El 5 de mayo de 1991, en el viejo estadio de la Doble Visera de Avellaneda, Ricardo Enrique Bochini jugó el último partido de su carrera profesional. Aquel encuentro entre Independiente y Estudiantes de La Plata, que terminó 1 a 1, quedó marcado por una dura entrada de Pablo Erbín que lesionó al “Bocha” y terminó alejándolo definitivamente de las canchas. Treinta años después, distintos medios deportivos siguieron recordando esa jugada como el punto final de una de las trayectorias más emblemáticas del fútbol argentino. Bochini había nacido el 25 de enero de 1954 en Zárate, provincia de Buenos Aires. Allí dio sus primeros pasos futbolísticos en Belgrano de Zárate, donde su gambeta, su visión de juego y su manera de entender el pase ya llamaban la atención. Sin embargo, como tantas veces ocurre con los talentos distintos, algunos dudaban de su futuro profesional por su físico liviano y su baja estatura. Incluso llegó a probarse en Boca Juniors, pero no encontró allí el lugar que esperaba; poco después, su destino cambiaría para siempre en Avellaneda. En Independiente, quienes lo vieron jugar en las divisiones inferiores comprendieron rápidamente que no se trataba de un futbolista común. Fue incorporado a las juveniles del club y, en muy poco tiempo, llegó a Primera División. Su debut oficial se produjo en 1972, frente a River Plate, cuando todavía era un joven desconocido para el gran público. Con el paso de los años, aquel muchacho de Zárate se transformaría en el símbolo más puro del paladar futbolero rojo. La carrera de Bochini quedó asociada a una palabra: gloria. Jugó toda su vida profesional en Independiente, algo cada vez más extraño en el fútbol moderno. Según registros de AFA e Independiente, disputó 638 partidos oficiales con la camiseta roja y ganó 13 títulos: los Nacionales de 1977 y 1978, el Metropolitano 1983, el campeonato de Primera División 1988/89, las Copas Libertadores de 1973, 1974, 1975 y 1984, las Intercontinentales de 1973 y 1984, y las Interamericanas de 1973, 1974 y 1976. Pero los números no alcanzan para explicar lo que fue. Bochini no era solo un ganador: era un creador de juego. En tiempos en que todavía no se hablaba tanto de asistencias, él convirtió en arte el “pase gol”. Veía espacios antes que los demás, dejaba a los delanteros frente al arco y hacía mejores a quienes lo rodeaban. Su fútbol era pausa, gambeta corta, inteligencia, pared y precisión quirúrgica. Su historia está llena de escenas legendarias. En la Copa Intercontinental de 1973, Independiente venció 1 a 0 a Juventus en Roma con un gol suyo, luego de una inolvidable combinación con Daniel Bertoni. El propio club recuerda aquella jugada como la “primera conquista del mundo” del Rojo. Otra página inolvidable llegó en el Nacional de 1977, cuando Independiente fue campeón ante Talleres de Córdoba en una final dramática, jugando con tres futbolistas menos y con Bochini como autor del gol decisivo. ESPN la recuerda como una de las gestas más épicas de la historia del club. También quedó en la memoria su gol a Peñarol en la Libertadores de 1976, una jugada extraordinaria en la que eludió rivales hasta convertir un tanto que muchos compararon, años después, con el gol de Diego Maradona a Inglaterra en México 1986. AFA lo definió como un gol inolvidable y uno de los grandes recuerdos del talento del Bocha. En la Selección Argentina, su recorrido fue más breve de lo que su talento merecía, pero igualmente alcanzó la consagración máxima: integró el plantel campeón del mundo en México 1986. En la semifinal contra Bélgica ingresó sobre el final, y la frase atribuida a Maradona —“Pase, Maestro, lo estábamos esperando”— quedó instalada como una de las mayores reverencias que un genio pudo hacerle a otro. Por eso, aquella tarde del 5 de mayo de 1991 no terminó solamente la carrera de un futbolista. Se apagó en la cancha una manera de jugar. Bochini fue el ídolo máximo de Independiente, uno de los últimos grandes enganches clásicos y una figura esencial del fútbol argentino. Su legado no está solo en las copas ni en los goles decisivos: vive en cada pase filtrado, en cada pared bien tirada y en esa idea romántica de que el fútbol también puede pensarse antes de jugarse. #RicardoBochini #Bochini #ElBocha #Independiente #ReyDeCopas #DobleVisera #Avellaneda #FútbolArgentino #HistoriaDelFútbol #PaseGol #Maradona #México86 #CopaLibertadores #CopaIntercontinental #MendozAntigua #ArgentineFootball #FootballHistory #IndependienteHistory #SoccerLegends #VintageFootball
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martes, 5 de mayo de 2020
5 de Mayo de 1991. El último pase del Bocha: la tarde en que Independiente despidió a su máximo ídolo
El 5 de mayo de 1991, en el viejo estadio de la Doble Visera de Avellaneda, Ricardo Enrique Bochini jugó el último partido de su carrera profesional. Aquel encuentro entre Independiente y Estudiantes de La Plata, que terminó 1 a 1, quedó marcado por una dura entrada de Pablo Erbín que lesionó al “Bocha” y terminó alejándolo definitivamente de las canchas. Treinta años después, distintos medios deportivos siguieron recordando esa jugada como el punto final de una de las trayectorias más emblemáticas del fútbol argentino. Bochini había nacido el 25 de enero de 1954 en Zárate, provincia de Buenos Aires. Allí dio sus primeros pasos futbolísticos en Belgrano de Zárate, donde su gambeta, su visión de juego y su manera de entender el pase ya llamaban la atención. Sin embargo, como tantas veces ocurre con los talentos distintos, algunos dudaban de su futuro profesional por su físico liviano y su baja estatura. Incluso llegó a probarse en Boca Juniors, pero no encontró allí el lugar que esperaba; poco después, su destino cambiaría para siempre en Avellaneda. En Independiente, quienes lo vieron jugar en las divisiones inferiores comprendieron rápidamente que no se trataba de un futbolista común. Fue incorporado a las juveniles del club y, en muy poco tiempo, llegó a Primera División. Su debut oficial se produjo en 1972, frente a River Plate, cuando todavía era un joven desconocido para el gran público. Con el paso de los años, aquel muchacho de Zárate se transformaría en el símbolo más puro del paladar futbolero rojo. La carrera de Bochini quedó asociada a una palabra: gloria. Jugó toda su vida profesional en Independiente, algo cada vez más extraño en el fútbol moderno. Según registros de AFA e Independiente, disputó 638 partidos oficiales con la camiseta roja y ganó 13 títulos: los Nacionales de 1977 y 1978, el Metropolitano 1983, el campeonato de Primera División 1988/89, las Copas Libertadores de 1973, 1974, 1975 y 1984, las Intercontinentales de 1973 y 1984, y las Interamericanas de 1973, 1974 y 1976. Pero los números no alcanzan para explicar lo que fue. Bochini no era solo un ganador: era un creador de juego. En tiempos en que todavía no se hablaba tanto de asistencias, él convirtió en arte el “pase gol”. Veía espacios antes que los demás, dejaba a los delanteros frente al arco y hacía mejores a quienes lo rodeaban. Su fútbol era pausa, gambeta corta, inteligencia, pared y precisión quirúrgica. Su historia está llena de escenas legendarias. En la Copa Intercontinental de 1973, Independiente venció 1 a 0 a Juventus en Roma con un gol suyo, luego de una inolvidable combinación con Daniel Bertoni. El propio club recuerda aquella jugada como la “primera conquista del mundo” del Rojo. Otra página inolvidable llegó en el Nacional de 1977, cuando Independiente fue campeón ante Talleres de Córdoba en una final dramática, jugando con tres futbolistas menos y con Bochini como autor del gol decisivo. ESPN la recuerda como una de las gestas más épicas de la historia del club. También quedó en la memoria su gol a Peñarol en la Libertadores de 1976, una jugada extraordinaria en la que eludió rivales hasta convertir un tanto que muchos compararon, años después, con el gol de Diego Maradona a Inglaterra en México 1986. AFA lo definió como un gol inolvidable y uno de los grandes recuerdos del talento del Bocha. En la Selección Argentina, su recorrido fue más breve de lo que su talento merecía, pero igualmente alcanzó la consagración máxima: integró el plantel campeón del mundo en México 1986. En la semifinal contra Bélgica ingresó sobre el final, y la frase atribuida a Maradona —“Pase, Maestro, lo estábamos esperando”— quedó instalada como una de las mayores reverencias que un genio pudo hacerle a otro. Por eso, aquella tarde del 5 de mayo de 1991 no terminó solamente la carrera de un futbolista. Se apagó en la cancha una manera de jugar. Bochini fue el ídolo máximo de Independiente, uno de los últimos grandes enganches clásicos y una figura esencial del fútbol argentino. Su legado no está solo en las copas ni en los goles decisivos: vive en cada pase filtrado, en cada pared bien tirada y en esa idea romántica de que el fútbol también puede pensarse antes de jugarse. #RicardoBochini #Bochini #ElBocha #Independiente #ReyDeCopas #DobleVisera #Avellaneda #FútbolArgentino #HistoriaDelFútbol #PaseGol #Maradona #México86 #CopaLibertadores #CopaIntercontinental #MendozAntigua #ArgentineFootball #FootballHistory #IndependienteHistory #SoccerLegends #VintageFootball
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