El 29 de junio de 1940, en Locarno-Muralto, Suiza, se apagaba la vida de Paul Klee, uno de los artistas más inclasificables, poéticos y revolucionarios del siglo XX. Había nacido el 18 de diciembre de 1879 en Münchenbuchsee, cerca de Berna, en una familia profundamente ligada a la música: su padre, Hans Wilhelm Klee, era profesor de música, y su madre, Ida Maria Frick, cantante. Esa raíz musical marcaría para siempre su manera de pintar: en sus obras, las líneas parecen melodías, los colores funcionan como acordes y las formas respiran con ritmo propio. Klee no fue simplemente un pintor surrealista ni un abstracto puro. Fue algo más difícil de encasillar: un creador de mundos. Su arte dialogó con el expresionismo, el cubismo, el surrealismo, el simbolismo, lo infantil, lo onírico y lo musical, pero siempre desde una voz absolutamente personal. El Zentrum Paul Klee lo define como uno de los artistas más importantes del siglo XX y destaca que, aunque siguió con atención las corrientes de su tiempo, desarrolló una posición independiente y no quedó atado a un solo movimiento. De joven dudó entre la música y la pintura. Terminó eligiendo el arte visual y, en 1898, se trasladó a Múnich para estudiar dibujo en la escuela privada de Heinrich Knirr; luego pasó brevemente por la Academia de Múnich, en la clase de Franz von Stuck. Después de un viaje formativo por Italia, atravesó una crisis creativa frente al peso del arte clásico, pero esa tensión fue parte del nacimiento de su propio lenguaje. En sus primeras etapas, Klee trabajó mucho con el dibujo, la sátira, la línea y los tonos oscuros. Durante años el color no ocupó el centro de su búsqueda. Pero en 1914 todo cambió. Ese año viajó a Túnez junto a August Macke y Louis Moilliet, y la luz del norte de África transformó su mirada para siempre. El Metropolitan Museum of Art señala que aquella experiencia despertó su sentido del color y le dio el impulso definitivo hacia la abstracción. Desde entonces, el color dejó de ser una simple herramienta descriptiva y se convirtió en una fuerza autónoma, casi espiritual. Klee había entrado en contacto con los artistas de Der Blaue Reiter, el grupo de vanguardia asociado a Kandinsky, Franz Marc, August Macke, Gabriele Münter y otros nombres fundamentales del expresionismo europeo. Allí encontró un clima de libertad estética que lo ayudó a alejarse de la representación tradicional. Pero incluso dentro de las vanguardias, Klee era distinto: sus cuadros podían parecer juegos, mapas secretos, ciudades imaginarias, partituras visuales o sueños trazados con tinta, óleo y acuarela. Durante la Primera Guerra Mundial, al ser ciudadano alemán, fue convocado al ejército en 1916. Sirvió en unidades vinculadas a la aviación, aunque pudo continuar su producción artística. Más tarde, su carrera alcanzaría una dimensión histórica cuando Walter Gropius lo convocó a la Bauhaus, la escuela que cambiaría para siempre la arquitectura, el diseño y el arte moderno. Klee fue nombrado en 1920 y comenzó a enseñar en 1921. Allí transmitió una forma nueva de pensar la imagen: no como copia del mundo visible, sino como construcción viva de líneas, formas, colores y fuerzas interiores. Entre 1931 y 1933 enseñó en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf. Pero la llegada del nazismo golpeó brutalmente su vida y su obra. En 1933 fue expulsado de su cargo docente bajo presión del régimen nacionalsocialista y regresó a Berna junto a su esposa. En 1937, su arte fue señalado como “degenerado”: 102 de sus obras fueron confiscadas de museos alemanes y 15 fueron incluidas en la exposición nazi destinada a ridiculizar el arte moderno. A ese exilio moral y artístico se sumó la enfermedad. Hacia 1935 comenzaron los signos de esclerodermia, un padecimiento grave que deterioró su salud y dificultó su trabajo. Sin embargo, Klee no se apagó creativamente. En 1939, pese a su estado físico, produjo 1.253 obras en un solo año, una cifra asombrosa que parece más un estallido final que una despedida. Paul Klee murió el 29 de junio de 1940. Su solicitud de naturalización suiza, pendiente hasta entonces, fue aprobada apenas unos días después de su muerte, el 5 de julio. Había nacido en Suiza, vivido entre culturas y sufrido como artista alemán bajo el nazismo, pero su verdadero territorio fue otro: el de la imaginación absoluta. Hoy, su legado sigue intacto. Klee no pintó solamente cuadros: inventó alfabetos visuales. Convirtió ciudades en geometrías, rostros en signos, sueños en mapas, música en color y dolor en belleza. Su obra demuestra que el arte no siempre necesita explicar el mundo: a veces lo reinventa desde cero. #PaulKlee #HistoriaDelArte #ArteModerno #ArteAbstracto #Bauhaus #DerBlaueReiter #Expresionismo #Surrealismo #ArteEuropeo #Efemérides #UnDíaComoHoy #CulturaVisual #MendozAntigua #PaulKleeArt #ModernArt #AbstractArt #BauhausArt #BlueRider #Expressionism #Surrealism #ArtHistory #EuropeanArt #OnThisDay #VisualCulture #ColorTheory #ModernMasters
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lunes, 29 de junio de 2020
El 29 de Junio de 1940, en Locarno, Suiza, moría PAUL KLEE: EL HOMBRE QUE HIZO DEL COLOR UN UNIVERSO
El 29 de junio de 1940, en Locarno-Muralto, Suiza, se apagaba la vida de Paul Klee, uno de los artistas más inclasificables, poéticos y revolucionarios del siglo XX. Había nacido el 18 de diciembre de 1879 en Münchenbuchsee, cerca de Berna, en una familia profundamente ligada a la música: su padre, Hans Wilhelm Klee, era profesor de música, y su madre, Ida Maria Frick, cantante. Esa raíz musical marcaría para siempre su manera de pintar: en sus obras, las líneas parecen melodías, los colores funcionan como acordes y las formas respiran con ritmo propio. Klee no fue simplemente un pintor surrealista ni un abstracto puro. Fue algo más difícil de encasillar: un creador de mundos. Su arte dialogó con el expresionismo, el cubismo, el surrealismo, el simbolismo, lo infantil, lo onírico y lo musical, pero siempre desde una voz absolutamente personal. El Zentrum Paul Klee lo define como uno de los artistas más importantes del siglo XX y destaca que, aunque siguió con atención las corrientes de su tiempo, desarrolló una posición independiente y no quedó atado a un solo movimiento. De joven dudó entre la música y la pintura. Terminó eligiendo el arte visual y, en 1898, se trasladó a Múnich para estudiar dibujo en la escuela privada de Heinrich Knirr; luego pasó brevemente por la Academia de Múnich, en la clase de Franz von Stuck. Después de un viaje formativo por Italia, atravesó una crisis creativa frente al peso del arte clásico, pero esa tensión fue parte del nacimiento de su propio lenguaje. En sus primeras etapas, Klee trabajó mucho con el dibujo, la sátira, la línea y los tonos oscuros. Durante años el color no ocupó el centro de su búsqueda. Pero en 1914 todo cambió. Ese año viajó a Túnez junto a August Macke y Louis Moilliet, y la luz del norte de África transformó su mirada para siempre. El Metropolitan Museum of Art señala que aquella experiencia despertó su sentido del color y le dio el impulso definitivo hacia la abstracción. Desde entonces, el color dejó de ser una simple herramienta descriptiva y se convirtió en una fuerza autónoma, casi espiritual. Klee había entrado en contacto con los artistas de Der Blaue Reiter, el grupo de vanguardia asociado a Kandinsky, Franz Marc, August Macke, Gabriele Münter y otros nombres fundamentales del expresionismo europeo. Allí encontró un clima de libertad estética que lo ayudó a alejarse de la representación tradicional. Pero incluso dentro de las vanguardias, Klee era distinto: sus cuadros podían parecer juegos, mapas secretos, ciudades imaginarias, partituras visuales o sueños trazados con tinta, óleo y acuarela. Durante la Primera Guerra Mundial, al ser ciudadano alemán, fue convocado al ejército en 1916. Sirvió en unidades vinculadas a la aviación, aunque pudo continuar su producción artística. Más tarde, su carrera alcanzaría una dimensión histórica cuando Walter Gropius lo convocó a la Bauhaus, la escuela que cambiaría para siempre la arquitectura, el diseño y el arte moderno. Klee fue nombrado en 1920 y comenzó a enseñar en 1921. Allí transmitió una forma nueva de pensar la imagen: no como copia del mundo visible, sino como construcción viva de líneas, formas, colores y fuerzas interiores. Entre 1931 y 1933 enseñó en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf. Pero la llegada del nazismo golpeó brutalmente su vida y su obra. En 1933 fue expulsado de su cargo docente bajo presión del régimen nacionalsocialista y regresó a Berna junto a su esposa. En 1937, su arte fue señalado como “degenerado”: 102 de sus obras fueron confiscadas de museos alemanes y 15 fueron incluidas en la exposición nazi destinada a ridiculizar el arte moderno. A ese exilio moral y artístico se sumó la enfermedad. Hacia 1935 comenzaron los signos de esclerodermia, un padecimiento grave que deterioró su salud y dificultó su trabajo. Sin embargo, Klee no se apagó creativamente. En 1939, pese a su estado físico, produjo 1.253 obras en un solo año, una cifra asombrosa que parece más un estallido final que una despedida. Paul Klee murió el 29 de junio de 1940. Su solicitud de naturalización suiza, pendiente hasta entonces, fue aprobada apenas unos días después de su muerte, el 5 de julio. Había nacido en Suiza, vivido entre culturas y sufrido como artista alemán bajo el nazismo, pero su verdadero territorio fue otro: el de la imaginación absoluta. Hoy, su legado sigue intacto. Klee no pintó solamente cuadros: inventó alfabetos visuales. Convirtió ciudades en geometrías, rostros en signos, sueños en mapas, música en color y dolor en belleza. Su obra demuestra que el arte no siempre necesita explicar el mundo: a veces lo reinventa desde cero. #PaulKlee #HistoriaDelArte #ArteModerno #ArteAbstracto #Bauhaus #DerBlaueReiter #Expresionismo #Surrealismo #ArteEuropeo #Efemérides #UnDíaComoHoy #CulturaVisual #MendozAntigua #PaulKleeArt #ModernArt #AbstractArt #BauhausArt #BlueRider #Expressionism #Surrealism #ArtHistory #EuropeanArt #OnThisDay #VisualCulture #ColorTheory #ModernMasters
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