miércoles, 24 de junio de 2026

LAS TRES GRACIAS Y EL APELLIDO PICCIONE: las etiquetas que guardan el alma vitivinícola de Rodeo de la Cruz - Mendoza


Hay papeles que parecen simples etiquetas, pero en realidad son pequeños documentos de una época. Estas antiguas marcas de la bodega Piccione, en Rodeo de la Cruz, Mendoza, nos devuelven a un tiempo en el que cada botella llevaba impresa una historia de trabajo, inmigración, viñedos, comercio y orgullo mendocino. En los marbetes aparece la firma S. A. Viñedos y Bodegas Cayetano Piccione Ltda., con origen en Rodeo de la Cruz, y nombres que hoy suenan como reliquias de colección: Las Tres Gracias, vino de postre, Moscato, tinto, vino común de mesa; y también la marca Piccione Blanco. No eran simples diseños comerciales: eran identidad visual, certificado de procedencia y promesa de calidad. Cada curva del papel, cada racimo dibujado, cada medalla y cada paisaje de montaña hablaban de una Mendoza que empezaba a venderse al país como tierra de vino. El apellido Piccione no quedó ligado solamente a una bodega. Según una crónica histórica publicada por Los Andes, Rodeo de la Cruz cobró impulso urbano en 1912 a partir de un proceso de urbanización desarrollado por el bodeguero italiano Cayetano Piccione, en terrenos de su finca cercanos al Paradero Kilómetro 11 del circuito ferroviario Guaymallén. Ese loteo contemplaba una plaza central y espacios destinados a instituciones públicas, mientras otras familias inmigrantes también impulsaban el crecimiento del poblado en torno a la estación ferroviaria. La historia de estas etiquetas también se entiende dentro de una transformación mayor. La vitivinicultura mendocina, que desde fines del siglo XIX se convirtió en un motor de modernización e industrialización regional, creció de la mano del ferrocarril, la expansión del riego, la llegada de inmigrantes y el aumento del consumo en Buenos Aires y el Litoral. Bodegas de Argentina recuerda que la línea del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, instalada en 1885, reemplazó el traslado en carretas por un sistema más rápido y económico, abriendo nuevos mercados para el vino mendocino. En ese mundo nacieron marcas como Las Tres Gracias, con una estética elegante y alegórica: tres figuras clásicas en el centro, la cordillera al fondo, colores suaves, tipografía cuidada y una composición pensada para llamar la atención en almacenes, despachos y mesas familiares. Eran etiquetas hechas para vender, sí, pero también para dejar memoria. Hoy son piezas de patrimonio gráfico, testigos de una Mendoza que embotellaba mucho más que vino: embotellaba paisaje, trabajo, apellido, prestigio y futuro. Como dato de archivo, el Boletín Oficial de la República Argentina de 1958 registra a S. A. Viñedos y Bodegas Cayetano Piccione Ltda. renovando una marca para bebidas, lo que confirma la continuidad de la firma en el universo comercial y marcario de la industria vitivinícola. Estas etiquetas son una puerta de entrada a la memoria de Rodeo de la Cruz. Detrás de ellas hay inmigrantes, bodegueros, viñedos, trenes, obreros, toneles, comercio nacional y una provincia que hizo del vino una bandera. Porque Mendoza no se construyó solamente con acequias y montañas: también se construyó con apellidos, marcas, botellas y sueños impresos en papel. Imágenes: gentileza de Agustín Piccione. #WineHistory, #VintageLabels, #ArgentineWine, #MendozaWine, #WineCulture, #OldBrands, #HistoricWine, #VintageDesign, #WineHeritage, #ArgentinaHistory, #Mendoza, #MendozAntigua, #RodeoDeLaCruz, #Guaymallén, #BodegaPiccione, #CayetanoPiccione, #LasTresGracias, #Vitivinicultura, #VinoMendocino, #HistoriaMendocina, #EtiquetasAntiguas, #PatrimonioGráfico, #MemoriaDelVino, #BodegasHistóricas

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