sábado, 27 de junio de 2020

27 de Junio de 1996, en Beverly Hills, EEUU, moría CUBBY BROCCOLI: EL HOMBRE QUE CONVIRTIÓ A JAMES BOND EN UNA LEYENDA INMORTAL


El 27 de junio de 1996, en Beverly Hills, Estados Unidos, se apagaba la vida de Albert Romolo Broccoli, conocido mundialmente como “Cubby” Broccoli. Tenía 87 años. Pero aquel día no moría solamente un productor de cine: se despedía el hombre que había tomado unas novelas de espionaje escritas por Ian Fleming y las transformó en una de las sagas más poderosas, elegantes y duraderas de la historia del cine. Broccoli había nacido el 5 de abril de 1909 en Nueva York, dentro de una familia de raíces italianas. Su historia no empezó entre alfombras rojas ni reflectores, sino desde abajo, con oficios humildes, trabajo duro y una ambición silenciosa. Antes de conquistar Hollywood, pasó por empleos comunes, conoció la necesidad, entendió el valor del esfuerzo y aprendió que en la industria del cine nadie regalaba nada. Su llegada al mundo cinematográfico tuvo algo de destino. Un viaje a Los Ángeles para visitar a su primo Pat DiCicco le abrió una puerta inesperada. Allí descubrió estudios, actores, rodajes y ese universo donde la realidad podía convertirse en mito. Broccoli no tardó en comprender que su vida pertenecía a ese lugar. Empezó desde puestos menores, trabajó cerca de grandes nombres y fue subiendo escalón por escalón, con paciencia de obrero y mirada de estratega. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Marina de los Estados Unidos. Luego, como tantos otros que regresaban de la guerra, debió reconstruir su camino. Pasó por la representación de actores, produjo proyectos independientes y terminó asociándose con Irving Allen para fundar Warwick Films en Londres. Aquella etapa fue clave: Broccoli aprendió a producir lejos del sistema clásico de Hollywood, a negociar presupuestos difíciles, a aprovechar escenarios internacionales y a pensar el cine como espectáculo global. Pero su gran intuición llegó cuando puso los ojos sobre un personaje literario que todavía no era el gigante cultural que sería después: James Bond, el agente 007 creado por Ian Fleming. Broccoli vio allí algo que otros no habían visto con suficiente claridad. No era solo un espía. Era un símbolo de estilo, peligro, seducción, tecnología, viajes, villanos inolvidables y una elegancia fría que podía conquistar al público del mundo entero. El problema era que los derechos estaban en manos de Harry Saltzman. Broccoli quiso avanzar, Saltzman no quería simplemente vender, y de esa tensión nació una sociedad histórica. Juntos formaron Eon Productions y, con el respaldo de United Artists, consiguieron llevar al cine la primera película de la saga: Dr. No, estrenada en 1962, con Sean Connery en el papel de James Bond. La elección de Connery fue una jugada decisiva. El actor escocés no era todavía la superestrella universal que sería después, pero Broccoli y Saltzman detectaron en él una mezcla perfecta de rudeza, elegancia, ironía y presencia física. Cuando Connery apareció en pantalla como 007, el personaje dejó de pertenecer solo a las páginas de Fleming y pasó a instalarse para siempre en el imaginario popular. A partir de allí, la fórmula explotó. From Russia with Love, Goldfinger, Thunderball, You Only Live Twice y las siguientes entregas convirtieron a Bond en sinónimo de cine de espionaje moderno. Autos imposibles, gadgets, misiones internacionales, frases memorables, música inconfundible y villanos extravagantes pasaron a formar parte de un lenguaje propio. Broccoli no había creado literariamente a James Bond, pero sí creó su imperio cinematográfico. Tras nueve películas, Harry Saltzman dejó la sociedad y Broccoli quedó como el gran guardián de la franquicia. Muchos pensaron que la saga podía desgastarse. Sin embargo, Cubby demostró que 007 aún tenía combustible. Con Roger Moore al frente, The Spy Who Loved Me confirmó que Bond podía cambiar de rostro, adaptarse a otra época y seguir siendo un fenómeno mundial. Broccoli sostuvo el universo Bond durante décadas. Vio pasar estilos, actores, modas, crisis de la industria y transformaciones políticas. James Bond sobrevivió a la Guerra Fría, a los cambios del gusto popular y al paso del tiempo porque detrás había una idea clara: cada película debía ser un acontecimiento. En sus últimos años, el productor comenzó a dejar el mando en manos de su hija Barbara Broccoli y de su hijastro Michael G. Wilson. Con GoldenEye, en 1995, Pierce Brosnan tomó el traje de 007 y la saga volvió a demostrar su potencia ante una nueva generación. Cubby ya estaba delicado de salud, pero su sello seguía presente: Bond no era una película más, era una tradición cinematográfica. El reconocimiento también llegó desde la industria. La Academia de Hollywood lo distinguió con el premio Irving G. Thalberg, reservado a productores cuya obra mantiene una calidad sostenida. También recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Pero quizá su mayor premio fue otro: haber construido una maquinaria cultural que atravesó décadas y fronteras. Albert “Cubby” Broccoli murió el 27 de junio de 1996, pero su nombre quedó unido para siempre a una frase, a una silueta con pistola, a una música inconfundible y a una presentación que ya es patrimonio del cine mundial: Bond. James Bond. Porque Ian Fleming imaginó al espía.Sean Connery le dio cuerpo. Pero Cubby Broccoli lo convirtió en leyenda. #AlbertBroccoli #CubbyBroccoli #JamesBond #Agente007 #IanFleming #SeanConnery #RogerMoore #PierceBrosnan #DrNo #GoldenEye #HistoriaDelCine #CineClasico #Hollywood #EonProductions #UnitedArtists #CineDeEspias #Efemerides #UnDiaComoHoy #MovieHistory #ClassicCinema #BondJamesBond #SpyMovies #FilmHistory #007 #CinemaLegend

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