jueves, 14 de mayo de 2026

14 de Mayo de 1980 - “Norte misterioso del ser”: la escultura de Guaymallén que rompió moldes y todavía intriga a Mendoza


El 14 de mayo de 1980, en el marco de los festejos por el 122º aniversario de Guaymallén, fue inaugurada una de las obras públicas más llamativas y enigmáticas del departamento: “Norte misterioso del ser”, del artista y ceramista Elio Ortiz. La imagen adjunta muestra su fuerza visual: una forma blanca, compacta, casi silenciosa, apoyada sobre un pedestal. A simple vista parece una cabeza reducida a lo esencial, sin rasgos evidentes, construida desde una profunda simplificación de las formas. Esa ambigüedad es justamente parte de su potencia: no entrega una respuesta inmediata, obliga a mirar, interpretar y preguntarse. La obra nació del Primer Certamen Nacional de Escultura, organizado por la Municipalidad de Guaymallén en 1980. El objetivo era promover la plástica local y sumar piezas artísticas al espacio público departamental. El gran premio de honor fue para Ortiz, y las obras distinguidas fueron emplazadas en distintos puntos del departamento. “Norte misterioso del ser” quedó ubicada en la zona de Acceso Este y Arenales, en Villa Nueva. Lejos de la escultura tradicional de plazas y paseos —habitualmente dedicada a próceres, figuras históricas o escenas realistas— esta pieza introdujo un lenguaje distinto: abstracto, simbólico, moderno. Según los datos publicados sobre la obra, mide aproximadamente 3,50 metros, pesa más de 600 kilos y fue realizada con estructura de hierro, cemento y marmolina. El propio Elio Ortiz explicó que la escultura nació de una búsqueda interior y mística. Vista de frente, sus formas y sombras permiten imaginar un rostro con los ojos cerrados, una figura en trance, una presencia ligada a la contemplación y a la espiritualidad. El artista también señaló que se trataba de una obra orgánica, abierta a múltiples lecturas, capaz de cambiar de sentido según el punto desde donde se la observe. Por eso “Norte misterioso del ser” no es solo una escultura curiosa del Acceso Este. Es una ruptura. Fue una de las primeras obras públicas en Mendoza que se animó a abandonar la representación figurativa clásica para instalar en la calle nuevos contenidos estéticos y simbólicos. Y lo más paradójico: esa apuesta moderna y abstracta ocurrió durante un gobierno de facto, en un tiempo donde la libertad expresiva convivía con fuertes tensiones políticas. Con los años, la obra generó comentarios, apodos populares, interpretaciones insólitas y miradas contradictorias. Algunos pasan frente a ella sin conocer su nombre; otros la recuerdan justamente por su rareza. Pero allí está, firme, blanca, enigmática, como una pregunta plantada en el paisaje urbano de Guaymallén. A más de cuatro décadas de su inauguración, “Norte misterioso del ser” sigue cumpliendo una función esencial del arte público: interrumpir la rutina, despertar curiosidad y recordarnos que una ciudad también se construye con símbolos, preguntas y formas que no siempre necesitan explicarse por completo.

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