Antes de ser el Padre de la Patria, antes del Cruce de los Andes, antes de Chacabuco, Maipú y Lima, José de San Martín fue un hombre mirado con desconfianza. Cuando llegó a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812 a bordo de la fragata inglesa George Canning, no todos vieron en él al futuro Libertador. Para algunos sectores era un militar extraño: nacido en Yapeyú, criado desde niño en España, formado en el ejército real, veterano de guerras europeas, conocedor del mundo liberal de Cádiz y Londres, y acompañado por otros oficiales americanos que también regresaban para sumarse a la causa revolucionaria. En ese clima cargado de intrigas, espionaje, intereses británicos, temores franceses y amenazas españolas, comenzó a circular una acusación venenosa: San Martín sería un “agente francés”. La sospecha no nació de la nada. Su pasado en Cádiz lo vinculaba al general Francisco María Solano, marqués del Socorro, gobernador militar de aquella plaza. San Martín había sido su edecán y lo admiraba profundamente. En 1808, durante el estallido popular contra la invasión napoleónica, Solano fue acusado de simpatizar con Francia y asesinado por una multitud enfurecida. San Martín intentó defenderlo y aquella escena brutal quedó grabada para siempre en su memoria. Años después, esa relación fue usada por sus enemigos para sembrar dudas. En plena guerra de independencias, cualquier contacto, viaje o amistad podía convertirse en sospecha. Para unos era francés. Para otros, inglés. Para otros, un militar peligroso que podía alterar todos los planes del poder porteño. Pero la historia terminó demostrando otra cosa. San Martín no vino a servir a Francia. No vino a servir a Inglaterra. No vino a obedecer a ningún imperio extranjero. Vino a poner su experiencia militar al servicio de una causa gigantesca: la emancipación americana. En Buenos Aires creó el Regimiento de Granaderos a Caballo. En Cuyo organizó una revolución silenciosa: armas, talleres, alimentos, uniformes, impuestos, donaciones, sacrificios y una sociedad entera puesta al servicio de una epopeya imposible. Desde Mendoza preparó el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y abrió el camino hacia la libertad de Chile. Después llevó la guerra al corazón del poder realista en Sudamérica: el Perú. El hombre sospechado por las intrigas de su tiempo terminó proclamando la independencia peruana el 28 de julio de 1821 y renunciando al poder cuando pudo quedarse con todo. Esa fue su grandeza: vencer, liberar y retirarse. Y todavía hay un dato que vuelve más absurda aquella vieja acusación. Décadas después, cuando Francia bloqueó el Río de la Plata en tiempos de Rosas, San Martín ofreció sus servicios militares desde Europa para defender a su patria. Más tarde, frente a la agresión anglo-francesa y la resistencia argentina en la Vuelta de Obligado, volvió a expresar su apoyo a la defensa de la soberanía nacional. La etiqueta de “agente francés” quedó como una sombra de época, una maniobra nacida entre rumores, documentos interesados y miedos políticos. San Martín fue mucho más que esas sospechas: fue un estratega continental, un militar austero, un jefe incómodo para los poderosos y un libertador que entendió que la verdadera patria no se declama: se construye con sacrificio. Lo acusaron de servir a otros. La historia respondió con una cordillera cruzada, tres pueblos liberados y un sable puesto al servicio del honor americano. 📜 José de San Martín no fue agente de un imperio: fue soldado de la libertad. #MendozAntigua #SanMartín #JoséDeSanMartín #PadreDeLaPatria #Libertador #HistoriaArgentina #EjércitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #Mendoza #Cuyo #Independencia #GeorgeCanning #Cádiz #Chile #Perú #VueltaDeObligado #Soberanía #Historia #ArgentinaHistory #LatinAmericanHistory #Liberator #Independence #AmericanHistory #Heritage #HistoryLovers
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miércoles, 17 de junio de 2026
SAN MARTÍN BAJO SOSPECHA: EL “AGENTE FRANCÉS” QUE TERMINÓ LIBERANDO MEDIO CONTINENTE (Imagen Ilustrativa del texto)
Antes de ser el Padre de la Patria, antes del Cruce de los Andes, antes de Chacabuco, Maipú y Lima, José de San Martín fue un hombre mirado con desconfianza. Cuando llegó a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812 a bordo de la fragata inglesa George Canning, no todos vieron en él al futuro Libertador. Para algunos sectores era un militar extraño: nacido en Yapeyú, criado desde niño en España, formado en el ejército real, veterano de guerras europeas, conocedor del mundo liberal de Cádiz y Londres, y acompañado por otros oficiales americanos que también regresaban para sumarse a la causa revolucionaria. En ese clima cargado de intrigas, espionaje, intereses británicos, temores franceses y amenazas españolas, comenzó a circular una acusación venenosa: San Martín sería un “agente francés”. La sospecha no nació de la nada. Su pasado en Cádiz lo vinculaba al general Francisco María Solano, marqués del Socorro, gobernador militar de aquella plaza. San Martín había sido su edecán y lo admiraba profundamente. En 1808, durante el estallido popular contra la invasión napoleónica, Solano fue acusado de simpatizar con Francia y asesinado por una multitud enfurecida. San Martín intentó defenderlo y aquella escena brutal quedó grabada para siempre en su memoria. Años después, esa relación fue usada por sus enemigos para sembrar dudas. En plena guerra de independencias, cualquier contacto, viaje o amistad podía convertirse en sospecha. Para unos era francés. Para otros, inglés. Para otros, un militar peligroso que podía alterar todos los planes del poder porteño. Pero la historia terminó demostrando otra cosa. San Martín no vino a servir a Francia. No vino a servir a Inglaterra. No vino a obedecer a ningún imperio extranjero. Vino a poner su experiencia militar al servicio de una causa gigantesca: la emancipación americana. En Buenos Aires creó el Regimiento de Granaderos a Caballo. En Cuyo organizó una revolución silenciosa: armas, talleres, alimentos, uniformes, impuestos, donaciones, sacrificios y una sociedad entera puesta al servicio de una epopeya imposible. Desde Mendoza preparó el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y abrió el camino hacia la libertad de Chile. Después llevó la guerra al corazón del poder realista en Sudamérica: el Perú. El hombre sospechado por las intrigas de su tiempo terminó proclamando la independencia peruana el 28 de julio de 1821 y renunciando al poder cuando pudo quedarse con todo. Esa fue su grandeza: vencer, liberar y retirarse. Y todavía hay un dato que vuelve más absurda aquella vieja acusación. Décadas después, cuando Francia bloqueó el Río de la Plata en tiempos de Rosas, San Martín ofreció sus servicios militares desde Europa para defender a su patria. Más tarde, frente a la agresión anglo-francesa y la resistencia argentina en la Vuelta de Obligado, volvió a expresar su apoyo a la defensa de la soberanía nacional. La etiqueta de “agente francés” quedó como una sombra de época, una maniobra nacida entre rumores, documentos interesados y miedos políticos. San Martín fue mucho más que esas sospechas: fue un estratega continental, un militar austero, un jefe incómodo para los poderosos y un libertador que entendió que la verdadera patria no se declama: se construye con sacrificio. Lo acusaron de servir a otros. La historia respondió con una cordillera cruzada, tres pueblos liberados y un sable puesto al servicio del honor americano. 📜 José de San Martín no fue agente de un imperio: fue soldado de la libertad. #MendozAntigua #SanMartín #JoséDeSanMartín #PadreDeLaPatria #Libertador #HistoriaArgentina #EjércitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #Mendoza #Cuyo #Independencia #GeorgeCanning #Cádiz #Chile #Perú #VueltaDeObligado #Soberanía #Historia #ArgentinaHistory #LatinAmericanHistory #Liberator #Independence #AmericanHistory #Heritage #HistoryLovers
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