domingo, 27 de septiembre de 2026

28 DE SEPTIEMBRE DE 1906 — JUAN JOSÉ DE GALLASTEGUI: EL MENDOCINO QUE LLEVÓ SU VIOLÍN DE LOS ANDES AL CORAZÓN DEL TANGO (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 28 de septiembre de 1906 nacía en Mendoza Juan José de Gallastegui, un violinista cuya trayectoria terminaría enlazando tres mundos que pocas veces aparecen reunidos en una misma vida: la formación clásica europea, los grandes escenarios musicales y la edad dorada del tango argentino. Sus primeros pasos musicales los dio en Mendoza bajo la enseñanza del profesor Julio Corona y, siendo todavía muy joven, viajó con sus padres a Europa. La reseña biográfica conservada por La Melesca señala que ingresó por concurso al curso superior del entonces Real Conservatorio de Madrid y que estudió bajo la dirección del destacado violinista y pedagogo Antonio Fernández Bordas —apellido que algunas reseñas reproducen erróneamente como “Borgas”—, quien fue profesor y posteriormente director del Conservatorio madrileño. La trayectoria de Fernández Bordas está documentada además por los Archivos Estatales españoles: había sido discípulo de Jesús de Monasterio y de Pablo Sarasate y fue una de las grandes figuras de la escuela violinística española de su tiempo. Según aquella biografía mendocina, Gallastegui obtuvo el Primer Premio de Violín y, con apenas 17 años, alcanzó también el prestigioso Premio Sarasate. Este galardón tenía un significado extraordinario: el propio Pablo de Sarasate había legado al Conservatorio de Madrid dinero para instituir un premio anual destinado a alumnos de violín de mérito excepcional, junto con uno de sus instrumentos más preciados, el célebre Stradivarius “Boissier”, construido por Antonio Stradivari en Cremona en 1713 y todavía conservado por el Real Conservatorio. La documentación oficial de la institución permite precisar un detalle histórico importante: este Stradivarius de 1713 llegó al Conservatorio por legado testamentario de Sarasate; por eso conviene diferenciarlo de otro célebre Stradivarius asociado al violinista español en relatos sobre Isabel II. De regreso a la Argentina, Gallastegui se instaló en Buenos Aires y su virtuosismo encontró un nuevo territorio: el tango. Los registros especializados lo ubican entre 1929 y 1930 como primer violín en grabaciones de la orquesta de Anselmo Aieta y, hacia mediados de la década siguiente, integrando la poderosa fila de cinco violines de la orquesta de Eduardo Pereyra, que debutó en Radio El Mundo.  Su nombre quedó especialmente unido a Francisco Canaro. En 1938 aparece documentado entre los violines de su orquesta típica y luego formó parte de los históricos conjuntos Don Pancho y Pirincho: junto a Canaro, Minotto Di Cicco, Octavio Scaglione, Luis Riccardi y Olindo Sinibaldi participó de una formación concebida especialmente para registrar música instrumental y recuperar el sonido de los primeros años del tango. Todo Tango señala que Gallastegui realizó gran parte de su carrera junto a Canaro. Pero su recorrido todavía guardaba encuentros extraordinarios: durante la década de 1930 tocó junto a Federico Scorticati en bandoneón y nada menos que Osvaldo Pugliese en piano, acompañando las actuaciones de Charlo y de la cancionista Adhelma Falcón. La documentación sobre la trayectoria de Pugliese confirma aquella asociación musical, mientras otras fuentes sitúan una extensa gira de Charlo con ese trío hacia 1939. Después de haber recorrido escenarios, radios, estudios de grabación y buena parte de una época irrepetible de la música argentina, Gallastegui regresó a Mendoza. La reconstrucción biográfica mendocina señala que en 1941 se estableció nuevamente en su provincia natal, fundó una academia de violín y se dedicó a transmitir a nuevas generaciones todo aquello que había aprendido entre Mendoza, Madrid y Buenos Aires. Murió en su tierra el 1 de diciembre de 1965, a los 59 años. Su nombre hoy puede resultar desconocido para muchos mendocinos, pero detrás de Juan José de Gallastegui aparece una historia formidable: la de un muchacho nacido al pie de los Andes que llegó a formarse en uno de los grandes conservatorios europeos, quedó vinculado al legado musical de Sarasate y terminó compartiendo música con figuras esenciales del tango como Canaro, Pugliese, Charlo y Scorticati. Un mendocino cuyo violín atravesó fronteras y estilos, y cuya historia merece volver a escucharse. #JuanJoséDeGallastegui #Gallastegui #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #TangoArgentino #HistoriaDelTango #FranciscoCanaro #OsvaldoPugliese #Charlo #PabloSarasate #Violin #MusicaArgentina #CulturaMendocina #Efemerides #ArgentineTango #TangoHistory #Violinist #ArgentineMusic #MendozaHistory #MusicHistory #CulturalHeritage Fuente de origen: La Melesca, efemérides culturales de Cuyo y registro “Destacados de Cuyo”. Fuentes de ampliación y contraste: Real Conservatorio Superior de Música de Madrid —Historia, Archivo y ficha del Stradivarius “Boissier” de 1713—; Portal de Archivos Españoles (PARES), Ministerio de Cultura de España; Todo Tango —archivos históricos de Francisco Canaro, Quinteto Don Pancho/Pirincho, Anselmo Aieta y Eduardo Pereyra—; UACDRA, reseña histórica sobre Osvaldo Pugliese

28 DE SEPTIEMBRE DE 1865 — JUAN WENCESLAO GEZ: EL SABIO PUNTANO QUE RECORRIÓ SAN LUIS PARA ESCRIBIR SU HISTORIA Y DEJARLA A LA ETERNIDAD


El 28 de septiembre de 1865 nacía en San Luis Juan Wenceslao Gez, una de las figuras intelectuales más completas de la cultura puntana de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Historiador, geógrafo, educador, sociólogo, naturalista, investigador de la paleontología y publicista, dedicó buena parte de su existencia a estudiar, enseñar y rescatar del olvido la historia, los personajes, el territorio y las riquezas naturales de su provincia. La Universidad de La Punta confirma su nacimiento en San Luis y su fallecimiento en Buenos Aires el 17 de mayo de 1932, además de una trayectoria que combinó la investigación histórica con estudios de geografía, educación, lingüística y paleontología.  Su vocación docente comenzó temprano: después de continuar sus estudios en Buenos Aires, se graduó como Profesor Normal en 1888. De regreso en San Luis enseñó geometría y dibujo, y luego pedagogía y francés; más tarde desarrolló una extensa carrera en establecimientos educativos de Buenos Aires y Corrientes. En 1896 asumió la dirección de la Escuela Normal Mixta de Dolores y, desde 1908 hasta su jubilación en 1918, dirigió la Escuela Normal Regional de Corrientes, donde también impartió geología, mineralogía, pedagogía y psicología.  Pero Gez no se conformó con enseñar lo que otros habían escrito: quiso investigar por sí mismo. Sus intereses abarcaron desde los documentos históricos hasta las ciencias naturales. La investigación académica conservada por CONICET destaca sus aportes a la historia y la geografía puntanas y también sus estudios naturalistas, antropológicos y paleontológicos; la Sociedad Científica Argentina registra, entre otros trabajos, Las salinas de Bebedero, publicado en 1919, e Historia de la minería en la Provincia de San Luis, aparecido en 1925.  Su producción fue extraordinariamente diversa. Entre sus títulos aparecen Apoteosis de Pringles, de 1896; Dr. Juan Crisóstomo Lafinur. Estudio biográfico y poesías, publicado en 1907; La Tradición Puntana. Bocetos biográficos y recuerdos; trabajos dedicados al general Manuel Belgrano y al teniente general Juan Esteban Pedernera; y su monumental Historia de la Provincia de San Luis, publicada en dos tomos en 1916 y preparada por encargo oficial de la provincia.  A ese legado se sumaría su gran obra póstuma, Geografía de la Provincia de San Luis, fruto de años de observaciones y recopilación de información. Para construirla no se limitó al escritorio: testimonios históricos recogidos por la Junta de Historia de San Luis recuerdan que recorrió la provincia a pie, a caballo y en sulky, internándose por sierras, valles y poblaciones para conocer directamente aquello que después convertiría en páginas. Buena parte de esa tarea final la desarrolló en su casa de Nogolí, frente a la plaza, inmueble que todavía conserva su memoria y cuyo patrimonio documental ha sido objeto de trabajos de recuperación impulsados junto con la Universidad Nacional de San Luis y la Junta de Historia provincial. Gez también participó de la vida pública de San Luis: desempeñó funciones como Defensor General, diputado provincial, elector de gobernador y convencional para una reforma constitucional. Incluso dejó su marca en símbolos locales: en 1915 elaboró, por encargo del Concejo Deliberante, el escudo municipal de Villa Mercedes. Cuando murió en Buenos Aires el 17 de mayo de 1932, desaparecía el hombre, pero comenzaba a crecer definitivamente su legado. Sus libros, investigaciones, clases y relevamientos ayudaron a preservar una parte fundamental de la memoria puntana. Juan Wenceslao Gez no fue solamente un historiador que escribió sobre San Luis: fue uno de aquellos hombres que recorrieron su tierra, buscaron sus documentos, estudiaron sus montañas, rescataron a sus protagonistas y transformaron todo ese conocimiento en patrimonio para las generaciones futuras. Fuente de origen: Geo San Luis–Universidad de La Punta, “Juan Wenceslao Gez”. Fuentes complementarias: CONICET Digital, artículo Juan Wenceslao Gez y su contribución a las ciencias naturales y antropológicas; Sociedad Científica Argentina, Anales; Google Books, ediciones originales de Apoteosis de Pringles e Historia de la Provincia de San Luis; Agencia de Noticias San Luis y documentación de la Junta de Historia de San Luis. #JuanWenceslaoGez #SanLuis #HistoriaArgentina #HistoriaPuntana #Efemérides #CulturaArgentina #PatrimonioHistórico #Historia #Geografía #Educación #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #SanLuisHistory #HistoricalMemory #ArgentineCulture #History #Geography #Education #CulturalHeritage

28 DE SEPTIEMBRE DE 1864 — NACIÓ INDEPENDENCIA: EL CORAZÓN RIOJANO DONDE LOS CAMINOS, LOS CAUDILLOS Y EL DESIERTO SE HICIERON HISTORIA


28 de septiembre de 1864 — La Rioja. Hace 162 años quedaba ligado para siempre al mapa riojano el Departamento Independencia. La Ley N.º 108 estableció su creación y fijó como cabecera a Patquía, incorporando en aquel territorio nombres que todavía resuenan en la geografía provincial: Tudcum, Patquía, La Hedionda, Aguango, Cieguita, Mohillaco, Los Colorados, Conasto, Totoral, Paganzo, Amaná, Cerro Blanco y Salinas de Bustos. La propia documentación legislativa riojana conmemoró en 2014 los 150 años de la autonomía departamental tomando como referencia el 28 de septiembre de 1864.  Patquía terminaría haciendo honor a una de las interpretaciones más difundidas de su nombre, vinculada al quechua y traducida como “cruce” o “separación de caminos”. No es una simple metáfora: documentos de planificación territorial la definen como un verdadero nudo vial, conectado por las rutas nacionales 38, 74 y 150 y la Ruta Provincial 27; desde allí se abren caminos hacia los Llanos, Chilecito, el oeste riojano, San Juan y algunos de los paisajes más extraordinarios de la región. Ese mismo documento provincial sitúa precisamente en Independencia el comienzo de la denominada Ruta de los Caudillos. Pero la Patquía actual todavía no existía tal como hoy la conocemos cuando nació el departamento. Una investigación histórica publicada por el Boletín Oficial de La Rioja señala que el antiguo asentamiento se encontraba en los Bajos de Santa Rosa, hoy Patquía Viejo, unos 15 kilómetros al sur; hacia 1890 la llegada del Ferrocarril Central Norte Argentino dio origen a Estación Patquía y comenzó a desplazar el centro de población hacia el emplazamiento actual.  Aquella tierra árida también fue capaz de producir una historia agrícola extraordinaria. Hacia 1925 Alberto Breyer llevó semillas de palmera datilera desde África y las cultivó en Patquía; investigaciones reunidas por CONICET señalan que la explotación llegó a ocupar unas 40 hectáreas y alrededor de 5.000 plantas, dando origen a los recordados “Dátiles Riojanos”, comercializados incluso en Buenos Aires. El paisaje completa una identidad marcada por piedra, viento e historia: el Parque Provincial El Chiflón conserva geoformas y vestigios arqueológicos, mientras que la Reserva Los Colorados protege imponentes formaciones rojizas y mantiene viva la memoria del paso de Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza por estas tierras. La figura del Chacho enlaza a Independencia con la historia mayor de los Llanos: Peñaloza nació en Guaja en 1798, se incorporó a las fuerzas vinculadas a Juan Facundo Quiroga y llegó a convertirse en una de las principales figuras federales del interior argentino durante las luchas políticas y militares del siglo XIX.  Hoy Independencia abarca 7.120 km² y, según los resultados definitivos del Censo 2022, posee alrededor de 2.400 habitantes: un territorio enorme y poco poblado donde Patquía continúa siendo puerta, encuentro y cruce de caminos. A 162 años de aquella jornada de 1864, Independencia sigue conservando en sus pueblos, viejas rutas, rieles, palmeras, cerros rojos y memorias de caudillos una parte profunda de la identidad riojana. #DepartamentoIndependencia #Patquía #LaRioja #HistoriaArgentina #Efemérides #HistoriaRiojana #LosColorados #ElChiflón #ChachoPeñaloza #RutaDeLosCaudillos #PatrimonioArgentino #ArgentinaHistory #LaRiojaHistory #HistoricArgentina #CulturalHeritage — FUENTE DE ORIGEN: Efemérides Riojanas de Miguel Bravo Tedín, difundidas por la Dirección de Extensión Cultural de la Cámara de Diputados de La Rioja; complementado con documentación de la Función Legislativa de La Rioja, Secretaría de Turismo de La Rioja, Boletín Oficial de La Rioja, INDEC, CONICET e Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas–Archivo General de la Nación

CUANDO EL AGUA AMENAZABA LA TIERRA: LA GRAN OBRA DE DESAGÜES QUE TRANSFORMÓ JOCOLÍ Y LAVALLE (1935 - 1938)


Entre 1935 y 1938, Jocolí fue escenario de una de las intervenciones hidráulicas más significativas del norte mendocino. La histórica fotografía que acompaña esta publicación no es una imagen genérica: aparece identificada expresamente como “Inauguración Desagües en Jocolí-Lavalle” en la documentación oficial del Gobierno de Mendoza correspondiente a los años 1935-1938 y fue recuperada posteriormente por la investigadora Laura Ortega en un estudio académico dedicado a las políticas hídricas de Lavalle.  En aquellos años, dominar el agua era una cuestión decisiva para la supervivencia y expansión de la agricultura. Lavalle se encontraba en el tramo inferior del río Mendoza y sufría problemas provocados tanto por la escasez como por los excedentes hídricos: desbordes, terrenos anegados, caminos inutilizados y campos cuya productividad podía quedar seriamente comprometida. Los primeros trabajos provinciales para mejorar los desagües lavallinos comenzaron en 1934 y, desde 1936, el programa tomó una dimensión mucho mayor con la sanción de la Ley Nacional 12.282, conocida como “Ley de Desagües”, que contempló recursos para obras por $6.500.000 moneda nacional. Ese mismo año Mendoza creó la Dirección Provincial de Desagües, encargada de proyectar, construir, fiscalizar y mantener esta infraestructura.  Jocolí estuvo entre los lugares prioritarios. Una reconstrucción basada en documentación oficial provincial y expedientes de la Cámara de Diputados de la Nación registra para este distrito una obra destinada a beneficiar unas 20.567 hectáreas, con un presupuesto aprobado de $234.819,44 moneda nacional; el cuadro histórico la consigna como contratada por la Provincia y finalizada en 1935.  La historia, sin embargo, no terminó allí: investigaciones sobre las empresas constructoras mendocinas documentan que en 1936 la firma Martinelli y Torrent SRL obtuvo también una licitación para construir desagües en Jocolí, indicio de que el sistema atravesó distintas etapas, ampliaciones o intervenciones durante aquellos años.  Las obras tampoco estuvieron exentas de dificultades. Estudios históricos registran reclamos de productores y cuestionamientos técnicos en Jocolí y Costa de Araujo; incluso en marzo de 1938 los regantes lavallinos llevaron personalmente sus demandas al gobernador y la prensa mostraba al canal Jocolí prácticamente sin agua, reflejo de los enormes desafíos que implicaba administrar el recurso en una región árida y situada al final del sistema del río Mendoza.  Por eso esta fotografía posee un enorme valor: muestra a autoridades, técnicos y vecinos detenidos junto a una obra que representaba mucho más que una excavación abierta en el suelo. Aquellos desagües buscaban recuperar tierras, evitar anegamientos, proteger caminos y cultivos y sostener la expansión del oasis agrícola lavallino. En una provincia donde cada hectárea productiva dependía de conducir correctamente el agua, abrir un desagüe significaba literalmente modificar el territorio. Casi noventa años después, aquella escena permanece como testimonio de una época en la que Mendoza emprendía una profunda transformación de su infraestructura hidráulica y Jocolí ocupaba un lugar central en esa batalla histórica por controlar, distribuir y aprovechar el agua. Fuente de origen de la fotografía: Gobierno de Mendoza, Tres años de Gobierno, 1935-1938, gestión del gobernador Guillermo G. Cano, Mendoza, Imprenta Oficial, 1938; identificada como “Inauguración Desagües en Jocolí-Lavalle”. Reproducida y documentada por Laura Ortega, “Políticas hídricas en el departamento de Lavalle (Mendoza, 1932-1940): escenario de intervenciones múltiples y fragmentadas”, Anuario de la Escuela de Historia Virtual, UNC, Nº 22, 2022, pp. 253-284.  #MendozAntigua #Mendoza #Lavalle #Jocolí #HistoriaDeMendoza #HistoriaMendocina #Irrigación #Agua #Desagües #ObrasHidráulicas #PatrimonioHistórico #ArchivoHistórico #Agricultura #OasisMendocino #MemoriaDeMendoza #MendozaHistory #Jocoli #LavalleMendoza #WaterHistory #IrrigationHistory #HydraulicEngineering #HistoricMendoza #ArgentinaHistory #WaterManagement #AgriculturalHistory

¡DOS CANALES, UN OASIS Y EL SECANO! LA HISTORIA DEL AGUA QUE TRANSFORMÓ LAVALLE


Antes de que existieran los canales, el norte mendocino ya era territorio de agua: los antiguos cauces del río Mendoza alimentaban bañados y lagunas donde vivían comunidades huarpes. Jocolí era uno de sus asentamientos, y Tulumaya, un nombre ligado a la memoria de aquellas tierras. Pero el paisaje cambió. Hacia 1880, los hacendados Maximino Segura y Rodolfo Zapata construyeron el canal Jocolí: partía de la ciénaga de La Pega y avanzaba más de veinte kilómetros hacia el norte. Cuatro años después, la Ley de Aguas de Mendoza dio un nuevo marco a la distribución del recurso; a fines del siglo XIX, la obra de César Cipolletti sobre el río Mendoza fortaleció la red que abastecería al oasis. Hoy, el recorrido puede seguirse desde el dique por el Canal Gran Matriz y el Cacique Guaymallén hasta La Pega, donde las compuertas reparten el caudal entre Jocolí y Tulumaya. El primero sostiene el riego del oasis norte lavallino; el segundo llega a Villa Tulumaya y sectores del este. En 2013, Irrigación calculaba que el sistema beneficiaba a más de 15.000 hectáreas cultivadas. Esa historia también está escrita en los reclamos de quienes esperaban el agua al final del recorrido. En los años treinta, productores de Tres de Mayo y Santa Rita denunciaron interrupciones del riego y pérdidas de cultivos; regantes del Tulumaya encargaron al ingeniero Galileo Vitali un estudio para mejorar el sistema. Mientras el oasis crecía, los antiguos bañados retrocedían: un estudio del Instituto Nacional del Agua relaciona esa reducción con la expansión de los cultivos y las obras de derivación aguas arriba. Para las poblaciones del secano, la llegada del agua siguió siendo una cuestión vital. Desde 2012, Irrigación reabrió y rectificó más de cien kilómetros de cauces del antiguo arroyo Tulumaya, desde la zona de Jocolí hacia Lagunas del Rosario, para conducir retornos y desagües que pudieran aprovechar los puesteros. La historia de Jocolí–Tulumaya es, en definitiva, la de una provincia que trazó canales para hacer florecer la tierra y que todavía enfrenta una pregunta decisiva: cómo hacer llegar el agua hasta quienes viven al final del camino. #Lavalle #Jocolí #Tulumaya #SecanoLavallino #HistoriaDeMendoza #HistoriaDelAgua #Riego #Huarpes #LagunasDelRosario #MendozAntigua #MendozaHistory #WaterHistory #IrrigationHistory Fuentes de origen: Galileo Vitali, Hidrología mendocina (1940), digitalizada por el Departamento General de Irrigación; Juan Gustavo Satlari, Universidad Nacional de Cuyo; Laura Ortega, «Políticas hídricas en el departamento de Lavalle»; Departamento General de Irrigación e Instituto Nacional del Agua. 

⛳🔥 27 DE SEPTIEMBRE DE 1926: NACÍA EL GOLF CLUB ANDINO, UN SIGLO DE HISTORIA AL PIE DE LOS ANDES 🏔️🇦🇷


27 de septiembre de 1926 — Mendoza. Hace exactamente un siglo comenzaba a escribirse una de las páginas más antiguas y perdurables del deporte mendocino: nacía el Golf Club Andino, institución que con el tiempo terminaría convirtiéndose en parte inseparable del paisaje del Parque General San Martín. La reconstrucción histórica publicada por Los Andes con motivo de su centenario sitúa precisamente aquel 27 de septiembre de 1926 la conformación de su conducción fundadora, encabezada por Agustín de Rosas como primer presidente y acompañada por Alfredo Goldsack Guiñazú, Pedro Rosas, Emilio Civit, Arturo Mayorga, Roberto Norton —señalado como el único integrante de origen inglés—, Emilio Rosas, Rodolfo Salas, José María Vallé, Lucio Funes, José Leal, Antonio Mosquera Suárez, Emilio López Frugoni, Pedro Guevara, Frank Dobson y Miguel Ángel Villanueva. La aparición del Andino no fue un hecho aislado: durante las primeras décadas del siglo XX el golf, introducido y difundido en buena medida por comunidades británicas vinculadas al ferrocarril, se expandía desde Buenos Aires hacia distintas regiones argentinas. Una historia especializada de la Asociación Argentina de Profesionales de Golf identifica al Golf Club Andino, creado en 1926, como el primer club de esta disciplina en la provincia de Mendoza. Ese mismo año, apenas unas semanas antes, el 3 de septiembre, se había constituido la Asociación Argentina de Golf, señal del crecimiento institucional que comenzaba a experimentar el deporte en todo el país.  Transformar el árido suelo mendocino en un verdadero campo de golf fue una empresa extraordinaria. Los Andes recoge el recuerdo del histórico profesor Héctor “El Loco” Benavidez, quien relataba que en aquellos primeros tiempos se habría pedido a los aficionados ingresar al campo llevando una bolsa de tierra fértil, una forma artesanal de ir mejorando un terreno pedregoso donde implantar césped constituía todo un desafío.  La consolidación definitiva dentro del Parque llegaría durante la década siguiente: la Asociación Argentina de Golf registra que en 1933 el gobernador Ricardo Videla otorgó al club la concesión de terrenos en el Parque General San Martín.  Desde allí la institución fue creciendo hasta convertirse en uno de los escenarios tradicionales del golf cuyano y argentino; por sus links pasaron figuras de enorme relevancia, entre ellas Roberto De Vicenzo, y se afianzaron competencias históricas como el Campeonato del Club, el Torneo Vendimia, el Campeonato Mendocino y la Copa López.  Existe, sin embargo, un detalle documental interesante que merece conservarse: una reconstrucción anterior de Los Andes señala que en 1929 se realizó la primera asamblea de socios y que allí se estableció una comisión directiva destinada a ejercer desde 1930. Esto permite distinguir entre la organización fundadora iniciada el 27 de septiembre de 1926 y la posterior formalización institucional mediante asamblea, un dato que convierte al acta constitutiva original y a los primeros libros de actas del club en documentos fundamentales para terminar de reconstruir sus primeros años.  Hoy, exactamente cien años después, el Golf Club Andino continúa en actividad y su propio sitio oficial lo reconoce como una de las canchas más antiguas del país. Lo que empezó en 1926 como el sueño de un grupo de mendocinos terminó echando raíces entre árboles, fairways y montañas hasta convertirse en una verdadera institución centenaria: cien años de deporte, esfuerzo, generaciones de jugadores y memoria mendocina en pleno corazón del Parque General San Martín. Fuente de origen: Golf Club Andino, historia institucional; Asociación Argentina de Golf (AAG), “Los noventa años del Golf Club Andino”, 25/09/2016; Diario Los Andes, “Golf Club Andino: la histórica institución deportiva del Parque General San Martín festejará su centenario”, 22/09/2026; Los Andes, “Club Andino, el que marcó el camino”; Asociación Argentina de Profesionales de Golf, Historia del Golf Argentino. #GolfClubAndino #Mendoza #ParqueGeneralSanMartin #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #Efemerides #27DeSeptiembre #GolfArgentino #HistoriaDelDeporte #DeporteMendocino #Centenario #100Años #PatrimonioMendocino #Golf #Argentina #Andes #MendozaHistory #ArgentineGolf #GolfHistory #SportsHistory #100Years #Centenary #ArgentinaHistory #MendozaArgentina #HistoricGolf

27 DE SEPTIEMBRE DE 1917 - MENDOZA DE LUTO: 20.000 PERSONAS TOMARON LAS CALLES PARA DESPEDIR A ADELA Y JOSEFINA TRAS LAS BALAS


Mendoza. Dos días después de uno de los episodios más dramáticos de la historia ferroviaria provincial, la ciudad se transformó en escenario de una despedida multitudinaria. Adela Montaña, de 27 años, y Josefina Biandini de Gómez, de 23 y embarazada de ocho meses, habían muerto el 25 de septiembre durante los acontecimientos ocurridos en el marco de la gran huelga ferroviaria. Ese día, ambas habían marchado en primera línea junto a unas 150 mujeres —muchas acompañadas por sus hijos y algunas con bebés en brazos— dentro de una columna de alrededor de 500 manifestantes que avanzó por las vías de calle Belgrano hacia la Estación del Trasandino con el propósito de impedir la salida de una formación conducida por rompehuelgas. Josefina llevaba una gran bandera argentina y Adela una insignia roja. En las cercanías de calle Colón, luego de que un grupo de jóvenes dañara casetas ferroviarias, el capitán a cargo de las tropas ordenó abrir fuego sobre la multitud, según la reconstrucción publicada por INCIHUSA-CONICET a partir de documentación periodística de la época. Adela y Josefina fueron las primeras víctimas fatales; días después también moriría en el hospital el foguista Miguel López como consecuencia de las heridas recibidas.  La conmoción fue inmediata. El 26 de septiembre, Arturo Jardel cedió un amplio salón situado en Las Heras 450 para instalar una capilla ardiente, mientras la funeraria Boito aportó elementos para el velatorio y el sepelio. Miles de personas desfilaron durante horas ante los féretros. Allí volvió a aparecer uno de los símbolos más poderosos de aquellas jornadas: la bandera argentina que Josefina había llevado durante la manifestación, manchada durante los hechos, fue fotografiada nuevamente por Los Andes en manos de trabajadores que acompañaban la despedida.La mañana del 27 de septiembre llegaron las carrozas fúnebres, cubiertas con paños negros que llevaban las iniciales de las fallecidas. Pero los ataúdes no recorrieron simplemente las calles sobre los carruajes: fueron llevados a pulso por mujeres obreras rumbo al Cementerio de la Capital. Delante marchaban dirigentes ferroviarios y representantes de organizaciones obreras; detrás avanzaban, según la crónica de La Tarde de aquel mismo 27 de septiembre, “unas ochocientas mujeres del pueblo” portando coronas y ramos de flores. Los propios ferroviarios organizaron el orden y la seguridad del cortejo, identificándose mediante brazaletes de gasa, y la reconstrucción documental señala que durante el trayecto no se observó presencia policial.  Lo que comenzó como un funeral terminó convirtiéndose en una de las mayores manifestaciones populares conocidas hasta entonces en Mendoza. Al cortejo se sumaron obreros, familias y vecinos; surgieron actos espontáneos a lo largo del camino y una banda acompañó la marcha interpretando piezas fúnebres. Comercios y servicios de transporte interrumpieron sus actividades, mientras tranviarios, panaderos y conductores se plegaban al movimiento. El servicio ferroviario prácticamente quedó paralizado: de acuerdo con la investigación del INCIHUSA, llegó a circular únicamente una zorra destinada a transportar leche para abastecer a los hospitales. La dimensión de aquella jornada fue extraordinaria: más de 20.000 personas participaron durante aproximadamente dos horas hasta alcanzar las puertas del cementerio cerca del mediodía. Allí se pronunciaron discursos y, una vez abiertas las puertas de la necrópolis, varias obreras depositaron flores sobre las tumbas.  El 27 de septiembre de 1917 quedó así mucho más allá de una ceremonia funeraria. Las fotografías publicadas por Los Andes y las crónicas de La Tarde conservaron la imagen de centenares de mujeres ocupando un lugar central en una movilización obrera que durante mucho tiempo fue narrada principalmente desde sus protagonistas masculinos. Más de un siglo después, la investigación histórica ha permitido devolver nombre, edad y protagonismo a Adela Montaña y Josefina Biandini de Gómez y reconstruir aquella inmensa columna humana que atravesó Mendoza entre coronas, banderas y féretros. INCIHUSA-CONICET considera el episodio un punto de inflexión en la memoria del movimiento obrero provincial y destaca especialmente la participación femenina que quedó registrada en aquellas páginas de septiembre de 1917. Fuente de origen: Comité de Divulgación Científica del INCIHUSA-CONICET, investigación de Matías Latorre (FCPyS-UNCUYO) y Mariana Pereyra (INCIHUSA-CONICET), “Adela y Josefina, las huelguistas que hicieron historia en el movimiento obrero de Mendoza”, basada en fotografías y crónicas de La Tarde del 26 y 27 de septiembre de 1917 y Los Andes del 27 de septiembre de 1917; como consulta complementaria, Unidiversidad-UNCUYO sobre las víctimas y el homenaje a los ferroviarios de 1917. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #27DeSeptiembre #HuelgaFerroviaria #FerrocarrilesArgentinos #FerrocarrilTrasandino #AdelaMontaña #JosefinaBiandini #MovimientoObrero #MujeresEnLaHistoria #HistoriaArgentina #MemoriaHistórica #HistoriaFerroviaria #ArchivoHistórico #MendozaHistory #ArgentinaHistory #RailwayHistory #LaborHistory #WomensHistory #RailwayWorkers #HistoricalMemory

27 DE SEPTIEMBRE DE 1987: NACE MAURICIO DEL SOUC, DEL CORAZÓN DE MENDOZA AL SACERDOCIO Y LA MISIÓN ENTRE LA FE Y LA MONTAÑA


27 de septiembre de 1987 — Rivadavia, Mendoza. Nacía Mauricio Exequiel Del Souc, sacerdote mendocino cuya trayectoria pastoral quedaría vinculada a distintas comunidades de la provincia y también a la asistencia espiritual dentro del ámbito militar. La documentación oficial de la Arquidiócesis de Mendoza confirma tanto su fecha de nacimiento como un momento decisivo de su vida: fue ordenado presbítero el 19 de marzo de 2016, solemnidad de San José.  Aquella ordenación fue celebrada por el entonces arzobispo de Mendoza, monseñor Carlos María Franzini, junto con la de Gerardo Peñaloza, en una ceremonia acompañada por sacerdotes, religiosos, seminaristas, familiares y fieles. Tras recibir el orden sacerdotal, Del Souc comenzó a desempeñarse como vicario parroquial de Nuestra Señora del Socorro, en Tupungato, destino que figura formalmente en el Boletín Oficial de la Arquidiócesis desde el mismo 19 de marzo de 2016.  Años después llegaría una nueva etapa: el 8 de diciembre de 2020, la Arquidiócesis anunció su designación como párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Costa de Araujo, Lavalle, comunidad que continúa figurando actualmente bajo su responsabilidad en el directorio oficial del clero mendocino. Su ministerio adquirió además una dimensión particular cuando el Obispado Castrense de Argentina lo nombró, a partir del 1 de marzo de 2021, sacerdote auxiliar del Ejército Argentino, asignándole la atención pastoral del Comando de la VIII Brigada de Montaña en Mendoza. El anuario castrense registra también a Rivadavia como su lugar de nacimiento, ratifica la fecha del 27 de septiembre de 1987 y su ordenación sacerdotal de 2016. Así, aquel niño nacido un 27 de septiembre en el Este mendocino terminó recorriendo un camino que unió parroquias del Valle de Uco, comunidades del norte provincial y la pastoral castrense de una de las grandes unidades de montaña del Ejército. Una historia contemporánea de vocación mendocina que también forma parte de las pequeñas biografías que, día tras día, van construyendo la memoria religiosa y social de nuestra provincia. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #MauricioDelSouc #Rivadavia #Lavalle #CostaDeAraujo #IglesiaDeMendoza #ArquidiócesisDeMendoza #Sacerdocio #HistoriaReligiosa #EfeméridesMendocinas #Fe #Cuyo #MendozaHistory #ArgentineHistory #CatholicChurch #Priesthood #ReligiousHistory #MendozaArgentina #CuyoHistory Fuente de origen y ampliación: nómina oficial del Clero Diocesano y directorio parroquial de la Arquidiócesis de Mendoza; Boletín Oficial arquidiocesano 2015-2016; comunicaciones y Anuario del Obispado Castrense de Argentina; crónica de la ordenación sacerdotal difundida por AICA.

CUANDO MENDOZA ALZÓ SU VOZ: EL DÍA EN QUE COMENZÓ A CANTAR UNA HISTORIA DE 50 AÑOS


27 de septiembre de 1974 — Mendoza. Aquella jornada quedó grabada en la historia cultural de la Universidad Nacional de Cuyo: el Coro de Niños que había comenzado a formarse meses antes bajo la iniciativa y conducción del maestro Marcelo Coltro realizó su primera aparición pública, compartiendo escenario con la Orquesta Sinfónica de la UNCUYO en una velada de gala. Por eso, el 27 de septiembre no debe confundirse necesariamente con el día exacto de su creación: la propia Universidad señala que el conjunto había sido fundado a comienzos de 1974 y que aquella fecha marcó su esperado debut frente al público. En sus primeros tiempos estaba integrado por niños varones, una característica que con los años también cambiaría.  Lo que comenzó como una experiencia coral infantil terminó transformándose en uno de los organismos artísticos más perdurables de la UNCUYO. Marcelo Coltro permaneció al frente hasta finales de 2000 y durante su extensa etapa el conjunto llevó su música a importantes escenarios argentinos y del exterior. Ya en 1975, apenas un año después de aquella primera presentación mendocina, el coro actuó en el Teatro Colón de Buenos Aires; una de aquellas actuaciones quedó registrada discográficamente para el sello CBS. Con el paso del tiempo llegarían presentaciones en países como Chile, Uruguay, Venezuela, Alemania, Austria, Italia, Líbano y Siria, además de reconocimientos como el Primer Premio Diario Los Andes y el Primer Premio de la Bienal de Arte Joven en 1992, y el Premio Santa Clara de Asís en 1999.  La agrupación también fue evolucionando junto con sus propios cantores: en 1986 se incorporaron voces de tenores y bajos procedentes de antiguos niños del coro que deseaban continuar cantando y, desde 1994, la convocatoria se abrió a voces femeninas. Así fue tomando forma el actual Coro de Niños y Jóvenes de la UNCUYO, concebido no solamente como organismo artístico sino también como espacio de formación musical y humana, dedicado a difundir el repertorio coral universal con especial atención a compositores argentinos y latinoamericanos.  Desde 2001 su dirección está a cargo de la profesora Ángela Burgoa Owen, quien había sido asistente de Marcelo Coltro desde 1993. Bajo distintas conformaciones, generaciones enteras de niños, adolescentes y jóvenes mendocinos pasaron por sus filas y encontraron allí una verdadera escuela de música, disciplina, compañerismo y trabajo colectivo.  Medio siglo después ocurrió una coincidencia cargada de simbolismo: el 27 de septiembre de 2024, exactamente 50 años después de aquel debut de 1974, el Coro volvió a celebrar su historia junto a la Orquesta Sinfónica de la UNCUYO, la misma institución musical que había acompañado sus primeros pasos públicos. La Universidad conmemoró oficialmente aquella fecha como el aniversario de su primera presentación. Así, aquel concierto del 27 de septiembre de 1974 fue mucho más que una función: fue el instante en que una agrupación recién nacida salió por primera vez al encuentro de Mendoza y comenzó una trayectoria que atravesaría generaciones, escenarios, fronteras y cinco décadas de historia. Miles de voces cambiaron con el tiempo, pero una misma idea permaneció viva: hacer de la música coral un puente entre la Universidad y su comunidad. Fuente de origen: Universidad Nacional de Cuyo — Secretaría de Extensión y Vinculación, Prensa UNCUYO, NAVE UNCUYO y Orquesta Sinfónica UNCUYO. La información institucional confirma la creación del organismo en 1974 por Marcelo Coltro y establece el 27 de septiembre de 1974 como fecha de su primera aparición pública junto a la Orquesta Sinfónica.  #MendozAntigua #Mendoza #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #CoroDeNiñosYJóvenes #CoroUNCuyo #MarceloColtro #OrquestaSinfónicaUNCuyo #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #MúsicaCoral #EfeméridesMendocinas #PatrimonioCultural #HistoriaArgentina #MemoriaMendocina #Choir #ChoralMusic #MendozaHistory #ArgentineHistory #CulturalHeritage #MusicHistory #UniversityChoir

📰⚖️ 27 DE SEPTIEMBRE DE 1904 — “LA DINASTÍA MENDOCINA”: EL DÍA QUE LOS ANDES LLEVÓ LAS ACUSACIONES DE NEPOTISMO AL CENTRO DEL DEBATE (IMAGEN ILUSTRATIVA)


27 de septiembre de 1904 — Mendoza. A comienzos del siglo XX, cuando buena parte de la política provincial se articulaba alrededor de poderosos grupos familiares, una edición de diario Los Andes convirtió esa realidad en materia de una dura controversia pública. El ejemplar publicado aquel 27 de septiembre dedicó una nota editorial a las acusaciones de nepotismo dirigidas contra la administración del gobernador Carlos Galigniana Segura y de su vicegobernador Conrado Céspedes. La existencia y el contenido de aquella edición fueron recuperados posteriormente por el periodista e investigador Jorge Enrique Oviedo, quien señala que Los Andes no se limitó a expresar su propia posición: también incorporó críticas aparecidas en periódicos de Buenos Aires. Entre ellas figuraba un artículo del diario Sarmiento y, especialmente, una nota del Diario Nuevo con un título que resumía la denuncia de sus autores: “La dinastía mendocina”. Aquel artículo porteño presentaba como evidencia de su acusación una extensa relación de funcionarios unidos por vínculos familiares. Entre los nombres reproducidos por Oviedo aparecían César, Abel, Pablo, Augusto y Moisés Villanueva; Ramón Galigniana, hermano del gobernador y jefe político de Luján; Franklin y Abelardo Arroyo; Ricardo Villanueva; César D. Corbalán; Daniel Videla; José Félix y Ventura Segura; Laureano Galigniana y Pedro M. Arroyo, entre otros. La enumeración atribuida al Diario Nuevo incluía diputados y senadores provinciales, empleados de Irrigación y Obras Públicas, autoridades departamentales, funcionarios judiciales y directivos del Banco de la Provincia. Es importante conservar la precisión histórica: se trataba de cargos y acusaciones formulados por periódicos de la época, no de una sentencia judicial que hubiese establecido la existencia de un delito.  El trasfondo ayuda a comprender por qué la cuestión tenía semejante fuerza política. Galigniana Segura había asumido la gobernación el 6 de marzo de 1904 y era sobrino político del gobernador saliente Elías Villanueva; durante la administración de Villanueva había ejercido como ministro de Hacienda. Investigaciones académicas sobre la política mendocina de esos años describen un sistema provincial fuertemente centralizado y prácticas orientadas a asegurar la continuidad del oficialismo, mientras que Los Andes mantenía una participación muy activa en el debate político mendocino.  El propio diario recuerda que Galigniana gobernó desde 1904 hasta 1907 —con la interrupción producida por la revolución radical de febrero de 1905— y que su administración también quedó asociada a importantes obras públicas, entre ellas trabajos de irrigación, el Hospital Provincial, la Penitenciaría y actuaciones vinculadas con la inauguración del Cristo Redentor y el monumento a San Martín. Ese contexto permite observar al personaje más allá de la polémica puntual y distinguir entre la gestión gubernamental documentada y las denuncias políticas que circulaban en la prensa.  La publicación del 27 de septiembre posee además un enorme valor para comprender cómo funcionaba el periodismo político de aquella Mendoza: Los Andes había nacido en 1883 y desde sus primeros números había mantenido una estrecha relación con el debate electoral y las disputas de poder. Más de veinte años después, sus páginas seguían actuando como escenario donde las luchas políticas provinciales se hacían públicas. A 122 años de aquella edición, la expresión “La dinastía mendocina” conserva la potencia de un titular concebido para interpelar a sus lectores. Detrás de aquella polémica aparece una Mendoza donde parentesco, administración pública, partidos y prensa estaban profundamente entrelazados, y donde un periódico podía convertir una larga lista de nombres y cargos en un debate sobre la manera en que se ejercía y transmitía el poder. En las fuentes digitales abiertas que pudimos consultar no encontramos todavía la reproducción completa de la página del 27 de septiembre de 1904 que permita establecer con absoluta seguridad el número de página y la columna exacta de Los Andes; sí está documentalmente confirmada por Oviedo la fecha de la edición, la existencia de la editorial, la reproducción del artículo del diario Sarmiento y la publicación de “La dinastía mendocina”, procedente del Diario Nuevo. El archivo histórico de Los Andes se encuentra además dentro de un proyecto de digitalización y acceso público impulsado junto con la UNCuyo, el Gobierno de Mendoza y CONICET, lo que podría facilitar futuras búsquedas del ejemplar original. Fuente de origen: Los Andes, edición del 27 de septiembre de 1904, citada y reconstruida por Jorge Enrique Oviedo en “Los gobiernos de familia: ¿nepotismos eran los de antes?”, capítulo de Las (otras) historias de Mendoza, presentado en la Junta de Estudios Históricos de Mendoza; como fuentes complementarias, Inés Elena Sanjurjo, “Formación de una elite de inmigrantes y criollos en el departamento de San Rafael…”, Res Gesta Nº45, Pontificia Universidad Católica Argentina, 2007, y Archivo/Historia de Diario Los Andes.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1904 #LosAndes #CarlosGalignianaSegura #HistoriaPolitica #PrensaHistorica #Periodismo #ArchivoHistorico #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricNewspaper #PressHistory #PoliticalHistory #HistoricalArchives

27 DE SEPTIEMBRE DE 1902 🍇⚖️ EL DÍA QUE MENDOZA CAMBIÓ LAS REGLAS DEL VIÑEDO: LA LEY 245 Y EL FIN DE UNA ERA DE PRIVILEGIOS FISCALES


27 de septiembre de 1902 — Mendoza. En plena transformación de la provincia y cuando la vitivinicultura avanzaba a una velocidad extraordinaria sobre los oasis cultivados, la Legislatura mendocina sancionó una norma que modificó las reglas económicas con las que se había impulsado durante años aquella expansión: la Ley Provincial Nº 245. La disposición quedó registrada en el Registro Oficial de Mendoza de 1902, tomo III, páginas 74 a 76, y derogó el régimen de exención impositiva establecido por la ley del 3 de octubre de 1895, dentro de una política de estímulos fiscales que tenía antecedentes desde 1881. Aquellas medidas habían favorecido la implantación de viñas, olivos y nogales y formaban parte del enorme proceso de reconversión productiva que terminó convirtiendo al vino en uno de los pilares de la economía mendocina. La magnitud de aquella transformación resulta asombrosa: una investigación histórica basada en el Primer Padrón de Viñas y en unos 2.900 decretos de exención impositiva señala que entre 1881 y 1900 se implantaron alrededor de 17.830 hectáreas de viñedos modernos; sumadas a las 2.788 hectáreas registradas como viñedo tradicional en 1883, el total considerado alcanzaba unas 20.618 hectáreas. El ferrocarril, la inmigración, las inversiones, el riego y la protección fiscal habían impulsado una auténtica revolución agrícola.  Pero en 1902 el escenario ya era diferente. Mendoza atravesaba una seria crisis vitivinícola: los precios de la uva y el vino habían comenzado a caer desde la segunda mitad de 1901, crecían las existencias sin vender y durante 1902 la producción y el stock acumulado superaron ampliamente el volumen que lograba colocarse en el mercado. La investigación de la historiadora Patricia Barrio muestra que hasta julio de aquel año se habían elaborado 913.216 hectolitros y quedaban aproximadamente 416.000 hectolitros de la cosecha anterior, mientras durante el primer semestre sólo se habían vendido unos 325.600 hectolitros. El exceso de oferta, las dificultades crediticias, los elevados fletes, los impuestos, los problemas de calidad y la falsificación de vinos conformaban un panorama sumamente delicado.  En ese contexto apareció la Ley 245. Su propósito formaba parte de una política destinada, entre otras cosas, a contener la expansión indiscriminada del viñedo. Para las nuevas plantaciones, durante los dos primeros años debía pagarse la Contribución Directa correspondiente al valor del terreno y, cuando la viña comenzaba a producir, entraba en juego el avalúo de las cepas. En 1902 la Contribución Directa se había fijado en el 4 por mil del avalúo, mientras las cepas francesas eran valuadas en $0,70 y las criollas en $0,35 a los efectos tributarios.  Un estudio histórico de la Universidad Nacional de Cuyo introduce además una precisión importante: la Ley 245 eliminó la franquicia en lo relativo al terreno, aunque el régimen sobre las plantaciones tenía particularidades propias; es decir, no se trató simplemente de imponer de un día para otro un único tributo uniforme sobre toda la actividad.  Apenas doce días antes, el 15 de septiembre, la provincia también había sancionado la Ley 243, destinada a fomentar cooperativas vitivinícolas mediante un impuesto sobre el vino enviado fuera de Mendoza, otra evidencia de hasta qué punto el Estado intentaba intervenir frente a una industria que crecía con enorme rapidez pero mostraba graves desequilibrios. La Ley 245 puede parecer hoy una disposición puramente tributaria, perdida entre páginas de un viejo Registro Oficial, pero detrás de aquellos números había miles de hectáreas, inversiones, inmigrantes, contratistas, obreros, bodegueros y familias cuya vida dependía de la vid. También recuerda algo fundamental: la Mendoza vitivinícola no fue construida solamente entre toneles, lagares y vendimias. También nació entre leyes, impuestos, avalúos, créditos, crisis económicas y decisiones públicas que determinaron dónde, cuánto y bajo qué condiciones podía seguir creciendo el viñedo. Aquel 27 de septiembre de 1902, una simple ley fiscal marcaba el cierre de una etapa de fuerte promoción y mostraba que el extraordinario crecimiento vitivinícola mendocino comenzaba a enfrentarse con uno de sus primeros grandes desafíos: cómo administrar su propio éxito. Fuentes: Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, año 1902, tomo III, pp. 74–76; Patricia Barrio de Villanueva, “Una crisis de la vitivinicultura en el oeste argentino (Mendoza) a principios del siglo XX”, América Latina en la Historia Económica; Rodolfo Richard-Jorba, investigaciones sobre la conformación y expansión del modelo vitivinícola mendocino; Biblioteca Digital de la Universidad Nacional de Cuyo.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #VinoArgentino #HistoriaDelVino #Viñedos #Bodegas #Vendimia #Ley245 #Mendoza1902 #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #VineyardHistory #WineHeritage #HistoricMendoza #ArgentinaHistory

💧 27 DE SEPTIEMBRE DE 1851: LA BATALLA POR EL AGUA EN EL ESTE MENDOCINO — VECINOS RECLAMAN SU DERECHO A REGAR (IMAGEN ILUSTRATIVA)


27 de septiembre de 1851 — Mendoza. Hace exactamente 175 años, un grupo de vecinos llevó ante las autoridades un reclamo que permite asomarnos a uno de los problemas fundamentales de la Mendoza del siglo XIX: quién podía utilizar el agua y bajo qué condiciones. El expediente quedó registrado con un título tan sencillo como revelador: “Piden participar de las aguas de la acequia de Chilecito para regar sus tierras”. El documento se conserva identificado en el Archivo General de la Provincia de Mendoza, sección Irrigación, Carpeta 101, Documento 57, fechado precisamente el 27 de septiembre de 1851, y fue estudiado por la historiadora Eugenia Molina en una investigación académica sobre la justicia de aguas en San Martín entre 1814 y 1859.  En aquella Mendoza todavía faltaban más de tres décadas para la sanción de la Ley General de Aguas de 1884 y la posterior organización institucional que desembocaría en el actual Departamento General de Irrigación. Sin embargo, el uso del agua ya estaba lejos de ser una cuestión improvisada: existían autoridades, procedimientos, costumbres y mecanismos para reclamar, investigar y decidir quién podía abrir una toma, utilizar una acequia o incorporar nuevas tierras al riego. El caso de Chilecito es especialmente valioso porque muestra que los propios vecinos podían organizarse para solicitar participación en un cauce y que las decisiones no dependían únicamente de una orden administrativa. La investigación señala que en esta clase de conflictos intervenían distintos niveles de la justicia de aguas: los pedidos podían llegar al juez general, quien requería informes a las autoridades departamentales y, cuando correspondía, al responsable de la acequia. También tenían enorme importancia las prácticas y costumbres locales, las inspecciones sobre el terreno, las servidumbres necesarias para que el agua atravesara propiedades y el parecer de quienes ya formaban parte de la comunidad de regantes.  El expediente del 27 de septiembre de 1851 aparece justamente citado por la autora al analizar situaciones en las que el acuerdo previo de los regantes podía facilitar una solicitud de derecho de agua. Era mucho más que una discusión por una acequia: detrás del pedido estaban la posibilidad de cultivar, mantener animales, valorizar una propiedad y asegurar la subsistencia de las familias. En un territorio árido como Mendoza, disponer de tierra sin contar con agua podía significar disponer de muy poco. La documentación también muestra que durante las décadas posteriores a la Revolución fue creciendo la intervención institucional sobre estos conflictos. El Reglamento de Aguas provincial de 1844 reforzó procedimientos y autoridades, y la investigación registró un notable aumento de expedientes hídricos conservados después de 1848, reflejo de una administración cada vez más organizada y de comunidades que acudían formalmente a la justicia para defender o ampliar sus posibilidades de riego.  Mucho antes de los grandes diques, los canales revestidos y las modernas compuertas, la Mendoza productiva se construía así: acequia por acequia, toma por toma y acuerdo por acuerdo. Aquel papel firmado hace 175 años conserva algo profundamente mendocino: en esta tierra, el agua nunca fue solamente un recurso natural; fue también organización comunitaria, producción, conflicto, justicia y poder para transformar el desierto en oasis. La tradición es muchísimo más antigua: el propio Departamento General de Irrigación recuerda que los sistemas de canales y acequias existentes desde tiempos prehispánicos fueron fundamentales para el desarrollo posterior de Mendoza.  Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección Irrigación, Carpeta 101, Documento 57, “Piden participar de las aguas de la acequia de Chilecito para regar sus tierras”, 27 de septiembre de 1851. Referencia académica: Eugenia Molina, “Justicia de aguas y vínculos comunitarios (San Martín, Mendoza, Argentina), 1814-1859”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, Nº 105, 2019, IDEHESI-CONICET–Universidad Nacional de Cuyo.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #27DeSeptiembre #SanMartinMendoza #Agua #Acequias #Riego #HistoriaDelAgua #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #PatrimonioMendocino #OasisMendocino #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentinaHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage

1993 - “SOMOS EL PRINCIPIO”: EL MONUMENTAL MURAL MENDOCINO QUE CONVIRTIÓ EL ORIGEN, EL PENSAMIENTO Y EL SABER EN ARTE


1993 — Mendoza. En la entrada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo se levanta una obra que desde hace más de tres décadas acompaña silenciosamente el paso de generaciones de estudiantes, docentes y visitantes: “Somos el Principio”, creación de la artista Patricia Aisum. La documentación histórica de la propia UNCuyo identifica la pieza como un “mural en cemento marmolina directo” realizado en 1993, mientras que registros posteriores de la Facultad precisan que fue construido en mármol reconstituido —cemento blanco con marmolina— y que su realización demandó dos años de trabajo. Con dimensiones extraordinarias, aproximadamente 7 metros de ancho por 3 de alto, la composición reúne nueve figuras escultóricas modeladas sobre una superficie cargada de texturas, movimientos y formas que parecen emerger de la materia. Pero detrás de su monumentalidad existe una profunda idea filosófica. Dos figuras adquieren especial protagonismo: un hombre central sumergido en el pensamiento y un escritor que recibe la riqueza acumulada por la experiencia humana para transformarla y dejarla sobre el papel. A su alrededor aparecen figuras de menor tamaño concebidas como fuerzas inspiradoras o musas, vinculadas con el conocimiento, la motivación, la voluntad, los sentimientos y el raciocinio. Según la explicación institucional basada en la interpretación de la propia artista, los cuerpos fueron representados sin vestimenta deliberadamente, evitando asociarlos con una época, cultura o lugar determinado: la intención era mostrar al ser humano en su esencia. De allí surge la fuerza del título “Somos el Principio”: una invitación a comprender que muchas de las respuestas que el hombre busca en el mundo exterior pueden encontrarse también en su interior, en esa búsqueda permanente por comprender el origen, el ser y el saber. El paso del tiempo, sin embargo, también dejó sus huellas sobre la obra. Décadas de exposición al clima, polvo, contaminación y acción humana provocaron fisuras, grietas, pérdida de fragmentos, suciedad ambiental y presencia de hongos. En 2019 la Facultad emprendió una profunda recuperación y ocurrió algo especialmente valioso: fue la propia Patricia Aisum quien regresó para restaurar su creación. Durante aproximadamente cuatro meses trabajó manualmente, sin utilizar maquinaria que pudiera alterar el modelado original, reconstruyendo incluso brazos, manos y piernas dañadas. Finalmente, el 6 de septiembre de 2019, en el marco de los festejos por los 80 años de Filosofía y Letras, “Somos el Principio” fue presentada nuevamente a la comunidad universitaria como parte del patrimonio artístico de la Facultad.  Así, aquella obra concluida en 1993 dejó de ser simplemente una intervención artística ubicada junto a un edificio universitario: se convirtió en una verdadera metáfora de la Universidad, un lugar donde cada generación vuelve a preguntarse quiénes somos, de dónde venimos y qué hacemos con el conocimiento recibido. Más de treinta años después, entre árboles, aulas y estudiantes que atraviesan diariamente la explanada de la UNCuyo, las figuras de Patricia Aisum continúan formulando la misma pregunta silenciosa que les dio origen: quizá antes de buscar todas las respuestas afuera, debamos recordar que también nosotros… somos el principio. Fuente de origen: Universidad Nacional de Cuyo, libro institucional “Encuentro de saberes. 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”; Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo y Prensa UNCuyo. #MendozAntigua #Mendoza #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #FilosofiaYLetras #SomosElPrincipio #PatriciaAisum #ArteMendocino #HistoriaDeMendoza #PatrimonioCultural #PatrimonioArtistico #Escultura #Mural #CulturaMendocina #MemoriaMendocina #ArgentineArt #MendozaHistory #CulturalHeritage #PublicArt #Sculpture #UniversityArt #ArgentinaHistory

CUANDO MENDOZA SOÑABA SOBRE DOS RUEDAS: LA GILERA QUE TE LLEVABAS EN 1972 Y EMPEZABAS A PAGAR EN 1973


Diciembre de 1972 — Ciudad de Mendoza. Entre las publicidades que llenaban los diarios mendocinos de fin de año apareció una propuesta imposible de pasar por alto: una Moto Gilera ofrecida por REIG S.A., en José Vicente Zapata 265, bajo una frase que resumía toda una época: “Moto Gilera para disfrutar la vida”. La imagen era pura aspiración: un joven con casco Gilera y vestimenta de aire deportivo inclinado sobre la motocicleta, el enorme faro redondo dominando la escena y, a un costado, la promesa comercial impresa en letras gigantes: “Primera cuota enero 1973”. La estrategia estaba pensada para diciembre: llevarse la moto y comenzar a pagar recién al año siguiente. El aviso anunciaba cuotas iguales, “sin cuotas aguinaldo” y “sin cuotas extras”, por $165,68 mensuales; además consignaba un valor total de $8.240 y un precio de contado de $4.142. Esas cifras estaban expresadas en pesos Ley 18.188, la moneda argentina vigente desde el 1 de enero de 1970, cuando un peso ley pasó a equivaler a 100 antiguos pesos moneda nacional. Un detalle resulta especialmente revelador: el total publicitado mediante financiación era prácticamente el doble del precio de contado —aproximadamente un 99 % superior—, aunque el aviso visible no permite reconstruir por sí solo todas las condiciones, cantidad definitiva de cuotas o costos involucrados. REIG completaba la oferta destacando su “servicio mecánico especializado a domicilio” y se presentaba como “La casa más popular de Mendoza”. Más de medio siglo después existe una curiosa continuidad urbana: Casa Reig continúa declarando oficialmente su domicilio comercial en José Vicente Zapata 265, exactamente la dirección que aparece al pie de aquella publicidad de 1972.  La moto tampoco era un producto extraño para el público argentino. Gilera había comenzado su etapa industrial en el país en la década de 1950: la propia marca sitúa la creación de Gilera Argentina en 1953, el comienzo de la producción en 1954 y una creciente nacionalización de componentes desde 1956; en 1962 llegó la familia Giubileo, con versiones 150, 175, 200 Extra y 200 Gran Turismo.  Según la historia institucional de Gilera, hacia 1968 la empresa había alcanzado una participación muy importante en el mercado argentino de motocicletas medianas y grandes.  Precisamente en aquellos primeros años de la década de 1970 seguían circulando y vendiéndose algunas de las Gilera más recordadas de producción nacional; la Gran Turismo 200, por ejemplo, llegó hasta 1972 y había incorporado durante su evolución fuelles de goma en la suspensión delantera y diversas modificaciones de equipamiento.  El aviso mendocino, sin embargo, no imprime de manera visible la cilindrada ni la denominación exacta del ejemplar fotografiado, por lo que resulta más riguroso conservarlo simplemente como una Gilera ofrecida por REIG. Más que una vieja propaganda, esta página retrata una Mendoza de hace más de medio siglo: el comercio del centro, el crédito en cuotas, la moto como símbolo de libertad y movilidad y una campaña de fin de año que invitaba a cerrar 1972 con una Gilera nueva y arrancar enero de 1973 con la primera cuota. Una pequeña ventana de papel hacia aquellos días en que bastaba mirar un anuncio, imaginar el sonido de un monocilíndrico y empezar a soñar con la ruta. #Mendoza #MendozAntigua #Gilera #MotoGilera #MotosClasicas #MotosAntiguas #HistoriaDeMendoza #Mendoza1972 #PublicidadAntigua #CasaReig #Motociclismo #Argentina #VintageMotorcycle #GileraMotorcycle #ClassicMotorcycle #VintageAdvertising #MotorcycleHistory #ArgentinaHistory


“27 DE SEPTIEMBRE DE 1930: ¡PATORUZÚ REGRESA Y COMIENZA LA CONQUISTA DEFINITIVA DE LA HISTORIETA ARGENTINA!”


27 de septiembre de 1930 — Buenos Aires. Aquel día quedó marcado uno de los momentos decisivos en la construcción de un personaje destinado a convertirse en símbolo de la historieta argentina. En las páginas del diario La Razón reaparecía Patoruzú, creación de Dante Quinterno, incorporado a la tira Julián de Montepío. No era, en rigor, su nacimiento: el cacique ya había aparecido fugazmente el 19 de octubre de 1928 en el diario Crítica, dentro de Las aventuras de Don Gil Contento, después de haber sido anunciado con el extraordinario nombre de Curugua-Curiguagüigua. En aquella primera historieta, el propio Don Gil lo rebautizaba Patoruzú, nombre que los investigadores Fernando García y Hernán Ostuni relacionan con la popular “Pasta de Orozuz”, un producto de la época.  Pero fue aquel 27 de septiembre de 1930 cuando comenzó la etapa que terminaría consolidándolo. La Razón presentó al personaje como un joven proveniente del sur, heredero de un rico cacique patagónico y puesto bajo la tutela de Julián. Patoruzú llegaba a Buenos Aires en un tren carguero acompañado por Lorenzo, un avestruz, y llevando consigo una bolsa de pepitas de oro. La combinación entre su ingenuidad, su enorme fuerza, su generosidad y las maniobras del pícaro Julián comenzó a conquistar rápidamente a los lectores. Su popularidad creció tanto que el personaje terminó desplazando al protagonista original y, en agosto de 1931, la tira pasó a llevar directamente el nombre Patoruzú. A partir de allí comenzó a edificarse uno de los universos más reconocibles de la cultura gráfica argentina. En diciembre de 1935 Patoruzú pasó al diario El Mundo y Quinterno impulsó el Sindicato Dante Quinterno, una organización destinada a desarrollar y distribuir sus historietas.  El paso definitivo hacia los kioscos llegaría años después: el Archivo Histórico de Revistas Argentinas, proyecto del Instituto Ravignani de la Universidad de Buenos Aires, documenta que el primer número de la revista Patoruzú apareció el 10 de noviembre de 1936. Comenzó como publicación mensual, después pasó a quincenal y finalmente se convirtió en semanal; atravesó más de cuatro décadas de historia editorial argentina hasta alcanzar el número 2045, publicado el 30 de abril de 1977. Algunas fuentes registran tiradas que llegaron a rondar los 300.000 ejemplares.  Por eso, el 27 de septiembre de 1930 merece recordarse no como el nacimiento de la revista ni como la primera aparición del cacique, sino como algo igualmente trascendente: el día en que Patoruzú regresó a los diarios y comenzó la etapa que lo transformaría definitivamente en una de las figuras fundamentales de la historieta argentina. Casi un siglo después, su poncho, sus boleadoras, su fuerza extraordinaria y el universo creado por Dante Quinterno continúan formando parte de la memoria gráfica y popular del país. #Patoruzú #DanteQuinterno #HistorietaArgentina #HistoriaArgentina #Efemérides #UnDíaComoHoy #CulturaArgentina #HumorGráfico #Historietas #ComicsArgentinos #ArchivoHistórico #Argentina #Patoruzu #ArgentineComics #ComicHistory #DanteQuinterno #ArgentineCulture #VintageComics #HistoryOfComics #ClassicComics Fuente de origen y verificación: Fernando García y Hernán Ostuni Rocca, “Vera historia del indio Patoruzú”, Revista Latinoamericana de Estudios sobre la Historieta, vol. 3, n.º 10; Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA), Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, UBA-CONICET; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Paseo de la Historieta; archivo de La Nación.

🎓 27 DE SEPTIEMBRE DE 1967: DARDO PÉREZ GUILHOU LLEGA AL RECTORADO Y MARCA UNA ETAPA CLAVE EN LA HISTORIA DE LA UNCuyo


27 de septiembre de 1967 — Mendoza. Aquel día asumió como rector de la Universidad Nacional de Cuyo el jurista y docente mendocino Dardo Pérez Guilhou, iniciando una gestión que se extendería hasta el 16 de junio de 1969. La fecha exacta está confirmada por los antecedentes biográficos publicados por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, que registran su desempeño al frente de la Universidad desde el 27 de septiembre de 1967; la propia historia institucional de la UNCuyo señala, además, que su designación fue realizada por el Gobierno Nacional, en el contexto político e institucional abierto tras el golpe de Estado de 1966 y durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía.La efeméride mendocina conserva también los nombres de quienes lo acompañaron en la nueva conducción: el profesor Jorge Atencio fue designado secretario general de la Universidad y el doctor Isaac Rivero, secretario académico, dato consignado por la historiadora Teresa Alicia Giamportone en su obra Mendoza día por día. Personajes, hechos y acontecimientos de la Provincia de Mendoza.  Pérez Guilhou no llegaba al Rectorado como un desconocido dentro de la casa de estudios. Había desarrollado una extensa trayectoria docente y, durante ese mismo 1967, se había convertido en el primer decano de la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; una publicación institucional de la UNCuyo recuerda que anteriormente había sido vicedirector y director de la Escuela Superior de Estudios Políticos y Sociales y que desde esa conducción participó del proceso que culminó con el reconocimiento de la nueva Facultad. Su formación académica era igualmente destacada: nacido en Mendoza en 1926, se graduó de abogado en la Universidad Nacional de La Plata en 1949 y obtuvo en 1960 el doctorado en Derecho por la Universidad de Sevilla. Con el tiempo desarrollaría una extensa producción dedicada al derecho constitucional, la historia institucional y las ideas políticas argentinas, además de integrar la Academia Nacional de la Historia y la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.  Durante los años de su rectorado la UNCuyo atravesó importantes transformaciones organizativas: en 1967 se creó la Comisión Asesora de Promoción de la Investigación y la Facultad de Ingeniería en Petróleos, mientras que en 1968 comenzaron a funcionar la libreta universitaria, la Secretaría de Asuntos Estudiantiles y de Acción Social y el Servicio de Planeamiento Integral de la Educación Universitaria, según la cronología institucional de la propia Universidad.  Su trayectoria pública continuaría después del Rectorado: en 1969 pasó a ocupar funciones en el área educativa del Gobierno Nacional y ejerció como ministro de Educación durante la etapa final del gobierno de Onganía. Así, aquel 27 de septiembre de 1967 quedó registrado como una fecha precisa dentro de la historia universitaria mendocina: el día en que Dardo Pérez Guilhou pasó de conducir una de las unidades académicas más jóvenes de la UNCuyo a ocupar el máximo cargo de una institución que ya era pieza fundamental de la vida científica, educativa y cultural de Cuyo. Fuente de origen: Teresa Alicia Giamportone, Mendoza día por día. Personajes, hechos y acontecimientos de la Provincia de Mendoza, Dictus Publishing, 2013, ISBN 978-3-8473-8685-8. La obra registra expresamente para el 27 de septiembre de 1967 la asunción de Pérez Guilhou y las designaciones de Jorge Atencio e Isaac Rivero. La fecha del rectorado fue contrastada con la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y con documentación institucional de la Universidad Nacional de Cuyo.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #EfeméridesMendocinas #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #DardoPérezGuilhou #HistoriaUniversitaria #Educación #Universidad #CulturaMendocina #27DeSeptiembre #MemoriaHistórica #MendozaHistoria #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #UNCuyoHistory #UniversityHistory #EducationHistory #HistoricalMemory

27 DE SEPTIEMBRE DE 1927 - “CADETES CHILENOS”: EL HOMENAJE QUE MENDOZA GRABÓ EN SUS CALLES TRAS LA TRAGEDIA DE ALPATACAL


27 de septiembre de 1927 — Mendoza. Apenas habían transcurrido unas semanas desde una de las catástrofes ferroviarias más estremecedoras ocurridas en territorio mendocino cuando la provincia decidió convertir el recuerdo en parte de su geografía urbana. La historiadora Teresa Alicia Giamportone consigna expresamente en su obra Mendoza día por día. Personajes, hechos y acontecimientos de la Provincia de Mendoza que aquel 27 de septiembre de 1927 el Poder Ejecutivo provincial otorgó el nombre “Cadetes Chilenos” a una arteria de la ciudad de Mendoza, como homenaje a las víctimas de la tragedia ferroviaria de Alpatacal.  El origen de aquella denominación estaba en el desastre ocurrido durante la madrugada del 7 de julio de 1927, cuando una delegación de la Escuela Militar de Chile atravesaba Mendoza rumbo a Buenos Aires para participar de los actos patrios. Frente a la estación de Alpatacal, en el departamento de La Paz, el tren especial que transportaba a los militares chilenos chocó de frente con otra formación. El Ejército de Chile registra un saldo de 30 fallecidos —12 de ellos chilenos— y unos 60 heridos; pese a la magnitud de la tragedia, los integrantes ilesos de la delegación continuaron hacia Buenos Aires y participaron de las ceremonias previstas.  El impacto de Alpatacal fue tan profundo que los homenajes comenzaron a multiplicarse a ambos lados de la cordillera. Pocos días después de la decisión mendocina, el Congreso de la Nación sancionó el 11 de octubre de 1927 la Ley 11.396, que ordenó cambiar oficialmente el nombre de la estación Alpatacal por “Cadetes de Chile”; la norma fue publicada en el Boletín Oficial el 17 de octubre.  El Archivo Fotográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo conserva además imágenes de aquella estación y confirma que su denominación original fue reemplazada en recuerdo del accidente de 1927.  Casi un siglo después, “Cadetes Chilenos” continúa formando parte de la nomenclatura urbana mendocina: la guía oficial de calles del Poder Judicial de Mendoza registra actualmente esa denominación en la Ciudad. Así, una calle y una estación ferroviaria terminaron transformándose en monumentos cotidianos, nombres pronunciados durante generaciones que guardan detrás una historia de fuego, hierro retorcido, duelo y solidaridad entre Argentina y Chile. La fecha del 27 de septiembre está sólidamente documentada en la recopilación histórica de Giamportone; sin embargo, no encontramos todavía digitalizada una copia del acto administrativo provincial original que permita establecer con seguridad su número y texto completo, por lo que ese dato puntual debe permanecer abierto a futuras verificaciones en el Registro Oficial, Boletín Oficial o fondos administrativos de 1927. Fuente de origen: Teresa Alicia Giamportone, Mendoza día por día. Personajes, hechos y acontecimientos de la Provincia de Mendoza, Argentina, Dictus Publishing, 2013, efeméride correspondiente al 27 de septiembre; la obra registra textualmente para 1927 la designación de una arteria mendocina con el nombre “Cadetes Chilenos”. Fuentes complementarias: Ejército de Chile, “Tragedia de Alpatacal”; Argentina.gob.ar, Ley Nacional Nº 11.396; Archivo Fotográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; Poder Judicial de Mendoza, Guía de Calles y Barrios.  #MendozAntigua #Mendoza #CadetesChilenos #Alpatacal #TragediaDeAlpatacal #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #Argentina #Chile #Ferrocarriles #HistoriaFerroviaria #MemoriaHistórica #Patrimonio #MendozaHistory #ArgentineHistory #ChileanHistory #RailwayHistory #HistoricalMemory

🔥📰 27 DE SEPTIEMBRE DE 1903: EL DÍA EN QUE LOS ANDES ANUNCIÓ EL SALTO QUE CAMBIARÍA PARA SIEMPRE LA PRENSA MENDOCINA


27 de septiembre de 1903 — Mendoza. Aquel domingo, las páginas de Los Andes llevaron un anuncio destinado a convertirse en un verdadero punto de inflexión en la historia del periodismo provincial: desde el día siguiente, lunes 28 de septiembre, el periódico comenzaría a publicarse todos los días. La precisión de la fecha es fundamental: el 27 fue el anuncio; la publicación cotidiana comenzó efectivamente el 28. El historiador y periodista Jorge Enrique Oviedo documentó este episodio en su obra El periodismo en Mendoza, publicada por la Academia Nacional de Periodismo, señalando que Los Andes alcanzaba así en 1903 la salida diaria y asumía plenamente su condición de diario.  La transformación se producía cuando faltaba menos de un mes para que el periódico cumpliera veinte años: Los Andes había sido fundado por Adolfo Calle el 20 de octubre de 1883 y, desde entonces, había ido consolidándose como una de las voces de la sociedad mendocina.  Pero aquel anuncio de septiembre de 1903 revelaba algo todavía más significativo. La propia publicación justificaba el esfuerzo económico y técnico de aparecer diariamente afirmando: “Es el pueblo el que costea y sostiene su prensa independiente”. La frase permite comprender que la decisión no era presentada simplemente como una modificación en la frecuencia de impresión, sino como la consecuencia directa del respaldo alcanzado entre sus lectores. Desde el lunes 28, Mendoza tendría cada jornada una nueva edición capaz de registrar prácticamente al ritmo de los acontecimientos la política, el comercio, los conflictos sociales, las noticias policiales, los avances tecnológicos y las profundas transformaciones que experimentaba una provincia que ingresaba aceleradamente en el siglo XX. A comienzos de aquella centuria Mendoza veía extenderse el teléfono, aparecer los primeros automóviles y desarrollarse nuevas formas de vida urbana, mientras Los Andes acompañaba desde sus páginas ese proceso de modernización.  Visto a más de un siglo de distancia, aquel breve anuncio del domingo 27 de septiembre de 1903 marcó una frontera silenciosa: hasta ese momento Los Andes era un periódico de larga trayectoria; desde la jornada siguiente comenzaría la etapa de publicación cotidiana que terminaría convirtiéndolo en uno de los grandes archivos impresos de la historia mendocina. Su colección histórica conserva hoy más de un siglo de noticias, fotografías y documentos sobre Mendoza, Argentina y el mundo, un patrimonio que actualmente atraviesa un proceso de preservación, catalogación y digitalización con participación de especialistas e instituciones científicas. Aquel domingo de 1903, sin saber hasta dónde llegaría su historia, Los Andes anunciaba simplemente que desde el lunes estaría en la calle todos los días. Era una frase breve, pero detrás de ella comenzaba una nueva época para el periodismo de Mendoza. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #DiarioLosAndes #LosAndes #Periodismo #PrensaMendocina #Efemérides #27DeSeptiembre #AdolfoCalle #MendozaAntigua #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #PeriodismoArgentino #MemoriaMendocina #MendozaHistory #ArgentineHistory #JournalismHistory #NewspaperHistory #HistoricNewspapers #OldMendoza #PressHistory

27 DE SEPTIEMBRE DE 1816 — MENDOZA EN PIE DE GUERRA: SAN MARTÍN EXIGIÓ 1.000 MONTURAS, 700 CAMISAS Y 715 PANTALONES PARA EL EJÉRCITO QUE IBA A CRUZAR LOS ANDES (IMAGEN ILUSTRATIVA)


27 de septiembre de 1816 — Mendoza. Faltaban menos de cuatro meses para que las columnas libertadoras comenzaran a internarse en la Cordillera y José de San Martín sabía que una campaña semejante no podía sostenerse únicamente con coraje, fusiles y cañones. Había que vestir a miles de hombres, montar tropas, transportar municiones y alimentos y preparar animales capaces de enfrentar uno de los escenarios más duros de América. Ese día quedó documentada una de aquellas extraordinarias exigencias logísticas: debían obtenerse del vecindario 1.000 monturas, además de la mayor cantidad posible de jergas y ponchos para el Ejército de los Andes. La Biblioteca Nacional de Maestros conserva una reproducción histórica del documento y fecha expresamente aquel requerimiento el 27 de septiembre de 1816. En la misma recopilación aparece otro pedido igualmente revelador: debían recuperarse 700 camisas, 715 pares de pantalones de bayetilla y 200 bolsas de lonilla destinadas a cartuchos de cañón que habían sido repartidas entre los habitantes para su confección. El dato permite dimensionar algo que muchas veces queda oculto detrás de las grandes batallas: la campaña libertadora también se construyó dentro de las casas, talleres, chacras, corrales y calles de Mendoza. No era un esfuerzo aislado. Aquellos pedidos formaban parte de una movilización gigantesca en la que artesanos, costureras, arrieros, propietarios de animales, agricultores y trabajadores colaboraban con una maquinaria militar que debía prácticamente fabricarse desde cero en Cuyo. La fuente reproducida por El Monitor de la Educación Común en 1942 señala que esos documentos procedían de una publicación oficial realizada en Mendoza con motivo del centenario del Ejército de los Andes. Pocos días después, el 3 de octubre de 1816, otra relación registraba ya la entrega de 795 cueros de carnero, 209 lomillos, 116 cinchas, 33 pares de riendas, 291 ponchos, 74 jergas, 43 frazadas, 58 hachas y 18 piedras de afilar, entre numerosos elementos indispensables para la marcha. La urgencia era enorme. Apenas tres días después de aquel 27 de septiembre, el 30 de septiembre de 1816, el Ejército de los Andes entró en el campo de instrucción de El Plumerillo para intensificar su preparación. Allí San Martín concentraba y adiestraba las fuerzas que pocos meses más tarde atravesarían la Cordillera rumbo a Chile. El Instituto Nacional Sanmartiniano confirma esa fecha en su cronología oficial y recuerda que el Ejército había sido creado formalmente el 1 de agosto de 1816, con San Martín como general en jefe. Así se comprende mejor la magnitud de aquella jornada mendocina: mientras la historia se preparaba para recordar generales, batallas y victorias, detrás de ellos había cientos de manos anónimas cosiendo camisas, preparando pantalones, reuniendo ponchos, entregando monturas y acondicionando todo aquello que permitiría sostener a un ejército en movimiento. El Cruce de los Andes no comenzó cuando los soldados pisaron la montaña en enero de 1817. Mucho antes había comenzado en Mendoza, en jornadas como la del 27 de septiembre de 1816, cuando San Martín necesitó 1.000 monturas, 700 camisas, 715 pantalones y cientos de elementos más para transformar un proyecto que parecía imposible en una fuerza capaz de atravesar los Andes y abrir la campaña libertadora en Chile. FUENTE DE ORIGEN: Biblioteca Nacional de Maestros, El Monitor de la Educación Común, Año 61, Nº 829/830, enero-febrero de 1942, reproducción de documentación procedente de “Documentos sobre la organización del Ejército de los Andes”, publicación oficial realizada en Mendoza con motivo de su centenario. Contexto complementario: Instituto Nacional Sanmartiniano, Cronología Sanmartiniana e historia de la organización del Ejército de los Andes.  #MendozAntigua #Mendoza #SanMartin #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Efemerides #IndependenciaArgentina #Libertador #Andes #ArmyOfTheAndes #CrossingOfTheAndes #ArgentineHistory #SanMartin

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