viernes, 24 de julio de 2026

CIRCA 1905: LOS ROSTROS QUE LEVANTARON BODEGAS LÓPEZ — CUANDO MAIPÚ CONVERTÍA EL SACRIFICIO INMIGRANTE EN VINO ARGENTINO


En algún momento cercano a 1905, cuando el siglo XX apenas comenzaba, decenas de trabajadores se reunieron frente a una cámara en los modestos galpones de Bodegas López, en General Gutiérrez, Maipú. No posaban ante una empresa poderosa ni frente a las grandes instalaciones que llegarían con el tiempo: estaban retratando los primeros años de una historia construida con brazos cansados, madera, uvas, carros, herramientas y una enorme voluntad de progreso. Getty Images conserva esta fotografía identificándola como el personal de Bodegas López hacia 1905. La escena es extraordinaria por su fuerza humana. Hombres de distintas edades, vestidos con camisas arremangadas, chalecos, fajas, boinas y sombreros, ocupan cada rincón del encuadre. Algunos permanecen de pie; otros se sientan sobre pequeños barriles o directamente en el suelo. Entre ellos aparecen varios niños, testigos de una época en la que la vida familiar y el mundo del trabajo convivían dentro de los establecimientos rurales. Al fondo se distingue una pizarra cubierta de anotaciones y, sobre sus cabezas, una estructura de madera asociada al movimiento de cargas dentro del galpón. En primer plano aparecen varios cascos marcados con la inscripción “Vino de Maipú, Mendoza”. No son simples objetos decorativos: representan el sistema con el que los vinos eran conservados y enviados a sus compradores cuando el embotellado todavía no dominaba el comercio. La propia bodega señala que sus primeras elaboraciones se comercializaron en cascos de roble y que su marca fundacional fue El Vasquito. La historia había comenzado lejos de Mendoza. José Gregorio López Rivas llegó a la Argentina en 1886 procedente de Algarrobo, Málaga, una región europea duramente castigada por la filoxera. Tras años de trabajo y ahorro consiguió reunir nuevamente a parte de su familia. En 1898, los hermanos López Rivas se trasladaron a General Gutiérrez, arrendaron una pequeña extensión de tierra y comenzaron a elaborar vinos con uvas propias. Poco después formalizaron la sociedad José López & Hnos., origen de una empresa que continúa vinculada a la familia fundadora. Aquella pequeña bodega nació durante una transformación decisiva para Mendoza. A fines del siglo XIX, la vitivinicultura industrial modificó el territorio provincial: multiplicó viñedos y establecimientos, favoreció el crecimiento de los oasis irrigados y quedó profundamente ligada a la inmigración, al desarrollo ferroviario y a la aparición de nuevos núcleos urbanos y productivos. Las bodegas no sólo elaboraban vino; también impulsaban talleres, viviendas, depósitos, caminos, redes de riego y comunidades enteras. Por eso, esta fotografía vale mucho más que una postal empresarial. Es un retrato de los hombres anónimos que cargaron uvas, limpiaron lagares, repararon herramientas, movieron toneles y trabajaron durante interminables jornadas para convertir la cosecha mendocina en una industria capaz de llegar al resto del país. Sus nombres probablemente se hayan perdido, pero sus miradas permanecieron atrapadas en la imagen. Más de un siglo después, Bodegas López continúa activa en el mismo territorio maipucino donde inició su camino. Sin embargo, antes de las etiquetas célebres, las grandes cavas y los vinos convertidos en clásicos, estuvieron ellos: los trabajadores que posaron junto a los cascos de madera y dejaron, sin saberlo, uno de los testimonios humanos más poderosos de la antigua vitivinicultura mendocinaFuente de la fotografía: imagen fechada aproximadamente en 1905 y catalogada por Getty Images; reproducción del archivo AFP acreditada a Daniel García. #BodegasLopez #MendozaHistory #ArgentineWine #WineHistory #HistoricWinery #WineryWorkers #VintagePhotography #WinemakingHeritage #MaipuMendoza #ArgentineWineries #ImmigrantHistory #WineCulture #HistoricalPhotography #VineyardHistory #BodegasLópez #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Maipú #VinoMendocino #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #TrabajadoresDelVino #BodegasArgentinas #Inmigración #PatrimonioVitivinícola #MemoriaFotográfica #FotosAntiguas #MendozAntigua

1932: EL TEMPLO PERDIDO DEL BICHO — LA CANCHA DE LA PATERNAL QUE VIO NACER AL ARGENTINOS PROFESIONAL


Desde el cielo, la escena parece contener a toda una barriada. Las tribunas de madera desbordan, cientos de espectadores se amontonan junto al perímetro y el campo, marcado cuidadosamente con cal, ocupa el centro de una Paternal todavía dominada por casas bajas, galpones, terrenos abiertos y calles recorridas por unos pocos automóviles. Es 1932 y Argentinos Juniors juega en el estadio levantado sobre la avenida San Martín y Punta Arenas, uno de los escenarios desaparecidos más importantes de su historia. La cancha había sido inaugurada el 26 de julio de 1925, sobre terrenos alquilados al Ferrocarril del Pacífico. Para la época era una construcción moderna y podía recibir a más de 10.000 espectadores. Aquella primera jornada terminó con una victoria memorable: Argentinos derrotó 4 a 3 a Huracán. Apenas un año después, el equipo alcanzó el subcampeonato de Primera División de 1926, confirmando el crecimiento de una institución que, después de peregrinar por distintos terrenos porteños, comenzaba a echar raíces definitivas en La Paternal. La fotografía corresponde a un momento decisivo. En 1931, Argentinos había integrado el grupo de 18 clubes que abandonaron la asociación amateur para crear la primera liga profesional del fútbol argentino. Por eso, en 1932, este rectángulo no era solamente una cancha: era el escenario donde el viejo fútbol de barrio, sostenido por socios, tablones y sacrificios, comenzaba a transformarse en un espectáculo profesional. La imagen permite distinguir las largas graderías, la multitud pegada a las líneas exteriores y la avenida San Martín extendiéndose junto al estadio, mientras el barrio crecía alrededor de la pasión roja y blanca. Existe una precisión histórica importante: aunque esta fotografía suele identificarse como tomada en “San Martín y Elizalde”, para 1932 la calle ya se llamaba oficialmente Punta Arenas. Elizalde había sido una denominación anterior del tramo comprendido entre San Martín y Warnes; el nombre Punta Arenas fue establecido por una ordenanza municipal del 30 de octubre de 1914. La historia de aquel estadio tendría un final doloroso. Durante la crisis deportiva y económica que acompañó el descenso de 1937, Argentinos fue desalojado por alquileres impagos. El Ferrocarril del Pacífico desmanteló las tribunas y embargó sus estructuras de hierro y madera, dejando al club al borde de la desaparición. Sin embargo, el Bicho sobrevivió: recuperó aquellos materiales y en 1940 inauguró su nueva cancha en Médanos —actual Juan Agustín García— y Boyacá. Esta vista aérea conserva algo más que un estadio desaparecido. Guarda el rugido de las tribunas, el fútbol de los tablones y la memoria de una institución que aprendió a levantarse cada vez que parecía condenada a desaparecer. Antes del Semillero, de Maradona y de las grandes conquistas internacionales, estuvo esta cancha: el primer gran hogar de Argentinos Juniors en La Paternal. #ArgentinosJuniors #ArgentineFootball #FootballHistory #HistoricStadium #OldBuenosAires #VintageFootball #FootballMemories #SoccerHistory #LaPaternal #HistoricPhotography #LostStadiums #BuenosAiresHistory #ArgentinosJuniors #ElBicho #LaPaternal #FútbolArgentino #HistoriaDelFútbol #BuenosAiresAntigua #EstadiosHistóricos #FútbolDeAntes #MemoriaFutbolera #PatrimonioPorteño #FotografíaHistórica #HistoriaArgentina

24 DE JULIO DE 2022: MURIÓ FABIÁN ÁLVAREZ — EL CERAMISTA QUE CONVIRTIÓ EL FUEGO, EL ZINC Y LA NATURALEZA EN UN UNIVERSO DE UTOPÍAS


El 24 de julio de 2022, el arte mendocino perdió a uno de sus creadores más singulares. Fabián Álvarez, artista visual, escultor y ceramista autodidacta, falleció en Guaymallén a los 53 años. Había nacido en 1969 en Huinca Renancó, Córdoba, pasó una etapa de su vida en Madrid y finalmente encontró su lugar en El Sauce, donde transformó una propiedad rodeada de árboles y acequias en una extraordinaria casa-taller. Desde niño sintió la necesidad de crear con sus manos. La cerámica se convirtió en el punto de partida de una búsqueda que nunca aceptó límites rígidos: trabajó con porcelana, metal, vidrio, cera y resina, explorando especialmente las cristalizaciones de zinc, una técnica con la que obtenía superficies de formas imprevisibles, semejantes a minerales, flores o pequeñas constelaciones detenidas por el fuego. De sus hornos surgieron esculturas, objetos utilitarios, instalaciones, ambientaciones y piezas que transitaban libremente entre el arte, el diseño y la artesanía. Quienes atravesaban el portón de su casa en El Sauce ingresaban en un mundo diferente. Las obras aparecían entre plantas, fuentes y estanques adornados con nenúfares, como si hubieran nacido de la propia naturaleza. Allí creó en 2010 el Estudio de Arte Fabián Alvarez Group, un espacio donde arquitectura, paisaje y creación convivían sin fronteras. Desde 2017 también abrió sus conocimientos a otras personas mediante cursos de cerámica artística y cristalización de zinc, convirtiendo el taller en un lugar de formación, experimentación y encuentro. Su obra recorrió escenarios provinciales, nacionales e internacionales. Participó en la World Ceramic Biennale Korea de 2005, en la Feria Internacional de Artesanías de Córdoba, en el Taller Oltra de Madrid y en la exposición Humanimales, presentada en Valdemoro, España. También exhibió en Misiones, San Rafael, la Peatonal del Vino de Mendoza, Piazza Casa de Arte y la Fundación OSDE de Córdoba, entre otros espacios. Cada muestra revelaba a un creador dispuesto a experimentar con la materia hasta hacerla expresar algo inesperado. Su última exposición fue “Recreando utopías”, inaugurada en mayo de 2022 en la sala del Blas Shopping, extensión de las Salas de Arte Libertad. En ella propuso una reflexión sobre una sociedad cambiante, donde los modelos establecidos se mezclan, los espacios pierden sus fronteras y el espectador debe detenerse para descubrir aquello que la velocidad cotidiana suele volver invisible. Sin saberlo, aquella muestra terminó convirtiéndose en su despedida pública. Fabián tampoco encerró el arte entre las paredes de una galería. Su casa-taller fue incorporada a circuitos turísticos como Burbujas y Sabores, Bicitour y Bustour, propuestas que invitaban a descubrir la identidad cultural y productiva de Guaymallén. Su obra se integró así al paisaje, al turismo y a la vida comunitaria del departamento que había elegido como hogar. Pocos meses después de su muerte, la Municipalidad de Guaymallén inauguró la plaza Fabián Álvarez en Mathus Hoyos 4200, muy cerca de la zona donde se encontraba su casa-atelier. El homenaje incluyó la plantación de un arce japonés, símbolo apropiado para recordar a un hombre que había logrado unir el color, la naturaleza y la transformación permanente de la materia. Fabián Álvarez fue mucho más que un ceramista. Fue un alquimista de las formas, un creador silencioso que encontró belleza en el fuego, en los metales, en el agua y en aquello que todavía no tenía nombre. Su legado permanece en sus esculturas, en quienes aprendieron dentro de su taller y en ese jardín de El Sauce donde, entre fuentes y nenúfares, demostró que una utopía también podía construirse con las manos. Porque algunos artistas trabajan la materia; otros consiguen que la materia recuerde para siempre quién la tocó. #FabiánÁlvarez #ArteMendocino #CerámicaArtística #Guaymallén #ElSauce #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #Escultura #ArteArgentino #CristalizaciónDeZinc #ArtistasArgentinos #PatrimonioCultural #MendozaAntigua #FabianAlvarez #ArgentineArt #CeramicArt #ContemporaryCeramics #SculptureArt #MendozaCulture #VisualArtist #CulturalHeritage #ArtAndNature

24 DE JULIO DE 1977: NACIERON “LOS JUGLARES” — DOS CORAZONES, UNA VALIJA Y EL TEATRO DE TÍTERES QUE CONVIRTIÓ A MENDOZA EN TERRITORIO DE MAGIA Y LIBERTAD


El domingo 24 de julio de 1977, mientras la Argentina atravesaba uno de los períodos más oscuros de su historia, dos artistas mendocinos levantaron sus títeres por encima de los telones negros de un biombo en el Teatro Quintanilla. Aquel gesto sencillo inauguró una aventura cultural que atravesaría generaciones: nacía el Teatro de Títeres Los Juglares, creado por Pelusa Oliveras y Luciano Ortega, compañeros en el arte y en la vida. No tenían grandes estructuras ni necesitaban escenarios monumentales. Llevaban personajes, telas, voces, historias y sueños dentro de sus valijas. Así construyeron lo que Luciano definiría como un verdadero “arte milenario de valijas”: un teatro caminante capaz de aparecer en una sala, una escuela, una biblioteca, una plaza, un pequeño pueblo, un galpón vecinal o el atrio de una iglesia y transformarlo, durante unos minutos, en un universo fantástico. Pelusa ya transitaba el mundo de los títeres cuando conoció a Luciano, actor egresado de la Universidad Nacional de Cuyo, poeta y docente. De aquel encuentro nació una obra compartida que recorrió ciudades y poblaciones de la Argentina, Chile y Uruguay, llevando espectáculos destinados tanto a niños como a adultos. Aunque recibieron propuestas para proyectarse desde Buenos Aires y viajar al exterior, eligieron que Mendoza continuara siendo su casa, su taller y el centro desde el cual desplegar su creación. Pero Los Juglares nunca fue solamente un elenco. Pelusa y Luciano también dictaron cursos, talleres, conferencias y encuentros de formación, transmitiendo técnicas, experiencias y una manera profundamente humana de comprender el oficio. Su trabajo se extendió a la literatura, la televisión y la radio, con espacios como Cuentos del Altillo, emitido por Radio Nacional Mendoza, y posteriormente Giros, conducido por Luciano Ortega. Con el paso de los años llegaron los reconocimientos. En 2016, el Primer Encuentro Estival de Títeres de Mendoza fue bautizado “Los Juglares Teatro de Títeres” para homenajear su extensa trayectoria. Sin embargo, su mayor premio permanece en la memoria de quienes alguna vez vieron emerger un muñeco desde aquella valija viajera y descubrieron que un pedazo de tela podía reír, emocionarse, rebelarse, formular preguntas y hablar de las cosas más profundas de la vida. A 49 años de aquel primer movimiento sobre el biombo del Quintanilla, Los Juglares representan mucho más que una compañía teatral. Son la historia de dos personas que decidieron unir sus manos para abrir caminos de poesía, educación, comunicación y libertad. Pelusa Oliveras y Luciano Ortega demostraron que los títeres no son objetos inmóviles: viven mientras alguien los sueña, respiran cuando una mano los sostiene y se vuelven eternos cuando consiguen despertar el asombro en los demás. Porque cada vez que se abre una de sus valijas, la magia vuelve a comenzar. #LosJuglares #Títeres #TeatroDeTíteres #PelusaOliveras #LucianoOrtega #CulturaMendocina #HistoriaDeMendoza #ArtePopular #TeatroArgentino #MemoriaCultural #MendozaAntigua #PuppetTheatre #Puppetry #ArgentineTheatre #MendozaCulture #CulturalHeritage #TravellingTheatre #ArtAndFreedom

24 DE JULIO DE 1964: NACIÓ ADRIÁN MANCHENTO — EL ARTISTA QUE HIZO HABLAR AL BARRO Y CONVIRTIÓ LA TIERRA MENDOCINA EN MEMORIA, IDENTIDAD Y JUSTICIA


El 24 de julio de 1964 nació en Mendoza Adrián Walther Manchento, escultor, ceramista, artista visual y docente cuya obra parece surgir directamente de la tierra cuyana. Egresado de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, desarrolló gran parte de su trayectoria dentro de esa institución como profesor y llegó a ocupar la conducción de las Carreras de Cerámica, formando generaciones de artistas y defendiendo una enseñanza en la que el dominio técnico debía encontrarse con la sensibilidad, la investigación y la libertad creadora. Su lenguaje artístico está profundamente unido al barro, al fuego, a los antiguos oficios y a una Mendoza que no siempre aparece bajo las luces de los grandes espectáculos. En sus esculturas, vasijas y murales, la cerámica deja de ser únicamente un material decorativo para convertirse en testimonio de pertenencia, trabajo colectivo, memoria social y dignidad humana. Su carrera se enriqueció mediante experiencias vinculadas con la cerámica artística, el vidrio, la microfusión y la fundición a la cera perdida, además de encuentros profesionales realizados en Argentina y España. Participó, entre otras instancias, del Congreso Argentino e Iberoamericano de Cerámica, Vidrio y Refractarios de 1988, del Encuentro de Ceramistas celebrado en Humahuaca en 1993 y de un taller de microfusión en Valencia en 1995. Su producción también recuperó las raíces americanas. En 2009 integró Pensar y modelar, una exposición de esculturas cerámicas organizada por la UNCuyo como reconocimiento a los creadores prehispánicos y a aquellas expresiones indígenas que durante mucho tiempo habían sido relegadas por la historia tradicional del arte. Dos años después participó en Mendoza Talla, encuentro en el que numerosos escultores transformaron troncos caídos del arbolado público en nuevas obras, devolviendo vida artística a una parte del patrimonio natural de la ciudad. Pero quizá una de las dimensiones más poderosas de su trayectoria sea la unión entre arte y memoria. En 2013 realizó el Mural por la Memoria de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, una intervención que conserva los nombres de estudiantes y docentes sancionados, cesanteados, asesinados o desaparecidos durante la última dictadura. La obra no funciona solamente como ornamentación: convierte una pared universitaria en un espacio de presencia, reparación y resistencia frente al olvido. Ese mismo año, varias de sus creaciones —Del Grupo Guanacache, Grupo Escultórico Alfarero y Piriforme Andino— fueron elegidas por la Fundación Universidad Nacional de Cuyo como distinciones para instituciones, docentes y proyectos vinculados con la innovación y el compromiso social. Aquellas piezas llevaban en su forma una síntesis de su universo: la tradición alfarera, la identidad regional y la figura humana entendida como parte inseparable de su comunidad. Su concepción del arte nunca quedó encerrada en museos o aulas. En 2016 enseñó cerámica a internas de la Unidad Penal de Mujeres de El Borbollón, en una experiencia educativa que se convirtió en la primera capacitación de ese establecimiento en otorgar certificación oficial como Auxiliar en Cerámica. Allí, modelar arcilla significó también recuperar capacidades, autoestima y posibilidades de reinserción, demostrando que una pieza puede comenzar a reconstruirse mucho antes de entrar al horno. En 2017 estuvo a cargo de la intervención que renovó la fachada de la Facultad de Derecho de la UNCuyo. Más tarde integró el equipo que produjo las baldosas esmaltadas colocadas en el Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos, antiguo D2 de Mendoza. Las piezas, elaboradas con los nombres de diez personas detenidas y desaparecidas, ocuparon los vacíos dejados por las baldosas deterioradas del edificio: una metáfora intensa en la que la cerámica devolvió a la superficie identidades que el terrorismo de Estado había pretendido borrar. Su trabajo atravesó además la escultura urbana, la docencia, la investigación, la actividad gremial y múltiples proyectos colectivos. En 2021 colaboró técnicamente en la realización de la escultura dedicada a la maestra y bailarina Isolde Klietmann, construida en cemento blanco y marmolina a partir de un modelado original en arcilla. Adrián Manchento pertenece a esa clase de artistas que no buscan imponer su nombre por encima de la obra. Su territorio está en el taller, entre hornos, herramientas, alumnos y manos cubiertas de arcilla. Desde allí convirtió materiales elementales —tierra, agua, fuego, madera y metal— en formas capaces de contar quiénes fuimos y quiénes todavía queremos ser. Su legado demuestra que el barro no es una materia silenciosa: guarda las huellas de quienes lo trabajan, conserva la memoria de los pueblos y, cuando encuentra las manos adecuadas, puede hablar por toda una provincia. #AdrianManchento #ArgentineArtist #ArgentineCeramics #CeramicArtist #ArgentineSculptor #MendozaArgentina #LatinAmericanArt #CeramicSculpture #ArtAndMemory #CulturalIdentity #IndigenousHeritage #PublicArt #SocialArt #ArtEducation #CulturalLegacy #OnThisDay #BornOnThisDay #AdriánManchento #ArteMendocino #CerámicaArgentina #EsculturaArgentina #ArtistasMendocinos #CulturaDeMendoza #UNCuyo #FacultadDeArtesYDiseño #ArteYMemoria #MuralPorLaMemoria #CerámicaArtística #IdentidadCuyana #PatrimonioCultural #ArteArgentino #Efemérides #UnDíaComoHoy #MendozAntigua

24 DE JULIO DE 1955: NACIÓ PATRICIA PALMER — LA MENDOCINA QUE LLEGÓ CON UNA VALIJA, CONQUISTÓ LA TELEVISIÓN Y LEVANTÓ SU PROPIO TEMPLO DEL TEATRO


El 24 de julio de 1955 nació en la ciudad de Mendoza Patricia Alejandra Palmada, quien años después sería conocida en todo el país como Patricia Palmer: actriz, guionista, directora, dramaturga, productora, docente y una de las figuras más perseverantes de la televisión y el teatro argentinos. Su vínculo con el escenario comenzó cuando apenas tenía cuatro años, participando en representaciones del Centro Catalán de Mendoza. Durante su juventud estudió cinco años en el Profesorado de Teatro, además de formarse en danza clásica y canto, convencida desde muy temprano de que su destino se encontraba detrás de un telón. A los 23 años tomó una decisión que cambiaría su vida: dejó su provincia y viajó a Buenos Aires junto a Paula, su hija todavía bebé, llevando una pequeña valija y una enorme determinación. Los comienzos estuvieron lejos del brillo de la fama. Vivió en una oficina de apenas 18 metros cuadrados, trabajó cuidando una calesita en la tradicional tienda Gath & Chaves y llevaba a su hija con ella mientras asistía a clases, audiciones y castings. Patricia Palmada se convirtió en Patricia Palmer por recomendación del director Alejandro Doria, quien le sugirió conservar su nombre y modificar el apellido artístico. Lentamente comenzaron a llegar las oportunidades: participó en producciones televisivas como Un hombre como vos, Libertad condicionada, La cuñada, Sin marido, Regalo del cielo y Más allá del horizonte, hasta alcanzar una popularidad inmensa en 1995 con Dulce Ana. Allí interpretó a una mujer humillada y sometida que encontraba la fuerza necesaria para transformar su existencia, un personaje que quedó profundamente asociado a su rostro y se convirtió en uno de los grandes recuerdos de la ficción argentina de los años noventa. Un año después escribió y protagonizó Los ángeles no lloran, ficción nominada al Martín Fierro, consolidando una faceta que iba mucho más allá de la actuación. También desarrolló guiones destinados a producciones de México y Turquía y llegó a desempeñarse en la dirección de programación de Canal 9, aunque decidió regresar al trabajo artístico porque su verdadera pasión continuaba estando sobre el escenario. Su trayectoria teatral incluye obras dirigidas por figuras como Agustín Alezzo y China Zorrilla, comedias musicales, unipersonales y decenas de personajes de enorme diversidad. Con esfuerzo propio fundó y sostuvo en Palermo el Teatro Taller del Ángel, una sala independiente con capacidad para 120 espectadores que convirtió en escuela, refugio cultural y espacio de formación para nuevas generaciones. También llevó sus raíces mendocinas a la música, grabando canciones y un disco de folclore, sin abandonar nunca la tonada ni el sentimiento cuyano. Lejos de vivir solamente de los recuerdos de la televisión, Palmer continúa escribiendo, enseñando, actuando y dirigiendo: en 2026 protagoniza y dirige Adán y Eva, un amor de aquellos, una comedia de su autoría junto a Mario Pasik. Patricia Palmer no llegó a Buenos Aires sostenida por privilegios ni grandes contactos: llegó con una hija pequeña, una valija y la convicción de que el talento también se construye trabajando. Desde aquella niña que actuaba en Mendoza hasta la mujer que levantó su propio teatro, su historia representa la tenacidad de quienes se atreven a abandonar lo conocido para perseguir una vocación. Una mendocina que conquistó la pantalla, escribió sus propias historias y jamás permitió que se apagara la luz del escenario. #PatriciaPalmer #ArgentineActress #ArgentineTelevision #ArgentineTheater #MendozaArgentina #LatinAmericanTelevision #SoapOperaHistory #TheaterHistory #WomenInTelevision #WomenInTheater #ArgentineCulture #ActingLegend #CulturalLegacy #OnThisDay #BornOnThisDay #PatriciaPalmer #ActrizArgentina #Mendoza #OrgulloMendocino #DulceAna #TelevisiónArgentina #TeatroArgentino #HistoriaDeLaTelevisión #CulturaArgentina #ActricesArgentinas #FicciónArgentina #TallerDelÁngel #FolcloreCuyano #Efemérides #UnDíaComoHoy #MendozAntigua

jueves, 23 de julio de 2026

1906: LOS HOMBRES QUE ABRIERON LOS ANDES — EL FERROCARRIL TRASANDINO Y LA EPOPEYA QUE UNIÓ MENDOZA CON CHILE


Cinco hombres permanecen inmóviles frente a una abertura oscura excavada en la montaña. Dos se han colocado sobre el terreno pedregoso de la izquierda; otro posa exactamente en medio de los rieles; una figura apenas se distingue junto a la entrada del túnel y, en primer plano, un trabajador observa la cámara con una mano apoyada en la cintura. No aparecen locomotoras, ceremonias ni grandes autoridades. Solo la roca desnuda, una vía angosta que se curva hasta desaparecer en la oscuridad y quienes hicieron posible que el hierro avanzara por uno de los territorios más difíciles del continente. La fotografía fue tomada en 1906, en algún punto de la Región de Valparaíso, durante las obras del Ferrocarril Trasandino. La boca del túnel carece de una fachada monumental: parece abierta directamente sobre la piedra, rodeada por fragmentos desprendidos y pronunciadas laderas. El tamaño de los hombres frente a la montaña permite comprender la dimensión del desafío. En el encuadre no se observa maquinaria; los trabajadores, vestidos con chaquetas, pantalones resistentes y sombreros, convierten la escena en un poderoso retrato del esfuerzo humano oculto detrás de las grandes obras de ingeniería. El proyecto había sido impulsado desde 1872 por los hermanos Juan y Mateo Clark, empresarios chilenos que soñaban con enlazar las redes ferroviarias de Chile y Argentina. Las dificultades económicas, políticas y técnicas retrasaron durante años aquella empresa extraordinaria: las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del chileno. El objetivo era unir Los Andes con Mendoza y crear un corredor capaz de comunicar, mediante sucesivas conexiones ferroviarias, los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. Cuando esta imagen fue capturada, la línea todavía no estaba terminada. Precisamente en 1906, Chile impulsó la colocación de bonos garantizados por el Estado para obtener los recursos necesarios y completar el difícil tramo entre Juncal y Portillo. Todavía faltaban cuatro años para que el sueño se hiciera realidad. La sección chilena alcanzaría unos 71 kilómetros de trocha angosta, con siete estaciones, puentes, túneles y cobertizos destinados a proteger los rieles de la nieve. Debido a las fuertes pendientes, desde Río Blanco hacia la frontera fue necesario emplear una cremallera del sistema Abt, que ayudaba a las locomotoras tanto en el ascenso como durante el frenado en las bajadas. En el punto culminante del recorrido se construyó el túnel internacional de aproximadamente 3,2 kilómetros, situado a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. Del lado argentino, el trazado se extendía por alrededor de 177 kilómetros hasta Mendoza. Finalmente, en abril de 1910, las vías de ambos países quedaron conectadas. El Trasandino se convirtió en una de las mayores proezas ferroviarias sudamericanas y comenzó a transportar pasajeros, correspondencia, animales y mercaderías a través de la cordillera. En sus primeras dos décadas llegó a movilizar un promedio anual estimado de 100.000 pasajeros y unas 25.000 toneladas de carga. Después de aludes, interrupciones, crisis económicas y tensiones internacionales, continuó prestando servicios hasta 1984. Sin embargo, esta fotografía no recuerda a los empresarios, los ingenieros ni las autoridades que inauguraron la obra. Conserva algo todavía más valioso: el rostro de los trabajadores anónimos que caminaron sobre piedras sueltas, tendieron los rieles y abrieron túneles en el corazón de los Andes. Hombres cuyos nombres se perdieron, pero cuya labor quedó grabada para siempre en la montaña. Colección: Archivo Fotográfico del Museo Histórico Nacional de Chile, portal Fotografía Patrimonial. #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #IndustrialHeritage #RailwayWorkers #TunnelConstruction #EngineeringHistory #ChileHistory #ArgentinaHistory #RailroadHistory #VintagePhotography #MountainRailway #SharedHeritage #SouthAmericanHistory #FerrocarrilTrasandino #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeChile #LosAndes #CordilleraDeLosAndes #PatrimonioFerroviario #HistoriaFerroviaria #TrabajadoresFerroviarios #Ferrocarriles #Tuneles #Valparaiso #Mendoza #FotografiaHistorica #MemoriaHistorica #IngenieriaFerroviaria #PatrimonioIndustrial

1 DE AGOSTO DE 1835: EL CORONEL NEGRO FRENTE AL PELOTÓN — LORENZO BARCALA, EL SASTRE QUE VENCIÓ LAS CASTAS Y CAYÓ POR CONSPIRAR CONTRA EL PODER


La orden podía escucharse en cualquier momento. Era el 1 de agosto de 1835 y Lorenzo Barcala aguardaba frente a un pelotón en la plaza principal de Mendoza. El hombre que estaba a punto de morir había comenzado como sastre, había instruido soldados, sobrevivido a guerras, derrotas y cautiverios, y alcanzado uno de los grados militares más altos obtenidos por un afroargentino en la primera mitad del siglo XIX. Pero no llegaba allí por accidente: había participado activamente en una conspiración contra el gobierno mendocino y contra la influencia de Juan Manuel de Rosas en Cuyo. Durante generaciones se repitió que Barcala había nacido esclavo y que la Revolución le había concedido la libertad. Las investigaciones realizadas sobre padrones, censos y documentos notariales modificaron esa imagen: los registros mendocinos de 1802, 1814 y 1823-1824 lo identifican como “pardo libre”. Incluso su acta matrimonial de 1819 lo describe como “criollo, hijo de padres no conocidos” y de condición libre. Tampoco existe certeza absoluta sobre su nacimiento: aunque tradicionalmente se señaló 1795, los documentos permiten situarlo entre 1798 y 1800. Fue criado por el escribano Cristóbal Barcala y María Lorenza Videla, quienes lo incorporaron a su familia y le dieron el apellido con el que entraría en la historia. A fines de 1814 o comienzos de 1815 se incorporó como soldado raso a los Cívicos Pardos de Mendoza. Los registros también lo mencionan como sastre. Su capacidad para organizar, disciplinar e instruir tropas aceleró un ascenso extraordinario: fue sargento, instructor de soldados vinculados al Ejército de los Andes y comandante de aquel cuerpo en 1825. Después participó en la Guerra del Brasil y sirvió en las fuerzas unitarias del general José María Paz. En Córdoba reorganizó a hombres libres de color y sectores populares dentro de los Cazadores de la Libertad; en Mendoza formó los Cazadores del Pilar. En 1831, luego de la derrota unitaria en la batalla de La Ciudadela, cayó prisionero de Facundo Quiroga. Mientras otros oficiales fueron ejecutados, el caudillo riojano decidió perdonarlo e incorporarlo como edecán. Barcala terminó marchando junto al mismo hombre contra quien había combatido. Dos años después participó en la expedición al desierto de la División del Centro y alcanzó el grado de coronel graduado. Las guerras civiles podían convertir al enemigo de ayer en el jefe del día siguiente; no había lealtades simples ni destinos rectos. Su combate más íntimo, sin embargo, no ocurrió en un campo de batalla. El 28 de junio de 1819 se casó con Petrona Mayorga, una mujer esclavizada. Poco más de dos meses después pagó 225 pesos a Juan Antonio Mayorga para obtener su carta de libertad. No fue un gesto simbólico: aquel documento le otorgó libertad plena y permitió que los futuros hijos de la pareja nacieran libres. En una sociedad donde el color, el origen y la condición jurídica determinaban la vida de las personas, Barcala transformó su salario militar en libertad familiar. Después del asesinato de Quiroga en 1835, Barcala perdió a su principal protector y permaneció en San Juan. Desde allí intervino en un movimiento que pretendía desplazar al gobierno de Pedro Molina y limitar la influencia rosista en Cuyo. La correspondencia conservada demuestra que solicitó observar cuidadosamente el estado de la opinión pública mendocina y que confiaba todavía en su ascendencia sobre los milicianos pardos. La conspiración fue descubierta, Barcala fue detenido, juzgado por sedición y condenado a muerte. Horas antes del fusilamiento reconoció deudas, ordenó sus asuntos y escribió a Timoteo Maradona rogándole que enviara su equipaje a su “desgraciada familia”. Ya no quedaban batallones, ascensos ni caudillos capaces de salvarlo. Solo faltaba la orden. Lorenzo Barcala no fue un mártir completamente ajeno a los hechos que provocaron su condena. Tampoco fue el personaje sumiso y agradecido que cierta historiografía construyó después de su muerte. Fue artesano y militar, esposo y padre, unitario y conspirador; un hombre afrodescendiente que utilizó las armas, el salario, las relaciones y su propia autoridad para abrirse paso en una sociedad profundamente desigual. Fue Lorenzo Barcala. Negro. Libre. Sastre. Soldado. Coronel. #LorenzoBarcala #ArgentineHistory #MendozaHistory #AfroArgentines #BlackHistory #LatinAmericanHistory #CivilWars #HistoricalMemory #ForgottenHeroes #AfricanDiaspora #Argentina #MendozaArgentina #MilitaryHistory #Freedom #HistoryMatters #LorenzoBarcala #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #Afroargentinos #Afrodescendientes #HistoriaArgentina #GuerrasCivilesArgentinas #FacundoQuiroga #UnitariosYFederales #CoronelBarcala #MendozaAntigua #MemoriaHistórica #EsclavitudEnMendoza #Libertad #Efemérides

10 DE JULIO DE 1821: LE CORTARON LA CABEZA, PERO NO PUDIERON MATAR SU LEYENDA — FRANCISCO RAMÍREZ, EL CAUDILLO QUE DERRIBÓ AL DIRECTORIO Y TERMINÓ EN MANOS DE UN ANTIGUO ALIADO


Francisco “Pancho” Ramírez tenía solamente 35 años cuando cayó en los pedregales cordobeses de Río Seco. Para entonces ya había sido guerrero, gobernador, conductor federal, enemigo de poderosos y creador de una de las experiencias políticas más audaces y breves de las guerras civiles argentinas. La historia lo recordaría como el Supremo Entrerriano. Había crecido militarmente dentro del movimiento federal encabezado por José Gervasio Artigas y se convirtió en uno de los jefes más temidos del Litoral. El 1 de febrero de 1820, unido al santafesino Estanislao López, destrozó en Cepeda al ejército del director supremo José Rondeau. El combate fue tan veloz que quedó conocido como la “batalla de los Diez Minutos”. La victoria provocó la caída del Directorio, la disolución del Congreso y el avance de las autonomías provinciales. Pocas semanas más tarde, Ramírez, López y Manuel de Sarratea firmaron el Tratado del Pilar, uno de los pactos fundamentales que proclamaron el sistema federal como base de la futura organización nacional. Pero las alianzas de aquellos años podían durar menos que una campaña militar. Ramírez terminó enfrentado con Artigas y, después de derrotarlo, quedó convertido en la figura dominante de la Mesopotamia. El 29 de septiembre de 1820 organizó la llamada República de Entre Ríos, integrada por Entre Ríos, Corrientes y Misiones. A pesar de su nombre, no pretendía separarse definitivamente de las demás Provincias Unidas: era un proyecto federal, territorial y militar que buscaba proteger la región y participar desde una posición de fuerza en la futura organización del país. Ramírez dictó reglamentos políticos, militares y económicos, ordenó levantar un censo y procuró legitimar su autoridad mediante elecciones populares. La suerte comenzó a cambiar en noviembre de 1820, cuando López acordó la paz con Buenos Aires mediante el Tratado de Benegas, firmado con Córdoba como mediadora y garante. El antiguo frente federal quedó fracturado y Ramírez se encontró cada vez más aislado. En 1821 cruzó el Paraná y llevó nuevamente la guerra hacia Santa Fe. Avanzó al principio, pero fue derrotado cerca de Coronda y debió huir hacia Córdoba con un pequeño grupo de hombres. El 10 de julio de 1821, las fuerzas combinadas de Córdoba y Santa Fe lo alcanzaron cerca de Río Seco. La tradición más difundida sostiene que Ramírez todavía podía escapar, pero regresó al advertir que su compañera, la misteriosa Delfina, había caído prisionera. En ese intento recibió el disparo mortal. Ella logró sobrevivir; él quedó tendido en el campo. Aunque este episodio está envuelto en romanticismo y memoria oral, su caída durante aquel combate está documentada. La violencia no terminó con su muerte. Su cuerpo fue decapitado y la cabeza enviada como trofeo al gobernador Estanislao López, el mismo caudillo junto al cual había destruido al Directorio apenas diecisiete meses antes. Fue preservada y exhibida en Santa Fe. Incluso se conserva el registro de una factura fechada el 23 de julio de 1821: el médico Manuel Rodríguez cobró 42 pesos por preparar y conservar la cabeza del Supremo Entrerriano. Después habría sido sepultada secretamente, pero el lugar exacto continúa siendo un misterio. Le quitaron la vida, mutilaron su cuerpo y exhibieron su cabeza para demostrar que había sido vencido. Sin embargo, no pudieron borrar al hombre que cabalgó junto a Artigas, hizo caer al poder central en Cepeda, desafió a sus antiguos aliados y soñó con una confederación de provincias libres. Francisco Ramírez perdió la última batalla, pero su nombre sobrevivió a quienes pretendieron convertirlo en un simple trofeo de guerra. ¿Conocías la historia del Supremo Entrerriano y el macabro destino de su cabeza?  La historia cobra vida. #FranciscoRamirez #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #SupremeEntrerriano #Federalism #CivilWars #BattleOfCepeda #EntreRios #ArgentineCaudillos #SouthAmericanHistory #HistoricalLegends #LatinAmericanHistory #ForgottenHistory #HistoryMysteries #HistoryLovers #FranciscoRamírez #SupremoEntrerriano #PanchoRamírez #HistoriaArgentina #GuerrasCivilesArgentinas #Federalismo #EntreRíos #BatallaDeCepeda #TratadoDelPilar #CaudillosArgentinos #EstanislaoLópez #JoséGervasioArtigas #RepúblicaDeEntreRíos #LaDelfina #HistoriaFederal #EfeméridesArgentinas #MendozAntigua

9 DE JULIO DE 1853: EL FRAILE QUE LEVANTÓ LA CONSTITUCIÓN SOBRE LAS RUINAS DE LA GUERRA — MAMERTO ESQUIÚ Y EL SERMÓN QUE CONMOVIÓ A LA CONFEDERACIÓN


El 9 de julio de 1853, mientras la Argentina todavía arrastraba las heridas de décadas de guerras civiles, un joven fraile franciscano de apenas 27 años subió al púlpito de la Iglesia Matriz de Catamarca. Aquel día, las provincias de la Confederación juraban la Constitución sancionada en Santa Fe, aunque Buenos Aires permanecía separada y se negaba a reconocerla. En medio de aquella fractura política, Fray Mamerto Esquiú pronunció uno de los discursos más trascendentes del siglo XIX argentino: el célebre Sermón de la Constitución. Esquiú no habló como representante de un partido ni como defensor incondicional de cada artículo de la Carta Magna. Habló como un hombre que había visto a la patria desgarrarse entre caudillos, revoluciones, fusilamientos, venganzas y ambiciones enfrentadas. Su mensaje era contundente: ninguna nación podía sobrevivir si cada provincia, dirigente o ciudadano obedecía únicamente aquello que coincidía con sus propios intereses. La Constitución debía transformarse en una ley común, superior a las facciones y capaz de reemplazar las armas por instituciones. Comenzó su prédica con las palabras latinas “Laetamur de gloria vestra”, es decir, “nos alegramos de vuestra gloria”. Luego recordó que la independencia conquistada en 1816 no había bastado para construir una república estable. Habían transcurrido treinta y siete años de enfrentamientos internos hasta que la organización nacional comenzaba finalmente a adquirir forma. Su advertencia quedó grabada en la memoria argentina: “Obedeced, señores; sin sumisión no hay ley”. No reclamaba obediencia ciega ante los gobernantes, sino respeto por un orden jurídico capaz de contener las pasiones personales y evitar que el país volviera a hundirse en la anarquía. La fuerza de aquella voz atravesó las montañas catamarqueñas y llegó hasta Paraná, capital provisoria de la Confederación. El Gobierno federal ordenó imprimir y distribuir el sermón por todo el territorio nacional, comparando la elocuencia del desconocido franciscano con la de los grandes oradores religiosos europeos. Desde entonces, Mamerto Esquiú comenzó a ser reconocido como “el Orador de la Constitución”, aunque su vida y su pensamiento fueron mucho más amplios que aquel discurso memorable. Mamerto de la Ascensión Esquiú había nacido el 11 de mayo de 1826 en San José de Piedra Blanca, Catamarca, dentro de una familia humilde. Debido a su frágil salud, su madre lo vistió desde niño con el hábito de San Francisco como cumplimiento de una promesa. En 1841 ingresó formalmente al noviciado franciscano, profesó sus votos religiosos en 1842 y fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1848. Desde entonces dedicó sus energías a la enseñanza, la predicación y la formación espiritual, convirtiéndose rápidamente en una de las voces más respetadas del norte argentino. Pero Esquiú no permaneció encerrado entre los muros del convento. Fue docente, periodista, legislador provincial, diputado, convencional constituyente y miembro del Consejo de Gobierno de Catamarca. Participó en la elaboración de instituciones provinciales, escribió sobre los grandes conflictos de su tiempo y pronunció diversos sermones patrióticos en momentos decisivos para la República. Para él, la política no debía ser un camino hacia el poder personal, sino una forma de servicio orientada al bien común, la educación, la paz social y la protección de los más necesitados. Desilusionado por el regreso de los enfrentamientos entre Buenos Aires y la Confederación, en 1862 marchó a Bolivia, donde enseñó teología en el seminario de Sucre y profundizó su vida de oración. Más tarde peregrinó por Tierra Santa, Asís y Roma. Había rechazado convertirse en arzobispo de Buenos Aires porque se consideraba indigno de semejante honor; sin embargo, años después aceptó por obediencia su nombramiento como obispo de Córdoba. Fue consagrado el 12 de diciembre de 1880 y tomó posesión de la diócesis al comenzar 1881. Nunca abandonó la austeridad franciscana: continuó utilizando su sencillo hábito, al que solamente agregó la cruz pectoral. Su diócesis comprendía entonces Córdoba y La Rioja. Esquiú recorrió pueblos, capillas, hospitales y comunidades alejadas, atendió a los pobres, impulsó la formación de seminaristas y promovió misiones populares. Murió inesperadamente el 10 de enero de 1883 en la Posta de El Suncho, Catamarca, cuando regresaba de una visita pastoral. Tenía apenas 56 años, pero ya había dejado una huella profunda en la Iglesia y en la historia institucional argentina. El reconocimiento religioso llegaría mucho después. El 19 de junio de 2020, el papa Francisco autorizó el decreto que reconocía un milagro atribuido a su intercesión. Finalmente, el 4 de septiembre de 2021, Mamerto Esquiú fue proclamado beato en San José de Piedra Blanca, el mismo pueblo catamarqueño donde había nacido casi dos siglos antes. Su casa natal, una humilde construcción de adobe, se conserva como museo y Monumento Histórico Nacional. A 173 años de aquel sermón, la voz de Esquiú continúa interpelando a la Argentina. Su legado recuerda que una Constitución no vive solamente porque esté escrita, sino cuando gobernantes y ciudadanos aceptan colocar la ley por encima de la violencia, el fanatismo y los intereses particulares. Fray Mamerto Esquiú no empuñó una espada ni comandó un ejército: enfrentó la desunión con la palabra, defendió la paz desde un púlpito y pidió que una nación cansada de combatir comenzara, por fin, a obedecer las mismas leyes. #FrayMamertoEsquiú #MamertoEsquiú #SermónDeLaConstitución #ConstituciónArgentina #ConstituciónDe1853 #HistoriaArgentina #Catamarca #Córdoba #OrganizaciónNacional #BeatoMamertoEsquiú #Franciscanos #MemoriaHistórica #PatrimonioArgentino #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineConstitution #HistoryOfArgentina #NationalUnity #FranciscanHistory #HistoricalLegacy

23 DE JULIO DE 2012: MURIÓ EL “PAYO” MATESEVACH — EL ÍDOLO QUE VOLVIÓ DE LA MUERTE PARA CONQUISTAR LAS RUTAS DE CUYO


El 23 de julio de 2012, el ciclismo argentino perdió a uno de sus corredores más valientes, populares e inolvidables. Antonio “Payo” Matesevach falleció en Buenos Aires a los 67 años, apenas un mes antes de cumplir 68. Había nacido el 23 de agosto de 1944 en Chimbas, San Juan, en el seno de una numerosa familia de inmigrantes croatas, y desde muy joven encontró en la bicicleta mucho más que un deporte: encontró una forma de desafiar sus propios límites. Antes de convertirse en leyenda, también jugó al fútbol en las divisiones inferiores del Club Centenario Olímpico. Sin embargo, terminó eligiendo las rutas. Entre 1960 y 1963, cuando todavía competía como corredor libre, habría disputado alrededor de 120 pruebas, ganado unas 65 y encadenado un extraordinario récord de 18 victorias consecutivas. Su potencia, su cabellera rubia agitada por el viento y su valentía para atacar convirtieron rápidamente al joven chimbero en un ídolo popular. En 1967 ganó la Doble Media Agua y la primera de sus tres victorias en la temible Doble Calingasta. También brilló en la Vuelta al Táchira, en Venezuela, donde una caída en la penúltima etapa lo privó de luchar por la clasificación general. Parecía destinado a ocupar un lugar entre los grandes nombres internacionales del ciclismo, pero su vida cambió violentamente durante la preparación para los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Mientras entrenaba en Canadá junto con la selección argentina, un automóvil lo atropelló. Matesevach sufrió gravísimas heridas, soportó trece operaciones y su pierna derecha quedó aproximadamente cuatro centímetros más corta. Los médicos llegaron a considerar prácticamente imposible que volviera a competir. Durante cinco años permaneció lejos de las carreras, atravesando internaciones, cirugías y una extensa rehabilitación. Pero el “Payo” hizo lo que parecía imposible. El 6 de febrero de 1972 regresó oficialmente en la clásica Mendoza–San Juan. Para compensar la diferencia entre sus piernas utilizó un calzado especial, adaptó la altura del asiento y volvió a enfrentarse al pelotón. Terminó duodécimo, a solo tres minutos del ganador Arturo “Cacho” Bustos. Cuando entró al Velódromo del Parque de Mayo, el público lo levantó en andas. La revista El Gráfico resumió aquella hazaña con una frase que quedó grabada en la memoria del ciclismo: “El hombre que volvió de la muerte”. Aquel retorno no fue una despedida simbólica, sino el comienzo de una segunda carrera todavía más extraordinaria. Durante aproximadamente una década integró la selección argentina, ganó el llamado Precampeonato del Mundo disputado en Quebec en 1974, se impuso en la Vuelta del Litoral de Ecuador y obtuvo la etapa Mendoza–Uspallata del Cruce de los Andes de 1975. Además, representó al país en campeonatos mundiales y competencias realizadas en Canadá, Venezuela, México, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Brasil e Italia. En las rutas cuyanas construyó una historia formidable: ganó tres veces la Doble Calingasta, dos ediciones de la Doble Media Agua, la Doble Difunta Correa y numerosas competencias provinciales y nacionales. Fue cuatro veces subcampeón argentino de ruta, un título que se le negó por muy poco, pero que nunca disminuyó la admiración que despertaba entre los aficionados. Para San Juan, el “Payo” no necesitaba una medalla más: ya era uno de sus grandes campeones. Mendoza también fue parte fundamental de su leyenda. A fines de la década de 1970 se radicó temporalmente en la provincia, donde defendió los colores del equipo de IMPSA y posteriormente integró la formación de Chila Hermanos. En estas tierras compartió rutas y rivalidades con figuras como Ernesto “Cóndor” Contreras, transformándose también en un corredor admirado por el público mendocino. Su última victoria llegó en abril de 1983, cuando se adjudicó la Doble Los Berros. Poco después cerró su trayectoria competitiva participando en el Campeonato Argentino disputado en San Juan. Lejos de desaparecer del ambiente, continuó vinculado con las bicicletas desde su taller y siguió siendo una presencia respetada en homenajes, competencias y encuentros deportivos. Cuando murió aquel 23 de julio de 2012, sus restos fueron trasladados a San Juan. El velorio se realizó en el Velódromo Vicente Chancay, escenario de tantas de sus hazañas. Corredores de distintas generaciones llegaron vestidos con sus equipos, montaron sus bicicletas y dieron vueltas a la pista para despedirlo. No era solamente el adiós a un campeón: era la despedida de un hombre que había enseñado que una caída, por terrible que fuera, no siempre significaba el final del camino. Antonio “Payo” Matesevach no fue únicamente un gran pedalista. Fue el ciclista que sobrevivió cuando parecía condenado, regresó cuando todos lo creían vencido y volvió a levantar los brazos sobre las rutas de Argentina y del mundo. Su historia continúa pedaleando en la memoria de San Juan, Mendoza y todo el ciclismo cuyano. ¿Conocías la extraordinaria historia del “Payo”, el hombre que volvió a competir después de trece operaciones? #AntonioMatesevach #PayoMatesevach #ElPayo #CiclismoArgentino #CiclismoSanjuanino #CiclismoMendocino #HistoriaDelCiclismo #SanJuan #Chimbas #Mendoza #Cuyo #MendozaSanJuan #DobleCalingasta #IMPSA #DeporteArgentino #LeyendasDelDeporte #CyclingHistory #ArgentineCycling #CyclingLegend #NeverGiveUp #SportsHistory #RoadCycling

CEMENTERIO DE LA RECOLETA ABRE SUS SECRETOS — DOS SIGLOS DE PODER, ARTE, GLORIA Y MUERTE BAJO EL MÁRMOL


Buenos Aires guarda una ciudad silenciosa dentro de la ciudad. Tiene avenidas diminutas, palacios de mármol, templos en miniatura, ángeles inmóviles y puertas que parecen custodiar secretos familiares desde hace más de dos siglos. Es el Cementerio de la Recoleta, uno de los conjuntos históricos y funerarios más extraordinarios de la Argentina. El Cementerio de la Recoleta es mucho más que el lugar donde descansan algunas de las figuras más conocidas del país: es un gigantesco archivo de piedra donde pueden leerse las luchas por el poder, las tragedias privadas, los ideales políticos, las modas arquitectónicas y las contradicciones de la sociedad argentina. Su historia comenzó durante el gobierno de Martín Rodríguez, cuando Bernardino Rivadavia, entonces ministro de Gobierno, impulsó la secularización de los servicios funerarios. Un decreto del 1.º de julio de 1822 destinó el antiguo recinto de los religiosos recoletos a enterratorio público y, el 17 de noviembre de ese año, la antigua huerta del convento vecino a la iglesia del Pilar se convirtió oficialmente en el Cementerio del Norte, el primero de carácter público de la Ciudad de Buenos Aires. Su trazado original fue realizado por el ingeniero francés Próspero Catelin. Sus primeros habitantes no fueron presidentes, generales ni integrantes de las familias más poderosas. Los registros recuerdan al pequeño liberto Juan Benito y a la joven María Dolores Maciel, dos nombres que inauguraron silenciosamente una necrópolis que con el tiempo se convertiría en símbolo de prestigio, memoria y eternidad. El aspecto monumental que hoy recibe a los visitantes apareció en 1881, durante la transformación urbana encabezada por Torcuato de Alvear. El arquitecto italiano Juan Antonio Buschiazzo, figura decisiva de las obras públicas porteñas y también vinculado al proyecto de la Avenida de Mayo, renovó el conjunto y construyó su imponente acceso neoclásico: una doble hilera de columnas de orden dórico griego que separa simbólicamente el mundo cotidiano del territorio de los muertos. Sobre el exterior puede leerse la expresión latina “Requiescant in pace”, “Descansen en paz”. Al abandonar el cementerio aparece la respuesta dirigida desde los muertos hacia los vivos: “Expectamus Dominum”, “Esperamos al Señor”. Ese diálogo grabado en piedra resume la atmósfera del lugar, donde cada escultura, vitral, corona, reloj de arena, antorcha invertida o figura alada contiene un mensaje sobre la fugacidad de la existencia. En sus aproximadamente cinco hectáreas se levantan más de 4.500 bóvedas, desde pequeños templos griegos y capillas neogóticas hasta pirámides egipcias, mausoleos art nouveau y monumentos art déco. Más de 90 bóvedas poseen protección histórica nacional y allí descansan más de 200 protagonistas de la vida argentina, entre ellos Eva Duarte de Perón, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Remedios de Escalada, Raúl Alfonsín y el premio Nobel Luis Federico Leloir. El monumental peristilo de ingreso también fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2007. Recorrer la Recoleta es caminar por más de doscientos años de historia argentina. Detrás de cada puerta de bronce existe una familia; detrás de cada estatua, una despedida; detrás de cada nombre, una época. Allí la muerte no borró las diferencias, las ambiciones ni las leyendas: las convirtió en mármol. #RecoletaCemetery #BuenosAiresHistory #ArgentinaHistory #HistoricBuenosAires #FuneraryArt #CemeteryArchitecture #HistoricCemetery #CulturalHeritage #HiddenBuenosAires #ArgentineHeritage #HistoryLovers #DarkTourism #BuenosAiresCulture #HistoricalPlaces #CementerioDeLaRecoleta #Recoleta #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #PatrimonioHistórico #ArquitecturaFuneraria #ArteFunerario #Mausoleos #HistoriasDeBuenosAires #MitosYLeyendas #ArgentinaHistórica #TurismoCultural #MemoriaArgentina  #MendozAntigua

23 DE JULIO DE 1894: CUATRO HOJAS DESAFIARON AL OLVIDO — EL PERIÓDICO MENDOCINO QUE PROMETIÓ “INSTRUIR DELEITANDO” (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 23 de julio de 1894, desde una modesta sede ubicada en la calle Suipacha 85 de la ciudad de Mendoza, salió a circulación el primer número de Los Tiempos, una publicación de apenas cuatro hojas que aspiraba a conquistar un espacio propio dentro de la creciente prensa provincial. Su director era M. Alcorta y la responsabilidad editorial recaía en H. M. de Villars, dos nombres que hoy apenas sobreviven entre las páginas de la historia periodística mendocina. Aunque su trayectoria permanece escasamente documentada, aquel ejemplar inaugural dejó una declaración de principios tan ambiciosa como reveladora. Los Tiempos se presentaba como un periódico dedicado a la opinión pública, dispuesto a defender sus intereses con entusiasmo y sin apartarse de la conducta que decía haber elegido: la imparcialidad. Su divisa resumía toda una concepción de la prensa y de la cultura: “instruir deleitando”. La frase no era un simple recurso publicitario. Procedía de la tradición atribuida al poeta latino Horacio y expresaba la idea de unir lo útil con lo agradable: transmitir conocimientos, despertar la reflexión y, al mismo tiempo, cautivar al lector. Más de veinte siglos después de su formulación, aquella máxima clásica aparecía convertida en la bandera editorial de un pequeño periódico nacido al pie de los Andes. Pero el primer número reservaba una sorpresa literaria. En sus páginas comenzó a publicarse, mediante el popular sistema del folletín por entregas, la novela La princesa Lubina, de Leopold von Sacher-Masoch. La obra ya circulaba en la Argentina: el catálogo de la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras registra una edición publicada en Buenos Aires por Jacobo Peuser en 1888, seis años antes de su aparición en el periódico mendocino. La elección del autor resulta especialmente llamativa. Sacher-Masoch fue un escritor, periodista e historiador nacido en el antiguo Imperio austríaco, autor de numerosas novelas y relatos. Su célebre obra La Venus de las pieles inspiró posteriormente al psiquiatra Richard von Krafft-Ebing para formar el término “masoquismo” a partir de su apellido. Así, mientras Mendoza avanzaba hacia la modernidad de fines del siglo XIX, las hojas de un periódico local acercaban a sus lectores una literatura europea audaz y poco convencional. Los Tiempos tal vez no alcanzó la longevidad ni la influencia de otras cabeceras mendocinas, pero su primer ejemplar representa mucho más que una rareza bibliográfica. Los antiguos periódicos cuyanos fueron espacios donde se debatían ideas políticas, se difundían noticias y se abrían caminos para la literatura local y extranjera; sus páginas, muchas veces perdidas o deterioradas, conservan las aspiraciones, discusiones y costumbres de generaciones enteras. Aquel 23 de julio de 1894 bastaron una dirección de la calle Suipacha, cuatro hojas impresas, una promesa de imparcialidad y una novela llegada desde Europa para encender una pequeña aventura periodística. Hoy, más de un siglo después, Los Tiempos vuelve a emerger del silencio como testimonio de una Mendoza que también aprendía, discutía, leía y soñaba entre tinta, papel y prensas de impresión. #MendozaHistory #ArgentineHistory #NewspaperHistory #HistoryOfJournalism #HistoricalPress #VintageNewspapers #LocalHistory #CulturalHeritage #LiteraryHistory #ForgottenHistory #NineteenthCentury #ArgentinaHistory #OnThisDay #HistoryMatters #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #LosTiempos #PrensaMendocina #PeriodismoArgentino #HistoriaDelPeriodismo #Efemérides #23DeJulio #CulturaMendocina #Literatura #Folletín #SacherMasoch #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #Argentina

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