miércoles, 7 de octubre de 2026

MALVINAS 1770: FUEGO EN PUERTO EGMONT, LA ESCUADRA ESPAÑOLA QUE HIZO CAPITULAR EL FUERTE BRITÁNICO


La extraordinaria lámina que acompaña esta publicación no es una recreación moderna ni una ilustración realizada siglos después: corresponde a un plano manuscrito y coloreado de 1770 conservado en el Archivo General de Indias de Sevilla, identificado como MP-BUENOS_AIRES,89 y delineado por el piloto y cartógrafo de la Real Armada Alejo Berlinguero. Su título describe el establecimiento que tenían los ingleses en el llamado Puerto de la Cruzada —Port Egmont para los británicos—, situado en la isla Saunders, llamada Trinidad por los españoles, frente al sector noroccidental de la Gran Malvina. En la imagen se reconocen la costa, las instalaciones británicas, caminos, defensas, fondeaderos y, dominando las aguas, los perfiles de los buques que protagonizaron uno de los episodios más tensos del Atlántico Sur en el siglo XVIII. El documento fue realizado en el contexto de la expedición de Juan Ignacio de Madariaga y constituye una pieza cartográfica excepcional de aquella crisis. La historia que conduce hasta esta escena comienza antes de 1770 y requiere algunas correcciones importantes respecto de la versión tradicional. El proyecto francés de Louis-Antoine de Bougainville nació en 1763 y ese año partió de Saint-Malo con L’Aigle y Le Sphinx, pero el establecimiento de Port Louis no fue fundado en 1763: los franceses desembarcaron en febrero de 1764 y organizaron la colonia durante marzo y abril de ese año. España protestó ante Francia por considerar las islas parte de sus dominios americanos y París terminó aceptando la transferencia. Bougainville dejó escrito que los gastos de su establecimiento hasta el 1 de abril de 1767 ascendían exactamente a 603.000 libras francesas, incluidos los intereses, suma que fue reembolsada por España por los barcos, materiales, armas, provisiones y demás bienes que quedaban en la colonia. Felipe Ruiz Puente, nombrado gobernador español de las Malvinas, llegó acompañado por las fragatas Liebre y Esmeralda y el 1 de abril de 1767 se formalizó la entrega de Port Louis, que bajo administración española pasó a conocerse como Puerto Soledad. Mientras franceses y españoles resolvían aquel traspaso diplomático, Gran Bretaña desarrollaba su propia operación en el sector occidental del archipiélago. John Byron había tomado posesión simbólica de un puerto en 1765 y, en enero de 1766, John MacBride llegó con HMS Jason, HMS Carcass y HMS Experiment para consolidar un establecimiento permanente en Port Egmont. Aquí aparece otra corrección fundamental del texto original: el buque que visitó Port Louis a comienzos de diciembre de 1766 fue HMS Jason, no “HMS Japan”. El propio Bougainville relató después que MacBride llegó al establecimiento francés, sostuvo que aquellos territorios pertenecían a Jorge III, amenazó con desembarcar por la fuerza si se le impedía hacerlo, visitó al gobernador francés y volvió a hacerse a la mar aquel mismo día. Dos ocupaciones europeas coexistían entonces en sectores diferentes de las islas, mientras España reclamaba frente a ambas y británicos y españoles sostenían concepciones incompatibles sobre sus respectivos derechos. La tensión estalló definitivamente en 1770. Después de reconocimientos y negociaciones infructuosas, el gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucareli dispuso una expedición mucho más poderosa bajo el mando de Juan Ignacio de Madariaga. La fuerza principal estaba compuesta por cuatro fragatas españolas: Industria, capitana de Madariaga; Santa Bárbara; Santa Catalina; y Santa Rosa. A ellas se sumaba el jabeque o chambequín Andaluz y, como embarcación auxiliar, el bergantín San Rafael. Este dato permite corregir otra confusión frecuente al describir la propia lámina: la Favourite o Favorita no formaba parte de la escuadra española, sino que era el buque británico que defendía Port Egmont, comandado por William Maltby. Estudios recientes basados en documentación del Archivo General de Indias, del Archivo Histórico Nacional y archivos navales calculan que la expedición movilizó alrededor de 1.500 hombres y un importante tren de artillería. Entre ellos viajaban casi 300 granaderos del Regimiento de Infantería de Mallorca. El 4 de junio de 1770 Madariaga llegó a Puerto Egmont y comenzaron días de intimaciones, respuestas diplomáticas, amenazas y preparativos militares. Los británicos se negaron a evacuar y ambas partes reivindicaron para sus respectivos monarcas la legitimidad de su presencia. Finalmente, en la mañana del 10 de junio, la escuadra española se aproximó al establecimiento y abrió fuego. La superioridad naval y terrestre era abrumadora y, después de una resistencia muy breve, los responsables británicos solicitaron la capitulación. El fuerte, su artillería y sus instalaciones quedaron en manos españolas. Precisamente allí adquiere enorme valor la imagen de Berlinguero: no estamos contemplando una interpretación artística tardía, sino la representación de un cartógrafo naval que participó en aquellas expediciones y que se encontraba embarcado en la Santa Catalina durante la campaña de 1770. Su plano transforma aquel episodio escrito en una verdadera ventana visual hacia las Malvinas de hace más de dos siglos y medio. Pero afirmar simplemente que “a los ingleses les duró hasta 1770” deja incompleta la historia. La toma española de Port Egmont provocó una crisis internacional tan grave que España y Gran Bretaña estuvieron cerca de entrar en guerra. En enero de 1771 se alcanzó un acuerdo por el cual España aceptó restituir a Gran Bretaña la posesión material del puerto y del fuerte de Egmont, mientras la declaración española dejó expresamente a salvo su posición sobre la soberanía. Los británicos regresaron al establecimiento, pero lo abandonaron definitivamente en 1774. España continuó administrando Puerto Soledad y mantuvo gobernadores en las Malvinas hasta 1811. Por eso este pequeño plano coloreado conserva mucho más que costas, edificios y antiguos veleros: guarda el instante de una disputa imperial en la que Francia, España y Gran Bretaña se enfrentaron diplomática y militarmente por uno de los puntos estratégicos del Atlántico Sur. Más de 250 años después, el documento continúa hablando desde sus trazos originales, aunque el alcance jurídico de aquellos antecedentes es interpretado de manera diferente dentro de la actual controversia de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido. #Malvinas #IslasMalvinas #PuertoEgmont #PuertoDeLaCruzada #HistoriaArgentina #HistoriaNaval #ArchivoGeneralDeIndias #AlejoBerlinguero #JuanIgnacioDeMadariaga #PatrimonioHistorico #CartografiaHistorica #HistoriaDelAtlanticoSur #FalklandIslands #PortEgmont #NavalHistory #SpanishNavy #HistoricalMaps #SouthAtlanticHistory #MaritimeHistory #History - Fuentes: Archivo General de Indias, Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Archivo General de la Nación, Bougainville, Historia 396 y Cancillería Argentina. Imagen: plano de 1770 atribuido a Alejo Berlinguero, conservado en el Archivo General de Indias.


7 DE OCTUBRE DE 1950 — LEY PROVINCIAL Nº 1898. - EL DÍA EN QUE SAN RAFAEL SOÑÓ UN TEMPLO PARA LA CIENCIA Y LA MEMORIA: LA LEY DE 1950 QUE QUISO LLEVAR EL PATRIMONIO MENDOCINO AL SUR


En una época en la que los museos eran concebidos no sólo como depósitos de objetos antiguos, sino también como verdaderas aulas abiertas para la formación de las nuevas generaciones, Mendoza dio un paso singular hacia la difusión de la ciencia y la preservación de las tradiciones regionales. El 7 de octubre de 1950 quedó asociada a la sanción de la Ley Provincial Nº 1898, que dispuso la creación en la ciudad de San Rafael de un Museo Educativo de Ciencias Naturales y de Cultura Tradicionalista, bajo la dependencia de la Dirección General de Escuelas. El proyecto tenía además una característica extraordinariamente práctica: el nuevo establecimiento comenzaría a organizarse aprovechando ejemplares duplicados y materiales excedentes del Museo Juan Cornelio Moyano de la ciudad de Mendoza, permitiendo que parte del patrimonio científico provincial llegara al sur mendocino y pudiera utilizarse con fines educativos. La propia norma contemplaba además que, cuando los recursos económicos lo permitieran, se formaría una biblioteca anexa dependiente del museo, ampliando aquel proyecto desde la exhibición de colecciones hacia la consulta, el estudio y la divulgación del conocimiento. La iniciativa adquiere mayor dimensión si recordamos que el Museo Juan Cornelio Moyano tenía una larga tradición vinculada con la educación pública: su antecedente institucional moderno, el Museo Central Regional, había sido creado el 15 de abril de 1911 por Resolución Nº 69 de la Dirección General de Escuelas, desarrollando con el paso de las décadas importantes colecciones de zoología, botánica, geología, paleontología, arqueología y antropología; en la actualidad su acervo ronda las 150.000 piezas. Sin embargo, existe una precisión histórica fundamental: aquel Museo Educativo proyectado por la Ley Nº 1898 no debe confundirse automáticamente con el actual Museo Municipal de Historia Natural “Dr. Humberto A. Lagiglia” de San Rafael. La historia institucional publicada por la Municipalidad señala que el museo sanrafaelino que llegó hasta nuestros días surgió de una iniciativa juvenil desarrollada desde 1955 por estudiantes del Colegio Nacional Manuel Ignacio Molina, encabezados por Humberto Lagiglia; fue inaugurado en 1956, atravesó diferentes sedes, adquirió carácter municipal en la década de 1970 y desde 1983 se estableció en el Parque Mariano Moreno. En marzo de 2023 aquel histórico espacio fue profundamente renovado y ampliado, incorporando sectores dedicados a zoología, botánica, geología, paleontología, arqueología, astronomía y a la historia de San Rafael. Por lo tanto, la Ley Nº 1898 representa un antecedente anterior y extraordinariamente temprano de la intención estatal de dotar a San Rafael de un museo científico, educativo y tradicionalista, aunque con la documentación actualmente disponible no corresponde afirmar que exista una continuidad institucional directa entre aquel proyecto de 1950 y el museo fundado por Lagiglia y sus compañeros cinco años después. La historia todavía ofrece otro giro notable: setenta y cinco años después, la Ley Nº 1898 apareció expresamente entre las antiguas normas mendocinas incorporadas al proceso de depuración legislativa conocido como “Ley Hojarasca”; la Cámara de Diputados la incluyó en agosto de 2025 entre las disposiciones consideradas obsoletas o sin aplicación y ese mismo mes el Senado dio sanción definitiva al paquete de derogaciones. Así, detrás de un número perdido durante décadas en los repertorios legislativos permanece una idea poderosa: llevar las ciencias naturales, la educación, los libros y la memoria cultural más allá de la capital provincial y convertirlos en patrimonio accesible para los habitantes del sur mendocino. Fuentes: La Melesca, Gobierno de Mendoza, Municipalidad de San Rafael, Legislatura de Mendoza y Diario Mendoza. La documentación consultada identifica la creación del museo educativo de San Rafael con la Ley Provincial Nº 1898, aunque algunas fuentes secundarias mencionan por error la Nº 1896. Foto: Museo “Dr. Humberto A. Lagiglia”, fuente Sitio Andino; imagen complementaria del Museo Moyano, Alf Ponce Mercado/MDZ. #Mendoza #SanRafael #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #EfeméridesMendocinas #MuseosDeMendoza #CienciasNaturales #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #MuseoMoyano #HumbertoLagiglia #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #HistoriaLocal #MendozaHistory #SanRafaelHistory #ArgentineHistory #NaturalHistory #CulturalHeritage #MuseumHistory #HistoricalMemory #ArgentinaHeritage #ScienceHistory


CUANDO EL LIMAY ERA FRONTERA DE SILENCIO: LA PATAGONIA DE 1898 ATRAPADA PARA SIEMPRE EN UNA PLACA DE VIDRIO


El 24 de abril de 1898, en una Patagonia que todavía era recorrida por expediciones científicas capaces de pasar semanas entre pampas, ríos y cordilleras, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha junto al río Limay y registró esta extraordinaria escena. La propia placa conserva una identificación manuscrita que permite fecharla sin dudas: “Altwasser am Rio Limay, Pampa”, seguida por “phot. Dr. Leo Wehrli, 24. IV. 1898”. El término alemán “Altwasser” alude a un brazo antiguo, remanso o sector de un cauce anterior asociado al río, de modo que Wehrli no estaba fotografiando simplemente una vista pintoresca del Limay: estaba documentando una forma del paisaje fluvial que tenía interés para sus investigaciones geológicas y geográficas. Ante su cámara quedó una Patagonia casi intacta: en primer plano se extiende una amplia costa pedregosa; el agua, prácticamente inmóvil, dibuja una curva profunda y refleja el cielo; sobre ambas márgenes se levantan espesos grupos de vegetación ribereña, mientras que detrás aparece la inmensidad abierta de la pampa. No hay edificios, caminos visibles ni poblaciones que interrumpan el horizonte. La imagen pertenece a una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 × 10 centímetros y hoy se conserva en el Bildarchiv de la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo la signatura ETH-Bibliothek_Dia_247-01412. Su archivo digital posee 3.504 × 2.818 píxeles y la institución describe precisamente la escena como una “orilla fluvial cubierta de vegetación”. Wehrli, nacido en Aarau en 1870, se había formado en geología en la ETH de Zúrich y llegó a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. Durante la gran campaña de 1897-1898 recorrió una enorme región de los Andes argentino-chilenos, Nahuel Huapi, Lácar, el Limay y el Collón Curá, realizando observaciones geológicas, mediciones y fotografías destinadas al estudio científico de territorios que todavía estaban siendo cartografiados con extraordinario detalle. Su propio informe de la expedición, publicado en la Revista del Museo de La Plata, explica que aquel viaje había comenzado en noviembre de 1897 y que los trabajos se concentraron en torno a los paralelos 40° y 41° sur. La fotografía que vemos pertenece precisamente a esa campaña y forma parte de una secuencia excepcional: el 25 de abril de 1898, apenas un día después de esta toma, Wehrli volvió a fotografiar el río en otra placa titulada “Rio Limay, aufwärts” —“Río Limay, aguas arriba”—, demostrando que continuaba avanzando y documentando sistemáticamente su recorrido por el valle. Más de 128 años después, esta imagen permite contemplar algo mucho mayor que un antiguo paisaje: nos enfrenta al Limay anterior a las grandes transformaciones del siglo XX, cuando sus aguas atravesaban la estepa sin los grandes embalses hidroeléctricos que posteriormente modificarían extensos sectores de su curso. El río nace en el extremo oriental del lago Nahuel Huapi, avanza hacia el nordeste y, tras aproximadamente 400 kilómetros, se une al Neuquén para formar el río Negro. Aquella mañana de abril de 1898, sin embargo, para Wehrli era todavía un inmenso laboratorio natural: agua, gravas, vegetación, terrazas, antiguos cauces y una pampa aparentemente interminable. Y fue allí, frente a ese silencioso brazo del Limay, donde una pequeña placa de vidrio consiguió conservar para nosotros un fragmento irrepetible de la Patagonia del siglo XIX. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, fichas Dia_247-01412 y Dia_247-01413; Revista del Museo de La Plata y SEDICI. Fotografía: Leo Wehrli, río Limay, 24/04/1898. Imagen: Wikimedia Commons / ETH-Bibliothek, licencia CC BY-SA 4.0. #RíoLimay #Patagonia #PatagoniaArgentina #LeoWehrli #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #Neuquén #RíoNegro #NahuelHuapi #HistoriaDeLaPatagonia #ArchivoHistórico #Exploradores #SigloXIX #LimayRiver #PatagoniaHistory #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #HistoricalArchive #ExplorationHistory #GlassSlide #ETHLibrary

UNA TIERRA QUE ALGUNA VEZ FUE AGUA: EL ANTIGUO FONDO LACUSTRE AL NORESTE DEL LÁCAR, FOTOGRAFIADO EN 1898


El 6 de abril de 1898, en plena Patagonia andina y cuando gran parte de aquella geografía todavía estaba siendo estudiada científicamente con instrumentos de campaña, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli dirigió su cámara hacia una enorme depresión situada al nordeste del lago Lácar y dejó una imagen excepcional de la historia natural del Neuquén. La propia inscripción manuscrita conservada en la franja inferior de la placa permite identificar con extraordinaria precisión lo que Wehrli quiso registrar: “Alter Seeboden nordöstl. Lacar. II”, expresión alemana que puede traducirse como “Antiguo fondo lacustre al nordeste del Lácar. II”; a continuación figura “phot. Dr. Leo Wehrli” y la fecha “6. IV. 1898”. La fotografía no muestra el lago Lácar propiamente dicho, sino un paisaje que el científico interpretó como huella de una antigua superficie lacustre. Ante la cámara se despliega una extensa llanura de relieve suavísimo, atravesada por pequeñas depresiones y variaciones de vegetación; hacia la izquierda aparece una formación boscosa más compacta, mientras que hacia el centro y la derecha domina el terreno abierto. En el horizonte se levantan largas serranías de perfiles redondeados, con manchas de nieve todavía visibles en sus sectores superiores, componiendo un escenario prácticamente desprovisto de construcciones y que permite observar la región antes de las profundas transformaciones humanas del siglo XX. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata y desarrolló algunas de las investigaciones pioneras sobre la geología de la cordillera argentino-chilena. El 22 de marzo de 1898 ingresó específicamente en la región del Lácar y dedicó numerosas excursiones a estudiar su relieve, sus rocas y su sistema hidrográfico; apenas quince días después tomó esta fotografía. Sus investigaciones fueron publicadas en 1899 en la Revista del Museo de La Plata, donde presentó además un extraordinario croquis topográfico y geológico de la región del lago Lácar, levantado con brújula y barómetro aneroide, en el que distinguió morrenas, terrazas de erosión, depósitos aluviales y sectores interpretados como “ancien lac”, antiguo lago. La fotografía adjunta debe entenderse, por lo tanto, no solamente como una bella panorámica patagónica de hace 128 años, sino como parte de un verdadero registro científico de campo destinado a leer en el paisaje las huellas de antiguos procesos geológicos. Aquellos estudios adquirían además una dimensión política excepcional: la cuenca del Lácar se encontraba entre los territorios discutidos por Argentina y Chile durante la compleja delimitación cordillerana, precisamente porque la disposición de las montañas y de las aguas hacía especialmente difícil aplicar de manera absoluta el criterio de las altas cumbres y el divortium aquarum. Cuatro años después de esta fotografía, el Laudo Arbitral británico de 1902 enumeró expresamente la “hoya del Lago Lacar” entre las regiones sometidas a decisión y terminó adjudicándola a la República Argentina. Así, aquella aparentemente silenciosa llanura fotografiada por Wehrli el 6 de abril de 1898 quedó unida para siempre a la exploración científica, la formación del conocimiento geográfico de la Patagonia y uno de los capítulos decisivos en la definición territorial argentino-chilena. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ficha ETH-Bibliothek_Dia_247-00474, “Alter Seeboden nordöstlich Lacar II”, fotografía de Leo Wehrli, 06/04/1898, diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm, licencia CC BY-SA 4.0; Leo Wehrli, Revista del Museo de La Plata, tomo IX, 1899; estudios biográficos del Museo de La Plata sobre naturalistas suizos; documentación del Laudo Arbitral argentino-chileno de 1902. Autor: Dr. Leo Wehrli (1870–1954). #LagoLácar #Neuquén #SanMartínDeLosAndes #Patagonia #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #Geología #PatagoniaArgentina #HistoriaPatagónica #ArchivoHistórico #LakeLacar #PatagoniaHistory #HistoricalPhotography #ArgentinaHistory #Geology #Andes #Neuquen #MendozAntigua


12 DE MARZO DE 1898 — LAS HUELLAS DE UN NAHUEL HUAPI MÁS EXTENSO: LEO WEHRLI INMORTALIZÓ LAS ANTIGUAS ORILLAS DEL LAGO JUNTO AL RÍO LIMAY


El 12 de marzo de 1898, en una Patagonia que todavía era recorrida por expediciones científicas a caballo y donde cada valle podía revelar una página desconocida de la historia geológica de los Andes, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha frente al río Limay y realizó esta extraordinaria fotografía. La imagen está conservada por la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo el título original alemán “Alte Nahuel Huapi, Uferlinien, am Rio Limay, ob. Juan Jones, von Westen”, que puede traducirse aproximadamente como “Antiguas líneas de costa del Nahuel Huapi, en el río Limay, aguas arriba de Juan Jones, vistas desde el oeste”. La propia inscripción manuscrita que todavía acompaña a la placa despeja cualquier duda sobre su origen: “phot. Dr Leo Wehrli 12.III.1898”, mientras que debajo aparece otro dato fundamental, “col. M. Wehrli-Frey, Zürich 1924”. Es decir, la escena fue fotografiada realmente en 1898, pero los delicados tonos azules, verdes, ocres y rosados que hoy observamos fueron incorporados a la diapositiva en Zúrich veintiséis años después por Margrit Wehrli-Frey. No estamos, por lo tanto, ante una fotografía moderna coloreada digitalmente, sino ante una auténtica diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 centímetros, coloreada manualmente y conservada durante más de un siglo. Al analizar la escena se distingue en primer plano la gran curva del Limay, de aguas intensamente azuladas por la posterior coloración; detrás aparece una extensa franja de terreno casi horizontal y, más arriba, una sucesión de suaves escalones y terrazas que atraviesan las laderas. Precisamente esas formas llamaron la atención del geólogo: eran las “Uferlinien”, las antiguas líneas de ribera que Wehrli relacionaba con niveles anteriores del sistema lacustre del Nahuel Huapi y con la poderosa acción glacial que modeló esta región patagónica. La fotografía posee así un doble valor excepcional: no sólo conserva el aspecto del alto Limay hace casi 130 años, sino también la mirada científica de un investigador que estaba leyendo en el relieve las huellas dejadas por hielos, aguas y antiguos niveles lacustres. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo de la Sección de Exploradores Nacionales del Museo de La Plata y, entre fines de 1897 y 1898, recorrió extensamente el Nahuel Huapi, el Limay y el Lácar realizando observaciones geológicas. Carlos Bruch, compañero suyo durante esta expedición, recordó que permanecieron cerca de dos meses en los alrededores del Nahuel Huapi y que a mediados de marzo avanzaron por el valle del Limay; apenas dos días después de esta fotografía, el 14 de marzo, la expedición cruzaba el río Traful y continuaba hacia el norte. También es reveladora la referencia a “Juan Jones”: las fuentes de finales del siglo XIX ubican allí la estancia de Juan —o Jarred Augusto— Jones, uno de los pobladores tempranos de la región, situada en aquel antiguo valle modelado por procesos glaciares y vinculada a las rutas de viajeros, científicos y expedicionarios que recorrían el extremo oriental del Nahuel Huapi. Más de un siglo después, la imagen permite contemplar algo mucho más profundo que un hermoso paisaje: frente a nosotros están el Limay, las terrazas del antiguo sistema lacustre, la inmensidad casi despoblada de la Patagonia de 1898 y la mirada de un científico que comprendió que aquellas líneas horizontales grabadas sobre las laderas eran, literalmente, cicatrices del tiempo. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ficha ETH-Bibliothek_Dia_247-01359; Revista del Museo de La Plata; estudios históricos de la UNLP sobre Leo Wehrli y documentación vinculada a Francisco P. Moreno y la estancia de Juan Jones. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 12 de marzo de 1898. Diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm, coloreada por Margrit Wehrli-Frey en Zúrich en 1924. Colección ETH-Bibliothek, Zürich. Licencia: CC BY-SA 4.0.


2 DE DICIEMBRE DE 1897 — EL ACONCAGUA ANTES DEL CRISTO REDENTOR: LA CORDILLERA MENDOCINA INMORTALIZADA DESDE LA CUMBRE DE USPALLATA


El 2 de diciembre de 1897, en lo más alto de la cordillera entre Mendoza y Chile, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli apuntó su cámara hacia uno de los paisajes más extraordinarios de los Andes y conservó para siempre una visión del Aconcagua de hace casi 130 años. La fotografía original está catalogada por la ETH-Bibliothek de Zúrich como “Aconcagua, von der Cumbre de Uspallata”, es decir, “Aconcagua, desde la Cumbre de Uspallata”, con el número ETH-Bibliothek_Dia_247-01269. La inscripción manuscrita que todavía puede leerse en la franja inferior de la propia placa confirma los datos fundamentales: “Aconcagua, v. d. Cumbre de Uspallata”, seguida por “phot. Dr. Leo Wehrli, 2.XII.97” y la referencia a la posterior coloración realizada por M. Wehrli-Frey. La escena muestra un profundo corredor cordillerano encerrado entre enormes laderas, crestas rocosas y extensos neveros que descienden irregularmente hacia el fondo del valle, mientras el macizo del Aconcagua domina la distancia. Pero existe un detalle fundamental para interpretar correctamente estos colores: no estamos ante una fotografía originalmente tomada en color en 1897. La pieza conservada es una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 × 10 centímetros y fue coloreada en 1924 por Margrit Wehrli-Frey, esposa del fotógrafo; por eso los azules del cielo, los verdes del fondo del valle, los tonos ocres de las montañas y el blanco de las nieves corresponden a una delicada intervención cromática realizada 27 años después de la toma. El contexto histórico hace que la imagen sea todavía más extraordinaria. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo de la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. En noviembre de 1897 inició una nueva campaña científica: salió de La Plata el día 24 rumbo a Chile pasando por Mendoza y Uspallata; su propio informe publicado posteriormente cuenta que permaneció en Mendoza hasta la mañana del 1 de diciembre y que llegó a Santiago al anochecer del día 2. Por lo tanto, esta fotografía fechada exactamente el 2 de diciembre fue realizada durante aquella histórica travesía de la cordillera. Además, la expresión “Cumbre de Uspallata” no debe interpretarse como una montaña situada junto a la actual villa de Uspallata: era una denominación histórica del Paso de Uspallata o Paso de la Cumbre, el antiguo cruce internacional donde años después se levantaría el Cristo Redentor de los Andes. Cuando Wehrli tomó esta fotografía, el monumento todavía no existía: sería inaugurado recién el 13 de marzo de 1904. La imagen pertenece así a una cordillera anterior al Cristo Redentor y anterior también a la terminación del Ferrocarril Trasandino, que comenzaría a comunicar plenamente Mendoza y Chile en 1910. Existe incluso otra coincidencia formidable: 1897 fue también el año de la primera ascensión registrada a la cima del Aconcagua, alcanzada por el guía suizo Matthias Zurbriggen el 14 de enero. Wehrli fotografió entonces al gigante mendocino apenas unos meses después de aquella conquista que marcó la historia mundial del montañismo. Más de un siglo después, esta pequeña placa de vidrio nos devuelve una Alta Montaña casi intacta, sin rutas modernas, túneles ni infraestructura turística: solamente roca, nieve, silencio y una cámara científica enfrentada a la inmensidad de los Andes. Para ampliar el registro visual también localizamos en Wikimedia Commons la colección de Leo Wehrli sobre Argentina, con centenares de imágenes históricas, y dentro de la colección cordillerana aparece otra fotografía suya titulada “Cristo Redentor, Cumbre de Uspallata”, mientras Memoria Chilena conserva imágenes posteriores del mismo Paso de la Cumbre que permiten comparar cómo fue transformándose aquel histórico corredor internacional. #MendozAntigua #Mendoza #Aconcagua #Uspallata #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #HistoriaDeMendoza #FotografíaHistórica #LeoWehrli #PasoDeLaCumbre #CristoRedentor #Andes #HistoriaArgentina #HistoricPhotography #Aconcagua #UspallataPass #AndesMountains #MendozaHistory #ArgentinaHistory #MountainHistory Fuente principal y crédito fotográfico: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ETH-Bibliothek_Dia_247-01269; fotografía de Leo Wehrli, 2 de diciembre de 1897; coloración de Margrit Wehrli-Frey, Zúrich, 1924; soporte: diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm; licencia de la digitalización publicada: CC BY-SA 4.0. Contexto histórico contrastado con el informe original de Leo Wehrli en la Revista del Museo de La Plata, investigaciones de UBA-CONICET sobre las campañas geológicas de 1897, Instituto Geográfico Nacional y Gobierno de Mendoza.

ENTRE DOS NACIONES, BAJO EL BOSQUE ANDINO: EL HITO DEL PASO PÉREZ ROSALES QUE MARCABA LA FRONTERA ARGENTINO-CHILENA EN 1938


En medio de un bosque cordillerano tan espeso que casi parece devorar la presencia humana, un esbelto hito metálico emerge sobre un montículo de piedras y deja ver en su parte superior una sola palabra: “ARGENTINA”. La extraordinaria imagen fue tomada en 1938 por el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli y hoy forma parte del Archivo de Imágenes de la ETH-Bibliothek de Zúrich, donde está catalogada con el número ETH-Bibliothek_Dia_247-11362 bajo el título “Hito – Grenzstein Argentina-Chile”. “Grenzstein” significa precisamente piedra o mojón fronterizo. La pieza original no es una fotografía en color moderna: se trata de una diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 centímetros y el propio catálogo de la ETH señala que fue coloreada por Margrit Wehrli-Frey, esposa del fotógrafo, lo que explica los intensos amarillos, verdes y azules que convierten la escena en una verdadera ventana cromática a la Patagonia de hace casi noventa años. La ficha de la ETH solamente indica como lugar representado Chile y Argentina, pero una investigación de la secuencia fotográfica permite avanzar mucho más en su identificación: inmediatamente antes aparece la fotografía Nº 11361, tomada entre los grandes árboles del bosque situado sobre Casa Pangue, en territorio chileno, y justo después, con el Nº 11363, comienza la serie de imágenes del hotel de Laguna Frías, ya en territorio argentino. Entre Casa Pangue y Laguna Frías se encuentra precisamente el histórico Paso Pérez Rosales, por lo que la secuencia del viaje de Wehrli sitúa con enorme solidez este hito en ese antiguo cruce internacional. Existe además una confirmación independiente extraordinaria: el Museo Histórico Nacional de Chile conserva otra fotografía titulada simplemente “El Hito”, realizada por Foto Mora en 1930, cuya descripción oficial lo identifica expresamente como el hito fronterizo entre Chile y Argentina del Paso Pérez Rosales, en Llanquihue.  El lugar tenía una importancia histórica que iba mucho más allá de señalar dónde terminaba un país y comenzaba el otro. El Paso Pérez Rosales vinculaba Peulla y el lago Todos los Santos, en Chile, con Laguna Frías, Puerto Blest y el Nahuel Huapi, en la actual provincia de Río Negro, y durante décadas fue una de las grandes puertas naturales de comunicación a través de los Andes. Incluso el histórico Laudo Arbitral británico de 1902, que resolvió importantes divergencias limítrofes entre Argentina y Chile, lo mencionó de manera explícita: estableció que el Paso Pérez Rosales era la terminación austral del límite ya convenido al norte del Nahuel Huapi y dejó asentado que allí “ha sido erijido un hito”; desde ese punto, la frontera debía continuar hacia el sur siguiendo la división de aguas hasta el monte Tronador. La imagen de Wehrli adquiere todavía más fuerza cuando se la compara con un testimonio escrito veinte años anterior. En su célebre recorrido por los lagos andinos de 1916, la periodista y viajera argentina Ada María Elflein relató el trayecto desde Peulla hasta Casa Pangue y describió cómo el camino se internaba en el Paso Pérez Rosales, atravesando bosques y ascendiendo hacia la frontera. Al divisar el hito entre los árboles, una de sus compañeras exclamó: “¡ya estamos en casa!”. Su descripción del mojón apareciendo entre la vegetación coincide de manera notable con el paisaje que décadas después registraría Wehrli.  Leo Wehrli no era un visitante cualquiera de aquellas montañas: nacido en Aarau, Suiza, en 1870, había llegado a la Argentina en 1896 como geólogo de la Sección de Exploradores Nacionales del Museo de La Plata y participó durante los años siguientes en extensas campañas geológicas por la cordillera argentino-chilena, incluyendo sectores de San Rafael, el Nahuel Huapi y los Andes patagónicos; cuarenta años después regresó a la Argentina y en 1938 volvió a fotografiar aquellos territorios.  Así, esta imagen aparentemente sencilla contiene varias capas de historia: la definición de una frontera internacional, los antiguos caminos entre Chile y la Patagonia argentina, las expediciones científicas de fines del siglo XIX, el nacimiento del turismo cordillerano y la mirada de un explorador que regresó décadas después con su cámara. El hito solitario, rodeado por árboles gigantes y apoyado sobre una humilde pirca de piedras, no era solamente una señal geográfica: era el punto exacto donde dos países se tocaban en el corazón del bosque andino. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 1938. Coloración original de la diapositiva: Margrit Wehrli-Frey. Colección ETH-Bibliothek, Zúrich, Nº Dia 247-11362. Imagen original en alta resolución: . Otra fotografía histórica del mismo hito, fechada en 1930, se conserva en el Museo Histórico Nacional de Chile: . #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #PasoPérezRosales #Patagonia #RíoNegro #Bariloche #LagoFrías #Peulla #CordilleraDeLosAndes #FronteraArgentinaChile #FotografíaHistórica #LeoWehrli #PatagoniaHistórica #ArchivoFotográfico #HistoriaPatagónica #ArgentinaChile #HistoricalPhotography #PatagoniaHistory #AndesMountains #ArgentinaChileBorder #BorderMarker #HistoricArgentina #HistoricChile #AndeanHistory

1904: CUANDO LOS CAÑAVERALES ESCUCHARON LA VOZ OBRERA — VILLARPANDO FRENTE A LOS TRABAJADORES DE TUCUMÁN


Esta extraordinaria fotografía no representa una reunión rural cualquiera: registra uno de los momentos más tempranos y mejor documentados de la organización de los trabajadores azucareros tucumanos. Fue tomada en Los Garcías, departamento Cruz Alta, el jueves 4 de agosto de 1904, durante una asamblea convocada por el Centro de Los Garcías de la Unión General de Trabajadores. Dos días antes, Manuel F. Villarpando, delegado inspector de la UGT, había firmado una invitación llamando a socios y adherentes a reunirse a la una de la tarde en la casa de Pedro Pérez para decidir qué actitud adoptar ante el incumplimiento de los acuerdos alcanzados con los propietarios de ingenios y discutir la eventual intervención del dirigente obrero Adrián Patroni. En medio de aquel escenario apareció Juan Bialet Massé, enviado por el Gobierno nacional para estudiar las condiciones de vida y de trabajo en el interior argentino. Su testimonio permite reconstruir la escena con una precisión excepcional: el encuentro se desarrolló en un patio rodeado por tres ranchos y junto al camino que pasaba frente al ingenio Paraíso; Bialet calculó la presencia de hasta 250 hombres, además de 22 mujeres y unos diez o doce muchachos. En el centro estaba Villarpando, tipógrafo, militante del movimiento socialista tucumano y figura destacada de la movilización azucarera de 1904. Ante los trabajadores habló de organización, solidaridad, participación en las reuniones, mejores salarios y reducción de la jornada laboral. Bialet observó que el conflicto inmediato tenía relación con retrasos en los pagos y con el incumplimiento del compromiso de abonar los jornales en dinero, mientras algunos establecimientos sí habían pagado puntualmente en billetes nacionales. La imagen adquiere todavía mayor valor porque sabemos quién accionó la cámara: el propio Bialet Massé escribió después de describir la reunión que él había tomado la instantánea que acompañaba su informe. En la edición de su monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República la fotografía quedó identificada con el contundente epígrafe “El compañero Villarpando dando una conferencia en Los Garcías”. Aquella reunión se produjo en plena agitación de 1904, cuando la protesta iniciada entre trabajadores de los ingenios de Cruz Alta se extendió por la zona azucarera tucumana y fortaleció una red de centros obreros vinculados con la UGT. Investigaciones históricas recientes consideran ese proceso la primera gran huelga del proletariado azucarero tucumano y señalan a Manuel Villarpando como uno de sus principales dirigentes junto con Adrián Patroni. Más de 120 años después, aquellos hombres, mujeres y niños reunidos entre ranchos y cañaverales permanecen inmóviles en la fotografía, pero la escena conserva toda su fuerza: frente a una de las industrias más poderosas de la Argentina de comienzos del siglo XX, los trabajadores empezaban a descubrir que reunirse, debatir y organizarse también podía convertirse en una forma de poder. Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, tomo II, 1904; Biblioteca del Ministerio de Trabajo; Proyecto Bialet; estudios de Hebe Vessuri, Santiago Bilbao, Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera. La convocatoria fue fechada el 2 de agosto y la reunión se realizó el 4 de agosto de 1904. Autor de la fotografía: Juan Bialet Massé, 1904.  #Tucumán #HistoriaArgentina #BialetMassé #ManuelVillarpando #LosGarcías #CruzAlta #TrabajadoresAzucareros #HistoriaDelTrabajo #MovimientoObrero #IndustriaAzucarera #HuelgaDe1904 #MemoriaHistórica #FotografíaHistórica #Argentina1904 #SugarWorkers #LaborHistory #ArgentineHistory #TucumanHistory #WorkingClassHistory #HistoricPhotography

7 DE OCTUBRE DE 1830 — EL DOCUMENTO QUE QUISO REESCRIBIR LA HISTORIA DE LA BANDERA DE LOS ANDES… Y TERMINÓ BAJO SOSPECHA


El 7 de octubre de 1830 quedó fechado uno de los documentos más intrigantes y polémicos relacionados con la Bandera del Ejército de los Andes: un extenso informe firmado por Gregorio Puebla y dirigido al entonces gobernador de Mendoza, coronel José Videla Castillo. La pieza, que recién cobró notoriedad en 1963, estaba compuesta por seis hojas que parecían haber sido arrancadas de un libro de actas y ofrecía una versión extraordinariamente minuciosa sobre el nacimiento de la histórica enseña sanmartiniana. Según aquel relato, la iniciativa habría comenzado en agosto de 1816 en el ámbito de la familia Corvalán Sotomayor; la tela se habría adquirido en el recordado paraje del “Cariño Botao” y la confección habría comenzado en septiembre para finalizar en diciembre. Pero el aspecto más revolucionario del manuscrito era otro: concedía un papel fundamental a tres religiosas del Monasterio de la Buena Enseñanza —María de las Nieves Godoy, Andrea de los Dolores Espínola y María del Carmen del Niño Dios Correas— y desplazaba parcialmente la tradicional imagen de las Patricias Mendocinas como únicas protagonistas del bordado. Puebla llegaba incluso a describir joyas, piedras preciosas, dimensiones, costos y detalles de la ornamentación de la bandera, construyendo un relato tan preciso que parecía destinado a modificar una de las historias más conocidas de la gesta sanmartiniana. Sin embargo, allí comenzó el verdadero misterio. El prestigioso historiador mendocino Esteban Fontana sometió el escrito a una rigurosa crítica documental en su investigación “Comprobaciones críticas acerca de un inédito documento sobre la Bandera de los Andes” y detectó graves problemas en torno a su autenticidad; investigaciones posteriores vinculadas a la Junta de Estudios Históricos de Mendoza han señalado que el documento de Puebla sería fraguado o apócrifo, aunque contiene numerosos datos verosímiles y abrió nuevas líneas de investigación sobre la verdadera participación de las religiosas. El caso se vuelve todavía más fascinante porque Fontana localizó en el diario mendocino El Ferrocarril, del 3 de diciembre de 1889, una referencia a una supuesta carta de San Martín a la priora de la Buena Enseñanza que atribuía a las monjas participación en el bordado; aquella carta original se habría extraviado décadas después, por lo que tampoco constituye hoy una prueba documental directa disponible para su examen. La investigación histórica moderna obliga entonces a separar dos cuestiones: que el manuscrito atribuido a Gregorio Puebla resulte sospechoso no demuestra que las religiosas no hayan participado, del mismo modo que los relatos tradicionales sobre las Patricias tampoco pueden aceptarse sin crítica. De hecho, estudios posteriores y hasta la interpretación institucional actualmente difundida en Mendoza reconocen una intervención conjunta de damas mendocinas y religiosas en distintos aspectos de la confección y ornamentación de la enseña. Así, el documento fechado aquel 7 de octubre de 1830 terminó adquiriendo un valor histórico inesperado: quizá no sea una ventana transparente hacia 1816, pero sí constituye un extraordinario ejemplo de cómo se construye, se discute y se corrige la memoria histórica. Más de dos siglos después de la creación de la Bandera de los Andes, todavía persiste una pregunta capaz de apasionar a historiadores y mendocinos: ¿quiénes fueron realmente las manos que cosieron y bordaron el símbolo que acompañó al Ejército Libertador a través de la Cordillera? Fuentes consultadas: Esteban Fontana, “Comprobaciones críticas acerca de un inédito documento sobre la Bandera de los Andes”, Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, 2ª época, Nº 5, 1968, desde p. 155; registros bibliográficos de la Academia Nacional de la Historia; Junta de Estudios Históricos de Mendoza; Gobierno de Mendoza, Memorial de la Bandera; Los Andes, investigaciones históricas sobre la Bandera de los Andes y el documento de Gregorio Puebla. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #BanderaDeLosAndes #EjércitoDeLosAndes #JoséDeSanMartín #GregorioPuebla #EstebanFontana #PatriciasMendocinas #CompañíaDeMaría #MonasterioDeLaBuenaEnseñanza #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #SanMartin #ArmyOfTheAndes #FlagOfTheAndes #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalResearch #SouthAmericanHistory

13 DE NOVIEMBRE DE 1971: EL DÍA EN QUE SAN RAFAEL CONSAGRÓ A SUS INGENIEROS ANTE TODA LA NACIÓN


El sábado 13 de noviembre de 1971, San Rafael vivió una jornada decisiva para la historia de su educación superior. La entonces Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria celebró su primera colación de grados con títulos de validez nacional para las carreras de Ingeniería en Industrias de la Alimentación e Ingeniería en Petroquímica y Mineralurgia. La precisión es importante: la institución ya había tenido sus primeros ingenieros egresados en 1968, pero aquel acto de 1971 significó la consagración oficial de sus títulos con reconocimiento en todo el país. La casa de estudios había nacido en 1961 como Instituto Tecnológico Superior de San Rafael y en 1964 se había convertido en Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, respondiendo a una necesidad concreta del sur mendocino: formar profesionales vinculados con la producción de alimentos, la agroindustria, el petróleo y la actividad química. La ceremonia reunió a importantes autoridades nacionales, provinciales y departamentales. La mesa académica estuvo presidida por el ministro de Cultura y Educación de la Nación, Dr. Gustavo Malek, acompañado por el ministro de Gobierno de Mendoza, contador Sergio A. Ferraris; el intendente de San Rafael, Luis Huerta; y el decano organizador de la Facultad, ingeniero Roberto Marín, entre otras autoridades. Durante aquella visita, Malek fue además declarado huésped de honor del departamento. Tras el ingreso de la bandera de ceremonias y la interpretación del Himno Nacional Argentino, actuó el recordado Coro Andino Pehuenche. En nombre de los egresados habló el ingeniero Fernando Freire, presidente del Centro de Estudiantes, organización que había participado activamente en la lucha por conseguir la validez nacional de los títulos, reclamo que incluso produjo una de las primeras grandes manifestaciones universitarias de San Rafael y recibió un fuerte respaldo de la comunidad. Malek destacó durante su intervención la trascendencia de aquellos primeros diplomas reconocidos nacionalmente y puso especial énfasis en la productividad del país y en la capacidad de los nuevos ingenieros para intervenir en la producción de alimentos. La fotografía conserva precisamente aquel instante: autoridades, docentes y representantes institucionales de pie frente a una extensa mesa académica, en una ceremonia que representaba mucho más que una entrega de diplomas. Era la culminación de una década de esfuerzos para instalar enseñanza universitaria especializada en el sur de Mendoza y el comienzo de una nueva etapa para una institución que, después de atravesar cierres y reaperturas, terminaría incorporándose formalmente a la Universidad Nacional de Cuyo en 1993. Más de medio siglo después, aquella imagen sigue siendo el testimonio de una jornada en la que San Rafael consiguió que la formación de sus ingenieros trascendiera las fronteras provinciales y adquiriera reconocimiento en toda la República Argentina. Fuentes: FCAI–UNCuyo; Adriana Aída García (dir.), Encuentro de saberes. 1939-2017, EDIUNC, 2017, p. 232; Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, Diario de Sesiones, 25/08/2021. Fotografía: archivo histórico reproducido por UNCuyo/EDIUNC; autor no consignado. #MendozAntigua #Mendoza #SanRafael #HistoriaDeMendoza #FCAI #UNCuyo #EducaciónPública #Universidad #Ingeniería #Ingenieros #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #MemoriaMendocina #SanRafaelMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalPhotography #UniversityHistory #EngineeringHistory #PublicEducation

🗳️📜 7 DE OCTUBRE DE 1883: CUANDO MENDOZA PUSO EL CUERPO EN EL PADRÓN — EL REGISTRO ELECTORAL QUE ANOTABA PIEL, OJOS Y ESTATURA. (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1883 quedó fechado en Mendoza un documento capaz de sorprender incluso a quienes conocen la historia electoral argentina: una inscripción del Registro Cívico realizada en el entonces Departamento del Rosario —territorio que corresponde al actual Lavalle— en la que los ciudadanos electores eran registrados no solamente mediante datos personales y sociales, sino también a través de características físicas. La pieza puede localizarse con una precisión extraordinaria en el Archivo Histórico de Mendoza: Carpeta 575 bis, Documento 75, bajo el título “Inscripción provincial del Registro Cívico Nacional practicada en Depto. del Rosario”. Su importancia fue señalada por los investigadores Diego Escolar y Leticia Saldi, quienes comprobaron que aquel formulario consignaba color de piel, color de ojos y estatura, además de profesión, edad y capacidad de lectura y escritura. Todavía más llamativo: según su análisis, los datos corporales representaban aproximadamente la mitad de los indicadores incluidos en la grilla. No era, por lo tanto, un simple listado de nombres habilitados para participar de la vida política, sino una verdadera ficha descriptiva de los electores en la que el Estado también convertía el aspecto físico en información administrativa. El contexto vuelve al documento aún más revelador. En Mendoza, la inscripción en el Registro Cívico había sido establecida desde 1864 como paso indispensable para poder sufragar, de modo que esta pieza de 1883 formaba parte de una maquinaria electoral que ya llevaba casi dos décadas de desarrollo. Escolar y Saldi destacan además una paradoja histórica notable: mientras la Argentina avanzaba en la construcción de un Estado moderno y proclamaba una ciudadanía liberal, determinados registros mendocinos continuaban utilizando clasificaciones físicas y socio-biológicas que recordaban antiguas formas de identificar y diferenciar a la población. En documentos civiles y eclesiásticos de aquellos años reaparecieron referencias al “color”, con denominaciones variables según las personas y los lugares, demostrando que aquellas categorías estaban lejos de haber desaparecido completamente de las prácticas burocráticas del siglo XIX. El escenario tampoco es menor: aquel “Departamento del Rosario” era el nombre que entonces llevaba el actual Lavalle, creado como departamento en 1859 y profundamente vinculado a la historia de las comunidades de Huanacache y del norte mendocino. Así, una hoja confeccionada hace 143 años permite observar simultáneamente la historia electoral, social y administrativa de Mendoza y descubrir hasta qué punto el Estado pretendía describir a quienes incorporaba a sus registros. Hoy sabemos exactamente dónde buscar el original que puede convertir esta efeméride en una publicación documental excepcional para MendozAntigua: Archivo Histórico de Mendoza, Carpeta 575 bis, Documento 75.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #7DeOctubre #RegistroCívico #Elecciones #ArchivoHistórico #Lavalle #DepartamentoDelRosario #SigloXIX #HistoriaPolítica #PatrimonioDocumental #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #ElectoralHistory #HistoricalDocuments #19thCentury #PoliticalHistory #HistoricalArchives. Fuente: Archivo Histórico de Mendoza, Carp. 575 bis, Doc. 75; Diego Escolar y Leticia Saldi, CONICET, 2018; Gabriela García Garino, UBA; Gobierno de Mendoza.

1904 — LAS DOS LAVANDERAS MÁS VIEJAS DE SAN LUIS: LOS ROSTROS DE UN OFICIO DURO QUE LA HISTORIA CASI DEJÓ EN EL OLVIDO


En 1904, dos mujeres puntanas quedaron inmortalizadas en una de las fotografías sociales más conmovedoras de comienzos del siglo XX. La imagen no es una escena anónima ni una fotografía costumbrista sin contexto: apareció en el monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, elaborado por Juan Bialet Massé por encargo del ministro del Interior Joaquín V. González durante la presidencia de Julio Argentino Roca. En el índice original fue registrada con un título extraordinariamente directo: “San Luis.—Las dos lavanderas más viejas del pueblo”. Más de 120 años después, aquellas mujeres continúan mirándonos desde un paisaje de árboles, tierra y modestia, convertidas sin proponérselo en protagonistas de la historia del trabajo argentino. La fuerza de la fotografía aumenta cuando se lee lo que Bialet Massé observó personalmente en San Luis. Señaló que el trabajo femenino estaba mal remunerado y visitó a lavanderas y planchadoras para conocer sus condiciones de vida. Describió un oficio realizado con recursos mínimos: una batea colocada bajo un árbol o unas ramas, latas reutilizadas para hervir la ropa sobre un fogón formado por unas pocas piedras y una sencilla mesa de álamo. La ropa se tendía incluso sobre los cercos, cuyas espinas podían agujerearla o desgarrarla. Muchas de aquellas trabajadoras eran mujeres criollas que vivían en ranchos humildes, generalmente con pequeñas parcelas de terreno; quienes alquilaban podían pagar entre tres y cinco pesos mensuales. Por el lavado recibían aproximadamente entre 1,20 y 1,30 pesos la docena, sin que se les proporcionaran los elementos necesarios para realizar la tarea. Aquella economía doméstica, invisible para gran parte de la sociedad, sostenía hogares enteros a fuerza de agua, fuego, jabón, frío, calor y horas interminables de trabajo. La fotografía formó parte del conjunto de imágenes incorporado al segundo recorrido de Bialet Massé en 1904, un registro excepcional que documentó trabajadores, talleres, ferrocarriles, bodegas, ingenios y actividades productivas de distintas provincias. El mismo corpus conserva otra escena puntana titulada “Taller de lavado. San Luis”, donde puede apreciarse la extraordinaria precariedad de aquellos espacios de trabajo. El valor de estas imágenes trasciende ampliamente lo fotográfico: son testimonios directos de mujeres cuyos nombres quizá nunca llegaron a los grandes libros de historia, pero cuyo esfuerzo cotidiano formó parte de la construcción económica y social de la Argentina. Hoy, aquellas “dos lavanderas más viejas del pueblo” vuelven a ocupar el lugar que les corresponde: frente a nuestros ojos y dentro de nuestra memoria colectiva. Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, 1904; Proyecto Bialet y Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fotografía: Rosich (S. C. Rosich).  #SanLuis #HistoriaArgentina #Lavanderas #MujeresTrabajadoras #JuanBialetMassé #FotografíaAntigua #Argentina1904 #MemoriaHistórica #HistoriaSocial #PatrimonioFotográfico #Trabajadoras #HistoriaDelTrabajo #OldArgentina #HistoricPhotography #WorkingWomen #LaundryWorkers #ArgentineHistory #SocialHistory #WomenAtWork #HistoricalMemory

🔥💃👮‍♂️ MENDOZA, 7 DE OCTUBRE DE 1867: CUANDO LA POLICÍA REMATABA EL DERECHO A ABRIR CASAS DE BAILE Y EL DIARIO DENUNCIABA SUS NOCHES DE JUEGO, ALCOHOL Y RIÑAS (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Una sorprendente disposición policial nos abre una ventana directa a la vida nocturna y a las costumbres populares de la Mendoza del siglo XIX. Un aviso fechado en la ciudad el 7 de octubre de 1867 y firmado por Deoclecio E. García anunciaba el remate del derecho correspondiente a cuatro “casas de baile”: dos destinadas al Departamento de Ciudad y otras dos al 1.º y 2.º de Campaña. La concesión sería válida únicamente durante lo que restaba de aquel año y existía una condición reveladora del control que ejercía la autoridad: los cuatro establecimientos debían guardar una distancia conveniente entre sí y su ubicación quedaba sometida a la intervención de la Policía. No se trataba, por lo tanto, simplemente de permitir una fiesta, sino de un sistema en el que determinadas diversiones populares estaban sujetas a permisos, fiscalización y explotación mediante remate, convirtiendo el entretenimiento nocturno también en una fuente de recursos públicos. La documentación de ese mismo año demuestra que las llamadas licencias de baile efectivamente producían ingresos: en San Vicente, actual Godoy Cruz, una rendición administrativa de julio de 1867 registró 14 pesos provenientes de esas autorizaciones. Pero la historia adquiere todavía mayor fuerza apenas tres días después. El 10 de octubre El Constitucional publicó una durísima crítica contra las “licencias de bailes” y cuestionó que el propio Estado obtuviera ingresos autorizando establecimientos que el periódico asociaba, desde la mirada moral y social de su época, con el juego, la embriaguez, las peleas, los escándalos y otras conductas consideradas peligrosas. Ese lenguaje debe leerse también como testimonio de los prejuicios y las jerarquías sociales del siglo XIX: el diario dirigía buena parte de sus acusaciones contra los sectores populares y reclamaba que la autoridad actuara como reguladora de la moral pública. El episodio todavía tendría otro capítulo. El 12 de octubre se informó que el remate de las dos casas que debían funcionar en la ciudad no había podido concretarse y la Policía prorrogó la convocatoria hasta el día 15, a las doce, en su propia oficina. Así, detrás de un aparentemente pequeño aviso administrativo aparece toda una Mendoza desconocida: noches de baile, permisos oficiales, dinero, vigilancia policial, distancias obligatorias entre establecimientos, debates sobre moralidad y una prensa que cuestionaba abiertamente al poder por beneficiarse de aquello que al mismo tiempo pretendía controlar. El documento cobra aún más valor porque El Constitucional fue una de las publicaciones fundamentales de la Mendoza decimonónica; en 1867 aparecía los martes, jueves y sábados y su colección constituye hoy parte del patrimonio documental resguardado por la Biblioteca Pública General San Martín. El Gobierno de Mendoza señala que las colecciones de El Constitucional y El Debate fueron declaradas patrimonio cultural provincial mediante el Decreto 2121 de 1999. Más de un siglo y medio después, aquellas páginas permiten escuchar algo que rara vez aparece en las grandes historias políticas: el ruido de las noches mendocinas, los bailes de los sectores populares y el intento del Estado de reglamentar —y recaudar sobre— una parte de aquella diversión. FUENTE: El Constitucional, Mendoza, octubre de 1867: aviso policial del 7 de octubre; “Licencias de bailes”, 10/10/1867, Nº 3.954, p. 2; y aviso policial publicado el 12/10, Nº 3.955, p. 1. Colección conservada en la Biblioteca Pública General San Martín y digitalizada por la UNCuyo. FOTO: Imagen ilustrativa de la Mendoza del siglo XIX. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #7DeOctubre #1867 #CasasDeBaile #HistoriaSocial #VidaCotidiana #PolicíaDeMendoza #ElConstitucional #SigloXIX #HistoriaArgentina #ArchivoHistorico #PrensaHistorica #MemoriaMendocina #MendozaHistory #ArgentineHistory #SocialHistory #19thCentury #DanceHistory #HistoricalNewspapers

EL MAPA QUE CONGELÓ A MENDOZA ANTES DE LA CATÁSTROFE: EL EXTRAORDINARIO “PLAN VON MENDOZA” DE BURMEISTER, 1858


Apenas tres años antes del terremoto del 20 de marzo de 1861 que arrasaría la antigua ciudad, el sabio prusiano Carlos Germán Conrado Burmeister —más conocido en la Argentina como Germán Burmeister— dejó uno de los testimonios cartográficos más extraordinarios de la Mendoza desaparecida. Durante su permanencia en la provincia entre 1857 y 1858 realizó observaciones sobre su geografía, naturaleza, sociedad y estructura urbana, y de aquel trabajo sobrevivieron dos planos originales que décadas después fueron donados por sus descendientes al Museo del Área Fundacional. Uno de ellos es el célebre “Plan von Mendoza”, difundido habitualmente como de 1858 y catalogado en trabajos académicos hacia 1858-1859: un verdadero retrato de la ciudad en vísperas de su destrucción. El plano posee una característica particularmente llamativa: Burmeister colocó el norte hacia arriba, siguiendo la convención cartográfica europea, mientras numerosos planos históricos mendocinos habían representado tradicionalmente el norte hacia la derecha, haciendo que la ciudad apareciera de manera apaisada. Sobre aquella extensa cuadrícula de calles y manzanas, Burmeister señaló edificios, establecimientos y espacios esenciales de la Mendoza decimonónica. Hacia el norte aparece destacado en sepia el sector del Cuartel de Artillería, relacionado con el espacio que hoy ocupa la Plaza Cobo; en azul sobresale Santo Domingo Soriano; hacia el oeste se extiende en verde la histórica Alameda, uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad; en amarillo aparece la denominada Manzana Agustina, vinculada entonces con la Biblioteca Pública; y hacia el sur, marcada en rojo, la histórica Manzana Mercedaria. Del lado oriental, una línea turquesa acompaña la llamada “Acequia de la Ciudad”, es decir, el gran canal o Zanjón Cacique Guaymallén, elemento decisivo para comprender el crecimiento y la organización territorial de aquella Mendoza. El investigador Daniel Schávelzon, quien estudió los originales conservados por el Museo del Área Fundacional, señaló además que el plano de la ciudad presenta tachaduras, correcciones, sectores incompletos y una referencia de 23 edificios o lugares, detalles que revelan que estamos frente a un documento de trabajo realizado directamente durante las observaciones de Burmeister y no simplemente ante una copia posterior. Su valor histórico es inmenso: muestra la trama urbana, los edificios religiosos, los cuarteles, los sistemas de riego y los límites de una ciudad que todavía conservaba gran parte de su estructura colonial y que, muy poco después, dejaría de existir tal como él la había conocido. Mirar hoy este “Plan von Mendoza” significa recorrer desde el papel una ciudad perdida: la Mendoza de adobe, acequias, conventos, plazas y alamedas que Burmeister alcanzó a registrar antes de que el terremoto de 1861 dividiera para siempre su historia en un antes y un después. Fuentes: Daniel Schávelzon, “Los planos de Mendoza de Germán Burmeister” (1998); Universidad Nacional de Cuyo; Museo del Área Fundacional; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza y estudios históricos de la Orden de Predicadores. Autor del plano: Carlos Germán Conrado “Germán” Burmeister. Original conservado en el Museo del Área Fundacional (MAF).  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #PlanVonMendoza #GermánBurmeister #ConradoBurmeister #MuseoDelÁreaFundacional #ÁreaFundacional #CiudadVieja #CartografíaHistórica #PatrimonioMendocino #TerremotoDe1861 #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricMaps #HistoricalCartography #ArgentinaHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage


7 DE OCTUBRE DE 1834 — EL DÍA EN QUE MENDOZA DECLARÓ QUE SU FRONTERA SUR LLEGABA HASTA EL OCÉANO ATLÁNTICO (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1834 quedó asentada en el Registro Ministerial de Mendoza una de las declaraciones territoriales más sorprendentes de la historia provincial: en medio de la construcción de los nuevos Estados provinciales surgidos tras la disolución del poder central, las autoridades mendocinas intentaron fijar jurídicamente hasta dónde alcanzaba su jurisdicción y establecieron que, hacia el sur, la frontera llegaba nada menos que al océano Atlántico. El documento es real y posee respaldo archivístico concreto: el historiador Hernán David Bransboin, de la Universidad de Buenos Aires, lo identificó directamente como A.H.M., Registro Ministerial, 07/10/1834, y reprodujo el pasaje decisivo de aquella resolución: “Por el Sud la costa del océano atlántico; por el Oeste la Cordillera de los Andes...”, dejando el límite oriental pendiente de una futura demarcación acordada con la provincia vecina.  Una investigación académica más reciente aporta todavía mayor precisión: identifica la pieza como AGPM, Época Independiente, Registro Ministerial Nº 100, 7 de octubre de 1834, y señala que la disposición formaba parte de una ley de tres artículos. El primero estaba relacionado con la política provincial hacia las sociedades indígenas del sur; el segundo establecía los límites de la frontera mendocina; y el tercero afirmaba que el espacio así delimitado era considerado, desde entonces, propiedad de la provincia.  Esto no significa que la Mendoza de 1834 ejerciera un dominio efectivo y continuo desde los Andes hasta las playas atlánticas. La verdadera frontera política y militar era muchísimo más compleja: amplios territorios estaban habitados y controlados por pueblos indígenas y las jurisdicciones provinciales todavía eran imprecisas, superpuestas y objeto de disputa. Por eso, lo extraordinario del documento está justamente en lo que revela: una pretensión territorial formulada por Mendoza cuando la organización definitiva del territorio argentino todavía estaba lejos de resolverse. Bransboin vincula aquella declaración con los esfuerzos del gobierno y de la Sala de Representantes por fortalecer el poder provincial sobre la campaña y avanzar hacia el sur en una época marcada por conflictos, circulación ganadera, incursiones y una frontera móvil. Y aquella aspiración no desapareció inmediatamente: una investigación sobre la formación territorial mendocina señala que en 1853 el jefe del Departamento Topográfico recibió la tarea de levantar un plano provincial que alcanzaba, hacia el este y el sur, hasta la Sierra de la Ventana y el Atlántico, demostrando que décadas después seguían existiendo representaciones territoriales muchísimo más extensas que las fronteras actuales. Incluso la extraordinaria cartografía de José Antonio Álvarez Condarco de 1837 —conservada en la Biblioteca Nacional de Brasil, Colección Pedro de Angelis, ARC.009,14,002— representó un espacio que comprende territorios pertenecientes hoy a Mendoza, San Luis, La Pampa, Neuquén y Río Negro, una evidencia visual formidable de cuán distinta era la manera de imaginar y representar el territorio durante la primera mitad del siglo XIX.  A casi dos siglos de distancia, la resolución del 7 de octubre de 1834 constituye un documento excepcional para comprender que el mapa de Mendoza no nació con sus límites actuales: fue el resultado de décadas de disputas, proyectos, mensuras y decisiones políticas. Aquella jornada quedó marcada por una frase extraordinaria escrita en un documento oficial mendocino: hacia el sur, Mendoza declaraba que su frontera alcanzaba la costa del océano Atlántico. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #7DeOctubre #ArchivoHistorico #RegistroMinisterial #HistoriaArgentina #SigloXIX #MendozaFederal #FronteraSur #Patagonia #CartografiaHistorica #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMaps #SouthAmericaHistory #PatagoniaHistory #HistoricalArchives #19thCentury

EL TEMPLO QUE EL TERREMOTO NO PUDO BORRAR: SANTO DOMINGO Y LAS CICATRICES DE LA MENDOZA DE 1861


En 1880, casi veinte años después del terremoto que arrasó la antigua Mendoza, la cámara del extraordinario fotógrafo portugués José Christiano de Freitas Henriques Junior registró una de las imágenes más conmovedoras de aquella ciudad desaparecida: las ruinas de la iglesia y convento de Santo Domingo Soriano, un conjunto religioso cuya historia se remontaba prácticamente a los orígenes mismos de Mendoza. Los dominicos habían llegado en 1563 con los frailes Antonio Pérez y Marcos Rengifo, apenas dos años después de la fundación realizada por Pedro del Castillo, y terminaron estableciéndose en la manzana comprendida por las actuales calles José Federico Moreno, Beltrán, Salta y Chacabuco. Allí levantaron su convento, desarrollaron tareas religiosas y educativas y convirtieron el lugar en uno de los grandes centros de la Mendoza colonial. El templo que aparece destruido en las fotografías del siglo XIX tenía detrás una historia dramática: una iglesia anterior fue devastada por un incendio el 26 de diciembre de 1843; en 1844 comenzó su reconstrucción y el nuevo edificio fue bendecido el 15 de julio de 1855, con su fachada orientada hacia el este, sobre la actual esquina de José Federico Moreno y Beltrán. Apenas seis años después, durante la terrible noche del 20 de marzo de 1861, el terremoto volvió a destruirlo casi completamente. Siete de los nueve dominicos que se encontraban en el convento murieron, incluido el prior, mientras la histórica imagen de la Virgen del Rosario pudo ser rescatada entre los escombros. Los dominicos, sin embargo, tomaron una decisión extraordinaria: mientras gran parte de Mendoza trasladaba su centro hacia la nueva ciudad, permanecieron en su antiguo solar y comenzaron nuevamente a levantar iglesia y convento. El nuevo templo fue consagrado el 5 de julio de 1869. En 1876 debieron demolerse sus pesadas torres y en 1880 se estaban construyendo otras más livianas de madera; precisamente esas estructuras quedaron registradas por Christiano Junior junto a las viejas ruinas, aunque una tormenta las derribaría aquel mismo año. Esta identificación permite además separar definitivamente dos conjuntos que suelen confundirse: Santo Domingo no era el antiguo templo jesuítico de la Plaza Mayor. La iglesia de la Compañía de Jesús, situada en las actuales Ituzaingó y Beltrán, pasó a los franciscanos hacia fines del siglo XVIII y es la que hoy conocemos como Ruinas de San Francisco; Santo Domingo ocupaba otra manzana y conservó durante siglos su propio solar. Así, aquella fotografía de 1880 no muestra simplemente paredes derrumbadas: conserva la memoria de una orden establecida en Mendoza desde 1563, de un templo incendiado, reconstruido y nuevamente destruido, de los religiosos muertos bajo los escombros y de una ciudad que, aun rodeada de ruinas, comenzaba una vez más a levantarse. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #SantoDomingo #Dominicos #TerremotoDe1861 #CiudadVieja #ÁreaFundacional #Mendoza1861 #PatrimonioMendocino #FotografíaHistórica #ChristianoJunior #MemoriaHistórica #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricPhotography #Dominicans #Heritage #ArgentinaHistory #Earthquake1861


7 DE OCTUBRE DE 1824 — UNA PÁGINA QUE CONGELÓ A MENDOZA: ESCUELA, JUSTICIA, NEGOCIOS Y EL CRUDO ROSTRO DE LA ESCLAVITUD


El 7 de octubre de 1824 salió de las prensas mendocinas el Nº 3 de El Eco de los Andes, una pieza extraordinaria de la historia del periodismo cuyano que, dos siglos después, permite asomarnos casi directamente a la vida, las ideas y las contradicciones de aquella Mendoza. La fecha está sólidamente documentada: la investigación de Andrea Carina Greco de Álvarez, de la Universidad Nacional de Cuyo, registra la secuencia Nº 1 del 23 de septiembre, Nº 2 del 30 de septiembre y Nº 3 del 7 de octubre de 1824. El periódico era producido por la Imprenta de la Sociedad Lancasteriana y estuvo vinculado a figuras como Juan Gualberto Godoy, Francisco Borja Correas, José Lisandro Calle y José María Salinas, integrantes de aquella generación ilustrada que convirtió a la prensa en escenario de intensas disputas políticas, religiosas e intelectuales. El Eco de los Andes defendía principios asociados con la Ilustración, la libertad de imprenta y la tolerancia, y llegó a enfrentarse abiertamente con publicaciones adversarias como El Amigo del Orden. La investigación académica confirma incluso que en la página 3 de aquel Nº 3 del 7 de octubre apareció uno de los textos de esa polémica periodística.  Pero aquel número resulta todavía más fascinante porque Jorge Enrique Oviedo, en su obra El periodismo en Mendoza, editada por la Academia Nacional de Periodismo, identifica allí la aparición de algunos de los primeros avisos de la prensa mendocina. Uno era prácticamente un comunicado oficial: anunciaba que el lunes 11 se abriría la Escuela Principal mediante el sistema de “Enseñanza Mutua”, bajo la dirección de Fermín Coria y en la casa de Juan Estrella. No se trataba de un detalle menor: Mendoza había adoptado tempranamente el método lancasteriano, en el que los alumnos más adelantados colaboraban como monitores para multiplicar la tarea del maestro, y durante esos años la provincia intentaba extender y organizar esta novedosa modalidad educativa.  En aquellas mismas columnas aparecía una Mendoza mucho más cotidiana. Un aviso pedía que quien hubiese perdido objetos de “plata labrada con marca” acudiera al juez de primera instancia Manuel Valenzuela, que los conservaba en depósito. Otro ofrecía en venta una casa esquina que había funcionado como el “café de Moreno”, situada frente a la propiedad de Ramón Correas, e incluso contemplaba propuestas de quienes no dispusieran del dinero al contado. En unas pocas líneas quedaban así registrados la justicia, la propiedad, el crédito, los cafés y las pequeñas operaciones económicas de una ciudad que apenas comenzaba a construir una verdadera esfera pública impresa. El periódico, que había nacido apenas catorce días antes, se transformaba de ese modo en algo más que una tribuna política: empezaba a parecerse también a aquel espacio donde una sociedad publicaba lo que buscaba, vendía, perdía, necesitaba y discutía. Sin embargo, entre aquellos avisos aparece uno que convierte al ejemplar en un documento especialmente duro y revelador. El texto solicitaba comprar personas esclavizadas “sanas” de entre 18 y 20 años e indicaba a los interesados que acudieran a Nicolás Corvalán. Es una evidencia impresa de una realidad que a veces queda desdibujada cuando observamos el proceso independentista solamente desde sus grandes proclamas de libertad. La Asamblea del Año XIII había establecido en 1813 la llamada libertad de vientres, pero aquella medida no significó la abolición inmediata de la esclavitud: quienes ya permanecían esclavizados continuaron sometidos a ese régimen y podían seguir integrando operaciones de propiedad y compraventa. La abolición general sería consagrada décadas después por la Constitución Nacional de 1853. Por eso el aviso mendocino de 1824 posee una enorme fuerza documental: mientras en la misma edición se anunciaba una escuela concebida para extender la enseñanza, también se publicaba la intención de comprar seres humanos. Educación y esclavitud, modernización y desigualdad, ideales ilustrados y supervivencias de un sistema colonial convivían en las mismas páginas.  El Nº 3 también pertenece a una publicación cuya preservación resulta excepcional. El Eco de los Andes apareció el 23 de septiembre de 1824 y alcanzó 61 números hasta diciembre de 1825. La Universidad Nacional de Cuyo realizó en 1943 una histórica reproducción facsimilar a través de su Instituto de Investigaciones Históricas, con estudio preliminar de Juan Draghi Lucero; las investigaciones posteriores documentaron además ejemplares y colecciones en repositorios como la Biblioteca Nacional de Brasil y la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata. Gracias a esas tareas de conservación podemos volver hoy sobre una hoja impresa hace 202 años y descubrir algo que ninguna reconstrucción moderna podría expresar con la misma intensidad: cómo era la sociedad mendocina cuando hablaba de sí misma en tiempo presente. Entre las piezas vinculadas con Mendoza que hemos podido verificar públicamente con fecha exacta 7 de octubre, este ejemplar constituye por ahora una de las más antiguas y extraordinarias. No es solamente un viejo periódico: es una auténtica radiografía social de 1824, una página donde quedaron atrapadas la educación que intentaba abrirse camino, la justicia que custodiaba bienes perdidos, el mercado inmobiliario de una pequeña ciudad, los cafés que alimentaban conversaciones y polémicas y, junto a todo ello, la estremecedora persistencia de la esclavitud. DOS SIGLOS DESPUÉS, EL PAPEL TODAVÍA HABLA… Y LO QUE CUENTA ES MENDOZA. Fuentes: Andrea Greco de Álvarez (UNCuyo), Jorge E. Oviedo y reproducción facsimilar de El Eco de los Andes, UNCuyo, 1943. Imagen: ejemplar Nº 36, 19/06/1825; pertenece a la misma publicación, aunque no corresponde al Nº 3 del 7/10/1824. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #7DeOctubre #ElEcoDeLosAndes #PeriodismoMendocino #PrensaHistórica #HistoriaArgentina #SigloXIX #MemoriaHistórica #ArchivoHistórico #HistoriaCuyana #Educación #EnseñanzaMutua #Esclavitud #PatrimonioDocumental #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalNewspapers #PressHistory #CulturalHeritage #HistoricalArchives #SlaveryHistory #NineteenthCentury

martes, 6 de octubre de 2026

1880 - MENDOZA DESPUÉS DEL FIN: LAS RUINAS DEL TEMPLO QUE VIERON DESAPARECER UNA CIUDAD


Hacia 1880, casi dos décadas después de la catástrofe que transformó para siempre a Mendoza, la cámara del fotógrafo portugués José Christiano de Freitas Henriques Junior dejó registrado uno de los testimonios visuales más impresionantes de la antigua ciudad: las ruinas de la Iglesia de San Francisco, el monumental templo levantado originalmente por la Compañía de Jesús junto a la vieja Plaza Mayor. La imagen resulta estremecedora: enormes pilares mutilados, restos de bóvedas, muros abiertos al cielo, bloques de mampostería esparcidos por el terreno y varias personas diminutas frente a una arquitectura que todavía conservaba la escala de su antigua grandeza. Una precisión importante permite actualizar la datación tradicional de esta fotografía: aunque numerosas reproducciones la sitúan hacia 1884, investigaciones históricas identifican en el Archivo Histórico de Mendoza una Serie Christiano Junior fechada en 1880, que incluye la vista de las ruinas de la fachada de la iglesia y el colegio. Además, está documentado que Christiano Junior llegó a Mendoza en marzo de 1880 y que en julio de ese mismo año ya ofrecía públicamente “vistas de las ruinas”, por lo que alrededor de 1880 constituye hoy una datación mucho más sólida para este registro. La historia del lugar se remontaba mucho más atrás. Los jesuitas se establecieron en Mendoza en 1608; en 1609 comenzó a funcionar la enseñanza de primeras letras y en 1616 la residencia alcanzó categoría de Colegio de la Inmaculada Concepción. Entre 1636 y 1640 levantaron un primer templo, destruido por la gran inundación de 1716. Sobre aquel espacio comenzó entonces una construcción mucho más ambiciosa: entre 1716 y 1731 surgieron el nuevo colegio y la gran iglesia de la Inmaculada Concepción, edificados con ladrillo y mortero de cal, con tres naves, bóvedas, crucero y una gran cúpula que convirtió al conjunto en una de las obras arquitectónicas más importantes de la Mendoza colonial. Cuando Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de los dominios españoles en 1767, el complejo quedó bajo la administración de Temporalidades. El fuerte terremoto de Santa Rita del 22 de mayo de 1782 dañó severamente el templo y llegó a discutirse incluso su demolición. Los franciscanos recibieron finalmente el conjunto hacia 1798 y realizaron importantes reparaciones, especialmente en su fachada, iniciándose así la etapa que terminó dando al edificio el nombre con el que atravesaría el siglo XIX: San Francisco. Existe además una particularidad histórica pocas veces recordada: aunque Cuyo fue incorporado políticamente al Virreinato del Río de la Plata en 1776, Mendoza continuó dependiendo eclesiásticamente del Obispado de Santiago de Chile hasta la reorganización iniciada en 1806. Durante la época sanmartiniana el templo quedó íntimamente ligado a la memoria del Ejército de los Andes y llegó a custodiar reliquias fundamentales, entre ellas la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, la Bandera del Ejército y el bastón de mando entregado por San Martín a los franciscanos. Todo terminó violentamente la noche del 20 de marzo de 1861. A las 20:36, el terremoto más devastador de la historia mendocina arrasó la antigua capital; el INPRES señala que la destrucción fue prácticamente total y que las víctimas representaron alrededor de un tercio de la población. El templo de San Francisco se desplomó, aunque grandes sectores de sus muros, pilares y fachada permanecieron en pie como gigantescas cicatrices de aquella tragedia. Cuando Christiano Junior llegó diecinueve años después, la nueva Mendoza ya crecía hacia el oeste, pero en la antigua ciudad los escombros seguían hablando. Su cámara no fotografió simplemente un edificio destruido: registró la frontera física entre dos épocas, la Mendoza colonial desaparecida y la ciudad moderna nacida después del terremoto. Aquellos restos fueron preservados y hoy las Ruinas de San Francisco, ubicadas junto a la plaza Pedro del Castillo, son consideradas el único testimonio arquitectónico visible que permanece de la antigua ciudad anterior al gran sismo y fueron reconocidas oficialmente como Monumento Histórico Nacional. Más de un siglo y medio después, estas piedras continúan siendo uno de los documentos más poderosos de la memoria mendocina: el lugar donde una ciudad terminó y otra comenzó. Fuentes: Silvia A. Cirvini (CONICET, Hispania Sacra); Comisión Nacional de Monumentos; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza; INPRES; Archivo Histórico del Arzobispado de Mendoza; Abel Alexander y Archivo General de la Nación. Estas investigaciones permiten reconstruir la historia del antiguo templo jesuita, su paso a los franciscanos, los terremotos de 1782 y 1861 y la presencia de Christiano Junior en Mendoza. Fotografía: José Christiano de Freitas Henriques Junior, Ruinas de la antigua Iglesia de San Francisco, ex templo de la Compañía de Jesús, Mendoza, hacia 1880. Esta datación está respaldada por la identificación de la “Serie Christiano Junior (1880), Colección Gómez”, conservada en el Archivo Histórico de Mendoza, y resulta más consistente que la atribución posterior de “ca. 1884”.
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