26 de junio de 1898. Mendoza veía nacer a Gildo D’Accurzio, una de esas figuras silenciosas sin las cuales la historia cultural de una provincia queda incompleta. No fue un escritor de multitudes ni un artista de grandes escenarios. Fue algo quizás más decisivo: el hombre que abrió las puertas del papel, la tinta y la edición a generaciones enteras de autores mendocinos. Imprentero, editor, gestor cultural y verdadero mecenas de las letras cuyanas, D’Accurzio convirtió su oficio en una misión: hacer circular la palabra, sostener a los creadores y darle cuerpo material a la literatura de Mendoza. Hijo de inmigrantes italianos, su vida quedó unida al trabajo paciente de los talleres gráficos. En 1937 fundó los Talleres Gráficos D’Accurzio, ubicados en la esquina de Buenos Aires y Rioja, en la Ciudad de Mendoza. Desde aquel espacio, humilde y fundamental, salieron más de 1.500 títulos, entre libros, folletos y obras que ayudaron a construir la memoria literaria y artística de la región. Allí se publicaron trabajos de nombres enormes como Armando Tejada Gómez, Antonio Di Benedetto, Arturo Roig, Iverna Codina, Rodolfo Braceli, Ángel Bustelo y otros autores esenciales de la cultura mendocina. Su imprenta no era solamente un negocio. Era un refugio. Un lugar donde muchos escritores encontraron una oportunidad cuando publicar un libro en Mendoza era una tarea difícil, costosa y muchas veces solitaria. Por eso, quienes lo conocieron lo recordaron como un hombre generoso, minucioso y profundamente comprometido con la cultura. Ricardo Tudela lo llamó un “pionero del surgimiento literario y cultural de Cuyo”, destacando que la fuerza creadora de muchos artistas del Oeste argentino necesitó de su apoyo editorial para llegar al público. D’Accurzio también participó en instituciones de bien público y mantuvo una conducta ligada a la solidaridad, la cooperación y el servicio al prójimo. Su nombre aparece vinculado no solo a la imprenta, sino también a una idea más grande: la cultura como acto de entrega, como construcción colectiva, como memoria que se defiende hoja por hoja. En 1965, por ejemplo, su labor técnica estuvo detrás de una valiosa carpeta artística titulada La vendimia, con ilustraciones de Ángel Pérez Vega y textos de Rafael Mauleón Castillo, editada por Brigadas Líricas. Décadas después, ese material fue rescatado en el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú–Casa Fader, como testimonio de una Mendoza donde arte, literatura, vitivinicultura e imprenta caminaban juntos. Sin embargo, el destino físico de su imprenta tuvo un final triste. Aquel sitio que debió ser preservado como patrimonio cultural mendocino terminó diluyéndose entre cambios de uso, abandono y olvido. Según registros oficiales, D’Accurzio quiso vender la imprenta por muy poco dinero; luego el lugar pasó por distintas manos y finalmente se perdió como espacio histórico. En 2015 se colocó una placa en la esquina donde funcionó su taller, recordando que desde allí salieron obras que trascendieron las fronteras provinciales. Gildo D’Accurzio murió en Mendoza en 1983, pero su legado no desapareció. En 2017, la provincia inauguró la Librería Pública Gildo D’Accurzio, considerada la primera de su tipo en el país, destinada a difundir y comercializar obras de autores mendocinos. Ese espacio, ubicado en Av. España 1260, continúa el espíritu de aquel imprentero que entendió que un libro no es solo papel: es identidad, memoria, trabajo, belleza y futuro. Hoy, recordar a Gildo D’Accurzio es hacer justicia con un nombre que merece estar mucho más alto en la historia de Mendoza. Porque hubo hombres que levantaron edificios, otros que trazaron caminos y otros que hicieron leyes. Él levantó algo menos visible, pero inmenso: una patria de papel para la literatura mendocina. #GildoDAccurzio, #Mendoza, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #CulturaMendocina, #LiteraturaMendocina, #AutoresMendocinos, #Imprenta, #PatrimonioCultural, #HistoriaArgentina, #LetrasCuyanas, #MemoriaCultural, #MendozaAntigua, #ArgentinaHistory, #MendozaHistory, #CulturalHeritage, #ArgentineLiterature, #BookHistory, #PrintingHistory, #LatinAmericanCulture, #HistoricalMemory, #Cuyo, #OldMendoza, #CulturalLegacy
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Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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viernes, 26 de junio de 2026
26 DE JUNIO DE 1898, NACE,GILDO D’ACCURZIO: EL HOMBRE QUE IMPRIMIÓ EL ALMA LITERARIA DE MENDOZA
26 de junio de 1898. Mendoza veía nacer a Gildo D’Accurzio, una de esas figuras silenciosas sin las cuales la historia cultural de una provincia queda incompleta. No fue un escritor de multitudes ni un artista de grandes escenarios. Fue algo quizás más decisivo: el hombre que abrió las puertas del papel, la tinta y la edición a generaciones enteras de autores mendocinos. Imprentero, editor, gestor cultural y verdadero mecenas de las letras cuyanas, D’Accurzio convirtió su oficio en una misión: hacer circular la palabra, sostener a los creadores y darle cuerpo material a la literatura de Mendoza. Hijo de inmigrantes italianos, su vida quedó unida al trabajo paciente de los talleres gráficos. En 1937 fundó los Talleres Gráficos D’Accurzio, ubicados en la esquina de Buenos Aires y Rioja, en la Ciudad de Mendoza. Desde aquel espacio, humilde y fundamental, salieron más de 1.500 títulos, entre libros, folletos y obras que ayudaron a construir la memoria literaria y artística de la región. Allí se publicaron trabajos de nombres enormes como Armando Tejada Gómez, Antonio Di Benedetto, Arturo Roig, Iverna Codina, Rodolfo Braceli, Ángel Bustelo y otros autores esenciales de la cultura mendocina. Su imprenta no era solamente un negocio. Era un refugio. Un lugar donde muchos escritores encontraron una oportunidad cuando publicar un libro en Mendoza era una tarea difícil, costosa y muchas veces solitaria. Por eso, quienes lo conocieron lo recordaron como un hombre generoso, minucioso y profundamente comprometido con la cultura. Ricardo Tudela lo llamó un “pionero del surgimiento literario y cultural de Cuyo”, destacando que la fuerza creadora de muchos artistas del Oeste argentino necesitó de su apoyo editorial para llegar al público. D’Accurzio también participó en instituciones de bien público y mantuvo una conducta ligada a la solidaridad, la cooperación y el servicio al prójimo. Su nombre aparece vinculado no solo a la imprenta, sino también a una idea más grande: la cultura como acto de entrega, como construcción colectiva, como memoria que se defiende hoja por hoja. En 1965, por ejemplo, su labor técnica estuvo detrás de una valiosa carpeta artística titulada La vendimia, con ilustraciones de Ángel Pérez Vega y textos de Rafael Mauleón Castillo, editada por Brigadas Líricas. Décadas después, ese material fue rescatado en el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú–Casa Fader, como testimonio de una Mendoza donde arte, literatura, vitivinicultura e imprenta caminaban juntos. Sin embargo, el destino físico de su imprenta tuvo un final triste. Aquel sitio que debió ser preservado como patrimonio cultural mendocino terminó diluyéndose entre cambios de uso, abandono y olvido. Según registros oficiales, D’Accurzio quiso vender la imprenta por muy poco dinero; luego el lugar pasó por distintas manos y finalmente se perdió como espacio histórico. En 2015 se colocó una placa en la esquina donde funcionó su taller, recordando que desde allí salieron obras que trascendieron las fronteras provinciales. Gildo D’Accurzio murió en Mendoza en 1983, pero su legado no desapareció. En 2017, la provincia inauguró la Librería Pública Gildo D’Accurzio, considerada la primera de su tipo en el país, destinada a difundir y comercializar obras de autores mendocinos. Ese espacio, ubicado en Av. España 1260, continúa el espíritu de aquel imprentero que entendió que un libro no es solo papel: es identidad, memoria, trabajo, belleza y futuro. Hoy, recordar a Gildo D’Accurzio es hacer justicia con un nombre que merece estar mucho más alto en la historia de Mendoza. Porque hubo hombres que levantaron edificios, otros que trazaron caminos y otros que hicieron leyes. Él levantó algo menos visible, pero inmenso: una patria de papel para la literatura mendocina. #GildoDAccurzio, #Mendoza, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #CulturaMendocina, #LiteraturaMendocina, #AutoresMendocinos, #Imprenta, #PatrimonioCultural, #HistoriaArgentina, #LetrasCuyanas, #MemoriaCultural, #MendozaAntigua, #ArgentinaHistory, #MendozaHistory, #CulturalHeritage, #ArgentineLiterature, #BookHistory, #PrintingHistory, #LatinAmericanCulture, #HistoricalMemory, #Cuyo, #OldMendoza, #CulturalLegacy
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jueves, 25 de junio de 2026
LA NOCHE EN QUE BELGRANO NO PERDONÓ: DISCIPLINA, DESERCIÓN Y CASTIGO EN LA CANDELARIA
Manuel Belgrano suele quedar en la memoria popular como el creador de la Bandera, el abogado ilustrado, el economista adelantado, el hombre de ideas generosas y el patriota que soñó una Nación educada, productiva y libre. Pero hubo otro Belgrano, menos amable y mucho más duro: el jefe militar que entendió que una revolución no podía sostenerse con discursos si no era capaz de formar soldados disciplinados. Y esa faceta apareció con toda su severidad en La Candelaria, a orillas del Paraná, durante el difícil regreso de la Campaña al Paraguay. La expedición había sido una empresa durísima. Belgrano no era un militar de carrera: era un hombre de leyes, de pensamiento y de administración pública, empujado por la urgencia de la Patria a conducir tropas en un territorio hostil, con escasos recursos, caminos difíciles, lluvias, ríos, monte, cansancio y deserciones. La Revolución de Mayo recién comenzaba y todo estaba por hacerse: el Estado, el ejército, la autoridad, la obediencia y hasta la idea misma de Nación. En ese contexto, la disciplina no era un detalle. Era una cuestión de supervivencia. Una noche, cerca de las diez, el campamento de La Candelaria fue sacudido por la voz de alarma de un centinela. Se creyó que podía aproximarse un ataque enemigo. Sin demora, los batallones formaron, la artillería quedó lista y el campamento entero se preparó para resistir. Pero el supuesto peligro no era una fuerza paraguaya ni una emboscada nocturna: eran caballos cimarrones que se acercaban al galope, una tropilla que había confundido al guardia. El episodio pudo haber terminado como una falsa alarma. Sin embargo, Belgrano aprovechó que la tropa estaba formada para ordenar una revista. En aquellos años, pasar lista no era una simple formalidad: era una manera de detectar ausencias, fugas y deserciones, uno de los problemas que más debilitaban a los ejércitos revolucionarios. Entonces sonó un apellido. Venecia. Lo llamaron una vez. Nada. Lo llamaron otra vez. Silencio. Pascual Venecia, soldado del Regimiento N.º 2, no estaba en su lugar. No había sido capturado, no había caído herido, no estaba cumpliendo una misión. Según el relato histórico, se encontraba entretenido en asuntos amorosos no muy lejos del campamento, pero lo suficiente como para no escuchar el alboroto ni presentarse cuando debía. Cuando regresó, ya era tarde. Para Belgrano, aquella ausencia en plena alarma no era una travesura ni una falta menor: era deserción. Y en un ejército que intentaba nacer en medio del barro, la pobreza, el miedo y la guerra, la deserción podía ser contagiosa, mortal y destructiva. La decisión fue implacable. Belgrano ordenó que Pascual Venecia sufriera la carrera de baquetas, uno de los castigos militares más duros de la época. El condenado debía pasar entre dos filas de soldados mientras recibía golpes con baquetas, varas o correas. Era una pena física, pública e infamante, propia de un tiempo donde la disciplina castrense se imponía con métodos que hoy resultan brutales, pero que entonces formaban parte del viejo régimen militar heredado de las ordenanzas coloniales. Venecia quedó duramente castigado. Pero la sanción no terminó allí. Belgrano dispuso además que fuera enviado detenido al presidio de Carmen de Patagones, aquel remoto enclave del sur bonaerense, nacido como fuerte de frontera sobre el río Negro y utilizado en aquellos años como lugar de reclusión para condenados comunes y presos políticos. Venecia intentó evitar su destino. Escribió a la Junta Grande pidiendo que revisaran la condena. Suplicó clemencia. Pero no hubo marcha atrás. La orden del jefe no se modificó. El mensaje era claro: en el ejército de Belgrano, la Patria podía perdonar la pobreza, el cansancio y el sacrificio; pero no la indisciplina cuando ponía en riesgo a todos. Este episodio muestra a un Belgrano complejo, humano y severo. El mismo hombre que defendía la educación, la agricultura, la industria, los pueblos originarios y la dignidad de los americanos, también fue un comandante capaz de imponer castigos extremos para transformar una tropa dispersa en un ejército. No veía la disciplina como un capricho, sino como la columna vertebral de la causa revolucionaria. La Campaña al Paraguay no terminó con una victoria militar. Belgrano fue derrotado en Paraguarí y Tacuarí, y debió retirarse. Pero su paso por esas tierras dejó una huella política profunda: aun en la derrota, dialogó con sus adversarios, mantuvo correspondencia con los jefes paraguayos y conservó una conducta que muchos reconocieron como honorable. La Candelaria fue parte de esa frontera entre la derrota y la construcción. Allí, al borde del Paraná, no solo se replegaba un ejército: se estaba forjando una idea de autoridad. Belgrano quería devolverle a la Patria algo más que hombres armados. Quería devolverle soldados. Y para él, un soldado no era solamente quien llevaba un fusil. Era quien permanecía en su puesto cuando sonaba la alarma. Era quien respondía cuando lo llamaban por su nombre. Era quien entendía que, en los días fundacionales de la Argentina, la libertad también exigía orden, sacrificio y obediencia. Por eso aquella noche en La Candelaria quedó como una escena incómoda, dura y reveladora: el Belgrano de la bandera también fue el Belgrano del mando. El patriota ilustrado también fue el jefe inflexible. El hombre de ideales también supo ser severo cuando creyó que la Revolución podía deshacerse por falta de disciplina. Porque en 1810 y 1811 la Patria no estaba garantizada. Se estaba haciendo. Y se hacía, muchas veces, en noches oscuras, junto al Paraná, entre alarmas falsas, caballos cimarrones, listas de tropa y decisiones que no admitían regreso. #ManuelBelgrano #Belgrano #HistoriaArgentina #LaCandelaria #CampañaAlParaguay #Paraná #RevoluciónDeMayo #Patria #EjércitoArgentino #HistoriaNacional #MendozAntigua #ArgentinaHistory #ArgentineHistory #ManuelBelgrano #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #HistoryLovers #PatriotHistory
25 de Junio de 2026. EL ÚLTIMO BLOQUEO DEL CAPITÁN: DANIEL CASTELLANI, LA LEYENDA QUE HIZO ETERNO AL VÓLEY ARGENTINO
El deporte argentino está de luto. Este jueves 25 de junio de 2026 falleció Daniel Castellani, uno de los nombres más grandes, respetados y decisivos en la historia del voleibol nacional. Tenía 65 años y partió después de una larga lucha contra una enfermedad, según confirmó oficialmente la Federación del Voleibol Argentino. Castellani no fue solamente un jugador extraordinario. Fue capitán, símbolo, conductor, maestro y puente entre generaciones. Su figura pertenece a esa clase de deportistas que no se miden únicamente por medallas, sino por la huella que dejan en una camiseta, en un vestuario, en una idea de equipo y en la memoria emocional de un país. Como jugador, integró aquella camada inolvidable de los años 80 que puso al vóley argentino en la elite mundial. Fue parte del bronce en el Mundial de Buenos Aires 1982 y de la histórica medalla de bronce olímpica en Seúl 1988, una epopeya que todavía permanece entre las páginas más gloriosas del deporte argentino. Olympedia registra su participación olímpica en Los Ángeles 1984, donde Argentina fue sexta, y en Seúl 1988, donde alcanzó el tercer puesto y la medalla de bronce. Aquella Generación del 82 no solo ganó partidos: abrió un camino. Demostró que Argentina podía competir de igual a igual contra potencias, que el talento nacional también podía levantarse sobre la red, bloquear imposibles y gritar puntos eternos. Castellani fue una de sus voces de mando, uno de sus rostros más firmes y una presencia que transmitía carácter, inteligencia y convicción. Pero su historia no terminó cuando dejó la cancha. Desde el banco de suplentes volvió a construir grandeza. Dirigió a la Selección masculina argentina entre 1993 y 1999 y fue el entrenador del equipo que consiguió la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, una conquista que marcó otra cumbre para el vóley nacional. Su capacidad lo llevó también a Europa, donde consolidó una carrera internacional de enorme prestigio. Volleyball World recuerda que dirigió en ligas de Argentina, Italia, Polonia, Turquía y Brasil, ganó títulos nacionales en varios países y condujo a Polonia al título del Campeonato Europeo 2009, una consagración que lo terminó de instalar entre los grandes entrenadores del mundo. En 2022 volvió a casa para asumir un nuevo desafío: conducir a Las Panteras. Era su primera experiencia al frente de una selección femenina y también una apuesta de futuro, con mirada de largo plazo. Con ese proyecto, Argentina consiguió logros de enorme valor: la primera Copa Panamericana de su historia en 2023, el subcampeonato sudamericano y luego el bicampeonato panamericano en 2024, título que la FEVA también vinculó a su guía y legado. En medio de ese camino, Castellani enfrentó una batalla personal durísima. En 2023 contó que había sido diagnosticado con cáncer a comienzos de ese año, poco después de firmar su contrato para dirigir a Las Panteras. Aun así, eligió seguir. Eligió el gimnasio, el trabajo, el compromiso, las jugadoras, la Selección y el futuro. Por eso su despedida duele tanto. Porque Daniel Castellani fue mucho más que una leyenda deportiva. Fue un hombre que entendió el vóley como una escuela de vida: disciplina, liderazgo, humildad, estudio permanente, coraje y amor por la camiseta. Hoy se va el capitán de una generación inolvidable. Se va el entrenador que cruzó fronteras. Se va el maestro que volvió para dejarle algo más al vóley argentino. Pero queda su legado: en Seúl, en Buenos Aires, en Mar del Plata, en Polonia, en Las Panteras, en cada club, en cada jugador y jugadora que aprendió de su ejemplo. Gracias, Daniel Castellani. Por las medallas. Por el liderazgo. Por la enseñanza. Por haber hecho del vóley argentino una bandera de respeto mundial. #DanielCastellani #VoleyArgentino #VoleibolArgentino #FEVA #SeleccionArgentina #LasPanteras #GeneracionDel82 #Seul1988 #Mundial1982 #MarDelPlata1995 #DeporteArgentino #LeyendaDelVoley #HistoriaDelDeporte #Argentina #Voley #Volleyball #ArgentineVolleyball #OlympicBronze #SportsLegend #VolleyballHistory #TeamArgentina #LasPanterasArgentina #RestInPeace #SportsLegacy
25 de junio de 2001. Argentina estaba de pie, pero crujía por dentro.
Esta portada de Clarín no muestra una noticia: muestra un país entero comprimido en una sola página. Una Argentina atravesada por la protesta social, la crisis económica, la incertidumbre política, el drama sanitario del campo, la violencia urbana y la memoria popular de un ídolo que todavía dolía. El titular principal golpeaba como una señal de época: “De la Rúa avaló el diálogo con los piqueteros”. El gobierno nacional quedaba obligado a mirar de frente una realidad que ya no podía esconderse: rutas cortadas, pueblos golpeados por la desocupación y sectores populares que habían salido a reclamar trabajo, alimentos y presencia del Estado. El conflicto tenía como epicentro General Mosconi, Salta, una localidad profundamente marcada por el impacto de la reestructuración y privatización de YPF en los años noventa, proceso que incidió en la formación del movimiento de trabajadores desocupados en Tartagal y Mosconi. El viaje inesperado de Juan Pablo Cafiero a Mosconi había generado tensión dentro del propio gobierno. Según crónicas de la época, Cafiero llegó tras el llamado del obispo de Orán, Jorge Lugones, y dialogó con referentes piqueteros en medio de un clima frío, tenso y cargado de urgencia social. Aquella escena revelaba algo enorme: los piqueteros ya no eran una nota al margen, eran un actor central de la Argentina en crisis. Estudios vinculados al CONICET describen al movimiento piquetero como una expresión de trabajadores desocupados y sectores marginados, reconocible por los cortes de ruta como forma de protesta. Pero la tapa no se detenía allí. A un costado, otro golpe: la aftosa dejaba a la Rural sin animales. El gobierno restringía por 90 días los movimientos y concentraciones de hacienda, una medida que afectaba de lleno a la tradicional Exposición Rural de Palermo. Las autoridades sanitarias buscaban frenar la propagación de la enfermedad, mientras el sector agropecuario miraba con preocupación una decisión que alteraba una de sus ceremonias históricas. El Litoral informó al día siguiente que el SENASA había anunciado mayores restricciones al movimiento y concentración de ganado, y que no se permitiría el ingreso de bovinos, ovinos, porcinos y caprinos a la muestra de Palermo. En la misma portada, América Latina también ardía. Vladimiro Montesinos, el hombre fuerte del régimen de Alberto Fujimori, era detenido en Venezuela. Su captura no era un hecho policial cualquiera: era el derrumbe visible de una maquinaria de poder asociada a corrupción, espionaje, violaciones de derechos humanos y operaciones clandestinas. El País informó entonces que Montesinos era requerido por la justicia peruana por delitos como narcotráfico, tráfico de armas, lavado de dinero, violaciones de derechos humanos y terrorismo. Y en el centro de la imagen, en una escena cargada de lágrimas, flores, música y devoción popular, aparecía Rodrigo Bueno, “El Potro”. A un año de su muerte, miles de fanáticos pasaban por su santuario en la Autopista Buenos Aires-La Plata. Rodrigo había muerto el 24 de junio de 2000, a los 27 años, en un accidente que también se llevó la vida de Fernando Olmedo. Su ausencia convirtió el dolor en ritual: el cuarteto, la ruta y la memoria popular se encontraron en una peregrinación masiva. Más abajo, otro país: el de la inseguridad cotidiana. Un asalto en un restaurante de Núñez terminaba con un custodio acribillado y clientes saqueados. Como si la tapa dijera que la crisis no estaba solamente en los despachos, ni en las rutas, ni en el campo: también estaba en la noche urbana, en la calle, en la vida diaria. La política tampoco tenía calma. La interna radical bonaerense mostraba ventaja de Federico Storani, mientras el radicalismo intentaba ordenarse en medio del desgaste del gobierno de la Alianza. Página/12 registró ese mismo día que Storani, Moreau y Casella se adjudicaban cerca del 60% de los votos, mientras el sector de Alfonsín, Posse y García negaba la derrota. Vista desde hoy, esta portada parece una advertencia. Todavía faltaban casi seis meses para el estallido de diciembre de 2001, pero las señales ya estaban allí: recesión, deuda, desocupación, protesta social, fragmentación política y pérdida de confianza. Fernando de la Rúa había heredado una economía en recesión, con una deuda externa enorme y un déficit más alto de lo previsto; su gobierno respondió con ajustes, recortes salariales y el regreso de Domingo Cavallo, pero la crisis terminó desbordando todo y ambos renunciaron el 20 de diciembre de 2001. Esta tapa no es solo papel viejo. Es memoria viva. Es el retrato de una Argentina que todavía no había explotado, pero ya estaba haciendo ruido por todos lados. #Argentina2001 #CrisisDel2001 #HistoriaArgentina #Clarín #DeLaRúa #Piqueteros #GeneralMosconi #JuanPabloCafiero #Aftosa #SociedadRural #RodrigoBueno #ElPotroRodrigo #VladimiroMontesinos #Fujimori #UCR #FedericoStorani #MemoriaArgentina #ArchivoHistorico #PrensaArgentina #MendozAntigua #ArgentinaHistory #HistoricalNewspaper #LatinAmericaHistory #SocialCrisis #PressArchive #UrbanHistory
EL DÍA QUE EL FÚTBOL SE BURLÓ DEL IMPERIO: ESTADOS UNIDOS 1 - INGLATERRA 0, LA HAZAÑA IMPOSIBLE DE 1950
El 29 de junio de 1950, en el Estadio Independencia de Belo Horizonte, ocurrió uno de esos episodios que parecen escritos por la imaginación más atrevida del fútbol. Inglaterra, la nación que se presentaba ante el mundo como la cuna del fútbol moderno, cayó derrotada por Estados Unidos, un equipo armado con jugadores semiprofesionales, trabajadores comunes y hombres que estaban lejísimos del brillo de las grandes potencias. Durante décadas, los británicos habían mirado el Mundial con distancia. Las federaciones del Reino Unido se habían alejado de la FIFA y recién volvieron al escenario mundial después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, Brasil 1950 fue el debut mundialista de Inglaterra. Llegaba con historia, prestigio, figuras reconocidas y una seguridad casi arrogante: para muchos, era candidata a pelear por la Copa. Del otro lado estaba Estados Unidos, una selección que no tenía cartel de amenaza. Su plantel parecía salido de una novela popular: Frank Borghi, el arquero, trabajaba como conductor en una empresa funeraria; Walter Bahr era maestro; otros futbolistas tenían empleos cotidianos y jugaban lejos de la fama. No eran estrellas internacionales. Eran obreros del balón, tipos duros, humildes y convencidos de que el partido también podía jugarse con coraje. La previa parecía una sentencia. Inglaterra debía ganar con comodidad. Algunos esperaban goleada. Pero el fútbol, cuando quiere recordar que nadie es dueño de su destino, rompe todos los pronósticos. A los 38 minutos del primer tiempo, Walter Bahr sacó un remate que cambió de rumbo cerca del área. Allí apareció Joe Gaetjens, delantero nacido en Haití, para desviar la pelota y mandar el balón al fondo de la red inglesa. Estados Unidos ganaba 1 a 0. El estadio quedó suspendido entre el asombro y la incredulidad. Lo que vino después fue resistencia, alma y una defensa heroica. Inglaterra atacó, buscó, presionó, pero no pudo quebrar a aquel equipo que, en teoría, no tenía derecho a soñar. Frank Borghi se convirtió en muralla. Sus compañeros corrieron cada pelota como si defendieran algo más grande que un resultado: defendían la posibilidad de entrar para siempre en la historia. Cuando el árbitro italiano Generoso Dattilo marcó el final, el mundo futbolero quedó atónito. Estados Unidos había vencido 1 a 0 a Inglaterra. No era una broma, no era un error, no era una noticia mal transmitida: era verdad. La potencia que se creía destinada a enseñar fútbol acababa de ser golpeada por una selección subestimada. La sorpresa fue tan grande que algunos medios dudaron del resultado. Hubo redacciones que pensaron que el marcador correcto debía ser Inglaterra 10 - Estados Unidos 1. Otros esperaron confirmaciones antes de cerrar sus ediciones. Nadie podía creer que la supuesta lógica del fútbol hubiera sido destruida en una tarde brasileña. El héroe del día fue Joe Gaetjens. Su nombre quedó unido para siempre a una de las mayores hazañas mundialistas. Pero su destino tuvo un final oscuro y trágico: años después regresó a Haití y desapareció en 1964, en tiempos de la dictadura de François Duvalier. Nunca volvió a ser visto. Su figura quedó envuelta entre la gloria deportiva y la tragedia política. Desde 1976, Gaetjens integra el Salón de la Fama del fútbol estadounidense. No necesitó una carrera llena de goles internacionales para ser eterno. Le alcanzó una tarde. Un cabezazo. Un instante. Un 1 a 0 que todavía retumba como una advertencia para todos los poderosos del deporte. Porque aquel 29 de junio de 1950 no ganó solamente Estados Unidos. Ganó el fútbol. Ganó la sorpresa. Ganó la rebeldía de los humildes. Ganó esa magia inexplicable que hace que, cada cuatro años, el mundo vuelva a mirar una cancha sabiendo que lo imposible siempre puede entrar por el arco. #Mundial1950 #EstadosUnidos #Inglaterra #JoeGaetjens #HistoriaDelFútbol #CopaDelMundo #FútbolMundial #HazañasDelFútbol #BeloHorizonte #Brasil1950 #WorldCup1950 #USSoccer #EnglandFootball #FootballHistory #SoccerHistory #WorldCupHistory #JoeGaetjens #FootballLegend #UnderdogStory #HistoricUpset
🍷 LOS HOMBRES DEL VINO: LA BODEGA PICCIONE Y LA MEMORIA OBRERA DE RODEO DE LA CRUZ
Esta antigua fotografía de la bodega Piccione, en Rodeo de la Cruz, Mendoza, nos devuelve a una época en la que el vino no era solamente una industria: era un mundo entero de trabajo, esfuerzo, inmigración, oficio y comunidad. En la imagen aparecen empleados de la bodega posando junto a toneles, herramientas y elementos propios de la actividad vitivinícola. No es una simple foto grupal. Es un documento vivo de la Mendoza productiva, de aquellos hombres que, con sus manos, sostuvieron una parte fundamental del crecimiento económico y cultural de la provincia. Rodeo de la Cruz, en Guaymallén, fue uno de esos territorios donde el vino ayudó a moldear el paisaje, las familias y la identidad local. Allí, entre viñedos, bodegas, caminos rurales, acequias y rieles, la actividad vitivinícola fue dejando huellas profundas. La historia del lugar quedó ligada a inmigrantes, productores, bodegueros, obreros, toneleros, carreros, cosechadores y familias enteras que hicieron del trabajo una forma de pertenencia. El apellido Piccione ocupa un lugar importante dentro de esa memoria. Vinculado al desarrollo de Rodeo de la Cruz y al empuje de la colectividad italiana, forma parte de una época en la que Mendoza se transformaba de provincia agrícola tradicional en una potencia vitivinícola moderna. El ferrocarril, la llegada de inmigrantes europeos, la expansión del viñedo y el crecimiento de las bodegas cambiaron para siempre el destino de Cuyo. Pero esta imagen habla, sobre todo, de los trabajadores. De esos rostros serios, orgullosos y firmes. De las boinas, los delantales, los bigotes, las camisas arremangadas y las manos marcadas por el oficio. Cada uno de ellos representa una parte silenciosa de la historia: la de quienes cargaron uva, limpiaron vasijas, movieron toneles, cuidaron fermentaciones, repararon herramientas y dieron vida cotidiana a la bodega. Durante décadas, las bodegas fueron mucho más que edificios industriales. Fueron centros de reunión, empleo, aprendizaje y sociabilidad. A su alrededor crecieron barrios, comercios, almacenes, familias y pueblos. La bodega ordenaba el tiempo: la vendimia, la molienda, el descanso, el salario, la esperanza y el futuro. Esta postal de la bodega Piccione no solo muestra una empresa mendocina. Muestra una Mendoza profunda, laboriosa y colectiva. Una Mendoza donde el vino no se hacía solo con uvas, sino con inmigración, sacrificio, conocimiento, paciencia y memoria. Hoy, al mirar esta fotografía, esos trabajadores anónimos vuelven a ocupar el lugar que merecen. No fueron figuras secundarias. Fueron protagonistas de una provincia que creció al ritmo de la vid, del tren y del esfuerzo humano. Porque detrás de cada botella hubo una bodega. Detrás de cada bodega, un pueblo. Y detrás de cada pueblo, hombres como estos. 🍇 Bodega Piccione, Rodeo de la Cruz: una imagen que guarda el alma obrera del vino mendocino. #BodegaPiccione #Piccione #RodeoDeLaCruz #Guaymallen #MendozaAntigua #Mendoza #VinoMendocino #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #Vendimia #BodegasHistoricas #InmigrantesItalianos #TrabajoObrero #MemoriaObrera #CulturaDelVino #PatrimonioMendocino #Cuyo #ArgentinaHistorica #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #HistoricMendoza #WineryHistory #WineCulture #ItalianImmigration #WorkersHistory #VintageMendoza (Gentileza de Agustin Piccione)
25 de Junio de 2025 - 🌙MUERE VIVIANA ORDÓÑEZ: LA MUJER QUE HIZO DORMIR LA LUNA EN EL CORAZÓN DEL ARTE MENDOCINO
En 2025, Mendoza despidió a una de esas figuras que no solo crean obras: también abren caminos, encienden encuentros y dejan una huella profunda en la vida cultural de una comunidad. Murió Viviana Ordóñez, pintora, escultora, artista visual y gestora cultural mendocina, una mujer que dedicó su vida a transformar la sensibilidad en materia, el arte en refugio y la casa en territorio compartido. Había nacido en Mendoza el 25 de diciembre de 1952 y tenía 72 años. Su camino artístico se construyó con formación, búsqueda y una enorme vocación creadora. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes, se vinculó al taller del artista Luis Ciceri, realizó cursos en la Universidad Nacional de Cuyo con el escultor Rafael Martín y también transitó la carrera de Escenografía. Ese recorrido le permitió desarrollar una mirada amplia, donde convivían la pintura, la escultura, el espacio, el objeto, el color y la escena. Viviana Ordóñez no fue solamente una artista de taller. Fue una hacedora cultural. Su nombre quedó unido para siempre a “Donde Duerme la Luna”, el espacio que creó en Chacras de Coria, Luján de Cuyo, y que con el tiempo se convirtió en uno de los rincones más entrañables de la cultura mendocina. Allí no solo se exhibían obras: se compartían músicas, lecturas, talleres, encuentros, charlas, rituales, amistades y abrazos. Era una sala, sí, pero también era una casa abierta, una pequeña patria del arte. “Donde Duerme la Luna” fue mucho más que un nombre poético. Fue una declaración de principios. En ese lugar, la creación no aparecía como un lujo lejano, sino como una experiencia viva, cercana y colectiva. Por sus paredes, sus patios y sus noches pasaron artistas visuales, músicos, escritores, performers, vecinos, estudiantes, curiosos y soñadores. Muchos encontraron allí un escenario posible, una primera oportunidad, un oído atento o un espacio de libertad. Su obra personal también viajó más allá de Mendoza. Participó en muestras dentro y fuera del país, y su producción fue parte de un camino artístico que llegó a escenarios nacionales e internacionales. Pero quizá su creación más grande no haya sido una pintura ni una escultura: fue haber levantado un lugar donde otros también pudieran crear. En tiempos en que sostener espacios culturales independientes exige coraje, constancia y amor profundo, Viviana Ordóñez fue una presencia luminosa. Creyó en los artistas locales, defendió la cultura como encuentro y entendió que el arte no solo se mira: también se habita, se comparte y se celebra. Su partida dejó tristeza en la comunidad artística mendocina, pero también una certeza: hay personas que no se van del todo porque quedan en los lugares que construyeron, en las voces que acompañaron, en las obras que impulsaron y en cada memoria agradecida. Viviana Ordóñez hizo de la luna un refugio. Hizo del arte una casa. Y de Mendoza, un territorio más sensible. 🌙 Porque hay artistas que pintan cuadros. Y hay otros que pintan para siempre el alma de una provincia. #VivianaOrdóñez #VivianaOrdoñez #DondeDuermeLaLuna #MendozaAntigua #Mendoza #ChacrasDeCoria #LujanDeCuyo #ArteMendocino #CulturaMendocina #ArtistasMendocinos #GestoraCultural #PinturaArgentina #EsculturaArgentina #HistoriaDeMendoza #CulturaArgentina #MujeresArtistas #ArteYMemoria #PatrimonioCultural #MendozaCultura #ArgentineArt #MendozaArt #WomenArtists #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #ArgentineCulture #ArtHistory #Cuyo
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25 de Junio de 2013 - 🏔️ VILLAVICENCIO: EL PALACIO DE LA MONTAÑA QUE MENDOZA CONVIRTIÓ EN MONUMENTO NACIONAL
El 25 de junio de 2013, una de las postales más poderosas de Mendoza ingresó oficialmente en la memoria protegida de la Argentina: el Hotel Termas de Villavicencio fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto Presidencial Nº 784/2013. No se trató solamente de reconocer un edificio. Fue la consagración de un símbolo: el hotel, sus jardines, sus construcciones complementarias y la capilla neocolonial ubicada en el km 51 de la Ruta Provincial 52, en Capdevilla, Departamento de Las Heras, quedaron incorporados al patrimonio histórico nacional. Levantado en 1940, en apenas seis meses, el Hotel Termas de Villavicencio nació en una época en la que el turismo de montaña, el descanso serrano y la fama de las aguas termales abrían nuevos destinos en la Argentina. Entre los hoteles de montaña dedicados a ese rubro, Villavicencio se convirtió rápidamente en uno de los más destacados de su tipo. Su arquitectura de estilo pintoresquista normando, con aire europeo y alma profundamente mendocina, parecía salida de un cuento alpino depositado en plena precordillera. Contaba con 30 habitaciones, jardines, glorietas, piscina, cancha de tenis y una capilla neocolonial donada por una visitante habitual del lugar y proyectada por el arquitecto Daniel Ramos Correas, una figura clave de la arquitectura y el urbanismo mendocino. Pero Villavicencio fue mucho más que un hotel. Fue destino de descanso, promesa de salud, paseo familiar, elegancia de montaña, postal turística y memoria afectiva. Su imagen quedó grabada en generaciones enteras gracias a su presencia en las etiquetas de las botellas de agua mineral Villavicencio, llevando la silueta del edificio a hogares de todo el país. Allí, donde la piedra, el agua, el viento y la montaña construyen un paisaje único, el hotel se volvió parte del imaginario colectivo provincial y nacional. Sus escalinatas, terrazas, jardines y balcones no solo hablan de turismo: hablan de una Mendoza que supo mirar hacia la cordillera y convertir la naturaleza en identidad. Hoy, dentro del entorno de la Reserva Natural Villavicencio, el viejo hotel permanece como un guardián silencioso de otra época. A su alrededor, el paisaje conserva ambientes de monte, cardonal y puna, fauna nativa, senderos, historia minera, antiguos caminos y una de las rutas más imponentes de la provincia: la vieja Ruta 52, camino de curvas, memoria y altura. El 25 de junio de 2013, Villavicencio dejó de ser solo una postal famosa. Pasó a ser oficialmente patrimonio de todos los argentinos. Porque hay edificios que se miran. Y hay otros que se recuerdan para siempre. Hotel Termas de Villavicencio: el castillo mendocino de la montaña, donde el agua se hizo historia y la historia se volvió monumento. #Villavicencio #HotelVillavicencio #TermasDeVillavicencio #MendozaAntigua #Mendoza #LasHerasMendoza #Ruta52 #MonumentoHistoricoNacional #PatrimonioArgentino #HistoriaDeMendoza #ReservaNaturalVillavicencio #MontañaMendocina #Precordillera #ArquitecturaHistorica #AguaVillavicencio #Cuyo #ArgentinaHistorica #MendozaHistory #HistoricArgentina #ArgentineHeritage #MountainHotel #VillavicencioReserve #TravelMendoza #AndesArgentina #VintageMendoza
25 de Junio de 1986 nace, LUIS GUIÑAZÚ FADER: EL MENDOCINO QUE APRENDIÓ A ESCRIBIR CON LUZ
25 de junio de 1986. Nacía en Mendoza Luis Guiñazú Fader, fotógrafo, creador visual y observador inquieto de una provincia donde la luz no solo ilumina: también revela, transforma y cuenta historias. Su camino dentro de la imagen comenzó con formación artística en el Espacio Contemporáneo de Arte, el ECA, uno de los espacios culturales más importantes de Mendoza, ubicado en el histórico edificio del ex Banco de Mendoza, destinado desde 1999 a muestras, talleres, cursos y actividades vinculadas a las artes visuales. Allí cursó el primer módulo con Luis Vázquez, reconocido fotógrafo mendocino, fundador y docente de la Escuela Mendocina de Fotografía, institución activa desde 1995 en la formación y difusión de la fotografía de autor. Guiñazú Fader dio sus primeros pasos profesionales realizando producciones fotográficas para el grupo teatral Trinidad Guevara, acercándose así a un universo donde la imagen debía capturar gestos, silencios, cuerpos, sombras y emociones en movimiento. En 2009 amplió su formación en Buenos Aires con estudios de fotografía teatral junto a Julie Weisz, profundizando una mirada ligada al escenario, la expresión y la potencia dramática de la luz. Para él, la fotografía nace de una certeza esencial: sin luz no hay imagen. La luz es materia, lenguaje, atmósfera y punto de partida. En ese territorio encontró libertad: la posibilidad de mirar el mundo desde su propio ángulo, sin depender de una mirada superior, sin pedir permiso para construir su forma de decir. Su idea del oficio es directa y poderosa: el ojo se afina haciendo. Un fotógrafo no se forma solo con teoría, sino disparando una y otra vez, equivocándose, observando, insistiendo, entrenando la sensibilidad hasta descubrir aquello que otros pasan por alto. Mostrar las cosas de una manera distinta: allí está, quizás, una de sus claves. Además de su trabajo autoral, fue parte de proyectos vinculados a la cultura joven y musical mendocina. Co-dirigió Manzana Latente, revista digital ligada al periodismo de rock, fundada en 2009 y con sede en Godoy Cruz, Mendoza. También su nombre aparece asociado a la escena cultural y musical regional, como integrante del jurado de los Premios Zero, vinculados a la difusión de bandas y artistas. Su labor se extendió además al mundo editorial, la arquitectura, el diseño y la decoración a través de Revista Club House / Mundo Club House, donde sus fotografías acompañaron notas sobre interiores, viviendas, tendencias y espacios contemporáneos de Mendoza. Diversas publicaciones registran trabajos con imágenes firmadas por Luis Guiñazú Fader en proyectos de diseño, arquitectura e interiorismo. Luis Guiñazú Fader pertenece a esa generación de creadores mendocinos que entendió la fotografía no solo como técnica, sino como mirada. Una forma de detener el tiempo. Una manera de convertir lo cotidiano en escena. Una búsqueda donde la cámara no copia la realidad: la interpreta. Porque fotografiar no es únicamente apretar un botón. Es aprender a ver. Es esperar la luz justa. Es descubrir belleza donde otros solo ven rutina. Es hacer visible lo invisible. #LuisGuiñazúFader #FotografíaMendocina #MendozaCultura #ArteMendocino #FotografíaArgentina #ECA Mendoza #CulturaMendoza #ManzanaLatente #MundoClubHouse #FotógrafosArgentinos #HistoriaCultural #MendozAntigua #ArgentinePhotography #MendozaArgentina #VisualArts #PhotographyCulture #CulturalHeritage #RockCulture #EditorialPhotography #TheatrePhotography #ArchitecturePhotography
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25 de Junio de 1978 nace, JUAN DEL BALSO: EL MENDOCINO QUE HIZO HABLAR AL HIERRO, LA PIEDRA Y LA MEMORIA
25 de junio de 1978. Mendoza veía nacer a Juan Del Balso, dibujante, escultor y artista visual cuya obra parece surgir de una pregunta profunda: ¿qué puede decir la materia cuando una mano sensible se anima a escucharla? Desde muy temprano se acercó al arte casi como quien juega, explora y descubre un lenguaje propio sin saber todavía que allí estaba su destino. El dibujo fue una de sus primeras formas de expresión, pero con el tiempo apareció un encuentro decisivo: la técnica del hierro batido y soldado, un oficio duro, físico, de fuego, golpe y paciencia, que le abrió las puertas al universo de la escultura. Del Balso es un artista de formación principalmente autodidacta, aunque su aprendizaje nunca fue superficial. Su escuela fue la observación, el análisis, la búsqueda constante, el contacto con las obras, el ensayo, el error y la necesidad de perfeccionarse. En su camino trabajó con materiales muy distintos: hierro, piedra, madera, arcilla, resina, cemento, yeso y bronce, entre otros. Esa variedad no fue simple experimentación técnica: fue una manera de encontrar, en cada soporte, una voz diferente. Su obra se mueve entre lo clásico y lo contemporáneo. Hay en ella líneas, planos, formas, cuerpos, símbolos y silencios. En sus esculturas, la materia parece desprenderse de lo anecdótico para buscar algo más universal. En sus dibujos y pinturas, aparecen mundos cargados de detalles, escenas interiores, tensiones, relatos visuales y capas de sentido que invitan a mirar más de una vez. En 2005 viajó a Italia, una decisión que marcaría profundamente su desarrollo artístico. Pasó por Pietrasanta, ciudad toscana reconocida internacionalmente por sus talleres de mármol, fundiciones y tradición escultórica, un verdadero territorio de encuentro para artistas de todo el mundo. Luego se instaló en Florencia, donde trabajó durante años en su taller del barrio de Santo Spirito, respirando de cerca el peso inmenso del Renacimiento y el pulso vivo de los antiguos oficios artísticos. Aquel contacto con Italia no lo convirtió en imitador del pasado. Al contrario: le dio más herramientas para separarse, crecer y construir una voz propia. De la influencia clásica fue avanzando hacia una obra cada vez más personal, donde la línea, la superficie y la forma comenzaron a sostener un lenguaje íntimo, moderno y reconocible. Juan Del Balso pertenece a esa clase de artistas que no se quedan quietos. No repite una fórmula. No se encierra en un solo material. Cada obra parece ser una nueva batalla entre la idea y la materia, entre la técnica y la emoción, entre lo visible y aquello que todavía no tiene nombre. Nacido en Mendoza, formado por la intuición, templado por el oficio y proyectado hacia distintos escenarios del mundo, Del Balso representa una figura singular del arte contemporáneo cuyano: un creador que transforma elementos nobles y ásperos en presencia, en memoria y en poesía material. Porque cuando un artista verdadero toca el hierro, la piedra o la madera, no solo fabrica una forma: despierta una historia dormida dentro de la materia. #JuanDelBalso #ArteMendocino #Mendoza #MendozAntigua #Escultura #Dibujo #ArteArgentino #ArtistasMendocinos #CulturaMendocina #HistoriaDelArte #ArteContemporaneo #Escultor #HierroBatido #Florencia #Pietrasanta #SantoSpirito #ArgentinaArt #MendozaArt #ArgentineArtist #SculptureArt #ContemporaryArt #VisualArtist #ArtHistory #ItalianArtInfluence #StoneAndIron
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25 DE JUNIO DE 1973 - EL DÍA QUE MAFALDA SE DESPIDIÓ DEL MUNDO — Y EL MUNDO NUNCA LO OLVIDÓ
Un 25 de junio de 1973, algo murió en el alma del humor argentino. Las últimas viñetas de Mafalda se publicaron en el semanario Siete Días Ilustrados, y con ellas se cerraba uno de los capítulos más brillantes, irreverentes y políticamente cargados de la cultura popular latinoamericana. Quino dejó la tira argumentando que se le habían agotado las ideas, obligado a entregar cuatro tiras por semana durante casi una década. Pero la realidad era mucho más oscura y compleja. América Latina era un polvorín. En Chile se gestaba el golpe que llegaría en septiembre de ese mismo año. Quino lo confesaría años después: "Mafalda no podía dejar de hablar de lo que pasaba. Pero si lo hacía, yo me tenía que ir de la Argentina, cosa que me ocurrió cuatro años después." El silencio no fue rendición: fue supervivencia. Tras casi dos mil tiras, Quino decidió que el tiempo de Mafalda había acabado. Nacida el 29 de septiembre de 1964 en las páginas del semanario Primera Plana, Mafalda hizo su primera aparición en el suplemento de la revista literaria Leoplán el 19 de septiembre de ese año, pasó luego a publicarse regularmente en Primera Plana, y ya convertida en un éxito rotundo, sus tiras comenzaron a aparecer desde 1965 en el diario argentino El Mundo. Pero el origen de esta niña insoportablemente sabia tenía una raíz aún más insospechada: Mafalda nació para ser otra. La historia la hace surgir a inicios de los años 60 de la mano del humorista Miguel Brascó, que fue el padre intelectual del personaje. Una agencia publicitaria, Agens Publicidad, lo contactó para crear una tira que promocionara de manera encubierta la marca de electrodomésticos Mansfield, detrás de la cual estaba la empresa Siam Di Tella. La campaña nunca llegó a publicarse, pero la niña ya existía, y Quino no iba a dejarla morir en un cajón. Ha sido traducida a más de treinta idiomas y es muy popular en América Latina, España, Portugal, Francia, Grecia e Italia. El escritor italiano Umberto Eco, quien prologó la primera edición italiana, la definió como una "heroína iracunda" y declaró que leerla era indispensable para entender a la Argentina. Su legado físico excede con creces el papel impreso. En 2008, como parte del Programa de Nuevos Murales, la empresa Subterráneos de Buenos Aires comisionó un mural de azulejos con los personajes de Mafalda en el pasillo que une las estaciones Perú y Catedral. El 3 de diciembre de 1981 llegó a la gran pantalla con un largometraje de dibujos animados de 75 minutos de duración, realizado íntegramente en Argentina. Su nombre y su imagen habitan plazas, murales y esculturas en todo el país, permanentes en el paisaje urbano como lo fue en la memoria colectiva. Mafalda enseña sobre moralidad, ética y valores desde la expresión artística. Es un fiel reflejo de quienes están cansados de las injusticias sociales y la incompetencia humana. Su creador, Joaquín Salvador Lavado Tejón —nacido en Mendoza el 17 de julio de 1932 y fallecido en esa misma ciudad el 30 de septiembre de 2020— murió un día después de cumplirse 56 años de la primera publicación de su tira más emblemática. Como si incluso al final, la niña de tinta lo hubiera esperado. Mafalda no envejeció. El mundo tampoco cambió lo suficiente como para que dejara de tener razón. #Mafalda #Quino #HistorietaArgentina #CulturaArgentina #HumorGráfico #MendozaArgentina #ArteArgentino #MemoriaHistórica #25DeJunio #PersonajesArgentinos #CómicsArgentinos #PatrimonioCultural #HistoriaArgentina #LatinoaméricaCultural #HumorYPolític #MafaldaComic #QuinoArtist #ArgentineComics #ArgentineCulture #GraphicHumor #ComicStrip #LatinAmericanArt #ArgentineHistory #SocialCritique #IconicCharacters #ComicsHistory #ArgentineHeritage #CartoonArt #PoliticalHumor #ClassicComics
25 DE JUNIO DE 1957 NACE, MARIO AGÜERO: EL SANJUANINO QUE HIZO VOLAR LA BOCHA Y LLEVÓ A LA ARGENTINA A LA CIMA DEL MUNDO
El 25 de junio de 1957 nacía en San Juan Mario Rodolfo Agüero, uno de esos nombres que no pertenecen solamente a una planilla deportiva, sino a la memoria profunda del hockey sobre patines argentino. Nació en una provincia donde la bocha, el stick, los patines y la pista forman parte de una identidad popular, casi una religión deportiva. Y desde muy joven, Agüero entendió que su destino estaría ligado a esa velocidad feroz donde el talento se mide en segundos y la gloria se alcanza sobre ruedas. Su camino comenzó en el querido Concepción Patín Club, institución sanjuanina en la que se formó y defendió sus colores durante la década de 1970. Allí empezó a construir una carrera marcada por potencia, técnica, gol y carácter. No era apenas un jugador más: era un delantero con presencia, un hombre capaz de aparecer en los momentos decisivos y cambiar la historia con un movimiento, una asistencia o un disparo inolvidable. Entre 1975 y 1989 integró la Selección Argentina de hockey sobre patines, formando parte de una generación dorada que llevó a la celeste y blanca a lo más alto. Con el seleccionado fue campeón sudamericano en Mar del Plata en 1975 y en Santiago de Chile en 1977. Pero su nombre quedó grabado para siempre en dos conquistas mundiales monumentales: San Juan 1978 y Novara 1984. En 1978, Argentina consiguió su primer título mundial en este deporte, nada menos que en tierra sanjuanina, ante una multitud encendida. En 1984, en Italia, volvió a tocar el cielo: fuentes especializadas recuerdan que Agüero marcó los dos goles argentinos en el triunfo decisivo ante Italia. La carrera internacional de Agüero también tuvo capítulos brillantes. Jugó en Italia en Follonica, Monza y Roller Monza, y en España vistió la camiseta del histórico HC Liceo. Su talento cruzó fronteras y lo convirtió en una figura reconocida en el hockey europeo, donde dejó registros goleadores y competitivos de enorme valor. La base Rink-Hockey registra su recorrido por clubes y selección, además de un total de 524 goles documentados en competencias relevadas. Con Argentina también fue campeón panamericano en San Juan de Puerto Rico en 1979 y campeón de la Copa de las Naciones en Montreux en 1985. Su palmarés no fue casualidad: fue el resultado de años de sacrificio, disciplina y pasión por un deporte que exige coraje, reflejos, inteligencia y una entrega total. Después de su etapa como jugador, Agüero siguió ligado a la pista como entrenador. Trabajó en Italia, España, Portugal, Colombia y Argentina. Dirigió al seleccionado de Brasil en 1993 y al de Estados Unidos en la década siguiente. En nuestro país también dejó huella en Mendoza, donde fue entrenador de Andes Talleres, y en San Juan volvió a su casa deportiva, Concepción Patín Club, donde condujo al equipo femenino y continuó transmitiendo experiencia, identidad y amor por el hockey. Su trayectoria fue reconocida por la Fundación Konex: en los Premios Konex 1980 recibió el Diploma al Mérito en la categoría Hockey sobre Ruedas, junto a otros grandes nombres de la disciplina. Mario Agüero falleció el 6 de agosto de 2025, pero su nombre sigue rodando en cada pista, en cada chico que sueña con vestir la camiseta argentina, en cada club de barrio donde una bocha golpea contra la madera y despierta ilusiones. Fue campeón, goleador, maestro, dirigente, símbolo y bandera de un deporte que en San Juan se vive con el alma. Porque hay jugadores que ganan títulos. Y hay otros que se vuelven historia. Mario Agüero fue de esos elegidos: un sanjuanino eterno, un campeón del mundo, una leyenda sobre patines. #MarioAgüero #MarioRodolfoAgüero #HockeySobrePatines #HockeyPatín #SanJuan #ConcepciónPatínClub #SelecciónArgentina #ArgentinaCampeón #CampeónDelMundo #SanJuan1978 #Novara1984 #DeporteArgentino #HistoriaDelDeporte #LeyendasArgentinas #MendozAntigua #RollerHockey #RinkHockey #ArgentinaSports #WorldChampion #SportsHistory #ArgentineLegend #HockeyHistory
25 DE JUNIO DE 1896 NACE FIDEL DE LUCÍA, EL PINTOR QUE CONVIRTIÓ A MENDOZA EN PAISAJE ETERNO
El 25 de junio de 1896 nacía Fidel De Lucía, uno de los nombres esenciales de la pintura mendocina del siglo XX. Su llegada al mundo ocurrió de manera casi accidental en Brasil, mientras sus padres, Aquilino De Lucía y María Di Fonso, italianos oriundos de Chieti, atravesaban una etapa de viaje y destino abierto. Sin embargo, su verdadera patria artística sería Mendoza: esa tierra de acequias, cerros, suburbios, cielos secos, arboledas profundas y luz dramática que terminaría marcando para siempre su obra. De Lucía no fue solamente un pintor. Fue un constructor silencioso de cultura. Su vida quedó unida a una Mendoza que, a comienzos del siglo XX, intentaba consolidar una escena artística propia en medio de un ambiente todavía difícil, donde el progreso material no siempre iba acompañado por el apoyo necesario a las artes. Eran años de bohemia, vocación y resistencia; años en los que pintar no era solo crear belleza, sino abrir camino. Su formación comenzó desde muy joven. Pasó parte de su infancia en Roma, donde se nutrió del contacto con museos, talleres y una tradición artística europea que luego llevaría en la mirada. Más tarde se radicó en Mendoza y continuó su aprendizaje en la Escuela de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado. Allí encontró un ambiente en plena formación, atravesado por la influencia de grandes maestros y por la figura luminosa de Fernando Fader, cuya presencia marcaría profundamente a toda una generación de artistas cuyanos. Pero Fidel De Lucía no se quedó atrapado en la sombra de nadie. Tomó esa herencia, la atravesó con su sensibilidad y construyó un lenguaje propio. Su pintura fue predominantemente paisajista, de raíz naturalista, con una mirada serena, profunda y evocadora. No buscó el estruendo: buscó la verdad de la luz. Sus paisajes parecen guardar el silencio de la siesta mendocina, la aspereza de la tierra, la sombra de los árboles, la humildad de los suburbios y esa emoción secreta que solo aparece cuando el artista mira su entorno con amor y paciencia. Con su “paleta viajera”, salía a tomar apuntes en los alrededores de Mendoza, observando rincones, caminos, casas, campos y escenas simples que luego trasladaba al lienzo. En esas obras, lo cotidiano dejaba de ser menor para convertirse en memoria. La provincia no aparecía como postal vacía, sino como territorio vivido: una Mendoza real, sensible, austera y luminosa. Su primera muestra, realizada junto a Antonio Bravo en 1918, marcó el inicio de una trayectoria que crecería entre Mendoza y Buenos Aires. Con el tiempo, sus obras circularon en salones, exposiciones y colecciones, ganando reconocimiento por su calidad artística y por su manera de interpretar el paisaje cuyano. Pero su legado no se limita a los cuadros. Fidel De Lucía también fue un hombre de instituciones. Participó en la fundación del Museo Provincial de Bellas Artes, formó parte del impulso de la Academia Provincial de Bellas Artes, organizó el Museo de Bellas Artes “Fernando Fader” de Godoy Cruz y ejerció una intensa tarea docente. Fue maestro de dibujo y pintura, y ayudó a formar a nuevas generaciones de artistas cuando Mendoza necesitaba no solo pintores, sino espacios, escuelas, museos y pensamiento artístico. En él convivieron el creador y el sembrador. Pintaba paisajes, pero también sembraba cultura. Pintaba la luz de Mendoza, pero también ayudaba a construir los lugares donde esa luz pudiera ser estudiada, admirada y preservada. Fidel De Lucía murió en Mendoza el 5 de abril de 1956, a los 59 años. Su nombre permanece unido a una etapa decisiva de las artes plásticas mendocinas, cuando un grupo de artistas transformó la provincia en un territorio de creación, identidad y memoria visual. Hoy, recordarlo es volver a mirar Mendoza con otros ojos. Es descubrir que detrás de cada acequia, cada árbol, cada muro, cada cerro y cada rincón humilde puede esconderse una obra de arte. Fidel De Lucía: el pintor que no solo retrató el paisaje mendocino, sino que ayudó a darle alma, escuela y eternidad. #FidelDeLucía #FidelDeLucia #ArteMendocino #PinturaArgentina #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #25DeJunio #FernandoFader #MuseoFader #Paisajismo #PaisajeMendocino #CulturaMendocina #MendozAntigua #HistoriaDelArte #ArtHistory #ArgentineArt #MendozaArgentina #LandscapePainting #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #VisualMemory
25 DE JUNIO DE 1858: CONCARÁN, EL PUEBLO QUE NACIÓ ENTRE POSTAS, FE Y MEMORIA INDÍGENA
El 25 de junio de 1858 quedó marcada una fecha fundamental para la historia del norte puntano: nacía formalmente la localidad de Concarán, hoy corazón del Valle de Conlara y cabecera del Departamento Chacabuco, en la provincia de San Luis. Pero antes de llamarse Concarán, esta tierra tuvo otros nombres, otras voces y otras huellas. En sus orígenes aparece vinculada al antiguo paraje conocido como La Cruz y, más tarde, a Villa Dolores, denominación profundamente relacionada con la devoción popular a la Virgen de los Dolores. Mucho antes de los planos, las leyes y los nombres oficiales, la zona ya guardaba memoria indígena: el topónimo Concarán suele asociarse a voces como “Lasta Caucara”, “Lasta Concara” o “Lasca Cancara”, nombres vinculados a poblaciones originarias que habitaron la región. Como ocurre con muchos nombres antiguos de Cuyo y San Luis, su origen llega hasta nosotros envuelto en tradición oral, registros fragmentarios y distintas interpretaciones históricas. La fundación tomó forma durante el gobierno de Justo Daract, una figura clave en la organización institucional de San Luis. Aquella jornada de 1858, los hermanos Aniceto, Ceferino y Miguel Mora, junto con Nicasio Chirino, realizaron una cesión de tierras que permitió ordenar el nacimiento del nuevo poblado. No se trató solamente de entregar un terreno: fue el comienzo de una comunidad. El gobernador dispuso que el área cedida fuera dividida en manzanas y solares. Esos sitios serían otorgados gratuitamente a quienes los solicitaran, con una condición clara: cada vecino debía cerrar o tapialar su terreno en el plazo de un año y levantar una vivienda en el término de dos. Era una forma concreta de poblar, arraigar familias y transformar un espacio rural en pueblo vivo. Así comenzó a crecer Villa Dolores, asentada a la vera del río Conlara, en una región donde el agua, los caminos y la distancia marcaban el ritmo de la vida. El poblado no era un punto aislado en el mapa: era el destino final de una importante línea de postas que partía desde la ciudad de San Luis y atravesaba lugares como Cuchi Corral, Estancia Grande, El Trapiche, Paso del Rey, Intihuasi, Agua Blanca, Laguna Larga, El Bajo, Santa Bárbara, Los Alanices y Dolores. Por esos caminos pasaban mensajeros, viajeros, comerciantes, autoridades, noticias y esperanzas. Las postas eran mucho más que paradas: eran refugio, comunicación, descanso y vínculo entre pueblos en una provincia que todavía se organizaba a fuerza de caballo, polvo, fe y voluntad. La identidad religiosa también fue central. Con la colaboración de los vecinos se levantó una iglesia en homenaje a la Virgen de los Dolores. La tradición recuerda el esfuerzo colectivo del pueblo, incluso el traslado de ladrillos desde las márgenes del río Conlara, donde estaban los hornos. Esa imagen resume una época: una comunidad construyendo su templo con sus propias manos. El siglo XX trajo otro gran cambio: el ferrocarril. Con la llegada del tren, la estación recibió el nombre de Concarán para evitar confusiones con Villa Dolores, Córdoba. A partir de entonces, aquel nombre comenzó a imponerse con fuerza en la vida cotidiana. En 1934, por ley, la antigua Villa Dolores pasó a llamarse oficialmente Concarán. Ese mismo año, otra ley la declaró capital del Departamento Chacabuco, lugar que hasta entonces había correspondido a Renca. Concarán no nació de un solo acto administrativo. Nació de una suma de raíces: memoria indígena, familias fundadoras, caminos de postas, devoción popular, trabajo rural, río, ferrocarril y pertenencia puntana. Cada 25 de junio, San Luis no recuerda solamente la fundación de un pueblo. Recuerda el origen de una comunidad que aprendió a levantar casas, iglesia, caminos e identidad sobre una tierra antigua, hermosa y profundamente viva. Concarán: nombre de historia, corazón del Conlara y símbolo de la memoria puntana. #Concarán #SanLuis #ValleDeConlara #DepartamentoChacabuco #HistoriaArgentina #HistoriaPuntana #PueblosConHistoria #Efemérides #25DeJunio #VillaDolores #JustoDaract #Mora #Chirino #RíoConlara #MendozAntigua #ArgentinaHistory #SanLuisArgentina #HistoricalTowns #CulturalHeritage #ArgentineHistory #MemoryAndHeritage
25 de Junio de 1827 - CUANDO MENDOZA LE DIJO NO AL PODER CENTRAL: EL DÍA QUE LA PROVINCIA DEFENDIÓ SU AUTONOMÍA (Imagen Ilustrativa)
El 25 de junio de 1827, Mendoza tomó una decisión cargada de fuerza política e identidad provincial: desconoció la Constitución Unitaria de 1826 y resolvió continuar rigiéndose por sus propias leyes. No fue un gesto menor. Fue una declaración de autonomía en una Argentina todavía inestable, marcada por guerras, disputas internas y una pregunta decisiva: ¿el país debía organizarse bajo un poder central dominado por Buenos Aires o respetar la vida política de las provincias? La Constitución de 1826, sancionada en Buenos Aires por el Congreso General Constituyente, proponía un modelo “representativo y republicano”, pero bajo una fuerte unidad de régimen. En la práctica, ese sistema recortaba profundamente la capacidad de decisión de las provincias. Los gobernadores quedaban bajo dependencia directa del Presidente de la República y eran nombrados desde el poder central, no elegidos libremente por cada pueblo provincial. Para Mendoza, aquello significaba una amenaza directa contra sus instituciones, sus recursos, su comercio y su derecho a gobernarse según sus propias necesidades. La provincia no quería ser una simple administración subordinada a decisiones tomadas lejos de su territorio, de sus caminos, de sus viñedos, de sus acequias, de sus familias y de su realidad cuyana. El conflicto no era solamente jurídico: era político, económico y profundamente histórico. Detrás de la Constitución Unitaria estaba la vieja tensión entre el puerto y el interior, entre la concentración de poder en Buenos Aires y la defensa de las autonomías provinciales. Las provincias reclamaban participación real, respeto por sus autoridades locales, manejo justo de los recursos y libertad para decidir su propio destino. Mendoza ya había manifestado su inclinación por un sistema federal. Por eso, cuando el proyecto unitario avanzó, la respuesta fue firme: la provincia eligió sostener sus propias leyes antes que aceptar una organización que reducía su soberanía política. Aquel 25 de junio de 1827 quedó como una fecha clave en la memoria institucional mendocina. Fue el día en que Mendoza se plantó frente al centralismo y defendió una idea que luego sería fundamental para la organización argentina: la Nación debía construirse con las provincias, no sobre las provincias. En tiempos en que el país buscaba su forma definitiva, Mendoza alzó su voz desde Cuyo. No rechazaba la unión nacional; rechazaba una unión impuesta desde arriba. No negaba la patria; defendía una patria más justa, federal y respetuosa de cada provincia. Porque la historia argentina también se escribió desde el interior. Y ese día, Mendoza dejó una señal clara: ningún proyecto nacional podía ser verdaderamente argentino si desconocía la autonomía de sus pueblos. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #25DeJunio #ConstitucionDe1826 #UnitariosYFederales #Federalismo #AutonomiaProvincial #Cuyo #BuenosAires #ProvinciasArgentinas #MendozAntigua #ArgentinaHistory #Federalism #ArgentineHistory #HistoricalMemory #ProvincialAutonomy #LatinAmericanHistory
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25 de Junio de 1821, nace GUILLERMO RAWSON: EL SANJUANINO QUE LLEVÓ LA MEDICINA A LA PATRIA Y LA HUMANIDAD AL CORAZÓN DE LA ARGENTINA
El 25 de junio de 1821 nacía en la ciudad de San Juan una de las figuras más brillantes del siglo XIX argentino: Guillermo Colesbery Rawson, médico, político, higienista, legislador, pensador público y uno de los grandes constructores de la salud moderna en nuestro país. Hijo del médico norteamericano Amán Rawson y de María Josefina Rojo Frías, creció en una provincia cuyana todavía marcada por costumbres coloniales, debates políticos intensos y una nación que recién buscaba su forma definitiva Desde joven mostró una inteligencia excepcional. Estudió en Buenos Aires, primero bajo la influencia del prestigioso médico y profesor Diego Alcorta, luego en el Colegio Carolino —antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires— y finalmente en la Facultad de Medicina. En 1844, con apenas 23 años, obtuvo el título de médico. Su tesis, dedicada a la transmisión hereditaria de facultades fisiológicas y patológicas, es señalada por la Academia Nacional de Medicina como la primera tesis sobre genética presentada en la Universidad de Buenos Aires. Pero Rawson no fue solo un hombre de ciencia encerrado en libros y aulas. Fue también un protagonista de la organización nacional. En 1854 fue elegido diputado por San Juan ante el Congreso de Paraná, donde se destacó por su firmeza política y su capacidad parlamentaria. Más tarde, durante la presidencia de Bartolomé Mitre, fue nombrado ministro del Interior, cargo desde el cual impulsó medidas claves para la modernización del país: el telégrafo entre Buenos Aires, Rosario y Montevideo; el ferrocarril de Rosario a Córdoba; la implementación del sistema métrico decimal y el apoyo a la inmigración galesa en la Patagonia, cuyo reconocimiento quedó unido al nombre de Rawson, actual capital de Chubut. En tiempos de epidemias, guerras civiles, conventillos, falta de agua potable y ciudades que crecían sin planificación sanitaria, Rawson comprendió algo fundamental: la salud pública era también una forma de construir patria. Combatió la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, estudió las condiciones de vida urbana y dictó conferencias sobre higiene pública, agua, cloacas, basura, cementerios, hospitales, urbanismo y demografía. Por eso es recordado como uno de los padres del higienismo argentino y de la salud pública nacional. Su mirada iba más allá de la medicina individual. Rawson pensaba en la sociedad completa: en los trabajadores, en los inmigrantes, en las familias hacinadas, en los enfermos sin asistencia y en los heridos de los conflictos. Esa sensibilidad humanitaria lo llevó a convertirse, junto con Toribio Ayerza, en impulsor de la Cruz Roja Argentina, creada en 1880, luego de que el país ratificara el Primer Convenio de Ginebra. La propia Cruz Roja Argentina recuerda a Rawson y Ayerza como sus creadores, y destaca que a pocos días de su fundación la institución ya prestaba auxilio a personas heridas durante enfrentamientos civiles. En 1880, ya alejado de la política activa, Rawson profundizó su camino científico y sanitario. Viajó a Europa por problemas de salud y de visión, participó en congresos internacionales, publicó estudios y dejó una obra que combinó medicina, estadística, urbanismo, demografía e higiene social. No pensaba la salud como una cuestión aislada, sino como el resultado de la vivienda, el agua, el ambiente, la educación y la organización del Estado. Guillermo Rawson murió en París, Francia, el 2 de febrero de 1890. Sus restos fueron repatriados y descansan en la Argentina, pero su legado quedó extendido por todo el país: hospitales, calles, escuelas, ciudades y generaciones de médicos recuerdan su nombre. Fue médico cuando la Argentina necesitaba curarse, político cuando la Nación necesitaba organizarse, científico cuando la salud pública apenas nacía, y humanista cuando el dolor de los demás reclamaba una respuesta. Desde San Juan al mundo, Guillermo Rawson no solo ejerció la medicina: ayudó a fundar una idea moderna de país, donde la vida, la salud y la dignidad humana debían ser una causa nacional. #GuillermoRawson #SanJuan #HistoriaArgentina #Efemerides #25DeJunio #MedicinaArgentina #SaludPublica #CruzRojaArgentina #Higienismo #HistoriaDeLaMedicina #ProceresArgentinos #ArgentinaHistory #PublicHealth #RedCross #MedicalHistory #HumanitarianLegacy #MendozAntigua
25 DE JUNIO DE 1751: JÁCHAL, LA TIERRA SANJUANINA DONDE LA HISTORIA MUELE TRADICIÓN Y EL PAISAJE SE VUELVE LEYENDA (Imagen Ilustrativa)
El 25 de junio de 1751 nació oficialmente la Villa de San José de Jáchal, en el norte de San Juan, una tierra donde el pasado no duerme: respira en sus calles largas, en sus acequias antiguas, en sus montañas de colores, en el rumor del río y en esos molinos harineros que todavía parecen guardar el sonido profundo del trigo convirtiéndose en pan. Fundada por el maestro de campo Juan de Echegaray, Jáchal fue creciendo como corazón de una región agrícola, minera y cultural del norte sanjuanino. Su ubicación, junto al valle y al río Jáchal, le dio desde temprano una identidad marcada por el trabajo, la producción, el agua, la tierra árida transformada en cultivo y la vida de familias enteras que hicieron del esfuerzo una tradición. Pero Jáchal no es solo una ciudad histórica. Es una postal viva de Cuyo. Es una localidad tranquila, de calles que unen el centro urbano con campos verdes, sierras imponentes, quebradas, paisajes de adobe y una memoria que se sostiene en la palabra, la música, la comida regional, la artesanía y el orgullo popular. Entre sus grandes tesoros se destacan los antiguos molinos harineros, verdaderas joyas de ingeniería rural. Los molinos de García o del Alto, de Reyes, de Huaco o Dojorti, y de Sardiña o Santa Teresa forman parte de un patrimonio que recuerda una época en la que Jáchal fue protagonista de la producción triguera y harinera. Allí, la fuerza del agua movía ruedas, piedras y mecanismos que alimentaron a generaciones y dejaron una huella profunda en la economía y la cultura de la región. En Huaco, el paisaje parece detenido en otro tiempo: casas de adobe, muros antiguos, cielo abierto, silencio serrano y el Viejo Molino como símbolo de una memoria que se niega a desaparecer. Cada rincón habla de trabajo, de familias, de carreros, de molienda, de pan recién hecho y de una San Juan profunda, criolla y resistente. Jáchal también es tradición hecha fiesta. Cada noviembre, la Fiesta Nacional de la Tradición transforma al departamento en un gran escenario de identidad popular. Desfiles gauchos, música, danzas, artesanos, comidas típicas, homenajes y el recuerdo permanente de Buenaventura Luna convierten a la celebración en una de las expresiones culturales más fuertes de San Juan. Y si la historia emociona, la naturaleza termina de completar el hechizo. El Embalse Cauquenes, conocido también como Dique de Huaco o Dique de Los Lisos, ofrece un paisaje de calma imponente, ideal para contemplar el agua entre cerros, disfrutar el aire libre, observar flora y fauna autóctona y vivir esa tranquilidad difícil de encontrar en el mundo moderno. Sus aguas también son conocidas por los pescadores, especialmente por la presencia del pejerrey. San José de Jáchal es mucho más que una fecha fundacional. Es una raíz. Es una tierra donde la historia colonial, la cultura cuyana, la producción agrícola, la minería, el folclore, la fe y la naturaleza se abrazan en un mismo paisaje. A 273 años de aquella fundación, Jáchal sigue de pie: serena, antigua, orgullosa y luminosa. Una ciudad que no necesita gritar para imponerse, porque su fuerza está en la memoria de su gente, en la tradición que se canta, en el río que la acompaña y en los molinos que todavía parecen repetir, con voz de madera y agua, que la historia también se amasa. #Jáchal #SanJoséDeJáchal #SanJuan #HistoriaArgentina #Cuyo #Tradición #FiestaNacionalDeLaTradición #MolinosHarineros #Huaco #DiqueDeHuaco #EmbalseCauquenes #CulturaCuyana #TurismoSanJuan #ArgentinaHistórica #PueblosConHistoria #MendozAntigua #Jachal #SanJuanArgentina #ArgentineHistory #CuyoRegion #CulturalHeritage #HistoricMills #TravelArgentina #ArgentineTraditions
miércoles, 24 de junio de 2026
LÍNEA 39: EL COLECTIVO QUE CRUZÓ BUENOS AIRES, HIZO HISTORIA Y LANZÓ A CARLITOS BALÁ A LA RISA POPULAR
Hay colectivos que simplemente llevan pasajeros. Y hay otros que transportan memoria, barrios, anécdotas, colores, voces y leyendas urbanas. La Línea 39 pertenece a esa segunda categoría: no es solo un recorrido porteño, es una postal viva de Buenos Aires. Su historia comenzó el 8 de febrero de 1932, cuando un grupo de emprendedores decidió sumarse a una aventura que todavía era joven en la Argentina: el colectivo. Apenas habían pasado cuatro años desde aquel 24 de septiembre de 1928, cuando los primeros taxis colectivos empezaron a circular por Buenos Aires, transformando para siempre la manera de viajar por la ciudad. En sus primeros días, la actual 39 no llevaba ese número. Nació como Línea 32, con un pequeño grupo de unidades International, uniendo Santa Fe y Carranza, en Palermo, con Caseros y Hornos, junto a Constitución. Era una Buenos Aires que crecía, que se expandía, que necesitaba unir barrios, estaciones, comercios, trabajadores y familias. El servicio tuvo una respuesta inmediata. En poco tiempo se sumaron nuevas unidades, el recorrido se extendió hacia Barracas y la línea comenzó a ganar presencia en la calle. Para agosto de 1932 ya llegaba hasta la zona de Pedro de Mendoza y Regimiento de Patricios, y del otro lado hacia el corazón de Palermo. Aquella joven línea, nacida en plena transformación del transporte urbano, empezaba a escribir una historia propia. En 1935 adoptó el número que la volvería inolvidable: 39. Desde entonces, su silueta quedó unida a una franja esencial de la ciudad: Chacarita, Colegiales, Palermo, Plaza Italia, Avenida Santa Fe, Tribunales, el centro porteño, Constitución, Parque Lezama, Barracas y La Boca. Cada parada fue una escena. Cada viaje, una pequeña crónica cotidiana. Pero la 39 también atravesó tiempos difíciles. En los años 40, la política de transporte de la ciudad puso en jaque a muchas líneas independientes. Hubo incautaciones, huelgas, resistencia y una pelea enorme para no desaparecer. La 39 logró sobrevivir y conservar su identidad en medio de un proceso que cambió para siempre el transporte porteño. En 1948 llegó uno de sus grandes símbolos: los Chevrolet “sapo”, llamados así por la forma redondeada de su trompa. Aquellas unidades marcaron una época. Eran más que vehículos: eran parte del paisaje urbano, con su frente inconfundible, su presencia robusta y ese aire de Buenos Aires antiguo que todavía hoy despierta nostalgia. Con el paso de los años, la línea siguió creciendo. Sumó variantes, nuevos ramales y cambios tecnológicos. El ramal por Colegiales respondió a nuevas necesidades de la zona; el recorrido por Palermo Viejo abrió camino por calles arboladas y sectores donde muchos vecinos necesitaban una conexión más directa. Más tarde llegaron unidades modernas, carteleras electrónicas, aire acondicionado, pantallas informativas, cargadores USB y servicios pensados para el pasajero del siglo XXI. Pero si hay una historia que convirtió a la Línea 39 en leyenda popular, esa historia tiene nombre y sonrisa: Carlitos Balá. Carlos Salim Balaá nació en Chacarita el 13 de agosto de 1925. Mucho antes de convertirse en uno de los humoristas más queridos de la Argentina, antes de la televisión, del teatro, del cine y de las frases que marcaron generaciones, Balá encontró un primer escenario arriba de los colectivos de la 39. Allí hacía monólogos, chistes y personajes frente a los pasajeros. No era todavía el ídolo popular que el país conocería después. Era un joven venciendo la timidez, probando su gracia, aprendiendo a escuchar al público y descubriendo que la risa también podía viajar parada, sentada, apurada o camino al trabajo. Una de las anécdotas más recordadas cuenta que, con complicidad del chofer, Balá preguntaba cuánto faltaba para llegar a Plaza Constitución. El chofer respondía con seriedad, la gente entraba en el juego, algunos le daban la razón, otros discutían, y el colectivo entero terminaba convertido en un pequeño teatro rodante. Así nació parte de su magia: entre asientos, boletos, paradas, frenadas, charlas y carcajadas. Por eso la Línea 39 no es solamente una línea de transporte. Es una memoria en movimiento. Es el eco de los viejos colectivos, de los Chevrolet “sapo”, de los choferes que conocían a sus pasajeros, de los barrios unidos por una misma traza y de un artista que empezó haciendo reír en el lugar más popular de todos: el colectivo. La 39 cruzó décadas, crisis, cambios urbanos, nuevas tecnologías y generaciones enteras. Pero todavía conserva algo esencial: esa identidad porteña de barrio, de calle, de historia compartida. Porque Buenos Aires también se cuenta desde sus colectivos. Y la Línea 39, con su marrón, su blanco, su dorado y su leyenda, sigue siendo una de las grandes protagonistas de esa historia. #Linea39 #ColectivosArgentinos #BuenosAiresAntigua #HistoriaPorteña #CarlitosBala #Chacarita #Palermo #Constitucion #Barracas #LaBoca #TransportePublico #MemoriaUrbana #BuenosAiresHistoria #ColectivosDeBuenosAires #CulturaPopular #HistoriaArgentina #VintageBus #UrbanHistory #BuenosAiresHistory #PublicTransportHistory #ArgentineHistory #CarlosBala
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