viernes, 24 de julio de 2026

23 DE JUNIO DE 1924: CACHEUTA CRUZÓ LOS ANDES EN 3 MILLONES DE ACCIONES — LA FIEBRE CHILENA POR EL ORO NEGRO MENDOCINO


El 23 de junio de 1924, en una escribanía o una oficina financiera de Santiago de Chile, una pequeña hoja beige convirtió simbólicamente las entrañas de la montaña mendocina en capital negociable. Era el título N.º 5897 de la Compañía Petrolífera de Cacheuta, un certificado cuidadosamente ornamentado que acreditaba la posesión de 2.000 acciones de una empresa creada para participar en una de las aventuras industriales más tempranas y arriesgadas de la región: extraer petróleo de Cacheuta y transformar aquel oscuro mineral cordillerano en energía, combustible y riqueza. El documento, de 20,5 por 29,1 centímetros, está rodeado por una elaborada guarda floral azul, conserva un sello fiscal chileno, anotaciones manuscritas y las firmas de sus autoridades. En su centro puede leerse una cifra gigantesca para la época: un capital de 600.000 libras esterlinas, dividido en tres millones de acciones de cuatro chelines, valoradas cada una en cinco pesos moneda corriente. El título entregaba 2.000 de esas acciones a su propietario y dejaba constancia de que estaban totalmente pagadas. El catálogo europeo donde reapareció la pieza la registró como un documento emitido en Santiago el 23 de junio de 1924, de colores azul y beige, con pliegues y conservación “Very Fine”. Pero la historia escrita sobre el papel comenzaba antes: la sociedad había sido constituida en Chile en 1921 y tenía prevista una duración de 50 años. Una publicación económica de aquellos años señalaba que la compañía afirmaba poseer los yacimientos de Cacheuta y que, además de buscar petróleo convencional, pretendía destilar y refinar los abundantes esquistos bituminosos de Mendoza, cuyos ensayos habrían arrojado rendimientos de entre un 14 % y un 18 % de aceite. No era la primera empresa que soñaba con conquistar aquel subsuelo. En 1886, casi dos décadas antes del hallazgo de Comodoro Rivadavia, Carlos Fader, Emilio Civit, Guillermo White, José Vicente Zapata y otros empresarios habían impulsado la Compañía Mendocina de Petróleo. Con la asistencia científica del geólogo Rodolfo Zuber se perforaron numerosos pozos en Agua del Corral, se extrajeron miles de metros cúbicos de crudo y se construyó un oleoducto de aproximadamente 35 kilómetros hasta Godoy Cruz, una obra extraordinaria para la Sudamérica de fines del siglo XIX. Sin embargo, la disminución del rendimiento, la elevada presencia de parafinas, los problemas de transporte y las dificultades financieras terminaron paralizando aquella primera experiencia. La compañía chilena de 1921 surgió sobre ese territorio cargado de antecedentes, pozos abandonados, estudios geológicos y esperanzas todavía vivas. Su certificado muestra que el petróleo mendocino no era visto únicamente como una cuestión provincial: despertaba interés al otro lado de los Andes, movilizaba capital expresado en libras esterlinas y conectaba a Santiago con Cacheuta mediante acciones, poderes notariales y sociedades comerciales. La empresa incluso terminó involucrada en un expediente contra la Provincia de Mendoza que llegó a la Corte Suprema argentina en 1928; allí se discutió la validez de un mandato firmado en Santiago para actuar judicialmente en la Argentina, una prueba más de la verdadera dimensión transnacional de la operación. Mientras YPF, creada en 1922, comenzaba a levantar el gran proyecto petrolero estatal argentino, estos inversionistas privados intentaban revivir desde Chile los antiguos campos mendocinos y apostar también por una forma temprana de producción a partir de esquistos. Sus resultados industriales fueron mucho menos visibles que sus ambiciones financieras y jurídicas, pero el papel sobrevivió. Un siglo después, este certificado ya no representa únicamente 2.000 acciones: conserva el instante en que Cacheuta fue convertida en una promesa internacional, cuando tres millones de participaciones intentaron financiar la conquista de un petróleo que dormía bajo la cordillera y Mendoza estuvo, una vez más, en el centro de la batalla por el oro negro.

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