sábado, 25 de julio de 2026

1946: EL MARISCAL DE STALIN QUE BEBIÓ EL CAPITALISMO DISFRAZADO DE VODKA — EL SECRETO DE LA “COCA-COLA BLANCA”


En los primeros días de la posguerra, mientras la alianza que había derrotado al nazismo comenzaba a resquebrajarse y el mundo se encaminaba hacia la Guerra Fría, una bebida estadounidense protagonizó una de las historias más insólitas del siglo XX. Gueorgui Zhúkov no era un militar cualquiera: había dirigido fuerzas decisivas del Ejército Rojo, comandado el avance sobre Berlín y firmado, en representación soviética, el acta de rendición alemana de mayo de 1945. Era el célebre “Mariscal de la Victoria”, una figura admirada por millones de soviéticos, pero también vigilada con creciente desconfianza por Iósif Stalin. Durante sus encuentros con los comandantes aliados, Zhúkov conoció la Coca-Cola. Una crónica publicada por The New Yorker en 1959 señalaba que Dwight D. Eisenhower le había entregado una caja de la bebida al finalizar la Conferencia de Potsdam, en 1945. El problema era político: consumir públicamente uno de los símbolos comerciales más reconocibles de Estados Unidos podía resultar incómodo para un mariscal soviético cuando antiguos aliados comenzaban a convertirse en enemigos ideológicos. Según la versión histórica más difundida, Zhúkov preguntó si podía fabricarse una Coca-Cola transparente, sin su característico color caramelo y envasada de tal manera que pareciera vodka. El pedido habría circulado por canales militares y diplomáticos estadounidenses hasta llegar a la compañía. En una planta europea se preparó entonces una variante incolora que conservaba el sabor de la bebida original. Para completar el camuflaje, fue colocada en botellas rectas de vidrio transparente, sin la célebre silueta de Coca-Cola, y cerrada con tapas blancas identificadas únicamente por una estrella roja. El técnico vinculado con aquella producción fue Mladin Zarubica, quien años después aseguró que el primer envío destinado a Zhúkov alcanzó las 50 cajas. Así nació la legendaria “White Coke” o “Coca-Cola Blanca”: un producto estadounidense vestido con símbolos soviéticos para que uno de los hombres más poderosos de Moscú pudiera beberlo sin despertar sospechas. La paradoja era extraordinaria: mientras la propaganda condenaba al capitalismo occidental, el héroe de Berlín disfrutaba secretamente de su gaseosa más famosa, presentada como si fuera una botella de vodka. Sin embargo, la historia debe narrarse con una precaución importante. Aunque la existencia de la fórmula transparente y el testimonio de Zarubica aparecen recogidos en investigaciones sobre Coca-Cola, no se conserva una documentación soviética completa que confirme cada etapa del supuesto envío. Además, correspondencia relacionada con la fórmula está fechada en enero de 1947, por lo que algunos historiadores consideran que ciertos detalles —incluida la participación directa de Truman o la entrega personal a Zhúkov— pudieron embellecerse con los años. El núcleo del episodio posee respaldo histórico, pero parte de su recorrido diplomático continúa envuelto en el mismo secreto que hizo famosa a aquella bebida. #CocaColaBlanca #WhiteCoke #GueorguiZhukov #GeorgyZhukov #UnionSovietica #GuerraFria #SegundaGuerraMundial #HistoriaMundial #Stalin #Eisenhower #CocaCola #HistoriasIncreibles #CuriosidadesHistoricas #MariscalDeLaVictoria #HistoriaDelSigloX #WhiteCocaCola #SovietUnion #ColdWarHistory #WorldWarII #MarshalZhukov #DwightEisenhower #JosephStalin #CocaColaHistory #HiddenHistory #HistoricalFacts #SovietHistory #AmericanHistory #HistoryLovers #StrangeHistory #ColdWarSecrets

🍇 ANTES DE LAS REINAS Y LOS ESCENARIOS: LAS FAMILIAS QUE LEVANTARON MENDOZA RACIMO A RACIMO


Mucho antes de las luces, los carros alegóricos, las coronas y los grandes espectáculos de la Fiesta Nacional de la Vendimia, existió otra celebración silenciosa: la de cientos de familias que entraban al viñedo desde las primeras horas del día y construían el futuro de Mendoza con sus propias manos. Esta extraordinaria fotografía nos transporta a una antigua cosecha de uvas en la que hombres, mujeres y niños trabajaban juntos entre interminables hileras de plantas, cortando los racimos, llenando canastos de mimbre y descargando la fruta en grandes recipientes de madera semejantes a las antiguas “canecas”, utilizadas antes de la generalización de los tachos metálicos y los modernos sistemas de transporte. Las imágenes históricas revelan que la vendimia era una tarea familiar, dura y completamente manual, en la que también participaban madres acompañadas por sus hijos y trabajadores que permanecían durante largas jornadas bajo el sol. Desde finales del siglo XIX, la vitivinicultura mendocina experimentó una transformación impresionante impulsada por el ferrocarril, la expansión del riego, la inmigración europea, los conocimientos técnicos y el crecimiento del mercado nacional. La superficie cultivada con vid pasó de aproximadamente 1.719 hectáreas en 1872 a más de 68.000 en 1917, convirtiendo progresivamente a Mendoza en el corazón vitivinícola de la Argentina. La Ley de Aguas de 1884, la organización institucional del riego y el aprovechamiento de las acequias también fueron decisivos para extender los oasis productivos sobre una tierra naturalmente árida. Recién en 1936 el Estado provincial transformó aquella faena ancestral en una celebración oficial: mediante el Decreto 87 se instituyó el Día de la Vendimia y, el 18 de abril de ese año, Mendoza realizó su primera gran fiesta y eligió a su primera reina. Pero detrás de cada escenario, cada copa levantada y cada botella que llevó el nombre de Mendoza al mundo permanecen estas figuras anónimas. Fueron ellas —las familias vendimiadoras— quienes levantaron la provincia racimo a racimo, surco a surco y generación tras generación. Fuente de la imagen: imagen difundida en material histórico sobre los orígenes de la vitivinicultura mendocina. Autor, fecha y archivo original todavía no identificados con certeza. #Mendoza #Vendimia #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #CosechaDeUva #Vitivinicultura #FamiliasVendimiadoras #TrabajadoresRurales #MemoriaRural #HistoriaArgentina #PatrimonioFotografico #VinoArgentino #ArgentineWine #MendozaHistory #GrapeHarvest #WineHistory #VineyardWorkers #HarvestHeritage #HistoricPhotography #RuralHistory

JUNIO DE 1958: DENTRO DEL COLOSO DE GIOL — LOS TONELEROS, LAS VASIJAS GIGANTES Y LA BODEGA QUE GUARDABA EL DESTINO DEL VINO MENDOCINO


El 23 de junio de 1958, una cámara ingresó en el corazón de Bodegas y Viñedos Giol, en General Gutiérrez, Maipú, y conservó una escena que hoy parece detenida fuera del tiempo. Bajo una inmensa estructura industrial, una sucesión de gigantescas vasijas de madera se extendía hasta perderse en la profundidad del edificio. Frente a ellas, la figura solitaria de un trabajador permite comprender la verdadera escala de aquel establecimiento: no era solamente una bodega, sino una auténtica ciudad construida alrededor del vino. La fotografía muestra la combinación de tradición e industrialización que definió a Giol. Las grandes vasijas convivían con pasarelas metálicas, cañerías, rieles internos, barandas y amplias naves destinadas a movilizar enormes volúmenes de producción. El complejo original había sido diseñado por el ingeniero italiano Antonio Gnello, quien organizó sus instalaciones para acelerar y conectar las distintas etapas de la elaboración: vendimia, molienda, fermentación, conservación, fraccionamiento y expedición. También incorporó cabriadas metálicas, perfiles de acero, piletas de hormigón y grandes toneles armados por especialistas. Giol había nacido en 1896 de la sociedad formada por Juan Giol y Bautista Gargantini. Su crecimiento fue vertiginoso: instaló la marca Toro en el mercado nacional y, hacia 1910, su producción superaba los 300.000 hectolitros. En 1914 llegó a inaugurar un extraordinario vinoducto aéreo que comunicaba dos establecimientos de la firma y trasladaba el vino hacia las instalaciones donde era fraccionado y enviado por ferrocarril a los principales centros consumidores del país. Pero la imagen fue tomada durante una etapa especialmente compleja. Desde 1954, la Provincia de Mendoza controlaba la mayoría accionaria de la empresa, adquirida durante el gobierno de Carlos Evans. La intención inicial era convertir a Giol en una herramienta capaz de diversificar la economía, respaldar a los pequeños productores y moderar los desequilibrios del mercado vitivinícola. Todavía no era completamente estatal —esa transformación jurídica llegaría en 1964—, pero ya se encontraba bajo el dominio decisivo del Estado provincial. Después del golpe de 1955, aquel ambicioso proyecto quedó prácticamente al borde de la parálisis y comenzó una larga discusión: ¿Giol debía seguir siendo una sociedad anónima, transformarse en cooperativa, funcionar como empresa mixta o quedar enteramente en manos del Estado? Cuando se tomó esta fotografía, en junio de 1958, la bodega estaba atravesando precisamente esa etapa de reorganización e incertidumbre. El contexto vitivinícola tampoco era sencillo. Una plaga de peronóspora había provocado una fuerte caída de la producción en 1957. Al mismo tiempo, ocho personas habían muerto luego de consumir vinos adulterados, un episodio que golpeó la confianza pública y deprimió el consumo durante 1957 y 1958. Ese último año se endurecieron las sanciones contra la adulteración y comenzó a tomar fuerza la necesidad de crear un organismo nacional especializado, proceso que desembocaría en el nacimiento del Instituto Nacional de Vitivinicultura en 1959. Así, detrás de la aparente serenidad de los toneles, esta fotografía conserva un momento de tensión histórica. El vino reposaba dentro de las grandes vasijas, pero fuera de ellas se discutía quién debía controlar la empresa, cómo defender al viñatero sin bodega, qué papel asumiría el Estado y de qué manera recuperar la confianza de los consumidores. Con los años, Giol se convertiría en uno de los instrumentos de intervención económica más importantes y controvertidos de Mendoza. Utilizaría su infraestructura, sus depósitos, sus medios de transporte y su red comercial para comprar uvas y vinos, influir sobre los precios y asistir a numerosos productores. En 1964, ya transformada completamente en empresa estatal, alcanzó alrededor del 10,6 % de la elaboración vitivinícola provincial. La imagen del 23 de junio de 1958 no retrata solamente el interior de una bodega. Retrata el corazón de una provincia que dependía del vino, una maquinaria gigantesca construida con madera, hierro, hormigón y trabajo humano. Cada tonel guardaba miles de litros, pero también contenía una parte de la esperanza, las crisis y las luchas que marcaron la historia económica de Mendoza. Fuente de la fotografía:  Archivo Patrimonial de Mendoza. Al examinar el archivo digital adjunto, sus metadatos internos registran como autor a “Asensio” . #Mendoza #MendozAntigua #BodegasGiol #HistoriaDeMendoza #Maipú #GeneralGutiérrez #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #BodegasDeMendoza #IndustriaVitivinícola #Viñateros #PatrimonioIndustrial #ArchivoFotográfico #MemoriaMendocina #VinoToro #HistoriaArgentina #MendozaHistory #GiolWinery #ArgentineWine #WineHistory #IndustrialHeritage #VintageWinery #HistoricMendoza #WineIndustry #ArgentinaHistory

25 DE JULIO DE 1953: EL GIGANTE DE 137 METROS QUE IBA A CORONAR EL MAUSOLEO DE EVITA — EL COLOSO QUE EL GOLPE SEPULTÓ


El 25 de julio de 1953, en vísperas del primer aniversario de la muerte de Eva Perón, el diario La Razón anunció una obra destinada a desafiar todas las escalas conocidas: una gigantesca estatua del Descamisado, presentada entonces como la más alta del mundo, coronaría el monumento concebido para perpetuar la memoria de Evita. No sería un simple homenaje de piedra, sino un inmenso santuario político y social, visible desde distintos puntos de Buenos Aires y pensado para convertirse en uno de los mayores monumentos del planeta. Ese mismo mes se exhibió públicamente la maqueta del proyecto, mientras el país se preparaba para recordar a la “Jefa Espiritual de la Nación” a un año de su muerte. La idea había comenzado a tomar forma antes del fallecimiento de Eva. La Ley 14.124, sancionada el 4 de julio de 1952, ordenó levantar en Buenos Aires un monumento nacional en reconocimiento a su obra social. La norma establecía, además, que debían erigirse réplicas en las capitales de todas las provincias y territorios nacionales. El costo se cubriría mediante aportes populares, aunque el Estado autorizó un anticipo de cuatro millones de pesos para poner en marcha el proyecto. Tras la muerte de Evita, ocurrida el 26 de julio de 1952, la Ley 14.142 modificó el plan y dispuso que sus restos descansaran definitivamente dentro del monumento. La cripta debía transformarse en el corazón simbólico del complejo: allí sería depositado su cuerpo embalsamado, rodeado por una arquitectura monumental que mezclaba mausoleo, templo cívico y representación material de la doctrina justicialista. El encargado de darle forma fue el escultor italiano Leone Tommasi. Sobre un basamento colosal se elevaría la figura de un trabajador —el Descamisado— como representación de los sectores populares que habían convertido a Evita en un símbolo. Los planos oficiales documentan una altura total de 137,22 metros, con una figura de aproximadamente 67 metros, recubierta en cobre, sobre una enorme estructura de hormigón. De haberse completado, habría superado ampliamente la altura total de la Estatua de la Libertad y también la del Obelisco porteño. El proyecto no quedó reducido a dibujos y discursos. El Ministerio de Obras Públicas elaboró cerca de doscientos planos de arquitectura, estructuras, instalaciones sanitarias, electricidad y ascensores. Se realizaron perforaciones de hasta sesenta metros de profundidad para estudiar el suelo, se desviaron cables de alta tensión y cañerías maestras, se modificó parcialmente el trazado de la avenida Figueroa Alcorta y se rellenaron antiguas piletas con unos 18.000 metros cúbicos de tierra para preparar el terreno. La base tendría cincuenta metros de diámetro y debía soportar un conjunto calculado en unas 42.000 toneladas. Para construirla se utilizaron aproximadamente cuatro mil metros cúbicos de hormigón y cuatrocientos mil kilogramos de hierro de alta resistencia. El 30 de abril de 1955, Juan Domingo Perón participó del acto que marcó el comienzo oficial de la estructura elevada y colocó simbólicamente la primera porción de mezcla. El coloso, aunque todavía invisible sobre el horizonte, ya había comenzado a aferrarse al suelo de Buenos Aires. Pero la historia lo alcanzó antes de que pudiera elevarse. El golpe de Estado de septiembre de 1955 derrocó a Perón, paralizó la construcción y desató la eliminación de numerosos símbolos del gobierno depuesto. En diciembre, el Decreto-Ley 5604 anuló las leyes que habían creado el monumento, ordenó liquidar el proyecto y dispuso que el terreno fuera devuelto a su estado anterior. La monumental figura del Descamisado jamás llegó a levantarse y la cripta nunca recibió el cuerpo de Eva. Así desapareció una de las obras más ambiciosas de la historia argentina: un gigante de cobre y hormigón que pretendía eternizar la alianza entre Evita y los trabajadores. Quedaron los planos, las maquetas, las fotografías de los cimientos y el recuerdo de una construcción diseñada para competir con los mayores monumentos del mundo. El 25 de julio de 1953, la Argentina imaginó un coloso destinado a dominar el cielo de Buenos Aires. Dos años después, aquel sueño quedó enterrado bajo la misma tierra que debía sostenerlo. #EvaPerón #Evita #JuanDomingoPerón #Peronismo #HistoriaArgentina #25DeJulio #MonumentoAEvita #MonumentoAlDescamisado #LeoneTommasi #BuenosAiresAntigua #ArgentinaAntigua #MendozAntigua #HistoriaDelPeronismo #PatrimonioHistórico #ArquitecturaMonumental #MemoriaArgentina #JefaEspiritualDeLaNación #Descamisados #ArgentineHistory #EvaPeron #JuanPeron #Peronism #BuenosAiresHistory #LostMonuments #MonumentalArchitecture #PoliticalHistory #HistoricArgentina #UnbuiltArchitecture #ForgottenHistory

25 DE JULIO DE 1951: ARGENTINA Y CHILE BLINDARON LA CORDILLERA CONTRA LAS EPIDEMIAS — TRENES DESINFECTADOS, AGUA CONTROLADA Y “PASAPORTE SANITARIO” PARA LOS PERROS


El 25 de julio de 1951, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, el Congreso argentino sancionó la Ley 14.039 y convirtió en norma una serie de acuerdos sanitarios con países vecinos. Para Mendoza, el capítulo firmado con Chile tenía una importancia decisiva: la provincia era una de las principales puertas terrestres hacia el Pacífico y el Ferrocarril Trasandino trasladaba pasajeros, trabajadores y mercancías entre ambos lados de la Cordillera. El convenio había sido suscrito en Santiago de Chile el 13 de noviembre de 1948 y recién fue aprobado por el Congreso argentino aquella jornada de 1951; su publicación oficial se produjo el 24 de agosto. La frontera ya no debía ser vigilada únicamente por aduaneros, policías y ferroviarios. También debía convertirse en una barrera sanitaria contra la viruela, la fiebre amarilla, el tifo exantemático clásico, la enfermedad de Chagas, la fiebre tifoidea, las enfermedades venéreas, la hidatidosis y la rabia. Si aparecía un brote peligroso, Argentina y Chile podían formar comisiones mixtas de médicos y técnicos, compartir personal, equipos e información y actuar conjuntamente antes de que la enfermedad atravesara los pasos cordilleranos. El sistema era sorprendentemente avanzado para su época. Ambos países debían intercambiar informes epidemiológicos completos todos los meses y comunicar de manera inmediata los primeros casos de viruela, fiebre amarilla, cólera, peste o tifus. También se contemplaban campañas conjuntas de educación sanitaria, reuniones entre funcionarios de ambos lados y el intercambio permanente de investigaciones y bibliografía médica. En términos actuales, era una temprana red binacional de vigilancia epidemiológica. La norma descendía hasta los detalles más concretos del viaje internacional. El agua suministrada a trenes, aviones y otros transportes debía ser química y bacteriológicamente potable. Las tripulaciones necesitaban certificados internacionales de salud y los trenes de pasajeros y de carga debían ser desinsectados para evitar que el Aedes aegypti u otros vectores cruzaran la frontera. Las aeronaves comerciales, civiles e incluso militares también quedaban sometidas a procedimientos de desinsectación e inspección sanitaria. El convenio incluía además una disposición que hoy parece insólita, pero que respondía a dos enfermedades graves: la rabia y la hidatidosis. Todo perro que atravesara la Cordillera debía contar con un certificado oficial de vacunación antirrábica, expedido al menos treinta días antes del ingreso y válido durante 180 días desde la última aplicación. Para combatir la hidatidosis también se proyectó exigir un certificado de desparasitación. En la práctica, hasta los perros necesitaban una especie de “pasaporte sanitario” para pasar de Argentina a Chile o regresar. La reglamentación era inflexible ante una emergencia: si se declaraba una epizootia de rabia en alguna zona fronteriza, quedaba totalmente prohibido el tránsito de perros entre las regiones afectadas, incluso cuando los animales estuvieran vacunados y tuvieran sus certificados en regla. Al mismo tiempo, el acuerdo procuraba evitar cierres indiscriminados de toda la frontera: las restricciones sanitarias debían limitarse a lo estrictamente indispensable y concentrarse solamente en los lugares comprometidos por el brote. Para Mendoza, aquella ley significaba mucho más que un texto aprobado en Buenos Aires. Cada tren que subía hacia Uspallata, Punta de Vacas, Puente del Inca y Las Cuevas podía transportar personas y productos, pero también enfermedades, insectos o animales infectados. El Trasandino, inaugurado en 1910 para unir Mendoza con Los Andes, había convertido a la montaña en un corredor internacional; desde 1951, ese corredor también debía funcionar como un verdadero cordón epidemiológico. Así, el 25 de julio de 1951, la Cordillera quedó atravesada por una frontera invisible: vacunas, certificados, controles del agua, médicos, veterinarios, inspectores y trenes desinfectados. Argentina y Chile comprendieron que las epidemias no reconocían límites políticos y que la defensa sanitaria de un país comenzaba, muchas veces, trabajando junto al vecino. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #FerrocarrilTrasandino #ArgentinaYChile #CordilleraDeLosAndes #LasCuevas #Uspallata #PuenteDelInca #SaludPública #HistoriaSanitaria #JuanDomingoPerón #RamónCarrillo #Viruela #Chagas #Rabia #Hidatidosis #FiebreAmarilla #HistoriaArgentina #MemoriaMendocina #MendozaHistory #TransandineRailway #ArgentinaHistory #ChileHistory #PublicHealthHistory #BorderHistory #AndesMountains #EpidemicControl #RailwayHistory #HealthCooperation

25 DE JULIO DE 1949: MENDOZA QUISO ROMPER EL PODER DE LOS GRANDES BODEGUEROS — LAS BODEGAS COOPERATIVAS QUE NUNCA NACIERON


El 25 de julio de 1949, mientras el vino ocupaba un lugar central en la mesa y en la economía argentina, el diario Los Andes puso en discusión una propuesta capaz de transformar la vitivinicultura mendocina: construir bodegas regionales cooperativas para proteger a los pequeños viñateros que cultivaban la tierra, pero no poseían instalaciones donde elaborar su propia uva. Aquellos productores quedaban atrapados en una situación profundamente desigual. Al acercarse la vendimia, debían vender rápidamente la cosecha a grandes bodegas o intermediarios que, especialmente durante las crisis, podían aprovechar la urgencia para imponer precios insuficientes, muchas veces incapaces de cubrir los costos del cultivo. La creación de establecimientos cooperativos les habría permitido elaborar vino, almacenar la producción, negociar con mayor independencia y participar directamente en su comercialización. La propuesta no había surgido de la nada. Tres décadas antes, durante el gobierno de José Néstor Lencinas, las leyes provinciales 758 y 759 de 1919 ya habían impulsado créditos, fábricas cooperativas y bodegas regionales destinadas a defender al viñatero sin bodega y evitar la denominada “trustificación”: la concentración del negocio en manos de unos pocos grupos poderosos. En los años treinta volvieron a sancionarse normas con objetivos semejantes, pero gran parte de aquellos proyectos nunca salió de los expedientes oficiales. Durante el peronismo, la idea regresó acompañada por créditos públicos, obras de riego, seguros agrícolas y políticas de fomento. Sin embargo, las bodegas regionales anunciadas tampoco llegaron a construirse. Aun así, entre 1953 y 1955 se organizaron cerca de treinta cooperativas de viñateros sin bodega, una respuesta colectiva frente a la especulación y la dependencia que sufrían los pequeños productores. Las cifras revelan la magnitud de aquella transformación. El consumo nacional de vino aumentó de 51 litros por habitante en 1946 a 69 litros en 1949, casi un 35 %. La superficie mendocina cultivada con vid creció un 38 % entre 1947 y 1952, mientras las operaciones crediticias del Banco Nación en Mendoza pasaron de 572 en 1948 a 8.548 en 1954. También aumentaron un 320 % los créditos destinados a cooperativas agrícolas de la región vitivinícola entre 1946 y 1952. Pero detrás de ese crecimiento se escondía una paradoja: las bodegas que efectivamente elaboraban vino disminuyeron de 882 en 1951 a 765 en 1954, mientras la capacidad total de almacenamiento aumentaba alrededor del 9 %. Había menos establecimientos funcionando, pero los que sobrevivían eran cada vez más grandes, una señal evidente de concentración productiva. Parte de la respuesta llegó en 1954, cuando la Ley provincial 2301 permitió que Mendoza adquiriera el 51 % de Bodegas y Viñedos Giol. El Estado provincial pasó así a controlar una de las empresas vitivinícolas más importantes del país y abrió una nueva etapa: ya no actuaría solamente mediante créditos y leyes, sino también como empresario dentro del mercado del vino. Con el tiempo, Giol se convertiría en una herramienta para comprar uva y vino, intervenir frente a los desequilibrios del mercado y respaldar a sectores que no podían competir contra los grandes establecimientos. Aquellas bodegas cooperativas soñadas el 25 de julio de 1949 jamás fueron levantadas. Sin embargo, el debate dejó al descubierto una vieja batalla de Mendoza: la lucha del viñatero que trabajaba la tierra, soportaba heladas, granizo y vendimias inciertas, pero podía terminar entregando su cosecha al precio decidido por otros. Fue el proyecto de una provincia que quiso convertir al productor dependiente en dueño de su propio vino. Una revolución de lagares, toneles y cooperativas que quedó inconclusa, pero anticipó muchas de las grandes discusiones que marcarían durante décadas la historia vitivinícola mendocina. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #Viñateros #BodegasDeMendoza #Cooperativismo #Vendimia #BodegasGiol #JuanDomingoPerón #Peronismo #JoséNéstorLencinas #IndustriaVitivinícola #MemoriaMendocina #MendozaHistory #ArgentineWine #WineHistory #WineIndustry #WineGrowers #WineCooperatives #MendozaWine #VintageMendoza #ArgentinaHistory

**25 DE JULIO DE 1925: EL DIARIO QUE CONVIRTIÓ LA POLÍTICA MENDOCINA EN UNA GUERRA DE “GANSOS” Y “PERICOTES”**


El 25 de julio de 1925 apareció en Mendoza el primer número de **El Liberal**, un periódico nacido en medio de una de las batallas políticas más intensas de la historia provincial. No pretendía ocultar su identidad: se declaró oficialmente órgano del Partido Liberal, integrado principalmente por sectores conservadores, y salió a defender las candidaturas de **Mario Arenas y Rafael Guevara** para gobernador y vicegobernador. Mendoza se encontraba entonces bajo la intervención federal encabezada por **Enrique Mosca**, iniciada en octubre de 1924 después del desplazamiento de Carlos Washington Lencinas. La provincia estaba profundamente dividida entre el poderoso radicalismo lencinista —que había triunfado en casi todos los comicios celebrados entre 1918 y 1928— y una oposición conservadora decidida a recuperar el gobierno. Desde su primer editorial, El Liberal prometió combatir con firmeza a quienes, según sus redactores, se habían amparado en el patriotismo para realizar falsas promesas y conducir al pueblo hacia una crisis económica y moral. Su prédica reclamaba sanear las finanzas provinciales y restaurar la honestidad, la moral y la honradez en la administración pública. Pero el diario no se limitó a publicar discursos solemnes: convirtió la lucha electoral en una verdadera batalla de símbolos, caricaturas e ironías. Fue desde sus páginas donde alcanzaron enorme difusión dos sobrenombres que quedarían grabados en el lenguaje político mendocino: los conservadores eran los **“gansos”** y los radicales lencinistas, los **“pericotes”**. El enfrentamiento llegó incluso a un concurso de palabras cruzadas ilustrado con la figura de un enorme ganso devorando a un pericote, mientras cada casillero escondía una referencia política. Aquellos apodos no eran inocentes. A los conservadores se los asociaba con dirigentes de cuello duro, vestimenta elegante y pertenencia a las clases acomodadas. Ellos resignificaron el ataque presentando al ganso como un animal limpio, vigilante y capaz de advertir los peligros. En respuesta, llamaban “pericotes” a los lencinistas, vinculando el roedor con las acusaciones de corrupción y manejo irregular de los fondos públicos que lanzaban contra sus adversarios. El Liberal fue, en definitiva, mucho más que un periódico informativo: constituyó una herramienta electoral creada para intervenir directamente en la disputa por el poder. Su existencia fue tan intensa como breve. En diciembre de 1925, pocos días antes de las elecciones convocadas por el interventor Mosca, dejó de publicarse. Había vivido apenas unos meses, pero consiguió instalar para siempre una de las rivalidades más pintorescas y feroces de la política mendocina: la guerra entre **gansos y pericotes**. #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #ElLiberal #GansosYPericotes #Lencinismo #PartidoLiberal #HistoriaArgentina #PrensaMendocina #PeriodismoArgentino #Efemérides #PolíticaMendocina #MemoriaHistórica #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricNewspapers #PoliticalHistory #JournalismHistory #VintageMendoza #OnThisDay


25 DE JULIO DE 1921: NACIÓ MARIO VICENTE — EL ARTISTA QUE CONVIRTIÓ LOS MUROS DE MENDOZA EN MEMORIA, LUCHA Y PATRIMONIO


El 25 de julio de 1921 nació en Mendoza Mario Vicente, pintor, grabador, muralista, diseñador, docente y gestor cultural que transformaría para siempre la relación entre el arte, la arquitectura y la sociedad mendocina. Formado en la Academia Provincial de Bellas Artes, donde obtuvo el título de Profesor de Decoración, Dibujo y Grabado, fue alumno de maestros como Roberto Azzoni, Antonio Bravo, Fidel de Lucía, Vicente Lahir Estrella y Roberto Cascarini. Su trayectoria no quedó limitada a los salones tradicionales: llevó la creación artística hacia edificios públicos, escuelas, galerías comerciales y espacios cotidianos, convencido de que el arte debía abandonar los círculos exclusivos y dialogar directamente con el pueblo. Durante la década de 1950 participó en experiencias decisivas para el nacimiento del muralismo moderno en Mendoza. En 1954 trabajó en un mural realizado bajo la dirección del reconocido pintor Juan Carlos Castagnino en la Clínica Godoy Cruz. Al año siguiente integró, junto con José Bermúdez y Luis Basilio Rosas, el equipo que ejecutó al fresco otra obra pionera en el edificio de la Sociedad Israelita de Crédito, ubicado en calle Barcala. Más tarde formó con Bermúdez y Luis Quesada el histórico Taller de Murales de Mendoza, activo entre 1957 y 1961, desde donde buscaron construir un lenguaje popular inspirado en el gran muralismo latinoamericano y comprometido con la educación, la identidad y la realidad social. De aquel taller surgieron los monumentales paneles del hall de la Casa de Gobierno de Mendoza, cuyos bocetos correspondieron a Vicente, además de obras destinadas a escuelas y edificios provinciales. Su consagración colectiva llegó con los tres murales de la Galería Tonsa, realizados junto con Quesada y Bermúdez en la rotonda central del edificio. Allí, el cielo, la tierra y el agua representan la trascendencia espiritual, la evolución histórica de la humanidad y el origen mismo de la vida. Las piezas rompieron con los criterios decorativos convencionales, incorporaron experimentaciones con cemento aplicado al muralismo y convirtieron un espacio comercial en una verdadera galería pública. En 2010 fueron declaradas integrantes del patrimonio cultural de la Ciudad de Mendoza. Vicente también ejerció la docencia, participó en la conducción de la Sociedad de Artistas Plásticos Mendocinos y obtuvo importantes reconocimientos, entre ellos primeros premios de grabado en la Bienal de Mendoza de 1957 y en el Salón de San Juan de 1958. Su obra, firme, telúrica y profundamente humana, recibió influencias del muralismo mexicano y de Diego Rivera, pero desarrolló una identidad propia, arraigada en la tierra cuyana. Falleció en Mendoza el 7 de enero de 1985. Sin embargo, su mensaje continúa vivo sobre los muros: el arte no como lujo ni adorno, sino como memoria compartida, conciencia social y patrimonio de todos. #MarioVicente #MuralismoMendocino #ArteMendocino #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #GaleríaTonsa #CasaDeGobierno #PatrimonioCultural #MuralismoArgentino #ArtePúblico #CulturaMendocina #MemoriaColectiva #ArtistaMendocino #HistoriaDelArte #MendozaArgentina #MarioVicenteArtist #MendozaArt #ArgentineMuralism #PublicArt #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #MuralArt #ArtHistory #CollectiveMemory #ArgentineArtists

viernes, 24 de julio de 2026

23 DE JUNIO DE 1924: CACHEUTA CRUZÓ LOS ANDES EN 3 MILLONES DE ACCIONES — LA FIEBRE CHILENA POR EL ORO NEGRO MENDOCINO


El 23 de junio de 1924, en una escribanía o una oficina financiera de Santiago de Chile, una pequeña hoja beige convirtió simbólicamente las entrañas de la montaña mendocina en capital negociable. Era el título N.º 5897 de la Compañía Petrolífera de Cacheuta, un certificado cuidadosamente ornamentado que acreditaba la posesión de 2.000 acciones de una empresa creada para participar en una de las aventuras industriales más tempranas y arriesgadas de la región: extraer petróleo de Cacheuta y transformar aquel oscuro mineral cordillerano en energía, combustible y riqueza. El documento, de 20,5 por 29,1 centímetros, está rodeado por una elaborada guarda floral azul, conserva un sello fiscal chileno, anotaciones manuscritas y las firmas de sus autoridades. En su centro puede leerse una cifra gigantesca para la época: un capital de 600.000 libras esterlinas, dividido en tres millones de acciones de cuatro chelines, valoradas cada una en cinco pesos moneda corriente. El título entregaba 2.000 de esas acciones a su propietario y dejaba constancia de que estaban totalmente pagadas. El catálogo europeo donde reapareció la pieza la registró como un documento emitido en Santiago el 23 de junio de 1924, de colores azul y beige, con pliegues y conservación “Very Fine”. Pero la historia escrita sobre el papel comenzaba antes: la sociedad había sido constituida en Chile en 1921 y tenía prevista una duración de 50 años. Una publicación económica de aquellos años señalaba que la compañía afirmaba poseer los yacimientos de Cacheuta y que, además de buscar petróleo convencional, pretendía destilar y refinar los abundantes esquistos bituminosos de Mendoza, cuyos ensayos habrían arrojado rendimientos de entre un 14 % y un 18 % de aceite. No era la primera empresa que soñaba con conquistar aquel subsuelo. En 1886, casi dos décadas antes del hallazgo de Comodoro Rivadavia, Carlos Fader, Emilio Civit, Guillermo White, José Vicente Zapata y otros empresarios habían impulsado la Compañía Mendocina de Petróleo. Con la asistencia científica del geólogo Rodolfo Zuber se perforaron numerosos pozos en Agua del Corral, se extrajeron miles de metros cúbicos de crudo y se construyó un oleoducto de aproximadamente 35 kilómetros hasta Godoy Cruz, una obra extraordinaria para la Sudamérica de fines del siglo XIX. Sin embargo, la disminución del rendimiento, la elevada presencia de parafinas, los problemas de transporte y las dificultades financieras terminaron paralizando aquella primera experiencia. La compañía chilena de 1921 surgió sobre ese territorio cargado de antecedentes, pozos abandonados, estudios geológicos y esperanzas todavía vivas. Su certificado muestra que el petróleo mendocino no era visto únicamente como una cuestión provincial: despertaba interés al otro lado de los Andes, movilizaba capital expresado en libras esterlinas y conectaba a Santiago con Cacheuta mediante acciones, poderes notariales y sociedades comerciales. La empresa incluso terminó involucrada en un expediente contra la Provincia de Mendoza que llegó a la Corte Suprema argentina en 1928; allí se discutió la validez de un mandato firmado en Santiago para actuar judicialmente en la Argentina, una prueba más de la verdadera dimensión transnacional de la operación. Mientras YPF, creada en 1922, comenzaba a levantar el gran proyecto petrolero estatal argentino, estos inversionistas privados intentaban revivir desde Chile los antiguos campos mendocinos y apostar también por una forma temprana de producción a partir de esquistos. Sus resultados industriales fueron mucho menos visibles que sus ambiciones financieras y jurídicas, pero el papel sobrevivió. Un siglo después, este certificado ya no representa únicamente 2.000 acciones: conserva el instante en que Cacheuta fue convertida en una promesa internacional, cuando tres millones de participaciones intentaron financiar la conquista de un petróleo que dormía bajo la cordillera y Mendoza estuvo, una vez más, en el centro de la batalla por el oro negro.

1922–1926: MENDOZA ABRIÓ LA TIERRA EN BUSCA DEL ORO NEGRO — CAPITAL EXTRANJERO, POZOS FANTASMA Y EL FERROCARRIL QUE PUDO CAMBIAR EL SUR (IMAGEN ILUSTRATIVA)


En los primeros años de la década de 1920, mientras la Argentina comenzaba a considerar el petróleo como una cuestión de soberanía y creaba Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Mendoza también miraba hacia las profundidades de su territorio. Bajo montañas, quebradas y extensas planicies del sur provincial aparecían manaderos de brea, esquistos bituminosos y señales geológicas que alimentaban una certeza cada vez más poderosa: la provincia poseía un tesoro energético capaz de reducir su dependencia de la vitivinicultura y transformar para siempre su economía. YPF fue creada por decreto el 3 de junio de 1922 y poco después, bajo la conducción de Enrique Mosconi, se convirtió en el gran símbolo del nacionalismo petrolero argentino. En Mendoza, sin embargo, el impulso estatal iniciado durante el gobierno de José Néstor Lencinas perdió intensidad durante la administración de su hijo, Carlos Washington Lencinas. Mientras las oficinas públicas avanzaban con lentitud, pequeños empresarios, políticos provinciales y capitales extranjeros comenzaron a solicitar cateos, adquirir concesiones y abrir pozos exploratorios. No eran todavía grandes compañías capaces de movilizar fortunas, sino sociedades que mezclaban expectativas industriales, aventura empresarial y, en algunos casos, simples maniobras especulativas. La investigación histórica de Enrique Timmermann reconstruyó esta etapa como un momento decisivo, aunque lleno de proyectos inconclusos, en la búsqueda de una economía mendocina más diversificada. Una de las primeras iniciativas del sur fue la Compañía de Yacimientos Petrolíferos de San Rafael, constituida el 11 de enero de 1922 y encabezada por el empresario chileno Francisco Pavletich. La firma obtuvo los sitios mineros llamados San Pedro y San Pablo, ubicados en Piedra de Afilar, dentro del extenso territorio que entonces pertenecía al departamento de San Rafael. Sus hombres demarcaron terrenos, estudiaron formaciones y realizaron pozos testigos, pero no llegaron a producir petróleo comercialmente durante la gestión de Carlos W. Lencinas. La otra gran protagonista fue El Petróleo Argentino, sociedad creada en 1907 y vinculada al poderoso grupo empresarial Tornquist. Su representante en Mendoza era Pascual Herraiz, dirigente del Partido Liberal y varias veces legislador provincial y nacional. La compañía recibió concesiones en Los Buitres, Cerro Alquitrán y Cerro de la Brea, y en 1924 amplió su presencia con un nuevo sitio en El Sosneado. Llegó así a reunir 45 pertenencias mineras en la provincia. Sin embargo, durante aquellos años sus trabajos también quedaron limitados a mensuras, demarcaciones y perforaciones experimentales. Recién en 1926 comenzaría a extraer petróleo. La documentación empresarial confirma que El Petróleo Argentino formó parte de las compañías creadas o participadas por Ernesto Tornquist y Cía. durante la expansión industrial de comienzos del siglo XX. El interés cruzó rápidamente las fronteras. El periódico La Palabra informó que accionistas británicos habían invertido 30.000 libras esterlinas para iniciar una producción petrolera en Malargüe. A los capitales ingleses se sumaban empresarios chilenos y exploradores estadounidenses atraídos por los informes técnicos difundidos por la División de Minas, Petróleo y Geología. Aquella repartición, creada en 1918 y dirigida por el ingeniero Guillermo Hileman, había recorrido la provincia, estudiado sus recursos y preparado información para atraer inversores. Mendoza fue una de las primeras provincias argentinas en disponer de un organismo técnico específicamente dedicado a la minería, la geología y el petróleo. También aparecieron proyectos con una sorprendente estrategia comercial. A comienzos de 1923, la Compañía Minera y Petrolífera del Norte, con sede en Buenos Aires, ofreció públicamente 200.000 acciones de $10 cada una. Podían adquirirse en bancos nacionales y privados, y quienes invertían recibían beneficios adicionales, como descuentos en comercios mendocinos. Era petróleo vendido como promesa de prosperidad. Sin embargo, no se encontraron pruebas concluyentes de que aquella sociedad llegara a perforar o explotar algún yacimiento. El verdadero enemigo no se encontraba solamente bajo tierra. Para que una empresa petrolera fuera rentable necesitaba reservas suficientes, maquinaria, mercado y, sobre todo, transporte. El sur mendocino carecía de caminos transitables, vías férreas cercanas y poblaciones capaces de abastecer grandes operaciones. Algunos yacimientos estaban a más de cien kilómetros del núcleo urbano más próximo, entre montañas, ríos sin navegación y territorios donde trasladar una máquina perforadora podía convertirse en una expedición. En 1923 pareció surgir una solución. La Compañía de Ferrocarriles Industriales, de capitales ingleses, propuso construir ramales para conectar aquellas zonas productivas. Su apoderado, Diego Rivadeneira, firmó un acuerdo con el ministro Leopoldo Suárez, pero el convenio debía ser aprobado por la Legislatura y jamás llegó a debatirse. El ferrocarril que podía haber unido los pozos con los mercados quedó convertido en otra línea inexistente sobre un mapa. Cacheuta también guardaba una historia cargada de esperanzas frustradas. Allí había trabajado desde 1886 la Compañía Mendocina de Petróleo, impulsada por Carlos Fader y otros importantes empresarios. Sus perforaciones constituyeron una de las experiencias petroleras más tempranas del país, pero los problemas técnicos, financieros y logísticos terminaron paralizando la explotación. Durante la década de 1920 se intentó transferir, reorganizar o liquidar la empresa, mientras sus pozos permanecían prácticamente inactivos. A pocos kilómetros surgió otra alternativa: obtener aceite a partir de esquistos bituminosos, rocas capaces de liberar hidrocarburos mediante calentamiento y destilación. En Cacheuta operó brevemente la mina El Emporio, perteneciente a Carlos Fader, pero terminó ofrecida en venta pública en 1926 por falta de pago de los cánones mineros. La experiencia más avanzada fue la mina La Atala, ubicada en Papagallos, Las Heras, e impulsada durante aquellos años por Lucio Funes. Después de intentar conseguir equipos en Estados Unidos, Funes adquirió en 1923 hornos de la empresa chilena Hornos Stalli. Ingenieros trasandinos instalaron las estructuras y comenzaron a procesar las lutitas bituminosas. El mineral ofrecía un rendimiento promedio ligeramente superior al 6 % de aceite, una proporción considerada aceptable para este tipo de explotación. Las investigaciones arqueológicas todavía identifican allí hornos, recintos productivos, senderos, viviendas y restos de aquel complejo industrial perdido entre el pedemonte mendocino. Pero La Atala tampoco pudo sostenerse. Ahogado por problemas económicos, Lucio Funes vendió la concesión en 1925 a capitales chilenos. La operación generó críticas contra una élite argentina que seguía concentrando gran parte de su riqueza en la viña y dejaba las nuevas industrias en manos extranjeras. El petróleo despertaba discursos patrióticos, pero todavía no conseguía movilizar inversiones nacionales suficientes. Aquellas compañías no convirtieron inmediatamente a Mendoza en una potencia petrolera. Muchas apenas perforaron pozos testigos; otras acumularon concesiones esperando revenderlas; varias desaparecieron dejando acciones, deudas, hornos abandonados y proyectos ferroviarios inconclusos. Sin embargo, no todo fue fracaso. Las exploraciones privadas, los estudios de Hileman y las primeras experiencias industriales demostraron que la provincia poseía recursos reales. El conocimiento acumulado permitió que en 1932 Mendoza firmara un convenio con YPF para iniciar una nueva etapa de exploración y explotación. Ocho años después, la provincia ya se había convertido en la segunda región petrolera más importante de la Argentina. El oro negro finalmente comenzó a brotar, pero detrás de cada pozo productivo permaneció enterrada la memoria de aquellos pioneros que, entre 1922 y 1926, arriesgaron dinero, atravesaron desiertos y abrieron la montaña cuando todavía no existían caminos para sacar el petróleo. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoEnMendoza #OroNegro #ElSosneado #Cacheuta #Malargüe #SanRafael #LasHeras #MinaLaAtala #CarlosFader #LucioFunes #YPF #EnriqueMosconi #HistoriaArgentina #PatrimonioIndustrial #IndustriaPetrolera #EsquistosBituminosos #MendozaHistory #ArgentinaHistory #OilHistory #PetroleumHistory #BlackGold #IndustrialHeritage #EnergyHistory #CacheutaHistory #MendozaArgentina #HistoricalMendoza

20 DE MARZO DE 1861: MENDOZA CAYÓ EN RUINAS Y RENACIÓ EN SUS CALLES — EL MAPA SECRETO DE PRÓCERES, ACEQUIAS Y CALLEJONES OLVIDADOS


Mendoza no está escrita solamente en libros, monumentos o museos: también permanece grabada bajo nuestros pasos. Cada avenida, esquina y antiguo callejón conserva fragmentos de una ciudad que fue colonial, quedó sepultada por un terremoto y logró levantarse con una identidad completamente nueva. El 20 de marzo de 1861, el sismo más devastador de la historia mendocina destruyó la antigua capital y obligó a trasladar su centro aproximadamente un kilómetro hacia el sudoeste. En 1863, siguiendo el proyecto atribuido al agrimensor francés Julio Balloffet, comenzó a tomar forma la Ciudad Nueva: un damero de 64 manzanas, calles más amplias y cinco plazas estratégicamente distribuidas alrededor de la gran Plaza Independencia. Aquellos espacios abiertos no fueron pensados únicamente para embellecer la ciudad, sino también como lugares de resguardo ante futuras catástrofes. La actual Avenida San Martín, columna vertebral de Mendoza, nació mucho antes con otro nombre: calle San Nicolás, debido a una capilla agustina dedicada a San Nicolás de Tolentino que se levantaba cerca de las actuales San Martín y Amigorena. Después del terremoto, aquella vía se transformó en uno de los grandes ejes de la reconstrucción y el 5 de octubre de 1883 recibió el nombre del Libertador. Avenida Las Heras también surgió vinculada con la Ciudad Nueva: figuró en antiguos planos como Circunvalación Norte, pero el movimiento de carretas, inmigrantes y comerciantes hizo que el pueblo la recordara como “calle de las carretas”, “calle de los inmigrantes” y hasta “bulevar de las palmeras”. Desde 1882 homenajea al general Juan Gregorio Las Heras y, en 1885, fue parte del recorrido del primer tranvía a caballo que atravesó Las Heras, San Martín, Colón y Belgrano, anunciando que Mendoza entraba definitivamente en una nueva era. En la Cuarta Sección, Ituzaingó todavía guarda la memoria de la antigua calle de la Cañada, llamada así porque ocupaba una depresión natural por donde descendían las aguas de lluvia y los aluviones. El 5 de enero de 1817 fue engalanada con arcos, telas y adornos para recibir al Ejército de los Andes, que avanzó por allí camino a la ceremonia de bendición de su bandera y proclamación de la Virgen del Carmen de Cuyo. Aquella jornada, las tropas recorrieron la Cañada, San Nicolás, la Alameda y la vieja calle San Francisco, actuales Ituzaingó, San Martín y Fray Luis Beltrán: un itinerario que todavía puede reconstruirse sobre el mapa mendocino. Otras arterias también esconden nombres borrados por el tiempo. Avenida Godoy Cruz apareció en planos de 1881 como Proyectada N.º 2 y anteriormente había sido un callejón utilizado como cauce natural de aluviones. Colón fue la Circunvalación Sur; Belgrano, la calle del Colegio Nacional; Mitre se llamó Colombia hasta 1901; Sarmiento fue Unión hasta comienzos del siglo XX y recién en 1989 una parte se convirtió en la peatonal que hoy reúne cafés, comercios y caminantes. España había sido Suipacha, mientras que Necochea era conocida como calle de la Aduana por las dependencias públicas que allí funcionaban. Boulogne-sur-Mer, junto al Parque General San Martín, tuvo un nombre profundamente cuyano: calle del Jarillal. También sobreviven denominaciones nacidas de la vida cotidiana: José Vicente Zapata fue el Carril Nuevo; Leandro N. Alem, la Avenida del Este; Lavalle, la calle del Loreto; Fray Luis Beltrán, la calle Barbarán; y Videla Castillo, la calle del Cabildo, porque allí se encontraba el edificio colonial destruido en 1861. Esos nombres hablaban de iglesias, oficinas, cursos de agua, comerciantes, instituciones y personajes que alguna vez definieron el paisaje. Las fotografías antiguas permiten contemplar esa transformación: calles de tierra y empedrado, tranvías, carruajes, frondosas arboledas, automóviles y edificios que fueron creciendo mientras Mendoza cambiaba de siglo sin abandonar completamente su memoria.  Caminar por Mendoza es recorrer un inmenso archivo al aire libre. Bajo el asfalto moderno todavía laten la ciudad de barro, las acequias coloniales, el paso del Ejército de los Andes, los callejones por donde bajaba el agua y la reconstrucción de un pueblo que, después de perder casi todo, convirtió sus heridas en plazas, avenidas y futuro. Los nombres pueden cambiar, los edificios pueden desaparecer y los vehículos reemplazar a las viejas carretas, pero cada calle continúa relatando la historia de la ciudad que fue destruida, de la que soñó con renacer y de la Mendoza que todavía sigue escribiéndose. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #CiudadDeMendoza #MendozaHistórica #TerremotoDe1861 #AvenidaSanMartín #CallesDeMendoza #EjércitoDeLosAndes #SanMartín #PatrimonioMendocino #MemoriaUrbana #FotosAntiguas #ArgentinaHistórica #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricStreets #UrbanHistory #ArgentineHistory #HistoricalPhotography #ThenAndNow

24 DE JULIO DE 1984: ALFONSÍN LLEVÓ LA DEMOCRACIA A BOLÍVAR — MIENTRAS LA ARGENTINA DESARMABA LAS LEYES DE LA DICTADURA


El 24 de julio de 1984, cuando la democracia argentina apenas llevaba siete meses intentando reconstruir las instituciones destruidas por el régimen militar, Raúl Alfonsín llegó a San Carlos de Bolívar para protagonizar una jornada cargada de simbolismo político, histórico y latinoamericano. El presidente encabezó el acto de clausura del Año Bolivariano, realizado en homenaje al nacimiento de Simón Bolívar. Miles de vecinos de la ciudad y de localidades cercanas se concentraron sobre la avenida San Martín para recibir al primer mandatario constitucional después de más de siete años de dictadura. Alfonsín habló desde un palco levantado entre las plazas España e Italia, frente al monumento dedicado al Libertador, en una escena que reunía dos ideas centrales de aquel tiempo: la recuperación de la democracia y la voluntad de reconstruir los vínculos de la Argentina con América Latina. Durante la ceremonia recibió a representantes de la Comisión Interbarrial y entregó la placa fundacional de un plan de 104 viviendas del Fondo Nacional de la Vivienda. El nuevo conjunto habitacional fue bautizado Barrio de la Unidad Latinoamericana, nombre que con el tiempo se simplificaría como Barrio Latino. Después del acto central se celebró un almuerzo en la Sociedad Rural de Bolívar, con la participación de representantes diplomáticos de Venezuela, Colombia, Panamá, Perú, Bolivia y Ecuador. No era solamente una visita protocolar. La imagen de un presidente elegido por el voto recorriendo una ciudad del interior, rodeado por vecinos, instituciones y diplomáticos latinoamericanos, expresaba el espíritu de una democracia que buscaba volver a ocupar las calles, acercar el poder político a la ciudadanía y dejar atrás el aislamiento impuesto por el autoritarismo. Mientras Alfonsín era recibido en Bolívar, el Boletín Oficial del 24 de julio mostraba otra dimensión de aquella reconstrucción: la revisión del aparato jurídico heredado de la dictadura. La Ley 23.072, sancionada el 4 de julio, suspendió durante seis meses la aplicación de los artículos 9 y 40 de la ley de facto 22.105 y las disposiciones concordantes de la ley de facto 22.269, normas relacionadas con las asociaciones gremiales de trabajadores. No se trataba todavía de una reforma definitiva, pero representaba una señal concreta del intento por desmontar mecanismos laborales impuestos durante el gobierno militar. La Ley 23.075 avanzó sobre otro terreno profundamente afectado por el autoritarismo: la educación. Derogó las leyes 21.556 y 22.318, dictadas durante la dictadura, y restableció artículos del Estatuto del Docente vinculados con el funcionamiento de las Juntas de Clasificación y de Disciplina. Hasta que esos organismos pudieran constituirse según el procedimiento estatutario, el Ministerio de Educación y Justicia quedaba autorizado a designar provisionalmente a sus integrantes. La medida recuperaba instrumentos destinados a ordenar la carrera docente, los antecedentes profesionales y los procedimientos disciplinarios dentro de un marco legal anterior a las intervenciones militares. El detalle más llamativo apareció en la Ley 23.076, dedicada al mundo del cine. La norma otorgó al Instituto Nacional de Cinematografía la facultad de juzgar las infracciones cometidas por distribuidores y exhibidores que incumplieran las obligaciones relacionadas con la calificación de las películas. Las sanciones podían llegar a los treinta días de clausura del local y a una multa máxima de 500.000 pesos argentinos, cuyo valor debía actualizarse trimestralmente según el índice mayorista publicado por el INDEC. Las decisiones podían ser recurridas ante la Justicia Correccional de la Capital Federal. Aquella disposición formaba parte de una transformación más amplia. Meses antes, la Ley 23.052 había derogado la legislación cinematográfica de la dictadura y disuelto el antiguo Ente de Calificación Cinematográfica, organismo que podía prohibir películas o imponer cortes. La nueva democracia reemplazaba aquel sistema de censura previa por un régimen de clasificación que debía respetar el pluralismo ideológico y religioso de la sociedad argentina. Así transcurrió aquel 24 de julio de 1984: mientras una multitud saludaba a Alfonsín frente al monumento de Simón Bolívar y celebraba la unidad latinoamericana, el Estado comenzaba a remover normas sindicales, educativas y culturales heredadas del régimen militar. En las plazas, en las viviendas proyectadas, en las escuelas, en los sindicatos y hasta en las salas cinematográficas, la democracia empezaba a recuperar espacios que durante años habían permanecido sometidos al autoritarismo. No fue una transformación instantánea ni perfecta. Fue algo más complejo y trascendente: el comienzo de una Argentina que intentaba volver a gobernarse mediante las leyes, el voto, el debate público y la libertad. #RaúlAlfonsín #Alfonsín #DemocraciaArgentina #24DeJulio #SanCarlosDeBolívar #Bolívar #HistoriaArgentina #Argentina1984 #RegresoALaDemocracia #NuncaMás #SimónBolívar #IntegraciónLatinoamericana #HistoriaPolítica #MemoriaHistórica #CulturaArgentina #EducaciónPública #CineArgentino #ArgentineHistory #RaulAlfonsin #Democracy #ReturnToDemocracy #LatinAmericanHistory #SimonBolivar #HistoricalMemory #ArgentinaHistory

1977: LOS ALFAJORES LLEGARON EN AVIÓN A MENDOZA — DANIEL LEVY Y LA FIEBRE HAVANNA QUE DESBORDÓ LA CIUDAD


En 1977, cuando los alfajores Havanna todavía eran un tesoro que muchos argentinos traían de sus vacaciones en Mar del Plata, un mendocino de apenas 20 años descubrió una oportunidad que nadie parecía haber advertido. Daniel Levy observó que en Mendoza no existía un lugar donde comprar aquellos alfajores que su familia llevaba cada verano para consumir, regalar y conservar como recuerdo de la costa. Con la experiencia y el respaldo comercial de la Confitería Caracol, que los Levy tenían en la recordada Galería Caracol, inició las gestiones para abrir la primera franquicia de la marca en la provincia, en medio del complejo contexto político y económico de la última dictadura cívico-militar. La casa central exigía que el negocio estuviera sobre una arteria importante, por lo que eligieron un local de la avenida San Martín, en una zona tradicionalmente vinculada con los billares y el movimiento nocturno del centro mendocino. La respuesta fue inmediata: la mercadería se agotaba, el espacio quedaba pequeño y los carteles anunciando que ya no quedaban productos se convirtieron en una escena habitual. Viviana Levy, que entonces tenía 16 años y atendía junto con otras empleadas, recordó que durante el verano llegaba tanta gente que debieron extender los horarios: abrían por la mañana, interrumpían brevemente durante la siesta y regresaban para trabajar hasta la medianoche. Las fotografías de aquellos días conservan una estética inolvidable: paneles de madera, uniformes amarillos, antiguos envoltorios, enormes huevos de Pascua, pizarras con precios y un luminoso que anunciaba “venta nocturna”. La logística también fue una verdadera aventura. Al principio, las cajas viajaban en avión desde Buenos Aires y la familia debía retirarlas del aeropuerto con sus propios automóviles. Después compraron una camioneta y, cuando la demanda siguió creciendo, incorporaron un camión refrigerado y contrataron dos choferes para realizar directamente los viajes hasta Mar del Plata. Las cajas llegaban desarmadas y se preparaban frente al cliente, combinando alfajores negros, blancos o de nuez según su elección. Entre los productos más solicitados estaban los alfajores de chocolate y chocolate blanco, las galletas de limón, los Havannets y las tortas de chocolate y coco. Con el tiempo, el emprendimiento se trasladó frente al Automóvil Club Argentino y se transformó en una propuesta singular: de un lado funcionaba la cafetería Cafetín y, separado por un vidrio, el local de Havanna. Los Levy también llevaron sus productos a la multitudinaria Feria Internacional Aconcagua, realizada cerca del Cerro de la Gloria. Aquella primera etapa duró alrededor de siete años, hasta que razones personales llevaron a la familia a cerrar el negocio. La historia tenía un antecedente mucho más lejano: Havanna había nacido en Mar del Plata por iniciativa de Demetrio Elíades, Luis Sbaraglini y Benjamín Sisterna, y comenzó a vender el 6 de enero de 1948 en un pequeño establecimiento ubicado frente al Casino Central. Desde allí se expandió por la Costa Atlántica y convirtió sus cajas de alfajores en uno de los recuerdos más emblemáticos de las vacaciones argentinas. Décadas después de aquella experiencia pionera de los Levy, la marca regresó con su concepto moderno de cafetería: el local de la Peatonal Sarmiento abrió el 8 de julio de 2005 y alcanzó veinte años de actividad ininterrumpida en 2025. Pero antes de los cafés contemporáneos, de los sabores virales y de las grandes cadenas nacionales, hubo un joven mendocino que cargó cajas en el aeropuerto, atravesó rutas con un camión refrigerado y logró que un sabor nacido frente al mar provocara una auténtica fiebre en el corazón de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Havanna #Alfajores #AlfajorArgentino #DanielLevy #AvenidaSanMartin #GaleriaCaracol #MarDelPlata #ComerciosHistoricos #NostalgiaArgentina #MemoriaMendocina #HistoriasQueInspiran #Argentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #HavannaAlfajores #ArgentineAlfajor #VintageMendoza #HistoricShops #MarDelPlata #SweetHistory #FoodHistory #ArgentinaMemories #VintageArgentina #LocalHistory #NostalgicArgentina. (Fuente: Diario Los Andes)

24 DE JULIO DE 1987: ALFONSÍN DIJO «NOS VAMOS AL SUR» — LA CAPITAL PATAGÓNICA QUE IBA A CAMBIAR LA ARGENTINA Y NUNCA NACIÓ


El 24 de julio de 1987, durante los festejos por los 80 años de la declaración de San Pedro como ciudad, Raúl Alfonsín habló ante una multitud y defendió uno de los proyectos más audaces de la democracia recuperada: quitarle a Buenos Aires la condición de Capital Federal y trasladar el corazón político de la República hacia la Patagonia. Para el presidente, no se trataba solamente de construir nuevos edificios públicos. La mudanza buscaba quebrar el histórico centralismo porteño, separar la concentración del poder político y económico, fortalecer el federalismo, modernizar el Estado y promover el poblamiento y el desarrollo estratégico del sur argentino. Ante quienes dudaban de que aquella transformación pudiera concretarse, Alfonsín lanzó una afirmación que parecía cerrar definitivamente el debate: «nos vamos al sur con nuestra Capital». La propuesta ya había superado el terreno de los discursos. La Ley Nacional 23.512, sancionada por el Congreso el 27 de mayo y promulgada el 8 de junio de 1987, establecía que la futura Capital de la República abarcaría los núcleos urbanos existentes y por construirse en Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre. Buenos Aires continuaría siendo capital hasta que estuvieran habilitadas las instalaciones necesarias para alojar a los tres poderes nacionales. Además, apenas tres días antes del acto de San Pedro, el Decreto 1156 había convertido la comisión técnica que estudiaba el traslado en el Ente para la Construcción de la Nueva Capital, conocido como ENTECAP. El organismo debía planificar el territorio, proyectar la infraestructura y comenzar a transformar aquella extensa región del valle inferior del río Negro en la nueva sede política argentina. Para el Gobierno, la marcha hacia el sur ya no era presentada como una posibilidad lejana, sino como una decisión en movimiento. Sin embargo, la crisis económica, la pérdida de respaldo político y el cambio de gobierno terminaron sepultando el proyecto. El 20 de noviembre de 1989, durante la presidencia de Carlos Menem, el ENTECAP fue disuelto y declarado en liquidación. Los ministerios nunca abandonaron Buenos Aires, el Congreso jamás se instaló junto al río Negro y la capital patagónica quedó detenida entre planos, discursos y sueños de grandeza. Aquel 24 de julio, mientras Alfonsín anunciaba una Argentina descentralizada y orientada hacia la Patagonia, el Boletín Oficial ofrecía un contraste sorprendente: su sumario digital registra únicamente dos normas. Una modificaba el escalafón del personal científico y técnico del CONICET; la otra autorizaba nuevas condiciones para el seguro contra granizo en plantaciones de tabaco. Aunque la palabra “granizo” remita inmediatamente a las preocupaciones agrícolas de Mendoza, aquella resolución no estaba destinada a la vid ni a la vitivinicultura, sino específicamente al cultivo tabacalero. La Capital Federal nunca llegó al sur. Pero aquella jornada quedó grabada como el momento en que un presidente democrático aseguró que la Argentina estaba preparada para modificar su centro de gravedad, desafiar dos siglos de centralismo y levantar, en las puertas de la Patagonia, una nueva capital para una nueva República. #RaúlAlfonsín #CapitalPatagónica #Viedma #CarmenDePatagones #GuardiaMitre #HistoriaArgentina #DemocraciaArgentina #Federalismo #PatagoniaArgentina #ENTECAP #BuenosAires #SanPedro #Efemérides #MendozAntigua #ArchivoHistórico #RaulAlfonsin #PatagonianCapital #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #Federalism #Patagonia #Democracy #NewCapital #ViedmaPatagones #HistoricalMemory #UnfinishedDream #PoliticalHistory

15 DE NOVIEMBRE DE 1816: EL MARQUÉS QUE ROMPIÓ CON LA CORONA Y LO ARRIESGÓ TODO POR LA PATRIA — JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ CAMPERO, EL GUARDIÁN OLVIDADO DE LA PUNA


No era un sobrenombre ni una exageración popular. Juan José Feliciano Fernández Campero era el cuarto Marqués del Valle de Tojo, aunque la historia lo recordaría sencillamente como el Marqués de Yavi. Nacido en 1777, heredó uno de los títulos nobiliarios más importantes del Virreinato del Río de la Plata, una casa solariega, minas, haciendas y extensos dominios que atravesaban la Puna jujeña y alcanzaban territorios del actual sur de Bolivia. Tenía apellido, fortuna, poder y un destino aparentemente asegurado junto al rey de España. Pero eligió otro camino. Después de haber servido en las filas monárquicas, se apartó de ellas durante la campaña de 1813 y se sumó definitivamente a la causa revolucionaria. Manuel Belgrano confió en él, Martín Miguel de Güemes lo convirtió en uno de sus principales jefes en la frontera y Campero llegó a organizar y mantener con sus propios recursos una fuerza de alrededor de seiscientos hombres. Gauchos, indígenas, criollos y soldados humildes defendían bajo su mando una región donde la guerra no era una noticia lejana: los ejércitos realistas descendían desde el Alto Perú y cada quebrada podía transformarse en un campo de batalla. Fue elegido diputado por Chichas para integrar el Congreso de Tucumán. Sin embargo, el 9 de julio de 1816 no ocupó una banca ni estampó su firma sobre el Acta: se encontraba al frente de sus tropas, tratando de impedir que el enemigo atravesara la Puna y avanzara sobre Jujuy y Salta. Mientras otros proclamaban la Independencia dentro de aquella histórica sala, él intentaba sostenerla con hombres, caballos, pólvora y sangre. Cuando recibió la noticia, el 30 de agosto pronunció la llamada Arenga de Santa Rosa e hizo jurar la Independencia a sus combatientes. Recordó que América había soportado más de tres siglos de sometimiento, anunció que las cadenas estaban rotas y soñó con el renacimiento del mundo de los incas y con una antigua corte del Cuzco nuevamente floreciente. Su idea de patria no terminaba en una provincia: imaginaba una gran nación sudamericana, libre de toda dominación europea. Pero la guerra no perdonaba los sueños. El 15 de noviembre de 1816, las fuerzas realistas de Juan Guillermo de Marquiegui cayeron sorpresivamente sobre Yavi. Campero se encontraba oyendo misa en su capilla cuando comenzó el ataque. Tras una desesperada retirada fue capturado junto con sus oficiales y cientos de combatientes. Aquel episodio, recordado como la Sorpresa de Yavi, desató una feroz represión sobre los patriotas y habitantes de la región. Encadenado, fue llevado a las prisiones de Tupiza y Potosí, donde padeció encierro y malos tratos. Más tarde lo enviaron hacia España para juzgarlo por haberse rebelado contra la Corona. Su salud, destruida durante el cautiverio, obligó a desembarcarlo en Kingston, Jamaica. Allí murió el 22 de octubre de 1820, con apenas 43 años, sin regresar jamás a su tierra. Porque la Independencia argentina no fue solamente una firma en Tucumán. También fue la resistencia desesperada de la frontera norte. Fue la Puna, fue Chichas, fue Yavi. Fueron campesinos, gauchos, indígenas y soldados anónimos enfrentando a un ejército poderoso. Y también fue un hombre nacido entre privilegios que pudo conservarlo todo obedeciendo al rey, pero eligió perder la libertad, la salud y finalmente la vida por una patria que apenas comenzaba a existir. La nobleza se heredaba. La patria, en cambio, se elegía. #MarquésDeYavi #JuanJoséFernándezCampero #SorpresaDeYavi #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #GuerraGaucha #MartínMiguelDeGüemes #ManuelBelgrano #PunaJujeña #Jujuy #Yavi #CongresoDeTucumán #PatriotasOlvidados #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #ArgentineIndependence #MarquisOfYavi #GauchoWar #ForgottenHeroes #SouthAmericanHistory. 
Murió lejos de su tierra, pero su memoria emprendió finalmente el regreso: en 2010 sus restos simbólicos fueron repatriados desde Jamaica a Jujuy y, en 2025, llegaron a Yavi, el territorio que había defendido con su fortuna, sus hombres y su propia vida.

24 DE JULIO DE 1985: MENDOZA PUSO AL COMERCIO BAJO RELOJ — MULTAS EN AUSTRALES Y CLAUSURA A LA TERCERA FALTA (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 24 de julio de 1985, mientras los comerciantes mendocinos organizaban sus jornadas entre persianas, horarios partidos y la tradicional pausa del mediodía, la Legislatura provincial sancionó una norma que colocaba el funcionamiento de los negocios bajo un control mucho más estricto. La Ley 5.016 facultó al Poder Ejecutivo para determinar los horarios de apertura, cierre y atención al público en todo el territorio de Mendoza. Sin embargo, no imponía una franja única e invariable: ordenaba contemplar una mayor flexibilidad de acuerdo con la ubicación, las características y la modalidad de funcionamiento de cada actividad comercial. La autoridad encargada de hacer cumplir el régimen era la Dirección de Industria y Comercio, dependiente entonces del Ministerio de Economía provincial. Además, la repartición podía firmar acuerdos con los municipios para coordinar los controles o delegarles facultades. De esta manera, una infracción horaria cometida en la capital, en una zona turística, en un departamento rural o en una localidad alejada podía ser fiscalizada con participación de las autoridades comunales. Pero el aspecto más contundente de la ley aparecía al momento de castigar a quienes no respetaran las disposiciones. Las transgresiones al régimen establecido por el Decreto 4.861 de 1984 y sus normas modificatorias podían recibir multas de entre 20 y 1.000 australes. El monto debía graduarse considerando la gravedad de la falta, su repercusión y los antecedentes del comerciante, mientras que el Poder Ejecutivo quedaba autorizado a actualizar las cifras cada tres meses. Cuando un establecimiento llegaba a la tercera infracción, la consecuencia ya no era solamente económica: correspondía disponer su clausura. La mención de los australes no era un detalle menor. La nueva moneda argentina llevaba poco más de un mes en circulación: había entrado en vigencia el 15 de junio de 1985 y reemplazado al peso argentino con una equivalencia inicial de un austral por cada mil pesos argentinos. La ley mendocina fue, por lo tanto, hija directa de una época de reformas económicas, cambios de precios y carteles comerciales que debían adaptarse apresuradamente a un signo monetario recién estrenado. La norma también establecía que las inspecciones, actas y sanciones debían tramitarse conforme a la Ley de Procedimientos Administrativos de Mendoza, mientras que el cobro de las multas quedaba sujeto al Código Fiscal provincial. Entró en vigor el 19 de agosto de 1985, el mismo día de su publicación en el Boletín Oficial. No era solamente una recomendación sobre costumbres comerciales: ofrecía al Estado un mecanismo legal completo para controlar, sancionar, cobrar y, llegado el caso, cerrar temporalmente un negocio reincidente. Años más tarde, el modelo cambió por completo. En 1992, la Ley 5.908 estableció en Mendoza el principio de libertad horaria para la apertura y el cierre de los comercios, la atención al público y los días de trabajo, aunque aclaró que esa libertad no podía vulnerar la jornada laboral, el descanso semanal ni los derechos de los trabajadores. Su artículo 4 derogó expresamente la Ley 5.016, cerrando una etapa caracterizada por una intervención provincial más directa sobre el reloj de los negocios. Detrás de aquellos artículos administrativos se esconde una fotografía de la vida cotidiana mendocina: almacenes que bajaban sus persianas al mediodía, pequeños negocios atendidos por sus dueños, empleados que regresaban después de la siesta y calles comerciales cuyo ritmo dependía de la hora, del departamento y de la actividad. La Ley 5.016 permite reconstruir una Mendoza anterior a los grandes centros comerciales y a la libertad horaria generalizada, cuando abrir fuera del horario permitido podía costar una multa y reincidir tres veces podía significar encontrar la persiana cerrada por orden oficial. ¿Recordás a qué hora cerraban los comercios de tu barrio? ¿Se respetaba la siesta o había negocios que permanecían abiertos durante todo el día? #MendozaHistory #ArgentineHistory #CommercialHistory #RetailHistory #BusinessHours #AustralCurrency #Argentina1985 #EightiesHistory #LocalHistory #HistoricalMemory #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #ComercioMendocino #Ley5016 #HorariosComerciales #Austral #Años80 #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #Efemerides #MendozAntigua

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