Hace exactamente 61 años, el 27 de agosto de 1965, moría en Roquebrune-Cap-Martin, sobre la Costa Azul francesa, Charles-Édouard Jeanneret-Gris, universalmente conocido como Le Corbusier, uno de los arquitectos, urbanistas, diseñadores, pintores y teóricos más influyentes —y también más discutidos— del siglo XX. Tenía 77 años y aquella mañana, pese a las recomendaciones de su médico, salió a realizar su habitual baño en el Mediterráneo: sufrió una crisis cardíaca mientras nadaba frente a la playa de Cabbé y murió en el mar que contemplaba desde su pequeño refugio de vacaciones. Francia le concedió días después funerales nacionales en la Cour Carrée del Louvre, donde André Malraux pronunció su despedida. Había nacido el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, en el cantón suizo de Neuchâtel. Todavía con 12 años ingresó en 1900 a la Escuela de Arte de su ciudad para estudiar dibujo y grabado, y fue su maestro Charles L’Eplattenier quien terminó orientándolo hacia la arquitectura. En 1905, con apenas 17 años, participó junto con René Chapallaz en el diseño de la Villa Fallet, su primera construcción. Más tarde recorrió Europa buscando una formación que ninguna escuela convencional le había dado: pasó por París y el ambiente de Auguste Perret, fundamental para comprender las posibilidades del hormigón armado, y en 1910 consiguió trabajar en Berlín en el estudio de Peter Behrens, uno de los grandes laboratorios de la arquitectura industrial europea. En 1918, junto con Amédée Ozenfant, comenzó a formular el Purismo como reacción a ciertas derivaciones del cubismo; dos años después ambos participaron en la creación de la revista L’Esprit Nouveau y Jeanneret comenzó a firmar sus artículos de arquitectura como “Le Corbusier”. El nombre procedía de un apellido familiar, Lecorbésier, y no existe base sólida para presentar simplemente su traducción como “el cuervo” como explicación histórica del seudónimo. A partir de entonces desató una auténtica revolución intelectual. Defendió una arquitectura adaptada a la era industrial, experimentó con estructuras independientes de hormigón, plantas y fachadas libres, ventanas horizontales, pilotis y terrazas-jardín, principios que formuló en 1927 como sus célebres “cinco puntos de una nueva arquitectura”. La Villa Savoye, levantada en Poissy entre 1928 y 1931, se convirtió en el manifiesto construido de aquellas ideas. Pero Le Corbusier no quería transformar solamente edificios: aspiraba a rediseñar ciudades enteras. Fue uno de los protagonistas de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, participó en la formulación del urbanismo funcionalista asociado a los CIAM y publicó en 1943 La Carta de Atenas, texto que ejercería una enorme influencia sobre el planeamiento urbano de la posguerra. Y Argentina ocupó un capítulo fascinante de aquella historia. En 1929 llegó a Buenos Aires y ofreció diez conferencias entre el 3 y el 17 de octubre. La inmensidad horizontal de la capital y su relación con el Río de la Plata lo obsesionaron: imaginó una gran “ciudad de negocios” con rascacielos instalados hacia el río y planteó una reorganización radical de circulación, funciones y espacios urbanos. Muchas de aquellas propuestas nunca se construyeron, pero dejaron una profunda huella en el debate arquitectónico argentino. Casi veinte años después ocurrió el verdadero vínculo con su única obra construida en América Latina: en 1948 el cirujano Pedro Curutchet le encargó una casa-consultorio en La Plata. Le Corbusier realizó el proyecto desde Europa; las obras comenzaron en 1949 y tuvieron inicialmente la dirección del extraordinario arquitecto argentino Amancio Williams. La Casa Curutchet condensó los cinco principios corbusieranos dentro de un estrechísimo terreno platense, respetando incluso el árbol preexistente de su patio, y terminó convirtiéndose en uno de los edificios más importantes de la arquitectura argentina. En Francia dejó la monumental Unité d’Habitation de Marsella y la sorprendente capilla de Notre-Dame-du-Haut en Ronchamp; en India encontró una escala todavía mayor: Chandigarh, nueva capital del Punjab, donde el Capitol Complex, la Asamblea, el Secretariado y la Alta Corte permitieron llevar al hormigón algunas de sus ideas urbanísticas más ambiciosas. UNESCO considera precisamente al conjunto de Chandigarh una de las expresiones más completas de sus principios. Su influencia terminó atravesando fronteras de una manera extraordinaria: en 2016, diecisiete de sus obras repartidas en siete países —Argentina, Bélgica, Francia, Alemania, India, Japón y Suiza— fueron incorporadas conjuntamente a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Entre ellas están la Villa Savoye, la Unité d’Habitation de Marsella, el Capitol Complex de Chandigarh y nuestra Casa Curutchet de La Plata. Le Corbusier fue admirado, combatido, imitado y cuestionado; algunas de sus utopías urbanas hoy generan fuertes debates, pero resulta imposible explicar la arquitectura del siglo XX sin atravesar sus ideas. Cambió la manera de pensar el hormigón, la vivienda, la circulación, la relación entre interior y exterior y hasta la escala con la que una ciudad podía imaginar su futuro. El 27 de agosto de 1965 desapareció el hombre; quedó una pregunta que todavía recorre escuelas de arquitectura, ciudades y edificios de todo el planeta: ¿puede la arquitectura transformar realmente la manera en que vive una sociedad? 🏙️📐🌎 #LeCorbusier #ArquitecturaModerna #HistoriaDeLaArquitectura #CasaCurutchet #LaPlata #VillaSavoye #Chandigarh #Urbanismo #PatrimonioMundial #ModernArchitecture #ArchitectureHistory #Modernism #UrbanPlanning #WorldHeritage #ArchitecturalHistory
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jueves, 27 de agosto de 2020
🔥🏙️📐 27 DE AGOSTO DE 1965: MURIÓ LE CORBUSIER — EL HOMBRE QUE QUISO REINVENTAR LA CIUDAD, LA CASA Y LA FORMA DE VIVIR DEL SIGLO XX 🌍⚡
Hace exactamente 61 años, el 27 de agosto de 1965, moría en Roquebrune-Cap-Martin, sobre la Costa Azul francesa, Charles-Édouard Jeanneret-Gris, universalmente conocido como Le Corbusier, uno de los arquitectos, urbanistas, diseñadores, pintores y teóricos más influyentes —y también más discutidos— del siglo XX. Tenía 77 años y aquella mañana, pese a las recomendaciones de su médico, salió a realizar su habitual baño en el Mediterráneo: sufrió una crisis cardíaca mientras nadaba frente a la playa de Cabbé y murió en el mar que contemplaba desde su pequeño refugio de vacaciones. Francia le concedió días después funerales nacionales en la Cour Carrée del Louvre, donde André Malraux pronunció su despedida. Había nacido el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, en el cantón suizo de Neuchâtel. Todavía con 12 años ingresó en 1900 a la Escuela de Arte de su ciudad para estudiar dibujo y grabado, y fue su maestro Charles L’Eplattenier quien terminó orientándolo hacia la arquitectura. En 1905, con apenas 17 años, participó junto con René Chapallaz en el diseño de la Villa Fallet, su primera construcción. Más tarde recorrió Europa buscando una formación que ninguna escuela convencional le había dado: pasó por París y el ambiente de Auguste Perret, fundamental para comprender las posibilidades del hormigón armado, y en 1910 consiguió trabajar en Berlín en el estudio de Peter Behrens, uno de los grandes laboratorios de la arquitectura industrial europea. En 1918, junto con Amédée Ozenfant, comenzó a formular el Purismo como reacción a ciertas derivaciones del cubismo; dos años después ambos participaron en la creación de la revista L’Esprit Nouveau y Jeanneret comenzó a firmar sus artículos de arquitectura como “Le Corbusier”. El nombre procedía de un apellido familiar, Lecorbésier, y no existe base sólida para presentar simplemente su traducción como “el cuervo” como explicación histórica del seudónimo. A partir de entonces desató una auténtica revolución intelectual. Defendió una arquitectura adaptada a la era industrial, experimentó con estructuras independientes de hormigón, plantas y fachadas libres, ventanas horizontales, pilotis y terrazas-jardín, principios que formuló en 1927 como sus célebres “cinco puntos de una nueva arquitectura”. La Villa Savoye, levantada en Poissy entre 1928 y 1931, se convirtió en el manifiesto construido de aquellas ideas. Pero Le Corbusier no quería transformar solamente edificios: aspiraba a rediseñar ciudades enteras. Fue uno de los protagonistas de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, participó en la formulación del urbanismo funcionalista asociado a los CIAM y publicó en 1943 La Carta de Atenas, texto que ejercería una enorme influencia sobre el planeamiento urbano de la posguerra. Y Argentina ocupó un capítulo fascinante de aquella historia. En 1929 llegó a Buenos Aires y ofreció diez conferencias entre el 3 y el 17 de octubre. La inmensidad horizontal de la capital y su relación con el Río de la Plata lo obsesionaron: imaginó una gran “ciudad de negocios” con rascacielos instalados hacia el río y planteó una reorganización radical de circulación, funciones y espacios urbanos. Muchas de aquellas propuestas nunca se construyeron, pero dejaron una profunda huella en el debate arquitectónico argentino. Casi veinte años después ocurrió el verdadero vínculo con su única obra construida en América Latina: en 1948 el cirujano Pedro Curutchet le encargó una casa-consultorio en La Plata. Le Corbusier realizó el proyecto desde Europa; las obras comenzaron en 1949 y tuvieron inicialmente la dirección del extraordinario arquitecto argentino Amancio Williams. La Casa Curutchet condensó los cinco principios corbusieranos dentro de un estrechísimo terreno platense, respetando incluso el árbol preexistente de su patio, y terminó convirtiéndose en uno de los edificios más importantes de la arquitectura argentina. En Francia dejó la monumental Unité d’Habitation de Marsella y la sorprendente capilla de Notre-Dame-du-Haut en Ronchamp; en India encontró una escala todavía mayor: Chandigarh, nueva capital del Punjab, donde el Capitol Complex, la Asamblea, el Secretariado y la Alta Corte permitieron llevar al hormigón algunas de sus ideas urbanísticas más ambiciosas. UNESCO considera precisamente al conjunto de Chandigarh una de las expresiones más completas de sus principios. Su influencia terminó atravesando fronteras de una manera extraordinaria: en 2016, diecisiete de sus obras repartidas en siete países —Argentina, Bélgica, Francia, Alemania, India, Japón y Suiza— fueron incorporadas conjuntamente a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Entre ellas están la Villa Savoye, la Unité d’Habitation de Marsella, el Capitol Complex de Chandigarh y nuestra Casa Curutchet de La Plata. Le Corbusier fue admirado, combatido, imitado y cuestionado; algunas de sus utopías urbanas hoy generan fuertes debates, pero resulta imposible explicar la arquitectura del siglo XX sin atravesar sus ideas. Cambió la manera de pensar el hormigón, la vivienda, la circulación, la relación entre interior y exterior y hasta la escala con la que una ciudad podía imaginar su futuro. El 27 de agosto de 1965 desapareció el hombre; quedó una pregunta que todavía recorre escuelas de arquitectura, ciudades y edificios de todo el planeta: ¿puede la arquitectura transformar realmente la manera en que vive una sociedad? 🏙️📐🌎 #LeCorbusier #ArquitecturaModerna #HistoriaDeLaArquitectura #CasaCurutchet #LaPlata #VillaSavoye #Chandigarh #Urbanismo #PatrimonioMundial #ModernArchitecture #ArchitectureHistory #Modernism #UrbanPlanning #WorldHeritage #ArchitecturalHistory
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