fotografías y documentos personales llegaron al Museo de Historia Natural de General Alvear. Allí comenzó una investigación decisiva para rescatarlo del olvido. El propio artículo de Russia Beyond relata que esos manuscritos fueron hallados en una casa abandonada y entregados al museo, donde se comprendió el valor de aquel material perteneciente a un músico ruso contemporáneo de grandes figuras como Rajmáninov y Glazunov. Alejo Abutcov murió en General Alvear el 25 de agosto de 1945. Durante mucho tiempo, su nombre quedó casi sepultado bajo el polvo de los archivos, de la distancia y del desconocimiento. Pero su huella siguió viva en sus alumnos, en la memoria cultural de Alvear y en las partituras que lograron sobrevivir. A cincuenta años de su muerte, el 18 de abril de 1996, fue sobreseído por el gobierno ruso, un gesto simbólico que llegó tarde, pero que confirmó la dimensión de una vida marcada por la persecución, el exilio y la fidelidad a sus convicciones. Hoy, su memoria vuelve a ocupar el lugar que merece. En 2025, la Municipalidad de General Alvear inauguró la Sala de Interpretación Histórica “Alejo Abutcov” en el Museo Juan Bautista Vairoleto de Carmensa, cerca del lugar donde vivió y murió. El homenaje buscó reivindicar a aquel músico extraordinario que eligió San Pedro del Atuel como su última patria espiritual. Alejo Abutcov no fue simplemente un compositor ruso perdido en Mendoza. Fue un puente vivo entre San Petersburgo y General Alvear, entre la gran tradición musical europea y los hijos de campesinos del sur mendocino, entre Tolstói y la tierra del Atuel, entre la partitura y el surco. Llegó como exiliado, pero terminó sembrando futuro. Llegó con música, pero dejó una escuela de vida. Llegó desde Rusia, pero una parte de su alma quedó para siempre en Mendoza. Porque algunos hombres no necesitan monumentos enormes: les basta con haber encendido una luz donde antes había silencio. #AlejoAbutcov #Abutcov #GeneralAlvear #SanPedroDelAtuel #Carmensa #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #MúsicaClásica #CompositorRuso #Tolstoianismo #LeónTolstoi #ConservatorioSchubert #SurMendocino #PatrimonioCultural #HistoriaArgentina #MemoriaCultural #MúsicaEHistoria #RussianComposer #MendozaHistory #CulturalHeritage #ClassicalMusic #RussianMusic #MusicHistory #ArgentinaHistory (
por DIEGO BOSQUET - La Melesca)

1943 - EL GIGANTE QUE ARDIÓ EN NUEVA YORK: EL TRÁGICO FINAL DEL NORMANDIE, EL TRANSATLÁNTICO QUE LA GUERRA CONVIRTIÓ EN FANTASMA


Nueva York, 12 de agosto de 1943. Sobre el gris espeso del puerto, un pequeño avión anfibio de la Guardia Costera de Estados Unidos cruza el cielo como un testigo silencioso de una tragedia monumental. Debajo, entre muelles, barcazas y aguas oscuras, yace el cuerpo mutilado de una leyenda: el USS Lafayette, nombre militar que recibió el famoso transatlántico francés SS Normandie. El Normandie no había sido un barco cualquiera. Era una de las grandes joyas navales del siglo XX: símbolo de lujo, velocidad, ingeniería y orgullo francés. Pero la Segunda Guerra Mundial cambió su destino. Al quedar en Nueva York durante el conflicto, fue tomado por las autoridades estadounidenses y destinado a convertirse en transporte de tropas. Desde entonces dejó de ser el refinado palacio flotante de la línea francesa y pasó a llamarse USS Lafayette AP-53. La conversión se hacía a toda prisa en el Pier 88, en Manhattan. En aquel ambiente de urgencia bélica, obreros, marinos y técnicos desmontaban interiores, retiraban elementos de lujo y adaptaban espacios para alojar soldados. Pero el 9 de febrero de 1942, una chispa lo cambió todo. Durante trabajos con soplete, el fuego alcanzó materiales altamente inflamables en el gran salón. El sistema contra incendios del barco estaba desconectado por las tareas de conversión, y las mangueras de los bomberos neoyorquinos no encajaban correctamente con las conexiones francesas del buque. El incendio se descontroló. Las llamas devoraron cubiertas enteras y el agua lanzada para apagar el fuego terminó agravando la tragedia: el enorme casco comenzó a escorarse. En la madrugada del 10 de febrero, el que había sido uno de los barcos más admirados del mundo volcó sobre su costado en el Hudson. La catástrofe dejó un muerto y cientos de heridos entre personal naval, guardacostas, bomberos y civiles. Durante meses, el puerto contempló aquella mole vencida como una herida abierta en el corazón de Nueva York. Hubo sospechas, rumores de sabotaje, teorías de guerra y explicaciones cruzadas; pero la historia material del desastre habla también de apuro, fallas de coordinación, improvisación y vulnerabilidad humana frente a una máquina demasiado grande para ser salvada a tiempo. La fotografía adjunta fue tomada el 12 de agosto de 1943, cuando un Grumman J4F Widgeon sobrevoló los restos del Lafayette. No era un avión de combate imponente, sino un anfibio utilitario usado por la Guardia Costera para tareas de búsqueda, rescate y patrulla. La Guardia Costera había incorporado 25 unidades J4F-1 desde 1941 para misiones de servicio y rescate, y durante la guerra también fueron empleados en patrullas costeras. La escena es poderosa porque muestra dos escalas de una misma guerra: arriba, un pequeño avión vigilando el puerto; abajo, el cadáver metálico de un gigante que alguna vez cruzó el Atlántico como emblema de elegancia y modernidad. El Normandie, convertido en Lafayette, fue reflotado y enderezado con enorme esfuerzo, pero el daño era demasiado grande. Nunca volvió a navegar como buque de guerra ni como transatlántico. Finalmente fue descartado y desguazado entre 1946 y 1948. Esta imagen no retrata solamente un naufragio. Retrata el instante posterior a una derrota tecnológica, humana y simbólica. Un palacio flotante convertido en ruina. Un sueño francés atrapado en el barro del Hudson. Una postal de guerra donde la belleza, la ambición y la tragedia quedaron suspendidas para siempre sobre el puerto de Nueva York. #Historia #HistoriaNaval #SSNormandie #USSLafayette #NuevaYork #SegundaGuerraMundial #WWII #AviacionHistorica #GuardiaCostera #GrummanWidgeon #FotografiaHistorica #MendozAntigua #NavalHistory #HistoricPhoto #WorldWarII #NewYorkHarbor #USCoastGuard #GrummanJ4F #OceanLiner #HistoryLovers

1926 - PASAJE SAN MARTÍN: EL COLOSO QUE DESAFIÓ EL MIEDO SÍSMICO Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE EL CIELO DE MENDOZA


A comienzos del siglo XX, Mendoza todavía caminaba con la memoria herida del gran terremoto de 1861. Aquella tragedia había destruido la ciudad y marcado profundamente la forma de construir: casas bajas, muros de adobe, techos livianos, calles amplias y una desconfianza casi instintiva hacia todo lo que quisiera crecer en altura. El INPRES recuerda que el sismo del 20 de marzo de 1861 fue porcentualmente el más destructivo de la historia argentina: devastó la ciudad y departamentos vecinos, con una intensidad de IX grados Mercalli. En esa Mendoza todavía prudente, de fachadas bajas y horizonte contenido, comenzaba a respirarse otro tiempo. El Ferrocarril Trasandino Los Andes–Mendoza, inaugurado el 5 de abril de 1910, había conectado la provincia con Chile a través de la cordillera, abriendo una etapa de modernidad, comercio y audacia técnica. También la vida política mendocina mostraba una fuerte vocación institucional: la Constitución provincial de 1854 fue la primera Carta Magna provincial posterior a la Constitución Nacional de 1853, y la reforma de 1916 incorporó derechos sociales avanzados para la época, como la jornada de ocho horas y el descanso dominical. Pero la modernidad no llegaba sin dolor. Durante los años de la Primera Guerra Mundial y la crisis económica que golpeó a la provincia, el gobernador Francisco Segundo Álvarez debió enfrentar una situación social muy dura. Las ollas populares instaladas en plazas mendocinas dieron origen al apodo popular de “Pancho Hambre”, expresión que quedó grabada en la memoria política local. En medio de esa ciudad marcada por el temor, la necesidad y el deseo de progreso, apareció el sueño de un hombre visionario: Miguel Escorihuela Gascón, empresario español radicado en Mendoza y fundador de una de las grandes tradiciones vitivinícolas de la provincia. Su idea parecía casi una locura para la época: levantar un edificio moderno, alto, elegante, con galería comercial, oficinas, viviendas, locales con salida a distintas calles, vitrales, ascensores, cúpulas y una torre capaz de dominar el paisaje urbano. Así nació el Pasaje San Martín, inaugurado el 11 de noviembre de 1926, en la esquina de avenida San Martín y el Paseo Sarmiento. La Ciudad de Mendoza lo define como un edificio que integró arte, comercio y vida cotidiana, marcando un antes y un después en la historia urbana mendocina. La obra fue proyectada por el ingeniero Ludovig Froude/Freude, dirigida técnicamente por el ingeniero Edmundo Guillermo Romero y ejecutada por la empresa constructora F. H. Schmidt, firma vinculada a otras obras importantes de la provincia. Su concepción tomó como referencia los grandes pasajes comerciales europeos, especialmente las galerías con cubierta acristalada, un modelo que buscaba combinar luz natural, circulación, comercio y elegancia arquitectónica. El edificio fue revolucionario para Mendoza. Fue el primer edificio en altura de la provincia, uno de los primeros en utilizar estructura de hormigón armado con criterio sismorresistente, y el primer gran antecedente local de galería comercial integrada con departamentos y oficinas. Cuenta con cuatro plantas, una torre de siete pisos coronada por una cúpula, accesos por San Martín, Sarmiento y 9 de Julio, y una organización interior pensada para unir comercio, vivienda y trabajo en un mismo conjunto urbano. Sus vitrales franceses son una de sus joyas más admiradas. La Municipalidad de la Ciudad de Mendoza destaca que fueron fabricados en hornos de carbón y que, por esa técnica artesanal, hoy resultan prácticamente irrepetibles. También señala que el edificio conserva sectores de gran riqueza arquitectónica, departamentos, oficinas, locales comerciales y una torre coronada por cúpula. El Pasaje concentra más de 300 metros cuadrados de vitrales, con detalles vinculados al Art Nouveau; sus vitrales fueron traídos de Francia, sus mármoles de Italia, y aún conserva en funcionamiento tres ascensores históricos, considerados los primeros instalados en Cuyo. Además, fue declarado Patrimonio Cultural de la Provincia y de interés artístico y arquitectónico por el municipio. Pero el gran desafío no fue solamente construirlo: fue lograr que Mendoza confiara en él. En una ciudad donde todavía pesaba el recuerdo de 1861, vivir o trabajar en un edificio alto parecía una temeridad. La torre de Escorihuela se levantaba como una provocación al miedo colectivo. Se cuenta que, ante la desconfianza inicial, fue necesario ofrecer facilidades para que los primeros ocupantes se animaran a habitarlo. El Pasaje no solo debía demostrar belleza: debía demostrar resistencia. Y la prueba llegó pronto. Mendoza volvió a sentir movimientos sísmicos, pero aquel edificio que muchos miraban con sospecha permaneció en pie. Su estructura sismorresistente fue convirtiéndose en argumento, en símbolo y en tranquilidad. El “capricho” del visionario empezó a ser leído como una anticipación del futuro. Durante décadas, el Pasaje San Martín fue el gran dominador del perfil urbano mendocino. Hasta 1954 se mantuvo como la construcción más alta de la provincia, año en que el Edificio Gómez, diseñado por Manuel Civit, inauguró una nueva etapa de verticalidad en el centro de la ciudad. Hoy, a meses de cumplir su centenario el 11 de noviembre de 2026, el Pasaje San Martín sigue siendo una de las imágenes más poderosas de Mendoza. No es solamente una galería. No es solamente un edificio antiguo. Es una declaración de confianza en una tierra sísmica. Es la prueba de que una ciudad también puede levantarse por encima de sus temores. La obra que algunos consideraron el delirio de un “loco aragonés” terminó convirtiéndose en un hito patrimonial, arquitectónico y emocional. Allí donde Mendoza miraba hacia abajo por miedo a caer, el Pasaje San Martín se atrevió a mirar hacia arriba. Y desde entonces, su cúpula sigue recordándonos que el progreso verdadero no nace de negar la memoria, sino de construir sobre ella con inteligencia, belleza y coraje. #PasajeSanMartin #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #CiudadDeMendoza #PatrimonioMendocino #ArquitecturaMendocina #MiguelEscorihuelaGascon #EscorihuelaGascon #CentroDeMendoza #MendozaHistórica #Cuyo #ArgentinaHistórica #MemoriaUrbana #Vitrales #ArtNouveau #ArquitecturaArgentina #PatrimonioCultural #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricArchitecture #ArgentineHistory #UrbanHeritage #CulturalHeritage #VintageMendoza

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...