25 de junio de 1978. Mendoza veía nacer a Juan Del Balso, dibujante, escultor y artista visual cuya obra parece surgir de una pregunta profunda: ¿qué puede decir la materia cuando una mano sensible se anima a escucharla? Desde muy temprano se acercó al arte casi como quien juega, explora y descubre un lenguaje propio sin saber todavía que allí estaba su destino. El dibujo fue una de sus primeras formas de expresión, pero con el tiempo apareció un encuentro decisivo: la técnica del hierro batido y soldado, un oficio duro, físico, de fuego, golpe y paciencia, que le abrió las puertas al universo de la escultura. Del Balso es un artista de formación principalmente autodidacta, aunque su aprendizaje nunca fue superficial. Su escuela fue la observación, el análisis, la búsqueda constante, el contacto con las obras, el ensayo, el error y la necesidad de perfeccionarse. En su camino trabajó con materiales muy distintos: hierro, piedra, madera, arcilla, resina, cemento, yeso y bronce, entre otros. Esa variedad no fue simple experimentación técnica: fue una manera de encontrar, en cada soporte, una voz diferente. Su obra se mueve entre lo clásico y lo contemporáneo. Hay en ella líneas, planos, formas, cuerpos, símbolos y silencios. En sus esculturas, la materia parece desprenderse de lo anecdótico para buscar algo más universal. En sus dibujos y pinturas, aparecen mundos cargados de detalles, escenas interiores, tensiones, relatos visuales y capas de sentido que invitan a mirar más de una vez. En 2005 viajó a Italia, una decisión que marcaría profundamente su desarrollo artístico. Pasó por Pietrasanta, ciudad toscana reconocida internacionalmente por sus talleres de mármol, fundiciones y tradición escultórica, un verdadero territorio de encuentro para artistas de todo el mundo. Luego se instaló en Florencia, donde trabajó durante años en su taller del barrio de Santo Spirito, respirando de cerca el peso inmenso del Renacimiento y el pulso vivo de los antiguos oficios artísticos. Aquel contacto con Italia no lo convirtió en imitador del pasado. Al contrario: le dio más herramientas para separarse, crecer y construir una voz propia. De la influencia clásica fue avanzando hacia una obra cada vez más personal, donde la línea, la superficie y la forma comenzaron a sostener un lenguaje íntimo, moderno y reconocible. Juan Del Balso pertenece a esa clase de artistas que no se quedan quietos. No repite una fórmula. No se encierra en un solo material. Cada obra parece ser una nueva batalla entre la idea y la materia, entre la técnica y la emoción, entre lo visible y aquello que todavía no tiene nombre. Nacido en Mendoza, formado por la intuición, templado por el oficio y proyectado hacia distintos escenarios del mundo, Del Balso representa una figura singular del arte contemporáneo cuyano: un creador que transforma elementos nobles y ásperos en presencia, en memoria y en poesía material. Porque cuando un artista verdadero toca el hierro, la piedra o la madera, no solo fabrica una forma: despierta una historia dormida dentro de la materia. #JuanDelBalso #ArteMendocino #Mendoza #MendozAntigua #Escultura #Dibujo #ArteArgentino #ArtistasMendocinos #CulturaMendocina #HistoriaDelArte #ArteContemporaneo #Escultor #HierroBatido #Florencia #Pietrasanta #SantoSpirito #ArgentinaArt #MendozaArt #ArgentineArtist #SculptureArt #ContemporaryArt #VisualArtist #ArtHistory #ItalianArtInfluence #StoneAndIron
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jueves, 25 de junio de 2026
25 de Junio de 1978 nace, JUAN DEL BALSO: EL MENDOCINO QUE HIZO HABLAR AL HIERRO, LA PIEDRA Y LA MEMORIA
25 de junio de 1978. Mendoza veía nacer a Juan Del Balso, dibujante, escultor y artista visual cuya obra parece surgir de una pregunta profunda: ¿qué puede decir la materia cuando una mano sensible se anima a escucharla? Desde muy temprano se acercó al arte casi como quien juega, explora y descubre un lenguaje propio sin saber todavía que allí estaba su destino. El dibujo fue una de sus primeras formas de expresión, pero con el tiempo apareció un encuentro decisivo: la técnica del hierro batido y soldado, un oficio duro, físico, de fuego, golpe y paciencia, que le abrió las puertas al universo de la escultura. Del Balso es un artista de formación principalmente autodidacta, aunque su aprendizaje nunca fue superficial. Su escuela fue la observación, el análisis, la búsqueda constante, el contacto con las obras, el ensayo, el error y la necesidad de perfeccionarse. En su camino trabajó con materiales muy distintos: hierro, piedra, madera, arcilla, resina, cemento, yeso y bronce, entre otros. Esa variedad no fue simple experimentación técnica: fue una manera de encontrar, en cada soporte, una voz diferente. Su obra se mueve entre lo clásico y lo contemporáneo. Hay en ella líneas, planos, formas, cuerpos, símbolos y silencios. En sus esculturas, la materia parece desprenderse de lo anecdótico para buscar algo más universal. En sus dibujos y pinturas, aparecen mundos cargados de detalles, escenas interiores, tensiones, relatos visuales y capas de sentido que invitan a mirar más de una vez. En 2005 viajó a Italia, una decisión que marcaría profundamente su desarrollo artístico. Pasó por Pietrasanta, ciudad toscana reconocida internacionalmente por sus talleres de mármol, fundiciones y tradición escultórica, un verdadero territorio de encuentro para artistas de todo el mundo. Luego se instaló en Florencia, donde trabajó durante años en su taller del barrio de Santo Spirito, respirando de cerca el peso inmenso del Renacimiento y el pulso vivo de los antiguos oficios artísticos. Aquel contacto con Italia no lo convirtió en imitador del pasado. Al contrario: le dio más herramientas para separarse, crecer y construir una voz propia. De la influencia clásica fue avanzando hacia una obra cada vez más personal, donde la línea, la superficie y la forma comenzaron a sostener un lenguaje íntimo, moderno y reconocible. Juan Del Balso pertenece a esa clase de artistas que no se quedan quietos. No repite una fórmula. No se encierra en un solo material. Cada obra parece ser una nueva batalla entre la idea y la materia, entre la técnica y la emoción, entre lo visible y aquello que todavía no tiene nombre. Nacido en Mendoza, formado por la intuición, templado por el oficio y proyectado hacia distintos escenarios del mundo, Del Balso representa una figura singular del arte contemporáneo cuyano: un creador que transforma elementos nobles y ásperos en presencia, en memoria y en poesía material. Porque cuando un artista verdadero toca el hierro, la piedra o la madera, no solo fabrica una forma: despierta una historia dormida dentro de la materia. #JuanDelBalso #ArteMendocino #Mendoza #MendozAntigua #Escultura #Dibujo #ArteArgentino #ArtistasMendocinos #CulturaMendocina #HistoriaDelArte #ArteContemporaneo #Escultor #HierroBatido #Florencia #Pietrasanta #SantoSpirito #ArgentinaArt #MendozaArt #ArgentineArtist #SculptureArt #ContemporaryArt #VisualArtist #ArtHistory #ItalianArtInfluence #StoneAndIron
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25 DE JUNIO DE 1973 - EL DÍA QUE MAFALDA SE DESPIDIÓ DEL MUNDO — Y EL MUNDO NUNCA LO OLVIDÓ
Un 25 de junio de 1973, algo murió en el alma del humor argentino. Las últimas viñetas de Mafalda se publicaron en el semanario Siete Días Ilustrados, y con ellas se cerraba uno de los capítulos más brillantes, irreverentes y políticamente cargados de la cultura popular latinoamericana. Quino dejó la tira argumentando que se le habían agotado las ideas, obligado a entregar cuatro tiras por semana durante casi una década. Pero la realidad era mucho más oscura y compleja. América Latina era un polvorín. En Chile se gestaba el golpe que llegaría en septiembre de ese mismo año. Quino lo confesaría años después: "Mafalda no podía dejar de hablar de lo que pasaba. Pero si lo hacía, yo me tenía que ir de la Argentina, cosa que me ocurrió cuatro años después." El silencio no fue rendición: fue supervivencia. Tras casi dos mil tiras, Quino decidió que el tiempo de Mafalda había acabado. Nacida el 29 de septiembre de 1964 en las páginas del semanario Primera Plana, Mafalda hizo su primera aparición en el suplemento de la revista literaria Leoplán el 19 de septiembre de ese año, pasó luego a publicarse regularmente en Primera Plana, y ya convertida en un éxito rotundo, sus tiras comenzaron a aparecer desde 1965 en el diario argentino El Mundo. Pero el origen de esta niña insoportablemente sabia tenía una raíz aún más insospechada: Mafalda nació para ser otra. La historia la hace surgir a inicios de los años 60 de la mano del humorista Miguel Brascó, que fue el padre intelectual del personaje. Una agencia publicitaria, Agens Publicidad, lo contactó para crear una tira que promocionara de manera encubierta la marca de electrodomésticos Mansfield, detrás de la cual estaba la empresa Siam Di Tella. La campaña nunca llegó a publicarse, pero la niña ya existía, y Quino no iba a dejarla morir en un cajón. Ha sido traducida a más de treinta idiomas y es muy popular en América Latina, España, Portugal, Francia, Grecia e Italia. El escritor italiano Umberto Eco, quien prologó la primera edición italiana, la definió como una "heroína iracunda" y declaró que leerla era indispensable para entender a la Argentina. Su legado físico excede con creces el papel impreso. En 2008, como parte del Programa de Nuevos Murales, la empresa Subterráneos de Buenos Aires comisionó un mural de azulejos con los personajes de Mafalda en el pasillo que une las estaciones Perú y Catedral. El 3 de diciembre de 1981 llegó a la gran pantalla con un largometraje de dibujos animados de 75 minutos de duración, realizado íntegramente en Argentina. Su nombre y su imagen habitan plazas, murales y esculturas en todo el país, permanentes en el paisaje urbano como lo fue en la memoria colectiva. Mafalda enseña sobre moralidad, ética y valores desde la expresión artística. Es un fiel reflejo de quienes están cansados de las injusticias sociales y la incompetencia humana. Su creador, Joaquín Salvador Lavado Tejón —nacido en Mendoza el 17 de julio de 1932 y fallecido en esa misma ciudad el 30 de septiembre de 2020— murió un día después de cumplirse 56 años de la primera publicación de su tira más emblemática. Como si incluso al final, la niña de tinta lo hubiera esperado. Mafalda no envejeció. El mundo tampoco cambió lo suficiente como para que dejara de tener razón. #Mafalda #Quino #HistorietaArgentina #CulturaArgentina #HumorGráfico #MendozaArgentina #ArteArgentino #MemoriaHistórica #25DeJunio #PersonajesArgentinos #CómicsArgentinos #PatrimonioCultural #HistoriaArgentina #LatinoaméricaCultural #HumorYPolític #MafaldaComic #QuinoArtist #ArgentineComics #ArgentineCulture #GraphicHumor #ComicStrip #LatinAmericanArt #ArgentineHistory #SocialCritique #IconicCharacters #ComicsHistory #ArgentineHeritage #CartoonArt #PoliticalHumor #ClassicComics
25 DE JUNIO DE 1957 NACE, MARIO AGÜERO: EL SANJUANINO QUE HIZO VOLAR LA BOCHA Y LLEVÓ A LA ARGENTINA A LA CIMA DEL MUNDO
El 25 de junio de 1957 nacía en San Juan Mario Rodolfo Agüero, uno de esos nombres que no pertenecen solamente a una planilla deportiva, sino a la memoria profunda del hockey sobre patines argentino. Nació en una provincia donde la bocha, el stick, los patines y la pista forman parte de una identidad popular, casi una religión deportiva. Y desde muy joven, Agüero entendió que su destino estaría ligado a esa velocidad feroz donde el talento se mide en segundos y la gloria se alcanza sobre ruedas. Su camino comenzó en el querido Concepción Patín Club, institución sanjuanina en la que se formó y defendió sus colores durante la década de 1970. Allí empezó a construir una carrera marcada por potencia, técnica, gol y carácter. No era apenas un jugador más: era un delantero con presencia, un hombre capaz de aparecer en los momentos decisivos y cambiar la historia con un movimiento, una asistencia o un disparo inolvidable. Entre 1975 y 1989 integró la Selección Argentina de hockey sobre patines, formando parte de una generación dorada que llevó a la celeste y blanca a lo más alto. Con el seleccionado fue campeón sudamericano en Mar del Plata en 1975 y en Santiago de Chile en 1977. Pero su nombre quedó grabado para siempre en dos conquistas mundiales monumentales: San Juan 1978 y Novara 1984. En 1978, Argentina consiguió su primer título mundial en este deporte, nada menos que en tierra sanjuanina, ante una multitud encendida. En 1984, en Italia, volvió a tocar el cielo: fuentes especializadas recuerdan que Agüero marcó los dos goles argentinos en el triunfo decisivo ante Italia. La carrera internacional de Agüero también tuvo capítulos brillantes. Jugó en Italia en Follonica, Monza y Roller Monza, y en España vistió la camiseta del histórico HC Liceo. Su talento cruzó fronteras y lo convirtió en una figura reconocida en el hockey europeo, donde dejó registros goleadores y competitivos de enorme valor. La base Rink-Hockey registra su recorrido por clubes y selección, además de un total de 524 goles documentados en competencias relevadas. Con Argentina también fue campeón panamericano en San Juan de Puerto Rico en 1979 y campeón de la Copa de las Naciones en Montreux en 1985. Su palmarés no fue casualidad: fue el resultado de años de sacrificio, disciplina y pasión por un deporte que exige coraje, reflejos, inteligencia y una entrega total. Después de su etapa como jugador, Agüero siguió ligado a la pista como entrenador. Trabajó en Italia, España, Portugal, Colombia y Argentina. Dirigió al seleccionado de Brasil en 1993 y al de Estados Unidos en la década siguiente. En nuestro país también dejó huella en Mendoza, donde fue entrenador de Andes Talleres, y en San Juan volvió a su casa deportiva, Concepción Patín Club, donde condujo al equipo femenino y continuó transmitiendo experiencia, identidad y amor por el hockey. Su trayectoria fue reconocida por la Fundación Konex: en los Premios Konex 1980 recibió el Diploma al Mérito en la categoría Hockey sobre Ruedas, junto a otros grandes nombres de la disciplina. Mario Agüero falleció el 6 de agosto de 2025, pero su nombre sigue rodando en cada pista, en cada chico que sueña con vestir la camiseta argentina, en cada club de barrio donde una bocha golpea contra la madera y despierta ilusiones. Fue campeón, goleador, maestro, dirigente, símbolo y bandera de un deporte que en San Juan se vive con el alma. Porque hay jugadores que ganan títulos. Y hay otros que se vuelven historia. Mario Agüero fue de esos elegidos: un sanjuanino eterno, un campeón del mundo, una leyenda sobre patines. #MarioAgüero #MarioRodolfoAgüero #HockeySobrePatines #HockeyPatín #SanJuan #ConcepciónPatínClub #SelecciónArgentina #ArgentinaCampeón #CampeónDelMundo #SanJuan1978 #Novara1984 #DeporteArgentino #HistoriaDelDeporte #LeyendasArgentinas #MendozAntigua #RollerHockey #RinkHockey #ArgentinaSports #WorldChampion #SportsHistory #ArgentineLegend #HockeyHistory
25 DE JUNIO DE 1896 NACE FIDEL DE LUCÍA, EL PINTOR QUE CONVIRTIÓ A MENDOZA EN PAISAJE ETERNO
El 25 de junio de 1896 nacía Fidel De Lucía, uno de los nombres esenciales de la pintura mendocina del siglo XX. Su llegada al mundo ocurrió de manera casi accidental en Brasil, mientras sus padres, Aquilino De Lucía y María Di Fonso, italianos oriundos de Chieti, atravesaban una etapa de viaje y destino abierto. Sin embargo, su verdadera patria artística sería Mendoza: esa tierra de acequias, cerros, suburbios, cielos secos, arboledas profundas y luz dramática que terminaría marcando para siempre su obra. De Lucía no fue solamente un pintor. Fue un constructor silencioso de cultura. Su vida quedó unida a una Mendoza que, a comienzos del siglo XX, intentaba consolidar una escena artística propia en medio de un ambiente todavía difícil, donde el progreso material no siempre iba acompañado por el apoyo necesario a las artes. Eran años de bohemia, vocación y resistencia; años en los que pintar no era solo crear belleza, sino abrir camino. Su formación comenzó desde muy joven. Pasó parte de su infancia en Roma, donde se nutrió del contacto con museos, talleres y una tradición artística europea que luego llevaría en la mirada. Más tarde se radicó en Mendoza y continuó su aprendizaje en la Escuela de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado. Allí encontró un ambiente en plena formación, atravesado por la influencia de grandes maestros y por la figura luminosa de Fernando Fader, cuya presencia marcaría profundamente a toda una generación de artistas cuyanos. Pero Fidel De Lucía no se quedó atrapado en la sombra de nadie. Tomó esa herencia, la atravesó con su sensibilidad y construyó un lenguaje propio. Su pintura fue predominantemente paisajista, de raíz naturalista, con una mirada serena, profunda y evocadora. No buscó el estruendo: buscó la verdad de la luz. Sus paisajes parecen guardar el silencio de la siesta mendocina, la aspereza de la tierra, la sombra de los árboles, la humildad de los suburbios y esa emoción secreta que solo aparece cuando el artista mira su entorno con amor y paciencia. Con su “paleta viajera”, salía a tomar apuntes en los alrededores de Mendoza, observando rincones, caminos, casas, campos y escenas simples que luego trasladaba al lienzo. En esas obras, lo cotidiano dejaba de ser menor para convertirse en memoria. La provincia no aparecía como postal vacía, sino como territorio vivido: una Mendoza real, sensible, austera y luminosa. Su primera muestra, realizada junto a Antonio Bravo en 1918, marcó el inicio de una trayectoria que crecería entre Mendoza y Buenos Aires. Con el tiempo, sus obras circularon en salones, exposiciones y colecciones, ganando reconocimiento por su calidad artística y por su manera de interpretar el paisaje cuyano. Pero su legado no se limita a los cuadros. Fidel De Lucía también fue un hombre de instituciones. Participó en la fundación del Museo Provincial de Bellas Artes, formó parte del impulso de la Academia Provincial de Bellas Artes, organizó el Museo de Bellas Artes “Fernando Fader” de Godoy Cruz y ejerció una intensa tarea docente. Fue maestro de dibujo y pintura, y ayudó a formar a nuevas generaciones de artistas cuando Mendoza necesitaba no solo pintores, sino espacios, escuelas, museos y pensamiento artístico. En él convivieron el creador y el sembrador. Pintaba paisajes, pero también sembraba cultura. Pintaba la luz de Mendoza, pero también ayudaba a construir los lugares donde esa luz pudiera ser estudiada, admirada y preservada. Fidel De Lucía murió en Mendoza el 5 de abril de 1956, a los 59 años. Su nombre permanece unido a una etapa decisiva de las artes plásticas mendocinas, cuando un grupo de artistas transformó la provincia en un territorio de creación, identidad y memoria visual. Hoy, recordarlo es volver a mirar Mendoza con otros ojos. Es descubrir que detrás de cada acequia, cada árbol, cada muro, cada cerro y cada rincón humilde puede esconderse una obra de arte. Fidel De Lucía: el pintor que no solo retrató el paisaje mendocino, sino que ayudó a darle alma, escuela y eternidad. #FidelDeLucía #FidelDeLucia #ArteMendocino #PinturaArgentina #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #25DeJunio #FernandoFader #MuseoFader #Paisajismo #PaisajeMendocino #CulturaMendocina #MendozAntigua #HistoriaDelArte #ArtHistory #ArgentineArt #MendozaArgentina #LandscapePainting #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #VisualMemory
25 DE JUNIO DE 1858: CONCARÁN, EL PUEBLO QUE NACIÓ ENTRE POSTAS, FE Y MEMORIA INDÍGENA
El 25 de junio de 1858 quedó marcada una fecha fundamental para la historia del norte puntano: nacía formalmente la localidad de Concarán, hoy corazón del Valle de Conlara y cabecera del Departamento Chacabuco, en la provincia de San Luis. Pero antes de llamarse Concarán, esta tierra tuvo otros nombres, otras voces y otras huellas. En sus orígenes aparece vinculada al antiguo paraje conocido como La Cruz y, más tarde, a Villa Dolores, denominación profundamente relacionada con la devoción popular a la Virgen de los Dolores. Mucho antes de los planos, las leyes y los nombres oficiales, la zona ya guardaba memoria indígena: el topónimo Concarán suele asociarse a voces como “Lasta Caucara”, “Lasta Concara” o “Lasca Cancara”, nombres vinculados a poblaciones originarias que habitaron la región. Como ocurre con muchos nombres antiguos de Cuyo y San Luis, su origen llega hasta nosotros envuelto en tradición oral, registros fragmentarios y distintas interpretaciones históricas. La fundación tomó forma durante el gobierno de Justo Daract, una figura clave en la organización institucional de San Luis. Aquella jornada de 1858, los hermanos Aniceto, Ceferino y Miguel Mora, junto con Nicasio Chirino, realizaron una cesión de tierras que permitió ordenar el nacimiento del nuevo poblado. No se trató solamente de entregar un terreno: fue el comienzo de una comunidad. El gobernador dispuso que el área cedida fuera dividida en manzanas y solares. Esos sitios serían otorgados gratuitamente a quienes los solicitaran, con una condición clara: cada vecino debía cerrar o tapialar su terreno en el plazo de un año y levantar una vivienda en el término de dos. Era una forma concreta de poblar, arraigar familias y transformar un espacio rural en pueblo vivo. Así comenzó a crecer Villa Dolores, asentada a la vera del río Conlara, en una región donde el agua, los caminos y la distancia marcaban el ritmo de la vida. El poblado no era un punto aislado en el mapa: era el destino final de una importante línea de postas que partía desde la ciudad de San Luis y atravesaba lugares como Cuchi Corral, Estancia Grande, El Trapiche, Paso del Rey, Intihuasi, Agua Blanca, Laguna Larga, El Bajo, Santa Bárbara, Los Alanices y Dolores. Por esos caminos pasaban mensajeros, viajeros, comerciantes, autoridades, noticias y esperanzas. Las postas eran mucho más que paradas: eran refugio, comunicación, descanso y vínculo entre pueblos en una provincia que todavía se organizaba a fuerza de caballo, polvo, fe y voluntad. La identidad religiosa también fue central. Con la colaboración de los vecinos se levantó una iglesia en homenaje a la Virgen de los Dolores. La tradición recuerda el esfuerzo colectivo del pueblo, incluso el traslado de ladrillos desde las márgenes del río Conlara, donde estaban los hornos. Esa imagen resume una época: una comunidad construyendo su templo con sus propias manos. El siglo XX trajo otro gran cambio: el ferrocarril. Con la llegada del tren, la estación recibió el nombre de Concarán para evitar confusiones con Villa Dolores, Córdoba. A partir de entonces, aquel nombre comenzó a imponerse con fuerza en la vida cotidiana. En 1934, por ley, la antigua Villa Dolores pasó a llamarse oficialmente Concarán. Ese mismo año, otra ley la declaró capital del Departamento Chacabuco, lugar que hasta entonces había correspondido a Renca. Concarán no nació de un solo acto administrativo. Nació de una suma de raíces: memoria indígena, familias fundadoras, caminos de postas, devoción popular, trabajo rural, río, ferrocarril y pertenencia puntana. Cada 25 de junio, San Luis no recuerda solamente la fundación de un pueblo. Recuerda el origen de una comunidad que aprendió a levantar casas, iglesia, caminos e identidad sobre una tierra antigua, hermosa y profundamente viva. Concarán: nombre de historia, corazón del Conlara y símbolo de la memoria puntana. #Concarán #SanLuis #ValleDeConlara #DepartamentoChacabuco #HistoriaArgentina #HistoriaPuntana #PueblosConHistoria #Efemérides #25DeJunio #VillaDolores #JustoDaract #Mora #Chirino #RíoConlara #MendozAntigua #ArgentinaHistory #SanLuisArgentina #HistoricalTowns #CulturalHeritage #ArgentineHistory #MemoryAndHeritage
25 de Junio de 1827 - CUANDO MENDOZA LE DIJO NO AL PODER CENTRAL: EL DÍA QUE LA PROVINCIA DEFENDIÓ SU AUTONOMÍA (Imagen Ilustrativa)
El 25 de junio de 1827, Mendoza tomó una decisión cargada de fuerza política e identidad provincial: desconoció la Constitución Unitaria de 1826 y resolvió continuar rigiéndose por sus propias leyes. No fue un gesto menor. Fue una declaración de autonomía en una Argentina todavía inestable, marcada por guerras, disputas internas y una pregunta decisiva: ¿el país debía organizarse bajo un poder central dominado por Buenos Aires o respetar la vida política de las provincias? La Constitución de 1826, sancionada en Buenos Aires por el Congreso General Constituyente, proponía un modelo “representativo y republicano”, pero bajo una fuerte unidad de régimen. En la práctica, ese sistema recortaba profundamente la capacidad de decisión de las provincias. Los gobernadores quedaban bajo dependencia directa del Presidente de la República y eran nombrados desde el poder central, no elegidos libremente por cada pueblo provincial. Para Mendoza, aquello significaba una amenaza directa contra sus instituciones, sus recursos, su comercio y su derecho a gobernarse según sus propias necesidades. La provincia no quería ser una simple administración subordinada a decisiones tomadas lejos de su territorio, de sus caminos, de sus viñedos, de sus acequias, de sus familias y de su realidad cuyana. El conflicto no era solamente jurídico: era político, económico y profundamente histórico. Detrás de la Constitución Unitaria estaba la vieja tensión entre el puerto y el interior, entre la concentración de poder en Buenos Aires y la defensa de las autonomías provinciales. Las provincias reclamaban participación real, respeto por sus autoridades locales, manejo justo de los recursos y libertad para decidir su propio destino. Mendoza ya había manifestado su inclinación por un sistema federal. Por eso, cuando el proyecto unitario avanzó, la respuesta fue firme: la provincia eligió sostener sus propias leyes antes que aceptar una organización que reducía su soberanía política. Aquel 25 de junio de 1827 quedó como una fecha clave en la memoria institucional mendocina. Fue el día en que Mendoza se plantó frente al centralismo y defendió una idea que luego sería fundamental para la organización argentina: la Nación debía construirse con las provincias, no sobre las provincias. En tiempos en que el país buscaba su forma definitiva, Mendoza alzó su voz desde Cuyo. No rechazaba la unión nacional; rechazaba una unión impuesta desde arriba. No negaba la patria; defendía una patria más justa, federal y respetuosa de cada provincia. Porque la historia argentina también se escribió desde el interior. Y ese día, Mendoza dejó una señal clara: ningún proyecto nacional podía ser verdaderamente argentino si desconocía la autonomía de sus pueblos. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #25DeJunio #ConstitucionDe1826 #UnitariosYFederales #Federalismo #AutonomiaProvincial #Cuyo #BuenosAires #ProvinciasArgentinas #MendozAntigua #ArgentinaHistory #Federalism #ArgentineHistory #HistoricalMemory #ProvincialAutonomy #LatinAmericanHistory
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25 de Junio de 1821, nace GUILLERMO RAWSON: EL SANJUANINO QUE LLEVÓ LA MEDICINA A LA PATRIA Y LA HUMANIDAD AL CORAZÓN DE LA ARGENTINA
El 25 de junio de 1821 nacía en la ciudad de San Juan una de las figuras más brillantes del siglo XIX argentino: Guillermo Colesbery Rawson, médico, político, higienista, legislador, pensador público y uno de los grandes constructores de la salud moderna en nuestro país. Hijo del médico norteamericano Amán Rawson y de María Josefina Rojo Frías, creció en una provincia cuyana todavía marcada por costumbres coloniales, debates políticos intensos y una nación que recién buscaba su forma definitiva Desde joven mostró una inteligencia excepcional. Estudió en Buenos Aires, primero bajo la influencia del prestigioso médico y profesor Diego Alcorta, luego en el Colegio Carolino —antecedente del actual Colegio Nacional de Buenos Aires— y finalmente en la Facultad de Medicina. En 1844, con apenas 23 años, obtuvo el título de médico. Su tesis, dedicada a la transmisión hereditaria de facultades fisiológicas y patológicas, es señalada por la Academia Nacional de Medicina como la primera tesis sobre genética presentada en la Universidad de Buenos Aires. Pero Rawson no fue solo un hombre de ciencia encerrado en libros y aulas. Fue también un protagonista de la organización nacional. En 1854 fue elegido diputado por San Juan ante el Congreso de Paraná, donde se destacó por su firmeza política y su capacidad parlamentaria. Más tarde, durante la presidencia de Bartolomé Mitre, fue nombrado ministro del Interior, cargo desde el cual impulsó medidas claves para la modernización del país: el telégrafo entre Buenos Aires, Rosario y Montevideo; el ferrocarril de Rosario a Córdoba; la implementación del sistema métrico decimal y el apoyo a la inmigración galesa en la Patagonia, cuyo reconocimiento quedó unido al nombre de Rawson, actual capital de Chubut. En tiempos de epidemias, guerras civiles, conventillos, falta de agua potable y ciudades que crecían sin planificación sanitaria, Rawson comprendió algo fundamental: la salud pública era también una forma de construir patria. Combatió la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, estudió las condiciones de vida urbana y dictó conferencias sobre higiene pública, agua, cloacas, basura, cementerios, hospitales, urbanismo y demografía. Por eso es recordado como uno de los padres del higienismo argentino y de la salud pública nacional. Su mirada iba más allá de la medicina individual. Rawson pensaba en la sociedad completa: en los trabajadores, en los inmigrantes, en las familias hacinadas, en los enfermos sin asistencia y en los heridos de los conflictos. Esa sensibilidad humanitaria lo llevó a convertirse, junto con Toribio Ayerza, en impulsor de la Cruz Roja Argentina, creada en 1880, luego de que el país ratificara el Primer Convenio de Ginebra. La propia Cruz Roja Argentina recuerda a Rawson y Ayerza como sus creadores, y destaca que a pocos días de su fundación la institución ya prestaba auxilio a personas heridas durante enfrentamientos civiles. En 1880, ya alejado de la política activa, Rawson profundizó su camino científico y sanitario. Viajó a Europa por problemas de salud y de visión, participó en congresos internacionales, publicó estudios y dejó una obra que combinó medicina, estadística, urbanismo, demografía e higiene social. No pensaba la salud como una cuestión aislada, sino como el resultado de la vivienda, el agua, el ambiente, la educación y la organización del Estado. Guillermo Rawson murió en París, Francia, el 2 de febrero de 1890. Sus restos fueron repatriados y descansan en la Argentina, pero su legado quedó extendido por todo el país: hospitales, calles, escuelas, ciudades y generaciones de médicos recuerdan su nombre. Fue médico cuando la Argentina necesitaba curarse, político cuando la Nación necesitaba organizarse, científico cuando la salud pública apenas nacía, y humanista cuando el dolor de los demás reclamaba una respuesta. Desde San Juan al mundo, Guillermo Rawson no solo ejerció la medicina: ayudó a fundar una idea moderna de país, donde la vida, la salud y la dignidad humana debían ser una causa nacional. #GuillermoRawson #SanJuan #HistoriaArgentina #Efemerides #25DeJunio #MedicinaArgentina #SaludPublica #CruzRojaArgentina #Higienismo #HistoriaDeLaMedicina #ProceresArgentinos #ArgentinaHistory #PublicHealth #RedCross #MedicalHistory #HumanitarianLegacy #MendozAntigua
25 DE JUNIO DE 1751: JÁCHAL, LA TIERRA SANJUANINA DONDE LA HISTORIA MUELE TRADICIÓN Y EL PAISAJE SE VUELVE LEYENDA (Imagen Ilustrativa)
El 25 de junio de 1751 nació oficialmente la Villa de San José de Jáchal, en el norte de San Juan, una tierra donde el pasado no duerme: respira en sus calles largas, en sus acequias antiguas, en sus montañas de colores, en el rumor del río y en esos molinos harineros que todavía parecen guardar el sonido profundo del trigo convirtiéndose en pan. Fundada por el maestro de campo Juan de Echegaray, Jáchal fue creciendo como corazón de una región agrícola, minera y cultural del norte sanjuanino. Su ubicación, junto al valle y al río Jáchal, le dio desde temprano una identidad marcada por el trabajo, la producción, el agua, la tierra árida transformada en cultivo y la vida de familias enteras que hicieron del esfuerzo una tradición. Pero Jáchal no es solo una ciudad histórica. Es una postal viva de Cuyo. Es una localidad tranquila, de calles que unen el centro urbano con campos verdes, sierras imponentes, quebradas, paisajes de adobe y una memoria que se sostiene en la palabra, la música, la comida regional, la artesanía y el orgullo popular. Entre sus grandes tesoros se destacan los antiguos molinos harineros, verdaderas joyas de ingeniería rural. Los molinos de García o del Alto, de Reyes, de Huaco o Dojorti, y de Sardiña o Santa Teresa forman parte de un patrimonio que recuerda una época en la que Jáchal fue protagonista de la producción triguera y harinera. Allí, la fuerza del agua movía ruedas, piedras y mecanismos que alimentaron a generaciones y dejaron una huella profunda en la economía y la cultura de la región. En Huaco, el paisaje parece detenido en otro tiempo: casas de adobe, muros antiguos, cielo abierto, silencio serrano y el Viejo Molino como símbolo de una memoria que se niega a desaparecer. Cada rincón habla de trabajo, de familias, de carreros, de molienda, de pan recién hecho y de una San Juan profunda, criolla y resistente. Jáchal también es tradición hecha fiesta. Cada noviembre, la Fiesta Nacional de la Tradición transforma al departamento en un gran escenario de identidad popular. Desfiles gauchos, música, danzas, artesanos, comidas típicas, homenajes y el recuerdo permanente de Buenaventura Luna convierten a la celebración en una de las expresiones culturales más fuertes de San Juan. Y si la historia emociona, la naturaleza termina de completar el hechizo. El Embalse Cauquenes, conocido también como Dique de Huaco o Dique de Los Lisos, ofrece un paisaje de calma imponente, ideal para contemplar el agua entre cerros, disfrutar el aire libre, observar flora y fauna autóctona y vivir esa tranquilidad difícil de encontrar en el mundo moderno. Sus aguas también son conocidas por los pescadores, especialmente por la presencia del pejerrey. San José de Jáchal es mucho más que una fecha fundacional. Es una raíz. Es una tierra donde la historia colonial, la cultura cuyana, la producción agrícola, la minería, el folclore, la fe y la naturaleza se abrazan en un mismo paisaje. A 273 años de aquella fundación, Jáchal sigue de pie: serena, antigua, orgullosa y luminosa. Una ciudad que no necesita gritar para imponerse, porque su fuerza está en la memoria de su gente, en la tradición que se canta, en el río que la acompaña y en los molinos que todavía parecen repetir, con voz de madera y agua, que la historia también se amasa. #Jáchal #SanJoséDeJáchal #SanJuan #HistoriaArgentina #Cuyo #Tradición #FiestaNacionalDeLaTradición #MolinosHarineros #Huaco #DiqueDeHuaco #EmbalseCauquenes #CulturaCuyana #TurismoSanJuan #ArgentinaHistórica #PueblosConHistoria #MendozAntigua #Jachal #SanJuanArgentina #ArgentineHistory #CuyoRegion #CulturalHeritage #HistoricMills #TravelArgentina #ArgentineTraditions
miércoles, 24 de junio de 2026
LÍNEA 39: EL COLECTIVO QUE CRUZÓ BUENOS AIRES, HIZO HISTORIA Y LANZÓ A CARLITOS BALÁ A LA RISA POPULAR
Hay colectivos que simplemente llevan pasajeros. Y hay otros que transportan memoria, barrios, anécdotas, colores, voces y leyendas urbanas. La Línea 39 pertenece a esa segunda categoría: no es solo un recorrido porteño, es una postal viva de Buenos Aires. Su historia comenzó el 8 de febrero de 1932, cuando un grupo de emprendedores decidió sumarse a una aventura que todavía era joven en la Argentina: el colectivo. Apenas habían pasado cuatro años desde aquel 24 de septiembre de 1928, cuando los primeros taxis colectivos empezaron a circular por Buenos Aires, transformando para siempre la manera de viajar por la ciudad. En sus primeros días, la actual 39 no llevaba ese número. Nació como Línea 32, con un pequeño grupo de unidades International, uniendo Santa Fe y Carranza, en Palermo, con Caseros y Hornos, junto a Constitución. Era una Buenos Aires que crecía, que se expandía, que necesitaba unir barrios, estaciones, comercios, trabajadores y familias. El servicio tuvo una respuesta inmediata. En poco tiempo se sumaron nuevas unidades, el recorrido se extendió hacia Barracas y la línea comenzó a ganar presencia en la calle. Para agosto de 1932 ya llegaba hasta la zona de Pedro de Mendoza y Regimiento de Patricios, y del otro lado hacia el corazón de Palermo. Aquella joven línea, nacida en plena transformación del transporte urbano, empezaba a escribir una historia propia. En 1935 adoptó el número que la volvería inolvidable: 39. Desde entonces, su silueta quedó unida a una franja esencial de la ciudad: Chacarita, Colegiales, Palermo, Plaza Italia, Avenida Santa Fe, Tribunales, el centro porteño, Constitución, Parque Lezama, Barracas y La Boca. Cada parada fue una escena. Cada viaje, una pequeña crónica cotidiana. Pero la 39 también atravesó tiempos difíciles. En los años 40, la política de transporte de la ciudad puso en jaque a muchas líneas independientes. Hubo incautaciones, huelgas, resistencia y una pelea enorme para no desaparecer. La 39 logró sobrevivir y conservar su identidad en medio de un proceso que cambió para siempre el transporte porteño. En 1948 llegó uno de sus grandes símbolos: los Chevrolet “sapo”, llamados así por la forma redondeada de su trompa. Aquellas unidades marcaron una época. Eran más que vehículos: eran parte del paisaje urbano, con su frente inconfundible, su presencia robusta y ese aire de Buenos Aires antiguo que todavía hoy despierta nostalgia. Con el paso de los años, la línea siguió creciendo. Sumó variantes, nuevos ramales y cambios tecnológicos. El ramal por Colegiales respondió a nuevas necesidades de la zona; el recorrido por Palermo Viejo abrió camino por calles arboladas y sectores donde muchos vecinos necesitaban una conexión más directa. Más tarde llegaron unidades modernas, carteleras electrónicas, aire acondicionado, pantallas informativas, cargadores USB y servicios pensados para el pasajero del siglo XXI. Pero si hay una historia que convirtió a la Línea 39 en leyenda popular, esa historia tiene nombre y sonrisa: Carlitos Balá. Carlos Salim Balaá nació en Chacarita el 13 de agosto de 1925. Mucho antes de convertirse en uno de los humoristas más queridos de la Argentina, antes de la televisión, del teatro, del cine y de las frases que marcaron generaciones, Balá encontró un primer escenario arriba de los colectivos de la 39. Allí hacía monólogos, chistes y personajes frente a los pasajeros. No era todavía el ídolo popular que el país conocería después. Era un joven venciendo la timidez, probando su gracia, aprendiendo a escuchar al público y descubriendo que la risa también podía viajar parada, sentada, apurada o camino al trabajo. Una de las anécdotas más recordadas cuenta que, con complicidad del chofer, Balá preguntaba cuánto faltaba para llegar a Plaza Constitución. El chofer respondía con seriedad, la gente entraba en el juego, algunos le daban la razón, otros discutían, y el colectivo entero terminaba convertido en un pequeño teatro rodante. Así nació parte de su magia: entre asientos, boletos, paradas, frenadas, charlas y carcajadas. Por eso la Línea 39 no es solamente una línea de transporte. Es una memoria en movimiento. Es el eco de los viejos colectivos, de los Chevrolet “sapo”, de los choferes que conocían a sus pasajeros, de los barrios unidos por una misma traza y de un artista que empezó haciendo reír en el lugar más popular de todos: el colectivo. La 39 cruzó décadas, crisis, cambios urbanos, nuevas tecnologías y generaciones enteras. Pero todavía conserva algo esencial: esa identidad porteña de barrio, de calle, de historia compartida. Porque Buenos Aires también se cuenta desde sus colectivos. Y la Línea 39, con su marrón, su blanco, su dorado y su leyenda, sigue siendo una de las grandes protagonistas de esa historia. #Linea39 #ColectivosArgentinos #BuenosAiresAntigua #HistoriaPorteña #CarlitosBala #Chacarita #Palermo #Constitucion #Barracas #LaBoca #TransportePublico #MemoriaUrbana #BuenosAiresHistoria #ColectivosDeBuenosAires #CulturaPopular #HistoriaArgentina #VintageBus #UrbanHistory #BuenosAiresHistory #PublicTransportHistory #ArgentineHistory #CarlosBala
24 de Junio de 2023, EL DÍA QUE CALLÓ UNA GUITARRA CUYANA: RAÚL “EL SAPO” ÁVILA, EL ALMA ETERNA DEL TRÉBOL MERCEDINO
El 24 de junio de 2023, Villa Mercedes y todo el cancionero cuyano despidieron a uno de sus grandes símbolos populares: Raúl Tránsito Ávila, conocido por todos como “El Sapo” Ávila. Guitarrista, cantor, anfitrión de guitarreadas, hombre de escenario y de mesa compartida, había nacido el 15 de agosto de 1935 en Justo Daract, provincia de San Luis. Venía de una raíz humilde y profundamente musical. Desde joven encontró en la guitarra una forma de contar el paisaje, la amistad, el amor por la tierra y esa identidad cuyana que no se aprende en los libros, sino en las reuniones familiares, en los patios, en las peñas, en las tonadas y en las madrugadas con perfume a vino y madera. Antes de convertirse en una figura fundamental del folclore puntano, integró distintas formaciones musicales y también trabajó como ferroviario, oficio que lo puso en contacto con pueblos, caminos y vivencias que luego alimentarían su memoria artística. Su vida parecía hecha de estaciones: Justo Daract, Villa Mercedes, Laboulaye, escenarios, radios, festivales y casas amigas donde siempre había una guitarra esperando. Pero su nombre quedó unido para siempre a una creación histórica: “El Trébol Mercedino”. El conjunto nació en Villa Mercedes el 25 de agosto de 1965, en una reunión de cantores y guitarreros realizada en la casa de Doña Cora Barboza. La agrupación debía presentarse en la emisora local LV15 y todavía no tenía nombre. La tradición cuenta que los presentes propusieron opciones en papeles y, al sacarse una al azar, apareció el destino: “El Trébol Mercedino”. Así comenzó una de las páginas más queridas de la música cuyana, con Raúl Ávila, Pepe Requelme y Hugo Pereyra entre sus nombres fundacionales. Desde entonces, “El Sapo” no fue solamente un integrante de un grupo. Fue una manera de cantar Cuyo. Su guitarra acompañó tonadas, cuecas, valses, gatos y canciones que hablaban de San Luis con un idioma propio. En sus composiciones y repertorio aparecen nombres, paisajes y afectos convertidos en música: “Pa’ Don Félix”, “Pa’ Don Reynaldo”, “Pa’ Doña Cora”, “El Villeguense”, “Vals Pa’ Don Reynaldo” y “Como el Hornero”, entre otras obras que quedaron como banderas del folclore puntano. Villa Mercedes lo adoptó como uno de sus grandes guardianes culturales. En la Calle Angosta, en el Boliche Don Miranda, en la Fiesta Nacional de la Calle Angosta y en cada encuentro donde sonara una guitarra, “El Sapo” era presencia, memoria y pertenencia. No necesitaba solemnidad: le alcanzaba una silla, una anécdota, una tonada y un grupo de amigos alrededor. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un cantor de alma generosa, un contador incansable de historias, un hombre capaz de contextualizar cada canción, de explicar de dónde venía una melodía, quién la había cantado, qué pueblo la había inspirado y qué emoción escondía. Para muchos artistas jóvenes, su palabra fue escuela. Para muchos vecinos, su presencia fue parte de la identidad misma de Villa Mercedes. En 2022, la Cámara de Diputados de San Luis impulsó un reconocimiento a su trayectoria como exponente de la música cuyana y por su valioso aporte al patrimonio cultural de la provincia. Allí dejó una frase sencilla y enorme, de esas que resumen una vida entera: “Hay que ser una buena persona arriba y abajo del escenario”. Esa fue, quizá, su mayor enseñanza. “El Sapo” Ávila recorrió escenarios, provincias y caminos, pero nunca dejó de volver emocionalmente a San Luis. Podía haber andado por muchos lugares, pero su corazón siempre elegía la tierra puntana, sus guitarras, sus amigos, su gente y esa Villa Mercedes que lo convirtió en mito. El 24 de junio de 2023, a los 87 años, su voz se apagó físicamente. Había estado internado en Villa Mercedes y su partida golpeó con fuerza a la cultura popular de San Luis. Sus restos fueron despedidos en el Boliche Don Miranda, ese templo afectivo de la Calle Angosta que tanto tenía que ver con su historia. No podía haber otro lugar más justo para decirle adiós: allí donde tantas veces hubo música, abrazos, cogollos y noches cuyanas, el pueblo fue a despedir a uno de los suyos. Con su muerte se fue un hombre, pero no se fue su legado. Quedaron sus canciones. Quedó El Trébol Mercedino. Quedó la Calle Angosta. Quedó la guitarra como herencia. Quedó la memoria de un cantor que hizo de la puntanidad una forma de vida. Raúl “El Sapo” Ávila pertenece a esa clase de artistas que no necesitan mármol para ser monumento. Su monumento está en cada tonada que vuelve a sonar, en cada peña donde alguien lo nombra, en cada guitarrero que defiende la raíz cuyana y en cada mercedino que sabe que la cultura de un pueblo también se construye con voces humildes, manos curtidas y canciones verdaderas. Porque hay músicos que pasan por los escenarios. Y hay otros que se quedan para siempre en el alma de su tierra. “El Sapo” Ávila fue uno de ellos. #RaulElSapoAvila #RaulTransitoAvila #ElSapoAvila #ElTrebolMercedino #VillaMercedes #SanLuis #JustoDaract #CalleAngosta #BolicheDonMiranda #FolcloreCuyano #MusicaCuyana #CulturaPuntana #Puntanidad #TonadaCuyana #FolkloreArgentino #MendozAntigua #ArgentineFolklore #CuyoMusic #SanLuisArgentina #FolkMusic #CulturalHeritage #TraditionalMusic #LatinAmericanMusic
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GARDEL NO MURIÓ: LO LLEVÓ EL PUEBLO HASTA LA ETERNIDAD
El 24 de junio de 1935, América Latina quedó partida por una noticia imposible de aceptar: Carlos Gardel, el Zorzal Criollo, el Morocho del Abasto, la voz que había convertido al tango en una emoción universal, moría trágicamente en Medellín, Colombia. Pero aquella tarde no terminó solamente una vida. Comenzó un mito. El accidente ocurrió en el aeródromo Olaya Herrera, cuando el avión que debía continuar viaje hacia Cali chocó contra otra aeronave durante la maniobra de despegue. Junto a Gardel también perdieron la vida Alfredo Le Pera y parte de su comitiva artística. La noticia cruzó fronteras con la velocidad del dolor: radios, diarios, teatros, cafés, barrios enteros y ciudades lejanas quedaron en silencio. Primero fue Medellín. Allí quedó sepultado de manera provisoria, mientras el continente discutía dónde debía descansar el hombre que ya no pertenecía a un solo país. Uruguay, Estados Unidos y Argentina deseaban recibir sus restos. Pero la decisión más profunda la tomó Doña Berta Gardes, su madre: Carlitos debía volver a Buenos Aires, a la ciudad que lo había visto crecer, cantar, triunfar y convertirse en leyenda. Así comenzó uno de los peregrinajes funerarios más conmovedores de la historia popular americana. Tras la exhumación, sus restos iniciaron una travesía casi épica por Colombia. Viajaron en tren, en rústicos transportes de camino, a lomo de mula y caballo por zonas difíciles, entre montañas, pueblos y homenajes improvisados. No era solo un traslado: era una procesión continental. En cada parada, la gente salía a despedirlo como si pasara un santo laico del tango. Desde Buenaventura partió hacia Panamá. Luego siguió rumbo a Nueva York, donde también fue velado y despedido por la comunidad latinoamericana. Más tarde el viaje continuó en barco hacia el sur, con escalas cargadas de emoción en Río de Janeiro y Montevideo. En Brasil, el pueblo carioca le rindió homenajes durante varios días. En Uruguay, otra multitud lo recibió con respeto, lágrimas y flores. Finalmente, el 5 de febrero de 1936, Gardel volvió a Buenos Aires. Y Buenos Aires se desbordó. El puerto fue una marea humana. Miles de personas esperaron durante horas para ver llegar al cantor. La carroza avanzó con dificultad entre una multitud que quería acercarse, tocarlo, despedirse, acompañarlo. Fue llevado al Luna Park, donde se instaló una capilla ardiente en medio del estadio. Allí desfilaron hombres, mujeres, artistas, obreros, familias enteras, admiradores anónimos y figuras del tango. La despedida fue una ceremonia popular de dolor, música y memoria. La mañana siguiente, el cortejo salió hacia la Chacarita. Aquella procesión quedó grabada para siempre en la historia argentina. La carroza avanzó lentamente por la ciudad mientras desde los balcones caían flores. Algunos cantaban sus tangos. Otros lloraban en silencio. Las calles, las veredas, los techos, los árboles y los alrededores del cementerio se llenaron de gente. No parecía un entierro: parecía el abrazo final de un pueblo entero. Sus restos fueron depositados provisoriamente en el Panteón de los Artistas, mientras comenzaba la construcción de su morada definitiva. La Comisión Homenaje a Carlos Gardel, integrada por amigos y admiradores, se encargó de organizar honras, trámites y fondos para levantar el mausoleo. Armando Defino fue una figura clave en las gestiones del traslado y en la defensa del destino elegido por Doña Berta. Pero la colecta no alcanzó: solo se reunió una parte del dinero necesario. El resto lo aportó su madre, la mujer que había acompañado su vida desde la humildad hasta la gloria. La obra comenzó en 1936 y quedó concluida al año siguiente. El 6 de noviembre de 1937 se realizó el traslado íntimo al mausoleo definitivo, y el 7 de noviembre fue inaugurado públicamente el monumento que desde entonces guarda al cantor. Allí está Gardel, en la Chacarita. Y allí también está uno de los símbolos más queridos de la memoria popular: la estatua de bronce realizada por Manuel Alejandro de Llano, conocida como “el bronce que sonríe”. De cuerpo entero, elegante, con gesto sereno y eterno, parece recibir a quienes llegan desde todo el mundo. Frente a esa figura, los gardelianos dejan flores, placas, promesas, recuerdos y hasta el tradicional cigarrillo encendido entre sus dedos, como si todavía pudieran compartir un instante con él. El mausoleo no es una tumba cualquiera. Es un altar del tango. Un santuario de barrio y de mundo. Una esquina eterna de Buenos Aires. Un lugar donde la muerte perdió la pulseada contra la voz. Porque Gardel no quedó encerrado en el mármol ni en el bronce. Gardel siguió cantando en discos, radios, películas, recuerdos familiares, bares, milongas, fotografías y corazones. Su figura fue reconocida oficialmente como parte fundamental de la identidad cultural argentina y porteña, y su legado sonoro permanece como patrimonio de valor universal. Desde aquel 24 de junio de 1935, cada despedida fue también una resurrección. Medellín lo lloró. Panamá lo vio pasar. Nueva York lo veló. Río de Janeiro lo homenajeó. Montevideo lo abrazó. Buenos Aires lo recibió como a un hijo eterno. Y la Chacarita lo convirtió en devoción. Por eso, cuando alguien se acerca a su mausoleo, no visita solamente el lugar donde descansa Carlos Gardel. Visita el punto exacto donde el tango dejó de ser canción para convertirse en inmortalidad. Porque algunos artistas mueren. Gardel, no. Gardel canta cada día mejor. #CarlosGardel #Gardel #ElZorzalCriollo #MorochoDelAbasto #TangoArgentino #HistoriaDelTango #Chacarita #BuenosAiresAntigua #LunaPark #CulturaArgentina #MemoriaPopular #TangoHistory #ArgentineTango #BuenosAiresHistory #LatinAmericanHistory #MusicLegend #CulturalHeritage #GardelForever
24 de Junio de 2003, muere JOAQUÍN TEJÓN: EL MALAGUEÑO QUE PINTÓ EL ALMA DE MENDOZA
El 24 de junio de 2003 moría en Mendoza Joaquín Tejón, pintor, ilustrador, acuarelista y una de esas figuras silenciosas que ayudaron a construir la identidad visual de una provincia. Había nacido en Málaga, España, el 26 de septiembre de 1903, y llegó a Mendoza siendo todavía niño. Venía de una tierra de luz mediterránea, pero encontró en Cuyo otra claridad: la de las acequias, los árboles, los cerros, las plazas, los prados, las calles tranquilas y los paisajes que terminarían convirtiéndose en el centro de su obra. En 1933 ingresó a la Academia Provincial de Bellas Artes, donde se formó bajo la guía de Antonio Bravo y Roberto Azzoni. Desde entonces, su vida quedó definitivamente ligada al arte. Adoptó la ciudadanía argentina en 1936 y comenzó un camino largo, paciente y fecundo, marcado por el dibujo, la pintura, la ilustración y una fidelidad profunda a la figuración. Joaquín Tejón no buscó el estruendo ni la moda pasajera. Su lenguaje fue otro: el de la acuarela, la observación, la luz y el paisaje. Dentro de un realismo de sensibilidad impresionista, supo mirar Mendoza con ojos de inmigrante y corazón de hijo adoptivo. Pintó árboles, prados, paisajes serranos, rincones urbanos, marinas y escenas donde la naturaleza parecía hablar en voz baja. Con el tiempo se convirtió en uno de los acuarelistas tradicionales de Mendoza. Realizó alrededor de 50 muestras individuales y participó en más de 90 exposiciones colectivas en la provincia y en distintos puntos del país. En 1949 obtuvo el Primer Premio en el Salón Bienal Municipal de Mendoza, reconocimiento que confirmó el valor de una obra construida con oficio, constancia y sensibilidad. Pero Tejón no fue solamente un pintor. También fue ilustrador, trabajador de medios, dibujante preciso, retratista y hacedor cultural. Su nombre pertenece a una familia profundamente ligada al arte: fue hermano del músico Nolo Tejón, padre del artista visual y docente Eduardo Tejón, y tío de Joaquín Salvador Lavado Tejón, el enorme Quino, creador de Mafalda. Según la biografía oficial de Quino, aquel tío pintor y diseñador gráfico fue clave para despertar su vocación por el dibujo cuando apenas tenía tres años. Ese dato vuelve todavía más grande la figura de Joaquín Tejón: no solo dejó paisajes, acuarelas y dibujos; también encendió una chispa que, años después, llegaría al mundo entero a través de Mafalda. Los especialistas han señalado que Tejón perteneció a una generación de inmigrantes y artistas que ayudaron a formar el campo plástico mendocino en las primeras décadas del siglo XX. En una provincia que buscaba reconocerse a sí misma, ellos encontraron en el paisaje una forma de identidad. Pintar Mendoza era también aprender a pertenecer. Su arte tenía algo profundamente humano. No parecía hecho para quedar encerrado en salones distantes, sino para convivir con la gente. Muchas de sus obras circularon por hogares mendocinos, algunas vendidas a precios accesibles, otras regaladas, como si el artista creyera que la belleza debía compartirse y no quedar reservada para unos pocos. Joaquín Tejón trabajó con pasión casi hasta el final de su vida. Su trayectoria atravesó gran parte del siglo XX y llegó hasta los primeros años del nuevo milenio. Murió a los 99 años, dejando una obra extensa, íntima y valiosa, muchas veces poco recordada en comparación con otros nombres, pero fundamental para comprender la historia del arte en Mendoza. Cada acuarela suya parece conservar una Mendoza detenida en el tiempo: la luz sobre los árboles, el silencio de las calles, la nobleza del paisaje, la emoción sencilla de mirar lo cotidiano como si fuera eterno. Joaquín Tejón no pintó solamente lugares. Pintó pertenencia. Pintó memoria. Pintó esa Mendoza profunda que todavía vive en la sombra de una arboleda, en una acequia antigua o en el color suave de una tarde cuyana. El 24 de junio no solo se recuerda su partida. Se recuerda a un artista que llegó desde Málaga y terminó dejando en Mendoza una huella de agua, papel, luz y alma. Joaquín Tejón: el hombre que hizo de la acuarela una patria mendocina. #JoaquínTejón #Tejón #ArteMendocino #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #PinturaArgentina #Acuarela #Acuarelista #ArteArgentino #ArtistasDeMendoza #CulturaMendocina #Quino #Mafalda #Málaga #EspañaArgentina #Inmigrantes #PaisajeMendocino #MemoriaCultural #HistoriaDelArte #ArgentineArt #MendozaHistory #WatercolorArt #ArgentinianPainter #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #SpanishArgentine #ArtHistory
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EL ALTAR ETERNO DEL TANGO: DONDE GARDEL TODAVÍA SONRÍE EN LA CHACARITA
En el corazón del Cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires, existe un rincón donde el silencio no logra vencer a la música. Allí, entre mármol blanco, bronces oscuros, flores, placas de homenaje y devoción popular, Carlos Gardel parece seguir cantando. Su mausoleo no es una tumba más: es un verdadero santuario del tango, un lugar donde la memoria argentina se arrodilla ante una voz que jamás dejó de sonar. La imagen más poderosa del conjunto es la escultura de Gardel realizada por el artista Manuel Alejandro de Llano. No es una figura común: fue concebida un 20% más grande que el tamaño real, vestida de smoking, con la mano izquierda en el bolsillo, la derecha a la altura del abdomen y esa sonrisa leve, inmortal, casi desafiante, que hizo que muchos la llamaran “el bronce que sonríe”. Lo más conmovedor es que el escultor logró ese gesto eterno sin haberlo tenido frente a frente. Gardel ya había partido trágicamente en Medellín, el 24 de junio de 1935, pero su rostro quedó fijado para siempre como si la muerte no hubiera podido apagarlo del todo. A un costado, otra figura completa la escena: una mujer inclinada, cabizbaja, de profunda carga simbólica, sostiene una lira rota entre sus manos. Para muchos representa a Euterpe, la musa griega de la música. Esa lira quebrada habla sin palabras: simboliza la pérdida irreparable que significó para el arte la muerte del Zorzal Criollo. El mausoleo guarda en su interior los restos de Carlos Gardel y de su madre, María Berta Gardés. Se desciende por una pequeña escalera con barandas de hierro hacia un espacio íntimo, blanco, sencillo y profundamente emotivo. Allí, entre retratos, flores, recuerdos, una guitarra y cubiertas bordadas con fileteado, se siente la dimensión humana del mito: el cantor inmenso y la madre que lo acompañó hasta la eternidad. Tras su muerte, los restos de Gardel realizaron un largo recorrido por América antes de llegar a Buenos Aires en 1936. Primero fue despedido por multitudes; luego reposó de manera provisoria en el Panteón de Artistas de la Chacarita, hasta que su mausoleo definitivo fue inaugurado el 7 de noviembre de 1937. Desde entonces, aquel rincón se convirtió en lugar de peregrinación gardeliana. El conjunto está cubierto por placas de admiradores, instituciones, músicos y devotos de distintas partes del mundo. Cada una es una declaración de amor. Algunas recuerdan su voz, otras su sonrisa, otras su lugar eterno como embajador del tango. Todas juntas forman una pared viva de gratitud popular. Desde 2006, este sitio tiene una distinción histórica: fue declarado Sepulcro Histórico Nacional, el primero otorgado a un artista popular. No a un general, no a un presidente, no a un prócer de manual, sino a un cantor. A un hombre que con su voz llevó el tango desde los barrios porteños hasta el mundo entero. En los últimos años, la Fundación Internacional Carlos Gardel impulsó la puesta en valor del mausoleo. Se limpiaron bronces, se preservaron las pátinas originales del tiempo, se mejoraron sectores del espacio y se incorporaron herramientas para que los gardelianos puedan acercarse a su historia desde cualquier lugar. La intención fue clara: no borrar las huellas del pasado, sino protegerlas. También aparece en esta historia Edith Beraldi, reconocida por muchos como una verdadera guardiana de Gardel. Su tarea de cuidado, mantenimiento y acompañamiento de los visitantes mantiene viva una tradición que no pertenece solo a los museos, sino al pueblo. Cada 24 de junio, aniversario de su muerte, y cada 11 de diciembre, Día Nacional del Tango y fecha asociada a su nacimiento, el ritual vuelve a repetirse. Llegan músicos, admiradores, curiosos, turistas, vecinos, tangueros de alma. Hay flores, canciones, recuerdos, anécdotas y emoción. Y siempre aparece el gesto más famoso: un cigarrillo encendido entre los dedos del Gardel de bronce. No es solo una costumbre pintoresca. Es una forma de compañía. Es como decirle: “Carlitos, seguimos acá”. Es una conversación silenciosa entre el mito y su gente. Por eso la frase popular “Andá a cantarle a Gardel” encuentra en este lugar una imagen perfecta. Porque allí, frente a esa sonrisa eterna, miles de personas fueron a hablarle, pedirle, agradecerle, llorarlo y celebrarlo. El tango, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009, tiene muchos templos: los cafés, los clubes, las milongas, las radios antiguas, los discos de pasta, los teatros, los barrios del Abasto y la memoria de Buenos Aires. Pero en la Chacarita tiene algo distinto: un altar. Allí no descansa solamente Carlos Gardel. Allí descansa una parte enorme del alma argentina. Y mientras haya alguien que se acerque con una flor, una canción, una lágrima o un cigarrillo encendido, el Zorzal Criollo seguirá cumpliendo su destino imposible: seguir cantando después de la muerte. Porque Gardel no se fue. Gardel quedó sonriendo para siempre. #CarlosGardel #Gardel #MausoleoDeGardel #Chacarita #CementerioDeLaChacarita #TangoArgentino #ZorzalCriollo #MorochoDelAbasto #DíaNacionalDelTango #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #PatrimonioCultural #MemoriaPopular #CulturaArgentina #TangoEterno #MúsicaPopular #GardelEterno #ArgentinaHistory #TangoHistory #CarlosGardelForever #BuenosAiresHistory #ArgentineTango #CulturalHeritage #LatinAmericanCulture #MusicLegend #TangoLegend
24 DE JUNIO DE 1973: CUANDO MENDOZA SE PLANTÓ PARA DEFENDER EL TANGO (Imagen Ilustrativa)
El 24 de junio de 1973 quedó marcado como una fecha fundamental para la memoria tanguera mendocina: ese día nació, simbólicamente, la Asociación Amigos del Tango en Mendoza, una institución creada por artistas y amantes del 2x4 que entendieron que el tango no podía quedar librado al olvido, al prejuicio ni al silencio. La iniciativa surgió de Aníbal Appiolaza, Héctor Appiolaza, Lito Quiroga y Jorge Costa, quienes, al finalizar un recital, hablaron frente al público sobre una necesidad urgente: organizarse para defender un género musical que, desde sus orígenes, había sido muchas veces cuestionado, marginado, resistido o subestimado, pero que seguía latiendo con fuerza en la voz popular. Aquel llamado no quedó en palabras. Poco después se organizó una reunión en la Asociación de Músicos, donde se eligió una comisión provisoria integrada por Jorge Costa, René José Quiroga y Omar Casares. Luego, en una segunda reunión realizada en el Club Vasco, la entidad tomó carácter fundacional y eligió su primera comisión directiva, presidida por el señor Vanella. Así comenzó una historia de pasión, militancia cultural y amor por el tango. Durante años, la Asociación Amigos del Tango impulsó ciclos de conferencias, charlas, cenas show, encuentros, espectáculos y presentaciones con orquestas llegadas desde Buenos Aires, junto a artistas mendocinos que mantenían encendida la llama del bandoneón, la poesía arrabalera y la canción ciudadana. No era una tarea menor. Para 1973, el tango ya había atravesado tiempos de esplendor, especialmente durante su gran época de oro, pero también años difíciles, donde las nuevas modas musicales, los cambios sociales y la falta de espacios fueron empujándolo hacia los márgenes. En ese contexto, fundar una asociación tanguera en Mendoza era mucho más que crear una institución: era levantar una bandera cultural. La Asociación Amigos del Tango fue un refugio para músicos, cantores, bailarines, estudiosos y oyentes. Fue una mesa compartida, una pista posible, una charla después del último acorde, una defensa del tango como patrimonio vivo y no como simple recuerdo de otra época. Durante 18 años, entre 1973 y 1991, sostuvo una tarea valiosa en la vida cultural mendocina. Finalmente, las dificultades fueron más fuertes que las buenas intenciones y la institución desapareció. Pero su paso dejó una huella: la de aquellos que entendieron que el tango también tenía corazón cuyano, que Mendoza no era una espectadora lejana de esa historia, sino parte de su expansión, de su resistencia y de su memoria. Hoy, cuando el tango es reconocido internacionalmente como una de las grandes expresiones culturales del Río de la Plata y del mundo, vale recordar a quienes, desde Mendoza, lo defendieron cuando no siempre estaba de moda, cuando había que sostenerlo con convicción, trabajo y amor. Porque el tango no vive solamente en Buenos Aires ni en los grandes escenarios. También vive en cada provincia, en cada cantor de barrio, en cada guitarra trasnochada, en cada bandoneón que resiste, en cada abrazo de milonga y en cada grupo de personas que decide no dejar morir una identidad. El 24 de junio de 1973, Mendoza también dijo presente en la historia del tango. Y cuando una ciudad defiende su música, también defiende su alma. #MendozAntigua #MendozaAntigua #Tango #TangoArgentino #AmigosDelTango #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #Efemerides #24DeJunio #MusicaCiudadana #Bandoneon #Milonga #PatrimonioCultural #Argentina #HistoriaArgentina #TangoHistory #ArgentineTango #MendozaHistory #CulturalHeritage #TangoCulture #VintageMendoza
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24 de Junio de 1931, nace JUAN PEREYRA: LA GUITARRA CUYANA QUE VIAJÓ DE SAN JUAN AL MUNDO
El 24 de junio de 1931 nacía en San Juan Juan Pereyra, un guitarrista de esos que no necesitaron estridencias para dejar huella. Su historia pertenece a una época en la que la radio era escenario, escuela, vidriera y patria sonora. Allí, frente a micrófonos encendidos y auditorios atentos, la guitarra cuyana comenzó a encontrar caminos que la llevarían mucho más allá de su provincia natal. Pereyra integró un trío de guitarras que dio sus primeros pasos en la histórica LV5 de San Juan, emisora que con el tiempo quedaría asociada al nombre de Radio Sarmiento. Aquella radio tenía raíces profundas: sus antecedentes se remontan a experiencias de transmisión de 1923 y a emisiones continuas desde 1925, hasta convertirse en una de las grandes voces sanjuaninas del siglo XX. El talento de aquel conjunto no tardó en cruzar la cordillera cultural de Cuyo. Fueron convocados por LV6 Radio Splendid de Mendoza, la emisora que más tarde sería Radio Nihuil, para desempeñarse como músicos estables. En esos años, ser músico de radio no era un trabajo menor: significaba tocar en vivo, acompañar cantores, sostener programas enteros y formar parte del pulso cotidiano de miles de oyentes. La LV6, luego del proceso de privatización de 1958, abandonó el nombre Splendid y pasó a llamarse Nihuil, un dato señalado en investigaciones sobre la historia de la radio mendocina. La gran proyección profesional llegó cuando Adolfo Berón, una figura enorme de la guitarra tanguera, lo convocó para acompañarlo. Berón no era un nombre más: TodoTango lo registra como guitarrista y compositor nacido en Zárate en 1915, destacado por su digitación clara, su estilo cálido y una producción discográfica muy importante dentro del género. Junto a él, Pereyra ingresó en una etapa intensa de actuaciones, grabaciones y giras, incluida una presentación artística por Brasil. En 1970, tras la muerte de su hermano Ricardo, también guitarrista, Juan Pereyra regresó a Mendoza. Allí continuó sembrando música junto a voces y artistas del tango local como Daniel Quiroga, Hugo Salas y Ricardo Fontana. También actuó con Ernesto Calvo en bandoneón y la voz de Osvaldo Jordán, manteniendo viva una tradición donde guitarra, bandoneón y cantor formaban una sola respiración popular. Su camino artístico también lo llevó a Europa, pero con el tiempo decidió alejarse de los escenarios para dedicarse a la enseñanza del instrumento. Ese gesto resume una vida: no solo tocar, sino transmitir. No solo brillar, sino dejar escuela. Juan Pereyra fue parte de esa generación de músicos que hicieron de la radio, el tango y la guitarra un puente entre San Juan, Mendoza, Brasil, Europa y la memoria profunda de Cuyo. Hoy, al recordarlo, vuelve a sonar algo más que una guitarra: vuelve una forma de trabajar el arte con humildad, oficio y pasión. Vuelve la época de los estudios radiales llenos de música en vivo. Vuelve la historia de un sanjuanino que encontró en seis cuerdas una manera de viajar, acompañar, enseñar y permanecer. #JuanPereyra #GuitarraCuyana #TangoArgentino #SanJuan #Mendoza #Cuyo #RadioSarmiento #RadioNihuil #LV5 #LV6 #TangoCuyano #HistoriaDelTango #MusicosArgentinos #MendozAntigua #CulturaCuyana #ArgentineTango #GuitarHistory #CuyoCulture #VintageArgentina #TangoHistory #ArgentineMusic #CulturalHeritage
24 de Junio de 1929, nace JUANA ETCHEGARAY: LA MUJER QUE TEJIÓ LA MEMORIA DE QUINES CON SUS PROPIAS MANOS
El 24 de junio de 1929 nacía Juana Etchegaray en el paraje La Brea, en la zona de Quines, provincia de San Luis. No llegó al mundo rodeada de grandes escenarios ni de vitrinas culturales. Nació en el paisaje profundo del norte puntano, entre campo, monte, trabajo duro y familias que aprendían desde niñas que las manos también podían guardar historia. Su padre trabajaba en campos de la zona, en tiempos en que los desmontes movilizaban a miles de hacheros por año. Era una época áspera, de esfuerzo rural, madera, tierra, sudor y largas jornadas. Pero en su casa también había otro universo: el de la lana, el telar, los colores naturales y la paciencia heredada. Su madre y sus tías tejían con enorme destreza, y de ellas Juana aprendió ese arte difícil que no se enseña solamente con palabras, sino mirando, repitiendo, equivocándose y volviendo a empezar. Con el tiempo, aquellos primeros tejidos comenzaron a hablar por ella. Cada pieza llevaba algo de su origen: la memoria del monte, la vida campesina, la sabiduría femenina transmitida de generación en generación y la identidad artesanal de Quines. Poco a poco, su nombre empezó a ser reconocido en la zona. Juana no era solo una tejedora: era una guardiana de un oficio antiguo. El telar criollo, profundamente ligado a la tradición artesanal argentina, fue durante generaciones una herramienta de abrigo, trabajo, belleza y memoria. En él se hicieron ponchos, frazadas, mantas, jergas, alforjas y piezas que acompañaron la vida cotidiana de los pueblos del interior. No eran simples objetos: eran cultura hecha hilo. Ya instalada en Quines, Juana Etchegaray dio un paso decisivo. En 1971, cuando la Municipalidad organizó el primer curso de telar, ella fue la encargada de dictarlo. Aquella tarea no quedó en una experiencia aislada: continuó enseñando durante más de una década. Así, lo que había recibido de su madre y de sus tías volvió a circular en otras manos, en otras casas, en otras generaciones. Su vida fue un verdadero culto al arte manual. Recibió premios, medallas, diplomas y reconocimientos que conservaba con orgullo en su modesta casa. Pero su mayor legado no estuvo solamente en esos homenajes, sino en algo más profundo: haber mantenido viva una tradición cuando muchas costumbres rurales empezaban a desaparecer bajo el avance del tiempo moderno. Juana Etchegaray murió en Quines el 24 de enero de 2015, a los 85 años. Pero su historia sigue latiendo en cada telar, en cada hebra, en cada mujer artesana que transforma la lana en memoria. Porque hay vidas que no se apagan: se siguen tejiendo. Juana fue una de ellas. #JuanaEtchegaray #Quines #SanLuis #LaBrea #TejedorasPuntanas #TelarCriollo #ArteTextil #ArtesaníaArgentina #HistoriaDeSanLuis #MujeresArtesanas #CulturaPuntana #MemoriaPopular #PatrimonioCultural #TradicionesArgentinas #MendozAntigua #ArgentineHistory #TextileArt #TraditionalWeaving #WomenArtisans #CulturalHeritage #FolkArt #HandmadeHistory #SanLuisArgentina
24 DE JUNIO DE 1928, NACE MILKA DURÁN: LA VOZ QUE HIZO REÍR, SOÑAR Y RECORDAR A MENDOZA
El 24 de junio de 1928 nacía en Junín, provincia de Buenos Aires, Sara Ofelia Carmona, aunque Mendoza y la radio la conocerían para siempre con otro nombre: Milka Durán. Llegó a Mendoza siendo apenas una niña, con siete años, y desde entonces su vida quedó unida al paisaje afectivo de la provincia. No fue solamente actriz, locutora, animadora o humorista. Fue una presencia entrañable, una voz familiar, una artista capaz de entrar en los hogares mendocinos y quedarse para siempre en la memoria de varias generaciones. Su historia comenzó casi como una escena de película. Siendo muy chica se acercó a Radio Aconcagua, la emisora que luego sería Radio Nacional Mendoza, y allí encontró un mundo que parecía esperarla: micrófonos, libretos, voces, música, preguntas, personajes y esa magia única de la radio, capaz de encender la imaginación sin mostrar una sola imagen. Debutó en “Las estrellitas Landy”, un programa dominical donde se teatralizaba la película que llegaba al cine esa semana. Su primera gran imitación fue la de Tita Merello, inspirada en el film “Los isleños”, de 1951. Desde ese momento, Milka entendió que su lugar estaba frente al micrófono, allí donde la voz podía transformarse en emoción, risa, drama, ternura y compañía. Vivió de cerca el esplendor del radioteatro mendocino, ese tiempo en que las familias se reunían alrededor del aparato de radio como si fuera un pequeño teatro encendido en el comedor de la casa. Interpretó personajes de autores fundamentales, compartió escenas sonoras con figuras del género y fue parte de una época en la que la radio no solo informaba: también hacía imaginar, llorar, reír y esperar el próximo capítulo. Milka trabajó junto a nombres recordados como Servando Juárez, Luis Francese, Federico Fábrega, y también compartió caminos con grandes referentes de la cultura mendocina. Su talento le permitió pasar del drama al humor, de la actuación a la locución, del radioteatro al escenario y del micrófono al cine. Uno de sus personajes más queridos fue “La Lechiguana”, una creación popular que la convirtió en una figura inolvidable para el público mendocino. Con gracia, picardía, frescura y enorme oficio, Milka supo construir una forma de humor profundamente local, nacida de la observación, del oído callejero y del cariño por su gente. También dejó su huella en el cine argentino realizado en Mendoza. En los años de Film Andes, participó en producciones que forman parte de la memoria audiovisual provincial, como “El cartero”, junto a Beatriz Taibo; “La maestra enamorada”, con Lolita Torres; y “Surcos en el mar”, con Duilio Marzio. Aquellas películas no solo llevaron actores y actrices al set: también llevaron paisajes, acentos, calles y escenarios mendocinos a la pantalla grande. Su carrera fue extensa, intensa y profundamente popular. Durante décadas trabajó en las principales radios de Mendoza, entre ellas Nihuil, Libertador, Nacional y LV10. Su voz acompañó mañanas, tardes, noches, noticias, ficciones, personajes, publicidades, programas en vivo y momentos cotidianos de miles de oyentes. Milka Durán recibió numerosos reconocimientos por su aporte artístico y comunicacional. Fue distinguida por instituciones de Mendoza y homenajeada en vida como una de las grandes figuras de la cultura provincial. Pero quizá su premio más grande fue otro: el cariño del público, ese aplauso silencioso de quienes la escuchaban en sus casas y sentían que Milka era parte de la familia. En 2005 presentó el libro “Hablando de la Milka”, una obra que reunió relatos, testimonios y anécdotas sobre su vida, su profesión y su manera de habitar la radio. Allí quedó reflejada no solo la artista, sino también la mujer inquieta, trabajadora, sensible y profundamente mendocina por adopción y destino. Milka Durán falleció en Mendoza el 6 de febrero de 2018, a los 89 años. Su partida dejó un vacío enorme en la radiofonía local, pero también una herencia luminosa: la certeza de que una voz puede atravesar el tiempo. Porque Milka no fue solo una locutora. Fue memoria sonora. Fue teatro sin escenario. Fue risa en tiempos difíciles. Fue Mendoza hablando por la radio. Y cada vez que se recuerdan los años dorados del micrófono cuyano, su nombre vuelve a encenderse como una señal antigua, cálida e inolvidable. #MilkaDuran #SaraOfeliaCarmona #RadioMendocina #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #RadioArgentina #Radioteatro #FilmAndes #CulturaMendocina #LocutorasArgentinas #Efemerides #JuninBuenosAires #RadioHistory #ArgentineRadio #WomenInRadio #VintageRadio #MendozaHistory #ArgentineCinema #CulturalMemory
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EL DÍA EN QUE EL CIELO SE LLEVÓ AL GRANDE TORINO: LA TRAGEDIA QUE CAMBIÓ EL DESTINO DEL MUNDIAL DE 1950
Hay tragedias que no solo destruyen un equipo. También rompen una época, apagan una ilusión nacional y cambian para siempre el rumbo de la historia del fútbol. Italia llegaba al final de la década de 1940 con una generación destinada a defender su grandeza mundial. La Azzurra había sido campeona del mundo en 1934 y 1938, y buena parte de su esperanza descansaba en un club que parecía invencible: el Torino. No era un equipo más. Era Il Grande Torino, una formación legendaria que dominó el calcio italiano como pocas veces se había visto. Entre 1942/43 y 1948/49 conquistó cinco campeonatos de liga consecutivos disputados, jugó con autoridad, marcó una época y se convirtió en la columna vertebral de la selección italiana. Su influencia fue tan enorme que, en 1947, Italia llegó a alinear diez jugadores del Torino en un mismo once titular. Aquel equipo granata tenía nombres de leyenda: Valentino Mazzola, Ezio Loik, Guglielmo Gabetto, Romeo Menti, Virgilio Maroso, Mario Rigamonti, Giuseppe Grezar, Valerio Bacigalupo y otros futbolistas que parecían llamados a escribir una página gloriosa en el Mundial de Brasil 1950. Pero el destino tenía preparada una de las heridas más profundas del deporte. El 3 de mayo de 1949, Torino jugó un amistoso en Lisboa ante Benfica. El encuentro había sido organizado como homenaje al capitán portugués Francisco Ferreira. Fue una fiesta de fútbol, con un estadio colmado y aplausos para dos grandes instituciones europeas. Torino perdió 4 a 3, pero nadie imaginaba que aquel partido sería el último viaje de una generación irrepetible. Al día siguiente, el 4 de mayo de 1949, el plantel emprendió el regreso a Italia a bordo de un avión Fiat G.212 de Avio Linee Italiane. El clima era pésimo. Lluvia, nubes bajas y una niebla espesa cubrían la colina de Superga, en las afueras de Turín. A las 17:05, la aeronave se estrelló contra el muro posterior de la Basílica de Superga. No hubo sobrevivientes. Murieron 31 personas: futbolistas, entrenadores, dirigentes, periodistas y miembros de la tripulación. Entre las víctimas estaban 18 jugadores del Torino, entre ellos el inmenso Valentino Mazzola, capitán, símbolo y alma de aquel equipo que parecía invencible. Italia quedó paralizada. Turín se hundió en el silencio. Medio millón de personas acompañó el funeral. No despedían solamente a un plantel: despedían a una generación, a una ilusión, a una forma de jugar y de sentir el fútbol. El campeonato italiano 1948/49 fue completado por juveniles del Torino. Sus rivales, en un gesto de respeto inolvidable, también presentaron equipos juveniles. Torino terminó siendo campeón, pero aquel título quedó marcado por una tristeza eterna. La tragedia también cruzó el océano y tocó el corazón de la Argentina. River Plate viajó a Italia para disputar un partido solidario el 26 de mayo de 1949, destinado a ayudar a las familias de las víctimas. En el Stadio Comunale de Turín, River enfrentó a un combinado de estrellas de la Serie A llamado Torino Symbol. El encuentro terminó 2 a 2 y quedó grabado como uno de los gestos más nobles de la historia del fútbol mundial. Entre los nombres presentes brillaba Alfredo Di Stéfano, entonces joven figura argentina. Desde aquella jornada nació una hermandad deportiva entre Torino y River Plate. Una amistad tejida en el dolor, en el respeto y en la memoria. El golpe fue tan profundo que, cuando Italia debió viajar a Brasil para disputar el Mundial de 1950, la selección eligió hacerlo en barco. El miedo a volar todavía pesaba sobre el alma del fútbol italiano. La travesía fue larga, agotadora y poco favorable para la preparación física de los jugadores. Italia llegó como campeona defensora, pero ya no era la misma. Sin el corazón del Grande Torino, la Azzurra perdió 3 a 2 ante Suecia en su debut, luego venció 2 a 0 a Paraguay, pero no le alcanzó para avanzar a la fase final. El Mundial siguió su curso y terminaría con el inolvidable Maracanazo de Uruguay ante Brasil. Pero siempre quedará flotando una pregunta imposible de responder: ¿Qué habría pasado si Il Grande Torino hubiera llegado vivo al Mundial de 1950? Tal vez Italia habría defendido su corona con otra fuerza. Tal vez la historia del fútbol mundial habría tomado otro camino. Tal vez Brasil, Uruguay, Suecia y el mundo entero habrían visto jugar a una de las selecciones más poderosas de todos los tiempos. Pero Superga convirtió esa posibilidad en leyenda. Desde entonces, cada 4 de mayo, el fútbol vuelve a mirar hacia aquella colina de Turín. Allí donde la niebla se llevó a un equipo, pero no pudo borrar su memoria. Porque los grandes equipos ganan títulos. Pero los equipos eternos sobreviven al tiempo. Y el Grande Torino, aunque partió en un vuelo de muerte, sigue jugando en la historia. #GrandeTorino #TragediaDeSuperga #TorinoFC #Italia #Azzurra #Mundial1950 #Brasil1950 #RiverPlate #AlfredoDiStefano #HistoriaDelFutbol #FutbolVintage #Calcio #EfemeridesDelFutbol #MendozAntigua #FootballHistory #SupergaDisaster #IlGrandeTorino #WorldCup1950 #ItalianFootball #VintageFootball #RiverPlateHistory
24 DE JUNIO DE 1903: “LA UNIÓN DEPARTAMENTAL”, LA VOZ IMPRESA QUE UNIÓ AL ESTE MENDOCINO (Imagen Ilustrativa)
El 24 de junio de 1903 apareció en Mendoza un periódico destinado a convertirse en testimonio de una región que crecía, trabajaba y comenzaba a reconocerse con identidad propia: “La Unión Departamental”. No nació para hablar solamente desde la capital provincial. Nació con una misión clara: mirar hacia el Este mendocino y cubrir la vida pública, social, comercial y productiva de San Martín, Junín y Rivadavia, tres departamentos atravesados por caminos antiguos, canales de riego, viñedos, bodegas, estaciones ferroviarias, inmigración, trabajo rural y una intensa transformación económica. Su salida era dos veces por semana, los jueves y domingos, una frecuencia que revela la necesidad de información en una zona cada vez más dinámica. En aquellos años, el periódico no era solo papel y tinta: era noticia, opinión, anuncio comercial, reclamo vecinal, crónica social, puente entre pueblos y registro de una comunidad en movimiento. A comienzos del siglo XX, Mendoza vivía una etapa decisiva. La vitivinicultura se consolidaba como actividad central de la provincia, el ferrocarril había modificado distancias, ritmos y posibilidades, y la llegada de inmigrantes aportaba trabajo, saberes, oficios, comercios e instituciones. En el Este, esos cambios se sentían con fuerza: San Martín crecía ligado a su historia sanmartiniana, a sus viñedos y a la actividad ferroviaria; Junín se afirmaba como territorio agrícola y productivo; Rivadavia recibía inmigrantes, desarrollaba comercios, imprenta, pequeñas industrias e instituciones sociales, mientras el tren impulsaba pasajeros, empleo y circulación de mercaderías. En ese escenario apareció “La Unión Departamental”, un nombre que ya decía mucho. “Unión”, porque pretendía enlazar voces dispersas. “Departamental”, porque ponía el foco en una Mendoza profunda, laboriosa y muchas veces alejada de los grandes titulares capitalinos. Era la prensa del territorio. La prensa de las bodegas, las fincas, los carriles, las estaciones, las municipalidades, los vecinos, los comerciantes y los trabajadores. Una prensa que ayudaba a narrar la vida cotidiana de una región que no quería quedar muda ante la historia. Hoy, al recordar su aparición, no recordamos solamente un periódico antiguo. Recordamos una época en la que cada ejemplar viajaba de mano en mano, llegaba a casas, almacenes, clubes, oficinas públicas y estaciones, y dejaba constancia de lo que ocurría en el corazón productivo del Este mendocino. Porque antes de las redes, antes de la radio masiva y mucho antes de la inmediatez digital, hubo hombres, imprentas y lectores que entendieron algo fundamental: un pueblo que escribe su historia, no desaparece del tiempo. “La Unión Departamental” fue una de esas voces impresas que ayudaron a contar el pulso de San Martín, Junín y Rivadavia cuando el Este mendocino empezaba a escribir una página clave de su destino. #LaUnionDepartamental #MendozaAntigua #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #EsteMendocino #SanMartinMendoza #JuninMendoza #RivadaviaMendoza #PeriodismoMendocino #PrensaAntigua #Vitivinicultura #Ferrocarril #MemoriaMendocina #Cuyo #HistoriaArgentina #MendozaHistory #OldMendoza #ArgentineHistory #VintagePress #LocalHistory #WineHistory #RailwayHistory
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