En la Mendoza anterior al devastador terremoto de 1861, cuando la antigua Plaza Mayor todavía concentraba buena parte de la vida política y administrativa de la ciudad, un documento aparentemente rutinario dejó al descubierto uno de los problemas más concretos de aquel Estado provincial en formación: la Policía tenía hombres para vigilar, detener y custodiar, pero su propia caja no siempre alcanzaba siquiera para uniformarlos. El 1 de octubre de 1857, Melitón Arroyo dirigió una comunicación al ministro de Gobierno que hoy se conserva en el Archivo General de la Provincia de Mendoza como AGPM, Carpeta 172, Documento 4. La existencia, fecha y autoría del oficio están corroboradas por investigaciones de la historiadora Eugenia Molina, de IDEHESI-CONICET y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, quien utilizó específicamente este documento para estudiar la formación de las primeras fuerzas policiales mendocinas. Arroyo no era un personaje ajeno a la institución: durante la década de 1850 había sido convocado repetidamente para hacerse cargo de la Jefatura de Policía, tanto como titular como en reemplazos interinos, y los balances de 1857 muestran que permaneció al frente de la repartición de manera estable entre julio y diciembre de ese año. El problema planteado aquel 1 de octubre era muy concreto. Aunque el presupuesto provincial contemplaba recursos para el funcionamiento policial, la caja del Departamento atravesaba dificultades para sostener algunos de los gastos básicos de su cuerpo armado. La investigación identifica precisamente el oficio del 1 de octubre de 1857 como evidencia de que fue necesario recurrir al Ministerio de Gobierno porque la Policía no podía afrontar con sus propios fondos el uniforme de la tropa. No era un detalle menor: en aquellos años la vestimenta comenzaba a convertirse en un elemento fundamental para distinguir a los agentes, hacer reconocible la autoridad pública y separar progresivamente al vigilante profesional de las antiguas partidas formadas circunstancialmente por vecinos o milicianos. El cuerpo atravesaba entonces una transformación profunda. Las antiguas “partidas celadoras” y luego “Partidas de Policía” estaban dando paso al llamado “Piquete de Vigilantes”, una fuerza armada dependiente directamente del Departamento de Policía. Los balances de 1857 registran un comandante, oficiales, sargento, cabos y aproximadamente una treintena de soldados, mientras que los proyectos y presupuestos de los años inmediatamente anteriores buscaban consolidar un cuerpo cercano a cuarenta hombres. Su misión iba mucho más allá de caminar por las calles: los hombres se distribuían entre el cuartel de Policía, la custodia de presidiarios, la guardia del hospital, la Casa Departamental, tareas de ordenanza, caballerizas y partidas volantes destinadas a recorrer distintos sectores de la ciudad. El presupuesto de 1857 permite incluso observar la estructura económica de aquella fuerza: el teniente comandante recibía 40 pesos mensuales de sueldo y “diario”, el alférez 30 y el sargento 15, mientras numerosos efectivos destinados a guardias, custodias y patrullas figuraban con partidas de 10 pesos por hombre. Mantener ese aparato requería mucho más que salarios. Los registros policiales mencionan de manera reiterada gastos en papel, tinta, velas, leña, agua, forraje, caballos, monturas, carros, armamento y vestuario. Incluso los balances del cuartel de Vigilantes anotaban gastos tan cotidianos como sal, pintura para la puerta y combustible. Aquella aparente pequeñez administrativa permite entender cómo se estaba construyendo materialmente el Estado mendocino: cada patrulla necesitaba hombres, pero cada hombre necesitaba sueldo, comida, armas y ropa; y cuando faltaba cualquiera de esos elementos, la maquinaria estatal comenzaba a mostrar sus límites. El uniforme, además, tenía una importancia simbólica. Investigaciones sobre estos primeros cuerpos policiales muestran que desde décadas anteriores se destinaban fondos a botones, telas, divisas y otros elementos de vestuario porque la apariencia exterior del agente contribuía a marcar públicamente quién representaba la autoridad. Hacia mediados del siglo XIX se fortalecía la idea de que Mendoza debía contar con policías diferenciados de las milicias, remunerados regularmente y reconocibles por su indumentaria. Todo esto ocurría durante el gobierno de Juan Cornelio Moyano y apenas cuatro años después de sancionada la Constitución Nacional, en momentos en que las provincias argentinas reorganizaban sus instituciones y ensayaban nuevas formas de administración. En Mendoza, el Departamento de Policía se había convertido progresivamente en uno de los principales brazos ejecutores del gobierno: intervenía en la seguridad, el orden urbano, las cárceles, hospitales, circulación de personas e incluso en múltiples tareas administrativas. Por eso aquel oficio del 1 de octubre de 1857 tiene un valor excepcional. Detrás de una solicitud para conseguir dinero destinado a uniformes aparece una fotografía escrita de la vida cotidiana del Estado mendocino: vigilantes que debían recorrer una ciudad todavía construida mayoritariamente en adobe, custodiar presos y responder a las órdenes del Gobierno mientras la institución que los empleaba luchaba por conseguir los recursos indispensables para equiparlos. Un año después, en 1858, Anton Goering inmortalizaría aquella misma Mendoza en una célebre litografía de la Plaza Mayor, ofreciendo una de las representaciones visuales más próximas al escenario urbano por el que circulaban aquellos hombres. La obra procede de la Academia Nacional de la Historia y está identificada como de dominio público. Una simple carta administrativa sobrevivió casi 170 años para recordarnos que la construcción del Estado también se escribió en estas pequeñas urgencias: cuánto costaba un uniforme, quién debía pagarlo y qué ocurría cuando ni siquiera la Policía tenía dinero suficiente para vestir a quienes debían imponer el orden. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección Policía, Carpeta 172, Documento 4, comunicación de Melitón Arroyo al ministro de Gobierno, 1 de octubre de 1857. Fuente académica de verificación y contextualización: Eugenia Molina, “De las partidas celadoras a los piquetes de vigilantes: configuración de la fuerza policial en el marco de la configuración del Estado provincial. Mendoza (1824-1860)”, Almanack/SciELO, 2025; Eugenia Molina, “Nuevos funcionarios para un nuevo orden político: los jefes de policía y la configuración provincial. Mendoza, 1828-1860”, Claves. Revista de Historia, 2023; Eugenia Molina, “La materialidad de la oficina o pensar la burocracia desde la práctica cotidiana. Reflexiones desde los inicios del Departamento de Policía, Mendoza 1828-1860”, en El Estado y sus burocracias, 2023. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #PoliciaDeMendoza #Mendoza1857 #SigloXIX #ArchivoHistorico #AGPM #MemoriaMendocina #CiudadDeMendoza #HistoriaPolicial #PatrimonioHistorico #ArgentinaHistory #MendozaHistory #PoliceHistory #19thCentury #HistoricalArchives #ArgentineHistory #HistoricMendoza
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jueves, 1 de octubre de 2026
1 DE OCTUBRE DE 1857 - EL DÍA EN QUE LA POLICÍA DE MENDOZA NO PODÍA VESTIR A SUS VIGILANTES: UNA CARTA REVELÓ LA PRECARIEDAD DETRÁS DEL ORDEN (IMAGEN ILUSTRATIVA)
En la Mendoza anterior al devastador terremoto de 1861, cuando la antigua Plaza Mayor todavía concentraba buena parte de la vida política y administrativa de la ciudad, un documento aparentemente rutinario dejó al descubierto uno de los problemas más concretos de aquel Estado provincial en formación: la Policía tenía hombres para vigilar, detener y custodiar, pero su propia caja no siempre alcanzaba siquiera para uniformarlos. El 1 de octubre de 1857, Melitón Arroyo dirigió una comunicación al ministro de Gobierno que hoy se conserva en el Archivo General de la Provincia de Mendoza como AGPM, Carpeta 172, Documento 4. La existencia, fecha y autoría del oficio están corroboradas por investigaciones de la historiadora Eugenia Molina, de IDEHESI-CONICET y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, quien utilizó específicamente este documento para estudiar la formación de las primeras fuerzas policiales mendocinas. Arroyo no era un personaje ajeno a la institución: durante la década de 1850 había sido convocado repetidamente para hacerse cargo de la Jefatura de Policía, tanto como titular como en reemplazos interinos, y los balances de 1857 muestran que permaneció al frente de la repartición de manera estable entre julio y diciembre de ese año. El problema planteado aquel 1 de octubre era muy concreto. Aunque el presupuesto provincial contemplaba recursos para el funcionamiento policial, la caja del Departamento atravesaba dificultades para sostener algunos de los gastos básicos de su cuerpo armado. La investigación identifica precisamente el oficio del 1 de octubre de 1857 como evidencia de que fue necesario recurrir al Ministerio de Gobierno porque la Policía no podía afrontar con sus propios fondos el uniforme de la tropa. No era un detalle menor: en aquellos años la vestimenta comenzaba a convertirse en un elemento fundamental para distinguir a los agentes, hacer reconocible la autoridad pública y separar progresivamente al vigilante profesional de las antiguas partidas formadas circunstancialmente por vecinos o milicianos. El cuerpo atravesaba entonces una transformación profunda. Las antiguas “partidas celadoras” y luego “Partidas de Policía” estaban dando paso al llamado “Piquete de Vigilantes”, una fuerza armada dependiente directamente del Departamento de Policía. Los balances de 1857 registran un comandante, oficiales, sargento, cabos y aproximadamente una treintena de soldados, mientras que los proyectos y presupuestos de los años inmediatamente anteriores buscaban consolidar un cuerpo cercano a cuarenta hombres. Su misión iba mucho más allá de caminar por las calles: los hombres se distribuían entre el cuartel de Policía, la custodia de presidiarios, la guardia del hospital, la Casa Departamental, tareas de ordenanza, caballerizas y partidas volantes destinadas a recorrer distintos sectores de la ciudad. El presupuesto de 1857 permite incluso observar la estructura económica de aquella fuerza: el teniente comandante recibía 40 pesos mensuales de sueldo y “diario”, el alférez 30 y el sargento 15, mientras numerosos efectivos destinados a guardias, custodias y patrullas figuraban con partidas de 10 pesos por hombre. Mantener ese aparato requería mucho más que salarios. Los registros policiales mencionan de manera reiterada gastos en papel, tinta, velas, leña, agua, forraje, caballos, monturas, carros, armamento y vestuario. Incluso los balances del cuartel de Vigilantes anotaban gastos tan cotidianos como sal, pintura para la puerta y combustible. Aquella aparente pequeñez administrativa permite entender cómo se estaba construyendo materialmente el Estado mendocino: cada patrulla necesitaba hombres, pero cada hombre necesitaba sueldo, comida, armas y ropa; y cuando faltaba cualquiera de esos elementos, la maquinaria estatal comenzaba a mostrar sus límites. El uniforme, además, tenía una importancia simbólica. Investigaciones sobre estos primeros cuerpos policiales muestran que desde décadas anteriores se destinaban fondos a botones, telas, divisas y otros elementos de vestuario porque la apariencia exterior del agente contribuía a marcar públicamente quién representaba la autoridad. Hacia mediados del siglo XIX se fortalecía la idea de que Mendoza debía contar con policías diferenciados de las milicias, remunerados regularmente y reconocibles por su indumentaria. Todo esto ocurría durante el gobierno de Juan Cornelio Moyano y apenas cuatro años después de sancionada la Constitución Nacional, en momentos en que las provincias argentinas reorganizaban sus instituciones y ensayaban nuevas formas de administración. En Mendoza, el Departamento de Policía se había convertido progresivamente en uno de los principales brazos ejecutores del gobierno: intervenía en la seguridad, el orden urbano, las cárceles, hospitales, circulación de personas e incluso en múltiples tareas administrativas. Por eso aquel oficio del 1 de octubre de 1857 tiene un valor excepcional. Detrás de una solicitud para conseguir dinero destinado a uniformes aparece una fotografía escrita de la vida cotidiana del Estado mendocino: vigilantes que debían recorrer una ciudad todavía construida mayoritariamente en adobe, custodiar presos y responder a las órdenes del Gobierno mientras la institución que los empleaba luchaba por conseguir los recursos indispensables para equiparlos. Un año después, en 1858, Anton Goering inmortalizaría aquella misma Mendoza en una célebre litografía de la Plaza Mayor, ofreciendo una de las representaciones visuales más próximas al escenario urbano por el que circulaban aquellos hombres. La obra procede de la Academia Nacional de la Historia y está identificada como de dominio público. Una simple carta administrativa sobrevivió casi 170 años para recordarnos que la construcción del Estado también se escribió en estas pequeñas urgencias: cuánto costaba un uniforme, quién debía pagarlo y qué ocurría cuando ni siquiera la Policía tenía dinero suficiente para vestir a quienes debían imponer el orden. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección Policía, Carpeta 172, Documento 4, comunicación de Melitón Arroyo al ministro de Gobierno, 1 de octubre de 1857. Fuente académica de verificación y contextualización: Eugenia Molina, “De las partidas celadoras a los piquetes de vigilantes: configuración de la fuerza policial en el marco de la configuración del Estado provincial. Mendoza (1824-1860)”, Almanack/SciELO, 2025; Eugenia Molina, “Nuevos funcionarios para un nuevo orden político: los jefes de policía y la configuración provincial. Mendoza, 1828-1860”, Claves. Revista de Historia, 2023; Eugenia Molina, “La materialidad de la oficina o pensar la burocracia desde la práctica cotidiana. Reflexiones desde los inicios del Departamento de Policía, Mendoza 1828-1860”, en El Estado y sus burocracias, 2023. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #PoliciaDeMendoza #Mendoza1857 #SigloXIX #ArchivoHistorico #AGPM #MemoriaMendocina #CiudadDeMendoza #HistoriaPolicial #PatrimonioHistorico #ArgentinaHistory #MendozaHistory #PoliceHistory #19thCentury #HistoricalArchives #ArgentineHistory #HistoricMendoza
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