El 21 de julio de 1965, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto que podía transformar para siempre el turismo mendocino. La iniciativa autorizaba a Yacimientos Petrolíferos Fiscales a transferir gratuitamente a la provincia el pozo T-9 del yacimiento Tupungato, junto con 120 hectáreas ubicadas fuera del área de explotación petrolera. El objetivo era ambicioso: levantar en plena geografía cordillerana un centro termal y turístico de carácter popular, accesible no solamente para visitantes adinerados, sino también para amplios sectores de la población. La donación, sin embargo, llevaba incorporado un límite decisivo. Mendoza dispondría de diez años, contados desde la transferencia, para concretar el emprendimiento. Si no cumplía con aquel destino, tanto el pozo como los terrenos debían regresar a YPF. No se trataba, por lo tanto, de una entrega sin condiciones, sino de una carrera contra el tiempo para convertir una riqueza subterránea en infraestructura turística, sanitaria y social. Todo había comenzado casi dos décadas antes. Durante las exploraciones petroleras realizadas por YPF en Los Cerrillos, Tupungato, una perforación encontró fortuitamente, a unos 500 metros de profundidad, una napa termal de características poco comunes. Lo que había comenzado como una búsqueda de petróleo terminó revelando la posibilidad de desarrollar un extraordinario establecimiento de aguas minerales frente a la Cordillera de los Andes. Durante el debate parlamentario de 1965 se reprodujo un informe elaborado en 1957 por los médicos mendocinos Villalobos y Pablo Corica. Según las clasificaciones utilizadas en aquellos años, las aguas eran cloruradas, bromoyoduradas, cálcicas, sódicas, débilmente bicarbonatadas, de mineralización muy fuerte, hipertónicas y mesotermales. También se mencionaba cierto grado de radiactividad natural, una característica que en aquella época era presentada como un atributo terapéutico. Estas apreciaciones corresponden al conocimiento médico y termal de mediados del siglo XX y no deben entenderse como una recomendación sanitaria válida en la actualidad. El dato que más impresionó a los legisladores fue su supuesto contenido de yodo: el informe afirmaba que era 140 veces mayor que el del agua de mar y describía la fuente como “un verdadero mar en las puertas de nuestra ciudad”. Sus características fueron comparadas con las célebres aguas salinas y bromoyodadas de Salsomaggiore, Italia, y se sostuvo que aquella era, por entonces, la única terma yodada de ese tipo utilizada en la Argentina. El proyecto iba mucho más allá de construir unas pocas piscinas. Se imaginaba un hotel con todas las comodidades, instalaciones asistenciales, servicios para recibir turistas argentinos y extranjeros e incluso lagunas artificiales formadas en las depresiones naturales existentes entre las lomas. El senador mendocino Fernando Abdala describió el sitio como un escenario de excepcional belleza, con las aguas emergiendo entre los cerrillos y la cordillera levantándose al fondo como una gigantesca muralla natural. La iniciativa venía gestándose desde hacía años. El directorio de YPF había intentado donar anteriormente los terrenos, pero el Tribunal de Cuentas de la Nación objetó la operación porque la empresa no podía transferir por sí sola bienes inmuebles pertenecientes al Estado nacional. Por esa razón fue necesaria la intervención del Congreso. El gobernador Francisco J. Gabrielli respaldó expresamente el proyecto y comunicó que Mendoza preparaba un amplio plan asistencial para aprovechar la fuente termal. Finalmente, el Senado aprobó el proyecto el 2 de septiembre de 1965 y la iniciativa se convirtió en la Ley Nacional 16.711, publicada en el Boletín Oficial el 19 de octubre de aquel año. La norma dejó legalmente abiertas las puertas para que Mendoza desarrollara uno de los complejos termales más singulares del país. Pero existe un misterio documental. La ley y el proyecto aprobado identifican la perforación como T-9, mientras que el informe técnico leído en el Senado hablaba del T-10. Un documento reciente del Plan Municipal de Ordenamiento Territorial de Tupungato menciona, además, que las aguas de Los Cerrillos fueron aprovechadas mediante los pozos T-19 y T-10, antes de ser abandonadas por problemas de manejo y gestión. Las fuentes disponibles no permiten determinar si existió una modificación de nombres, si se trataba de perforaciones diferentes o si hubo un error de transcripción legislativa. Así quedó enterrado uno de los sueños turísticos más sorprendentes de Mendoza: un hotel, lagunas y baños termales populares alimentados por un “mar” mineral escondido bajo Los Cerrillos. La perforación que buscaba petróleo había encontrado otra riqueza; sin embargo, aquel paraíso cordillerano imaginado en 1965 jamás alcanzó la dimensión que los legisladores proyectaron. #MendozaHistory #ArgentineHistory #Tupungato #ValleDeUco #ThermalWaters #HotSprings #YPF #AndesMountains #HistoricalArgentina #HiddenHistory #VintageMendoza #ArgentinaTravel #ThermalTourism #HistoryLovers #OnThisDay #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza #Tupungato #LosCerrillos #ValleDeUco #TermasDeMendoza #YPF #HistoriaArgentina #Efemérides #TurismoMendoza #CordilleraDeLosAndes #PatrimonioMendocino #ArturoIllia #Argentina

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