El 4 de mayo de 1980, en Liubliana, entonces parte de la República Federal Socialista de Yugoslavia, murió Josip Broz, conocido mundialmente como el mariscal Tito. Fue una de las figuras políticas más influyentes y controvertidas del siglo XX: líder comunista, jefe partisano durante la Segunda Guerra Mundial, constructor de la Yugoslavia socialista, impulsor del Movimiento de Países No Alineados y, al mismo tiempo, gobernante autoritario de un Estado donde también hubo represión, cárceles políticas y control del disenso. Britannica lo define como el principal arquitecto de la “segunda Yugoslavia” y como el primer líder comunista en el poder que desafió la hegemonía soviética. Había nacido el 7 de mayo de 1892 en Kumrovec, entonces dentro del Imperio austrohúngaro y hoy territorio de Croacia. Provenía de una familia campesina y tuvo poca educación formal. Desde joven abandonó el campo para aprender el oficio de cerrajero y trabajar como metalúrgico. Ese contacto con el mundo obrero lo acercó a las ideas socialistas y a la militancia sindical. Más tarde trabajó en distintos centros industriales europeos, hasta que la Primera Guerra Mundial cambió su destino: fue reclutado por el ejército austrohúngaro, combatió en el frente oriental, fue herido y capturado por fuerzas rusas en 1915. Durante su permanencia en Rusia tomó contacto directo con el clima revolucionario y se acercó al bolchevismo. En 1920 regresó al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, futuro Reino de Yugoslavia. Trabajó en fábricas, participó en actividades obreras y se integró al Partido Comunista, en un contexto de persecución política y clandestinidad. Con el tiempo adoptó el nombre de guerra “Tito”, apodo con el que pasaría a la historia. Para la década de 1930 ya era un cuadro importante del comunismo yugoslavo, y desde 1939 quedó al frente del Partido Comunista de Yugoslavia. Su gran ascenso llegó durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión del Eje a Yugoslavia en 1941, Tito encabezó a los partisanos yugoslavos, una de las resistencias armadas más importantes de Europa ocupada. Con apoyo inicial soviético y reconocimiento aliado, sus fuerzas combatieron contra los ocupantes alemanes e italianos, pero también contra movimientos rivales internos. Al final de la guerra, la resistencia dirigida por Tito salió fortalecida y le permitió convertirse en el hombre central del nuevo poder yugoslavo. Britannica señala que fue comandante supremo de los partisanos entre 1941 y 1945 y luego del Ejército Popular Yugoslavo. Con la liberación del país, Tito consolidó un régimen comunista. En 1945 se proclamó la nueva Yugoslavia socialista, la monarquía fue apartada y el poder quedó en manos del Partido Comunista. El nuevo Estado buscó unir bajo una misma estructura federal a serbios, croatas, eslovenos, bosnios, macedonios y montenegrinos, además de regiones autónomas como Kosovo y Voivodina. Pero esa unidad se sostuvo mediante un sistema político de partido único, vigilancia estatal y represión de adversarios. Britannica recuerda que, en la posguerra, Tito consolidó su poder purgando a no comunistas y mediante elecciones fraudulentas que legitimaron el fin de la monarquía. La ruptura decisiva llegó en 1948, cuando Tito se negó a subordinar completamente Yugoslavia a Moscú. Stalin intentó disciplinar al liderazgo yugoslavo, pero no logró quebrarlo; finalmente, el Partido Comunista yugoslavo fue expulsado del Cominform en junio de ese año. Desde entonces, Tito construyó un modelo propio de socialismo nacional, más autónomo respecto de la Unión Soviética y con vínculos económicos y diplomáticos tanto con el bloque oriental como con Occidente. Esa independencia frente al Kremlin le dio prestigio internacional, pero también abrió una etapa dura de persecución interna. El temor a los prosoviéticos y a los enemigos reales o supuestos del régimen llevó a la creación de un sistema carcelario para los llamados cominformistas. Entre esos lugares quedó especialmente marcado Goli Otok, una isla-prisión utilizada para la “reeducación política” de quienes eran acusados de simpatizar con Stalin o de oponerse al régimen. Investigaciones académicas describen Goli Otok como parte de una red carcelaria de reeducación política en la Yugoslavia de Tito. En política exterior, Tito buscó evitar que Yugoslavia quedara atrapada entre Washington y Moscú. Ese objetivo lo llevó a impulsar, junto a líderes como Gamal Abdel Nasser, Jawaharlal Nehru, Sukarno y Kwame Nkrumah, el Movimiento de Países No Alineados, cuya primera conferencia se celebró en Belgrado en 1961. El movimiento proponía una tercera vía en plena Guerra Fría, especialmente atractiva para países recién independizados de Asia, África y América Latina. En 1963, Yugoslavia adoptó el nombre de República Federativa Socialista de Yugoslavia, etapa asociada a cierta apertura económica, mayor contacto con Occidente, turismo internacional, circulación cultural y un modelo de autogestión obrera que diferenciaba al país de otros regímenes comunistas. Sin embargo, esa imagen más flexible no eliminó el carácter autoritario del sistema: el pluralismo político seguía limitado, la disidencia era vigilada y las tensiones nacionales internas permanecían contenidas más por el poder central que por una verdadera reconciliación. En 1974, una nueva Constitución reorganizó el sistema federal y fortaleció la autonomía de las repúblicas y provincias, pero también consagró a Tito como presidente vitalicio. Aquella reforma buscaba garantizar la estabilidad después de su muerte mediante una presidencia colectiva rotativa, aunque en la práctica dejaba intacto el enorme peso personal del mariscal. Durante sus últimos años, la salud de Tito se deterioró. A comienzos de 1980 fue internado en Liubliana por graves problemas circulatorios; tras complicaciones médicas, murió el 4 de mayo de 1980, tres días antes de cumplir 88 años. Su funeral reunió a representantes de decenas de países y mostró la dimensión global que había alcanzado su figura. La historia de Tito sigue siendo ambigua y discutida. Para muchos, fue el dirigente que logró mantener unida a Yugoslavia, resistir a Hitler, desafiar a Stalin y dar a su país una voz propia en la Guerra Fría. Para otros, fue un dictador comunista que sostuvo su poder mediante censura, cárcel, persecución política y culto personal. Su muerte cerró una era. Pocos años después, las tensiones nacionales, económicas y políticas que su liderazgo había contenido estallarían con violencia y conducirían a la desintegración de Yugoslavia. Tito fue, en definitiva, una figura imposible de reducir a una sola etiqueta: libertador partisano, mariscal, estratega internacional, líder no alineado, modernizador autoritario y símbolo de una Yugoslavia que pareció fuerte mientras él vivió, pero que empezó a resquebrajarse cuando su sombra dejó de ordenar el mapa balcánico. #JosipBrozTito #MariscalTito #Yugoslavia #HistoriaDelSigloXX #SegundaGuerraMundial #PartisanosYugoslavos #GuerraFría #Stalin #MovimientoDePaísesNoAlineados #GoliOtok #Comunismo #Balcanes #HistoriaEuropea #MendozAntigua #Tito #YugoslavHistory #ColdWarHistory #WorldWarII #NonAlignedMovement #BalkanHistory #PoliticalHistory
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lunes, 4 de mayo de 2020
El 4 de Mayo de 1980, en Liubliana, República Federal Socialista de Yugoslavia, moría Tito: el mariscal que desafió a Stalin, unió Yugoslavia y gobernó entre mito, poder y sombras
El 4 de mayo de 1980, en Liubliana, entonces parte de la República Federal Socialista de Yugoslavia, murió Josip Broz, conocido mundialmente como el mariscal Tito. Fue una de las figuras políticas más influyentes y controvertidas del siglo XX: líder comunista, jefe partisano durante la Segunda Guerra Mundial, constructor de la Yugoslavia socialista, impulsor del Movimiento de Países No Alineados y, al mismo tiempo, gobernante autoritario de un Estado donde también hubo represión, cárceles políticas y control del disenso. Britannica lo define como el principal arquitecto de la “segunda Yugoslavia” y como el primer líder comunista en el poder que desafió la hegemonía soviética. Había nacido el 7 de mayo de 1892 en Kumrovec, entonces dentro del Imperio austrohúngaro y hoy territorio de Croacia. Provenía de una familia campesina y tuvo poca educación formal. Desde joven abandonó el campo para aprender el oficio de cerrajero y trabajar como metalúrgico. Ese contacto con el mundo obrero lo acercó a las ideas socialistas y a la militancia sindical. Más tarde trabajó en distintos centros industriales europeos, hasta que la Primera Guerra Mundial cambió su destino: fue reclutado por el ejército austrohúngaro, combatió en el frente oriental, fue herido y capturado por fuerzas rusas en 1915. Durante su permanencia en Rusia tomó contacto directo con el clima revolucionario y se acercó al bolchevismo. En 1920 regresó al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, futuro Reino de Yugoslavia. Trabajó en fábricas, participó en actividades obreras y se integró al Partido Comunista, en un contexto de persecución política y clandestinidad. Con el tiempo adoptó el nombre de guerra “Tito”, apodo con el que pasaría a la historia. Para la década de 1930 ya era un cuadro importante del comunismo yugoslavo, y desde 1939 quedó al frente del Partido Comunista de Yugoslavia. Su gran ascenso llegó durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión del Eje a Yugoslavia en 1941, Tito encabezó a los partisanos yugoslavos, una de las resistencias armadas más importantes de Europa ocupada. Con apoyo inicial soviético y reconocimiento aliado, sus fuerzas combatieron contra los ocupantes alemanes e italianos, pero también contra movimientos rivales internos. Al final de la guerra, la resistencia dirigida por Tito salió fortalecida y le permitió convertirse en el hombre central del nuevo poder yugoslavo. Britannica señala que fue comandante supremo de los partisanos entre 1941 y 1945 y luego del Ejército Popular Yugoslavo. Con la liberación del país, Tito consolidó un régimen comunista. En 1945 se proclamó la nueva Yugoslavia socialista, la monarquía fue apartada y el poder quedó en manos del Partido Comunista. El nuevo Estado buscó unir bajo una misma estructura federal a serbios, croatas, eslovenos, bosnios, macedonios y montenegrinos, además de regiones autónomas como Kosovo y Voivodina. Pero esa unidad se sostuvo mediante un sistema político de partido único, vigilancia estatal y represión de adversarios. Britannica recuerda que, en la posguerra, Tito consolidó su poder purgando a no comunistas y mediante elecciones fraudulentas que legitimaron el fin de la monarquía. La ruptura decisiva llegó en 1948, cuando Tito se negó a subordinar completamente Yugoslavia a Moscú. Stalin intentó disciplinar al liderazgo yugoslavo, pero no logró quebrarlo; finalmente, el Partido Comunista yugoslavo fue expulsado del Cominform en junio de ese año. Desde entonces, Tito construyó un modelo propio de socialismo nacional, más autónomo respecto de la Unión Soviética y con vínculos económicos y diplomáticos tanto con el bloque oriental como con Occidente. Esa independencia frente al Kremlin le dio prestigio internacional, pero también abrió una etapa dura de persecución interna. El temor a los prosoviéticos y a los enemigos reales o supuestos del régimen llevó a la creación de un sistema carcelario para los llamados cominformistas. Entre esos lugares quedó especialmente marcado Goli Otok, una isla-prisión utilizada para la “reeducación política” de quienes eran acusados de simpatizar con Stalin o de oponerse al régimen. Investigaciones académicas describen Goli Otok como parte de una red carcelaria de reeducación política en la Yugoslavia de Tito. En política exterior, Tito buscó evitar que Yugoslavia quedara atrapada entre Washington y Moscú. Ese objetivo lo llevó a impulsar, junto a líderes como Gamal Abdel Nasser, Jawaharlal Nehru, Sukarno y Kwame Nkrumah, el Movimiento de Países No Alineados, cuya primera conferencia se celebró en Belgrado en 1961. El movimiento proponía una tercera vía en plena Guerra Fría, especialmente atractiva para países recién independizados de Asia, África y América Latina. En 1963, Yugoslavia adoptó el nombre de República Federativa Socialista de Yugoslavia, etapa asociada a cierta apertura económica, mayor contacto con Occidente, turismo internacional, circulación cultural y un modelo de autogestión obrera que diferenciaba al país de otros regímenes comunistas. Sin embargo, esa imagen más flexible no eliminó el carácter autoritario del sistema: el pluralismo político seguía limitado, la disidencia era vigilada y las tensiones nacionales internas permanecían contenidas más por el poder central que por una verdadera reconciliación. En 1974, una nueva Constitución reorganizó el sistema federal y fortaleció la autonomía de las repúblicas y provincias, pero también consagró a Tito como presidente vitalicio. Aquella reforma buscaba garantizar la estabilidad después de su muerte mediante una presidencia colectiva rotativa, aunque en la práctica dejaba intacto el enorme peso personal del mariscal. Durante sus últimos años, la salud de Tito se deterioró. A comienzos de 1980 fue internado en Liubliana por graves problemas circulatorios; tras complicaciones médicas, murió el 4 de mayo de 1980, tres días antes de cumplir 88 años. Su funeral reunió a representantes de decenas de países y mostró la dimensión global que había alcanzado su figura. La historia de Tito sigue siendo ambigua y discutida. Para muchos, fue el dirigente que logró mantener unida a Yugoslavia, resistir a Hitler, desafiar a Stalin y dar a su país una voz propia en la Guerra Fría. Para otros, fue un dictador comunista que sostuvo su poder mediante censura, cárcel, persecución política y culto personal. Su muerte cerró una era. Pocos años después, las tensiones nacionales, económicas y políticas que su liderazgo había contenido estallarían con violencia y conducirían a la desintegración de Yugoslavia. Tito fue, en definitiva, una figura imposible de reducir a una sola etiqueta: libertador partisano, mariscal, estratega internacional, líder no alineado, modernizador autoritario y símbolo de una Yugoslavia que pareció fuerte mientras él vivió, pero que empezó a resquebrajarse cuando su sombra dejó de ordenar el mapa balcánico. #JosipBrozTito #MariscalTito #Yugoslavia #HistoriaDelSigloXX #SegundaGuerraMundial #PartisanosYugoslavos #GuerraFría #Stalin #MovimientoDePaísesNoAlineados #GoliOtok #Comunismo #Balcanes #HistoriaEuropea #MendozAntigua #Tito #YugoslavHistory #ColdWarHistory #WorldWarII #NonAlignedMovement #BalkanHistory #PoliticalHistory
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