1561–1853 | Entre virreinatos, cordillera, barro y patria
Antes de convertirse en la Mendoza arbolada, moderna y abierta al mundo que conocemos hoy, la ciudad fue un pequeño oasis colonial levantado entre el agua, el adobe, la tierra seca y la inmensidad de la cordillera. Mendoza nació en 1561, cuando Pedro del Castillo fundó la ciudad en el valle de Huentata con el nombre de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja. Pero durante más de dos siglos su historia no miró hacia Buenos Aires, sino hacia el oeste. Desde su origen y hasta 1776, Cuyo perteneció administrativamente a la Capitanía General de Chile, como parte de aquel mundo colonial conectado por los pasos cordilleranos, el comercio, las arrierías y la cultura del Pacífico. Esa antigua pertenencia explica mucho de la identidad mendocina: su vocación andina, su mirada hacia Chile, su espíritu de frontera, su economía vinculada al cruce de la montaña y esa sensación permanente de ser una puerta entre dos mundos. La Mendoza colonial era muy distinta a la ciudad actual. No había grandes avenidas forestadas ni veredas amplias ni túneles de plátanos. Era una ciudad blanca, baja y austera, construida en adobe, barro y caña, con casas de una sola planta, techos planos y patios interiores donde crecían frutales, parrales y algunos árboles protegidos del polvo y del sol. Las calles eran angostas, de tierra, casi sin veredas, y la vida transcurría con ritmo lento, entre acequias, solares, iglesias, pulperías, carretas y familias que resistían en un territorio árido, moldeado por el agua. En 1776, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, Mendoza dejó de depender de Chile y pasó a integrarse al nuevo orden político rioplatense. Pero su memoria profunda siguió siendo cordillerana. Mendoza ya era una ciudad con alma propia: ni completamente atlántica, ni totalmente pacífica, sino cuyana, andina y fronteriza. Todo cambió de manera decisiva en 1814, cuando José de San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo. Su llegada sacudió la calma provinciana. Mendoza dejó de ser solo una ciudad de paso y se transformó en el gran taller de la libertad americana. Desde aquí, San Martín organizó recursos, hombres, armas, mulas, uniformes, pólvora, alimentos y voluntades. El pueblo cuyano entregó trabajo, bienes, sacrificio y esperanza para preparar una de las campañas militares más extraordinarias de la historia: el Cruce de los Andes. En 1816 se creó oficialmente el Ejército de los Andes, y en enero de 1817 comenzó la epopeya libertadora. Desde Mendoza partió una fuerza destinada a cambiar el destino de Chile, Perú y América del Sur. Aquella ciudad de barro, acequias y calles polvorientas se convirtió en una capital estratégica de la independencia. Pero después de la gloria también llegaron años duros. Las guerras civiles, los conflictos entre unitarios y federales, las tensiones políticas y la lenta construcción del país marcaron a Mendoza durante décadas. Recién con la sanción de la Constitución Nacional de 1853 y el inicio de la Organización Nacional, la provincia comenzó a mirar hacia una nueva etapa: integración, crecimiento, producción y futuro. Entre 1561 y 1853, Mendoza pasó de ser una aldea colonial vinculada a Chile a convertirse en una pieza fundamental de la historia argentina. Fue frontera, posta, oasis, cuartel, sacrificio y promesa. Fue una ciudad de adobe que miraba la cordillera y terminó entrando en la historia grande como cuna logística de la libertad sudamericana. Porque Mendoza no nació grande. Se hizo grande resistiendo. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Cuyo #SanMartin #EjercitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #ArgentinaHistorica #HistoriaArgentina #VirreinatoDelRioDeLaPlata #CapitaniaGeneralDeChile #CordilleraDeLosAndes #IndependenciaAmericana #PatrimonioMendocino #MendozaAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #SouthAmericanHistory #AndesHistory #SanMartinLegacy #ColonialHistory #HistoricMendoza

No hay comentarios.:
Publicar un comentario