miércoles, 7 de octubre de 2026

¡EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA! MENDOZA 7 DE OCTUBRE DE 1946: CUANDO UN TECHO DIGNO COMENZÓ A TRANSFORMAR EL DESTINO DE MILES DE FAMILIAS


El 7 de octubre de 1946, mientras la Argentina atravesaba una profunda transformación política, económica y social, un periódico mendocino dejaba testimonio de uno de los debates más trascendentales para el futuro de nuestra provincia: el derecho de las familias trabajadoras a disponer de una vivienda digna. Aquel lunes, el diario La Libertad publicó en su página 5 un artículo titulado “Las casas individuales”, una valiosa referencia periodística que ha sobrevivido gracias a las investigaciones históricas sobre las políticas habitacionales mendocinas. Su existencia, fecha y ubicación están documentadas en estudios académicos de Verónica Cremaschi, que permiten reconstruir el escenario de una Mendoza donde conseguir un hogar propio representaba para numerosos obreros y empleados una aspiración difícil de alcanzar. En aquellos años, muchas familias vivían en propiedades alquiladas, habitaciones subdivididas y antiguas construcciones con deficiencias sanitarias. El problema no consistía únicamente en levantar nuevas paredes: significaba garantizar mejores condiciones de higiene, seguridad, intimidad y estabilidad familiar. La discusión enfrentaba dos modelos arquitectónicos y sociales: las viviendas colectivas, que permitían concentrar numerosos hogares en edificios compartidos, y las casas individuales, concebidas como unidades independientes, frecuentemente acompañadas de patios o jardines. En Mendoza, las características del clima, la disponibilidad de terrenos y las concepciones de la época sobre la vida familiar impulsaron una marcada preferencia por la vivienda unifamiliar. Este proceso tenía antecedentes importantes durante los gobiernos provinciales de la década de 1930 y adquirió nuevo impulso después de la llegada del peronismo al poder en 1946, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón y la gobernación mendocina de Faustino Picallo. Uno de los ejemplos más reveladores fue el barrio obrero 4 de Junio, cuyo proyecto se había iniciado antes del peronismo. Las investigaciones señalan que una primera etapa comprendió 144 viviendas terminadas en 1945, a las que se sumaron otras 119 unidades proyectadas en terrenos contiguos. Sin embargo, apareció una contradicción dramática: muchas de las familias obreras a las que estaban destinadas aquellas casas no podían afrontar las cuotas exigidas. En 1946 solamente se habían adjudicado diez viviendas de aquella ampliación, por lo que las autoridades extendieron la posibilidad de alquilarlas a empleados estatales cuyos ingresos no superaran los 350 pesos mensuales. También podían presentarse jubilados y pensionados con familiares a cargo. Para la selección se contemplaban las condiciones de alojamiento de los aspirantes, sus antecedentes familiares y laborales y criterios de nacionalidad propios de aquella época. La vivienda dejaba de ser solamente una preocupación privada para convertirse en una cuestión de administración pública y justicia social, aunque el acceso efectivo continuaba condicionado por los ingresos y los requisitos de adjudicación. Las casas de aquellos programas incorporaban soluciones constructivas especialmente importantes en una provincia marcada por su historia sísmica: cimientos de hormigón, estructuras resistentes, paredes de ladrillo y ambientes destinados a mejorar la vida cotidiana. Algunas incluían cocina económica, instalaciones de agua caliente y calefacción, comodidades que representaban una mejora significativa para sus futuros habitantes. El horizonte de estas iniciativas no era únicamente el alquiler: también se estudiaban mecanismos de arrendamiento con opción de compra que facilitaran el camino hacia la propiedad. En 1947, mediante la Ley Provincial Nº 1658, Mendoza creó el Instituto Provincial de la Vivienda, organismo que impulsaría una nueva etapa de intervención estatal en materia habitacional. La transformación continuó durante los años siguientes y alcanzó distintos sectores del Gran Mendoza. El 18 de mayo de 1950, el mismo diario La Libertad anunciaba en su página 7 que el gobierno provincial construía 2.595 viviendas por un valor de 147.138.000 pesos de la época, cifras correspondientes a una información periodística que reflejaba la magnitud de los programas anunciados, sin que deban confundirse automáticamente con casas ya terminadas y entregadas. Hoy, ocho décadas después, aquella pequeña referencia de la página 5 adquiere un significado extraordinario: detrás de las palabras “Las casas individuales” estaba una transformación que modificaría barrios, calles y formas de habitar, y que ayudaría a consolidar el ideal de la casa propia en generaciones de mendocinos. La historia de Mendoza también se escribió con planos, ladrillos, techos, patios y familias que soñaban con abandonar el alquiler para construir un futuro bajo su propio techo. Un capítulo de nuestra memoria urbana y social que merece ser rescatado, porque detrás de cada vivienda había algo mucho más grande que una construcción: la esperanza de una vida mejor. Fuentes históricas: diario La Libertad, Mendoza, 7/10/1946, p. 5; 18/5/1950, p. 7. Verónica Cremaschi, La vivienda estatal y su contribución al fomento de la familia nuclear (2018), Universidad Nacional de Córdoba; Los barrios construidos durante el primer peronismo en Mendoza (2016), Cuadernos FHyCS-UNJu; Proyectos y concreciones. Obras y políticas públicas durante el primer peronismo en Mendoza (1946–1955); Ley Provincial Nº 1658 (1947). Referencias hemerográficas documentadas en investigaciones académicas. #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1946 #Efemerides #7DeOctubre #ViviendaPopular #CasaPropia #BarriosHistoricos #ArquitecturaMendocina #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #Peronismo #PatrimonioHistorico #MendozaHistory #ArgentinaHistory #SocialHousing #HistoricHomes #HousingHistory #UrbanHistory #HistoricalArchives #WorkingClassHistory

¡MENDOZA SE REBELÓ! 7 DE OCTUBRE DE 1918: LA HISTÓRICA HUELGA QUE PARALIZÓ LAS COMUNICACIONES Y DESAFIÓ AL PODER EN PLAZA CHILE


El 7 de octubre de 1918, hace exactamente 108 años, Mendoza fue escenario de una de las jornadas más intensas y olvidadas de su historia obrera. En una época en que los telegramas y las cartas constituían las principales herramientas de comunicación a distancia, los trabajadores de Correos y Telégrafos protagonizaron una huelga general que trasladó a las calles de la capital una protesta iniciada un mes antes y extendida por distintas provincias argentinas. Aquella mañana, la histórica plaza Chile se convirtió en punto de concentración de numerosos empleados que reclamaban salarios dignos, mejores condiciones laborales y el reconocimiento de sus derechos. Las autoridades habían prohibido el mitin programado, pero muchos trabajadores desconocían aquella decisión y comenzaron a reunirse hasta formar lo que las crónicas contemporáneas describieron como una “crecida masa”. La multitud resolvió manifestarse espontáneamente y avanzó por las calles mendocinas, desafiando las restricciones policiales en una ciudad gobernada por José Néstor Lencinas, mientras Hipólito Yrigoyen ocupaba la presidencia de la Nación. La movilización fue interceptada por fuerzas de seguridad y el jefe policial, identificado en la investigación histórica como E. Quellet, amenazó con actuar con dureza contra quienes desobedecieran la orden de dispersarse. Finalmente, al sonar el clarín policial, los manifestantes se desconcentraron, dejando una escena que hoy permite reconstruir las tensiones sociales de aquella Mendoza de comienzos del siglo XX. El conflicto tenía profundas raíces: había comenzado a escala nacional el 7 de septiembre, cuando los empleados denunciaron el incumplimiento de compromisos salariales y exigieron un sueldo mínimo mensual de 100 pesos para los mayores de 18 años, una jornada de seis horas, pago de horas extraordinarias, licencias, mejores condiciones sanitarias y el reconocimiento de su organización gremial. Mendoza ocupaba una posición estratégica, porque su distrito postal y telegráfico conectaba Buenos Aires y el Litoral con Cuyo, la Patagonia y Chile. Según el Censo Nacional de 1914, la provincia contaba con 288 trabajadores vinculados a estos servicios, entre telegrafistas, telefonistas, guardahilos, mensajeros y otros empleados. La adhesión a la huelga afectó seriamente las comunicaciones, mientras soldados armados custodiaban las dependencias postales y personal sustituto intentaba mantener los servicios. Las jornadas siguientes estuvieron marcadas por enfrentamientos, detenciones y una creciente presencia policial. El 9 de octubre murió el empleado postal Jacinto Savasta, alcanzado por un disparo durante un enfrentamiento con rompehuelgas; su muerte provocó una enorme manifestación de duelo y solidaridad obrera. El 10 de octubre se levantó la huelga general, aunque el conflicto postal continuó dejando graves consecuencias para numerosos trabajadores que perdieron sus empleos. Años después, el 19 de octubre, el dirigente José Mancebo fue detenido clandestinamente y expulsado hacia Chile, en uno de los episodios más estremecedores de aquella represión. Lo extraordinario es que esta historia no quedó únicamente en testimonios escritos: existen fotografías auténticas de los huelguistas, las manifestaciones y los desalojos policiales, publicadas en la revista mendocina La Semana durante octubre de 1918. Una investigación de Matías Latorre y Mariana Pereyra, publicada en 2024, permitió reconstruir estos acontecimientos mediante periódicos originales y otras fuentes históricas. Hoy, más de un siglo después, aquella concentración en plaza Chile recuerda a los hombres y mujeres que sostuvieron los servicios de comunicación y a una generación de trabajadores que decidió hacer oír sus reclamos, aun cuando las autoridades intentaron impedirlo. Una página extraordinaria de la memoria social mendocina que merece regresar del olvido. #MendozAntigua #Mendoza1918 #HistoriaDeMendoza #PlazaChile #HuelgaGeneral #CorreosYTelegrafos #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #MovimientoObrero #TrabajadoresPostales #MendozaHistory #ArgentineHistory #LaborHistory #WorkersHistory #PostalHistory #HistoricMendoza Fuentes: Matías Latorre y Mariana Pereyra, «Desharrapados». Empleados postales y telegrafistas a la huelga general (Mendoza, Argentina, 1918), Estudios del ISHIR, vol. 14, n.º 40 (2024); Los Andes, 7 y 10 de octubre de 1918; La Semana, 2 y 23 de octubre de 1918

7 DE OCTUBRE DE 1906 - ¡DE LOS ESCOMBROS DEL TERREMOTO A LA GLORIA! EL DÍA QUE GODOY CRUZ COMENZÓ A LEVANTAR UNO DE LOS TEMPLOS MÁS IMPONENTES DE MENDOZA


El 7 de octubre de 1906, Godoy Cruz daba un paso trascendental en su historia religiosa, arquitectónica y social: comenzaba la construcción de la actual iglesia de San Vicente Ferrer, una monumental obra que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del departamento y en una de las expresiones más extraordinarias de la arquitectura neogótica del oeste argentino. Pero la historia de este santuario había comenzado mucho antes, en 1753, cuando Tomás de Coria y Bohórquez estableció en sus tierras un pequeño oratorio dedicado a San Vicente Ferrer, religioso dominico español. Aquel modesto lugar de culto se transformó en un punto de reunión de los habitantes de la zona, hasta que en 1786 adquirió la categoría de viceparroquia y en 1804 fue elevado a parroquia. Su importancia fue tan grande que alrededor de aquel núcleo religioso se desarrolló la antigua Villa de San Vicente, antecedente histórico de la actual ciudad de Godoy Cruz. Sin embargo, el devastador terremoto del 20 de marzo de 1861 dañó gravemente el antiguo templo y dejó una profunda huella en la comunidad. Con el paso de las décadas, la llegada del ferrocarril, el crecimiento demográfico y la expansión de las industrias vitivinícolas impulsaron la necesidad de construir una iglesia más amplia, moderna y resistente. Aunque los cimientos de la nueva construcción se remontan a 1902, el Museo Virtual de Godoy Cruz identifica el 7 de octubre de 1906 como la fecha de comienzo de su levantamiento. La empresa fue posible gracias a la participación de los vecinos, las autoridades religiosas y una comisión protemplo apoyada por destacadas personalidades de la sociedad local, entre ellas Balbino Arizu y Olaya Pescara de Tomba, viuda del empresario vitivinícola Antonio Tomba. Frente a la plaza departamental, sobre la actual calle Lavalle, comenzó a elevarse una construcción de líneas neogóticas, con arcos ojivales, estilizados pináculos, una imponente torre central y tres naves interiores. Su estructura de hormigón armado representó una notable innovación constructiva para una región marcada por los terremotos. La obra culminó en una jornada memorable: el 18 de mayo de 1912, el obispo José Américo Orzali inauguró y consagró solemnemente el nuevo templo. La celebración movilizó a la comunidad con música, festejos populares, fuegos artificiales y una recepción ofrecida por Olaya Pescara de Tomba, madrina de la iglesia. Al día siguiente continuaron las celebraciones con un banquete y un corso de flores en la plaza. Durante las décadas posteriores, el sacerdote Celestino Arce impulsó importantes trabajos de ornamentación y embellecimiento, mientras sucesivas intervenciones incorporaron graderías, vitrales y nuevos sistemas de iluminación. El edificio también conserva una estrecha relación con la memoria sanmartiniana: en su interior descansan los restos de Tomás Godoy Cruz, protagonista fundamental del Congreso de Tucumán de 1816, y en su atrio se encuentra un cenotafio dedicado al tropero Pedro Sosa, vinculado con la epopeya del Ejército de los Andes. Más de un siglo después de su inauguración, el templo alcanzó otro momento histórico cuando, el 21 de diciembre de 2023, durante una celebración presidida por el arzobispo Marcelo Colombo, se proclamó solemnemente su reconocimiento como Basílica Menor, otorgado por el Vaticano. Se convirtió así en la cuarta basílica de Mendoza. Hoy, a 120 años del comienzo de aquellas obras, la Basílica de San Vicente Ferrer continúa elevándose frente a la plaza mayor de Godoy Cruz como un extraordinario monumento a la fe, al esfuerzo colectivo y a la capacidad de una comunidad para reconstruirse después de las adversidades. Sus muros guardan más que la historia de una iglesia: conservan la memoria de generaciones de mendocinos que convirtieron un pequeño oratorio del siglo XVIII en uno de los grandes tesoros patrimoniales de nuestra provincia. Fuentes históricas: Museo Virtual de Godoy Cruz, «Parroquia San Vicente Ferrer» y «Cronología»; Municipalidad de Godoy Cruz, patrimonio y declaración de Basílica Menor; Los Andes, «San Vicente Ferrer: de Oratorio en 1753 a Basílica en 2023»; Agencia Informativa Católica Argentina (AICA), 23/12/2023. La cronología oficial presenta una discrepancia sobre la inauguración (12 o 18 de mayo de 1912); las fuentes municipales y la reconstrucción histórica de Los Andes respaldan el 18 de mayo. El inicio del 7/10/1906 está documentado en la investigación patrimonial municipal, aunque queda pendiente contrastarlo con el acta eclesiástica original. #MendozAntigua #GodoyCruz #SanVicenteFerrer #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #EfemeridesHistoricas #PatrimonioHistorico #ArquitecturaNeogotica #BasilicaSanVicenteFerrer #MemoriaHistorica #ArgentinaHistorica #MendozaHistory #GodoyCruzHistory #ArgentineHistory #HistoricArchitecture #NeoGothicArchitecture #CulturalHeritage #HistoricChurches

7 DE OCTUBRE DE 1860 - ¡LOS SECRETOS DE LA NOCHE MENDOCINA! 1860: LOS PARTES POLICIALES QUE REVELAN CÓMO SE VIGILABAN LAS CALLES ANTES DEL GRAN TERREMOTO (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1860, cuando Mendoza todavía conservaba sus antiguas construcciones coloniales, sus calles de tierra y buena parte de la fisonomía urbana que desaparecería pocos meses después bajo los escombros del devastador terremoto del 20 de marzo de 1861, la ciudad vivía una silenciosa transformación en su sistema de seguridad. Mientras sus habitantes descansaban, hombres encargados de mantener el orden recorrían las principales arterias, observaban movimientos sospechosos y registraban las novedades de la noche en informes destinados a las autoridades. Aquella vigilancia quedó documentada en una extraordinaria serie de partes policiales conservados en el Archivo General de la Provincia de Mendoza, identificados como Carpeta 172, Documento 31, con actuaciones fechadas el 7, 8 y 10 de octubre de 1860. La referencia fue recuperada por la historiadora Eugenia Molina, investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional de Cuyo, en un estudio publicado en 2025 sobre la formación de las fuerzas policiales mendocinas entre 1824 y 1860. Estos documentos constituyen un testimonio excepcional de la vida cotidiana de una ciudad que estaba a punto de sufrir una de las mayores tragedias de su historia. Durante aquel año, Mendoza había organizado un servicio especializado de serenos para vigilar sus calles durante la noche. En febrero comenzaron a patrullar ocho hombres, cada uno asignado a una calle determinada, mientras se establecía un sistema de comunicaciones que llevaba los partes diarios desde el comandante de vigilantes hasta el jefe de Policía y, finalmente, al gobierno provincial. En mayo de 1860 se sancionó una ley para organizar el cuerpo y posteriormente se dictó un reglamento que establecía sus obligaciones: preservar el orden público, proteger a los habitantes y resguardar sus propiedades. La organización proyectada contemplaba un comandante, dos cabos y dieciocho serenos, al menos seis de ellos montados a caballo, aunque los efectivos efectivamente destinados al servicio llegaron a ser hasta doce. La investigación revela que los informes elaborados entre febrero y octubre registraron principalmente noches sin incidentes, pero también detenciones o multas vinculadas con juegos, ebriedad, galopes por las calles, falta de papeleta y hasta la presencia de un extranjero considerado sospechoso por las autoridades. Los detenidos durante la noche eran conducidos al Cuartel de Vigilantes. Es importante distinguir que estas situaciones corresponden al conjunto documental examinado y no pueden atribuirse individualmente al 7 de octubre sin consultar el contenido específico de ese parte. Aquellos papeles también muestran una realidad poco conocida: la seguridad pública de Mendoza enfrentaba dificultades para financiar salarios, adquirir uniformes y mantener los equipos de sus hombres. Los registros de 1860 incluyen gastos en monturas, estribos, riendas y vestimenta, además de retrasos en el pago de haberes. Incluso la existencia del cuerpo de serenos resultó breve: un informe policial de comienzos de 1861 señaló que había sido disuelto en octubre de 1860 y reemplazado por un escuadrón de vigilantes. Así, detrás de unas sencillas hojas administrativas emerge una historia fascinante: la de una ciudad que intentaba modernizar su seguridad mientras atravesaba los últimos meses de su antigua existencia. El 7 de octubre de 1860 quedó registrado en ese proceso y hoy, 166 años después, sus partes policiales nos acercan a los temores, las costumbres, los conflictos y las preocupaciones de los mendocinos que caminaron aquellas calles antes de que el terremoto cambiara su destino para siempre. Una historia que permaneció durante generaciones entre documentos oficiales y que hoy vuelve a cobrar vida a través de MendozAntigua. Fuentes: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección Policía, Carpeta 172, Doc. 31 (7, 8 y 10/10/1860); Eugenia Molina, investigación sobre la organización policial mendocina (1824-1860) #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1860 #7DeOctubre #ArchivoHistorico #PoliciaDeMendoza #Serenos #MendozaColonial #TerremotoDe1861 #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #ArgentinaHistory #HistoricalArchives #PoliceHistory #19thCentury #ForgottenHistory

¡SAN MARTÍN CONTRAATACA DESDE MENDOZA! EL 7 DE OCTUBRE DE 1818, LA CARTA QUE DESAFIÓ LAS ACUSACIONES DE UN GENERAL DE NAPOLEÓN


El 7 de octubre de 1818, José de San Martín protagonizó desde Mendoza uno de los episodios más intensos y menos conocidos de su carrera militar. Apenas seis meses después de su extraordinaria victoria en Maipú, que el 5 de abril había consolidado la independencia de Chile y abierto el camino hacia la liberación del Perú, el Libertador debió enfrentar una batalla completamente diferente: defender su honor, sus decisiones militares y su autoridad frente a las durísimas acusaciones del general francés Michel Brayer, un experimentado oficial que había servido en los ejércitos napoleónicos y que terminó enfrentado con el comandante del Ejército de los Andes. El conflicto había estallado después de los acontecimientos que precedieron a la batalla de Maipú. Brayer, que había ocupado importantes responsabilidades en las fuerzas patriotas, fue apartado del mando de la caballería por San Martín, quien cuestionó severamente su comportamiento cuando el ejército se disponía a combatir. Según el testimonio del propio Libertador, mientras las columnas avanzaban hacia el enemigo, Brayer se presentó cojeando y solicitó autorización para retirarse a los baños de Colina, alegando las molestias de una antigua herida. San Martín consideró inadmisible aquella solicitud en un momento en que estaba por decidirse el destino de Chile. La discusión fue tan violenta que, según su posterior relato, llegó a pensar en ordenar su fusilamiento. Brayer, por su parte, rechazó las acusaciones de cobardía y sostuvo que había sido víctima de una injusticia personal, cuestionando públicamente la capacidad militar y las decisiones estratégicas del Libertador. La controversia alcanzó tal magnitud que San Martín decidió responder mediante una exposición escrita, fechada en Mendoza el 7 de octubre de 1818 y dirigida al general Antonio González Balcarce, comandante en jefe del Ejército Unido en Chile. En aquel documento solicitó que los oficiales examinaran imparcialmente su conducta desde la salida de Mendoza y explicó las razones que lo habían llevado a separar al francés del mando. La respuesta no se limitó a una defensa personal: constituyó una reconstrucción de los acontecimientos militares, acompañada por testimonios de otros jefes patriotas. Oficiales del ejército respaldaron la posición sanmartiniana y recordaron diversos episodios en Talcahuano, el río Lontué y Cancha Rayada que, a su juicio, comprometían la actuación de Brayer. El propio Bernardo O'Higgins también aportó su testimonio. La disputa quedó reflejada en una publicación de 1818 que reunió las acusaciones del general francés y las contestaciones correspondientes, posteriormente reproducidas en colecciones documentales históricas. Pero aquel 7 de octubre dejó otra huella extraordinaria: San Martín también escribió a su amigo y colaborador Tomás Guido, revelando el profundo desgaste personal que le provocaban las disputas políticas y militares. En esa correspondencia expresó su amargura por recibir ataques mientras procuraba servir al bien público, y llegó a maldecir la ambición de mandar. Estas palabras permiten descubrir al hombre detrás del monumento: un conductor victorioso, pero agotado por las intrigas, las rivalidades y las enormes responsabilidades de la emancipación americana. La importancia histórica de este episodio reside también en su escenario. Mendoza, la ciudad que había organizado el Ejército de los Andes y sostenido con enormes sacrificios la campaña libertadora, volvía a convertirse en protagonista de una decisión trascendental. Allí, lejos del estruendo de los cañones de Maipú, San Martín libró una batalla con documentos, testimonios y argumentos para defender su reputación ante sus propios oficiales y la opinión pública. La existencia y fecha de aquella contestación están respaldadas por el Instituto Nacional Sanmartiniano, mientras que una investigación publicada por la Academia de Historia Militar de Chile confirma expresamente que el escrito estaba fechado en Mendoza el 7 de octubre de 1818. Más de dos siglos después, estas páginas permiten comprender que la independencia sudamericana no se conquistó solamente contra los ejércitos realistas: también estuvo atravesada por desacuerdos profundos dentro de las propias fuerzas revolucionarias. Aquel día, San Martín demostró que incluso después de una victoria histórica debía continuar defendiendo sus decisiones, su liderazgo y el proyecto libertador que había nacido en tierras mendocinas. #SanMartin #JoseDeSanMartin #MendozAntigua #MendozaHistorica #HistoriaDeMendoza #7DeOctubre #EfemeridesHistoricas #EjercitoDeLosAndes #BatallaDeMaipu #MichelBrayer #LibertadorDeAmerica #IndependenciaArgentina #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaMilitar #SanMartinHistory #ArgentineHistory #MendozaArgentina #BattleOfMaipu #ArmyOfTheAndes #SouthAmericanHistory #LatinAmericanIndependence Fuentes: Instituto Nacional Sanmartiniano, Florencia Grosso, «San Martín y Brayer en Maipú. Conjura y traición» (2020); Memorias y autobiografías, tomo III, Museo Histórico Nacional (1910); Colección Idearios Argentinos: José de San Martín, documento 99 y nota 20; Academia de Historia Militar de Chile, Anuario Nº 27 y De revolucionarios a libertadores.

EL GIGANTE DEL SUR DE RÍO CUARTO: EL MATADERO MODELO QUE ALIMENTÓ A UNA CIUDAD Y SOBREVIVIÓ EN SU MEMORIA


Esta extraordinaria fotografía conserva la imagen de uno de los establecimientos que acompañaron la transformación urbana, sanitaria y económica de Río Cuarto durante las primeras décadas del siglo XX: el antiguo matadero situado al sur de la ciudad. La historia de estos establecimientos, sin embargo, había comenzado mucho antes. Ya el 9 de abril de 1881 las autoridades riocuartenses resolvieron construir un edificio específicamente destinado al matadero público, encargando planos y condiciones para licitar la obra en terrenos ubicados hacia el sudeste de la plaza General Roca. Cinco años después, el 10 de agosto de 1886, el Concejo Deliberante autorizó un empréstito de 20.000 pesos para levantar un matadero que permitiera mejorar las condiciones higiénicas en que se faenaban los animales destinados al consumo. Su importancia económica puede medirse en una estadística de marzo de 1890: el parte oficial registró en apenas un mes la faena de 609 vacunos, 64 lanares y 120 porcinos, sin contar los animales sacrificados clandestinamente. Décadas más tarde, en momentos en que Río Cuarto buscaba presentarse como una ciudad moderna, surgió un proyecto mucho más ambicioso. Durante el tercer mandato municipal de Vicente Mójica, entre 1928 y 1930, fue concebido el llamado “Matadero Modelo”. La documentación del Concejo Deliberante señala que el proyecto comenzó en 1928 y que hacia 1930 estaba concluido; una crónica del diario El Pueblo del 9 de julio de 1931 destacaba que había sido diseñado incorporando adelantos destinados a la higiene, instalaciones mecánicas, tratamiento de menudencias, preparación de productos alimenticios y aprovechamiento de subproductos. Su capacidad prevista era notable para la época: alrededor de 150 animales diarios entre vacunos, ovinos y porcinos. El establecimiento formó parte del vasto programa de modernización urbana impulsado en aquellos años, junto con nuevos mercados, la Asistencia Pública y otras obras municipales que buscaban responder al rápido crecimiento de Río Cuarto y a las nuevas concepciones sobre salubridad pública. Su historia, sin embargo, también refleja las dificultades de aquella época: fuentes locales señalan que el complejo permaneció durante años sin funcionar plenamente y que recién en 1940, durante la intendencia de Ben Alfa Petrazzini, fue puesto en marcha. La imagen adjunta adquiere un valor documental excepcional porque el libro Río Cuarto y su región en clave histórica, publicado por UniRío Editora, reproduce una fotografía identificada precisamente como “El matadero en el sur de la ciudad”, procedente de la colección facilitada por el Dr. Héctor M. Codó. Allí se observa aquella arquitectura austera y funcional: una extensa galería de arcos, paredes macizas, cubierta inclinada y trabajadores que permiten dimensionar la escala humana del edificio. La publicación académica no proporciona una fecha exacta para la toma ni identifica al fotógrafo, por lo que sería incorrecto atribuirle por ahora un año o autor específico. Con el paso de las décadas el antiguo matadero perdió su función original, pero su nombre quedó profundamente arraigado en la identidad del sector. En 2011 la Municipalidad recibió el predio en comodato y comenzó a darle una nueva utilización comunitaria; aquella transformación terminó convirtiendo el viejo ámbito de faena en un espacio destinado al encuentro social. En la actualidad el lugar continúa vivo como CIM Ex Matadero, mientras la cercana Plaza Ex Matadero conserva oficialmente una denominación que recuerda aquel capítulo de la historia urbana. Donde alguna vez ingresaban tropas de ganado y comenzaban las jornadas de los matarifes, hoy sobreviven la memoria del trabajo, la arquitectura y el crecimiento de una ciudad que avanzaba hacia la modernidad. Esta fotografía no muestra simplemente un edificio antiguo: conserva uno de los escenarios donde durante décadas se cruzaron el abastecimiento cotidiano, el trabajo obrero, la salud pública y la transformación de Río Cuarto. Fuentes consultadas: Concejo Deliberante de Río Cuarto, antecedentes de la Plaza Ex Matadero y diario El Pueblo (09/07/1931); UniRío Editora–Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto y su región en clave histórica; Gobierno de Río Cuarto, documentación del CIM Ex Matadero; y efemérides históricas locales sobre el establecimiento entre 1881 y 1940. Fotografía histórica: autor no identificado  #RíoCuarto #Córdoba #HistoriaArgentina #HistoriaDeRíoCuarto #MemoriaHistórica #PatrimonioHistórico #MataderoMunicipal #PatrimonioIndustrial #FotografíaAntigua #ArgentinaAntigua #ArgentinaHistory #RioCuartoHistory #LocalHistory #HistoricPhotography #IndustrialHeritage #CulturalHeritage

MENDOZA, 7 DE OCTUBRE DE 1773: LAS PULPERÍAS BAJO LA LUPA — EL EXPEDIENTE COLONIAL QUE SOBREVIVIÓ 253 AÑOS (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1773, cuando Mendoza todavía pertenecía al Corregimiento de Cuyo y se encontraba bajo la jurisdicción de la Capitanía General de Chile, quedó fechado un expediente que, 253 años después, abre una extraordinaria ventana hacia la vida económica y social de la ciudad colonial. La referencia documental puede verificarse con notable precisión: Archivo Nacional de Chile, Fondo Capitanía General, volumen 887, pieza 3, “José de Cañas. Sobre derechos de pulperías de Mendoza. 7.X.1773. Fs. 54–65”. Es decir, no estamos ante una tradición transmitida de generación en generación ni ante una fecha reconstruida posteriormente, sino ante la identificación archivística de una actuación de doce folios numerados, del 54 al 65 inclusive, relacionada directamente con las pulperías mendocinas. Pero justamente aquí aparece una precaución fundamental: la expresión “derechos de pulperías” no permite afirmar todavía cuál fue el conflicto concreto. En el lenguaje administrativo colonial, la palabra “derechos” podía estar vinculada con gravámenes, cobros, permisos, concesiones u otras obligaciones fiscales y administrativas; mientras no se consulte la reproducción íntegra de esas fojas, sería incorrecto convertir la breve descripción del catálogo en un litigio específico que todavía no podemos demostrar. Lo que sí puede afirmarse es que las pulperías eran un asunto suficientemente importante para producir documentación administrativa y llegar hasta las autoridades superiores. Y el expediente de 1773 no aparece aislado. El mismo conjunto de referencias del Archivo Nacional de Chile registra para Mendoza un expediente del 6 de agosto de 1764, volumen 953, pieza 2, dedicado expresamente al “remate de pulperías”, y otro del 23 de julio de 1776, volumen 929, pieza 29, en el que el corregidor Jacobo Badarán intervino “sobre pulperías”. La preocupación oficial venía incluso de mucho antes: la historiadora María del Rosario Prieto documentó que hacia 1710 la venta legal en Mendoza se canalizaba mediante cuatro pulperías que abonaban un impuesto destinado a los propios de la ciudad; tres de las cuatro autorizadas estaban entonces vinculadas con encomenderos o antiguas familias locales. Los excesos en la concesión de estos establecimientos provocaron actuaciones superiores y, en 1711, una Real Provisión exigió al Cabildo explicar por qué motivo repartía las pulperías de la ciudad. El tema, por lo tanto, atravesó buena parte del siglo XVIII y combinó comercio cotidiano, recursos municipales, autoridad política y control social. Las investigaciones del historiador Pablo Lacoste agregan otra dimensión decisiva: Mendoza era entonces un importante centro productor de vino y de circulación comercial, y las pulperías formaban parte de ese universo de pequeños negocios donde también tuvieron una presencia significativa las mujeres como propietarias y administradoras, las llamadas pulperas. Eran establecimientos mucho más complejos que la imagen posterior del simple “boliche”: servían para comercializar productos y bebidas y constituían puntos de contacto permanente entre productores, comerciantes, viajeros y habitantes de la ciudad. Hay además una razón histórica por la cual un documento tan mendocino terminó conservado en Santiago: en octubre de 1773 Mendoza todavía formaba parte de la Capitanía General de Chile. El Corregimiento de Cuyo sería separado de aquella jurisdicción recién en 1776 para incorporarse al nuevo Virreinato del Río de la Plata. Así, detrás de una escueta carátula de archivo aparece todo un mundo: una Mendoza de adobe, viñas, bodegas, arrieros y comerciantes, donde cada autorización para vender, cada gravamen y cada pulpería podía convertirse en asunto de gobierno. El gran desafío ahora es obtener la reproducción digital de los folios 54 a 65: allí podría encontrarse la verdadera historia de José de Cañas y descubrirse exactamente qué significaban aquellos “derechos de pulperías” que el 7 de octubre de 1773 llevaron a Mendoza a quedar registrada para siempre en los papeles de la administración colonial. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Pulperías #Pulperia #HistoriaArgentina #HistoriaColonial #Cuyo #ArchivoHistorico #ArchivoNacionalDeChile #SigloXVIII #1773 #VinoMendocino #MemoriaHistorica #PatrimonioHistorico #HistoriaSocial #ColonialMendoza #ArgentineHistory #MendozaHistory #ColonialHistory #PulperiaHistory #HistoricArchives #CuyoHistory #WineHistory #SocialHistory #HistoricalHeritage - Fuentes consultadas: Pedro A. Pernigotti Olmedo Santillán; María del Rosario Prieto; Pablo Lacoste; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza; Archivo Nacional de Chile.


1903: EL CORAZÓN DE MADERA DEL VINO MENDOCINO — LA TONELERÍA DE BARRAQUERO QUE AYUDÓ A FORJAR UNA POTENCIA


Hay fotografías que conservan un edificio y otras que conservan todo un mundo de trabajo. Esta extraordinaria escena pertenece a la Bodega Barraquero de Mendoza y muestra su sección de tonelería en 1903, identificación y fecha que pueden confirmarse con documentación oficial: una publicación del Estado argentino la reproduce expresamente como “Tonelería en Bodega Barraquero, prov. de Mendoza, año 1903” y señala como fuente al Museo Roca. La misma imagen aparece entre las fotografías vinculadas al célebre Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, elaborado por Juan Bialet Massé después de sus recorridos de 1904. Ante la cámara quedó detenido uno de los oficios fundamentales de la antigua industria del vino: hombres rodeados de bordalesas, toneles, duelas y aros, trabajando cuando una parte decisiva de la elaboración, conservación y transporte del vino dependía todavía de recipientes construidos y reparados a mano. La identificación correcta del establecimiento es Bodega Barraquero —no “Barruero”—, una de las grandes casas vitivinícolas que marcaron el crecimiento industrial de la antigua villa de Belgrano, actual Godoy Cruz. La empresa había sido fundada por Honorio Barraquero hacia 1870, en el sector de las actuales avenida San Martín y Brasil, y alcanzó una dimensión extraordinaria para su tiempo. Bialet Massé contó que ya había conocido aquella bodega en 1873 y que, cuando regresó décadas después, la encontró completamente transformada: describió un enorme establecimiento con altos muros de adobe, grandes vasijas, sótanos con cubas de fermentación, iluminación eléctrica, bombas, cañerías, motores y un poderoso sistema de ventilación destinado a extraer el peligroso anhídrido carbónico acumulado durante la fermentación. Aquella combinación de arquitectura tradicional y maquinaria moderna resume perfectamente la transición que estaba viviendo la vitivinicultura mendocina. Los números permiten comprender mejor la magnitud de Barraquero: en 1899 la firma Sucesores de Honorio Barraquero aparecía entre las mayores productoras de Mendoza, con unos 60.000 hectolitros, mientras que estudios sobre el mundo laboral vitivinícola señalan que en 1904 mantenía alrededor de 60 peones permanentes y elevaba su dotación a entre 150 y 200 trabajadores durante la vendimia. Para 1910, investigaciones históricas ubican su capacidad en torno a los 100.000 hectolitros. En ese engranaje industrial, el tonelero ocupaba un lugar privilegiado: era un trabajador especializado capaz de seleccionar y preparar las duelas, dar forma al recipiente, ajustar los aros y mantener vasijas sometidas permanentemente a humedad, peso y uso intensivo. La demanda era tal que ya en 1897 Honorio Barraquero publicaba avisos buscando toneleros incluso fuera de Mendoza. La fotografía de 1903 adquiere así una dimensión mucho mayor: no estamos observando simplemente a un grupo de hombres junto a unos barriles, sino a los artesanos que mantenían funcionando uno de los grandes establecimientos de la provincia mientras Mendoza se convertía, a velocidad extraordinaria, en el corazón vitivinícola argentino. Detrás de cada tonel aparecen el ruido del martillo sobre los aros, el olor de la madera y del vino, el esfuerzo físico de largas jornadas y una cadena de oficios —toneleros, carreros, peones, herreros, carpinteros, mecánicos y bodegueros— sin la cual aquella transformación industrial habría sido imposible. Más de ciento veinte años después, sus rostros y herramientas siguen recordándonos que la grandeza del vino mendocino no nació solamente de la tierra y de la vid: también fue construida, duela por duela y golpe de martillo tras golpe de martillo, por miles de trabajadores. Autor de la fotografía: no identificado en las fichas documentales consultadas. #BodegaBarraquero #Tonelería #Mendoza1903 #HistoriaDeMendoza #GodoyCruz #Vitivinicultura #VinoMendocino #PatrimonioVitivinícola #HistoriaDelVino #MendozaAntigua #TrabajadoresDelVino #BodegasHistóricas #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWinery #Cooperage #WineWorkers #ArgentinaHistory - Fuentes: Museo Roca; Argentina.gob.ar; Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República (1904); Proyecto Bialet; Museo Virtual de Godoy Cruz; estudios de Patricia Barrio y Rodolfo Richard-Jorba. Crédito fotográfico: Museo Roca; reproducción digital: Proyecto Bialet.

7 DE OCTUBRE DE 1761 — EL DOCUMENTO DE LIMA QUE REVELA EL CORAZÓN MINERO DE USPALLATA HACE 265 AÑOS


El 7 de octubre de 1761, cuando Mendoza todavía integraba la provincia de Cuyo bajo jurisdicción de la Capitanía General de Chile, un expediente fechado en Lima dejó registrada una pieza extraordinaria de nuestra historia minera. El catálogo de documentación argentina conservada en el Archivo Nacional de Chile identifica el documento con una descripción tan breve como reveladora: “José de Paredes, perito beneficiador de metales. Solicita nombramiento en las minas de Uspallata”. La referencia archivística es precisa: Fondo Capitanía General, volumen 130, pieza 17, folios 366–367. El dato exige una aclaración fundamental: el escrito fue fechado en Lima y, por lo tanto, no debe presentarse como un documento redactado físicamente en Mendoza; su vínculo mendocino está en el objeto mismo de la gestión, las minas de Uspallata. Lo verdaderamente excepcional es la condición profesional de José de Paredes. Un “beneficiador de metales” no era simplemente alguien dedicado a descubrir o extraer mineral: estaba relacionado con las operaciones mediante las cuales el material obtenido de la mina era triturado, concentrado y tratado para recuperar el metal aprovechable. Investigaciones históricas sobre la minería de los Paramillos de Uspallata demuestran que aquella actividad poseía ya una considerable tradición tecnológica: en 1688, más de siete décadas antes del expediente de Paredes, el gobernador de Chile José de Garro informaba sobre las minas de plata de San Lorenzo de Uspallata, la apertura de socavones, la existencia de trapiches destinados a moler los minerales y el empleo del azogue —mercurio— en su beneficio. Por eso, la aparición en 1761 de un especialista que solicitaba un nombramiento para Uspallata no surge en un vacío: se inserta en una explotación minera colonial que llevaba generaciones intentando extraer y procesar la riqueza metalífera de la precordillera mendocina. Y existe otra pista documental extraordinaria: apenas tres meses después, el 12 de enero de 1762, el mismo gran corpus archivístico registra a Lucas de Neyra y Pacheco como “habilitado del mineral de San Lorenzo alias Uspallata”, en una gestión vinculada con la compra de marcos de plata. La proximidad cronológica de ambos documentos refuerza la imagen de un distrito minero con especialistas, administradores, circulación de metales y vínculos administrativos que atravesaban la cordillera y conectaban Mendoza con Santiago y con los grandes centros del mundo colonial. También permite evitar una confusión habitual: las actuales Bóvedas de Uspallata constituyen un testimonio posterior del desarrollo minero-metalúrgico regional y las fuentes oficiales las sitúan como planta de tratamiento levantada hacia fines del siglo XVIII; por ello sirven para ilustrar la continuidad histórica de aquella minería, pero no deben presentarse como el establecimiento específico al que necesariamente iba destinado Paredes en 1761. La ficha catalográfica tampoco permite afirmar todavía quién promovió exactamente su designación, qué remuneración tendría, cuál era la explotación concreta o qué procedimiento metalúrgico debía aplicar: esas respuestas pueden encontrarse en las dos fojas originales y convierten al expediente en un objetivo prioritario para una futura consulta directa. Hasta este punto del rastrillaje de documentos vinculados con Mendoza y fechados exactamente un 7 de octubre, el registro de José de Paredes es el más antiguo que hemos podido documentar: 265 años después, aquellas pocas líneas conservadas al otro lado de los Andes vuelven a abrir una ventana hacia una Mendoza colonial muy distinta de la imagen exclusivamente agrícola y ganadera que solemos imaginar, una Mendoza donde ya había minas, socavones, trapiches, plata, conocimientos metalúrgicos y hombres especializados que llegaban a los registros de las grandes capitales del imperio por su relación con las riquezas ocultas bajo las montañas de Uspallata. #MendozAntigua #Mendoza #Uspallata #MinasDeUspallata #ParamillosDeUspallata #HistoriaDeMendoza #MineríaColonial #HistoriaArgentina #ArchivoHistorico #SigloXVIII #PatrimonioMendocino #ColonialMining #MiningHistory #MendozaHistory #Uspallata #ArgentineHistory #HistoricalArchives #SilverMining. Fuentes: Archivo Nacional de Chile; Pedro A. Pernigotti Olmedo Santillán; Osvaldo Sironi, UNCuyo; Comisión Nacional de Monumentos / Argentina.gob.ar.

MALVINAS 1770: FUEGO EN PUERTO EGMONT, LA ESCUADRA ESPAÑOLA QUE HIZO CAPITULAR EL FUERTE BRITÁNICO


La extraordinaria lámina que acompaña esta publicación no es una recreación moderna ni una ilustración realizada siglos después: corresponde a un plano manuscrito y coloreado de 1770 conservado en el Archivo General de Indias de Sevilla, identificado como MP-BUENOS_AIRES,89 y delineado por el piloto y cartógrafo de la Real Armada Alejo Berlinguero. Su título describe el establecimiento que tenían los ingleses en el llamado Puerto de la Cruzada —Port Egmont para los británicos—, situado en la isla Saunders, llamada Trinidad por los españoles, frente al sector noroccidental de la Gran Malvina. En la imagen se reconocen la costa, las instalaciones británicas, caminos, defensas, fondeaderos y, dominando las aguas, los perfiles de los buques que protagonizaron uno de los episodios más tensos del Atlántico Sur en el siglo XVIII. El documento fue realizado en el contexto de la expedición de Juan Ignacio de Madariaga y constituye una pieza cartográfica excepcional de aquella crisis. La historia que conduce hasta esta escena comienza antes de 1770 y requiere algunas correcciones importantes respecto de la versión tradicional. El proyecto francés de Louis-Antoine de Bougainville nació en 1763 y ese año partió de Saint-Malo con L’Aigle y Le Sphinx, pero el establecimiento de Port Louis no fue fundado en 1763: los franceses desembarcaron en febrero de 1764 y organizaron la colonia durante marzo y abril de ese año. España protestó ante Francia por considerar las islas parte de sus dominios americanos y París terminó aceptando la transferencia. Bougainville dejó escrito que los gastos de su establecimiento hasta el 1 de abril de 1767 ascendían exactamente a 603.000 libras francesas, incluidos los intereses, suma que fue reembolsada por España por los barcos, materiales, armas, provisiones y demás bienes que quedaban en la colonia. Felipe Ruiz Puente, nombrado gobernador español de las Malvinas, llegó acompañado por las fragatas Liebre y Esmeralda y el 1 de abril de 1767 se formalizó la entrega de Port Louis, que bajo administración española pasó a conocerse como Puerto Soledad. Mientras franceses y españoles resolvían aquel traspaso diplomático, Gran Bretaña desarrollaba su propia operación en el sector occidental del archipiélago. John Byron había tomado posesión simbólica de un puerto en 1765 y, en enero de 1766, John MacBride llegó con HMS Jason, HMS Carcass y HMS Experiment para consolidar un establecimiento permanente en Port Egmont. Aquí aparece otra corrección fundamental del texto original: el buque que visitó Port Louis a comienzos de diciembre de 1766 fue HMS Jason, no “HMS Japan”. El propio Bougainville relató después que MacBride llegó al establecimiento francés, sostuvo que aquellos territorios pertenecían a Jorge III, amenazó con desembarcar por la fuerza si se le impedía hacerlo, visitó al gobernador francés y volvió a hacerse a la mar aquel mismo día. Dos ocupaciones europeas coexistían entonces en sectores diferentes de las islas, mientras España reclamaba frente a ambas y británicos y españoles sostenían concepciones incompatibles sobre sus respectivos derechos. La tensión estalló definitivamente en 1770. Después de reconocimientos y negociaciones infructuosas, el gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucareli dispuso una expedición mucho más poderosa bajo el mando de Juan Ignacio de Madariaga. La fuerza principal estaba compuesta por cuatro fragatas españolas: Industria, capitana de Madariaga; Santa Bárbara; Santa Catalina; y Santa Rosa. A ellas se sumaba el jabeque o chambequín Andaluz y, como embarcación auxiliar, el bergantín San Rafael. Este dato permite corregir otra confusión frecuente al describir la propia lámina: la Favourite o Favorita no formaba parte de la escuadra española, sino que era el buque británico que defendía Port Egmont, comandado por William Maltby. Estudios recientes basados en documentación del Archivo General de Indias, del Archivo Histórico Nacional y archivos navales calculan que la expedición movilizó alrededor de 1.500 hombres y un importante tren de artillería. Entre ellos viajaban casi 300 granaderos del Regimiento de Infantería de Mallorca. El 4 de junio de 1770 Madariaga llegó a Puerto Egmont y comenzaron días de intimaciones, respuestas diplomáticas, amenazas y preparativos militares. Los británicos se negaron a evacuar y ambas partes reivindicaron para sus respectivos monarcas la legitimidad de su presencia. Finalmente, en la mañana del 10 de junio, la escuadra española se aproximó al establecimiento y abrió fuego. La superioridad naval y terrestre era abrumadora y, después de una resistencia muy breve, los responsables británicos solicitaron la capitulación. El fuerte, su artillería y sus instalaciones quedaron en manos españolas. Precisamente allí adquiere enorme valor la imagen de Berlinguero: no estamos contemplando una interpretación artística tardía, sino la representación de un cartógrafo naval que participó en aquellas expediciones y que se encontraba embarcado en la Santa Catalina durante la campaña de 1770. Su plano transforma aquel episodio escrito en una verdadera ventana visual hacia las Malvinas de hace más de dos siglos y medio. Pero afirmar simplemente que “a los ingleses les duró hasta 1770” deja incompleta la historia. La toma española de Port Egmont provocó una crisis internacional tan grave que España y Gran Bretaña estuvieron cerca de entrar en guerra. En enero de 1771 se alcanzó un acuerdo por el cual España aceptó restituir a Gran Bretaña la posesión material del puerto y del fuerte de Egmont, mientras la declaración española dejó expresamente a salvo su posición sobre la soberanía. Los británicos regresaron al establecimiento, pero lo abandonaron definitivamente en 1774. España continuó administrando Puerto Soledad y mantuvo gobernadores en las Malvinas hasta 1811. Por eso este pequeño plano coloreado conserva mucho más que costas, edificios y antiguos veleros: guarda el instante de una disputa imperial en la que Francia, España y Gran Bretaña se enfrentaron diplomática y militarmente por uno de los puntos estratégicos del Atlántico Sur. Más de 250 años después, el documento continúa hablando desde sus trazos originales, aunque el alcance jurídico de aquellos antecedentes es interpretado de manera diferente dentro de la actual controversia de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido. #Malvinas #IslasMalvinas #PuertoEgmont #PuertoDeLaCruzada #HistoriaArgentina #HistoriaNaval #ArchivoGeneralDeIndias #AlejoBerlinguero #JuanIgnacioDeMadariaga #PatrimonioHistorico #CartografiaHistorica #HistoriaDelAtlanticoSur #FalklandIslands #PortEgmont #NavalHistory #SpanishNavy #HistoricalMaps #SouthAtlanticHistory #MaritimeHistory #History - Fuentes: Archivo General de Indias, Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Archivo General de la Nación, Bougainville, Historia 396 y Cancillería Argentina. Imagen: plano de 1770 atribuido a Alejo Berlinguero, conservado en el Archivo General de Indias.


7 DE OCTUBRE DE 1950 — LEY PROVINCIAL Nº 1898. - EL DÍA EN QUE SAN RAFAEL SOÑÓ UN TEMPLO PARA LA CIENCIA Y LA MEMORIA: LA LEY DE 1950 QUE QUISO LLEVAR EL PATRIMONIO MENDOCINO AL SUR


En una época en la que los museos eran concebidos no sólo como depósitos de objetos antiguos, sino también como verdaderas aulas abiertas para la formación de las nuevas generaciones, Mendoza dio un paso singular hacia la difusión de la ciencia y la preservación de las tradiciones regionales. El 7 de octubre de 1950 quedó asociada a la sanción de la Ley Provincial Nº 1898, que dispuso la creación en la ciudad de San Rafael de un Museo Educativo de Ciencias Naturales y de Cultura Tradicionalista, bajo la dependencia de la Dirección General de Escuelas. El proyecto tenía además una característica extraordinariamente práctica: el nuevo establecimiento comenzaría a organizarse aprovechando ejemplares duplicados y materiales excedentes del Museo Juan Cornelio Moyano de la ciudad de Mendoza, permitiendo que parte del patrimonio científico provincial llegara al sur mendocino y pudiera utilizarse con fines educativos. La propia norma contemplaba además que, cuando los recursos económicos lo permitieran, se formaría una biblioteca anexa dependiente del museo, ampliando aquel proyecto desde la exhibición de colecciones hacia la consulta, el estudio y la divulgación del conocimiento. La iniciativa adquiere mayor dimensión si recordamos que el Museo Juan Cornelio Moyano tenía una larga tradición vinculada con la educación pública: su antecedente institucional moderno, el Museo Central Regional, había sido creado el 15 de abril de 1911 por Resolución Nº 69 de la Dirección General de Escuelas, desarrollando con el paso de las décadas importantes colecciones de zoología, botánica, geología, paleontología, arqueología y antropología; en la actualidad su acervo ronda las 150.000 piezas. Sin embargo, existe una precisión histórica fundamental: aquel Museo Educativo proyectado por la Ley Nº 1898 no debe confundirse automáticamente con el actual Museo Municipal de Historia Natural “Dr. Humberto A. Lagiglia” de San Rafael. La historia institucional publicada por la Municipalidad señala que el museo sanrafaelino que llegó hasta nuestros días surgió de una iniciativa juvenil desarrollada desde 1955 por estudiantes del Colegio Nacional Manuel Ignacio Molina, encabezados por Humberto Lagiglia; fue inaugurado en 1956, atravesó diferentes sedes, adquirió carácter municipal en la década de 1970 y desde 1983 se estableció en el Parque Mariano Moreno. En marzo de 2023 aquel histórico espacio fue profundamente renovado y ampliado, incorporando sectores dedicados a zoología, botánica, geología, paleontología, arqueología, astronomía y a la historia de San Rafael. Por lo tanto, la Ley Nº 1898 representa un antecedente anterior y extraordinariamente temprano de la intención estatal de dotar a San Rafael de un museo científico, educativo y tradicionalista, aunque con la documentación actualmente disponible no corresponde afirmar que exista una continuidad institucional directa entre aquel proyecto de 1950 y el museo fundado por Lagiglia y sus compañeros cinco años después. La historia todavía ofrece otro giro notable: setenta y cinco años después, la Ley Nº 1898 apareció expresamente entre las antiguas normas mendocinas incorporadas al proceso de depuración legislativa conocido como “Ley Hojarasca”; la Cámara de Diputados la incluyó en agosto de 2025 entre las disposiciones consideradas obsoletas o sin aplicación y ese mismo mes el Senado dio sanción definitiva al paquete de derogaciones. Así, detrás de un número perdido durante décadas en los repertorios legislativos permanece una idea poderosa: llevar las ciencias naturales, la educación, los libros y la memoria cultural más allá de la capital provincial y convertirlos en patrimonio accesible para los habitantes del sur mendocino. Fuentes: La Melesca, Gobierno de Mendoza, Municipalidad de San Rafael, Legislatura de Mendoza y Diario Mendoza. La documentación consultada identifica la creación del museo educativo de San Rafael con la Ley Provincial Nº 1898, aunque algunas fuentes secundarias mencionan por error la Nº 1896. Foto: Museo “Dr. Humberto A. Lagiglia”, fuente Sitio Andino; imagen complementaria del Museo Moyano, Alf Ponce Mercado/MDZ. #Mendoza #SanRafael #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #EfeméridesMendocinas #MuseosDeMendoza #CienciasNaturales #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #MuseoMoyano #HumbertoLagiglia #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #HistoriaLocal #MendozaHistory #SanRafaelHistory #ArgentineHistory #NaturalHistory #CulturalHeritage #MuseumHistory #HistoricalMemory #ArgentinaHeritage #ScienceHistory


CUANDO EL LIMAY ERA FRONTERA DE SILENCIO: LA PATAGONIA DE 1898 ATRAPADA PARA SIEMPRE EN UNA PLACA DE VIDRIO


El 24 de abril de 1898, en una Patagonia que todavía era recorrida por expediciones científicas capaces de pasar semanas entre pampas, ríos y cordilleras, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha junto al río Limay y registró esta extraordinaria escena. La propia placa conserva una identificación manuscrita que permite fecharla sin dudas: “Altwasser am Rio Limay, Pampa”, seguida por “phot. Dr. Leo Wehrli, 24. IV. 1898”. El término alemán “Altwasser” alude a un brazo antiguo, remanso o sector de un cauce anterior asociado al río, de modo que Wehrli no estaba fotografiando simplemente una vista pintoresca del Limay: estaba documentando una forma del paisaje fluvial que tenía interés para sus investigaciones geológicas y geográficas. Ante su cámara quedó una Patagonia casi intacta: en primer plano se extiende una amplia costa pedregosa; el agua, prácticamente inmóvil, dibuja una curva profunda y refleja el cielo; sobre ambas márgenes se levantan espesos grupos de vegetación ribereña, mientras que detrás aparece la inmensidad abierta de la pampa. No hay edificios, caminos visibles ni poblaciones que interrumpan el horizonte. La imagen pertenece a una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 × 10 centímetros y hoy se conserva en el Bildarchiv de la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo la signatura ETH-Bibliothek_Dia_247-01412. Su archivo digital posee 3.504 × 2.818 píxeles y la institución describe precisamente la escena como una “orilla fluvial cubierta de vegetación”. Wehrli, nacido en Aarau en 1870, se había formado en geología en la ETH de Zúrich y llegó a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. Durante la gran campaña de 1897-1898 recorrió una enorme región de los Andes argentino-chilenos, Nahuel Huapi, Lácar, el Limay y el Collón Curá, realizando observaciones geológicas, mediciones y fotografías destinadas al estudio científico de territorios que todavía estaban siendo cartografiados con extraordinario detalle. Su propio informe de la expedición, publicado en la Revista del Museo de La Plata, explica que aquel viaje había comenzado en noviembre de 1897 y que los trabajos se concentraron en torno a los paralelos 40° y 41° sur. La fotografía que vemos pertenece precisamente a esa campaña y forma parte de una secuencia excepcional: el 25 de abril de 1898, apenas un día después de esta toma, Wehrli volvió a fotografiar el río en otra placa titulada “Rio Limay, aufwärts” —“Río Limay, aguas arriba”—, demostrando que continuaba avanzando y documentando sistemáticamente su recorrido por el valle. Más de 128 años después, esta imagen permite contemplar algo mucho mayor que un antiguo paisaje: nos enfrenta al Limay anterior a las grandes transformaciones del siglo XX, cuando sus aguas atravesaban la estepa sin los grandes embalses hidroeléctricos que posteriormente modificarían extensos sectores de su curso. El río nace en el extremo oriental del lago Nahuel Huapi, avanza hacia el nordeste y, tras aproximadamente 400 kilómetros, se une al Neuquén para formar el río Negro. Aquella mañana de abril de 1898, sin embargo, para Wehrli era todavía un inmenso laboratorio natural: agua, gravas, vegetación, terrazas, antiguos cauces y una pampa aparentemente interminable. Y fue allí, frente a ese silencioso brazo del Limay, donde una pequeña placa de vidrio consiguió conservar para nosotros un fragmento irrepetible de la Patagonia del siglo XIX. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, fichas Dia_247-01412 y Dia_247-01413; Revista del Museo de La Plata y SEDICI. Fotografía: Leo Wehrli, río Limay, 24/04/1898. Imagen: Wikimedia Commons / ETH-Bibliothek, licencia CC BY-SA 4.0. #RíoLimay #Patagonia #PatagoniaArgentina #LeoWehrli #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #Neuquén #RíoNegro #NahuelHuapi #HistoriaDeLaPatagonia #ArchivoHistórico #Exploradores #SigloXIX #LimayRiver #PatagoniaHistory #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #HistoricalArchive #ExplorationHistory #GlassSlide #ETHLibrary

UNA TIERRA QUE ALGUNA VEZ FUE AGUA: EL ANTIGUO FONDO LACUSTRE AL NORESTE DEL LÁCAR, FOTOGRAFIADO EN 1898


El 6 de abril de 1898, en plena Patagonia andina y cuando gran parte de aquella geografía todavía estaba siendo estudiada científicamente con instrumentos de campaña, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli dirigió su cámara hacia una enorme depresión situada al nordeste del lago Lácar y dejó una imagen excepcional de la historia natural del Neuquén. La propia inscripción manuscrita conservada en la franja inferior de la placa permite identificar con extraordinaria precisión lo que Wehrli quiso registrar: “Alter Seeboden nordöstl. Lacar. II”, expresión alemana que puede traducirse como “Antiguo fondo lacustre al nordeste del Lácar. II”; a continuación figura “phot. Dr. Leo Wehrli” y la fecha “6. IV. 1898”. La fotografía no muestra el lago Lácar propiamente dicho, sino un paisaje que el científico interpretó como huella de una antigua superficie lacustre. Ante la cámara se despliega una extensa llanura de relieve suavísimo, atravesada por pequeñas depresiones y variaciones de vegetación; hacia la izquierda aparece una formación boscosa más compacta, mientras que hacia el centro y la derecha domina el terreno abierto. En el horizonte se levantan largas serranías de perfiles redondeados, con manchas de nieve todavía visibles en sus sectores superiores, componiendo un escenario prácticamente desprovisto de construcciones y que permite observar la región antes de las profundas transformaciones humanas del siglo XX. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata y desarrolló algunas de las investigaciones pioneras sobre la geología de la cordillera argentino-chilena. El 22 de marzo de 1898 ingresó específicamente en la región del Lácar y dedicó numerosas excursiones a estudiar su relieve, sus rocas y su sistema hidrográfico; apenas quince días después tomó esta fotografía. Sus investigaciones fueron publicadas en 1899 en la Revista del Museo de La Plata, donde presentó además un extraordinario croquis topográfico y geológico de la región del lago Lácar, levantado con brújula y barómetro aneroide, en el que distinguió morrenas, terrazas de erosión, depósitos aluviales y sectores interpretados como “ancien lac”, antiguo lago. La fotografía adjunta debe entenderse, por lo tanto, no solamente como una bella panorámica patagónica de hace 128 años, sino como parte de un verdadero registro científico de campo destinado a leer en el paisaje las huellas de antiguos procesos geológicos. Aquellos estudios adquirían además una dimensión política excepcional: la cuenca del Lácar se encontraba entre los territorios discutidos por Argentina y Chile durante la compleja delimitación cordillerana, precisamente porque la disposición de las montañas y de las aguas hacía especialmente difícil aplicar de manera absoluta el criterio de las altas cumbres y el divortium aquarum. Cuatro años después de esta fotografía, el Laudo Arbitral británico de 1902 enumeró expresamente la “hoya del Lago Lacar” entre las regiones sometidas a decisión y terminó adjudicándola a la República Argentina. Así, aquella aparentemente silenciosa llanura fotografiada por Wehrli el 6 de abril de 1898 quedó unida para siempre a la exploración científica, la formación del conocimiento geográfico de la Patagonia y uno de los capítulos decisivos en la definición territorial argentino-chilena. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ficha ETH-Bibliothek_Dia_247-00474, “Alter Seeboden nordöstlich Lacar II”, fotografía de Leo Wehrli, 06/04/1898, diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm, licencia CC BY-SA 4.0; Leo Wehrli, Revista del Museo de La Plata, tomo IX, 1899; estudios biográficos del Museo de La Plata sobre naturalistas suizos; documentación del Laudo Arbitral argentino-chileno de 1902. Autor: Dr. Leo Wehrli (1870–1954). #LagoLácar #Neuquén #SanMartínDeLosAndes #Patagonia #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #Geología #PatagoniaArgentina #HistoriaPatagónica #ArchivoHistórico #LakeLacar #PatagoniaHistory #HistoricalPhotography #ArgentinaHistory #Geology #Andes #Neuquen #MendozAntigua


12 DE MARZO DE 1898 — LAS HUELLAS DE UN NAHUEL HUAPI MÁS EXTENSO: LEO WEHRLI INMORTALIZÓ LAS ANTIGUAS ORILLAS DEL LAGO JUNTO AL RÍO LIMAY


El 12 de marzo de 1898, en una Patagonia que todavía era recorrida por expediciones científicas a caballo y donde cada valle podía revelar una página desconocida de la historia geológica de los Andes, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha frente al río Limay y realizó esta extraordinaria fotografía. La imagen está conservada por la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo el título original alemán “Alte Nahuel Huapi, Uferlinien, am Rio Limay, ob. Juan Jones, von Westen”, que puede traducirse aproximadamente como “Antiguas líneas de costa del Nahuel Huapi, en el río Limay, aguas arriba de Juan Jones, vistas desde el oeste”. La propia inscripción manuscrita que todavía acompaña a la placa despeja cualquier duda sobre su origen: “phot. Dr Leo Wehrli 12.III.1898”, mientras que debajo aparece otro dato fundamental, “col. M. Wehrli-Frey, Zürich 1924”. Es decir, la escena fue fotografiada realmente en 1898, pero los delicados tonos azules, verdes, ocres y rosados que hoy observamos fueron incorporados a la diapositiva en Zúrich veintiséis años después por Margrit Wehrli-Frey. No estamos, por lo tanto, ante una fotografía moderna coloreada digitalmente, sino ante una auténtica diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 centímetros, coloreada manualmente y conservada durante más de un siglo. Al analizar la escena se distingue en primer plano la gran curva del Limay, de aguas intensamente azuladas por la posterior coloración; detrás aparece una extensa franja de terreno casi horizontal y, más arriba, una sucesión de suaves escalones y terrazas que atraviesan las laderas. Precisamente esas formas llamaron la atención del geólogo: eran las “Uferlinien”, las antiguas líneas de ribera que Wehrli relacionaba con niveles anteriores del sistema lacustre del Nahuel Huapi y con la poderosa acción glacial que modeló esta región patagónica. La fotografía posee así un doble valor excepcional: no sólo conserva el aspecto del alto Limay hace casi 130 años, sino también la mirada científica de un investigador que estaba leyendo en el relieve las huellas dejadas por hielos, aguas y antiguos niveles lacustres. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo de la Sección de Exploradores Nacionales del Museo de La Plata y, entre fines de 1897 y 1898, recorrió extensamente el Nahuel Huapi, el Limay y el Lácar realizando observaciones geológicas. Carlos Bruch, compañero suyo durante esta expedición, recordó que permanecieron cerca de dos meses en los alrededores del Nahuel Huapi y que a mediados de marzo avanzaron por el valle del Limay; apenas dos días después de esta fotografía, el 14 de marzo, la expedición cruzaba el río Traful y continuaba hacia el norte. También es reveladora la referencia a “Juan Jones”: las fuentes de finales del siglo XIX ubican allí la estancia de Juan —o Jarred Augusto— Jones, uno de los pobladores tempranos de la región, situada en aquel antiguo valle modelado por procesos glaciares y vinculada a las rutas de viajeros, científicos y expedicionarios que recorrían el extremo oriental del Nahuel Huapi. Más de un siglo después, la imagen permite contemplar algo mucho más profundo que un hermoso paisaje: frente a nosotros están el Limay, las terrazas del antiguo sistema lacustre, la inmensidad casi despoblada de la Patagonia de 1898 y la mirada de un científico que comprendió que aquellas líneas horizontales grabadas sobre las laderas eran, literalmente, cicatrices del tiempo. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ficha ETH-Bibliothek_Dia_247-01359; Revista del Museo de La Plata; estudios históricos de la UNLP sobre Leo Wehrli y documentación vinculada a Francisco P. Moreno y la estancia de Juan Jones. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 12 de marzo de 1898. Diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm, coloreada por Margrit Wehrli-Frey en Zúrich en 1924. Colección ETH-Bibliothek, Zürich. Licencia: CC BY-SA 4.0.


2 DE DICIEMBRE DE 1897 — EL ACONCAGUA ANTES DEL CRISTO REDENTOR: LA CORDILLERA MENDOCINA INMORTALIZADA DESDE LA CUMBRE DE USPALLATA


El 2 de diciembre de 1897, en lo más alto de la cordillera entre Mendoza y Chile, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli apuntó su cámara hacia uno de los paisajes más extraordinarios de los Andes y conservó para siempre una visión del Aconcagua de hace casi 130 años. La fotografía original está catalogada por la ETH-Bibliothek de Zúrich como “Aconcagua, von der Cumbre de Uspallata”, es decir, “Aconcagua, desde la Cumbre de Uspallata”, con el número ETH-Bibliothek_Dia_247-01269. La inscripción manuscrita que todavía puede leerse en la franja inferior de la propia placa confirma los datos fundamentales: “Aconcagua, v. d. Cumbre de Uspallata”, seguida por “phot. Dr. Leo Wehrli, 2.XII.97” y la referencia a la posterior coloración realizada por M. Wehrli-Frey. La escena muestra un profundo corredor cordillerano encerrado entre enormes laderas, crestas rocosas y extensos neveros que descienden irregularmente hacia el fondo del valle, mientras el macizo del Aconcagua domina la distancia. Pero existe un detalle fundamental para interpretar correctamente estos colores: no estamos ante una fotografía originalmente tomada en color en 1897. La pieza conservada es una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 × 10 centímetros y fue coloreada en 1924 por Margrit Wehrli-Frey, esposa del fotógrafo; por eso los azules del cielo, los verdes del fondo del valle, los tonos ocres de las montañas y el blanco de las nieves corresponden a una delicada intervención cromática realizada 27 años después de la toma. El contexto histórico hace que la imagen sea todavía más extraordinaria. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo de la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. En noviembre de 1897 inició una nueva campaña científica: salió de La Plata el día 24 rumbo a Chile pasando por Mendoza y Uspallata; su propio informe publicado posteriormente cuenta que permaneció en Mendoza hasta la mañana del 1 de diciembre y que llegó a Santiago al anochecer del día 2. Por lo tanto, esta fotografía fechada exactamente el 2 de diciembre fue realizada durante aquella histórica travesía de la cordillera. Además, la expresión “Cumbre de Uspallata” no debe interpretarse como una montaña situada junto a la actual villa de Uspallata: era una denominación histórica del Paso de Uspallata o Paso de la Cumbre, el antiguo cruce internacional donde años después se levantaría el Cristo Redentor de los Andes. Cuando Wehrli tomó esta fotografía, el monumento todavía no existía: sería inaugurado recién el 13 de marzo de 1904. La imagen pertenece así a una cordillera anterior al Cristo Redentor y anterior también a la terminación del Ferrocarril Trasandino, que comenzaría a comunicar plenamente Mendoza y Chile en 1910. Existe incluso otra coincidencia formidable: 1897 fue también el año de la primera ascensión registrada a la cima del Aconcagua, alcanzada por el guía suizo Matthias Zurbriggen el 14 de enero. Wehrli fotografió entonces al gigante mendocino apenas unos meses después de aquella conquista que marcó la historia mundial del montañismo. Más de un siglo después, esta pequeña placa de vidrio nos devuelve una Alta Montaña casi intacta, sin rutas modernas, túneles ni infraestructura turística: solamente roca, nieve, silencio y una cámara científica enfrentada a la inmensidad de los Andes. Para ampliar el registro visual también localizamos en Wikimedia Commons la colección de Leo Wehrli sobre Argentina, con centenares de imágenes históricas, y dentro de la colección cordillerana aparece otra fotografía suya titulada “Cristo Redentor, Cumbre de Uspallata”, mientras Memoria Chilena conserva imágenes posteriores del mismo Paso de la Cumbre que permiten comparar cómo fue transformándose aquel histórico corredor internacional. #MendozAntigua #Mendoza #Aconcagua #Uspallata #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #HistoriaDeMendoza #FotografíaHistórica #LeoWehrli #PasoDeLaCumbre #CristoRedentor #Andes #HistoriaArgentina #HistoricPhotography #Aconcagua #UspallataPass #AndesMountains #MendozaHistory #ArgentinaHistory #MountainHistory Fuente principal y crédito fotográfico: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ETH-Bibliothek_Dia_247-01269; fotografía de Leo Wehrli, 2 de diciembre de 1897; coloración de Margrit Wehrli-Frey, Zúrich, 1924; soporte: diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm; licencia de la digitalización publicada: CC BY-SA 4.0. Contexto histórico contrastado con el informe original de Leo Wehrli en la Revista del Museo de La Plata, investigaciones de UBA-CONICET sobre las campañas geológicas de 1897, Instituto Geográfico Nacional y Gobierno de Mendoza.

ENTRE DOS NACIONES, BAJO EL BOSQUE ANDINO: EL HITO DEL PASO PÉREZ ROSALES QUE MARCABA LA FRONTERA ARGENTINO-CHILENA EN 1938


En medio de un bosque cordillerano tan espeso que casi parece devorar la presencia humana, un esbelto hito metálico emerge sobre un montículo de piedras y deja ver en su parte superior una sola palabra: “ARGENTINA”. La extraordinaria imagen fue tomada en 1938 por el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli y hoy forma parte del Archivo de Imágenes de la ETH-Bibliothek de Zúrich, donde está catalogada con el número ETH-Bibliothek_Dia_247-11362 bajo el título “Hito – Grenzstein Argentina-Chile”. “Grenzstein” significa precisamente piedra o mojón fronterizo. La pieza original no es una fotografía en color moderna: se trata de una diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 centímetros y el propio catálogo de la ETH señala que fue coloreada por Margrit Wehrli-Frey, esposa del fotógrafo, lo que explica los intensos amarillos, verdes y azules que convierten la escena en una verdadera ventana cromática a la Patagonia de hace casi noventa años. La ficha de la ETH solamente indica como lugar representado Chile y Argentina, pero una investigación de la secuencia fotográfica permite avanzar mucho más en su identificación: inmediatamente antes aparece la fotografía Nº 11361, tomada entre los grandes árboles del bosque situado sobre Casa Pangue, en territorio chileno, y justo después, con el Nº 11363, comienza la serie de imágenes del hotel de Laguna Frías, ya en territorio argentino. Entre Casa Pangue y Laguna Frías se encuentra precisamente el histórico Paso Pérez Rosales, por lo que la secuencia del viaje de Wehrli sitúa con enorme solidez este hito en ese antiguo cruce internacional. Existe además una confirmación independiente extraordinaria: el Museo Histórico Nacional de Chile conserva otra fotografía titulada simplemente “El Hito”, realizada por Foto Mora en 1930, cuya descripción oficial lo identifica expresamente como el hito fronterizo entre Chile y Argentina del Paso Pérez Rosales, en Llanquihue.  El lugar tenía una importancia histórica que iba mucho más allá de señalar dónde terminaba un país y comenzaba el otro. El Paso Pérez Rosales vinculaba Peulla y el lago Todos los Santos, en Chile, con Laguna Frías, Puerto Blest y el Nahuel Huapi, en la actual provincia de Río Negro, y durante décadas fue una de las grandes puertas naturales de comunicación a través de los Andes. Incluso el histórico Laudo Arbitral británico de 1902, que resolvió importantes divergencias limítrofes entre Argentina y Chile, lo mencionó de manera explícita: estableció que el Paso Pérez Rosales era la terminación austral del límite ya convenido al norte del Nahuel Huapi y dejó asentado que allí “ha sido erijido un hito”; desde ese punto, la frontera debía continuar hacia el sur siguiendo la división de aguas hasta el monte Tronador. La imagen de Wehrli adquiere todavía más fuerza cuando se la compara con un testimonio escrito veinte años anterior. En su célebre recorrido por los lagos andinos de 1916, la periodista y viajera argentina Ada María Elflein relató el trayecto desde Peulla hasta Casa Pangue y describió cómo el camino se internaba en el Paso Pérez Rosales, atravesando bosques y ascendiendo hacia la frontera. Al divisar el hito entre los árboles, una de sus compañeras exclamó: “¡ya estamos en casa!”. Su descripción del mojón apareciendo entre la vegetación coincide de manera notable con el paisaje que décadas después registraría Wehrli.  Leo Wehrli no era un visitante cualquiera de aquellas montañas: nacido en Aarau, Suiza, en 1870, había llegado a la Argentina en 1896 como geólogo de la Sección de Exploradores Nacionales del Museo de La Plata y participó durante los años siguientes en extensas campañas geológicas por la cordillera argentino-chilena, incluyendo sectores de San Rafael, el Nahuel Huapi y los Andes patagónicos; cuarenta años después regresó a la Argentina y en 1938 volvió a fotografiar aquellos territorios.  Así, esta imagen aparentemente sencilla contiene varias capas de historia: la definición de una frontera internacional, los antiguos caminos entre Chile y la Patagonia argentina, las expediciones científicas de fines del siglo XIX, el nacimiento del turismo cordillerano y la mirada de un explorador que regresó décadas después con su cámara. El hito solitario, rodeado por árboles gigantes y apoyado sobre una humilde pirca de piedras, no era solamente una señal geográfica: era el punto exacto donde dos países se tocaban en el corazón del bosque andino. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 1938. Coloración original de la diapositiva: Margrit Wehrli-Frey. Colección ETH-Bibliothek, Zúrich, Nº Dia 247-11362. Imagen original en alta resolución: . Otra fotografía histórica del mismo hito, fechada en 1930, se conserva en el Museo Histórico Nacional de Chile: . #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #PasoPérezRosales #Patagonia #RíoNegro #Bariloche #LagoFrías #Peulla #CordilleraDeLosAndes #FronteraArgentinaChile #FotografíaHistórica #LeoWehrli #PatagoniaHistórica #ArchivoFotográfico #HistoriaPatagónica #ArgentinaChile #HistoricalPhotography #PatagoniaHistory #AndesMountains #ArgentinaChileBorder #BorderMarker #HistoricArgentina #HistoricChile #AndeanHistory

1904: CUANDO LOS CAÑAVERALES ESCUCHARON LA VOZ OBRERA — VILLARPANDO FRENTE A LOS TRABAJADORES DE TUCUMÁN


Esta extraordinaria fotografía no representa una reunión rural cualquiera: registra uno de los momentos más tempranos y mejor documentados de la organización de los trabajadores azucareros tucumanos. Fue tomada en Los Garcías, departamento Cruz Alta, el jueves 4 de agosto de 1904, durante una asamblea convocada por el Centro de Los Garcías de la Unión General de Trabajadores. Dos días antes, Manuel F. Villarpando, delegado inspector de la UGT, había firmado una invitación llamando a socios y adherentes a reunirse a la una de la tarde en la casa de Pedro Pérez para decidir qué actitud adoptar ante el incumplimiento de los acuerdos alcanzados con los propietarios de ingenios y discutir la eventual intervención del dirigente obrero Adrián Patroni. En medio de aquel escenario apareció Juan Bialet Massé, enviado por el Gobierno nacional para estudiar las condiciones de vida y de trabajo en el interior argentino. Su testimonio permite reconstruir la escena con una precisión excepcional: el encuentro se desarrolló en un patio rodeado por tres ranchos y junto al camino que pasaba frente al ingenio Paraíso; Bialet calculó la presencia de hasta 250 hombres, además de 22 mujeres y unos diez o doce muchachos. En el centro estaba Villarpando, tipógrafo, militante del movimiento socialista tucumano y figura destacada de la movilización azucarera de 1904. Ante los trabajadores habló de organización, solidaridad, participación en las reuniones, mejores salarios y reducción de la jornada laboral. Bialet observó que el conflicto inmediato tenía relación con retrasos en los pagos y con el incumplimiento del compromiso de abonar los jornales en dinero, mientras algunos establecimientos sí habían pagado puntualmente en billetes nacionales. La imagen adquiere todavía mayor valor porque sabemos quién accionó la cámara: el propio Bialet Massé escribió después de describir la reunión que él había tomado la instantánea que acompañaba su informe. En la edición de su monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República la fotografía quedó identificada con el contundente epígrafe “El compañero Villarpando dando una conferencia en Los Garcías”. Aquella reunión se produjo en plena agitación de 1904, cuando la protesta iniciada entre trabajadores de los ingenios de Cruz Alta se extendió por la zona azucarera tucumana y fortaleció una red de centros obreros vinculados con la UGT. Investigaciones históricas recientes consideran ese proceso la primera gran huelga del proletariado azucarero tucumano y señalan a Manuel Villarpando como uno de sus principales dirigentes junto con Adrián Patroni. Más de 120 años después, aquellos hombres, mujeres y niños reunidos entre ranchos y cañaverales permanecen inmóviles en la fotografía, pero la escena conserva toda su fuerza: frente a una de las industrias más poderosas de la Argentina de comienzos del siglo XX, los trabajadores empezaban a descubrir que reunirse, debatir y organizarse también podía convertirse en una forma de poder. Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, tomo II, 1904; Biblioteca del Ministerio de Trabajo; Proyecto Bialet; estudios de Hebe Vessuri, Santiago Bilbao, Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera. La convocatoria fue fechada el 2 de agosto y la reunión se realizó el 4 de agosto de 1904. Autor de la fotografía: Juan Bialet Massé, 1904.  #Tucumán #HistoriaArgentina #BialetMassé #ManuelVillarpando #LosGarcías #CruzAlta #TrabajadoresAzucareros #HistoriaDelTrabajo #MovimientoObrero #IndustriaAzucarera #HuelgaDe1904 #MemoriaHistórica #FotografíaHistórica #Argentina1904 #SugarWorkers #LaborHistory #ArgentineHistory #TucumanHistory #WorkingClassHistory #HistoricPhotography

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...